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El propio Francisco encargó este informe, un documento exhaustivo, con testimonios a veces demasiado explícitos. Casi un centenar de entrevistados, como el de una madre que cultivó la amistad con el padre de Mc Carrick, el tío Ted, hasta que un día lo vio sentado en el sofá de su casa manoseando a sus dos hijos. De eso hace ya 30 años. Hoy McCarrick aún no ha pedido perdón, a sus 90 años vive retirado en Estados Unidos en una residencia para exsacerdotes.

El papa se ha referido a él, como un informe doloroso. En la audiencia de este miércoles ha mostrado su cercanía con las víctimas de abusos y ha renovado el empeño de la iglesia por acabar con este mal. El informe reconoce errores que empiezan con Juan Pablo II. Wojtyla fue quien promocionó a Mc Carrick nombrándole arzobispo de Washington y cardenal cuando ya existían indicios de su comportamiento sexual. Benedicto XVI lo mantuvo como cardenal un año más, pero como seguían las sospechas de abusos se le aconsejó que lo apartara de la vida pública. Y Francisco heredó el problema. Todo cambió cuando se presentó la primera denuncia oficial en 2017, el abuso de Mc Carrick a un menor: entonces se le juzgó, se le condenó, se le retiró el cargo de cardenal y se le expulsó del sacerdocio.

El papa Francisco ha lamentado el fallecimiento de Fidel Castro y ha trasladado el péseme a toda su familia en un telegrama dirigido a su hermano Raúl. Con su mediación, el pontífice contribuyó al deshielo entre Cuba y Estados Unidos.

La relación entre Cuba y el Vaticano fue unas veces más frágil y otras más activa, pero siempre discreta hasta que en 1996, durante una cumbre en la FAO en Roma, Fidel Castro visita por primera vez a un papa, Juan Pablo II, en el Vaticano y le invita a viajar a Cuba.

Con palabras en latín, según el rito de la Iglesia Católica, el papa Francisco ha proclamado santos a Juan Pablo II y a Juan XXIII. La ceremonia de canonización se ha celebrado en la Plaza de San Pedro ante cerca de 800.000 personas, según el Vaticano. 24 jefes de Estado, entre ellos el rey Juan Carlos, y unas cien delegaciones oficiales han asistido a este homenaje inédito a dos de los papas más carismáticos de los siglos XX y XXI.