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Para todos los públicos tres14 - Oído
Transcripción completa

SUBTITULADO POR Teletexto-iRTVE.

Las imágenes nos cierran los oídos.

De algún modo, el mundo de estímulos visuales

nos hace usar menos el sentido del oído.

De él depende nuestro equilibrio y capacidad de escucha.

Pero es el cerebro el que interpreta el mundo que suena.

No existe un sonido verdadero.

Sólo existe el sonido que somos capaces de interpretar.

El cerebro crea ilusiones auditivas constantemente.

Eso dijo el filósofo griego Zenón de Elea.

El mundo está lleno de sonido.

Pero no oímos todos los sonidos que se producen a nuestro alrededor.

La percepción es selectiva.

En el aeropuerto estamos atentos,

pero sólo escuchamos de verdad cuando oímos nuestro número de vuelo.

Seleccionamos inconscientemente la forma de escuchar.

Incluso podemos llegar a bloquear la escucha de una frecuencia.

Un niño podría bloquear la escucha de la frecuencia más agresiva para él

si su madre le chilla mcuho.

Su cerebro podría desactivar ese registro.

El doctor Tomatis comprendió lo que hoy la neurociencia constata.

Bloquear la escucha de una frecuencia concreta

puede tener que ver con un trauma psicológico, un conflicto anímico.

Tomatis era físico y otorrinolaringólogo.

Nació en Paris y trató a la soprano María Calas,

y al actor Gerard Depardieu.

Creó su propio método, método Tomatis.

Sometía a sus pacientes a sesiones de escucha de ese registro

para activar los enlaces neuronales inhibidos.

El paciente, entonces, volvía a escuchar bien el mundo.

El oído puede variar la percepción de lo real.

Según lo que perciban nuestros oídos,

nuestro cerebro construirá nuestra imagen del mundo.

¿Cómo interpreta nuestro cerebro las señales nerviosas del oído?

Josep de Aro es otorrinolaringólogo y estudia el sentido del oído.

Jaume Gramona, investiga como el sonido puede influir en el cava.

Y Pep Palau, gastrónomo, estudia a qué saben los sonidos.

A ellos les preguntamos.

Los ruidos estridentes, agudos, impactantes.

Los ronquidos.

El de un estropajo frotando el metal.

El silencio, el sonido del silencio.

El mar, en su versión más agresiva y en la más calmada.

Las olas del mar acariciando la playa.

No todo lo que percibimos es real.

Vivimos en un maravilloso mundo de ilusiones.

Nuestros ojos, nariz y nuestro oído

dan también información sobre el mundo que nos rodea

y la transmiten a nuestro cerebro.

Es el cerebro el que interpreta ese mundo.

Nuestros miedos y deseos influyen en nuestra imagen del mundo.

Por ejemplo, si no vemos gordos o flacos.

Muchas veces vemos lo que no es.

Lo que vemos u oímos no es una reproducción exacta

de lo que nos rodea,

nuestro cerebro nos engaña.

Si estoy triste o una música triste,

voy a hacer una lectura de mi entorno triste, incluso de mi interior.

Si estoy alegre, mi visión, mi oído,

va a leer las cosas del entorno distinto.

Realmente el oído puede variar esa percepción de lo real.

El oído, tú lo cambias y el oído te cambia la realidad.

No faltan experimentos y trucos que nos lo demuestran.

Estate atento para ver qué es lo que es capaz de hacer tu oído.

Josep de Haro trabaja en el Hospital Municipal de Badalona.

Hace años que investiga los sentidos.

Asegura que lo que oímos depende de lo que vemos.

Cuando nuestro cerebro recibe información contradictoria,

realmente lo acusa.

Dependiendo de la gravedad de esa descoordinación de estímulos,

tenemos ilusiones que son realmente espectaculares.

Ilusiones como esta.

Pa, pa, pa.

¿Qué es lo que oyes?

¿Qué pasa si cambiamos la imagen?

Fa, fa, fa.

El sonido no ha cambiado, en las dos imágenes escuchas Ba.

¿Es una ilusión?

Se conoce como efecto Mcgurk.

Concéntrate, mira la parte derecha.

Ahora, la parte izquierda.

La ilusión se produce porque lo que vemos no corresponde con lo que oímos

Manda la vista sobre la audición.

Cuando cerramos los ojos, lo que oímos realmente es lo que ocurre

que es el sonido BA de barca.

Y cuando los abrimos, interferimos esa BA por PA de palma.

Ilusiones como esta,

nos dan la clave de cómo funcionan nuestros sentidos.

El fenómeno de esta ilusión,

es comprender rápidamente que los sentidos no están aislados.

La interferencia entre los sentidos está demostrada

y significa que la polisensoralidad está actuando constantemente

en cada sentido.

Ahora sabemos que el cerebro es multisensorial.

La percepción visual y auditiva se procesa de forma simultánea.

Fíjate, incluso sabiendo en qué consiste el truco,

seguimos picando.

No podemos confiar siempre en lo que oímos,

a veces, la visión toma el mando.

Otras veces es al revés.

Música suspense tiburón.

Música relajante.

El mar ahora no nos parece tan inquietante como antes.

La música también condiciona la percepción de los sentidos.

Jaume Gramona es investigador enólogo.

Da clase de enología en la Universidad de Tarragona.

Hoy ha reclutado algunos voluntarios para realizar un truco multisensorial

Vamos a catar dos muestras, dos cavas.

Hay que valorar cremosidad, agresividad de la espuma,

acidez y dulzor.

Y valoraremos en una escala del 1 a 7 la intensidad

siendo 7 la máxima intensidad y 1 la mínima.

Mientras hacen la cata a ciegas escucharan dos tipos de música.

Lo que los voluntarios no saben es que se trata del mismo cava.

Empieza el experimento con música de Mozart.

Después de un minuto y medio, tienen que evaluar el cava.

Ahora le toca el turno a la música techno.

Cuando habéis catado con la segunda música la techno

lo habéis puntuado como más agresivo y más ácido

que escuchando la música relajada de Mozart.

Con la música del genio austriaco, aumenta la percepción del dulzor.

Las ondas cerebrales que se generan a partir de Mozart

son distintas de las ondas cerebrales del tipo techno

y esto influye en nuestra percepción de lo dulce, lo salado, lo ácido,

cuando tomamos estos vinos.

Me puedo imaginar el aconsejar a nuestro consumidor

de la misma manera que se le aconseja con qué copa tomar ese cava,

a qué temperatura tomarlo.

También aconsejarle una melodía específica para tomar ese vino.

Según este experimento, puede haber canciones adecuadas para cada vino.

Unos investigadores de la Universidad de Edimburgo

ha propuesto una lista de piezas musicales

acordes con diferentes tipos de vino.

Una melodía perfecta para exaltar un Cabernet Sauvignon

sería el tema "Honky Tonk Woman" de los Rolling Stone.

En cambio, el Chardonnay va perfecto con un tema de Tina Turner.

"Qué tiene que ver el amor con esto".

Ahora, Jaume, con la colaboración de Josep,

investiga como el sonido puede también influir

en el proceso de maduración del cava.

A puesto en marcha un nuevo experimento.

Durante 9 meses criaran cava en silencio.

Con música de Mozart.

Y con música techno.

Estoy seguro que entre una música techno y el silencio absoluto

si hay una incidencia, la vamos a notar.

Si la calidad de esos vinos se viera influenciada o mejorada,

sería realmente revolucionario porque la historia del vino

es una historia que se mueve muy lentamente y muy tradicional.

Cada día mide los decibelios para comprobar

que el cava recibe la misma intensidad de música.

A los seis meses podremos tener ya algún resultado

que nos pueda dar idea si vamos por el buen camino o no.

¿Podría un cava amozartiano ser diferente

a una criado con música de Elvis Presley?

Sí puede ser la existencia de diferencias de tipos de bebidas

influidos por el sonido.

Estamos hablando de fenómenos físicos, no de cosas exotéricas.

El sonido es hondas de presión y significa que las moléculas

pueden modificar en función de esos ritmos musicales

de esas intensidades musicales del tipo de música.

Si un buen vino no convence a el primer trago

puede que no se deba a su calidad

sino a que no se beba en el entorno adecuado.

Hoy puede ser le momento de descorchar y probar.

Tener bueno oído para la música

es una combinación de genética y entrenamiento.

La capacidad de identificar una nota sin referencia alguna

lo que se conoce como oído absoluto,

parece que se hereda.

Otros estudios sugieren que todos tenemos esta capacidad al nacer

pero la mayoría la perdemos porque no es muy útil.

Aquellas personas que desde edades muy tempranas

siguen un entrenamiento musical,

la conservan porque esta preparación modifica el cerebro

y le permite procesar mejor los sonidos.

Las ballenas.

Pueden oír sonidos y comunicarse con otros ejemplares

a 1.600 kilómetros de distancia.

Es posible porque los cetáceos producen también fuertes sonidos.

La ballena azul, el animal más grande sobre la tierra,

genera hasta 188 decibelios.

Pero el más ruidoso es el cachalote, puede generar 223 decibelios,

muy por encima de los 180 decibelios de la erupción del volcán Krakatoa,

considerado el sonido más fuerte jamás oído en la historia moderna.

El cerumen es una mezcla de secreciones

de las glándulas sebáceas y sudoríparas.

Podemos tener cerumen seco y eso depende de la herencia genética.

Esta cera juega un importante papel en el canal auditivo del ser humano

ya que ayuda a limpiarlo y lubricarlo

y también nos protege de algunas bacterias, hongos e insectos.

Hay diversas causas, una de ellas la inflamación de la trompa de Eustaquio

que conecta el oído con la garganta.

Al hincharse, las paredes de las trompas se rozan

y causan los pitidos.

Otra de las causas es la exposición durante largo tiempo

a ruidos fuertes que dañan las células sensoriales del oído interno

que envían impulsos nerviosos al cerebro.

La continua exposición a sonidos altos

puede dañar definitivamente estas células

y causar la pérdida de audición.

Nuestro oído es un sistema de alerta temprana.

Ignoramos los sonidos persistentes a nuestro alrededor

y prestamos atención a cambios bruscos de sonido

porque podrían representar amenaza para nuestra supervivencia.

Cuando el sonido es agudo y continuo es muy difícil habituarse a él

y por eso resulta tan molesto.

El zumbido de un micrófono acoplado y el llanto desmedido de un niño

son algunos de los sonidos más desagradables.

El fonógrafo.

Thomas Edison lo inventó en 1877.

El primer dispositivo capaz de grabar y reproducir sonidos.

Y no lo hizo para deleitar al oído con la mejor música,

su intención era grabar conversaciones telefónicas.

Se pensaba que el papel escrito quedaría obsoleto

y que todas las comunicaciones se harían mediante la voz.

El sonido era el futuro.

Pero el invento de Edison, reproducía con muy mala calidad.

Muchas veces las grabaciones se borraban.

El fonógrafo iba a pasar a la historia como fallido

pero en 1889 a un empresario se lo ocurrió grabar música con él

y fue todo un éxito.

A cambio de una moneda, la gente podía escuchar una canción.

Una década más tarde, se habían vendido 3 millones en EE.UU.

La música se convirtió en el principal entretenimiento

de principios del siglo XX.

¿A qué saben los sonidos?

Pep Palau tiene la respuesta.

Es un reconocido gastrónomo.

Con él vamos a recorrer los paisajes sonoros de la gastronomía.

A través del oído podemos detectar en cocina

cuál es el proceso culinario en el qué estamos,

en qué momento de la cocción están los alimentos.

Y en el comedor es a través del oído que tenemos la sensación

de estar en un ambiente agradable, cómodo, placentero

o en un ambiente desagradable

y largarnos lo más pronto posible de la mesa.

A través del oído, percibimos una manzana crujiente.

Y una manzana blanda.

Estamos acostumbrados a distinguir las manzanas por la vista

pero el oído nos puede indicar también qué tipo de manzana.

¿Puede influir el sonido en su nuestra percepción de la comida?

Hay una investigación de la Universidad de Oxford

que nos lo muestra y que Pep nos recrea.

Las patatas son las mismas y tenéis que valorar del 1 al 5

el crujiente de las patatas.

Primero, sin cascos, luego con ellos y un ruido de fondo.

Yo le doy un 2. -Yo un 3.

-Un 3.

Un 5.

-Con cascos le doy un 5. -Yo le doy un 5 también.

Lo que oyen, cambia su gusto.

Una patata que suena mejor, sabe mejor.

El ruido tiene una gran influencia en el sabor.

Las patatas nos parecen un 15% más crujientes cuando oímos ruido.

Es imposible separar lo que oímos de lo que comemos.

Una patata se percibe mucho más crujiente si estamos con ruido

porque este ruido multiplica la sensación de crujiente de la patata.

Una parte del cerebro, nos está dando una información de potenciación

que esperamos en expectativas

y ese crujido es como si tuviese un altavoz en mi oído

es una mega patata híper crujiente.

Podríamos utilizar el sonido para mejorar el sabor de un plato.

El sonido ambiente tiene un papel determinante

en nuestra percepción agradable o desagradable de lo que comemos.

Si comemos un plato de pescado frente al mar escuchando las olas,

aquel plato resulta más apetecible que sentados en un bar

con una carretera al lado por donde pasan camiones

o niños chillando.

Pero el efecto funciona también al contrario.

Si escuchamos el sonido del mar mientras comemos carne,

se produce una digresión y el plato nos puede parecer menos sabroso.

En Holanda se comprobó que las mandíbulas de un grupo de personas

se paralizaban al escuchar el sonido de un cristal rompiéndose

en el momento en el que mordían un alimento blando.

La incongruencia no es buena.

Cada vez comprendemos mejor como combina el cerebro

la información que llega de los sentidos.

Los envases multisensoriales y los menús musicales

están a la vuelta de la esquina.

Las aplicaciones son múltiples, de índole muy diversa.

La gran industria agroalimentaria experimenta continuamente

para aumentar esta sensación de sonidos agradables

vinculados a los alimentos que están dentro de un envase.

Las patatas chips, es importante no sólo que sean crujientes,

sino que incluso la bolsa cuando la abrimos tenga un sonido adecuado.

Una bebida gaseosa, es importante que cuando la abrimos

tenga un sonido que nos indique que encontramos una bebida gaseosa.

Los sentidos trabajan juntos.

Uno puede provocar una reacción en otro.

No hay una sola realidad, sino muchas realidades

y sólo percibimos la que construye nuestro cerebro.

Si escuchas algo y no estás seguro que sea real, disfrútalo.

Esos trucos de la mente dan sentido a tu mundo.

Todo y siempre.

Las 24 horas al día.

Mucho menos de lo que debiera.

Con una tendencia a ir empeorando.

No, pero depende mucho de dónde vivamos.

A ratos.

En el blog del oído puedes leer que un 35% de la población

sufre pérdida de audición.

Aprenderás cómo se realiza una correcta higiene auditiva

con los difusores de agua de mar.

En esta web conocerás que el omega 3 de algunos alimentos

puede prevenir la pérdida auditiva.

Incluye un test que pone a prueba tus conocimientos sobre el oído.

Este libro habla de la relación del hombre con el sonido

desde la prehistoria hasta Grecia.

Una reflexión sobre el papel de la música

en el desarrollo de la cultura y la civilización.

Esto es un teléfono para sordos.

Lo que escriben en una pantalla táctil

se convierte en voz para el oyente al otro lado del teléfono y viceversa

SUBTITULACIÓN REALIZADA POR: LORENA TORRES SÁNCHEZ.

tres14 - Oído

20 feb 2011

El mundo está lleno de sonidos. Pero no oímos todos los sonidos que se producen a nuestro alrededor. La percepción es selectiva. Por ejemplo, en el aeropuerto estamos atentos, pero sólo escuchamos de verdad cuando oímos nuestro número de vuelo. Seleccionamos inconscientemente la forma de escuchar. Incluso podemos llegar a bloquear la escucha de una frecuencia! El doctor Tomatis comprendió lo que hoy la neurociencia constata: que bloquear la escucha de una frecuencia concreta puede tener que ver con un trauma psicológico, un conflicto anímico. Tomatis era físico y otorrinolaringólogo. Nació en París y trató a la soprano Maria Callas, a la actriz Romy Schneider y al actor Gerard Depardieu. Creó su propio método, el método Tomatis. Sometía a sus pacientes a sesiones de escucha de ese registro para activar los enlaces neuronales inhibidos. El paciente, entonces, volvía a escuchar bien el mundo. Su mundo. Y es que el oído puede variar la percepción de lo real. ¿Cómo interpreta nuestro cerebro las señales nerviosas que provienen del oído? Josep de Haro, otorrinolaringólogo, tiene la respuesta. Otros como el enólogo Jaume Gramona investiga cómo el sonido puede influir en el cava y Pep Palau, gastrónomo, estudia a qué saben los sonidos. tres14 habla con ellos para saber ¿cuánto le dedica el cerebro al oído? ¿nos estamos quedando ¿sordos¿?.

Y además en este programa hablamos de:

neuronas ilusas; la música de las copas; escuchar sabores; ¿el oído musical se hereda?; ¿qué animal tiene mejor oído?; ¿por qué tenemos cera en los oídos?; ¿por qué hay sonidos desagradables?; ¿por qué nos ¿pitan¿ los oídos?; el fonógrafo; escuchar el silencio.

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