La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha mostrado este sábado su satisfacción tras el rescate por parte de infantes de Marina españoles de un niño de siete años entre los escombros de un edificio derruido en Iskenderum, Turquía. "Dentro del terrible drama que se está viviendo, es una llamada a la esperanza, a creer en los milagros", ha asegurado en una entrevista en el Canal 24 Horas.
FOTO: La ministra de Defensa, Margarita Robles. Marta Fernández / Europa Press
Tras los terremotos que han asolado Siria y Turquía, han sido muchos los comercios que han abierto sus puertas para hacer de refugio a las víctimas de la tragedia. A través de los grandes ventanales, no parece que muy cerca de estos modernos comercios que acogen a los afectados haya manzanas devastadas y centenares de muertos y desaparecidos.
Kubra, universitaria, dice que ha perdido la noción del tiempo desde que le abrieron las puertas hace cuatro días. Uno de los camareros en ese momento era Mehmet. Cuenta que pasó 48 horas sin dormir atendiendo a la gente que llegaba.
Los dos buques que España ha enviado a Turquía ya han comenzado a desembarcar la ayuda que llevaban a bordo. Son el gigantesco portanaves Juan Carlos I y el anfibio Galicia. El contraalmirante Gonzalo Villar, del Grupo Anfibio Aeronaval Dédalo 23, ya está en tierra, a 15 kilómetros al norte de la ciudad turca de Iskenderun: "Es donde hemos hemos establecido nuestra zona de operaciones y donde hemos empezado a desembarcar a nuestro personal para que empiece a prestar ayuda". Uno de sus equipos, formado por 70 personas, ya está contribuyendo a las tareas de búsqueda y rescate, mientras otros distribuyen alimentos a las ONG o tratan de establecer contactos con las autoridades. "La situación en el terreno es muy grave. Ayer tuvimos la primera reunión de coordinación en el aeropuerto de Adana y, cuando les preguntábamos qué querían que hiciéramos, no sabían decirnos", afirma Villar. Hay tantos frentes abiertos, que les han dado total confianza para contribuir en lo que puedan, añde.
Los dos terremotos con epicentro en Turquía han golpeado el norte de Siria, un país y una región que sufre una guerra civil de casi 12 años con miles de muertos, millones de desplazados y destrucción de viviendas e infraestructuras.
La situación de la población ya era vulnerable antes del seísmo: en la zona hay más de cuatro millones de desplazados, según la ONU, más de un millón de ellos malviviendo en campos de refugiados. Las estructuras de muchos edificios ya estaban debilitadas por los continuos bombardeos y ahora se han venido abajo. Muchos sirios se han quedado sin hogar y buscan refugio a la intemperie, en vehículos o en parques.
Mientras los equipos de rescate y los voluntarios continúan trabajando las 24 horas del día para localizar a los que aún pueden estar atrapados, Naciones Unidas proporciona comida, ropa de invierno y apoyo psicológico a las víctimas del desastre.
El presidente turco, el islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, ha admitido "algunos problemas" para rescatar a los afectados por el terremoto del pasado lunes tras las críticas por su gestión de la crisis. Algunos afectados denuncian que la ayuda ha llegado demasiado tarde y que los equipos de rescate ni siquiera han hecho acto de presencia en algunas zonas devastadas.
El gobierno turco ha restringido el movimiento de periodistas en ciertas zonas y el acceso a la red social Twitter, que está sirviendo a muchos de los afectados para alzar la voz y reclamar ayuda. En el pasado las autoridades turcas habían cortado el acceso a las redes sociales después de catástrofes, atentados terroristas o protestas sociales y políticas.
Tras el terremoto que ha asolado la frontera entre Turquía y Siria, la ayuda humanitaria es lo más importante para tratar de superar este hecho, sin embargo, esta llega a cuenta gotas y en muchos casos queda en manos de voluntarios como Mateo Colmenares.
Es difícil saber una cifra exacta pero se cree que cientos de miles de personas se han quedado sin casa y están viviendo a la intemperie. Hay barrios donde muchos edificios se han mantenido en pie pero están completamente vacíos.
Segunda semana Libros de arena en la Feria del libro de Calcuta. Ya sabéis que España es el país invitado de honor. Han sido muchas jornadas en las que hemos descubierto una cosa: El amor que la India tiene por la cultura española. Hemos hablado a lo largo de estos días con varias indios que han pasado por nuestro pabellón, también con editores de este país asiático que quieren publicar al bengalí nuestra literatura y por supuesto hemos chalrado con María Jóse Gálvez para hacer un balance de estos quince días de feria que os aseguro va a traer muchas cosas buenas en el futuro.
Abrimos libros de arena y escuchamos todas las entrevistas que hemos realizado en La Feria del Libro de Calcuta con España como país invitado.
La escritora Anna Caballé reflexiona, en su firma de hoy en Las mañanas de RNE, acerca de lo conocido en su último viaje a Calcuta: “Lo que más me ha sorprendido es el ascetismo con la que se acepta la realidad, por dura que esta sea”.
Moisés Belloch, jefe del grupo de la ONG valenciana Intervención, Ayuda y Emergencia, nos cuenta desde una de las zonas afectadas por el terremoto cómo son las labores de rescate. "Cada minuto cuenta", ha relatado en Las Mañanas de RNE, y ha explicado que debido a que no se pueden utilizar herramientas pesadas para la retirada de escombros, las tareas se retrasan mucho más. Han pasado ya 72h desde que ocurrió el seismo y, por tanto, las posibilidades de encontrar supervivientes se reducen, pero Belloch asegura que ellos van a completar la zona de trabajo con el mismo ritmo con el que han venido trabajando hasta ahora: "Los minutos son importantes y no podemos perder el tiempo", ha subrayado.