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¿Por qué no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos?

  • Nos reímos para comunicarnos por lo que es esencial otra persona
  • El cuerpo atenúa sus efectos cuando sabe cómo y cuando lo van a tocar

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LAS COSQUILLAS SOLO SUCEDEN CUANDO ALGUIEN NOS TOCA POR SORPRESA
Las cosquillas solo suceden cuando alquien nos toca por sorpresa

Solo sucede cuando alguien nos toca por sorpresa en ciertos lugares, como la cintura o las axilas. Entonces un nerviosismo estimulante nos recorre el cuerpo, empezamos a dar saltos como una pulga y se nos escapan carcajadas. Para sentir cosquillas es imprescindible que alguien nos toque. No nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos.

Nuestro cuerpo reacciona automáticamente tratando de evitar el contacto cuando nos tocan en lugares que están desprotegidos, como el cuello o el abdomen. Estos son los lugares que generalmente nos producen cosquillas.

Sin embargo, “cuando el roce es provocado por uno mismo las consecuencias sensoriales son bien predichas por el cerebro a partir de los comandos motores. Esta predicción acertada resulta en una atenuación de los efectos del movimiento”, asegura la neurocientífica del University College de Londres, Sarah-Jayne Blakemore, que ha estudiado la actividad del cerebro que personas que se estaban haciendo cosquillas a sí mismas.

En definitiva, sabemos exactamente dónde y cómo nos vamos a tocar, no hay sorpresa y nuestro cerebro no da las mismas señales de alerta a nuestro organismo, que permanece relajado. Así, las cosquillas se convierten en caricias.

Cuestión psicológica

Por otro lado, la risa que acompaña a las cosquillas es una cuestión psicológica. “Las cosquillas no están asociadas necesariamente a la risa. De la misma manera que nos hacen reír, las cosquillas nos pueden molestar”, explica a RTVE.es Eduardo Jáuregui, profesor de psicología de la Universidad de Saint Louis. Si no estamos previamente de buen humor, el efecto de las cosquillas puede ser el contrario al de la risa, pueden ponernos a la defensiva.

“Las cosquillas nos hacen reír por la interpretación que hacemos de ellas”, asegura este experto, uno de los mayores estudiosos del humor y la risa. “Nuestro cuerpo adquiere posturas forzadas y emitimos ruiditos espasmódicos que rompen con el rol de persona seria y digna para terminar resultando un poco ridículos y es eso lo que nos hace gracia”, comenta casi riendo solo por recordarlo.

Además, “para reír la condición esencial no es el chiste sino que haya otra persona”, añade el neuropsicólogo estadounidense especializado en el estudio de la risa Robert R. Provine, de la Universidad de Maryland. “La risa es una vocalización que enviamos a otras personas. De la misma manera que no hablamos cuando una habitación está vacía, tampoco nos reímos cuando no hay nadie, es decir que no enviamos la señal cuando no la puede recibir nadie”, desarrolla.

Él ha comprobado que la risa es 30 veces menos frecuente en soledad que en situaciones sociales.

Muchas veces nos reímos antes incluso de que nos hagan cosquillas. La simple anticipación de lo que nos va a ocurrir nos hace reír. Nos hacen sentir bien porque liberan tensión y afianzan el vínculo entre dos miembros de un grupo.

Y es que las cosquillas no son exclusivas de los humanos. “Hacer cosquillas es un juego que también practican gorilas y chimpancés. Es una extensión de la pelea falsa a la que juegan casi todos los cachorros”, concluye Jáuregui.

Las cosquillas son por lo tanto una característica más que pone en evidencia lo parecidos que somos a nuestros hermanos monos. Ellos tampoco pueden hacérselas a sí mismos.

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