El diseñador David Delfín cerró la Pasarela Cibeles en 2002 con modelos que desfilaron con capuchas y sogas al cuello. Una propuesta que le trajo numerosas críticas y que fue interpretada, desde luego no como Delfín hubiera deseado. En aquel momento Delfín subrayó, a raíz del alboroto político y mediático, su rechazo a la violencia y la pena de muerte.