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No recomendado para menores de 7 años Somos cine - Lope enamorado - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Qué hermosa estás.

Estás hecha toda una mujer.

Y cómo te pareces a tu madre.

-¿Cómo era ella?

Siento tanto su ausencia...

-Un amor de persona.

Su alegría nos contagió a todos.

Hasta hicimos comedias juntas.

-Quisiera sentirla llena de luz y de vida,

pero apenas tengo recuerdos.

-Clara,

acércate.

Quiero entregarte algo que te pertenece.

Yo entregué mi vida a este convento.

Y ahora que eres una mujer,

voy a entregarte estos legajos y cartas que he custodiado para ti.

Eran de tu madre. Por lo tanto, son tuyos.

Leyéndolos verás de cerca quién era tu madre,

quién era tu padre y lo mucho que se amaron.

Ve con Dios.

-"Amo a Marcela, porque me cuidó desde que tengo recuerdos.

En ocasiones, nuestro padre, el dramaturgo Lope de Vega,

también viene.

Y yo lo acompaño.

Lo cierto es que desde que entró

en el convento, mi vida se ha vuelto más triste.

A veces pienso que es muy feliz entre esas rejas

y otras creo que ser feliz allí es imposible".

"Amar tú hermosura, gracia y discreción,

no quiero, Amarilis, que se llame amor.

Méritos del alma, justicia y razón,

quiere amor que sea el amarte yo.

No quieren mis ojos querer por favor:

rendirme a los tuyos es obligación".

Íbase la niña, noche de San Juan,

a coger los aires al fresco del mar.

Miraba los remos que remando van

cubiertos de flores, flores de azahar.

# Salió un caballero # por el arenal

# dijérale amores, # cortés y galán.

# Respondió la esquiva, # quísola abrazar,

# con temor que tiene

# huyendo se va. #

-¡Bien por la gracia española!

-¡Bravo, bravo!

Ya era hora, bribón, que me llevaras a un sitio divertido.

Mil veces os lo tengo dicho:

de vez en cuando hay que darse un baño de pueblo.

Lope, tienes el alma canalla.

Y, encima, cura.

"Aunque por tanta indignidad cobarde el ánimo dispuse al sacerdocio,

porque este asilo me defienda y guarde".

¿Y de quién os debe guardar? ¿De esas mozas?

(EN VOZ BAJA) De vos.

Mientrasvuestra vista se recrea, dejadme la jarra.

Iré por más limonada.

"Dejadme llorar, orillas del mar...".

"Por aquí, por allí los vi, por aquí deben estar".

¿Dónde aprendiste esas coplillas? Son de Lope.

Las he oído en sus comedias,

todo el mundo las canta.

¿Y vos? ¿Cómo os la sabéis también?

Pues...

porque yo soy Lope. (RÍE)

Os burláis de mí. ¿Lope, vos?

¿Te gusta el teatro?

Sí, mucho.

Pues si me esperas el domingo en la Iglesia de San Sebastián

podrás venir conmigo a ver mi nueva comedia.

A las cinco de la tarde.

Pasaré a recogerte, lo prometo.

Tengo marido.

(Campanas)

Hoy, la nueva comedia de Lope. No se la pierdan.

Y de primera actriz, la gran Lucía de Salcedo,

la Loca.

-¡Lope, es Lope!

-(PÚBLICO) ¡Lope, Lope! -¡Qué gusto!

De nuevo en Madrid.

Será un éxito.

Unos cuantos dinerillos ganaré. (RÍE)

-En teniendo una de Lope no es milagro.

¿Estará Lope ahí?

-Sí, tiene que estar. -A los estrenos siempre viene.

-Últimamente le noto más frío.

Si no viene, será que está perdiendo el interés por mí.

-Conociendo a Lope...

-A mí los hombres no me echan a un lado, no.

Ni siquiera el Fénix de los Ingenios.

No le voy a dejar escapar antes de que me escriba una comedia,

-como hizo con Jerónima de Burgos. -Ah, mira, ahí está.

-¿Quién es esa mujer? -Se llama Marta, Marta de Nevares.

Y el de la barba es su marido.

-No me lo puedo creer. Ya decía yo.

¡Me cago en el cura!

¡Lope, Lope, Lope!

¡Lope, Lope!

Y ese, ¿qué hace aquí?

Es su marido.

Cogiste la brida por un cabo y por el otro aparece el burro.

No sea mal pensado, excelencia.

Tiene buena caligrafía y me va a copiar

ciertos trabajos. Canalla como nadie.

(SUSURRA) Él en su casa y ella en la tuya.

¡Lope, Lope!

-¿Celia?

Celia, Julia, ¿no me oís?

-¡Señora! -(RISAS)

-Loca, ¿en qué andas? -Ya vengo a ver lo que mandas.

Guárdame ese Fray Luis.

-Viéndote en esos traspasos,

no será mucha lisonja apostar que de ser monja

no has estado dos mil pasos.

Qué emoción ver la obra a vuestro lado.

¡Y cuánta gente!

...¡Qué mal encubrí las faltas que me dio naturaleza!

Que al no tener hermosura... Lope.

¿Cómo te las arreglas?

Grandes versos.

No hay moneda de oro

ni de plata que lo iguale.

...dejadme aquí, pensamiento. Es infalible.

No hay más, no me deja estar.

-Aún no le acertaba a hallar.

-Resistid, castos intentos. -¡Vesle aquí!

-Cubra mi olvido las vanidades que dejo.

¿Qué es esto, necia?

¿El espejo? Por la imagen me has traído,

¡toma!

-Acábate de ver,

si aquí lo dejas perder.

-Toma allá. -No se le des,

pues quiso Dios que viniese a tiempo que verte viese,

tú, que a ti ni a nadie ves.

¿Qué milagro, di, sobrina, es este de hallarte así?

¡Hideputa!

Ahí está el "memorilla".

El mismo día del estreno ya me copia la comedia.

No se altere el genio.

Para que tenga éxito, tiene que ser de Lope.

Señores, si el que ha de copiar soy yo, yo me encargo.

...y yo conforme a mi estado, hago en eso más delito.

(ABUCHEOS)

¡Que has de ser tan intratable!

¿Escucharme no merezco?

¿Dónde un viejo honrado hablara

que, siéndolo, no escuchara cualquier hombre?

-Botas justas, sin podellas descalzar en todo un mes.

El bigote a las estrellas, jaboncillos y copete,

cadena falsa que asombre, guantes de ámbar

y grande hombre, de un soneto y un billete.

Y con sus manos lavadas,

los tres mil de renta pesque, con que un poco se refresque

entre sábanas delgadas.

(MURMULLOS)

(ACTOR MASCULINO) Y pasados ocho días...

¡Y pasados ocho días!

-(ABUCHEOS) -¡Y pasados ocho días!

-Y pasados ocho días, se vaya a ver forasteras

o en amistades primeras vuelva a deshacer las mías.

-Y Dios te lleve adelante ese silicio y ayuno.

-¡Qué viejo tan importuno!

-¡Qué mujer tan arrogante!

-¡Vamos!

-¡Bravo!

-¡Lope, Lope!

¡Lope, Lope!

(Puerta)

Pero ¿dónde va usted, señora?

Qué modales.

-¿Has pensado que te ibas a librar tan fácilmente de mí?

No sé si te has dado cuenta de que llevo sotana.

No te preocupes, amor mío.

Para las mujeres como yo, esto puede ser un aliciente más.

Pero ¿qué os ocurre?

¿Dónde está el fuego del que tanto alardeas?

No me hagas sonrojar, Lucía.

Ya sabes que nunca me devolvieron a corrales por manso,

pero están pasando cosas en mi vida.

Pues yo te pongo a tono. ¿O no soy Lucía de Salcedo, la Loca?

¡Loca de amor por ti! ¡No insistas, por Dios!

Los años me han conducido a la abstinencia.

¿Abstinencia, tú, verraco de mil demonios?

¡Dime quién ocupó mi plaza! ¿Quién?

Dime, ¡dime, bellaco!

¿A cuántas jovencitas inocentes has conquistado con tus sonetos?

¡Lucía!

Me está bien por ingenua, ¡por estúpida!

No, no me digas nada.

¿Quién me mandaría a mí enamorarme de un cura

de tanta gloria y renombre?

Seguro que te sientes más a gusto con Sessa que conmigo.

El Sessa...

Mucha arma en su blasón,

pero a la hora de la verdad, ¡más saliva que colmillo!

¡Un pervertido es lo que es!

Y tú...

¡El gran poeta! Como un perro

por unos cuantos ochavos.

Me retiro, pero no me rindo.

Lopillo, bien de tierra quiero esa maceta.

Mira esta.

Tan bella como tú.

Don Lope.

¡Lopillo!

¡Marcela! Venid conmigo, que tenéis que ayudarme.

Tenéis manos de poeta hortelano.

Aún resuenan en mi alma vuestros versos,

como si fueran olas en un mar hermoso y azul.

Olas llenas de libertad y de pasión.

Marta, hace tiempo que quería hablaros.

No solo como amigo, sino como ministro del Señor,

de sacerdote a feligrés.

Decidme, Marta, ¿qué años tenéis? Veintitrés.

Sois muy joven.

"Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

satisfecho, ofendido, receloso.

Olvidar el provecho, amar el daño,

creer que un cielo en un infierno cabe.

Dar la vida y el alma a un desengaño.

Esto es amor,

quien lo probó lo sabe".

Yo nunca he sentido nada semejante.

Y...

No me conformo con imaginarlo a través de vuestros versos.

Marta, no sigáis.

Veo que aún estáis bajo la influencia del teatro.

Si vos no sois capaz de comprender

el vacío y la desolación que me rodean,

nadie podrá comprenderme.

¿No os dais cuenta?

Eso no son sino versos de otro tiempo.

La vida es otra cosa.

¿Acaso debo ahogar esta ternura que me desborda en el corazón?

Fantasías.

El amor es algo más que palabras. ¡Eso quiero saber yo!

¿Cómo es el amor? ¿Cómo?

Mis padres me vendieron a ese hombre que conocéis.

Yo tenía 13 años.

Es un zafio y un grosero que no sabe tratarme.

Y no me hace feliz.

Marta, no es culpa de Roque si Dios le concedió tan tosco entendimiento.

Tenéis que aceptarlo con paciencia.

A cambio de eso, disfrutáis de un hogar.

Un sólido bastión que os aísla

y preserva de la maldad del mundo. ¿Qué me decís? No os entiendo.

Vos, el autor de esa máquina de sueños, ¿me dice que no sueñe?

Levantáis la bandera del amor

y me pedís que no me enamore. Marta.

Soy sacerdote.

(Campanas)

Señor,

Fray Félix espera. Que espere.

Disculpad la confianza de este humilde clérigo,

que por vos reza en sus oraciones. ¡Anda ya, bribonazo!

Deja el protocolo para más discretas ocasiones

y háblame en canalla, que es lo que mejor te sale.

Hablemos de mis negocios de cama, que para eso te pago.

No diga eso, excelencia.

Ya sé que hoy es viernes y hay salida de infantas.

Exacto. ¿Me has traído los billetes

para esa pichoncita de quien te hablé?

Ya sabes que me gusta algo apasionado, picante, vicioso.

Siempre a las órdenes de vuestra excelencia.

Aquí tiene. Veamos.

¡Esto, esto es lo que necesito!

¡Este es el bellacazo de Lope que me gusta!

Sencillamente magnífico.

Toma.

Sé que es poco, que te mereces más, pero no puedo.

Hoy no puedo. Llevo una mala racha

con el hideputa de Villamediana.

Deberíais cambiar de amistades.

Mal hábito el de perder siempre.

Vamos, se me hace tarde.

Disculpa mi tardanza.

Siéntate. Me he retrasado

porque he estado esperando un largo rato a Marcela,

la hija de Lope. Me dio estos legajos de parte

de su padre para que los copies.

Soy yo quien debe disculparse por haber empezado a comer sin ti,

pero es que este trabajo me angustia.

¿Cómo es que Lope escribe una comedia

en menos tiempo del que tardo en copiarla?

Es un genio. Es su pensamiento

el que trabaja a toda velocidad.

Por eso no se le entiende la letra. Y por eso,

a veces, parece como perdido.

Tienen razón los que dicen que es un monstruo de la naturaleza,

Fénix de los Ingenios.

Mucho se habla de Lope

en la villa y corte de Madrid.

Cuidado, Marta,

que me conozco.

¿No te habrás embarcado en una nueva hazaña

con esa jovencita que llevas al teatro? ¿Eh, bribón?

Amor fraternal, excelencia. De padre e hija, nada más.

Mejor así. El amor carnal, déjalo para mí.

Que sepas que quiero tener en mi poder

todo lo que le escribas.

Y quiero una comedia en privado.

Pero no te traigas a Lucía de Salcedo, la loca esa.

La quiero a ella,

a Marta.

¡Francisco!

¡Francisco! ¡Excelencia!

Te haré llegar una garrafa del aceite

que me mandaron ayer de Jaén.

Y puedes contar con mi carroza cuando te haga falta.

Dios guarde a su excelencia como deseo.

¡Vamos, Francisco! ¡Eh, eh!

(EN VOZ BAJA) Miserable.

"Agnus Dei, qui tollis peccata mundi".

(Campanilla)

(EN VOZ BAJA) "In nomine Patris et Filii

et Spiritus Sancti".

-"Amen". -"Amen".

"Ite missa est". (A LA VEZ) "Deo gratias".

-¡Eh, eh!

¡Eh, eh!

¡Cuenta, cuenta! Poco que contar tengo, excelencia.

Ella salió con la cara arrebolada.

Parecía enteramente

que le hubieran pintado la primavera en el rostro.

Lo que faltaba, ¿es que también a ti te ha contagiado de poesía?

Pero ¿es que se cogieron de la mano o ella se apoyó de su hombro?

¿Se rozaban las rodillas o sus muslos? ¿Se besaban?

Tanto no vi, excelencia.

A lo más pude escuchar lo que decían. Lo demás hay que...

Apéate de tanto "excelencia"

y dime lo que oíste.

Ella le dijo al cura que lo quería.

¿Y qué más?

Pues eso, que lo quería y que...

le gustaría...

Ya sabe, vuestra excelencia.

Lo que dijo ella.

Dime la palabra.

Excelencia...

Fornicar.

"Quiero fornicar, señor cura". ¿Dijo eso?

Eso dijo, excelencia.

Y, luego, ¿qué hiciste?

(Golpe)

Pues dejarlos que se fueran a su casa.

¿Cómo dejarlos?

Anda y que te frían todos los demonios.

Retírate, palurdo de criado. Pero ¿puedo comer?

¡Fuera de mi vista!

¡Eh!

No quiero acabar este hermoso momento

con tu distancia.

Noto que me has hecho tuya y ahora te pesa.

No sé si me quieres. Y, sin embargo,

yo doy gracias al cielo por sentirte dentro.

Muy dentro.

Esto no tenía que pasar, Marta.

Así pasa al hombre,

que, después del amor furioso,

distancia el alma.

No estás en mí.

Sólo piensas en lo que vas a escribir,

que vas a escribir lo que estás pensando.

No, Marta. No.

Tu cuerpo puede más.

Se esfuma la comedia

y, en unos instantes,

vuelve el deseo con todas sus fuerzas.

Demuéstramelo otra vez.

"Abre tus ojos verdes, Marta,

que quiero oír tu mar".

¿Te habías vestido alguna vez de hombre?

¡Uy! No, nunca.

Te lo has pasado bien. Pues sí. Sí.

Adoro el teatro,

pero no ante la mirada del degenerado de Sessa.

Sí, qué asco de hombre.

Pero me da pena mi padre, tener que aguantar tanta villanía.

No me lo explico. ¡Uh!

¡Ah! ¡Ah!

(RÍE)

Qué hembra más imponente.

¡Qué pechos, qué nalgas, qué cuerpo!

Excelencia, ¿qué bajeza es esa? ¿Es buena en la cama?

¡Ay, Lope, quién tuviera tu sotana!

Quiero las cartas

que le escribes. Las quiero todas.

Y las quiero ya.

No aguanto más aquí, me voy.

No me abraces, canalla.

Quieres venderme a tu amo.

No, Marta. No.

No digas eso.

Ni siquiera me halaga que te deseen.

Me duele y sufro.

Celoso de tu marido y de mi protector.

Sé cómo evitar que caigas en los brazos de mi protector,

pero no sé cómo sacarte

de la cama de tu marido. ¿Mi marido?

Mira lo que hace mi marido.

Marta, no vuelvas. ¿Y dónde voy? ¿A tu casa?

Vendrán los alguaciles tras de mí.

No me importa, yo lo arreglaré. ¿Tú?

Le vas a pedir a Sessa que lo arregle.

¿A cambio de qué? Dime.

¿Por qué te humillas ante él?

Se contenta con que le entregue unas pocas cartas.

¿Qué cartas?

Tus cartas.

Las cartas que escribo para a ti.

No te atreverás.

¿Se las vas a dar?

No.

Os noto muy alterado. ¿Os encontráis bien?

¡Un gran daño tengo hecho! ¿Qué os pasa? Decidme.

Debo partir mañana para Valencia.

Y es preciso que nadie conozca mi paradero.

¿Puedo saber de quién huis?

Huyo de mí.

Perdido soy, amigo Gaspar,

si en vida lo estuve por cuerpo y alma de mujer.

Siempre lo estuvisteis.

Pero abridme vuestro corazón si eso os tranquiliza.

El mal ya está consumado.

Ella se me ha entregado a mí con todo el ardor

y la lozanía de su juventud,

con todo el vigor de su ilusión.

Y yo soy su esclavo.

Su Dios. Un Dios sometido, ciertamente.

Ella no sabe hasta qué punto

se ha apoderado de mis sentidos.

Decidme, amigo mío, ¿qué puedo hacer?

Abstinencia, ya sabéis que no hay otro remedio.

Y cuídate, Lope. La Santa Inquisición

siempre tiene testigos,

más de los envidiosos que de las personas decentes.

Eso no es todo.

Mi amo y protector, el duque de Sessa,

se ha encaprichado de Marta.

Y temo que obligue al gañán de su marido a entregársela

por la ley de vasallaje o por un puñado de monedas.

Lope, llevo un tiempo preguntándome cómo es posible

que os una algo a un ser tan depravado,

inmoral y que además os trata

como si fuerais su alcahueta.

¿De qué vive un poeta?

¿Acaso no lo sabéis?

¿Sabes dónde he estado hoy?

En casa del duque de Sessa.

Me ha dado este pequeño obsequio para ti

y dice que no tengas ningún reparo en acudir a él si necesitas ayuda.

¿Qué noticias hay del poeta Fray Lope?

Me pasé por su casa para cobrar

los últimos escritos y me dijeron que había abandonado la ciudad

por un asunto urgente.

¡Noticias frescas!

-¿Qué ocurre? -Lope.

-No quiero saber de Lope. Soy yo quien abandona a los hombres,

no ellos a mí.

-No tardará en llegar a Valencia.

-¿Ha dejado ya a la mosquita muerta esa?

-Nadie lo sabe.

Lo que sí se sabe es que está enfermo

y que huye de algunos alcahuetes del Santo Oficio.

-Aunque se salve de la muerte

para venir a buscarme de rodillas,

jamás le volveré a admitir en mi cama.

-Sí, sí...

"Pobre barquilla mía, entre peñascos rota,

sin velas desvelada, y entre las olas, sola.

¿Adónde vas perdida?

¿Adónde, di, te engolfas?

Que no hay deseos cuerdos con esperanzas locas.

Mas ¡ay, que no me escuchas!

Pero la vida es corta.

Viviendo, todo falta.

Muriendo, todo sobra".

"Lope".

Me estoy muriendo.

El mar, Marta.

El mar.

El hermoso mar.

Es como si estuvieras aquí.

Marta...

(Truenos)

Estás preñada.

Me vas a dar un hijo al fin.

Sí. ¿Es mío, Marta?

¿Es mío?

No me lo pongas más difícil.

¿Cómo es ella en la cama?

¡Cómo es ella en la cama!

¿Cómo es esa Marta que Dios confunda?

¡Habla!

"Áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

satisfecho, ofendido, receloso.

Esto es amor, quien lo probó, lo sabe".

(Campanas)

"Oye, Pastor, que por amores mueres,

no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,

pero ¿cómo te digo que me esperes,

si estás para esperar los pies clavados?".

(Puerta)

Perdón.

No sé ni cómo te abrazo.

Casi cuatro meses sin saber de ti, ¡cuatro meses!

Sin despedirte siquiera.

Todas las noches repasando tus caricias,

tus poemas.

Y cada verso era como una espina que se me clavaba más a ti.

Mi amor.

Acabo de llevar al cordero divino

con estas manos pecadoras

mientras mis sentidos recorrían tu cuerpo.

Se empapaban de ti.

Félix.

Mi Félix. Marta.

Marta, mi Marta, mi Dios,

mi cielo, mi diablo, lo que quiera que seas.

Os amo.

Os amo.

(Puerta)

¿Dónde está el genio?

Quería entregarle unos escritos y que me los pague.

Hace tiempo que no nos ponemos al día.

Hace semanas que no sabemos nada de él.

Nos tiene prohibido entrar en sus aposentos.

Es muy estricto con sus órdenes.

Alguien tendrá que pagarme por mi trabajo.

De lo contrario, subiré al despacho y cogeré lo que me dé la gana.

No, por favor. Ni tenemos la llave.

Mi padre vendrá y arreglará cuentas con vos.

Tomo el recado como el más importante de los últimos meses.

Mire...

¿Quiere una fruta?

Por ti lo estoy desafiando todo,

incluso a Dios,

pero no me importa.

Arrastrare cualquier pena porque te amo con todo mi corazón.

¿Me amáis del mismo modo?

Es fuerza que me correspondas.

Dilo.

Dilo.

"Quien no sabe de amor vive entre fieras".

"¡Oh, qué secreto, damas! ¡Oh, galanes,

qué secreto de amor! ¡Oh, qué secreto!".

Abre tus ojos, Lope.

Estás en mí hace meses.

Pasa, Marcela.

Tenga esta bolsa para usted de parte de mi padre.

Y me gustaría saludar a la señora.

Puedes esperarla sentada, no tardará en llegar.

Toma una fruta.

Marcela, tú tienes amistad con Marta

y ella te tiene en gran aprecio.

¿Por qué no la convences para que no sea

tan arisca con el duque?

(SUSPIRA)

Disculpa, pero quiero hacerte una pregunta personal.

¿Has visto a mi mujer algún día en casa de tu padre?

No. Nunca, señor, nunca.

(Puerta)

(Pasos)

¿Qué te trae por aquí, Marcela?

¿Alguna nueva comedia para copiar?

Acompáñame a colocar estas flores.

Te estaba esperando.

Mi padre me pide unos papeles que te ha escrito

y que ahora le reclama el duque de Sessa.

Poemas y cartas... Me dice que lo entiendas,

pero ni yo lo entiendo.

Me da tanto asco ese hombre, Dios me perdone.

Toma estos, son inofensivos.

Yo tampoco entiendo a tu padre. Pero ¿solo son tres?

Mi padre me ha dicho que te ha escrito

docenas de poemas y cartas.

Bueno, el resto están guardados a buen recaudo.

Gracias.

Y cuídate.

(Truenos)

(Truenos)

(JADEA)

¡Ah! ¡No puedo!

¡No puedo!

(JADEA)

¡No puedo!

(GRITA)

Venga, bonita, empuja. Empuja, que ya te queda poco.

Venga, empuja. (JADEA)

Es una niña.

Trae aquí, trae.

Mi niña.

Mi amor.

¿Eh? Mi muñequita.

# No corráis vientecillos # con tanta prisa

# porque al son de las aguas # duerme la niña. #

¡Uy!

(EN VOZ BAJA) Tu padre es el autor de estas cancioncillas.

Sí, Clarita, sí.

Su fama es tan grande

que cuando alguien quiere destacar algo por su hermosura,

afirma que es de Lope.

Así que podríamos decir que tú, por ser una niñita tan linda,

eres una criatura de Lope.

Dos veces Lope.

Ven aquí.

(TARAREA)

Padres y padrinos,

¿cómo le ponemos a esta niña?

Antonia Clara.

"Ego baptis Antonia Clara...".

Acérquela.

"In nomine Patris et Filii

et Spiritus Sancti.

Amen.

Ite baptis est".

-"Deo gratias". "Deo gratias".

Mi pequeñita.

(EL BEBÉ LLORA)

Y a mí, ¿qué se me da?

¿Acaso es hija mía? ¡Déjame!

¿Acaso es hija mía?

¿De quién fue el bautizo, eh? ¿De quién fue?

¡No, no!

¡Yo como un imbécil haciendo el cabrón!

¡A mí no me engaña ni Dios!

¡Al hijo de mi madre no le engaña ni Dios!

¿Sabes lo que es esto?

Esto es lo que es.

¡Te lo vas a comer, zorra!

¡No, no! ¡Vale, vale!

Me has arruinado la vida.

¡No, no, no! ¡Ah!

¡No!

(EL BEBÉ SIGUE LLORANDO)

¡Déjame!

Mañana llevas a tu hija con el cura, ¿me oyes?

Como la vuelva a ver por aquí, ¡os mato a las dos!

(Puerta)

"La luz primera del primero día,

luego que el sol nació, toda la encierra,

círculo ardiente de su lumbre pura,

y así también, cuando tu sol nacía,

todas las hermosuras de la tierra remitieron su luz a tu hermosura".

Dios mío, señora,

pero ¿qué le han hecho?

¡Señor! ¡Marcela!

¡Ayuda! Marta, ¡Marta!

Mi amor... ¡Trae agua y algo para curar las heridas!

Sí, ya voy. Yo me ocupo. Ven, mi vida.

Lleva a la niña dentro.

Bellaco malnacido, lo voy a matar.

Planea mi muerte.

Lo vi en sus ojos. Y yo la suya, mi amor.

Y yo la suya.

Ahora ya está. Todo pasó, ¿eh?

Aquí estarás a salvo.

Tranquila, mi amor.

Ya está, ya pasó. Ya pasó.

Ya pasó.

Gaspar.

Buenas noches.

Permíteme. Gracias.

Amigo Lope, te vengo a alertar

de que el Santo Oficio ha reunido a su tribunal

y se ha hablado de tu caso.

Finalmente, con la ayuda de Dios

y del presidente, hemos conseguido parar las pesquisas.

-¿Desean algo los señores?

Nada, Catalina. Gracias. Muy bien.

-Pero quiero que sepas

que hay personas muy influyentes, que, por envidia,

quieren verte juzgado y condenado.

Además, algunos miembros del Santo Oficio

dicen que es escándalo mayúsculo

que vivas y des cobijo a una casada siendo tú como eres,

eclesiástico.

Dicho esto,

amigo Lope, quiero que sepas que conmigo puedes contar siempre.

Gracias, hermano.

Agradezco mucho tu aliento

y me confieso con fuerzas para seguir.

Cada día tengo más clara mi misión de ayudar a Marta de Nevares.

Un letrado civil va a cursar una denuncia contra su marido

por violación.

Amigo Lope,

cuidado. He oído por ahí

que un marido celoso

trama tu muerte.

Cuídate.

-Estas serán las preguntas:

"¿Ha tenido Marta relación sexual con su marido en todo este tiempo?

¿Cómo se produjo la violación?

¿Por qué la denuncia?

¿Qué esperan obtener?".

¿Dónde vive actualmente Marta?

Se ha refugiado en mi casa.

Félix Lope de Vega y Carpio.

Ya sé que es mejor que se refugie en un convento,

que es lo normal,

pero ha sido todo tan violento y desagradable para ella...

Pero ¿usted y ella...?

No me conteste.

Pero es mi deber advertir en estos casos que es muy difícil

salir victoriosos de tal empresa,

puesto que Marta de Nevares

está legalmente casada con Roque Hernández

y la relación que tiene con usted, cierta o no,

es universalmente conocida y criticada.

-No os enojéis, madre, esto es un acto de amor.

El acto espiritual de un padre que cuida y ama a sus hijas.

-No es eso lo que llega

a los oídos de este convento.

-El mundo está poblado de maleficencia y deshonra.

Dad gracias al Altísimo, que os mantiene a salvo.

-¿Por cuánto tiempo?

No lo sé. Dos semanas, quizás.

Quedáis

bajo el amparo de las Trinitarias.

No quiero.

No quiero, por favor. Serena el ánimo.

Todo se arreglará. (LLORA)

Cuidaos.

Vos, rata de muladar, mejor os las habéis conmigo.

-Soy un mandado de Roque.

-Deje, don Lope.

Estos dos van a arder muy bien en el infierno.

-¡Bravos de mierda! -¡Tened este dinero!

Yo no lo quiero, ¡tened piedad!

¡Por Dios!

¿Cómo sabéis mi nombre?

¿Acaso hay alguien en Madrid que no lo conozca?

Soy un soldado de Flandes. Para una vez que puedo pelear

por algo que merece la pena...

Dejadlo marchar.

Decidme, buen hombre, ¿cómo podré agradecéroslo?

Marcela.

Te traigo esta fruta de parte de padre.

Y también las flores, que sé que te encantan.

Gracias por estar aquí.

Me siento tan sola.

Si no fuera por ella...

Dime, ¿cómo está él? Bien.

Contento cuando escribe y triste

cuando piensa en ti.

En la imprenta de la viuda de Alonso Martín

están componiendo el libro con 22 comedias de Lope.

Dicen los entendidos que son mejores y más divertidas que las italianas.

Gracias por traerme noticias.

Desde aquí, aislada del mundo,

que venga a verme alguien como tú me llena de alegría.

Sabes que te quiero.

Y sabes que además de tu compañía,

me gusta rezar en esta iglesia.

Gracias, Marcela.

Caramba. Ya, ya.

Tengo que decírtelo.

(SUSPIRA) Lo estaba esperando.

Sé que eres incapaz de mentir.

Es mi padre.

Me atosiga a cada momento. Quiere cartas y más cartas,

papeles y más papeles,

pero por nada del mundo quiero hacerte daño.

No te preocupes, Marcela.

Si esto va a facilitarle las cosas a Lope, ten.

Ya no me importa que caigan en manos del degenerado de Sessa.

Esos versos

hace mucho que están grabados a fuego en mi corazón.

Nadie me los va a arrancar como si fueran palabras al viento.

Queda tranquila.

Adiós.

(Pasos)

Excelencia,

don Lope.

Era con hora que os dejarais caer por mis dominios.

Aquí hay alguna de las cartas que me habéis enviado. Son pocas.

Y sosas.

No hay más.

Mandé a Marcela, pero se han extraviado.

Y si no son las cartas, ¿qué os trae por aquí?

Pediros que uséis vuestra influencia en la corte

para que Marta gane el pleito contra su marido.

Os conste que no puedo hacer nada.

Sois un sacerdote que habéis dado refugio en vuestra casa

a vuestra propia amante.

En las habladurías y murmuraciones de la corte, que son muchas,

se os concede pocas probabilidades de que ganéis el pleito.

No lo olvidéis: sois un cura que vive en pecado,

amancebado.

Agradezco mucho vuestros consejos,

pero no confundamos los sentimientos nobles con el pecado.

Tanto blasón tiene

como pena me da su excelencia, que en su necedad es incapaz

de diferenciar lo sublime de la impostura.

Y no me pidáis más lo que nunca os podré corresponder.

(Puerta)

¡Ya va! ¿Qué priesa es esa?

Disculpe, don Gaspar.

-¿Fray Félix? -Está en sus aposentos.

-Gracias.

¡Lope! Aleluya.

¿Qué ocurre, Gaspar? Roque ha muerto.

¿Cómo lo sabes? ¿Es cierto eso?

Tan cierto como que expiró en mi presencia.

Unas calenturas se lo han llevado en tres días.

Bien.

¡Libres, por fin, de esa mala bestia!

Gracias, Señor,

y perdóname al tiempo. Sosegaos, Lope.

No es de cristianos hablar así de la muerte.

Estoy feliz, Gaspar.

¡Feliz! Por fin podré traer

a Marta y a mi hija a esta casa.

Para vivir en paz, para escribir en paz

los años que nos queden de vida.

Decidme, amigo mío.

¿Cómo está Marta?

Marta está bien. Pero ya sabes, las monjas siempre criticándola.

Que si se levanta tarde, que si no hace caso...

Es humano que tengan envidia.

Marta tiene un tesoro que ellas no tienen: su hija.

Vuestra hija.

-Fray Félix, de unos días a esta parte

Marta ha cambiado mucho, algo pasa en su ánimo.

Tiene ausencias.

El otro día no encontraba a su hija

y después la extrañaba por momentos, ¡a su propia hija!

Marta.

Roque ha muerto.

Por fin seremos felices.

Vamos.

¿Qué le pasa, doctor? ¿Qué tiene?

La gota serena.

Mi experiencia pide solo resignación.

No se puede hacer nada, irá a peor.

"Cuando yo vi mis luces eclipsarse,

cuando yo vi mi sol oscurecerse,

mis verdes esmeraldas enlutarse

y mis puras estrellas esconderse".

¿Estás ahí? Hoy veo mejor.

Te pondrás bien pronto, mi amor.

Tú no me quieres.

¡Marta! Marta.

¿Por quién me muevo?

¿Por quién respiro?

¿Por quién vivo y escribo, si no es por ti?

Todos mis versos son tuyos.

Mira, acabo de terminar este soneto para ti.

No... no puedo.

No puedo.

¿Qué me pasa?

¿Por qué no me dicen qué me pasa?

No pasa nada, mi amor.

No pasa nada. Marta, no pasa nada.

No pasa nada.

No llores, Marta.

No rompas tus vestidos.

No.

Me enamoré, te quise

y te quiero. Te quiero.

¿Acaso crees que fuiste para mí

breve flor del camino?

Marta.

Marta... Marta.

(CLARA) "Y el tiempo fue pasando y así los años.

Mi madre se quedó totalmente ciega

y para padre, el cuidado de ella y el mío fue su prioridad.

Su vida cambió,

pero su ilusión por hacernos felices le hizo feliz a él también.

Para esos años, yo era consciente de todo.

Y recuerdo que mi ilusión favorita

era recoger flores del jardín y dárselas a oler a mi madre.

También me gustaba mucho oír las historias de mares lejanos

que mi padre y Marcela escribían para ella.

Nunca se cansaba de escuchar el mar y sus historias".

Amar a quien no veo me lastima.

Ahora, más que nunca, quiero tu placer.

El cielo en la tierra,

mi cuerpo hecho mar y espuma para ti.

Para nosotros.

Siempre supe que tú eras el mar.

El más grande, el más profundo,

el más luminoso.

Cuando en Valencia vi el mar por primera vez,

te vi a ti en todo tu esplendor.

Qué paradoja del destino.

Nunca has visto el mar

y eres el mar mismo.

Incluso está en todos tus nombres:

Marta,

Marcia,

Amarilis.

Y en "amar" también está la palabra "mar".

Sí, mi amor. Sí.

¿Cómo es el mar?

¿Es tan bonito como dicen?

Ámame.

Ámame hasta la tempestad.

"Ay, posesiva amante,

ciega y obstinada,

acreedora de un destino de besos,

de una verdad eterna de caricias.

Marta, no llores. No.

Toda tu herencia del amor es esta:

el olor y tibieza de su cuerpo

dejados en su silla de caoba

y el destierro de un cielo tras la palabra ausente.

No llores, Marta.

Este fue tu precio por llamarte Amarilis.

Y este fue tu cielo:

hondo como una herida abierta en la nostalgia,

frágil sueño del barro doliente de tu carne,

pero divino,

eterno".

¡Madre, yo te guío!

¡Madre, madre!

Gracias, mi vida. Yo me ocupo.

Mi niña,

yo te cuido.

(CLARA) "No quedó sin llorar pájaro en nido,

pez en el agua, ni en el monte fiera,

flor que a su pie debiese haber nacido,

cuando fue de sus prados primavera.

Lloró cuanto es amor,

hasta el olvido a amar volvió porque llorar pudiera,

y es la locura de mi amor tan fuerte,

que pienso que lloró también la muerte".

"Marta, mi madre.

Ahora sé que fue feliz hasta el final

y que aun en su desesperación y su ceguera,

soñó, amó y fue amada hasta el último suspiro.

Por ello mi alegría hoy es recordarla,

llena de luz y de vida".

Somos cine - Lope enamorado

22 nov 2020

Un maduro Lope de Vega, afamado autor de comedias y ya ordenado sacerdote, conoce a la joven Marta de Nevares. A pesar de que ella está casada y era de dominio público que Lope tenía como amante a la actriz Lucia Salcedo, el amor va a cambiar la vida de los dos. El último gran amor de Lope de Vega.

Dirigida por Rodolfo Montero de Palacio, y con un genial reparto entre los que encontramos a Jesús Olmedo, Sara Rivero, Juan Diego, Blanca Jara y Enrique Villén.

Contenido disponible hasta el 6 de diciembre de 2020.

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