Ramón Gener vuelve a televisión con 'This is Art', un programa sobre la historia del arte a través de las emociones. 'This is Art' es un viaje al interior de nosotros mismos, de nuestros sentimientos y de nuestras inquietudes. Las emociones son los que nos caracteriza como seres humanos, y el arte tiene el poder de provocarnos todo tipo de sentimientos y sensaciones. Gracias a él podemos averiguar quienes somos realmente.

Este nuevo programa pretende, principalmente, conmovernos, emocionarnos, aunque también es un programa divulgativo, pensado para todos los públicos. Porque todos somos capaces de desear, amar, odiar, admirar, reír y llorar. A través de la belleza de las formas artísticas nos adentraremos en el engranaje de la naturaleza humana.

Todo artista utiliza el arte para explicar sus emociones. Nos vamos a servir de las emociones para explicar diversas vertientes de la historia del arte. En el transcurso de 24 capítulos de 50 minutos de duración cada uno, y mediante un lenguaje ágil y muy entretenido, recorreremos una serie de temas tan universales como el deseo, el éxtasis, el amor, la inspiración, la soledad, la locura, la fe, el miedo, la tristeza, el dolor, los celos, la esperanza o la vanidad.

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Para todos los públicos This is art - Soledad - ver ahora
Transcripción completa

Me encanta la gente.

Me encanta toda esa maravillosa gente

que es capaz de expresarse a través del arte

para compartir lo más universal: las emociones.

Me encanta inspirarme, rebelarme, enamorarme

y llorar frente a un cuadro, frente a una escultura

o frente a una canción.

Me encanta el arte porque, al contemplarlo, todos,

absolutamente todos, podemos emocionarnos

y convertirnos en algo único y distinto,

porque el arte sólo existe si hay alguien que lo admira.

Porque, en realidad, la obra de arte eres tú.

(Sintonía del programa)

(Música rítmica instrumental)

(Crujido de huesos)

En el programa de hoy vamos a pasear por la soledad

de la mano de los artistas que mejor la han entendido.

Veremos como muchos han necesitado estar solos para crear,

como otros la han buscado para alejarse del ruido

o incluso la han combatido mediante el arte.

Personalmente, siempre he rehuido a la soledad, ya sabéis,

me encanta la gente, pero hoy voy a mirarla de frente

para intentar entenderla y lo haré a través

de las obras de arte, que yo diría, mejor han captado este sentimiento.

Vamos a empezar por la música.

Una de las obras musicales más maravillosas y aterradoras

sobre la soledad que existen en toda la literatura musical

es esta: el "Winterreise", "El viaje de invierno"

de Franz Schubert, una de mis músicas de cabecera.

Un ciclo de 24 canciones extraordinarias

sobre unos poemas de Wilhelm Müller, unas canciones que,

de acuerdo con el ideal romántico, cuentan el viaje de un hombre

abandonado por su amada que entre bosques,

pueblos y riachuelos, canta melodías lagrimosas

y anda, anda y anda y se desnuda en frente de todos nosotros,

sin ningún pudor para mostrarnos toda su inmensa soledad.

La primera canción del ciclo, que se titula "Gute Nacht",

"Buenas noches", deja muy claro que nuestro hombre

no encaja en la sociedad, se siente incómodo en todas partes.

Su única opción es alejarse de la gente,

emprender un viaje a pie e intentar averiguar

el sentido de la soledad.

(TOCA "GUTE NACHT")

(CANTA EN ALEMÁN)

(La melodía a piano continúa)

(Canto de pájaros)

(Pop melódico en inglés)

Como si fuéramos el protagonista del "Viaje de invierno" de Schubert,

empezamos nuestro viaje a pie por el arte para intentar encontrar

el sentido de la soledad y empezamos atravesando

los paisajes de Caspar David Friedrich,

el pintor alemán del siglo XIX, quien mejor supo plasmar

el espíritu romántico.

Friedrich pintó grandes paisajes solitarios,

sublimes, infinitos, confusos y divinos.

Así veían la naturaleza los románticos,

como un espacio que nos apasiona, pero al mismo tiempo

nos intimida.

(Pop melódico en inglés)

Estamos solos frente a la naturaleza exuberante y salvaje,

solos frente a nuestro destino.

La sensación de soledad y melancolía

es palpable en cada uno de sus lienzos.

El propio Friedrich dijo: "Necesito la soledad

para entrar en comunicación con la naturaleza".

(Canto de pájaros)

Mucho tiempo antes de la llegada de los artistas románticos,

los eremitas también buscaron aislarse en plena naturaleza.

Estos hombres y mujeres que llevaban una vida austera

y sencilla, veían en la soledad una manera de entrar

en contacto con Dios.

Por eso, nuestro viaje nos trae hasta este rincón perdido

en la naturaleza.

Vamos a conocer a una ermitaño del siglo XXI.

Monserrat, ¿cuánto tiempo llevas viviendo sola?

Pues, mira, vine aquí en 1977.

40 años.

Echa cuentas.

¿Por qué decidiste vivir sola?

Yo era hija de la Caridad.

Trabajaba de ATS en empresas, en Olesa.

Y me pareció que tenía que hacer una opción.

¿Una opción? Una soledad.

De anacoreta.

¿Qué significa ser anacoreta?

¿Qué significa esta opción de soledad?

Pues es una vida de oración,

de soledad,

de austeridad.

Era lo que vivían.

San Antonio se fue a vivir a una ermita,

cuando murieron sus padres, a 300 metros del pueblo.

La gente acudía y se fue más lejos.

Esto el siglo V, ¿eh?

Se fue más lejos.

Pero, claro, ahora todo mundo acude a todas partes con el coche.

Entonces lo que no puedes es huir, que era lo que hacían ellos.

Sino que asumir que venga la gente.

Y que es normal que la gente salga.

No es una opción de huir,

como San Antonio, es una opción...

de vivir la vida a través de la soledad.

Claro. Eso es, muy bien dicho.

¿Y cómo se vive la vida a través de la soledad?

Pues eso, la oración, el trabajo... Por ejemplo,

te levantas por la mañana. Sí.

¿A qué hora más o menos? A las 06:30.

A las 06:30. Normalmente.

Te levantas, ¿y qué haces? Oración hasta las 08:00.

Oración o meditación o estar quieta, como quieras llamarle,

y luego desayuno y empiezo a limpiar un poco la casa.

Trabajo.

A la tarde un rato de lectura después de comer,

que a veces me duermo.

Luego otra vez oración y a dormir.

Cuando dices "oración, meditación, estar quieta",

¿qué oras, qué meditas?

El estar quieto,

no el estar pensando, sino que es estar...

Sé que él está

y entonces está en todo el mundo.

No estoy sola, estoy con todos,

rezando, rezando.

Estando quieta, que es una forma de oración.

Con él.

Claro, él está presente.

Aunque no lo vea, pero lo sé, creo.

Está, está, está.

No lo veo, pero lo creo, y lo sé que está.

¿Todo el mundo debería, como dices tú,

pararse en algún momento

y hacer este ejercicio en soledad?

Yo creo que tendría que ser cada día.

El estar quieto cuesta, ¿eh?

Primero, porque "que tengo que hacer esto, tengo que hacer aquello".

Pero por lo menos cinco minutos.

Esto repercute en ti misma, o en ti mismo,

y en los que te rodean.

En la familia o en la gente que tratas.

Tú has hecho esta opción de vida, es tu opción,

la vives con plenitud.

Pero ¿qué podríamos decir a toda esa gente,

que a lo mejor nos está viendo ahora,

y que no quieren estar solos,

pero se sienten solos?

Es muy difícil dar...

Al principio, cuando vine, que hice el aprendizaje

de vivir sola, que no había vivido nunca sola,

pues pensaba mucho en la gente que estaba sola.

No por opción, sino porque se encontraba solo

en medio de la sociedad.

Pensaba mucho y cuando...

(CHISTA) Lo pasabas un poco mal haciendo el aprendizaje, ¿no?

Porque decías: "Uy, ahora esto lo querría compartir

y aquí no hay nadie y tal. Y aquí sola y..."

Pensaba en esa... En esa gente,

y decía: "Bueno, acepta el rato este malo.

Para que haya alguien que esté menos solo;

que no sabía quién.

Entonces yo aceptaba esta soledad,

compartíamos, ¿no?

Si una cosa se comparte, pues estaba menos solo,

porque yo compartía ese rato de soledad.

(Música clásica a piano)

(Música jazz)

Nuestro viaje a pie por la soledad

nos lleva de los bosques románticos de Schubert y Friedrich

hasta la gran ciudad,

porque la ciudad llena de gente, de ruido y distracciones,

también puede ser un lugar solitario por el que caminar.

Y quien mejor supo trasladar esa soledad urbana a la tela

fue el pintor norteamericano Edward Hopper.

Hopper no recogió mucho éxito en vida, pero desde su muerte,

se ha convertido en uno de los artistas

más queridos y admirados por el público.

Quizás porque sus escenas solitarias son tan atemporales

que un paseo por cualquier gran ciudad

se puede convertir en una galería de personajes

del pintor norteamericano.

Hopper pintó la sociedad americana que siguió a la Gran Depresión,

cuando los grandes sueños se desvanecían.

Pintó personajes solitarios, con la mirada perdida

y abandonados a sus pensamientos más íntimos,

y los situó en espacios modernos y anodinos.

Pero Hopper no es el único artista que ha sabido darle forma

a la soledad.

(Música de piano)

Acabamos de ver el caso de Hopper, pero hay otro artista,

que es Alberto Giacometti.

Le toca vivir el periodo de entreguerras, se siente perdido.

Ve que el mundo va como galopando hacia el nazismo,

hacia el fascismo y que, en ese periodo,

lo que le inspiraba es, no sé, toda la gente que está

como pasando por aquí, detrás nuestra ahora mismo.

Esta gente que va como deambulando por la ciudad sola, ¿no?

Estas esculturas de personas como estiradas,

incluso de un perro que va paseando y él lo que hace es como retratar

a toda esa gente, esa gente de su sociedad,

que es como adónde van esta gente.

¿Dónde nos está llevando todo esto?

También... También es cierto que en esos casos lo que hacemos

es proyectar en los demás lo que le pasa a uno mismo.

Igual yo estoy perdido, no sé para dónde voy

y pienso que, por un momento de empatía,

los demás seguramente deben sentirse igual, pero puede ser que no.

Hay un caso muy curioso, que es el caso de Emily Dickinson,

poeta, que lo que intenta ella es vivir en soledad.

Al final de su vida decide encerrarse en su habitación,

no salir y dedicarse solo a escribir.

Y hay un poema sorprendente en el que dice:

"No puedo estar sola,

porque incluso la soledad me hace compañía".

Pero ¿sabes lo que pasa? Que cuando te aíslas tanto

de la sociedad, cuando te aíslas tanto de las personas,

empiezas a pensar tanto solo, terminas desarrollando

una serie de teorías o de ideas que al final te perjudican,

porque no son ideas comunes, ¿no?

No son ideas normales.

En todo caso, para que surja la creatividad,

tu cerebro tiene que llegar a un momento como de aburrimiento,

de no hacer nada.

La gente se cree que estar aburrido y no hacer nada es algo negativo

y enseguida la gente se hiperocupa. Pero estar un ratito sentado,

callado, diez minutos aburrido, hace que conectes

con tus pensamientos y con la zona del cerebro que genera creatividad.

Y eso no ocurre cuando estás rodeado de ruido.

Entonces, ¿el arte, a lo mejor, sí nos puede ayudar a vivir

la soledad de otra manera? A expresarla sobre todo.

Yo creo que nadie escribe, pinta, compone,

esculpe, rodeado de gente.

Necesitas estar solo porque es cuando entras en contacto

con todo, con toda esa creatividad que hay.

Que hay en tu cabeza. Por lo tanto, la soledad

nos puede dar oportunidades que de otra manera no tendríamos.

(Goteo de agua)

Seguimos andando por la soledad y esta vez nos vamos al pasado,

30.00 años atrás, en el sur de Francia.

Entramos en una cueva llena de osos de las cavernas,

leones y rinocerontes.

Son las pinturas rupestres de las cuevas de Chauvet,

una de las más antiguas de Europa.

Aquellos primeros humanos que habitaron estas cuevas

también se enfrentaron a la naturaleza salvaje y exuberante,

como Caspar David Friedrich, pero sus motivos para pintar

fueron otros, pintaban para atraer la caza.

Por eso, a la luz de las antorchas, dibujaron ciervos y bisontes

en las paredes de la cueva pintaron a las bestias más temibles,

las que más impresión debían causarles.

Y lo hicieron con un detalle, una seguridad en el trazo

y un resultado estético extraordinario.

Otra cosa brutal del arte rupestre, que seguramente también causó

una gran impresión, eran las manos.

Manos y siluetas de manos,

como si fueran el negativo de una película.

Manos que suben solas por las paredes, sin brazos,

sin personas, algo absolutamente bestial.

Pero la cuestión es, ¿cómo las dibujaban?

¿Cómo lo hacían?

¿Queréis saberlo? ¿Sí?

Pues seguidme.

Bueno, ya hemos visto que el arte rupestre

representaba dos tipos de manos.

Primero pintaban las manos llamadas en positivo.

Para hacerlo, fabricaban el polvo necesario, que yo...

Un momentito, que yo ya...

tengo preparado.

Frotaban la roca para quitar sus impurezas,

se pintaban una palma y al final ponían la palma pintada

en la pared para dejar su huella.

Iban más o menos así. Mirad.

Después, depuraron su técnica y aprendieron a dibujar

sus manos en negativo, que claro, es mucho más difícil.

Lo hacían con un pequeño recipiente y dos huesos de aves.

Como yo, evidentemente, no tengo huesos de ave,

lo haré con dos patitas. Ya veréis. Es muy difícil.

Voy a ver si me sale. Venga, vamos allá.

Bueno, no está mal.

Increíble, ¿verdad?

Lo realmente apasionante de todo esto es pensar

que los hombres del Paleolítico ya conocían

técnica de la pulverización o pintar con pistola.

Los tipos descubrieron el denominado efecto Venturi

más de 30.000 años antes que el reconocido físico italiano.

Le pusieron su nombre en el siglo XVIII.

Sea como sea, la cueva de Chauvet-Pont-d'Arc

y sus pinturas no fueron descubiertas,

un poco por casualidad, hasta 1994.

Si lo pensáis, es hace cuatro días.

¿Cuántas cuevas y cuántas pinturas rupestres

quedarán aún por descubrir?

Muchas, estoy seguro.

Segurísimo que aún existen muchas pinturas rupestres

que están esperando a ser descubiertas

y a salir de su soledad

de miles y miles de años.

Seguimos andando, seguimos avanzando sin descanso

para descubrir que la soledad también puede encontrarse

en el interior de un museo.

Todos los grandes museos tienen una cueva secreta

donde se guardan lejos de las miradas de los visitantes,

miles de obras artísticas, cuadros y esculturas

que llevan años solos, sin nadie que las mire,

las disfrute y las quiera.

Estamos en el MANAC,

el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Hoy bajaré hasta las entrañas del edificio

y recorreré sus salas de reserva con una misión:

liberar a uno de esos cuadros de su soledad.

Jordi, encantado de verte.

Me gusta siempre decir que un museo es como un "iceberg".

No sé si te parece una comparación adecuada o no.

Es decir, que las obras que vemos que están expuestas en un museo,

en comparación con las que tiene el museo, son muy poquitas.

¿Se puede decir así? Sí, sí.

¿Cuál sería la proporción de obras que están,

dijéramos, en los almacenes o en los fondos de reserva?

Las proporción es desproporcionada.

-(AMBOS RÍEN) -Por decirlo de alguna manera,

en el fondo del museo, que se puede estimar

en unas 296.000 piezas,

se puede considerar que el 78%

se encuentra en la reserva.

Bueno, a mí me gustaría, porque ahora no estamos

en ninguna de las salas de reserva, estamos en una sala...

Taller de pintura. Como de restauración.

Sí. Esto es casi como un hospital

de obras de arte. Es un hospital.

Estamos aquí como haciendo la autopsia a este Cristo, ¿no?

Pero el fondo de reserva son, me imagino,

estas salas donde están todas las obras puestas ahí colgadas, ¿no?

¿Te parece que vayamos a una de estas salas,

a la que tú me digas, o que podamos pasear

y ver algunas obras que estén en los fondos de reserva

y podamos encontrar una obra entre los dos,

que esté allí solitaria,

que a lo mejor el sujeto de la obra nos evoque algún tipo de solitud?

Porque tengo una idea un poco loca, que no sé si te parecerá bien o no,

pero que me encantaría coger esta obra que está ahí sola,

que a lo mejor lleva tiempo sin que nadie la vea,

cogerla para sacarla a la calle.

¿Tú crees que podremos hacer eso? Se puede hacer.

Que la podamos poner en medio la calle para que todo el mundo

la pueda ver y que por lo menos durante un día la obra

no esté sola en el fondo de reserva. Muy bien.

¿Sí? La obra lo agradecerá.

Venga, pues vamos allá. Vamos allá.

(Música clásica)

Eres...

Es esta.

¿Qué tal? ¿Qué te parece el cuadro?

Es chulo.

Pero no sé en qué contexto está pintado,

porque... Pero intenta olvidarte de todo.

O sea, no es ningún examen.

Acaba de terminar de cuadro o está buscando una inspiración.

-Vive solo, porque está tirando las cenizas al suelo

y si viviera con alguien acompañado,

alguien le diría: "Oye, tío, no tires las cenizas al suelo".

-A mí me crea inquietud.

Es como inquietante.

Es como vivir un poco pasota.

¿Le parece que está triste?

No, está reflexionando. Está pensativo.

(HABLA EN ITALIANO)

¿Sí?

Tiene una expresión...

como Marlon Brando en la película "La ley del silencio".

¿Ah, s? Sí, sí.

Tiene un aire bohemio, pero a la vez marxista.

Un poco aquí. No sé por qué, pero veo un poco.

¿Ves un rollo marxista? Sí, ahora sí.

Bohemio marxista.

Yo incluso me adentraría a decir que es francés.

Me inquietan mucho los pantalones, que tienen un poco de rojo.

Como Santa Claus, venía de trabajar.

Se ha dejado los pantalones debajo.

¿Y qué está mirando él? ¿Qué cree que está mirando?

Está mirando un cuadro igual.

-Veo que está mirando un cuadro porque se ve el bastidor,

se ve que es un cuadro.

¿Qué cree usted que hay en ese cuadro?

El mismo que estamos viendo.

-Tal vez alguna señora.

Sí, una señorita, mejor dicho.

Sí, una señorita.

Pero ¿no está muy triste para estar viendo el cuadro de una señorita?

No, pero está mirando de una forma malévola.

¿Ah, sí? Sí, sí.

(HABLA EN ITALIANO)

Está mirando de reojo el cuadro.

Que no se ve.

Y es justamente la metáfora de la vida.

Somos personas sentadas tranquilamente,

que de pronto nos enfrentamos

a un cuadro

y no lo vemos.

¿Algo más que veas tú en el cuadro

o que veáis vosotros en el cuadro que nos llame la atención?

Ah, sí. ¿Qué?

La cuerda, que se va a ahorcar. La cuerda de arriba.

No me había fijado.

-Hay una cuerda ahí. Sí, la cuerda.

¿La cuerda qué es?

Es para colgar un cuadro.

¿Por qué crees que está ahí esa soga?

No sé, parece que se lo está pensando.

-Si este señor se pone de pie,

la soga le llega justo al cuello,

por lo tanto, no es para colgarse.

(HABLAN EN ITALIANO)

Cada persona que se sienta delante del cuadro,

ve algo distinto y eso es...

maravilloso.

Es que el arte es eso, una obra inacabada.

(Melodía lenta a piano)

Seguimos caminando,

cada vez más lejos, cada vez nos encontramos

con una soledad más cruda, más terrible,

como la que tiene que vivir alguien que,

sin haber cometido ningún delito, es condenado a muerte.

Se está... ¿Se está muy solo en el corredor de la muerte?

Claro que sí.

Claro que sí. Ya no en el sentido de estar solo físicamente,

sino no tener nada en tu entorno. Sí.

No tener, ¿qué te puedo decir yo? No sentir la lluvia,

no ver un árbol, no ver apenas la luz del día.

Sin salir nunca de la celda.

Sí, salías dos veces a la semana, si no llovía,

si no estaba nublado

y, bueno, si hacía un sol como hace hoy.

¿Cómo se gestiona todo eso?

Lo llevé muy mal el primer mes, sinceramente, ¿no?

Porque mucha gente, nada más llegar al corredor de la muerte,

hay algunos que se aferran a la religión,

al ejercicio, cada uno...

Yo el primer mes decía: "El primero..."

Me costó muchísimo tiempo entender qué hacía yo

dentro del corredor de la muerte, porque yo no me imaginaba estar ahí.

A todo esto, digamos que te habían acusado

y condenado por... Un doble asesinato.

Un doble asesinato... Y la pena de muerte,

algo en lo que yo creía, o sea... Sí.

Y bajo un sistema en el que yo confiaba

y me costó mucho.

Con tiempo lo fui superando.

No me aferré a la religión.

Es más, perdí toda fe en ese momento,

cuando llegué yo al corredor.

Me sentí muy traicionado. Por todo.

Por todo y por todos.

Traicionado por los amigos que pensaba que tenía,

eh...

Incluso por Dios.

En ese momento, la verdad, yo sentía no odio,

pero, no sé, me sentía traicionado.

No, no, no sabía quien culpar por estar ahí dentro.

O sea, traicionado incluso por Dios. Sí.

Soledad total y absoluta.

Si...

Si te dijera a qué color te recuerda la soledad,

¿hay algún color que...? ¡Puf!

El naranja. No tienes que seguir, el naranja.

El naranja era el color...

Pues imagínate, el color que lleva yo encima,

el traje naranja... El mono ese que llevabas.

Con el que me despertaba, comía, desayunaba, cenaba.

No sé, cinco años y medio con el mismo naranja.

Bueno, eso luego también te ayuda a apreciar...

-(AMBOS RÍEN) -Lo que tiene la ropa y todo.

Pero... Porque además todos los que están

ahí en el corredor van de naranja. Claro.

Todos veis exactamente igual. Todo igual.

Con la diferencia de que llevamos una tarjeta de identificación,

cuando salimos de la celda, que nos identifica con un número.

En mi caso era el 124396.

Cada persona, cada preso, lleva su tarjeta,

su foto, vestido de naranja,

pero con un número, que lo llevas ahí,

y aquí grabado porque lo tienes que repetir durante el día,

las 24 horas, cada hora.

Aunque estés durmiendo o estás despierto, la hora que sea,

cada hora tienes que repetir ese número: 124396.

Esto que dices del número me recuerda a lo que le pasa

a Jean Valjean, el protagonista de la novela

"Los miserables", de Víctor Hugo, que él también está condenado

a muerte, está en una cárcel y también tiene un número.

Él es 24.601 y va repitiendo eso que dices tú constantemente.

O sea, le despojan incluso del nombre.

Sí, llegas a...

Llega un momento que dejas de sentirte persona.

Dejas de tener un nombre propio,

llegas a ser un número.

Para hacerte una idea, han pasado 16 años

desde que yo estuve en el corredor de la muerte y...

Y puedo recordar ese número más que cualquier otro número

de toda mi vida.

Y ahora, después de todos estos años,

no sé si puedo decir que no sé si te has convertido en activista

o no, pero... Un poco sí.

¿Sí? En... En padre de nuevo, en activista.

Y, más que nada, en aprovechar cada segundo, ¿eh?

Respiro, estoy aquí contigo hablando.

Estoy a gusto, estoy en mi ambiente y, la verdad,

no me siento solo.

Ahora. Ahora.

O sea, podría estar sin nadie alrededor ahora mismo

y estaría rodeado de, para mí, cosas...

que me hacen sentir "alive", ¿sabes? "Alive", vivo.

(AMBOS RÍEN)

Nuestro viaje llega, ahora sí, a la cara más cruel de la soledad,

aquella que abandona a la víctima a su suerte

en la situación más extrema.

Una persona desamparada enfrentándose a un destino fatal,

flotando en una inestable balsa en medio del mar.

Alguien a quien nadie tiende una mano.

Alguien que nunca será rescatado.

El pintor francés de Theodore Gericault

supo captar la desesperación y la tristeza de estos casos

en su gran obra maestra: "La balsa de la Medusa".

Gericault quiso hablar de un trágico suceso real.

Tras un naufragio, 150 soldados fueron abandonados

en una balsa en medio del océano.

Tan solo diez sobrevivieron

y, antes, tuvieron que atravesar un infierno

que duró 13 larguísimos días.

Gericault trabajó a fondo en esta obra,

como si dedicándole todo su tiempo, todo su esfuerzo y todo su talento,

quisiera compensar el sufrimiento de los náufragos,

como si el arte pudiera darles el consuelo que su destino les negó.

(Música árabe)

("Hazel", Will Cookson)

Nos acercamos al final del viaje.

Hemos atravesado lugares solitarios,

algunos de ellos románticos, como los de Schubert o Friedrich.

Otros melancólicos, como los de Hopper,

Giacometti o Barriera.

Algunos terribles, como los Gericault.

Nuestros últimos pasos nos acercan a Joan Miró.

Con él, intentaremos encontrar el sentido final de la soledad.

("Hazel", Will Cookson)

¿Qué tal?

Emocionado.

Ves esto y...

Entre otras cosas, sientes...

Te sientes afortunado de poder estar aquí.

Yo lo he visto en postales.

¿Cuándo lo visité por primera vez?

En el corredor de la muerte.

Recibía muchísimas cartas, ¿sabes? Pero muchas.

Postales, fotos.

Muchas personas y mucha gente del mundo del arte

también que me escribían y me animaban, ¿no?

Y pues, en particular esta, que es muy significativa.

Pues...

Emociona verlo, ¿no?

¿Sabes que Miró no lo pintó...?

Coincidió que el día que terminó este tríptico,

fue el día que ejecutaron a Puig Antich,

en 1974,

y con el garrote vil.

Esa cosa tremenda.

Y en el momento en que Miró terminó la obra,

se enteró que habían ejecutado a este chico.

Este joven anarquista, como él lo llamaba.

Entonces decidió que era como un...

Como algo mágico, que precisamente esta obra,

que él no había pensado para esto, era precisamente

para este momento de la ejecución.

Y pensó en estas líneas que se cortan, como una vida que...

Sí.

La vida que se corta y llegas al final, ¿no?

Yo aquí veo recuerdos también.

Yo me he quedado un poco con la imagen, ¿no?

Para mí eso representa casi un sol, como un símbolo de esperanza, ¿no?

Ese sol que nosotros no veíamos ahí dentro, ¿sabes?

Porque estábamos cerrados, teníamos un set de barrotes,

después del otro set, el pasillo, barrotes, más barrotes,

un muro, una ventana, barrotes.

No veíamos el sol. Ya.

Veíamos a la luz entrar

y siempre...

Y eso te da ganas, ¿no? Y eso te... Me transmite.

Me transmite, me recuerda, me...

Te lleva a ese sol. Me lleva a ese momento, ¿no?

De mi vida, de esos tres años que estuve ahí dentro y...

Es especial, ¿sabes?

Es especial, esto...

Bueno, precisamente por eso, a lo mejor todo el tríptico

se llama "La esperanza de un condenado a muerte".

Es arte. Es arte, bueno...

Tiene ese... Y le toca, ¿eh?

Como diríamos, ¿no? "This is all", ¿no?

-(AMBOS RÍEN)

Muy especial.

("Hazel", Will Cookson)

This is art - Soledad

22 mar 2020

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