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Para todos los públicos tres14 - Colectivos - Ver ahora
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Menos es más,

pero normalmente más es más.

Significamos más

como colectivo,

como especie,

que como individuos.

Las nuevas tecnologías

y la sociedad red

nos han llevado a una explosión

de lo colectivo.

Se habla de inteligencia colectiva,

arte colectivos

y hasta Ciencia colectiva.

Sin ir más lejos,

yo, Luis,

como tú,

como todos,

tengo una soledad muy concurrida.

Soy un animal pluricelular,

un colectivo formado por billones de células.

Hoy vamos a indagar en el conocimiento de lo plural

de la mano

de quienes estudian lo colectivo.

Los físicos Esteban Moro y Anxo Sánchez

estudian cómo nos comportamos como colectivo;

Javier Creus,

estratega de los negocios,

estudia los beneficios del compartir en las empresas;

Josep Perelló

trabaja con la Ciencia colectiva,

una Ciencia hecha por los ciudadanos;

y Carlos Fernández Guerra

tuitea a la masa

en nombre

de la policía.

¿Que podrán decirnos todos ellos sobre lo colectivo?

-Un colectivo, para mí,

es el conjunto de la ciudadanía.

-Son las personas,

como se relacionan las personas

y como esas relaciones forman una red.

-Grupo, masa.

No es una masa.

-El grupo de gente que construye la Wikipedia.

-El equipo de cocina

de un restaurante de 3 estrellas Michelin.

-El ciudadano en general.

Un metrónomo cuenta el tiempo de forma precisa.

32 metrónomos juntos no.

Se sincronizan solos.

A nosotros, nos pasa lo mismo.

Por ejemplo, al aplaudir

nos copiamos del de al lado.

Sin quererlo

acabamos todos encontrando el mismo ritmo.

Como los cantantes de un coro,

que sincronizan el latido de sus corazones.

Todos a una

con la mente y el cuerpo.

-Un animal

puede estar moviéndose individualmente

pero cuando se junta con una manada

hacen cosas extraordinarias,

como, por ejemplo,

las bandadas de pájaros

que son capaces de ir todas juntas en una dirección

o por ejemplo las manadas de animales

que son capaces de migrar

o de irse de un lado a otro de África, ¿no?”

A veces,

para entender cómo somos,

no necesitamos mirar al individuo

sino al colectivo humano

y dejar que nos sorprenda tanto

como un enjambre de abejas

o una colonia de hormigas.

-Cuando uno ve la comunicación,

por ejemplo,

en redes sociales como Twitter,

uno observa este organismo vivo.

Cómo los individuos

que participan en conversaciones se agrupan

en grandes manadas de opinión, ¿no?

No de pájaros

pero sí de opinión.

Al final uno tiende a buscar

gente que opine igual que uno,

que se comporte igual que uno

y al final uno tiende a formar parte de estos grupos, de estas bandadas.

Y surge un comportamiento emergente

en el que la propia red parece que tiene su

su vida propia.

Esteban Moro

estudia el colectivo

y lo hace analizando los rastros

que dejamos en forma de información digital.

Para Esteban, Twitter

es un laboratorio donde analizar

millones de conversaciones en la red social

y buscar patrones de comportamiento.

Esta animación se ha construido con todos esos datos,

es la red en pleno funcionamiento.

Nos muestra cómo nos conectamos,

cómo se forman comunidades de opinión.

Pero sobre todo,

cómo no escuchamos

a quienes no son de nuestro colectivo.

-La red

no solamente

delimita nuestro comportamiento

sino también las oportunidades a las que podemos llegar.

Probablemente el trabajo

que tenemos ahora,

pues, nos ha ayudado alguien que conocíamos

o alguien que conocía a alguien que conocía, ¿no?

Por eso es importante

que a lo largo de nuestra vida construyamos una red

fuerte

que nos influya de manera positiva.

Pero también es importante que construyamos

enlaces débiles,

enlaces

a gente nueva,

que nos dan otra visión.

Porque si no al final la red

se nos convierte en una especie de cámara de eco

donde oímos todo lo que

queremos oír

y donde hacemos todo lo que hacemos.

La red social

existía antes de Internet.

Ya éramos virales

mucho antes de Youtube.

El primer paso se dio en el neolítico

cuando nos agrupamos,

hicimos los primeros colectivos

y empezamos a compartir información

y, sobre todo,

a cooperar unos con otros.

Esa cooperación

nos hace especiales como especie.

-Nos hace especiales

porque cooperamos con gente que no conocemos.

Eso no ocurre

en ninguna otra especie.

En insectos sociales sí se ve cierta separación de

de tareas

pero no al nivel que tenemos nosotros

y además esos individuos normalmente tienen relación genética.

Vienen de la misma reina madre del hormiguero,

del avispero o de lo que sea.

Aquí estas colaborando con gente que no conoces de nada,

que tampoco lleva tus genes

y por lo tanto

en principio es

es completamente absurdo que lo hagas.

Lo que pasa es que eso nos ha llevado a tener

un éxito enorme como especie

y la prueba es que

nos hemos propagado a todos los sitios.

Anxo también estudia el colectivo,

pero no lo hace con grandes bases de datos.

Sus experimentos se hacen con un centenar de personas

a los que propone un juego

un tanto envenenado.

Les invita a cooperar para ganar dinero.

Rápidamente los jugadores

se dan cuenta de que

traicionando

pueden ganar todavía más.

-Ahí estás en un dilema social.

Hay que cooperar porque nos va a ir mejor

pero yo estoy tentado de traicionarte.

Y por otra parte,

la otra persona,

como sabe que

su contraparte está tentada de traicionarle, dice:

“mejor le traiciono yo primero”.

Al final el resultado es el desastre.

Esta situación

se conoce como el dilema del prisionero.

Se formuló durante la Guerra Fría

cuando ser el primero en apretar el botón del misil

era salvarse.

John von Neumann,

inventor del ordenador digital

y también uno de los creadores de la bomba atómica,

lo tenía claro:

había que traicionar

antes que el otro.

En los experimentos de Anxo

lo que está en juego

es el dinero,

pero pasa lo mismo.

En este gráfico la traición

es el color rojo;

se propaga rápidamente,

como un virus.

Y...

¿No podríamos contagiar la cooperación?

-Podemos contagiar la cooperación,

pero

partiendo de que de manera natural

no vamos a cooperar.

De que hay que explicarle a la gente

cuál es el proceso que nos va a llevar al desastre

y que han de poner de su parte para

para evitarlo.

De natural

no funciona.

¿Entonces es un mensaje

desesperanzado?

No,

es un mensaje sobre cómo somos.

Cuando el dinero y las jerarquías

se ponen de por medio,

la colaboración se complica.

Pero no siempre el interés individual se impone.

A veces,

nos entendemos y colaboramos

por un fin común.

Como estas hormigas,

que se mantienen unidas sobre el agua

improvisando una balsa que las salva de morir ahogadas.

Entender nuestro comportamiento

es el primer paso para intentar cambiarlo.

Para las hormigas

la ignorancia es importante.

Ninguna de ellas

tiene el mapa de la colonia en la cabeza,

ni conoce el camino más corto hacia la comida.

De hecho si lo supieran

sería perjudicial.

Para la colonia

la ignorancia de sus miembros

es fundamental.

Hay grupos de animales

que toman decisiones

muy inteligentes.

Pero muchas veces

es gracias a la ignorancia de los individuos.

Nos gusta pensar

que no sucede lo mismo con los humanos.

Pero,

¿quién sabe?

Un proyecto del MIT

está elaborando 10.000 mapas

para salvar el mundo.

Han elegido 100 ciudades

y pretenden crear 100 mapas de cada una

para ayudar a entenderlas

y cambiarlas.

Estos mapas miden

la cantidad de zonas verdes,

accidentes de tráfico,

poder adquisitivo...

Y así

nos ayudan a tener una nueva visión del entorno

y del colectivo.

Los edificios y las calles

son solo una parte de lo que son las ciudades.

Estos mapas reflejan qué les pasa a las personas.

Somos un colectivo de células.

Cada una de ellas,

incluidas las neuronas,

son descendientes de células eucariotas

que vivieron libres

durante mil millones de años.

Llegó un día

en que perdieron su libertad

y pasaron a formar parte de un colectivo:

los organismos multicelulares.

Según el filósofo Daniel Dennet,

las neuronas

son células especiales

porque han recuperado parte de su estado salvaje.

Son más egoístas.

Y es eso, precisamente,

lo que hace de nuestro cerebro

algo tan complejo.

Dennet

cree que las neuronas

luchan unas con otras,

pero también cooperan

y que el resultado de tanta interacción

es nuestra mente.

-Para los científicos,

el colectivo humano es material de análisis.

Buscamos modelos de comportamiento colectivo,

humano

y celular.

Pero para los que interactúan con grandes comunidades de personas

día a día,

las cosas son

más intuitivas.

Carlos Fernández Guerra,

community manager de la policía española,

ha revolucionado el cuerpo con tweets

que llegan a ser trending topic.

Él estudia y dirige

al colectivo de sus seguidores

de otro modo.

Una de las cosas que tienen los colectivos, a veces,

es aquello de obediencia debida ¿no?

En un organismo,

en tu cuerpo, en el mío,

si todas las células hacen lo que se supone que deben hacer,

iremos viviendo y todo estará bien.

Cuando una, de repente,

decide hacer,

ir por su lado

podemos tener un cáncer.

¿Cómo aprovecháis vosotros las

la obediencia debida?

O la responsabilidad, mejor.

-Es la responsabilidad.

-¿Tú crees que la gente es responsable y colabora?

¿O, de repente, tú pides algo en tu cuenta y,

si son un millón,

si hay 999.999 que ya lo harán,

para qué yo?

Y al final nadie responde.

-Hay una parte,

un tema,

que nos moviliza a todos en las redes sociales.

Nos repugna y nos moviliza.

Y es la pornografía infantil.

El primer tema que me demostró

la capacidad de la sociedad,

del colectivo de movilizarse en masa.

-Sí. -Sin dudarlo.

Te voy a poner otro ejemplo:

Se movilizó en masa,

batiendo absolutamente todos los récords,

el día del accidente de Santiago de Compostela.

Pedimos donación de sangre.

Se movilizó muchísima gente, ¿no?

Todos estos casos de movilización ciudadana... -Sí.

... en los cuales la gente

es solidaria

y es capaz de decir:

“oye, voy a hacer esto”,

“voy a retwitear”,

“voy a compartir”

y “voy a ayudar en lo que yo pueda”;

tienen que ser algo que le llegue al corazón,

en el fondo.

Que le llegue al corazón,

o le llegue a la mente. Es decir,

que sea consciente de la trascendencia

y de la importancia, ¿no?

Y que le afecte verdaderamente

al alma.

-Es que la inteligencia del grupo,

lo que puede llegar a hacer un grupo,

es mucho más siempre que la suma de sus partes.

Mucho más.

Imagínate que es un problema.

Proponemos un problema a resolver

o una situación.

¿Cómo se va a comportar un grupo?

El grupo con más gente inteligente,

como cociente intelectual,

no necesariamente,

y en la mayoría de los casos no,

tiene las mejores soluciones.

Los grupos que tienen las mejores soluciones

son aquellos que contienen los individuos

que son más hábiles socialmente.

Y si no tienes claro cómo medir la habilidad social,

si hay una mayoría de mujeres,

van a ganar a uno que tenga una mayoría de hombres.

-O sea, que la percepción que tenemos

muchas veces los hombres de que ellas son más listas,

es verdad.

-En grupo,

en colectivo,

en inteligencia colectiva,

si hay una mayoría de mujeres en un grupo,

sí.

-También en grupo, entonces.

-También en grupo.

Durante cien mil años

vivimos en pequeñas tribus de pocas decenas de personas.

Pero hace 10.000 años

empezamos a juntarnos en ciudades con muchas más personas.

¿Cómo se ha adaptado nuestro cerebro a estar rodeados de una multitud?

El truco ha sido crear pequeñas comunidades

de no más de 150 personas.

Nos centramos en las conexiones importantes

y nos olvidamos del resto.

Nuestra lista de contactos en el móvil puede ser muy larga,

pero al final,

siempre acabamos rodeados del mismo pequeño grupo de amigos.

¿Algún día nos convertiremos en un súper-organismo?

Todos los insectos sociales

empezaron siendo individuos separados

y luego evolucionaron a colonias.

¿Nos puede pasar a nosotros?

La serie Star Trek

fantasea con esta idea.

Los Borg

son una red de seres conectados

mediante la tecnología

que han perdido toda individualidad.

Todos piensan lo mismo

y están dispuestos a sacrificarse por el grupo.

Los Borg, está claro,

son malvados.

La peor versión de lo que podríamos llegar a ser

si perdiéramos nuestra individualidad.

-¿Tú crees que se pueden...

que se pueden hacer,

se pueden encargar los virales?

-En positivo...

en positivo no.

En negativo,

es decir, con polémica, sí.

Pero en positivo de

“qué guay es mi presidente”, no.

En cambio,

sí sé de virales

que se han generado

con una polémica

artificial.

Es decir,

algo que supuestamente es escandaloso

y el que lo ha generado,

lo ha generado absolutamente sabiendo lo que iba a hacer.

Que para mí es chapó.

-El colectivo...

Vosotros cuando decís:

oye, es un grupo

manejable,

por un líder. -Sí.

-¿Cuándo decís, oye,

depende de lo cuantitativo,

depende de que... de qué depende?

-Yo creo la ciencia, ahora mismo,

llega hasta el punto de

de empezar a entender cómo funciona eso.

Hay estudios, por ejemplo,

que se han hecho con bases de datos masivas

gracias a Facebook.

Facebook da muchos datos para investigadores,

para académicos.

Y por ejemplo se ha visto como en

en un ejercicio democrático,

en votar,

cómo un amigo puede influir en otro

o un amigo en muchos amigos.

La masa, en realidad,

no es toda igual.

Tiene como grumos,

es irregular.

Y hay gente que es más influyente que otra,

más importante que otra.

Hay un troll que es más capaz de conseguir

o alguien que es más capaz de conseguir un buen

mensaje, un buen resultado,

que otro.

Hay efectos de líder,

pero si tú te refieres al líder

como lo entenderíamos en la calle.

-Eso es.

-El carisma,

la mujer o el hombre

capaz de mover a masas.

Eso sigue siendo más

un arte que una ciencia.

-¿La sociología

mide

distintas reacciones, o sea,

si haces esto,

va a pasar esto probablemente?

¿O os encontráis nuevos retos

a los que no sabéis que responder?

Retos como colectivo, eh, oye decir...

-La verdad es que prever ahora mismo,

predecir qué es lo que va a hacer la gente, no.

Lo que estamos haciendo ahora mismo es

empezando a aprender cómo funcionan las cosas.

Es decir,

empezamos a medir bien

y generar modelos,

y con eso,

en algún momento,

predeciremos.

¿Cómo se hace?

Como las personas somos tan complicadas,

lo mejor es buscar sistemas más sencillos.

Por ejemplo insectos,

las plagas de langostas,

son un ejemplo que se usa mucho,

los bancos de peces y otros.

Incluso las neuronas que forman tu cerebro

se pueden estudiar como un colectivo de células distintas.

Piensa que en el fondo

tú y yo estamos hablando ahora

y tú y yo somos colectivos de

muchas, muchas, muchas células.

Lo que hacemos es

entender las reglas por las que se rigen estos colectivos,

de cosas más simples.

Y poco a poco entender

cosas que nos afectan más a nosotros.

Las fotos de las redes sociales

también son una fuente de datos

para estudiar el colectivo.

El proyecto Photorails

analiza millones de fotos de Instagram

para ver cómo el colectivo se expresa visualmente.

Las fotos muestran el pulso y la sensación de las ciudades.

Ahora

los investigadores buscan la manera de sacar la firma visual

de cada ciudad.

Ya no hay red social

que no sirva para comprender

cómo somos.

En un aeropuerto

los aviones aterrizan de uno en uno

y los pilotos tienen radares y torres de control como ayuda.

Los pájaros acuáticos,

sin embargo,

aterrizan en manada sin problema alguno.

Y lo curioso

es que lo hacen sin jefe que los guíe

y sin mirarse unos a otros para no chocar.

Algo impensable para los aviones.

El truco de los pájaros

parece estar en cómo usan el campo magnético de la Tierra.

Tienen una suerte de brújula en el cerebro

con la que eligen el ángulo perfecto de aterrizaje

sin necesidad de comunicarse.

Hay robots

que imitan el comportamiento de las termitas.

Juntos consiguen hacer construcciones

sin ninguna ayuda.

Otros son como los pájaros

y vuelan en manadas sin que ninguno sea el jefe.

Incluso

a los robots les va mejor cuando se unen y colaboran.

Los ingenieros

se están dando cuenta de que es mejor

juntar varios robots simples

que intentar diseñar uno muy inteligente.

Juntos

hacen cosas que un solo robot

no sabría hacer solo.

La espontaneidad es un valor.

Al menos en lo colectivo,

porque curiosamente,

los colectivos que mejor funcionan

lo hacen sin planificación central.

Como en las colonias de hormigas,

las señales van pasando de un miembro a otro

y el orden surge de la interacción de los individuos.

La naturaleza lo tiene claro.

Pero a nosotros nos cuesta más.

En los negocios,

la educación

o la ciencia,

la idea de que no haya plan maestro

nos cuesta de entender.

-Lo que estamos viendo

es contra intuitivo.

O contra

lo que nos han educado...

Mi educación es la misma.

Es decir,

a mí me educaron

"donde mandan todos no manda nadie",

"lo que es de todos no es de nadie",

¿no?

Ésta era la cultura que teníamos, ¿no?

Y sin embargo

lo que estamos viendo

es que Wikipedia

en 3 años hace que Encarta,

que es la primera enciclopedia digital centralizada,

con un buen empresario como Bill Gates

y los mejores editores del mundo,

de repente cierre.

Y te dices: ¿cómo es posible que el enjambre,

me parece buena la definición,

consiga

frente a una organización tradicional

ir más rápido?

Javier Creus le da vueltas a la economía colaborativa,

la innovación ciudadana

y los modelos de negocio abiertos.

Lo que se llama la cultura del “share”,

del compartir.

Creus ve en el colectivo

un grupo de personas que comparten un recurso

y en el ciudadano

un individuo con capacidad de producir valor.

-Nos estamos encontrando

con que el ciudadano ahora mismo

tiene las armas para producir cosas,

para producir valor.

Y esta es la paradoja

que la producción de valor,

hasta ahora,

venía determinada por este esquema de empresa,

empleado,

o autónomo como excepción rara,

pero ahora es el ciudadano de a pie quien activa las cosas.

Y esa es la revolución de fondo.

Lo estamos viendo en el conocimiento,

lo estamos viendo en la fabricación de coches,

por ejemplo.

Local Motors

produce coches en factorías de 20 personas.

Y los produce con diseños

hechos por gente de todo el mundo.

No hacen falta 20.000

para producir coches.

La escala ha cambiado.

Igual puedes producirlo con 20

y producir 100 coches al año

y con eso ya eres rentable.

Estamos viéndolo en la medicina,

por ejemplo.

El doctor Matt Todd

se puso a investigar

cómo elaborar una medicina a bajo coste contra el mal de Chagas,

ahora está investigando la malaria.

Y cada tarde publicaba su cuaderno de notas

en internet,

de manera que cualquiera

podía mejorar sus experimentos.

Y esto es lo que le permitió en 4 meses

tener un proceso nuevo para hacer una medicina.

La ciencia también es un campo abierto

para esta revolución desde abajo.

En 2011

un grupo de ciudadanos

creó el proyecto Safecast

para producir y distribuir medidores de radiactividad

tras el terremoto de Japón de 2011

y el desastre de Fukushima.

Su objetivo era ofrecer una información

que el Gobierno no mostraba

y facilitar un mapa de radioactividad

de las zonas más afectadas.

Con tecnología creada por ellos mismos

encontraron el conocimiento que se les negaba.

Este es un ejemplo de una nueva ciencia,

la ciencia ciudadana,

que viene impulsada por las nuevas tecnologías,

y sobre todo,

una nueva actitud.

Ya no se trata sólo de prestar tu ordenador

para buscar vida extraterrestre

o calcular nuevas proteínas.

Es un paso más.

-Colectivamente

podemos crear,

no solo yo

como investigador,

crear un nuevo conocimiento.

A partir de un nuevo experimento

generado con esta colectividad,

con un conjunto de gente

que nos ayuda

a hacer crecer el experimento

y la investigación.

Conseguir datos de manera colectiva.

Simplemente hacer experimentos

con y para la gente, ¿no?

Y también,

por otro lado,

intentar pensar

por qué investigamos lo que investigamos

y si realmente

la ciudadanía

no es simplemente unos conejitos de indias

a mi disposición

sino que pueden ser unas individualidades

que nos puedan ayudar de hacer crecer

otro tipo de ciencia.

Josep Perelló

es un investigador

que ha saltado al otro lado de la barrera

y se ha acercado al ciudadano.

Busca responder las preguntas que se hace la gente

con la propia gente

aprovechando una tecnología

cada vez más disponible.

Incluso preguntas científicas.

Pero en una época

en que se pueden almacenar datos de prácticamente todo,

el estudio del colectivo

genera recelo.

-Es muy tentador tener esos datos y cogerlos

y simplemente estudiarlos.

Pero también es muy inocente pensar

que la historia se acaba ahí, ¿no?

Si no que hay más cosas detrás.

Se puede hablar de tráfico que es muy inocente,

si se quiere,

regular los semáforos de una ciudad.

Pero obviamente hay cosas más sutiles

a través de Twitter

o a través de las tarjetas de crédito

o a través de... simplemente,

nuestra movilidad en la ciudad,

que pueden tener una importancia a nivel de marketing,

a nivel de planificación urbanística,

a nivel de simplemente de seguridad.

La ciencia ciudadana quiere romper esta

esta dinámica,

esta relación.

Y quiere realmente

que la gente se pueda apropiar de estos datos,

que también pueda extraer nuevo conocimiento

sobre uno mismo,

sobre su ciudad,

sobre la climatología de su ciudad,

sobre simplemente cómo me comporto

a nivel socio económico,

si tomo unas decisiones o unas otras,

o simplemente cómo me muevo.

¿Qué preguntas tratamos de responder sobre el colectivo?

¿Con qué datos y para qué?

Edward Snowden

filtró en 2013

documentos que mostraban

que el Gobierno americano y sus aliados comerciales

tenían acceso abierto a nuestras comunicaciones.

Nuestra intimidad

flota en el aire a merced de quien la quiera ver.

El futuro es...

-El futuro es la ciencia ciudadana.

-El futuro es

abierto y colaborativo.

-El futuro es la red.

-Pues es lo que nosotros queramos que sea.

Lo dicho,

más siempre será más.

Somos una especie o colectivo

de lo más temible

y de lo más capaz.

Como despedida,

un flashmob.

Por amor al arte

y a la ciencia.

¡Aleluya!

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tres14 - Colectivos

26 oct 2014

En el tres14 conversamos con el community manager de la policía española, Carlos Fernández Guerra. Con Javier Creus, Josep Perelló, y los físicos Esteban Moro y Anxo Sánchez analizamos como las nuevas tecnologías y la sociedad red nos han llevado a una explosión de lo colectivo.

 

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