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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - En la tierra de Jesús - ver ahora
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Muy buenos días, amigos. Bienvenidos, como todas las semanas,

a Últimas preguntas.

Hoy les propongo que peregrinemos a Tierra Santa,

durante unos meses no hemos podido hacerlo, ya lo saben.

Pero a medida que vaya siendo posible, pues,

yo les invito a que sigamos peregrinando a Tierra Santa.

Hoy nos vamos a ir hasta el corazón de esta tierra,

nos vamos a ir hasta el Santo Sepulcro.

- Muchas gracias. Gracias por la invitación.

- Muchísimas gracias por estar con nosotros.

Cuando hablamos del Santo Sepulcro es que, inevitablemente,

pensamos en la resurrección, ¿verdad?

- Sin duda, sin duda. - El lugar del centro.

- Si bien nosotros por la parte católica así llamamos a la basílica.

Los hermanos de la iglesia oriental la denominan

la Basílica de la Resurrección.

Van de la mano. - Van de la mano.

- Ambos, ambos elementos.

- Porque aunque lo hemos contado alguna vez más

pero ya que estaba usted aquí

yo le pido que nos lo explique un poco.

Hablaba de los hermanos de otras confesiones.

Eh, ¿Cuál es la situación actual en el Santo Sepulcro?

Así, por definirnos en cuanto a distintas confesiones se refiere.

- Actualmente, gozamos de un clima muy fraterno, siendo honestos.

Ha habido periodos en la historia un poco más difíciles,

más conflictivos,

pero actualmente las relaciones entre,

los que residimos al interior de la basílica,

nosotros los frailes franciscanos,

los hermanos ortodoxos y los hermanos armenios

existe ese, esa camaradería entre nosotros.

Nos saludamos.

Hay momentos, incluso, en los cuales nos compartimos alimentos, bebidas.

Tenemos, tenemos buenas relaciones.

- Qué bien porque es verdad que ha habido momentos en los que,

incomprensiblemente, ¿verdad? no ha sido así.

Pero es que estamos todos allí

celebrando y viviendo lo mismo, efectivamente.

¿Cuánto tiempo lleva usted en Tierra Santa?

- Yo estoy en Tierra Santa dos años, prácticamente,

en la Basílica del Santo Sepulcro.

Y estuve anteriormente cuatro como estudiante.

Estamos hablando de 2007-2011.

Y ahora, recientemente, estos dos años últimos.

- ¿Es una vocación ser fraile franciscano en Tierra Santa?

Porque podría estar

en cualquier convento de cualquier otro lugar del mundo.

Pero usted está, como otros hermanos, en Tierra Santa. ¿Es una vocación?

- Definitivamente, sí. - Sí.

- Jurídicamente, yo no pertenezco a la custodia de Tierra Santa.

La orden franciscana está extendida en todo el mundo,

dividida en provincias.

Jurídicamente, yo pertenezco a la provincia de México.

Pero por el hecho de haber tenido esa oportunidad

de hacer mis estudios teológicos,

me queda esa espinita de, de volver, dar un servicio,

dar una mano por un periodo determinado

para después regresar a mi realidad mexicana,

aparte de los que vivimos esta realidad de las provincias

fuera de Jerusalén, fuera de Israel, fuera de la Tierra Santa en sí.

Hay hermanos que desde toda su formación,

desde que tocan la puerta del convento a temprana edad,

jurídicamente sí pertenecen a la custodia

que en su consagración se dan plenamente a ese apostolado.

Ellos sí toda su vida estarán ahí y algunos, repito,

por ciertos periodos.

Breves, largos, pero, digamos, - Por ahora dos años.

- Por ahora dos años, la idea es que sean muchos más.

- ¿Qué significa para usted o para ti?,

nos vamos a tutear que eres muy joven.

¿Qué significa para ti vivir, pisar, vivir también desde el punto de vista

no biológico, sino espiritual, en los lugares donde vivió

nuestro señor Jesucristo y, en este caso, además,

formar parte de la custodia del lugar donde resucitó,

donde se quedó para siempre con nosotros?

- Cuando me hacen, de vez en cuando, estas preguntas,

yo siempre pongo esa analogía con las cadenas.

- ¿Ah, sí? - Yo soy un simple eslabón

de una larga cadena de frailes,

de cristianos también que han, que han tenido esa experiencia.

La providencia ha querido que saliendo de mi país,

teniendo estas oportunidades,

viviese, no solamente el aspecto humano,

el aspecto biológico,

el aspecto espiritual, sino también el franciscano.

Ser franciscano en servicio en Tierra Santa

implica, más que nada, la responsabilidad

porque en esa larga cadena el eslabón tiene que ser fuerte

para mantener la continuidad.

Aquellos, mencionamos hace poco, que son ya casi 800 años

de la presencia franciscana en Tierra Santa.

Aquellos hermanos que hasta nuestras fechas han sido eslabones

han dejado una cadena fuerte, resistente.

Ahora que estamos nosotros ahí es nuestra responsabilidad

ser eslabones nuevos, fuertes, sólidos

para las generaciones futuras.

Y siempre, siempre hemos de decir que no es tanto

para que la orden franciscana diga "somos los custodios"

sino para que los peregrinos, para que el cristiano en general

tenga asegurada la posibilidad

de presenciar lo que nosotros estamos viviendo.

De tocar, de palpar, de escuchar el texto evangélico

en el lugar tal cual,

de experimentar en esa pasión, en ese fervor, en esa fe,

que muchas veces se manifiesta

en lágrimas en los ojos de nuestros peregrinos

de escuchar: "aquí Cristo nació",

"aquí Cristo padeció", "aquí Cristo resucitó",

"aquí Cristo nos redimió".

Entonces, resumo, es una gran responsabilidad,

que con la ayuda de Dios tratamos pues, de responder con creces.

- Sobrecoge ¿eh?,

pensar en esa responsabilidad, efectivamente.

Has mencionado los peregrinos.

Qué importante es, ¿no? que peregrinemos a Tierra Santa

tanto a nivel personal, sin ninguna duda, como Iglesia,

pero también para nuestros hermanos cristianos que viven allí, ¿no?

- Sí.

- Hay muchas circunstancias que nos invitan a peregrinar, ¿no?

-Exacto. El peregrinar no necesariamente significa

atravesar fronteras, coger aviones, tener pasaporte en mano.

No. Es más que nada, ese movimiento de espíritu.

Los cristianos locales siguen siendo,

volvamos al ejemplo de las cadenas,

siguen siendo los eslabones que nos permiten engancharnos

a Jesucristo vivo.

Fueron gracias a ellos que a lo largo de estos 2000 años

la fe llegó a nuestros países, a nuestras naciones,

a nuestros abuelos, a nuestros antepasados,

a nuestras culturas.

Y siendo ellos nuevos eslabones,

son los primeros a ser esos testigos de la resurrección.

Sabemos que no es fácil en estos tiempos ser cristiano,

y no tanto por las adversidades sociales, políticas, no.

Sino por el mensaje en sí.

Vivimos tiempos de pensar en nosotros mismos

más que en el prójimo.

Tiempos en los cuales pues podemos dar rienda suelta

a muchas, muchas deseos, pasiones, etc.,etc., ¿no?

Y el mensaje evangélico, muchas veces, no es compatible

con lo que la sociedad, con lo que el mundo está viviendo.

Siendo los cristianos locales los primeros testigos de esa fe,

de ese llamamiento a amarnos los unos a los otros,

de abrir nuestro corazón, de vivir las bienaventuranzas,

de vivir el gozo pascual,

de sufrir la cruz, como Cristo la sufrió.

Ellos nos dan, nos dan ejemplo.

Por ello también muchas veces decimos:

"no somos solamente los guardias de museos, de sitios arqueológicos,

de sitios históricos.

Somos a través de las parroquias, a través de las obras sociales

que tienen la custodia y otros institutos religiosos,

la Iglesia, en general, que tienen esas zonas.

Somos los custodios de esas piedras vivas que también peregrinan.

Mucha gente tiene siempre esa ilusión,

acabamos de vivir Navidad, de que no obstante viven en Israel

gente que de Nazaret se traslada a Belén,

que de Jerusalén se traslada a Belén,

que de cualquier punto,

de cualquier localidad cristiana en Tierra Santa

tienen ese deseo, como para Pascua próximamente.

También ellos peregrinan.

También ellos atraviesan esos campos

sin necesidad de tener pasaporte,

sin necesidad de tener un, de coger un avión

pero sí en esa necesidad espiritual de moverse hacia Dios.

Ese Dios que 2000 años atrás se movió hacia nosotros,

que nos llama constantemente a ir hacia él.

- ¿Cómo es la situación actual de los cristianos en Tierra Santa?

Porque otras veces que hemos tenido ocasión de hablar

con otros hermanos franciscanos, cuando hemos podido desplazarnos allí

y hemos podido hablar también

con los propios cristianos nacidos en estos lugares,

pues sí que nos quedábamos

con una sensación de cierta preocupación.

Muchos habían tenido que abandonar su tierra y emigrar

y dejar esos lugares, ¿no? con todo el dolor de su corazón, ¿no?

¿Cómo es la situación ahora?

- Pues digamos que se mantiene en esos términos.

Sigue existiendo la emigración, los jóvenes difícilmente

pueden tener acceso a buena educación,

a buenas fuentes de trabajo y el fenómeno migratorio

que estamos viviendo en modo global también, también ahí se manifiesta.

Muchos vienen para acá, para España, para Europa en sí

que es como el sueño, una mejor vida

y si bien se trasladan físicamente

ese, esa pertenencia, ese deseo de,

de mantenerse espiritualmente en los santos lugares

sigue existiendo.

Los que están ahí, pues con muchas ganas, con mucha voluntad, día a día,

siguen buscando el progreso a través del trabajo,

a través de la educación a la cual puedan acceder.

La población, digamos, tiene un cierto índice de edad

relativamente alto porque emigrando los jóvenes,

emigrando los que ya son padres de familia

llevándose consigo a los chicos, pues dejan a los abuelos,

están en contacto y todo pero, falta ese, ese ambiente familiar.

No dejan de existir los niños en nuestras parroquias, repito,

en las escuelas que tenemos, los diferentes institutos religiosos,

pero sí, poco a poco,

los números estadísticamente van bajando del,

actualmente ya se están mencionando números de 2, 1.5 %.

- Poco, claro.

- de cristianos de la totalidad de la población en Israel.

- Y los peregrinos que viajan, que peregrinan a Tierra Santa,

imagino que os habréis encontrado

con situaciones realmente sobrecogedoras, ¿no?

Para una persona pues, posiblemente, de aquí de España, por supuesto.

Pero de México, de donde tú procedes también,

habrá experiencias estupendas, ¿no?

- El, el ver esas expresiones.

El peregrinar implica siempre un sacrificio,

el dejar o el buscarse el modo, sea económico,

buscando vacaciones del trabajo, vacaciones de escuela.

Implica siempre un sacrifico, un esfuerzo.

Y ver que ese sacrificio culmina, dada que la,

dada la circunstancia que estoy yo en el Santo Sepulcro,

¿que puedo decir?, ese lugar por excelencia de la peregrinación.

- Es el culmen, ¿no? - Es el culmen, exacto, ¿no?

Podemos dejar de lado,

no vaya a ser una herejía pero podemos no ir a Belén

porque las circunstancias no nos lo permitieron, no

u otro santuario.

Pero no podemos dejar de ir al Santo Sepulcro.

Ver esas expresiones, esa,

esa satisfacción espiritual de la gente al decir:

"Guau, todo lo que he hecho,

ese sacrificio que hice para estar aquí, ha valido la pena".

Precisamente, en estos últimos meses ha habido

muchísima afluencia de hermanos, de peregrinos

que quien ha tenido la posibilidad

de estar ya ahí en Tierra Santa

sabe que hay que hacer ciertas filas, ciertos tiempos de espera.

Han hecho que, que estos sean casi de cuatro horas.

Y uno dice: "Guau, cuatro horas

verdaderamente es una prueba para esa fe".

Pero ver gente que, con edad avanzada, con alguna enfermedad,

con algún sacrificio físico está ahí esperando,

esos cinco-seis segunditos que se permite

el, el poder tocar el santo lugar.

Purifica.

Yo también siempre digo,

"los días en el Santo Sepulcro no son iguales unos de otros".

- ¿Por qué?

- Precisamente, no tanto por los números,

porque las actividades son siempre las mismas, ¿no?

Existe esta ley del statu quo que delimita tiempos,

espacios entre las comunidades

y siempre tendremos la procesión a las cuatro de la tarde,

siempre tendremos la misa conventual 6:30,

siempre tendremos el oficio nocturno a media noche.

Pero la diferencia es que esa resurrección que si vienes una,

es única, es perenne, se actualiza en ese peregrino.

Incluso nosotros mismos,

en una ocasión me decían peregrinos colombianos:

"Padre, ¿y cómo es posible que, pues todos los días

la misa de resurrección no te, no extrañas el color verde litúrgico,

no extrañas?".

Pero todo se basa en eso, la resurrección.

Y no es que sea un mito, no es que sea un,

un dato histórico en nuestras enciclopedias.

No, es una vivencia.

Y todo se fundamenta en la resurrección.

Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe.

Si Cristo no hubiese resucitado,

vano sería el sacrificio del peregrino.

- Claro.

- Si Cristo no fuese resucitado, muchos de nosotros no estaríamos ahí.

¿Qué caso tendría?

Hay ciudades más bellas para visitar,

hay museos muchísimo más elegantes, más,

con mayor valor histórico, cultural.

Pero es gracias a la resurrección que se renueva, constantemente,

en uno y en el peregrino

que hace que el día sea único, irrepetible.

- Claro, es que la diferencia es que, efectivamente,

no se trata de un viaje turístico

donde vamos a ver la piedra en la que estuvo enterrado Jesús,

es que vamos a vivir el lugar que da sentido a todo, efectivamente,

como nos estabas contando porque así lo vives, además,

tú sí que todos los días, obviamente, en ese lugar.

- Incluso gente que va con ese objetivo de decir:

"Bueno, yo un día estuve en Bangladés - De visita, ¿no? de,

- Yo un día estuve Dubái, yo un día estuve en Israel".

Mucha de esa gente

es la que nos da una mayor experiencia de fe

porque siempre está un confesor ahí.

Me ha tocado el turno:

"Padre, yo tengo treinta y tantos años sin confesarme,

pero ha sido tal mi experiencia que quiero poner las cosas en paz.

Quiero ponerme nuevamente en movimiento hacia mi Dios.

Esos son los garbanzos de a libra, decimos nosotros, ¿no?

Existen y son de las experiencias más bellas, más fuertes

para nosotros que estamos ahí en ese santo lugar.

- Cómo es también la relación, bueno hemos comentado un poco

con las otras confesiones católicas

que comparten espacio en el Santo Sepulcro,

pero, claro, estamos hablando

que el Santo Sepulcro está en una ciudad,

una ciudad santa como es Jerusalén.

Y que es santa para los cristianos, pero es santa también para los judíos

y es santa también para los musulmanes.

¿Cómo es esa relación?

¿Qué papel, o mejor dicho, qué papel juegan o jugamos ahí los cristianos?

Quienes están todos los días o quienes vamos de peregrinación.

¿Qué papel juegan en ese entendimiento, podríamos decir,

o en ese encuentro entre religiones?

-Podría ser la diferencia entre los que vivimos ahí,

sea extranjeros, como mi caso, o bien los cristianos locales

como aquellos que están una semana, que están quince días.

Los cristianos que estamos ahí, que tenemos esa, ese trato cotidiano,

puedo decir que, en general, es muy bueno.

Nos toca abordar autobuses

en compañía de estos hermanos musulmanes,

en compañía de los hermanos judíos, y somos iguales.

Cada quien paga su ticket y el trayecto se hace.

Tenemos que ir al banco, tenemos que hacer pagos, tenemos que,

los servicios y todos somos iguales en ese aspecto.

Entre los cristianos que sí tienen

la responsabilidad de vivir tal cual ahí,

excluyendo ya a los que somos foráneos,

hace poco decíamos esas dificultades que podrían encontrar

buscando un buen empleo, buscando una buena educación

porque en algunas áreas, en algunos temas

sí se vive cierta discriminación.

Los que vienen de fuera,

frecuentemente, ven ese clima de, de diálogo, de encuentro

porque el peregrino pues va a lo que va.

No se mete tanto en cuestiones de política, de sociedad, etc., etc.

Y si bien el peregrino al caminar

encuentra en la calle a estas tres denominaciones

que se hace muy evidente la diferencia

a causa de sus vestiduras,

no encuentra tampoco problemas.

Perfectamente saluda al musulmán. Perfectamente saluda al judío.

Como, perfectamente, saluda al cristiano.

El peregrino que también tiene ese deseo de,

pues de llevar a casa algún recuerdo, algún souvenir religioso,

pues, a veces, ni siquiera cuenta se da

si el vendedor fue cristiano, fue musulmán, fue judío.

Porque, repito, existe ese, ese buen encuentro.

Como en cualquier ciudad hay eventos aislados de violencia,

eventos aislados de delincuencia

porque pues en qué ciudad no está el carterista,

en qué ciudad no está el tipo malo, ¿no?

Pero, repito, en línea máxima

las tres denominaciones tienen buena, buena relación.

- Nos decías al comienzo que jurídicamente no perteneces

a la custodia de Tierra Santa como franciscano.

Tu provincia está en México, eres de Guadalajara,

no lo hemos dicho, del Estado de Guadalajara.

En un futuro, cuando vuelvas a México,

¿qué te quedará de Tierra Santa?

- Me queda la experiencia de,

de los lugares santos no como mito. - No como mito.

-No como hablar de la Atlántida, hablar de Babilonia,

sino de lugares concretos.

Ya lo ya, esta experiencia ya la tuve.

Repito, yo estuve de estudiante,

fui unos años a México y, no tanto por alzarme el cuello,

como decimos,

pero la gente en mis predicaciones

escuchaba, frecuentemente, de Tierra Santa.

Quienes hemos tenido la posibilidad, ya sea como peregrinos,

o como frailes en servicio, de tocar ese quinto evangelio,

como decía San Pablo VI,

es nuestra responsabilidad transmitirlo.

No solamente tener el recuerdo de la fotografía,

no solamente tener el recuerdo de la imagencita, no,

sino el compartir.

Seguramente, en los años futuros cuando tenga que regresar a México,

será igual.

El decir: "Hermanos, ese Cristo histórico es un Cristo concreto

porque, si bien, el evento de salvación

geográficamente se hizo a muchos, muchos kilómetros,

se hizo para ti".

En una de nuestras clases de teología,

nuestro profesor nos decía

cuando hablábamos del sacramento de la comunión:

"Ese sacrifico que Jesús hizo en el calvario,

es el mismo que se lleva a cabo

en el altar de la parroquia más lejana,

-Claro.

- Ese sacrifico doloroso del Señor,

es el mismo sacrificio

que ahora tú estás haciendo sin dolor en beneficio de la iglesia de Dios.

Esa conexión entonces de quitar la barrera del mito,

de quitar la barrera de, de algo no concretizado

se manifiesta en nuestro apostolado, en nuestro ministerio.

Y espero con la gracia de Dios que cuando él decida

ahora vas a México, de hecho ya estuve también en Italia,

de cuando tenga que salir de Tierra Santa y regresar

o realizar otro apostolado, otro ministerio,

llevarme esa experiencia.

Ser como el mismo texto evangélico nos dice

durante la resurrección que invitaba a los discípulos:

"Vayan ahora a su Galilea y ahí lo verán.

Así como con el gusto de celebrar la santa misa

sobre la piedra de la resurrección,

con ese mismo gusto celebrarla en el altar más lejano de mi ciudad".

- Pues Fray Salvador Rosas,

presidente de la Fraternidad Franciscana del Santo Sepulcro,

gracias por haber estado aquí,

por habernos traído un pedacito de Tierra Santa al programa.

Y yo si me permiten

y también de parte de los espectadores,

le emplazamos a que la próxima vez nos encontremos en el Santo Sepulcro.

- Claro que sí. Las puertas estarán abiertas para, no solamente,

los hermanos de televisión, de radio, para el peregrino en sí.

Si hay todavía dos minutitos, puedo decir que es, precisamente,

la basílica del Santo Sepulcro

el santuario que teniendo sus puertas abiertas, acoge a todo el mundo.

Como bien entran los cristianos, católicos, ortodoxos, armenios,

etíopes, coptos, también entran los musulmanes,

también entran los judíos.

Con mayor razón para aquellas personas

que a través de esta emisión televisiva

deseen conocer los santos lugares.

Serán siempre, siempre bienvenidos porque para eso estamos,

para eso nos traen desde tan lejos para que les digamos:

"Bienvenidos, Cristo ha resucitado".

- Pues muchísimas gracias por este ratito que nos ha dedicado,

que nos has dedicado

y gracias a todos ustedes también por este tiempo que hemos compartido

aquí, en Últimas Preguntas.

Nos encontramos, si Dios quiere, la próxima semana.

Ya saben el domingo en el Canal Internacional

y, por supuesto, en La 2 de TVE.

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Últimas preguntas - En la tierra de Jesús

16 ago 2020

Las peregrinaciones a Tierra Santa se han visto afectadas por el COVID19, pero queremos seguir teniendo presentes a los cristianos que viven en la tierra de Jesús. Hoy nos acompaña el Padre Guardián del Santo Sepulcro.

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