Testimonio La 2

Testimonio

Domingos a las 10.25 h.

Espacio católico de cinco minutos de duración en el que una persona da testimonio público de su fe. La fuerza, que también en la comunicación social tiene el testimonio, nos lleva de la mano en este pequeño programa, con el convencimiento de que, como afirmaba Pablo VI, "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos".

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Para todos los públicos Testimonio - El rostro de Cristo en los enfermos - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE

Bienvenidos a vuestra casa, la Conferencia Episcopal Española.

Soy José Luis,

director del Departamento Pastoral de la Salud.

Antes me dedicaba, como médico, a otros menesteres

y yo creo que esa es una de las razones

por las que he acabado en este departamento, ¿no?

Nos dedicamos, fundamentalmente, a ayudar

a que los delegados de Pastoral de la Salud

de todas las diócesis de España,

puedan desarrollar bien su trabajo,

y, luego, mantener un poco la preocupación

por el mundo de los enfermos, ¿no?

y lo que rodea al mundo de los enfermos.

Nuestra obsesión primera son los enfermos, cuidarlos,

pero luego cuidar a los cuidadores es nuestra segunda gran obsesión.

La verdad es que ha sido también muy enriquecedor,

desde el esfuerzo espectacular que han hecho muchos sacerdotes,

religiosas y voluntarios, ¿no? en los hospitales.

Ahora tengo...., se me viene a la cabeza,

un sacerdote que decía:

mira, ver una sala de espera de urgencias plagada de enfermos;

unos sentados en las sillas, otros en el suelo,

las enfermeras corriendo, con cara de susto,

y los médicos también.

Te dan una mascarilla quirúrgica y te dicen: al fondo tiene un señor

que se está muriendo y que ha pedido la unción,

así que te pones la mascarilla y atraviesas el patio, ¿no?

Entonces, en ese sentido, yo creo

que se ha hecho una labor fantástica.

Es verdad, que en el ámbito de los mayores

nos ha pillado un poco con el paso cambiado a todos,

no solo a la Administración, a nosotros también,

porque nos han sorprendido sin tener acceso a las residencias

y poder acompañar a los ancianos,

que yo creo que este es uno de los grandes dolores

que nos deja la crisis es la soledad,

en la que han muerto muchas personas, ¿no?

Hay diócesis que lo han hecho muy bien.

En Valencia, me contaban,

que tomaron hace tiempo la iniciativa

de que algunas de las personas que, trabajan dentro de las residencias,

fueran voluntarios y los han ido formando

para hacer una relación de ayuda,

para poder mantener un diálogo con los residentes mayores.

Y eso ha hecho posible

que la Iglesia haya seguido estando presente,

y siendo protagonista en la vida de estas personas,

Pero, en fin, desgraciadamente, esto ha sido excepcional.

Lo normal es que nos hemos limitado a los contactos telefónicos

cuando esto ha sido posible, ¿no?

Y, por supuesto, rezar todos los días

y ofrecer diariamente la eucaristía por ellos, ¿no?

Pero, si yo me tengo que quedar con una nota negativa es el dolor,

sobre todo, por los mayores que han muerto solos.

A nivel personal,

yo he hecho lo que la inmensa mayoría de los españoles.

quedarme en mi casa.

Vivo con mi madre, que tiene noventa y un años,

y era muy expuesto,

aunque pudiera tener, digamos, los papeles para salir,

meterme en el ambiente hospitalario, ¿no?

Pero, si es verdad, que he vivido de cerca

lo que perturba a los mayores,

porque mi madre había momentos

que no distinguía un telediario de una película.

Hijo, esto ¿dónde está pasando?

Porque, claro, estar encerrada en tu casa,

veinticuatro horas diarias durante dos meses,

es una cosa que si para nosotros es duro

para una persona de 91 años, que no ve a sus nietos,

que no ve a sus hijos.

Me acuerdo que por Zoom con la tele lo poníamos

para que todos los domingos hablara con sus nietos, que tiene 22,

y con sus hijos.

Y mi madre me decía: hijo, ¿dónde están?

¿en casa de quién están?

y le digo cada uno en la suya, mamá, y tú en la tuya, no te preocupes.

O sea que, es verdad que, al menos, esto nos ha ayudado mucho

a agudizar el ingenio a todos, ¿no? para poder estar cerca.

Yo, primero, he tenido siempre en el corazón

la vocación de ser médico,

en mi familia, solo había un hermano de mi padre que era médico,

pero ha sido una profesión que me ha apasionado, ¿no?

Y poco a poco se fue metiendo el Señor en mi corazón.

En una de las visitas que hizo San Juan Pablo II a España,

vi, con una claridad meridiana, que tenía que cambiar el tercio

y lo cambié.

Y, de hecho, con treinta y dos años me fui al seminario

y ahora estoy encantando,

o sea, que volvería a hacerlo lo mismo cien sobre cien, ¿no?

Pero primero ha sido mi vocación a la medicina

y después dedicarme también

a la atención más espiritual de las personas, ¿no?

Bueno, para mi ha sido motivo de una enorme alegría

y he tenido, además, la suerte

de poder estar trece años en América, en Misiones,

en los Andes peruanos, ¿no?

que he aprendido más de lo que das,

o sea, uno cree que va a dar

y lo único que haces es recibir a "puñaos", ¿no?

Testimonio - El rostro de Cristo en los enfermos

02 ago 2020

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