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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Mons. Luis Argüello, Secretario General CEE - ver ahora
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(Música)

¡Saludos, amigos! ¡Muy buenos días!

Bienvenidos otra semana a "Últimas preguntas".

Como ven, hoy en otro lugar. Estamos en la sede

de la Conferencia Episcopal Española,

porque aquí nos recibe el secretario general

de la Conferencia, monseñor Luis Argüello.

Monseñor Luis Argüello, buenos días.

Buenos días.

Muchas gracias por recibirnos en su casa.

Nos alegra mucho poder tener este encuentro en el lugar

donde, habitualmente, la Conferencia Episcopal

realiza sus ruedas de prensa,

su comunicación con la sociedad

a través de los medios de comunicación social

y en esta casa, que es de comunión y servicio

a las iglesias que peregrinan en España.

Aquí es el lugar donde, como dijo el otro día

el papa Francisco cuando le recibió en el Vaticano,

es el lugar donde usted "hace los regates".

(RÍE) Sí, bueno...

La verdad es que fue una broma que me sorprendió mucho

por parte del papa Francisco y que agradecí.

Y este es el lugar también, y lo digo en sentido metafórico,

porque en ese momento estábamos todos en nuestra casa,

pero este es el lugar desde donde

la Iglesia ha seguido esta situación

provocada por la pandemia que a todos nos ha dejado

tan fuera de nuestro lugar habitual.

Es una situación muy extraordinaria que, seguramente,

en las vísperas ni siquiera podíamos imaginarnos.

De hecho, la propia Conferencia Episcopal tuvo

su asamblea plenaria en marzo, en la primera quincena de marzo.

Y aunque ya todos hablábamos del coronavirus,

no podíamos imaginarnos que íbamos a entrar

en una situación de crisis sanitaria, social, económica

tan importante, y que las comunidades cristianas

iban a vivir desafíos tan grandes, tanto para poder encontrarse,

como para poder vivir

un testimonio de la cercanía del amor del Señor

a través de las relaciones de vecinos,

de lo que, desde Cáritas

y tantas organizaciones eclesiales, se ha hecho

y se sigue haciendo. Y queremos también disponernos

para poder vivir este momento,

sin duda, complicado, difícil que vive la sociedad española,

como la está viviendo, prácticamente, todo el mundo.

Pensemos, especialmente, en tantos lugares de la Tierra

donde esta crisis es de supervivencia.

Hemos sido más conscientes y lo pensaba el otro día

cuando leía la encíclica publicada,

escrita por el papa Francisco y publicada hace unos días...

Hemos sido más conscientes de que, efectivamente,

todos estamos conectados, somos hermanos.

Y lo hemos constatado, si me permite, de una forma,

digamos, más física incluso.

Claro, porque el papa Francisco, a la hora de explicarnos

en "Fratelli Tutti" por qué somos hermanos...

¿Por qué somos hermanos?

Y él viene a decir: "Porque tenemos la misma carne,

una carne frágil a la que un pequeño virus

es capaz de hacer tanto daño,

y porque habitamos la misma tierra".

Además, el papa Francisco luego, en la encíclica, también dice:

"Los creyentes pensamos que somos hermanos

porque tenemos un padre común.

Pero la carne y la tierra la compartimos con todos los demás:

con creyentes y no creyentes".

Y, especialmente, en tiempos de pandemia, estas dos fuentes,

podríamos decir, de fraternidad

se han visto especialmente puestas de manifiesto,

tanto en la fragilidad,

como en la necesidad de dar una respuesta,

que ha de ser concreta en la carne

y ha de ser global en la tierra, en la casa común.

Y una respuesta que tiene que salir del interior de cada uno.

Pensaba en esas frases que tanto se han dicho

durante estos meses. "Todo va a salir bien",

"de esta vamos a salir mejores"...

Que, bueno, son frases, incluso dicho por los psicólogos,

que vienen bien en un momento determinado

para animar, para seguir avanzando.

Pero... no sé. Parémonos un poco.

Que... Eso tiene que salir del interior de cada uno.

Qué nos dice a cada uno de nosotros, ¿no?

Hay una fuerte llamada a la responsabilidad personal.

Sin duda ninguna, las administraciones públicas,

los gobiernos, los científicos, las autoridades sanitarias

tienen palabra y actos importantes que realizar.

Pero estamos viendo hasta qué punto

es importante la responsabilidad personal.

También el papa Francisco en "Fratelli Tutti" dice:

"No podemos ser tan ingenuos, tan infantiles de poder esperar

todas las soluciones que vengan de los políticos.

Hace falta que comencemos".

Y, además, dice el papa algo bien concreto.

"Empecemos desde abajo y cada uno".

Y yo creo que este "desde abajo y cada uno",

para desde ahí ir más allá,

por utilizar otra expresión de "Fratelli Tutti",

es especialmente importante en esta hora;

en el que precisamente este compromiso personal

y también precisamos "caridad política",

como dice el propio papa,

a la hora de ver cómo la organización de la convivencia

en favor del bien común pasa, cómo no,

por una buena política.

Qué interesante el capítulo que en esta encíclica

el papa dedica a la política.

Yo diría "a la política con mayúsculas", ¿no?

Porque la política que en ocasiones está tan denostada

por situaciones concretas,

por situaciones personales, incluso.

Pero si vamos a la política, si ampliamos

y tenemos una amplitud de miras

y hablamos de esa política con grandes letras, como digo...

¡Uf! La cosa aquí ya cambia, ¿no?

Es bien importante. Por ejemplo, en un momento

como el de la realidad española...

Digo en la política, pero, también, en la realidad española

en la vida eclesial. Hemos vivido un congreso de laicos

y en ese congreso se trata de impulsar la vocación laical.

La propia Iglesia dice que "la identidad

y espiritualidad propia de los laicos

es vivir la caridad política".

Y ahora el papa nos plantea cómo la fraternidad

y las exigencias del momento

nos están pidiendo vivir esta caridad política

para vivir una política con mayúsculas.

¿Qué se puede entender por "política con mayúsculas"?

Que no se agota solo en las instituciones

estrictamente políticas,

sino que la organización del bien común en la polis,

en la ciudad, donde se desarrolla la vida de cada uno,

pide que todos demos importancia

a los ambientes y relaciones en los que estamos

y en las instituciones de las que participamos.

Pero es también interesante constatar cómo el papa,

para la regeneración de la política,

pide amistad civil, pide amistad social.

Y habla de que la política también precisa,

que, incluso, los políticos institucionales,

los que están en lo que, habitualmente, podemos entender

como organizaciones políticas,

tiene que cultivar la ternura y la amabilidad.

Viendo algunos de los debates del Congreso de los Diputados,

tendríamos que decir dónde está la ternura y la amabilidad.

Pero forma parte de la gran política.

Esta "política con minúsculas" de la amabilidad y de la ternura

pone los cimientos para la gran política con mayúsculas.

Sin embargo, hay situaciones... Lo decía usted hace unos días

aquí, en esta sala de prensa.

Hay situaciones que a ustedes, a los obispos,

les han dejado perplejos.

Sí, porque, constantemente, estamos asistiendo...

Y yo creo que era necesario, además.

Ante la gran problemática de la pandemia,

tenemos que caminar juntos.

De hecho, ha sido un eslogan institucional.

"Juntos; juntos salimos de esta situación;

juntos vencemos al virus".

Y luego, hemos visto cómo, precisamente,

en tiempo de pandemia, en un tiempo de dificultades

para la propia reflexión, incluso, donde ni siquiera

físicamente están los parlamentarios

en el Congreso y en el Senado,

se han puesto en medio proyectos legislativos

que provocan desencuentros.

Más aún, cuando nosotros hemos ofrecido

algunas vías de encuentro concretos,

en lo que se refiere, por ejemplo, a la ley educativa,

pues hemos recibido, prácticamente, la callada por respuesta.

De ahí la perplejidad.

Por una parte, un discurso de "todos juntos",

"no dejemos a nadie atrás",

"no dividamos a España entre dos grupos de españoles"...

Y, por otra parte, al mismo tiempo ver cómo se proponen

algunas medidas, además, legislativas

con la importancia que tienen las leyes a la hora

de generar, también, no solo opinión pública,

sino una mentalidad y una propuesta ética.

Pues vemos que se hacen propuestas legislativas

que dividen y enfrentan.

Que eso nunca viene bien.

Pero en este momento en el que hemos de unirnos

en lo esencial,

ante una crisis sanitaria, social, económica

de tamaña magnitud,

parece, digamos, más sorprendente

que se propongan vías que, más bien,

dificultan el encuentro.

En asuntos, efectivamente, son esenciales,

como, por ejemplo, el tema de la educación.

Tanto que se habla de ese pacto educativo,

que, bueno, parece que todos estamos esperando,

pero, sin embargo, no llega nunca a cuajar, a llevarse a cabo.

Sí. Por otra parte, el papa Francisco, que hizo

una convocatoria antes de la pandemia

a una reflexión sobre el pacto educativo global,

en una convocatoria amplia en la que, incluso,

nuestro propio gobierno manifestó el deseo de participar,

luego, el pasado 15 de octubre, el día de Santa Teresa,

recientemente, hace unas semanas,

pues el papa hizo ya una formulación

de unas bases para ese pacto educativo.

Por ejemplo, uno de los acentos que se ponen en esas bases

es que las familias tienen la responsabilidad primaria

en la educación.

Y eso es algo que nosotros echamos de menos

en nuestro actual proyecto de ley,

en el que esas posibilidades de las familias

a la hora de poder elegir el centro, la propuesta educativa,

la propia responsabilidad que tienen en la educación,

sobre todo, moral y religiosa de sus hijos;

y cómo eso pueda ser también plasmado y reconocido

en las leyes educativas...

Hemos visto que no se ha tenido tanto en cuenta.

Es más, en estos últimos días hemos visto cómo

hasta el propio papa Francisco ha salido en los debates políticos,

utilizando "Fratelli Tutti" u otras cuestiones.

Pero, claro, en "Fratelli Tutti" se habla de no descartar.

Y al hablar de "no descartar", se habla de los niños no nacidos

en el seno materno; y se habla de los ancianos;

se habla de los inmigrantes;

y se habla de aquellos que están en paro

y que no vale solo ofrecer subvenciones o ayudas monetarias,

sino que hace falta buscar techo, trabajo y tierra

para todos, ¿no? Y que así se concreta

el destino universal de los bienes.

Nos gustaría que las citas al papa Francisco

no sirvieran solo como argumento para el enfrentamiento

en el Congreso de los Diputados,

sino que fuesen un llamamiento a esta búsqueda del bien común.

Y hablando de leyes que han continuado,

que se han continuado debatiendo, incluso, tramitando en el Congreso,

tenemos, por ejemplo, la Ley de la Eutanasia.

Hoy estamos emitiendo este programa, precisamente,

en este día 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos,

mañana día, Fiesta de los Fieles Difuntos...

Todo este mes de noviembre dedicado, tradicionalmente,

a las personas que han fallecido.

Sin embargo, ahí está esa ley que, como digo, ha continuado

su trámite parlamentario, la Ley de la Eutanasia.

Cuando tendríamos que estar hablando de esa "buena muerte",

pero desde otro concepto, bajo otro prisma, quizás.

Sí, es verdad. Además, en este año

en el que, por la misma pandemia, la muerte

nos ha visitado con tanta fuerza

y, además, en unas condiciones de soledad,

de falta de duelo, que son especialmente duras, ¿no?

Por eso, yo creo que en este deseo de encontrarnos...

Yo dije hace unos días en esta misma sala

que todos estamos de acuerdo en el deseo de una buena muerte.

Forma parte de la tradición de la Iglesia

el pedir una buena muerte.

Y tenemos, incluso, a San José, al que imaginamos

que vivió sus últimas horas,

quizás, rodeado de la propia María, no sabemos si del propio Jesús...

Y como patrono de la "buena muerte".

Pero una cosa es este buen deseo

y utilizar "muerte digna", "buena muerte",

para provocar de manera activa el fin de la vida.

Creo que lo que ocurre es que todos nos topamos

con el sufrimiento como un escándalo,

como una verdadera piedra en el camino

que hay que tratar de superar.

Pero no parece lo más adecuado que para suprimir el sufrimiento,

haya que acabar con la vida del que sufre.

Es verdad que hay enfermos que son incurables.

Pero la propia Conferencia Episcopal,

en un documento que sacó hace un año sobre esta cuestión,

dijo que es verdad que hay enfermos incurables.

Pero no son "incuidables". Más aún, en los momentos

de sufrimiento y de dolor, lo que hemos echado de menos

en estos meses en los hospitales...

Y es verdad que, socialmente, lo hemos echado de menos, ¿no?

Pues pareciera que es lo que estas situaciones

de especial sufrimiento nos está pidiendo.

Nos está pidiendo la cercanía, el consuelo, la ternura,

la ayuda de la medicina también

en lo que son los llamados "cuidado paliativos".

Y también, cómo no, el poder ofrecer una palabra de esperanza,

como han hecho los capellanes de hospitales en este tiempo.

Incluso, a pesar de las dificultades para entrar

en las UCIs o en las plantas COVID

de tantos y tantos de nuestros hospitales.

Es llevar una palabra de consuelo y esperanza

en lo que significa la celebración de este mes de noviembre.

Que mirando el final del año litúrgico,

todos miramos al final de la vida,

pero lo hacemos no como algo fatal,

sino con la esperanza de la vida eterna.

Es este conjunto de consideraciones el que a nosotros nos parece

que podemos hacernos ahora que aparece,

que se ha puesto delante de nosotros

con toda su tozudez la realidad de la muerte.

Me lleva esta reflexión que usted hace...

Me lleva a esa cuestión que el papa aborda en la encíclica,

que nos interpela, desde luego, y que lo ha hecho

en otros momentos... Por ejemplo, recuerdo

en una jornada, precisamente, de las comunicaciones sociales.

Y es la que se refiere a la actitud que tomamos

ante la persona que sufre.

Nos interpela con esta cuestión. ¿Nosotros de qué lado estamos?

¿Del que para a atender a esa persona

o somos el que pasa de largo?

Sí. Este capítulo segundo de "Tutti Fratelli"

o "Fratelli Tutti",

que nos presenta la imagen del buen samaritano...

Claro, el papa nos descoloca, porque viene a decirnos

que cualquiera podemos ser salteadores

o que pasemos de largo.

También podemos ser los heridos en el camino.

Pero nos dice: "También podemos ser el samaritano;

el que se hace prójimo;

el que, ante de la realidad de alguien caído,

que está tirado en la cuneta de la vida,

no pasa de largo, sino que pone en marcha

todas las posibilidades de lo humano".

Que son la cercanía, la ternura, el hacerse cargo

y, también, el acudir a medios institucionales.

Porque el Buen Samaritano acudió a una posada

y ofreció luego su aporte, su dinero.

Es decir, que estas situaciones nos están pidiendo, cómo no,

desde un punto de vista de la responsabilidad personal,

hacernos prójimos.

Pero desde el punto de vista de nuestra responsabilidad social

y política, el promover instituciones que ayuden.

Es decir... También se pone el ejemplo en la carta encíclica.

"Alguien puede ayudar a cruzar el río.

Pero la solución institucional es construir un puente".

Cuando un río separa una orilla de otra,

si no hay puente, hay una ayuda, hay que hacer como San Cristóbal.

(RIENDO) Cruzar el puente llevando a alguien.

Pero la solución es, no solamente cruzar uno a uno

al que tenga que vadear el río,

sino, si es posible, construir un puente.

Y en esa construcción de puentes, ¿se cuenta con la Iglesia?

En la vida ordinaria, en la vida de la sociedad,

claro que se cuenta con la Iglesia.

Es decir, el... el acudir a los lugares de Cáritas

las propias comunidades cristianas, sobre todo, en los días fuertes

del confinamiento de marzo y abril.

Se tomaron iniciativas, se abrieron albergues;

se buscó la manera de acercar la comida

a personas que no podían salir de casa.

Yo creo que lo más importante que nosotros podemos decir,

es que nuestra sociedad ha contado con la Iglesia.

Y esto es importante.

Luego, desde ahí decimos:

¿Los poderes públicos han contado con la Iglesia?

Yo creo que, a escala municipal, podríamos decir

que, globalmente, en España sí.

Que ha habido una relación cercana entre los ayuntamientos

de un color político o de otro.

Y que han tratado de buscar soluciones

a problemas sorprendentes, nuevos con los que no contábamos.

En lo que puede ser la vida local.

Luego ya... si vamos abriendo el círculo

de las relaciones institucionales,

bueno, pues, en este sentido, yo diría que a veces

se ha podido contar menos. O que, desde luego, no ha sido

un contar tan grande como el que ha expresado la ciudadanía

y como el que se ha expresado en la vida local,

en la vida municipal.

El papa, precisamente, en esta encíclica dedica

un capítulo a ese encuentro que pueden, que deben propiciar

las distintas religiones.

Le planteo la pregunta anterior desde otro punto de vista.

¿Se cuenta...? Ampliamos un poco el foco, si me permite.

¿Se cuenta con la Iglesia no solamente en el ámbito social,

sino en el ámbito moral?

¿Se tiene en cuenta la voz de la Iglesia? ¿Se oye?

O mejor dicho, ¿se escucha a la Iglesia?

Bueno, para que se escuche, la Iglesia tiene que hablar,

tenemos que decir los creyentes cada cual según su responsabilidad.

Yo creo que hemos de reconocer

que a nosotros nos resulta más fácil

una presencia de tipo social,

"con el riesgo", diría el papa Francisco,

"de aparecer como una ONG solamente".

Y que, a veces, en medio de la fragilidad

y de la incertidumbre que vivimos como ciudadanos,

creo que la palabra de la Iglesia, que, al fin y al cabo,

ofrece algo que no es suyo,

sino que ha recibido de lo alto...

Que es la confianza del corazón;

que es la esperanza en la victoria de la vida sobre la muerte;

que es la capacidad de poder recibir un amor

que luego se encarna, se comparte y se ofrece.

Ahí, quizás, somos más pudorosos.

Por una parte, se cuenta menos con nosotros.

La Iglesia es más cómoda cuando aparece

como una organización que reparte alimentos

o que ofrece un hogar para quien está sin techo.

Pero es más incómoda cuando plantea cuestiones

que pareciera que responden a otros tiempos.

Cuando habla de qué puede decirnos Dios en este momento

o cómo experimentar el silencio de Dios en este momento.

¿Qué puede significar también,

incluso, en las dificultades de convivencia,

el perdón, el perdón que recibimos y que tratamos de ofrecer?

¿Qué puede significar en el asunto de la "buena muerte"

de la que hablábamos antes,

nuestra esperanza en la vida eterna?

Yo creo que, a veces, por parte de los propios creyentes,

somos un poco mudos

a la hora de decir estas cosas.

Y, por tanto, es más difícil que se nos escuche.

Pero cuando lo decimos, a veces encontramos como respuesta:

"Bueno, eso es para tu vida privada".

Pero para el común, para lo que pasa

en la plaza pública, no nos sirve.

Yo tengo la impresión de que lo que hemos vivido,

lo que estamos viviendo en este 2020

y lo que, seguramente, nos toque seguir viviendo,

hace que, de manera humilde, los creyentes podamos hablar

de la confianza en medio de la incertidumbre;

de la esperanza en medio de las realidades de muertes;

del perdón y de la reconciliación en medio de los conflictos;

y de la llamada al bien común,

que experimentamos desde los hechos,

desde los rostros concretos.

Pero que, también experimentamos como vocación

que nos viene del dios en quien creemos.

Y que esto, a la hora de construir juntos,

todas las aportaciones pienso que pueden ser valiosas.

Una vocación, por cierto, a la que todos los bautizados

estamos llamados, ¿no? Digo esto porque, a veces,

se puede entender o se puede mirar solo en estas cuestiones

que hoy estamos comentando,

entre comillas, a la jerarquía de la Iglesia.

Sin embargo, hace menos de un año que se celebraba

el congreso sobre los laicos.

Y, efectivamente, Iglesia somos todos.

Dentro de unos días celebramos el Día de la Iglesia Diocesana.

Iglesia somos todos. Sí, sí, es así.

De hecho, cuando hablamos de "caridad política",

"caridad social",

"amistad civil", "amistad social", pues, evidentemente,

se nos está convocando a todos.

Pero de una manera singular a quien es "iglesia en el mundo",

que eso es la vocación laical.

De hecho, en este mismo mes de noviembre,

hoy celebramos el Día de Todos los Santos,

reconociendo esta vocación a la santidad.

Y la santidad ha dicho siempre la Iglesia que es llevar

hasta sus últimas consecuencias la caridad.

Pero, claro, el próximo domingo vamos a decir:

"Día de la Iglesia Diocesana".

Este camino, esta peregrinación la hacemos juntos.

¿Pero cuál es el horizonte de esta peregrinación?

Y nos viene la jornada de los pobres...

También a los pobres los ha puesto

el papa en este final del año litúrgico,

porque también Jesús, en el Evangelio, en Mateo 25,

nos habla del Juicio Final

en nuestra manera de haber reconocido al propio Jesús

en los pobres, en los que nos visitan

o que nos encontramos en el camino

y que pasan hambre o que no tienen techo,

o que les falta el vestido, o que están en la cárcel,

o que están enfermos.

Y para culminar este espléndido mes de noviembre,

se nos habla de "Jesucristo rey del universo".

Pero su reinado se anticipa

en nuestra solidaridad con los pobres

y su reinado transforma también nuestros corazones

y se vive como comunión en la iglesia.

Yo creo que es muy importante enlazar

todos estos cuatro domingos de noviembre.

La santidad... La iglesia en cada territorio...

Que expresa su cercanía con el Señor encarnado

en el rostro de los pobres

y que va germinando el reino de Dios, que culminará

en el final del tiempo, cuando Jesucristo,

señor de la historia y rey del universo,

vuelva para establecer definitivamente su justicia.

Un tiempo que no sabemos, obviamente, cuándo llegará.

Pero mirando así en un plazo, en teoría, más corto,

¿cómo ve usted el futuro? ¿Cómo ve usted el tiempo que viene?

Siempre con esperanza. Lo cual no quiere decir

"con un optimismo superficial".

Yo creo que las semanas, los meses que vienen,

van a ser de dura prueba para todos nosotros.

Pero la esperanza...

para mí, puede concretarse

en la medida en que la prueba se transforma en oportunidad.

En que tengamos la oportunidad de transformar

nuestra propia manera de vivir;

de plantearnos las relaciones unos con otros;

de poner delante lo esencial y lo que nos une,

que lo que nos divide y lo que nos enfrenta;

de caer en la cuenta de la dignidad sagrada

de cada vida humana;

de la necesidad de cultivar esa ternura y amabilidad

que pide el papa Francisco

también para los políticos profesionales,

pero nos la pide para todos nosotros.

Yo no creo que el tiempo sea para optimismos superficiales,

pero sí para una esperanza a la que la dureza

de la misma realidad y sus circunstancias

va a poner a prueba.

Pues, monseñor Luis Argüello, secretario general

de la Conferencia Episcopal Española,

gracias por este encuentro que nos ha permitido mantener

aquí, en la sede de la Conferencia Episcopal.

Gracias. Muy bien. Son gracias compartidas.

Y a todos ustedes, amigos, muchas gracias también

por este tiempo que nos han dedicado,

por haber participado también en este encuentro

aquí, en "Últimas preguntas".

Ya saben, les emplazamos, si lo desean, si Dios quiere,

hasta el próximo domingo en La 2

y en el Canal Internacional de TVE. ¡Hasta entonces!

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Últimas preguntas - Mons. Luis Argüello, Secretario General CEE

01 nov 2020

El domingo visitamos la sede de la Conferencia Episcopal Española para conversar con el Secretario General y portavoz de los obispos, Mons. Luis Argüello. Abordaremos temas de actualidad con la pandemia Covid19, el pacto escolar o la ley de la eutanasia.

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