Enlaces accesibilidad

Papandréu se juega el futuro del euro a cara o cruz

  • El primer ministro griego tomó solo la decisión de la consulta
  • Se enfrenta al rechazo de la oposición, la prensa y su propio partido
  • Desde el exterior le reprochan haber decidido sin consultar
  • Era la última carta para salvar su capital político, lastrado por la crisis

Por
Papandreu se enfrenta a un voto de confianza

Hace apenas dos años, un exultante Yorgos Papandréu cumplía con la tradición familiar -su padre y su abuelo ya habían sido primeros ministros de Grecia- y vencía con una abrumadora mayoría absoluta bajo una promesa: "Cambiar el país hacia un desarrollo de la ley, la Justicia, la solidaridad, la ecología y el progreso".

Desde entonces, el sueño del político socialista, menos carismático que sus familiares y más formado en el extranjero, se ha convertido en pesadilla: su país tiene un índice de paro del 17%, sufre una recesión galopante que alimenta una de las mayores deudas públicas del mundo, ha tenido que ser rescatado por sus socios una vez y va a serlo en una segunda ocasión y depende de unos prestamistas internacionales que le imponen recortes draconianos.

Sin embargo, en la noche del pasado lunes, rescató de entre las cenizas de su proyecto político una idea, la democracia directa, a través de una consulta popular sobre el último acuerdo del Consejo Europeo, que establece la quita de la mitad de la deuda del país a cambio de más recortes.

Ahora Papandréu se enfrenta a un triple reto: sobrevivir a la moción de confianza a su Gobierno frenando la división interna de su partido; convencer a sus socios para que no le 'corten' el grifo de las ayudas del sexto tramo del plan de rescate -lo que dejaría al país en bancarrota- y, por último, lograr que si la consulta se termina celebrando no triunfe un 'No' que dejaría a su país de facto fuera de la moneda única.

Primer reto: Convencer a los suyos

El primer gran examen de Papandréu está en el voto de confianza que se producirá el próximo viernes en el Parlamento, donde tiene que mantener a toda costa 151 de los 153 votos que le quedan después de la salida de algunos diputados descontentos.

Según los cálculos de los analistas políticos, los socialistas se dividen actualmente en tres grupos: los fieles a Papandréu, los que defienden un gobierno técnico de unidad nacional y los que desean que haya comicios adelantados.

Hasta el momento y de forma agónica, Papandréu siempre ha logrado que su mayoría apoye las medidas de ajustes cada vez más duras que le pedían sus prestamistas internacionales para que el país pueda seguir pagando las facturas.

"Creemos que el Gobierno ganará de nuevo el voto de confianza para proceder con sus planes", ha asegurado el portavoz gubernamental, Angelos Tolkas, que ha subrayado que no habrá marcha atrás.

El apoyo unánime del Gobierno en una reunión que se prolongó hasta la madrugada no puede ocultar la cruda realidad de las críticas de sus compañeros de partido: que no es el momento adecuado y que apenas se informó a nadie de esa decisión.

Como trasfondo, algunos socialistas griegos ven una quiebra básica del discurso que estaban haciendo hasta ahora, porque al someter a una consulta el acuerdo europeo "estamos admitiendo por primera vez que nuestra política carecen de legitimidad", dijo un ministro durante la reunión.

En los bancos de la oposición, el líder de Nueva Democracia, Antonis Samaras -que lleva pidiendo de forma incesante nuevos comicios sin dar apoyo alguno al Gobierno- ha acusado a Papandréu de "poner al país en el centro de una tormenta mundial por sus intereses personales" y de "estar jugando con el futuro de Grecia en Europa", tras afirmar que no está en contra del acuerdo alcanzado en Bruselas por ser necesario para Grecia.

Segundo reto: Convencer a sus socios

La solución 'a lo Zapatero', tal y como defiende Francia, habría sido más deseada por los socios europeos de Papandréu: unas elecciones anticipadas tras aprobar en el Parlamento las últimas medidas...sin que mediase consulta alguna.

Ésa va a ser una de las peticiones que tanto Sarkozy como Merkel y la Comisión Europea: que el Parlamento apruebe las medidas del Consejo Europeo independientemente de la consulta, que se limitaría a confirmar o desmentir el voto de la Cámara.

Papandréu necesita llegar a una solución de compromiso con sus socios y convencerles de que la consulta no va a suponer un retraso fatal en la aplicación de las nuevas medidas aprobadas, lo que exasperaría aún más a los mercados y certificaría el contagio de la crisis de deuda a grandes economías de la eurozona, como Italia y España.

Además, Grecia depende de que el FMI, que también está en la cita del G-20, apruebe el secto tramo de ayuda, sin el que no podría pagar sus facturas a partir de diciembre, una carta que sus socios ya han anunciado que jugarán contra él.

"Las cosas están así de serias", ha advertido Nikos Konstandaras, director del periódico griego Kathimerini.

Tercer reto: convencer a la población

De tener éxito en estas dos aventuras, Papandréu tendría que afrontar una auténtica partida a todo o nada, en la que arrastraría a toda la Eurozona: una consulta en la que, más que las medidas concretas aprobadas en el Consejo Europeo se jugaría la pertenencia de Grecia a la zona euro.

"El dilema no es una elección entre sí o no al Gobierno; el dilema es sí o no a un acuerdo europeo; sí o no a Europa; sí o no al euro", resumía el trasfondo de la consulta el portavoz del ejecutivo heleno tras su reunión de emergencia.

Estas palabras no son casuales: si los recortes son profundamente impopulares entre los griegos -que llevan manifestándose sin descanso contra ellos- el proyecto europeo y el euro aún son populares, lo que hace pensar al Gobierno que hay una 'mayoría silenciosa' que hará todo lo que esté en su mano para seguir en Europa.

Sea como fuere, los griegos no están forzosamente satisfechos con que se les dé la palabra en estas circunstancias extremas.

"Creo que Papandréu está tratando de evadir su responsabilidad y quiere transferirla a nosotros para que si Grecia va a la bancarrota sea culpa del pueblo, no de él", señalaba a Time Marina Kainana, una asistente personal de 33 años.

Críticas

Esta triple pirueta ha hecho que la prensa de su país le ponga un nuevo sobrenombre: "El rey del caos".

"Parece que no prestó atención a las consecuencias de su improvisación: la tormenta política dentro de su propio partido, la furia unánime de nuestros socios europeos, los efectos sobre los mercados...", ha apuntado el director de Kathimerini.

No solo este rotativo de orientación liberal ha editorializado contra la consulta. Las críticas le han llegado también del periódico de centro-izquierda Eleftherotypia, que la he puesto ese sobrenombre de rey del caos, y del progubernamental Ethos, que ha calificado el movimiento de "suicida".

"Lo que hizo Papandréu fue irresponsable y peligroso", ha añadido Kathimerini, que considera que es una "danza de autodestrucción".

Desde el ejecutivo, se señala la otra cara de la moneda: "Si se aprueba este referéndum, entonces será un punto de inflexión para el país y para Europa", señalaba una fuente del Ejecutivo.

Sin embargo, a los mercados no ha hecho falta esperar a la consulta - que se celebraría en diciembre, dice el Gobierno- para marcar su propio punto de inflexión: el de la inevitable cuenta atrás para Grecia y, con ella, la eurozona que se las prometía muy felices la semana pasada.

La última batalla

Precisamente a la salida de esa maratoniana cumbre el pasado jueves el líder griego sugería ya cuál iba a ser su próximo movimiento una vez que finalmente sus compañeros europeos habían logrado negociar con la banca una quita de su deuda con el país heleno y habían acordado una ampliación del fondo de rescate.

"La crisis nos ha dado la oportunidad y el acuerdo nos ha dado el tiempo de decidir qué es lo importante en Grecia", concluía tras subrayar que su Gobierno iba a continuar en su trabajo de "cambiar todo lo que nos ofende".

Esas palabras, inusitadamente combativas para un hombre que en el último año y medio se ha paseado como un paria, aislado y con aire melancólico en las cumbres europeas donde se jugaba el futuro de su país, deberían haber puesto en alerta al presidente francés, Nicolás Sarkozy, y a la canciller alemana, Ángela Merkel.

Apenas cuatro días después, Papandréu le comunicaba a los atónitos diputados socialistas su decisión, que había sido tomada en solitario y de la cual informó solo a un par de asesores.

Y es que Papandréu, el Papandréu nieto, quería dejar también su seña en la historia de su país y someterle a una especie de catarsis ante la corrupción profunda y los intereses creados que han llevado al colapso económico heleno, que ha terminado contagiando al resto de la eurozona.

"Esto era un accidente que iba a ocurrir. Papandréu siempre ha estado a favor de la democracia directa como parte de su sueño -o el delirio- de desarrollar una socialdemocracia escandinava. Ahora tiene una oportunidad de ponerlo en práctica", ha asegurado a la revista Time Konstandaras.

Para el periodista griego, al realizar este movimiento que cogió a todo el mundo por sorpresa -desde a sus compañeros de Gobierno hasta sus socios europeos- Papandréu "probablemente pensó que era un golpe maestro, ya que forzaba a todos los partidos y a la nación misma a tomar una postura sobre si quieren seguir siendo parte de Europa o no mientras que, al mismo tiempo, le aliviaba de la presión y compartía la carga".

Desde los partidarios del primer ministro, se da una versión distinta. "Está motivado por un sentido del deber y luchará por estar tanto como pueda", ha asegurado a Reuters uno de sus asesores, que añade: Ésta es su "última batalla".