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Para todos los públicos Últimas preguntas - Misioneros Manos Unidas - ver ahora
Transcripción completa

que es la de Manos Unidas, esos eslabones,

(Música)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Gracias por estar una semana más aquí, en "Últimas preguntas".

Hace unas semanas, en concreto el día 9 de febrero,

se celebró la jornada de Manos Unidas,

enmarcada en la campaña número 61

de la Organización No Gubernamental de la Iglesia.

La campaña, en esta ocasión, lleva como lema

"Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú".

Vamos a ver, vamos a reflexionar

sobre esta cuestión y lo vamos a hacer

con dos misioneros que han estado, con motivo de esta campaña,

han estado aquí en España, están aquí en España,

y en su día a día trabajan directamente con esta cuestión.

Está con nosotros y les presentamos ya mismo a Yaneth Aguirre.

Ella pertenece a la congregación

Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora.

Buenos días. Buenos días, Mari Ángeles.

Muchas gracias por compartir con nosotras, por recibirnos,

por escuchar el testimonio de tantas y tantas mujeres

que desde Kulikoró quieren hablarles,

quieren hablar del mundo y quieren, a través de Manos Unidas,

decir gracias por tantos beneficios.

Pues ahora hablaremos, efectivamente, de esas mujeres.

Usted es colombiana, pero lleva ya un tiempo en Malí,

en concreto en esta región que nos comenta.

También saludamos a Alberto Franco,

que es misionero redentorista en Colombia.

¿Verdad? Colombiano y está en Colombia.

Sí. Aunque estuvo en España un tiempo.

Sí, estuve estudiando.

Pues, bueno...

Buenos días para todas y todos.

Buenos días, Mari Ángeles.

Un saludo a todos los y las españolas.

Muchas gracias a los dos por estar con nosotros.

Vamos a hablar un poquito de estas dos realidades.

Los dos vienen de una realidad similar

en cuanto al país de nacimiento, Colombia,

pero ahora viviendo no sé si realidades muy distintas.

¿Lo han podido comentar ustedes?

Hay realidades distintas y realidades similares.

Distintas por las condiciones africanas,

similares porque gran parte de los problemas

que viven nuestros países están conectados con el mundo.

Claro. Y porque los daños ambientales

tienen una relación con todas y todos.

y creo que le colocaríamos

como una vueltecita al lema,

porque además creemos

que con lo que está pasando hoy en España en este momento,

que tenemos un clima muy bueno para nosotros,

pero muy malo por el planeta,

tendríamos que pellizcarnos todos, como decimos,

o tendríamos que preocuparnos por lo que va a pasar con el clima.

Vamos a conocer un poco la labor que realiza cada uno

en su lugar de misión.

Colombia, la región del Kulikoró en Malí,

y, además, en colaboración con Manos Unidas.

Vamos a empezar, por ejemplo, por Yaneth, cuéntenos.

La historia de Manos Unidas es una cadena de eslabones

que nosotros llamamos bendiciones.

Hace 15 años que nosotras llegamos a Kulikoró

y equivale a decir que con nosotras llegó Manos Unidas.

Debajo de un arbolito, hace 15 años,

estábamos trabajando nosotras

con un grupo de diez mujeres cristianas en ese momento,

porque acabábamos de llegar, y llega una visita de Manos Unidas.

Y, bueno, ve las condiciones en las que estamos trabajando,

pero logra ver también todo ese potencial en la mujer.

Y logramos nosotras también comunicarle a Manos Unidas

la necesidad de darle a estas mujeres instrumentos

para su autonomización, para formarlas,

para enseñarles todo lo que necesitan

para que empiecen a soñar.

Porque decía una señora camerunesa:

"La mujer africana no sueña porque nunca ha ido a la escuela".

Entonces, claro, el universo es muy pequeñito.

El universo se limita a levantarse, preparar la comida, ir por el agua,

cuidar los niños, limpiar... Y ya-

Entonces, cuando la mujer aprende otras cosas,

cuando la mujer va al colegio,

pues empieza a ver que su universo no se limita

a los dos metros donde vive,

sino que hay un mundo por descubrir y al que ella tiene derecho.

Ustedes trabajan con toda la familia,

con toda la comunidad,

¿pero de modo especial con la mujer?

Claro, sí, porque al llegar allí una de las cosas que hacemos

es escucharlos para que ellos digan, bueno,

qué quieren, qué quieren hacer.

Nosotras no somos magas.

Nosotras también venimos del sur, de Colombia,

y la idea es, junto con ellos, escucharlos,

descubrir qué quieren y en qué se quieren comprometer.

Y ya venimos nosotras y les ayudamos con apoyo internacional.

Buscamos apoyo internacional para que ellas mismas

construyan su presente y su futuro,

y descubrimos que las que mejor lo hacen son las mujeres,

por la responsabilidad tan grande que tienen.

Ellas son el motor que mueve al resto de la familia

y al resto de la sociedad. Claro que sí.

Si una mujer es superelegante,

dueña y señora de sí misma,

es capaz de mover, de mover toda la familia,

y, como lo acabas de decir,

a través de celebraciones muy simples,

es capaz de mover toda la sociedad.

Hablaba, Yaneth, de los sueños de las mujeres,

que solamente pueden tenerlos si tienen accesos,

si llegan a conocer algo más

que el entorno más próximo y limitado a la vez que tienen.

¿Cuáles son los sueños de las mujeres que usted conoce

y con las que se mueve,

con las que convive cada día?

El primer sueño es aprender a soñar.

¡Qué bonito! Aprender a soñar Valga la redundancia.

Sí, porque es que se sueña con aquello que no se conoce

o con aquello que me parece inalcanzable.

Claro, entonces, cuando ellas empiezan a escuchar

a que se pueden reunir y que pueden aprender a coser

y eso lo pueden vender,

y si lo venden van a tener beneficios...

Entonces, con los beneficios

van a poder pagarle el colegio a sus hijos...

Entonces, claro, ellas sueñan con una familia

donde los hijos puedan acceder a los derechos de base:

agua potable, que no la tienen,

una alimentación sana, poder ir al colegio,

tener su uniforme,

que no les manden a sus hijos para la casa

porque no tienen con qué pagar a fin de mes...

Sueñan con cosas muy básicas

que en nuestros universos están dadas,

pero que allí, como no existe, y para ellas

su día se limita a lo que te explicaba hace un rato.

Entonces ellas,

al ver que otras condiciones de vida existen,

pues luchan y sueñan

que sus hijos puedan acceder a esas condiciones de vida.

Al final, lo que soñamos todas las madres.

¡Claro!

Por lo que decíamos antes, no somos tan diferentes.

Exactamente.

Y su sueño ahorita, el sueño de ellas

es contribuir a las causas de la malnutrición.

Ya lo descubrieron, porque son muy inteligentes.

Ellas trabajan, cultivan la tierra con la ayuda de pozos artesanales.

Porque la mujer tiene la responsabilidad

de poner la comida en la mesa.

Entonces, ellas sueñan con tener pozos cerca a sus casas

para poder cultivar y combatir la malnutrición.

Combatiendo la malnutrición se previenen enfermedades

y se le pone una mano fuerte

a estas consecuencias del cambio climático.

Y ha sido el modo, precisamente,

por esas consecuencias del cambio climático.

¿De qué forma? ¿Así, sobre el terreno?

Lo digo también pensando en tantas personas

que, por ejemplo, el pasado día 9,

cuando se inició esta campaña, tuvo lugar la jornada,

y, por tanto, la colecta en las iglesias

y tantos que colaboran con Manos Unidas

a lo largo de todo el año, que siempre se puede colaborar,

no es solo un día al año, ni mucho menos.

Pero también para mí es una oportunidad magnífica

que estén con nosotros.

¿Qué pasa con ese dinero que, a través de la campaña

o de cualquier otro momento a lo largo del año,

llega, por ejemplo, a la comunidad donde están ustedes en Malí.

¿Qué se hace para contribuir a esos sueños de las mujeres?

Mire, primero, Manos Unidas es superestricta,

superestricta en la elaboración,

desde la concepción, la elaboración,

luego la presentación de informes

tanto económico como el informe descriptivo

y los impactos que eso crea.

Entonces, claro, entramos nosotras en una dinámica

también de exigencia con las personas

con las que trabajamos allí.

Cosas concretas.

Con Manos Unidas se construyó allí un centro de promoción femenina,

que es un centro de base

donde las mujeres van a empezar a soñar;

empiezan a leer y a escribir porque no lo saben.

Un 80 % de la mujer maliense es analfabeta aún hoy.

Ya las chicas, las jovencitas, tienen más acceso a la educación,

pero empiezan por leer y escribir, costura, bordado...

y un plan de formación humana

que las lleva a ellas a construirse internamente

como personas capaces de hacer

un aporte de referencia en la sociedad.

Y luego, un segundo proyecto que tuvimos con Manos Unidas

es un centro de formación profesional

donde se aprenden cuatro cosas a nivel profesional:

cocina, peluquería... Así que cuando quieras...

Encantada.

Peluquería, maquillaje y tatuaje tradicional con la henna,

¿sí?, y costura.

Sí, son cuatro disciplinas en las que ya se profesionalizan.

Es todo eso gracias al apoyo de Manos Unidas

y otras instituciones españolas que también trabajan con nosotros.

Y el tercero y el actual,

en el que nos estamos dejando la piel,

es trabajar en las causas de la malnutrición.

Entonces, las mujeres se están formando,

capacitando en nutrición, las generalidades,

cómo mejorarla, los hábitos alimentarios,

la higiene... cosas tan básicas.

Luego, les estamos enseñando nuevas técnicas de huertos caseros

para que ellas tengan a la mano tierra cultivable,

y para esto necesitamos construir pozos.

Sin los pozos es imposible, Claro.

Estamos hablando de la mujer,

principalmente como motor de la familia y de la sociedad,

y, cuando estaba documentándome para esta conversación

que ahora estamos manteniendo,

y veía la biografía de Alberto Franco,

ha habido algo que me llamó mucho la atención.

Es que en su familia procuraron

que quienes primero tuvieran estudios fueran sus hermanas,

las mujeres de la familia, antes que los varones.

Sí.

Mi mamá es una campesina.

Y una campesina con una mentalidad muy abierta.

Y tenía eso claro,

que la educación primero debe ser para las mujeres,

porque, decía ella, no se puede permitir

que una, literalmente, una hermana suya,

por no saber defenderse en la vida, tenga que soportar violencia.

Con eso me convenció para que ellas estudiaran primero.

Yo soy el mayor, y después vinieron mis hermanas,

y entonces aquí estudiaron primero ella, luego yo.

Pero esa conciencia que transmitió su madre

le quedó hasta el punto de que usted luego

se hizo misioneros redentorista,

esa vocación que nació y que pudo llevar a cabo

y que puede vivir como la vive ahora mismo.

Y miembro de la Comisión Justicia y Paz en Colombia.

Sí, correcto.

¿Tienen que ver las semillas que se pusieron en la familia?

Yo creo que hay muchas cosas.

A mi papá, por otro lado, fue una persona de una tradición

que llamamos machista, pero muy abierto.

Entonces, se hicieron llave para sacar la familia adelante

en unas condiciones muy difíciles

y, de alguna manera, mi vida me la he pasado

tratando de explicar muchas historias

que escuché de niño. Por qué, por ejemplo,

normalizamos cosas anormales como la violencia,

Por qué normalizamos...

Por qué normalizamos que unas personas tengan todo

y otras no tengan nada.

Y por qué unos niños pueden tener y otros no.

Entonces, lo vemos como normal.

Y, claro, qué culpa tiene un niño de nacer en esas condiciones?

Y, además, el trabajar por ayudar a otros

y por hacer algo por los demás.

Y también una especie de sensibilidad

por todo el tema de la mujer,

del tema que podríamos llamar equidad de género.

En Colombia, en concreto en la región del Chocó,

que es la que está colaborando Manos Unidas

con Justicia y Paz, y en más lugares,

pero, en concreto, el tema que hoy nos lleva es este,

es una región rica en recursos naturales,

un poco también lo que decía ahora de esas injusticias.

Rica en recursos naturales, pero estamos hablando de una región

que registra los mayores índices de pobreza del país.

Es la paradoja. Es la paradoja.

Nuestra desgracia es la riqueza,

porque justo para apropiarse de la riqueza

necesitan que la gente no entienda,

que la gente no conozca,

que la gente no se eduque.

Entonces, hay una profunda injusticia

que se va conectando a diferentes escalas.

Y, por apropiarse de sus recursos para proyectos distintos,

entonces se desplaza, se asesina, se desaparece

y quien reclama entra a ser parte

de la lista de asesinados, desaparecidos.

Entramos en un ciclo que se alimenta

porque, por ejemplo, en esa región,

que es una de las más ricas en biodiversidad en el mundo,

con las más alta diversidad

de múltiples especies en una zona cercana

en la que escribiríamos,

donde se desarrolló un proyecto palmero,

esa zona es la segunda en biodiversidad del mundo.

Es Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo,

una decisión importante en Europa,

que es reducir la emisión de CO2 en los vehículos,

lleva a implementar cultivos de palma aceitera

para agrocombustibles.

Millones de hectáreas en Malasia, Indonesia...

Y allí hubo un proyecto

para el cual desplazaron a más de 2.500 personas,

asesinaron 149 personas en el proceso de resistencia,

acabaron con el 93 % de la biodiversidad,

según la Corte Constitucional colombiana.

Entonces, en esas condiciones, y hubo una alianza,

en esas condiciones se generó un daño profundo

a las personas y a la naturaleza,

y hubo una alianza de paramilitares, militares,

empresarios y miembros del Estado, de las entidades públicas,

que generaron todo este proyecto palmero.

Hoy se ha aprobado a nivel nacional internacional

la responsabilidad del Estado en ese proyecto

que originó hambre, miseria, desplazamiento,

los cinturones de miseria, sufrimiento y, por otro lado,

el daño ambiental.

Entonces, se conecta, por un lado, el daño ambiental

con los intereses económicos, con el hambre y la miseria.

Es una cadena, ¿no?

Antes hablamos de una cadena maravillosa,

que es la de Manos Unidas, esos eslabones,

y aquí estamos hablando de una cadena

que lo que está haciendo es destruir la vida de las personas.

Claro. Allí, aquí y donde lleguemos.

Claro. Y, entonces, antes nos decían:

"Eso no tiene nada que ver con nosotros".

Y resulta que una decisión muy importante aquí

tiene unos efectos allá, con un engaño a la gente.

A los europeos, en general, les dijeron:

"Claro, hay una disminución de la contaminación ambiental",

pero los estudios mostraron que consumir aceite,

en este caso de palma, contamina cuatro veces más.

Claro. ¿De qué manera trabajan en unión

con Manos Unidas por este tema?

Entonces, en este caso, nos encontramos con Manos Unidas.

Tuvimos la suerte del análisis de Manos Unidas,

del análisis de las causas de lo que estaba pasando.

Esto llevó a una perspectiva de derechos,

y eso llevó a Manos Unidas a apoyar

el trabajo de resistencia a las comunidades

cuando había una campaña mediática a nivel local y nacional

en contra de las comunidades y quienes las apoyaban.

Ese análisis permitió un apoyo que se sumó a otras organizaciones,

y eso permitió que las comunidades generaran zonas humanitarias,

que son espacios, lugares exclusivos para la población civil.

En esas zonas humanitarias se juntaron, se protegieron,

y desde ahí empezaron un proceso organizativo

de denuncia nacional e internacional

que frenó el proyecto palmero.

A partir del 2006 empieza la gente a retornar y a tumbar palma.

¿Y hoy?

Pues hay más de 15 poblados

donde antes solo había palma y ganadería extensiva

con sus escuelas, con muchísima gente,

hay 10 zonas humanitarias,

más de 50 zonas de biodiversidad,

que son espacios para proteger la biodiversidad

o para recuperarla cuando la dañaron.

como en este caso, más del 90 %.

Desde su experiencia,

desde su vivencia en Colombia, en Malí,

¿Cuál debe ser o qué podemos hacer, así, de un modo muy práctico,

quienes ahora mismo estamos viendo este programa?

Es decir, como hemos visto, esto es una cadena, ¿no?

Lo que pasa aquí está repercutiendo en otros lugares

y luego nos puede venir de vuelta y al revés y tal.

¿Qué podemos hacer? No sé si con nuestra forma de vida,

especialmente con el consumo, tal,

para que este trabajo que ustedes están haciendo

sea realmente eficaz.

De poco sirve lo que están haciendo ahí sobre el terreno

si desde aquí seguimos manteniendo

unas actitudes que están perjudicando.

¿Qué tendríamos que cambiar?

Decías una cosa muy importante,

y hablabas en primera persona del plural.

Entonces el problema no es allá o acá,

sino el problema es en todos los lados.

Hay que cambiar una cultura que el Papa llama del descarte,

una cultura, una manera de ser

que no tiene problema en acabar la tierra y acabar seres humanos

para acumularlo.

Y luego nos vamos sin nada

y generamos un daño profundo.

Entonces creo que hay un tema de maneras de pensar,

maneras de consumir,

maneras de recrearnos.

Hay unas maneras que, no importa donde se esté,

que van a tener repercusiones.

Los plásticos más pequeños que se tiran aquí

van a dar a los océanos

y están afectando zonas en diferentes partes del mundo.

Es una cosa, una anécdota tonta.

Una anécdota, podemos quitar el tonta.

(RÍEN)

Es la siguiente:

Estaba hablando con una amiga antes de venirme.

habían ido a una playa de la costa pacífica

y, entonces, como en una especie de descanso ecológico,

y allí encontraron plástico de todo el mundo.

Entonces, claro, por colocar ejemplos.

Entonces, además del apoyo Manos Unidas,

tomar conciencia de eso y empezar a exigir

decisiones políticas de fondo,

decisiones económicas para salvar el planeta.

Esto no es un cuento, esto es urgente,

pero podemos empezar ya

con las acciones pequeñas en la casa

y con la solidaridad

con quienes están al otro lado del mundo haciendo algo.

Y entonces juntamos las manos, unimos las manos de allá a acá.

Muchísimas gracias a los dos.

Y con todos ustedes nos quedamos ahora

para, como saben, el pasado día 14,

los días 14, 15 y 16 de febrero,

se celebró el Congreso Pueblo de Dios en Salida.

Ahí estuvimos y les vamos a hacer un breve resumen de lo que ocurrió.

(Música)

Somos pueblo de Dios, invitados a vivir la fe,

no de forma individual ni aislada, sino en comunidad,

como pueblo amado y querido por Dios.

-El motivo de particular satisfacción

en el que nos unamos todos en fraternidad eclesial y misionera.

-Todos nosotros estamos llamados desde nuestro bautismo

a cumplir el sueño que Dios tiene

para cada uno de nosotros y para cada persona

que pone en nuestro camino.

-Es un congreso en que nos sentimos a gusto, contentos,

porque estamos tantos juntos,

representando a tantísimos cristianos de diversos rincones

de nuestras iglesias, de nuestras diócesis.

-Los fieles laicos,

que son parte esencial de la Iglesia,

como pueblo de Dios,

a cuyo servicio están muchos ministros ordenados.

-Los laicos somos los protagonistas.

Nada de actores de reparto.

Los protagonistas.

-Lo hemos hecho desde la implicación en su preparación y desarrollo,

no solo en las condiciones de logística

y organización de contenidos, sino sobre todo,

y esto es lo más relevante,

desde la implicación en las diócesis,

movimientos y asociaciones.

-Apoyemos este Congreso pensando en la vocación laical misionera,

y, por ello, pensando en todos los hombres,

pero especialmente

en los que más necesitan.

-La misión que Jesús nos ha confiado

es el anuncio del Evangelio del amor compasivo de Dios.

-Pastores, obispos, sacerdotes,

diáconos, religiosos, laicos y laicas,

todos necesitamos para ser esta Iglesia en Salida

que anuncia el gozo del Evangelio.

-Y es que sin la vida cotidiana de los laicos cristianos

en los diversos ambientes,

investida por el bautismo, alimentada por la Eucaristía,

acompañada por la gran comunión eclesial,

no habría posibilidad de llevar el anuncio de Cristo

de una vida nueva

para los hombres y mujeres de esta época.

Por tanto, uno de los principales reclamos

de esta tarde es la conciencia

de nuestra vocación, comunión y misión.

Los interrogantes que nos planteemos,

así como las respuestas que demos,

exigen una larga fermentación en la vida de la Iglesia,

y exigen la colaboración de todo un pueblo,

a veces durante años,

así que las prisas están de más.

-Lo que estamos haciendo

no lo estamos construyendo para hoy,

no estamos trabajando para mañana,

sino que estamos forjando un camino para la eternidad

y la vamos a hacer juntos.

-Ojalá que el mundo actual,

que busca a veces con angustia, pero siempre con esperanza,

pueda recibir así la buena nueva

no a través de evangelizadores tristes o desalentados,

impacientes o ansiosos,

sino a través de ministros del Evangelio,

cuya vida irradia el fervor

de quienes han recibido ante todo la alegría de Cristo.

Con esa esperanza firme proseguimos el camino.

Buen trabajo.

Bueno, pues así nos despedimos.

Será, si Dios quiere, hasta la próxima semana.

Ojalá ustedes estén también ahí, al otro lado de la televisión,

y en estos siete días, hasta el próximo domingo,

a través de las redes sociales y de RTVE A la Carta,

donde podemos seguir viéndonos.

El próximo domingo hablaremos historias

que nos encantará compartir con ustedes.

Hasta entonces.

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Últimas preguntas - Misioneros Manos Unidas

23 feb 2020

Nos acompañan dos misioneros para hablar de la nueva campaña de Manos Unidas "Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú". También conoceremos cómo transcurrió el congreso Pueblo De Dios en salida.

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