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Para todos los públicos tres14 - Violencia - Ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Una de las principales características del ser humano

es la empatía.

Sabemos ponernos en la piel del otro,

tocar, sufrir, solidarizarnos y apiadarnos.

La violencia surge cuando falla esa empatía.

Hoy sobran individuos muy lentos

y faltan explicaciones a sus actos.

Educación o genética,

entorno o trastorno mental.

¿Qué sucede en la mente del violento?

¿Cuál es el origen del problema?

¿Es posible la rehabilitación?

¿Cómo podemos prevenir la violencia?

La violencia no es el remedio,

tenemos que hacer frente al odio con el amor.

Eso dijo Martin Luther King.

En la antigua Roma, asistir a un combate de gladiadores

y ver cómo se mataban unos a otros,

era un acontecimiento social.

En pleno siglo XX, guerrilleros jemeres camboyanos fanatizados

por las consignas del carnicero, Pol Pot,

degollaron familias sin pensarlo.

Y, en Vietnam, patrullas de marines norteamericanos arrasaban

aldeas al completo.

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha utilizado

la violencia no solo para resolver conflictos.

Se ha jaleado al rambo, al luchador, al violento.

¿Qué lleva a una persona a matar?

¿A sentir placer por el sufrimiento ajeno?

Buscamos explicaciones sociales y biológicas

y también científicas.

En 1848, una barra de hierro atravesó el cerebro de Phineas Gage.

Sobrevivió pero no volvió a ser el mismo.

Se convirtió en una persona irresponsable,

irritable y también agresiva.

El accidente alteró el funcionamiento de su cerebro.

Hoy, gracias a las técnicas de neuroimagen,

sabemos que el cerebro de un homicida tampoco actúa

igual que el de una persona no violenta.

¿Algunas personas nacen violentas?

¿Cómo influye el entorno?

Se lo preguntamos a Luis Rojas Marcos,

psiquiatra y profesor en la Universidad de Nueva York.

El psicobiólogo, Luis Molla Albiol, mostrará la relación

entre empatía y violencia.

Y con el psicólogo, Vicente Garrido y el psiquiatra, José Cabrera,

nos adentramos en las mentes de los más violentos.

A todos ellos les preguntamos.

No, la sociedad de hoy está más informada

y le atrae menos la violencia.

Podemos estar hastiados de la violencia,

pero ha habido épocas mucho más violentas que ésta.

La sociedad, cada vez, es menos violenta,

nada que ver con hace 100 años.

Hay personas que desafortunadamente se hacen adictos a la gratificación

que les produce la violencia,

pero es una minoría.

La violencia confiere poder.

Un sentido de control, que, probablemente, no hay

ningún otro comportamiento que tenga ese resultado.

Puede ser reforzante y se puede crear una adicción.

A la violencia no se puede ser adicto,

se es o no se es violento.

La violencia fascina al ser humano.

Si hay un acto violento en una calle,

la gente se para a mirar.

¿Se paran porque les gusta?

No, no es que les guste la violencia,

les produce curiosidad,

les fascina,

es como una contradicción.

Durante años, Luis Rojas Marcos ha indagado

en las mentes de los más violentos.

Es profesor de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York

y una autoridad mundial en el estudio del cerebro.

En su libro "Las semillas de la violencia",

se adentra en la crueldad de la raza humana.

El instinto de supervivencia nos hace ser agresivos,

pero no crueles.

El hombre no es cruel por naturaleza,

la crueldad se aprende

y se aprende bien

y se aprende pronto en la vida.

¡Qué haces!

Las semillas de la violencia se siembran

en los primeros 10 años de la vida.

Y la siembra el ambiente, el entorno,

el entorno familiar.

También ayuda el entorno cultural, social,

si es un entorno que glorifica, de alguna forma,

la violencia como un método para resolver conflictos.

Aprendemos a ser violentos cuando somos testigos

de situaciones de crueldad o somos víctimas de ella.

Además, hay factores culturales y líderes sociales que favorecen

la violencia cruel.

La cultura glorifica, a menudo, imágenes y héroes,

que han utilizado la violencia y, también, la crueldad

para llegar a sus fines.

Esa es una forma, sobre todo, de fomentar violencia cruel en niños

y en jóvenes.

Hay situaciones donde ganan los buenos,

pero, a veces, esos buenos, como en el caso de Superman

o Rambo, son violentos y, a veces, crueles.

Las técnicas de neuroimagen han demostrado

que la violencia puede surgir de una anomalía cerebral.

Por ejemplo, en una alteración en el córtex prefrontal,

situado detrás de nuestros ojos.

Esta región cerebral se encarga de la toma fría de decisiones.

Otra zona importante es el hipocampo,

el área del cerebro donde se almacenan

los recuerdos.

Si en nuestra memoria hemos grabado

situaciones de crueldad que aportan un beneficio,

eso podría predisponernos a repetirlas.

Si unimos la memoria que tenemos en el cerebro,

los recuerdos, las imágenes de violencia

y también, la parte del cerebro,

sobre todo, la parte frontal del cerebro,

que es la que nos dirige nuestras decisiones

y tenemos un cerebro, que no regula bien

la impulsividad del control, el autocontrol,

ya tenemos dos factores:

la memoria, que recuerda las imágenes de violencia

con una cierta gratificación

y la impulsividad, el autocontrol,

otra parte del cerebro,

se unen la impulsividad y la crueldad

y el resultado es venenoso.

Pero la mayoría de las veces se es violento

sin que exista una alteración cerebral.

Por ejemplo, los agresores de mujeres no suelen tener

trastornos mentales, ni de personalidad.

Su problema son las ideas con las que han crecido.

Creen que la mujer es una persona subordinada

que les debe respeto y sumisión.

Necesito su ayuda, tengo que consultarle

un terrible problema.

Se trata de mi marido,

cada vez tiene peor carácter

y nuestra casa está empezando a ser un verdadero infierno.

Cuando me dice algo

es siempre a gritos y con malos modales.

¡Mira esto!

Y procura que nunca le falte su copita.

Sin embargo, la mayoría de los hombres criados

en un entorno machista no maltratan a sus mujeres.

¿Por qué otros sí lo hacen?

Cuando tratamos de entender el maltrato a la mujer,

el factor alcohol y drogas, que desinhiben,

juegan un papel importante.

Pero el alcohol y las drogas

no hacen a una persona ser cruel.

Teléfono.

016. ¿En qué puedo ayudarle?

A los expertos en violencia les preocupa el maltrato infantil.

Luis Moya Albiol ha estudiado los daños cerebrales

que causa el trato violento en los niños

y su relación con la violencia en la vida adulta.

El estrés del maltrato, el estrés de estar viviendo

continuamente un proceso de maltrato

hace que no se desarrollen de forma adecuada

unas estructuras del cerebro

y esas estructuras son las que después están dañadas

en personas violentas, dañadas o alteradas.

Las áreas cerebrales más alteradas en el maltrato son

la corteza prefrontal, la parte del cerebro que regula

el control de impulsos y, después otras estructuras

del sistema límbico, como la amígdala,

que son estructuras que regulan las emociones.

Un niño maltratado es un verdugo en potencia.

He entrevistado en la cárcel a personas

que han cometido crímenes o delitos de sangre

y la mayoría

te cuentan que han sufrido,

cuando eran pequeños y niños

y han sufrido esa crueldad en ellos mismos,

que fueron testigos directos de esa crueldad.

Aún así, un niño maltratado no tienen por qué ser

un adulto agresivo.

La socialización, las ideas y las normas,

que se inculcan durante la infancia y la adolescencia,

son fundamentales para el futuro adulto.

Igual que somos la especie más violenta,

porque somos capaces de cometer genocidios

o de asesinar en serie, involucrarnos en guerras, etc.,

también somos la especie más empática,

somos capaces de ayudar a los demás, de ser cooperativos

y de hacer acciones por personas que no son

de nuestro entorno o consanguíneos, no son familia.

Luis lleva 15 años, investigando cómo prevenir

y tratar la violencia.

Gracias al análisis del cerebro mediante la neuroimagen,

ha descubierto algo sorprendente empatía y violencia comparten:

circuitos neuronales en nuestro cerebro.

Las estructuras cerebrales que regulan la violencia,

coinciden con las que regulan la empatía.

Comparten todo lo que sería estructuras,

como el córtex prefrontal, que regula el control de un impulso

y el sistema límbico.

Las redes neuronales de la empatía y de la violencia podrían ser

similares.

Podrían controlar tanto la capacidad de ponerse en el lugar del otro,

como la de agredirlo.

Para su investigación, Luis ha realizado

diversos estudios.

Nuestros estudios consisten en plantear situaciones de estrés

en el laboratorio, para evaluar cómo responde

una persona.

Una persona que es más impulsiva va a tener una respuesta diferente

a una persona que no es impulsiva.

Antes de realizar la prueba de estrés,

se miden el dedo índice y anular de la persona

para obtener una media.

Cuanto menor es esta medida o ratio, más probable es

que la persona sea violenta.

En el experimento, se mide también cómo varían

los niveles de hormonas, como la testosterona

y el cortisón, que predispone a una mayor agresividad.

Vamos a ubicar los electrodos en los dedos corazón e índice,

que es para registrar la actividad electrotérmica,

que es un indicador de emocionalidad de la persona.

La primera tarea consiste en contar

de tres en tres hacia detrás.

Si se equivoca en algún resultado, tendrá que empezar

desde el principio.

Y si tarda mucho tiempo en contestar, también.

Comience a contar de tres en tres hacia detrás,

desde el número 531.

531,

528,

525,

Vaya más rápido, por favor.

¡Error! ¡Comience desde el principio!

531.

Menos tres.

Concéntrese.

522.

Y mueva la mano.

Tiene que hacerlo lo mejor posible.

Conociendo el circuito cerebral de neuroquímica,

cómo funciona la violencia y la empatía,

podríamos trabajar para intentar prevenir y tratar.

Actualmente, no estamos en una fase en la que podamos aplicar

estimulación cerebral o podamos trabajar

con psicofármacos, pero sí que podemos trabajar ya

en el fomento de la empatía desde los primeros años de la vida,

desde la infancia y en la prevención.

Esta investigación podría concluir en un avance

hacia la rehabilitación de criminales y violentos.

La educación en empatía es el camino más efectivo

para aniquilar la violencia.

Hay factores sociales, culturales y de educación que explican

una conducta más agresiva al conducir.

Uno de los motivos principales es que nos gusta disfrutar

de la prioridad.

Cuando esta corre peligro, de forma general

o por alguna señal, nos volvemos más agresivos.

Los atascos y el tráfico denso acumulan calor

y sonidos agudos de las bocinas

y eso desencadena actitudes violentas.

Si a esto sumamos el estrés y las prisas,

obtenemos la bomba de relojería que desata los gritos e insultos.

Todo es química cerebral.

El circuito del odio se ha localizado

en regiones de la corteza y subcorteza cerebral.

Se ha observado que, en personas con lesiones

en estas regiones, son más impulsivas

y pueden desarrollar conductas e, incluso, antisociales.

El odio tiene una base química, pero, en un cerebro sano,

nuestro entorno, nuestros valores, regulan la actividad del circuito

y, por eso, hay personas más propensas a odiar que otras.

Cada año, más de 1.500.000 de personas mueren

en el mundo violentamente.

En un día cualquiera, mueren unas 1.500 personas

en actos de homicidio,

lo que representa una persona por minuto.

Unas 850 fallecen como consecuencia directa de un conflicto armado.

Es decir, una persona cada dos minutos.

En el s. XX, cerca de 200 millones de personas perdieron la vida

en conflictos.

Son datos del informe mundial sobre la violencia y la salud

de la Organización Mundial de la Salud.

El hipopótamo es uno de los mamíferos más peligrosos

y causa más muertes que ningún otro animal.

Los chimpancés organizan cacerías

para atacar a babuinos y otros primates.

En general, los herbívoros son más agresivos

que los depredadores, porque, como no tienen armas

para matar con rapidez, mantienen violentas peleas.

Entre los machos, la agresividad es mayor

en las épocas de celo y, en las hembras,

cuando su prole corre peligro.

La banalidad del mal.

En 1961, se juzgó a Adolf Eichmann, uno de los principales implicados

en el Holocausto.

Él fue el responsable del transporte

de millones de deportados

a los campos de concentración alemanes,

durante la Segunda Guerra Mundial.

La filósofa, Hannah Arendt, acudió al juicio

y se sorprendió de la actitud del acusado.

Arendt esperaba encontrarse al demonio en persona

y lo que vio fue una persona normal.

De ahí, sale la expresión:

la banalidad del mal.

La idea de que gente corriente puede cometer atrocidades

sin darse cuenta del mal que hacen.

Simplemente, siguen órdenes de sus líderes.

Los psicólogos cuestionan que la autoridad sea suficiente

para convertirlos en monstruos

y los historiadores han demostrado

que pocos nazis se limitaron a seguir órdenes,

la mayoría estaban orgullosos de sus asesinatos.

Adolf Eichmann fue declarado culpable y ejecutado

el 31 de mayo de 1962.

Este es Ted Bundy,

un universitario estadounidense inteligente y atractivo.

En los años 70, violó y asesinó a unas 30 chicas

antes de ser detenido.

John Wayne Gacy nació en Chicago.

Se vestía de payaso para animar fiestas infantiles.

Mató a 33 chicos.

La máxima expresión de la violencia es causar la muerte a otras personas

por placer, como ocurre con los asesinos en serie.

La mayoría de los asesinos en serie son psicópatas,

algunos, no, son psicóticos, esquizofrénicos,

paranoicos, pero el asesino en serie que tiene más éxito,

el que comete más crímenes durante más tiempo

tiene la organización mental, sin empatía,

sin emociones morales del psicópata.

Cuando un psicópata está viendo un crimen

una mutilación, una violación, tiene la misma reacción emocional

que si estuviese viendo un objeto como una casa,

una silla o un cuadro.

Los psicópatas tratan a las personas como objetos.

Saben bien lo que hacen.

Necesitan unas emociones que solo pueden conseguir

con el dominio y control.

No tienen sentido de lo bueno y lo malo.

Joaquín Ferrándiz, un psicópata de Castellón, comenzó

como violador y acabó como asesino en serie.

Mató a cinco mujeres.

Vicente Garrido elaboró el perfil criminológico

de este asesino y ayudó a identificarlo

dentro de un grupo de sospechosos.

En su libro "La mente criminal", Vicente desentraña

qué pasa por la cabeza de este depredador.

Tienen emociones vinculadas con el dominio y el control:

la ira, la envidia, la alegría,

en un sentido no profundo pero real.

El problema son las emociones morales:

la responsabilidad, la empatía,

la solidaridad del sentido de la justicia.

Esto está vinculado con el funcionamiento

del lóbulo prefrontal y la amígdala.

Muchos investigadores opinan que esos órganos del sistema nervioso

no funcionan bien en ellos.

Hoy en día, todavía estamos lejos de poder saber

exactamente por qué funciona mal el cerebro del psicópata.

Hay gente que tiene anatómicamente bien

esos órganos y su funcionamiento es el de un psicópata,

necesitaremos más tiempo para responder.

La psicopatía se puede desarrollar ya en la niñez.

Según Vicente, en España, hay casi un millón de psicópatas,

no todos son asesinos.

Psicópata es el ser humano más peligroso que existe,

porque es la persona más orientada hacia la manipulación de los otros,

destruyéndolos, si es necesario,

sin que externamente sea visible esa capacidad de amenaza.

¿Puede o no puede matar?

Si no mata, a lo mejor, es un director de banco.

Y si mata, se convierte en un asesino múltiple.

En 25 años, José Cabrera ha analizado

la mente de unos 500 homicidas.

A partir de casos reales, ha escrito "Crimen y castigo".

Este libro nos adentra en el mundo de la psicología

del criminal.

Él cree que el cerebro de un psicópata funciona

en cortocircuito.

No reflexiona para nada la conducta,

ni las consecuencias.

Simplemente, tiene un deseo, como el hambre

o el ansia de

y lo cumple.

Se llama así:

reacción en cortocircuito.

No hay mediación,

ni tiempo de pensamiento,

ejecuta el deseo que surge errática y espontáneamente

de su cerebro.

Detrás de una cara afable y civilizada,

como la del doctor Jekyll, puede haber

un señor Hyde, esperando a asaltarlo.

Hay sustancias que pueden trastornarnos.

Están dentro de nosotros.

Según nuestra personalidad, nos pueden empujar

hacia la templanza o hacia el horror.

Hay sustancias que son activadoras,

cuanto más nivel de sustancia, más agresión se produce

y otras que son inhibidoras.

Algunas de ellas, activadoras, son la noradrenalina

o la dopamina.

Y, entre las inhibidoras, se encuentra

además de la serotonina, el óxido nítrico

o el GABA.

En la conducta agresiva, tiene que haber

un componente genético que, hoy, no sabemos si es

del 10, del 20 o el 30%.

Es una gran pregunta que no tiene respuesta.

Hay dos genes implicados en la agresividad,

hay muchos en estudio, pero los más analizados

en el momento actual, son el gen de la monoaminooxidasa

o que regula la monoaminooxidasa

y el gen transportador de la serotonina,

que es un receptor de este nuevo transmisor.

Lo importante de los estudios actuales

es que, además, de los genes es fundamental el ambiente,

personas que tienen un gen determinado

y, además, han sufrido maltrato,

es más probable que sean violentas,

que personas que no tienen ese gen.

Fomentando la empatía, sobre todo, en la infancia,

es una forma de prevenir y trabajar contra la violencia.

Evitar que haya maltrato infantil,

ese es el mejor antídoto de la violencia.

Creo que sí,

de hecho, cada día, tenemos menos violencia

y, cada día, rechazamos más la violencia.

Es posible un mundo sin violencia, es posible un mundo más empático.

No, es posible un mundo con menos violencia,

pero no sin violencia.

Un mundo sin violencia es un no mundo,

prácticamente imposible.

Este libro describe las implicaciones biológicos

y ambientales de la agresión.

Cómo se origina, de que forma se puede controlar

y cómo surge en el ámbito familiar.

En la web del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad,

encontrarás toda la información sobre derechos

y servicios a las víctimas de violencia de género.

Ofrece atención inmediata las 24 horas del día,

los 365 días del año.

Este libro

ayuda a encontrar respuestas

de los factores que favorecen la aparición de este problema.

Más de 2 millones de personas padecen acoso laboral

en nuestro país.

La web www.acosoescolar.info

te asesora y da apoyo en casos de acoso escolar.

Incluye información detallada para ayudar a padres y alumnos

a identificar las distintas situaciones.

Subtitulación realizada por Azucena Maire Montero.

tres14 - Violencia

17 abr 2011

¿Qué lleva a una persona a matar? ¿A sentir placer por el sufrimiento ajeno? Buscamos explicaciones sociales, ideológicas y también científicas.¿Qué lleva a una persona a matar? ¿A sentir placer por el sufrimiento ajeno? Buscamos explicaciones sociales, ideológicas y también científicas.

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