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Para todos los públicos Últimas preguntas - Jornada de las Comunicaciones Sociales - ver ahora
Transcripción completa

es un gusto compartir un ratito con usted.

(Música)

Saludos amigos, muy buenos días

y bienvenidos una semana más. a "Últimas preguntas".

Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor

y también la Jornada para las Comunicaciones Sociales.

Ese va a ser el primer tema que vamos a abordar.

Para ello está con nosotros monseñor Juan del Río,

que es presidente de la Comisión para las Comunicaciones Sociales

en la Conferencia Episcopal Española.

Monseñor Juan del Río. Buenos días. Buenos días, María ángeles.

Muchas gracias por estar con nosotros,

aunque sea a través de videollamada.

Yo creo que después de dos meses

ya nos hemos acostumbrado todos, a encontrarnos

y comunicarnos así también.

De tal manera que la Iglesia ha pasado de golpe y porrazo

a ser una iglesia digital.

Don Juan, celebramos, como decimos,

la Jornada para las Comunicaciones Sociales.

Usted, presidente de la Comisión

para las Comunicaciones Sociales

en la Conferencia Episcopal Española

desde hace muy poquito,

aunque ya lo había sido en una etapa anterior,

pero sus hermanos obispos le han vuelto a elegir ahora.

Hace, pues, casi 14 años que fui.

En el 2005 fui presidente de la Comisión de Medios,

pero, vamos, la comunicación de la primera década de este siglo

no tiene nada que ver con la comunicación

en esta situación del COVID-19.

El Papa Francisco, allá por el mes de enero,

coincidiendo con la fiesta de San Francisco de Sales,

nos dirigió un mensaje,

precisamente para la jornada que hoy celebramos.

Claro, estábamos hablando de enero,

ya había empezado el COVID en Asia, no se había, al menos oficialmente,

no teníamos noticias

de que se hubiera extendido y, desde luego,

el mensaje que entonces firmaba el Papa,

yo creo que si lo leemos a la luz de lo que ha pasado estos dos,

tres meses después, cobran un significado aún más especial.

El título del mensaje es:

"Para que puedas contar y grabar en la memoria,

la vida se hace historia".

Claro, una historia que,

en este caso tendríamos

que escribir también con mayúsculas,

porque generaciones futuras

estudiarán en sus libros de historia,

estoy pensando en jóvenes, en adolescentes,

lo que ocurrió en el año 2020 en el mundo.

Ciertamente, el mensaje

de esta 54 Jornada de los Medios de Comunicación

es original y profético.

Original por su contenido,

ciertamente, es uno de los mensajes de Francisco

que más nos dice a nosotros, los hombres y mujeres que trabajamos

y estamos en contacto con la comunicación diaria.

Y después profético, porque verdaderamente,

ahora tenemos que narrar

una historia de dolor y de enfermedad.

Pero, por otra parte, es necesario que los hombres

y mujeres de la comunicación narren verdaderas historias de milagro,

de esperanza, de buena noticia

que en medio de la pandemia se están dando.

Por eso, en el mensaje pascual

que dimos los obispos de la comunicación

de la Conferencia Episcopal Española,

le pedíamos a los periodistas que abrieran ventanas.

Que abrieran ventana a la esperanza, porque si no, el miedo,

el temor, que en estos momentos

inunda a hombres de todo tipo

y, por lo tanto, a toda la humanidad,

nos podía hundir muchísimo más.

Los periodistas tienen en este momento un papel de regenerar

no solamente el tejido interior de cada persona

abriéndolo a la esperanza, sino también una sociedad que siga

creciendo en libertad, y en verdad, porque si no quedamos dominados

por una cultura de la mentira que se da en muchos sectores y niveles,

curiosamente, y desgraciadamente, de la sociedad.

Por eso yo creo que este mensaje, tanto de ustedes,

los obispos de la Comisión, como el del Papa Francisco,

se dirige a todo el mundo, no solamente a los comunicadores,

aunque, quizás, sí de una forma más específica.

Pero todos tenemos esa gran responsabilidad,

aunque sea en un tuit, aunque sea en un post en Instagram,

donde sea, ser transmisores de esa esperanza

cuando narremos nuestras historias.

Por muy pequeñita que sea la historia.

Sí, ciertamente, muy importante lo que acaba de decir.

Todos somos también periodistas.

Todos somos narradores, todos somos comunicadores,

porque hoy con las redes sociales

todos pueden escribir un artículo y colgarlo.

Pero ese artículo tiene que suscitar valores,

debería suscitar valores,

debería auspiciar la verdad,

la libertad, los derechos humanos.

Por eso el Papa tiene una expresión muy bonita,

"historia que construye, no que destruya".

Hay historias que son perversas,

perversas por la manipulación de la corporeidad,

por la manipulación que se hace de la imagen

y por la manipulación que se hace hasta de lo sagrado

con tal de vender.

Pues, no, mire usted, el fin no justifica los medios.

La Iglesia, que siempre ha comunicado,

lo hace de un modo...

Pues, como una red enorme, podríamos decir.

¿Cómo ve esta evolución de la Iglesia como institución

y su papel comunicador en tantos ámbitos?

Yo llevo en el tema de la comunicación,

pues, desde que soy sacerdote, es decir, llevo 46 años.

Yo recuerdo lo que era la oficina de prensa

que entonces se llamaba, de mi diócesis de Sevilla,

donde a mí me pedían unos pequeños comentarios

sobre el Evangelio del domingo, y yo era un cura recién salido.

Allí había un director muy conocido, y un gran maestro

también en el periodismo don Salvador Petit,

que después fue director general de PPC, etc.,

y que fue uno de mis maestros juntamente con monseñor Montero,

que en aquel entonces era obispo auxiliar de mi diócesis.

Allí lo que había era libros y papeles

y dos máquinas de escribir.

A lo que, después, cuando salgo de obispo, hace 20 años,

comienza el gran cambio

de las delegaciones de medios de comunicación social,

donde va desapareciendo,

por supuesto, la máquina de escribir,

aparecen ya los ordenadores.

Yo fui director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur

desde el año 87 al año 2000,

y en todo ese proceso vino el fax,

después vino los ordenadores...

He pasado todos, pero a partir ya del comienzo de este milenio,

las delegaciones de medios de comunicación social

de las diócesis, se profesionalizan.

Hoy hay magníficos hombres y mujeres seglares,

algunos sacerdotes también, pero,

que representa la riqueza de la Iglesia.

Hay una mayor profesionalización de las oficinas de prensa

llamada ahora delegaciones de medios de comunicación social, etc.

Yo creo que la Iglesia ha sabido ir caminando con los tiempos.

La Iglesia no se ha quedado en el último vagón de la historia,

como siempre se dice, no, no, mire usted,

esta Iglesia está viviendo ahora un nuevo Pentecostés con lo digital,

con motivo de la maldita pandemia que estamos padeciendo.

De golpe y porrazo hasta el cura del pueblo más recóndito de España

se ha tenido que meter en Internet, ha tenido que ser creativo

para que la misa le llegue

a los cuatro o cinco abuelos que hay en el pueblo.

Estoy pensando en la España vacía, esos curas rurales,

el papel que ha hecho.

No digamos ya también

la gran creatividad que han tenido

otras instituciones de religiosos

y religiosas en el mundo digital.

El rosario rezado en familia, el Vía Crucis...

¡Cómo se ha vivido digitalmente el Tríduo Pascual!

Creo que la Iglesia, de golpe y porrazo,

no ha tenido miedo a las redes sociales.

Sabemos y anhelamos la comunión, la comunión sacramental.

Pero las redes nos ha ayudado a entrar

en nuestras bodegas interiores y esto es una buena noticia

de la pandemia, del COVID-19.

Me gustaría hablar de otros temas con usted,

pero, por cerrar un poco esto de las comunicaciones

en esta jornada que estamos celebrando,

me quiero quedar con una frase...

Me quedaría con muchísimas, como usted comenzaba al comienzo,

es un mensaje el del Papa Francisco,

muy original, pero dice una cosa

que a mí me da vueltas, dice:

"Toda historia humana tiene una dignidad

que no puede suprimirse.

La humanidad se merece relatos que estén a esa altura".

Bellísimo.

Sí, eso es una llamada de atención

frente a la frivolidad de la historia.

Cuando la historia se hace frívola

y cuando la misma frivolidad y superficialidad

y "borderío", digamos, humano, se quiere convertir en historia.

Eso hace daño al mismo comunicador que lo hace,

pero hace daño también al tejido social

porque no aumenta en valores, sino que achica al ser humano,

cuando se achica la dignidad humana,

se empobrece toda la sociedad.

Don Juan, como decía, quería hablar con usted de otros asuntos,

principalmente, usted, es arzobispo castrense

y a mí me gustaría en este momento

tener también un recuerdo muy especial a la enorme labor

que ha hecho el Ejército,

las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado

que ha hecho, qué están haciendo y que tendrán que seguir haciendo

en estos momentos especiales de la historia.

Sí, yo creo que las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado,

Guardia Civil y Policía eran más visibles,

pero las Fuerzas Armadas estaba ahí,

se le veía algunas veces en los actos solemne

del 12 de octubre, del Día de las Fuerzas Armadas.

Pero estaban ahí, pero estaban operativas siempre,

porque lo esencial de las Fuerzas Armadas

no son las armas, no, sino el orden y la disciplina

para conseguir una misión de salvar al ciudadano.

Ese es el fin de las Fuerzas Armadas.

Y lo ha demostrado porque de golpe y porrazo estos hombres y mujeres

fueron llamados a salvar a los españoles de la pandemia.

Y ello, dejando familias

y no teniendo miedo al contagio, se pusieron en primera línea.

Apoyando al médico, al sanitario, y a todo cualquier otro colectivo,

estaban ahí, siempre han estado ahí las Fuerzas Armadas.

Por eso cuando la hemos necesitado

en la sociedad española...

Porque sabíamos que hacía un gran papel

en las misiones internacionales como

Mali, Afganistán, Irak, el Líbano, Lituania, etc.,

Pero estaban allí.

Pero claro, como yo he dicho muchas veces,

gracias a que más de 3000 hombres

hay fuera de España,

España goza de paz, porque ellos eran los muros,

y son los muros del avance del terrorismo internacional,

la paz y la seguridad de España hoy se juega

a muchos kilómetros de distancia,

pero de pronto ha venido esta gran crisis del coronavirus

y ello, que parecía que estaban, que no hacían ruido

porque no buscan su protagonismo,

se ha puesto al lado de los españoles,

Además, la propia ministra de Defensa,

doña Margarita Robles, lo reconocía así en el discurso

cuando clausuró el Palacio de Hielo

como lugar que había albergado los féretros,

los cadáveres de tantas personas.

Decía: "Que sepan las familias..."

No lo digo textualmente, pero el contexto sí,

que sepan las familias de las personas

que aquí han estado,

que ninguno ha estado solo.

Ciertamente es verdad.

Yo conozco al comandante José María Martín de la UME,

que enterraba dignamente

y organizaba el entierro dignamente

y él en su interior rezaba

a todos los féretros un padrenuestro.

Decía que Dios es padre de todos los hombres,

creyentes y no creyentes y, por lo tanto, siempre,

nunca faltó la oración.

Después venía el capellán en el Palacio de Hielo

a las once de la mañana y hacía un responso.

De esa historia y otras historias

de cómo los capellanes castrenses han estado

y han acompañado a nuestros militares

allí donde lo han necesitado,

por ejemplo, en toda la desinfectación

que ha habido en residencias,

siempre ha ido un capellán para atender a los mayores.

Esto ha sido...

Otras veces el capellán ha ido por las calles acompañando,

ya sea de infantería de Marina, ya sea la UME,

o bien haciendo de puente, entre muchas peticiones

que llegaban de lugares

que necesitaba la ayuda de la Unidad Militar de Emergencia

para que fuera, puessiempre el capellán

era el puente para que en poquísimo tiempo

se hiciera allí presente la Unidad de Emergencia Militar, la UME,

e hiciera las labores propias de desinfestación, y, por lo tanto,

de ayuda para superar la situación,

muchas veces dramática que se ha vivido en muchas,

muchas residencias de ancianos.

Don Juan del Río, como siempre,

es un gusto compartir un ratito con usted.

Le agradezco este tiempo que nos ha dedicado,

pero, sobre todo, le agradezco a usted, a todos los obispos,

especialmente de la Comisión,

el cuidado, el mimo que siempre

tienen para todos los comunicadores.

Y si me permite, de un modo particular,

para quienes hacemos también estos programas

en los medios públicos,

como son la radio y la televisión española.

Muchísimas gracias, don Juan.

No quisiera terminar

sin mencionar a muchos periodistas

que también han sido contagiados por el virus,

gracias a que estaban realizando misiones en la calle.

A ellos nuestro recuerdo.

Y también desgraciadamente ya la crisis se está notando y,

algunos profesionales están sabiendo lo que es el despido,

para ellos también nuestro apoyo y nuestro reconocimiento.

El Dios que se nos ha comunicado,

la palabra hecha carne que es Jesucristo,

que es la historia mejor contada del mundo,

como es la historia de amor, de un Dios que es amor,

predica amor y envía amor, nos socorra

y nos saque pronto de esta pandemia.

Gracias a vosotros, a ti, María Ángeles,

Gracias a "Últimas preguntas", y a Televisión Española,

y gracias también a la paciencia de los telespectadores

que han tenido con nosotros.

Muchas gracias y buenos días.

A usted, buenos días, gracias.

Hablando de contar historias,

ya saben que en programas anteriores

y si Dios quiere, lo seguiremos haciendo,

estamos contando las historias que tantas personas,

tantas instituciones desde dentro de la Iglesia

están haciendo para acompañar, para paliar un poco la situación

que muchas personas

están viviendo a causa del COVID-19.

Pero para llevar a cabo esta labor

en muchas ocasiones también es necesario el dinero,

la aportación económica, que ya lo saben para nuestra Iglesia,

sale principalmente de nosotros, de la propia Iglesia,

de los fieles,

que queremos aportar a nuestra madre

en forma de dinero

y ayudar de esta manera a que otras personas,

otras asociaciones, como digo, lleven a cabo su labor.

Vamos a hablar de este tema porque es verdad

que desde hace dos meses los templos están cerrados.

Desde la semana pasada ya comenzaron a abrir

en algunas provincias,

pero la situación, desde luego, no es la que era anteriormente,

como todos, muy bien sabemos.

Entonces, ¿cómo se está financiando ahora la Iglesia?

Pues se lo vamos a preguntar a Fernando Giménez Barriocanal,

que es vicepresidente para Asuntos Económicos

de la Conferencia Episcopal Española

y que ya está con nosotros, Fernando, buenos días.

Muy buenos días, María Ángeles.

Muchas gracias por estar con nosotros.

Bueno, yo decía que la situación ahora mismo

en cuanto a poder colaborar económicamente con la Iglesia

está siendo distinta.

Se puede, ahora veremos de qué manera,

pero tal y como estábamos acostumbrados

a llegar el domingo a misa y dejar ahí un sobre o el dinerito

en el canasto o a la salida, y tal, eso ahora mismo,

no está pudiendo ser.

Sin embargo, además de las necesidades

que antes cubría la Iglesia,

a nadie se nos escapa que ahora hay muchas más,

¿cómo logran cuadrarse las cuentas, Fernando?

Bueno, pues la verdad es que sí,

estamos viviendo un momento ciertamente complicado.

Ya hay algunas autonomías donde de manera muy reducida,

pero se está pudiendo, algunas personas con aforo reducido

ir a la Eucaristía.

Incluso en esos sitios tampoco está recomendado

el pasar el cestillo

por motivos de seguridad,

con lo cual nos estamos teniendo que reinventar.

Una posibilidad que pusimos en marcha hace tiempo

y que ahora hemos dado un avance amplio,

es a través de una suscripción o de una aportación puntual

a través del portal que tiene puesta la Conferencia Episcopal

en www.donoamiiglesia.es

que nos permite poder donar a cualquiera.

A la Conferencia Episcopal, a las diócesis,

a cualquiera de las 23000 parroquias que hay en España.

Es una forma sencilla y segura

donde podemos hacer esta aportación.

Una aportación que además se puede hacer de forma puntual,

de forma mensual, trimensual, anual.

Hay muchas opciones, y obviamente, también muchas opciones

en cuanto al dinero que cada uno queremos aportar.

Eso es, es decir, de lo que se trata

es que todos los que nos sentimos Iglesia

podamos colaborar con la Iglesia en sus necesidades,

como nos ha dicho tantas veces el Catecismo,

con nuestro esfuerzo personal, material,

colaborando en las distintas actividades de la parroquia y,

por supuesto, con la colaboración económica.

Esto es tan sencillo como entrar en www.donoamiiglesia.es

Ahí vamos a ver si queremos donar a la Conferencia,

a la diócesis, o, sobre todo, a la parroquia,

que es lo que invitamos a que colaboremos con la parroquia.

Pulsaremos ahí la parroquia, la buscaremos,

la buscaremos por la localidad en la que vivimos

o por el código postal,

y ahí aparecerán las parroquias de nuestra localidad del código postal.

Ahí, también a mano derecha, podremos decidir

cuánto dinero queremos donar y si esa donación va a ser puntual.

Queremos donar hoy porque hoy es domingo

y yo quiero colaborar con mi parroquia

o quiero tener un compromiso de manera más permanente, anual,

trimestral o mensual.

Una vez que decidimos eso,

ya solo nos falta poner nuestros datos personales

y decidir si lo que queremos es que nos pasen un recibo

por el banco o pagar con nuestra tarjeta.

Lo que es muy importante es que estas donaciones,

si así lo deseamos, y así lo ponemos,

tienen también importantes desgravaciones fiscales.

Lo comentábamos en el programa hace unas semanas,

pero me gustaría recordarlo,

una página web que se llama iglesiasolidaria.es,

y ahí también, diócesis por diócesis,

podemos ver qué se está haciendo, parte de lo que se está haciendo,

porque no todo está colgado ahí, hay muchísimo más

gracias a Dios, pero buena parte

de lo que se está haciendo en cada diócesis está ahí

y podemos tener toda la información.

Sí, tenemos una gran obsesión, por decirlo así,

por la transparencia.

Intentamos informar puntualmente de cada euro

de la declaración de la renta,

ahora que ya estamos casi a algo más de la mitad

de la campaña de la declaración y procuramos informar.

El pasado 18 de mayo también hicimos una rueda de prensa

explicando dónde iba cada euro de la última

declaración de la renta,

pero igual que lo decimos de la última declaración,

también lo estamos diciendo

lo que está aconteciendo ahora mismo.

Si uno entra en esta página de iglesiasolidaria.es

lo que se va a encontrar es un gran mapa de España por diócesis

y si pincha la localidad que quiera se va a encontrar ahí

el conjunto de actividades concretas de lo que se está haciendo.

Cuando uno pincha en Valencia ve que las actividades concretas

a nivel asistencial, cómo se han cedido espacios

para lo que necesitaba la administración pública,

de residencias sacerdotales, etc.

Cómo se están haciendo actuaciones en materia de fabricación

de las famosas EPIS.

Cómo se está realizando labor con los más necesitados.

Cosas concretas, gestos concretos.

"Cada gesto cuenta", como decía la campaña de Cáritas.

También de cómo la Iglesia, que somos todos,

podemos colaborar en esta situación,

que pone de manifiesto también

el enorme esfuerzo y el enorme gesto de solidaridad

que tiene la Iglesia en su conjunto, ahora mismo,

con la sociedad que tanto lo necesita.

Si miramos un poco a corto-medio plazo,

se ve que la situación desde el punto de vista sanitario,

ya lo estamos viendo, social, desde luego,

y económico, sin ninguna duda, pues va a ser complicada.

¿De qué manera puede afectar esto a la Iglesia, Fernando?

Cuando, además, la Iglesia, como decíamos al comienzo,

tiene que seguir respondiendo a todo lo que hacía antes

y muchísimo más.

Sí, bueno, yo creo que es muy importante recordar

que la Iglesia no es una empresa y, por tanto, no se trata aquí

de cuadrar cuentas ni dar beneficios.

La Iglesia tiene una inmensa labor que realizar,

de anuncio de una buena noticia que da esperanza de vivir la fe y,

sobre todo, de darse a los demás.

Con los recursos con los que cuenta la Iglesia,

la Iglesia se va a dar al cien por cien de la sociedad.

Eso, que nadie, que nadie lo dude.

Es evidente que en momentos de necesidad la gente acude,

yo siempre lo digo, la gente no va a la puerta de los partidos políticos,

la gente va a la puerta a las parroquias a pedir ayuda,

a pedir consejo y demás, y a pedir alimento, muchas veces,

lo estamos viendo ¿no?

Esta situación de crisis, evidentemente,

lo que transforma es la actividad de la Iglesia.

Primero, porque somos conscientes

que habrá muchos más voluntarios dispuestos a colaborar,

somos conscientes que vamos a necesitar

muchos más recursos para poder ayudar,

y somos conscientes que hay muchas más necesidades que cubrir.

Es el momento de la acción.

Es el momento de ponernos en marcha, cada uno con lo que puede.

Unos dando su tiempo, su esfuerzo,

otros dando su colaboración y su compromiso permanente.

Es el tiempo de poder darse a los demás.

Fernando Giménez Barriocanal,

vicepresidente para Asuntos Económicos

de la Conferencia Episcopal Española.

Gracias, como siempre, por este ratito, pero, desde luego,

gracias por el trabajo que cada día,

y de un modo más especial ahora si cabe, estáis haciendo

desde distintos lugares y especialmente, en este caso,

desde la Conferencia Episcopal. Muchísimas gracias.

Gracias a ti, y a vosotros por el trabajo que hacéis.

Hasta pronto. Y de todos ustedes también nos despedimos.

Si Dios quiere, hasta la próxima semana,

cuando ya saben, el domingo,

a eso de las diez, nos encontremos de nuevo aquí.

En "Últimas preguntas". Buena semana.

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Últimas preguntas - Jornada de las Comunicaciones Sociales

24 may 2020

Esta semana conversamos con Mons. Juan del Rio, presidente de la Comisión para las Comunicaciones Sociales de la CEE.También nos acompaña Fernando Giménez Barriocanal, Vicepresidente para Asuntos Económicos de la CEE que nos contará cómo podemos contribuir con la financiación De la Iglesia a través de la página web donoamiiglesia

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