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Los efectos del Brexit se notan en los supermercados y restaurante británicos, donde faltan productos tan básicos como la sal y también mano de obra. La situación es preocupante y el gobierno ha decidido posponer una vez más los controles aduaneros previstos en el acuerdo para no entorpecer las importaciones desde la Unión Europa.

Tras meses jugando al ratón y al gato con las prórrogas, Londres ha pedido hoy cambios sustanciales en el protocolo sobre Irlanda del Norte del tratado del Brexit. Lo justifica por las dificultades que le supone. "Hemos visto supermercados más vacíos y más de 200 proveedores que han decidido no vender más a Irlanda del Norte", asegura el ministro británico para el Brexit.

El meollo está en los controles aduaneros. En lugar de producirse entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, dentro de la misma isla, acordaron trasladarlos a la frontera marítima con Gran Bretaña. Los británicos quieren descolgarse del arreglo. Quieren que sus bienes destinados solo a territorio norirlandés pasen libremente y que se acepten también sus estándares y no solo los que fija Bruselas.

Londres ha sido el primer destino internacional del ministro de Exteriores y no Marruecos, como era habitual. José Manuel Albares ha dicho que estaba en la agenda de la ministra Laya y ha mantenido la cita, por la importancia que tiene para España su relación con el Reino Unido. En su reunión con su homólogo han renovado memorandos bilaterales sobre Gibraltar, necesarios, según ha dicho, para dar garantías a la población tanto de La Línea de la Concepción como de Gibraltar. Justo antes de la reunión se había conocido el rechazo de Reino Unido a las líneas que ha marcado la Comisión Europea para negociar el futuro acuerdo sobre Gibraltar. Pero el ministro ha subrayado el buen ambiente que ha habido en la reunión con su homólogo británico, Dominic Raab.