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Los Oscar de la recesión se estrenan con Penélope

  • Los Oscar se reinventan a sí mismos y empiezan por Pe
  • Hollywood aplaude a Sean Penn en su defensa del matrimonio gay
  • Bollywood gana y Hollywood mira de reojo
  • Heath Ledger y Jerry Lee Lewis ponen la nota de emoción
  • Kate Winslet vuelve a perder los nervios
  • Toda la información sobre los Oscar en nuestro especial

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La ceremonia de los Oscar se ha reinventado a sí misma con Penélope Cruz de primer plato. Se acabó la fórmula desgastada de la pareja de celebridades para presentar a los nominados. Cinco estrellas, Goldie Hawn, Tilda Siwnton, Angelica Houston, Woophi Goldberg y Eva Marie Saintlos para defender el trabajo de cada una de las aspirantes a la gloria de la mejor actriz de reparto.

Angelica Huston ha sido la abogada de Penélope. Nada más y nada menos. Ha destacado su expresión, su potencia como actriz, aunque no siempre se le entendiera su inglés en Vicky Cristina Barcelona. Y luego el ascenso a los altares. Penélope, con la voz quebrada por la emoción, ha empezado su discurso con "Has anybody ever faint here?", ¿Alguna vez alguien se ha desmayado aquí?

Penélope no lo ha hecho. Ha aguantado el tipo. Y en el patio de butacas, su rival en los Globos de Oro, la que se lo arrebató, Kate Winslet, lloraba de emoción. La princesa de Alcobendas llevaba un traje de Pierre Balmain. Había esperado más de 60 años en un armario para acompañarla en este momento.

Un broche indie y alegato homosexual

Estaba escrito en el guión. Slumdog Millionaire se ha hecho con los premios mayores. Entre ellos, mejor película y mejor director. Y éste, Danny Boyle, estaba que se salía. Daba botes, literalmente. Como Tigger, el tigre de Winnie the Pooh. Se lo había prometido a sus hijos. A quien no parece hacerle tanta gracia es a la industria de Hollywood. Sus grandes apuestas se han visto superadas por Bollywood. Son los tiempos que corren. Y se notaba en las caras de productores y financieros en el teatro Kodak.

Para mejor actor y mejor actriz se ha repetido la fórmula de los cinco pares. Primero con Sean Penn, por Mi nombre es Harvey Milk. Otro grito y un discurso en favor de la igualdad de derechos para los homosexuales. La mayor ovación de la noche. Y luego con la mejor actriz. Meryl Streep es mucha Meryl. Pero lo ha ganado Kate Winslet. Lo previsto. Bravo le decía Sofía Loren. Y Kate, de nuevo, nada británica. Comida por los nervios. "That fainting, Penélope?".

There's no business like show-business

Nada como una recesión para avivar el ingenio de la industria del cine. Y la ceremonia ha demostrado que es posible encandilar al público con cuatro perras. Un brillante Hugh Jackman, el actor más sexy del mundo, australiano, cuya mejor película se llama Australia, ha sido el encargado de revivir los viejos tiempos. Y se ha metido al público en el bolsillo.

Un número musical para homenajear a las cinco películas nominadas. Nada de efectos especiales. Decorados de brocha gorda, pero levantado a pulso por la esencia de este arte: los actores. Jackman ha sacado al escenario a la bellísima Anne Hathaway, la de La Boda de Rachael, que parecía abrumada pero le seguía la broma. Estaba preparado, desde luego, pero la sorpresa ha colado. Ha bromeado con Meryl Streep, a propósito de que es la que más veces ha perdido el oscar: 13. Y ha engatusado a Mickey Rourke: "si ganas, nos alargamos 20 minutos". Y ha funcionado. La ceremonia ha sido más ágil que otros años.

El desierto de los otros premios y algunos oasis


Son los oscar menores, el premio a la fotografía, el decorado, el maquillaje... La Academia es consciente. No caben milagros para enganchar a la audiencia durante dos horas con estos mimbres. El tono ha bajado, mucho público ha abandonado la sala y se ha vuelto a la fórmula de siempre. La pareja para presentar a los nominados, los discursos interminables, lo de siempre. A cambio, y durante dos horas, Penélope ha copado las portadas de todo el mundo.

Y algunas perlas. Dustin Lance Black, el de Milk, ha defendido el matrimonio gay. Aplausos en el teatro Kodak en Los Angeles, California, el Estado que lo ha rechazado en referéndum.

Y un Ben Stiller, el de Algo pasa con Mary, disfrazado con barba y gafas hasta hacerlo irreconocible, parodiando la nueva faceta musical de Joaquin Phoenix, ha demostrado que no hay nada para provocar como romper los esquemas. En la presentación de sus nominados, se ha puesto de espaldas a Natalie Portman, ha mirado el montaje audiovisual y no ha abierto la boca. El público se partía de risa.

Lo previsible pero indispensable para aplacar los desaires


Los directores de la ceremonia, Bill Condon y Laurence Mark, saben lo que hacen. Para mantener el pulso hasta los grandes premios, dos raciones de emoción bien puestas. Premio póstumo a Heath Ledger como mejor actor de reparto por su soberbio papel como el Joker de El Caballero Oscuro. Ojos acuosos en la sala. Y cierta reparación para la industria, porque es la película más taquillera del año. La más vista. Guste o no.

La segunda apelación al recuerdo y los sentimientos ha venido del oscar honorífico a Jerry Lee Lewis. Otro actor desairado por la Academia. Otro actor que barría en la taquilla. Otra apuesta de la industria que fue sistemáticamente desairada por la exquisitez cultural.

Capítulo aparte merece el recuerdo para los fallecidos relacionados con Hollywood de este año. La actriz Queen Latifah ha puesto con su voz, en directo, la banda sonora a un cúmulo de imágenes de mitos como Charlton Heston, Robert Mulligan o Paul Newman. Precisamente con unas palabras del galán de ojos azules terminaba la pieza audiovisual de homenaje.

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