- Se han abierto cuatro investigaciones sobre lo ocurrido
- Uruguay ha pedido perdón a Haití y a la víctima
- Fue el primer país del mundo negro independizado, tras la Revolución Francesa
- Ni la mitad de la población sabe leer y el 76% vive por debajo del umbral de la pobreza
- Adquiere fuerza 3 y podría tocar tierra en el estado de Carolina del Norte
- Ya ha provocado inundaciones en Puerto Rico y Haití
- La tormenta eleva el nivel del mar y provoca grandes olas
Francis Bejan es el manitas del Panteón y Museo Nacional de Haití, situado en Champ de Mars, no lejos del Palacio Nacional. Arregla los muebles y las puertas en plena calle. El museo alberga objetos históricos relacionados con la revolución haitiana y el primer gobernante del nuevo estado independiente: Jean Jacques Dessalines. Así que es visita obligada para los estudiantes.
Ver a los niños en los campos, desnudos o mal nutridos, es lo que más duele al observador extranjero. Los niños son la denuncia más hiriente de la situación de injusticia del país. Por eso llaman más aún la atención los escolares que van a clase con sus uniformes de colores perfectamente limpios y planchados, aunque vivan y caminen entre escombros. Los haitianos son extremadamente cuidadosos con sus aspecto personal, y eso se ve sobre todo en los niños. Son un símbolo del futuro que quiere el país.
Dirigirse hacia el oeste de Puerto Príncipe, hacia el mar, significa descender en la escala social de la ciudad. Los pobres compran en el mercado de Croix des Bossales, que es un laberinto de tenderetes y esterillas con todo tipo de mercancias, aunque sea un par de tomates, unos trozos de carne, racimos de plátanos... a cada paso te llegan olores diferentes y gritos. Hay que abrirse paso en la aglomeración de gente y de comida, y de montones de basura... porque los desperdicios se acumula por todas partes. A pocos metros del mercado se encuentra el barrio de La Saline, donde las chabolas no tienen ni una forma definida y los niños conviven con los cerdos junto al agua negra del canal.
El adjetivo surrealista se queda corto para la capital de Haití por la cantidad de estímulos de todo tipo, visuales, sonoros, olfativos... que se suceden sin descanso. Entre tanto caos hay imágenes que se repiten: las bolsas de agua en el suelo, los moto-taxis, los tap-tap, que son camionetas para transporte colectivo, los autobuses profusamente decorados...
Por todos lados aflora la enorme creatividad de los hatianos, en su artesanía, en los grafitis de las paredes, en las invocaciones a Dios pintadas en los vehículos. Y en la música. Haití es un país tremendamente musical: se puede escuchar desde kompa, un ritmo caribeño similar al merengue, hip-hop, pop, y sobre todo los ritmos del vudú.
El terremoto se hizo sentir especialmente en el centro de la ciudad de Puerto Príncipe, donde se levantaban los edificios públicos y los símbolos de la soberanía nacional. El Palacio Nacional y casi todos los ministerios se derrumbaron. También la catedral. El desescombro avanza con una lentitud enervante. En el antiguo parque se ha instalado un campamento para los que perdieron sus casas. Aquí se encuentra también el Panteón Nacional y las estatuas de los padres de la patria, los líderes de la revolución de los esclavos con la que se fundó Haití hace más de doscientos años. Y que ahora parecen observar la miseria que se extiende a su alrededor.
Manouceca vive en Delmas, una zona de Puerto Príncipe muy castigada por el seismo. Al menos su casa es una construcción de cemento. En su barrio las contradicciones de Haití son patentes: frente a las tiendas de los desplazados por el terremoto, las fincas de la clase alta. Como muchos jóvenes, Manouceca sueña con emigrar. El nuevo presidente, Michel Martelly, antiguo cantante de música caribeña, representa para ellos una ténue esperanza de estabilidad.
Los haitianos son gente a la par religiosa y muy celosa de su apariencia personal. Por eso conserva sus mejores trajes para la misa de los domingos. La iglesia de Saint Pierre, en Petiónville (el barrio de clase media-alta) está abarrotada para celebrar el Día de la Madre y una multitudinaria primera comunión. Se dice que Haití es un 80% cristiana, pero un 100% vuduista.
Aunque sólo existe un 10% de usuarios de Internet (el índice en España es del 55%), Jhimy y Calvens, dos jóvenes estudiantes de ingeniería, han decidido crear una página para que los haitianos puedan contactar entre sí. Se llama Noukapab (www.noukapab.com), que en kryol significa "Nosotros podemos". La gestionan desde un cibercafé y su intención es demostrar que los haitianos tienen tantas habilidades como cualquiera. El futuro depende de los jóvenes: la edad media de la población de 10 millones de haitianos es de 21 años.
El agua es posiblemente el bien más valioso en Haití. Las conducciones se vieron muy dañadas por el seísmo. menos del 50% de la población tiene acceso al agua potable y solo un 10% de las viviendas tienen letrinas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Posteriormente, la epidemia de cólera, introducida por los soldados de la ONU, se ha cobrado la vida de casi 5.000 personas. Así que todo el mundo compra agua embotellada o en pequeñas bolsas, lo que plantea otro problema de gestión de residuos, en un país sin plantas de tratamiento de basuras. El suelo de Puerto Príncipe está literalmente sembrado de estas bolsas azules.
La gente más humilde compra en el mercado de Croix des Bossales, en el barrio de La Saline, que se extiende entre edificios derruidos por el temblor. Cualquier espacio libre es bueno para extender una esterilla y vender unos pocos limones, algunos pimientos, trozos de carne o racimos de plátanos. En algunas partes el abigarramiento humano se mezcla con los desperdicios. La muestra de olores es completa: desde la intensidad del cangrejo a la suavidad del plátano.
El deporte rey en Haití es el fútbol (y no el beisbol o el cricket, como en otras islas del Caribe). Los aficionados siguen a Argentina o Brasil y a los equipos donde juegan sus ídolos: el FC Barcelona (Messi) y el Real Madrid (Kaká). En este bar de la Avenida Panamericana se reunieron para ver la final de la Liga de Campeones 2011, que enfrenta al Barça con el Manchester United.
Louissant atiende a sus clientes en medio de la calzada en la Grand Rue, una gran avenida en la parte baja de la ciudad. Su taller mecánico resultó dañado con el temblor, así que ahora arregla los coches en la calle, pero no le va mal: puede ganar 750 gourdas (15¿) al día, cuando el sueldo mínimo en Haití es de 400 gourdas (8¿) a la semana, para quien tiene un empleo.
Etienne es uno de los muchos "hombres farmacia" que recorren las calles de Puerto Príncipe (en este caso, en Centre Ville) vendiendo medicamentos. Es posible comprar una única pastilla de un fármaco de cualquier clase, incluso antibióticos. El problema es que las pastillas llevan todo el día al sol y algunas ya han caducado. Estos vendedores compran al por mayor y se llevan un pequeño margen de beneficio.
Lo habitual es que sean los haitianos los que emigren a República Dominicana. Según datos no oficiales, hay unos 800.000 haitianos en el país vecino, con el que comparte la isla de la Hispaniola. Damaris, sin embargo, ha hecho el viaje contrario. Esta dominicana vive en Puerto Príncipe, donde trabaja en el negocio de su madre. Muchos de los dominicanos que viven en Haití son arrayanos: habitantes de la frontera o incluso descendientes de haitianos.
¿Arte o artesanía? Puerto Príncipe está lleno de pintores, artistas del hierro y la madera, creadores de todo tipo que se inspiran en la realidad diaria o en la rica tradición local. El problema es que la inestabilidad política y social y después el terremoto han acabado con el turismo. Jameson y sus colegas trabajan en la carretera, en la ruta de Canape Vert, fabricando pequeños tap-tap en hierro pintado. Un tap-tap es el medio de transporte colectivo más usado en la ciudad, normalmente una camioneta con bancos de madera, profusamente decorados.
La Coquille (La Concha) es un restaurante étnico del barrio de clase media de Pétionville, en la parte alta de la ciudad. Aquí puede almorzarse comida criolla, con abundancia de arroz, frijoles y picante. El señor Leganier es el dueño e insiste mucho en que todos los productos son autóctonos. El arroz local tiene que competir con las importaciones de arroz de Estados Unidos, mucho más barato, que amenazan con hundir a los pequeños agricultores.
En la Rue Panamericaine (la Panamericana) encontramos también a Metelus Gardy, pintor "realista". El dueño del local ha pagado a Metelus para que pinte en sus paredes las efigies de los padres de la patria junto a los líderes políticos del momento: el presidente de EE.UU. Barack Obama; el presidente francés Nicolás Sarkozy y el nuevo presidente haitiano, Michel Martelly.