José María Pérez López de Orueta, bilbaíno de 30 años, soltero y residente en San Sebastián, era abogado criminalista. Fue asesinado por ETA el 31 de octubre de 1980. Tras secuestrarle en casa de sus padres, los etarras le mataron y abandonaron su cadáver en la carretera que va de Hernani a Goizueta. La organización terrorista le acusaba de ser narcotraficante y de defender a drogadictos en casos relacionados con el consumo y el tráfico de drogas.
José Antonio Esnaola Lasa y Nicolás Francisco Rodríguez fueron condenados a 26 años, 8 meses y un día de prisión mayor, además de indemnizar a los herederos de José María.
El 30 de agosto de 1979, José María Pérez Rodríguez, de 28 años y de Gilena (Sevilla), viajaba con otros seis agentes de Policía vestidos de paisano en el tren de las 7.30 horas que les llevaba desde San Sebastián a Zumárraga. Cuando llegaron caminaron por una senda vecinal para llegar a la comisaría. Subieron una pendiente corta y el primero del grupo, al superar el desnivel, vio a dos encapuchados salir de un vehículo con metralletas, avisó a sus compañeros y se puso a cubierto. Un tercer terrorista salió de detrás de un camión y comenzó a disparar.
Todos los agentes pudieron ponerse a salvo excepto José María Pérez. En el lugar del atentado se encontraron casi setenta casquillos de balas disparadas por ETA.
José María fue trasladado a la clínica Orbegozo pero falleció antes de ingresar. Recibió ocho disparos, uno de ellos en el corazón. Fue enterrado en la localidad de San Juan de Aznalfarache.