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El telescopio espacial James Webb, que se lanzará este sábado 25 de diciembre si no hay nuevos retrasos, será el más potente jamás concebido e intentará responder a las grandes preguntas pendientes sobre el universo. Entre ellas, el que quizá sea el mayor misterio: si existe vida más allá del planeta Tierra.

Considerado como el sucesor del telescopio espacial Hubble, el James Webb es fruto de la colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la canadiense (CSA), y ayudará a profundizar más en los orígenes del universo, ya que tendrá capacidad para captar la luz infrarroja procedente de las galaxias más jóvenes y las primeras estrellas. Entre los múltiples hallazgos que podrá realizar, tendrá capacidad para mostrar con todo detalle cómo se forman las estrellas y los sistemas planetarios, y permitirá estudiar tanto los planetas del Sistema Solar como aquellos que orbitan otras estrellas.

Durante tres décadas, el Hubble fue nuestra gran ventana al cosmos. Todavía sigue maravillándonos y produciendo datos valiosísimos para los científicos, pero sus días en el rol protagónico están por terminar: dentro de nada lanzaremos al espacio el telescopio James Webb, que robará al Hubble la corona del telescopio espacial más potente de la historia.

La gallega Begoña Vila es ingeniera de sistemas en el centro de vuelo espacial Goddard de la NASA. No solo tuvo bajo su responsabilidad muchas de las pruebas que se hicieron durante la construcción del James Webb, sino que también estará en la Guayana Francesa el día del lanzamiento, tutelando que todo salga bien.

En este capítulo de Cerebros sin fronteras, Begoña le explica a Pere la odisea que significa construir y poner en marcha una obra única como el James Webb. Su emoción es contagiosa porque dice que el telescopio nos mostrará cómo se formaron las primeras estrellas del universo y, si hay suerte, detectará señales indirectas de vida en exoplanetas.

La NASA lanzó este martes la primera misión de defensa planetaria desde Estados Unidos. En concreto, lanzó una nave espacial que tiene previsto impactar deliberadamente con un asteroide en otoño de 2022 para desviar su órbita, en una misión de prueba que no tiene precedentes,  con el fin de probar la tecnología que sería necesaria para evitar una colisión contra la Tierra.

La misión Prueba de Redireccionamiento de Asteroides Doble (DART, en sus siglas en inglés) despegó puntualmente a las 22:21 hora local (6:21 hora GMT) a bordo de un cohete SpaceX Falcon 9 desde la Base de la Fuerza Espacial en Vandenberg, California (EE.UU.).

Foto: NASA/Bill Ingalls, vía Efe/Epa 

La Nasa ha lanzado hoy la misión DART que estrellará voluntariamente una nave contra un asteroide para desviarlo de su órbita con el objetivo de probar la tecnología necesaria para evitar una colisión contra la tierra. Hemos hablado de ello con Javier Pedreira, ‘Wicho’, coautor del blog sobre ciencia y tecnología ‘Microsiervos’. Él dice que la cuestión no es si va a pasar que un asteroide nos amenace, sino cuándo. “Sabemos que ninguno en los próximos cien años se aproximará a una distancia importante. El problema está en los que no tenemos fichados”. Y fuera de ese fichaje estarían el 60% de los asteroides que hay en el espacio y que tienen un tamaño igual o superior al que se dirige DART. El problema, claro, es que muchas veces se ve cuando ya es demasiado tarde. Por eso, él pone el acento en este tipo de misiones que intentarán localizarlos: “Necesitamos aparte de saber cómo desviarlos, ser capaces de verlos venir. Hay un satélite que se podría lanzar en 2025 y que tiene como objetivo localizar el 65% de los que nos faltan”.

La NASA se lanza a una misión desconocida y de éxito incierto: hacer chocar una nave, DART, contra un asteroide para intentar desviar su trayectoria aprovechando la energía cinética liberada. Para que el impacto sea efectivo, viajará a unos seis kilómetros por segundo, una velocidad increíblemente rápida. Ese momento se producirá en otoño de 2022, cuando haya viajado los 11.000 kilómetros que separan el asteroide Didymos y su pequeña luna, Dimorphos, de la Tierra.

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El desierto del Néguev, en Israel, es un paisaje rojo y rocoso parecido a lo que creemos que es el planeta Marte. Para preparar esa soñada misión, seis astronautas han pasado 3 semanas en una base marciana simulada en la que han reproducido las condiciones de vida que tendrían allí. Lo han reproducido todo menos la falta de gravedad. No es la primera misión de este tipo pero si una de las más concretas. Entre los seis astronautas protagonistas del proyecto ha estado Iñigo Muñoz-Elorza. Es un español que espera participar en esa etapa clave de la carrera espacial. Ayer, los seis salieron de aislamiento y la corresponsal en Jerusalén de RNE, María Gámez, estuvo con ellos.