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La contaminación lumínica evita que en la ciudad se pueda disfrutar de las estrellas. En Madrid hay que desplazarse alrededor de 50 kilómetros para ver alguna estrella. Pero ese no es el único problema, ya que también afecta a la biodiversidad. Las luciérnagas, por ejemplo, solo se aparean en la oscuridad. El resplandor en el mundo aumenta cada año un 2% y la mitad de los europeos no ven nunca la Vía Láctea.

FOTO: EFE/ Cabalar