Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:15 horas

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Para todos los públicos Shalom - Hanuka con el rabino Brener - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Muy buenos días. "Shalom". Nosotros hoy en el calendario judío

estamos iniciando la fiesta de Janucá.

Esta noche, si Dios quiere, iniciaremos

la primera de las ocho velas

que cada una de las noches encenderemos

y, alrededor de la luz de esas velas,

se reúne la familia alrededor de cánticos,

comida y, sobre todo, del milagro de Janucá.

Nosotros también en "Shalom" tenemos milagros

y uno de ellos es que contamos con visitas

de personajes especiales.

Hoy el rabino Brener es nuestro milagro de Janucá.

Muchísimas gracias. Bienvenido a "Shalom.

Estoy lejos de ser el milagro de Janucá,

pero me alegra estar contigo. Es el milagro de nuestro programa.

Ah, "Ok". Que, gracias a Dios,

con modestos presupuestos, tenemos ilustres invitados.

Bueno. Rab Brener,

¿el secreto de Janucá cuál es?

Mira, creo que hay dos facetas de Janucá,

entre muchas otras, pero dos de las cuales quiero destacar.

Una de ellas es de que ocurrió un milagro.

¿Cuál fue el milagro? Que, cuando nuestros antepasados

entraron al Beit Hamikdash,

el Templo de Jerusalén, que había sido desacrado

y abandonado por un tiempo por los sirios helenizadores

que estaban ocupando

en aquel entonces la Tierra de Israel,

entraron al Beit Hamikdash y encontraron que la menorá,

el candelabro que siempre tenía una luz encendida

en todo momento, pero que cada mañana venía

un cohen, un sacerdote, para limpiar esa menorá

y encenderla de nuevo, porque, después del todo,

creo que todas las tradiciones, todas las culturas identifican luz

con sabiduría, con conocimiento.

Y espiritualidad. Y espiritualidad.

Oscuridad con todo lo contrario,

con ignorancia, con odio, yo qué sé.

Entonces era muy importante que el Beit Hamikdash tenga

esa menorá iluminada nuevamente,

pero había un problema:

que se necesitaba un aceite consagrado, cuidado

por los cohanim que se podía utilizar.

Y rebuscaron y encontraron una jarrita con aceite

con suficiente líquido para una noche, para un día.

Y se necesitaba

como una semana para producir nuevamente

aceite consagrado. Entonces no sabía qué hacer,

si encender la menorá o no encenderla.

La encendían y luego se apagaría. No sé qué harías tú, qué haría yo.

A lo mejor uno piensa: "Mira, si tengo el aceite,

tengo que encenderla. Si luego no tengo, veré qué hago".

Bueno, resultó que hubo un milagro.

¿Cuál fue el milagro? El milagro fue que el aceite,

en lugar de durar 24 horas, duró por ocho días,

suficiente tiempo para que venga

aceite nuevo consagrado. Ese milagro fue algo especial.

Entonces nuestros sabios decidieron al año siguiente decretar

que cada uno encienda

un candelabro parecido a la menorá.

En lugar de tener siete brazos, como tenía la menorá,

tenemos uno con ocho brazos para que cada noche se encienda

una luz nueva.

Por otro lado, ¿cómo llegaron al Beit Hamikdash?

Mira, si había un ejército de ocupación,

es que hubo una rebelión de los jashmonaím,

de los descendientes de Matitiáhu,

que fue uno de los sacerdotes

del Beit Hamikdash. Y la comunidad judía

también estaba dividida, no todo el mundo estaba de acuerdo

con esa acción guerrillera. Había los que se llamaban los "mitiavnim",

los que querían helenizarse. Mira, la cultura griega es extraordinaria.

Mira, adora la belleza con los gimnasios,

con las esculturas. El arte, las ciencias.

Muy atractiva. Entonces había mucha gente,

la comunidad quiere hablar griego, ellos quieren ser como los griegos.

Recuerdo una película, "Los griegos eran así",

de mil años atrás, porque soy de mil años atrás.

(RÍE)

Entonces era encantador eso,

pero otros querían: "No, nosotros queremos retener

nuestra identidad". Entonces lucharon y vencieron,

entraron entonces, digo, al Beit Hamikdash

y encendieron la menorá.

Ahora te pregunto a ti: ¿cuál de los dos eventos

es más importante?

¿La lucha de los jashmonaím,

que era una lucha interna también contra los que querían ser

helenizadores, o el milagro del aceite? ¿Qué es más importante?

Qué pregunta tan difícil, ¿no?

Bueno, mira, está clarísimo que sin la lucha de los jashmonaím

no hubiera menorá encendida.

Entonces ¿qué estamos celebrando? Creo que Janucá se debería celebrar

con desfiles militares,

con los niños vestidos

como Yehudá Macabí. "Vamos a luchar, vamos a derrotar

a estos invasores". Creo que nuestra tradición

está en contra de los milagros.

Mira, dicen nuestros sabios lo siguiente:

"Dios hizo el mundo en seis días.

En el último momento, en el crepúsculo del día,

hizo diez cosas más".

Por ejemplo, una de las cosas que hizo fue

la boca del burro que iba a hablarle a Bileam.

Qué diferencia es eso.

Pero creo que demuestra que nuestros sabios

estaban en contra de los milagros.

No es que este burro de repente empezó a hablar,

el milagro es que todos los burros rebuznan.

El milagro es que todos los caballos relinchan.

El milagro es que vas a un árbol que da peras

que te da peras y no te da otras cosas.

Ese es el milagro.

El milagro es lo que existe alrededor nuestro,

que el sol se pone y se baja, que las estrellas están.

Ese es el gran milagro de Dios.

Qué importante. Y las excepciones

Dios las hizo de un principio,

no es que hubo un cambio en la naturaleza que no funcionó,

no, eso se hizo así a propósito.

Entonces nuestros sabios están en contra de milagros.

Entonces ¿por qué es que celebramos

el milagro de la menorá? Mira, muchas veces pienso

que las preguntas son mejores que las respuestas.

En su caso, las preguntas y las respuestas son buenísimas.

No, no, mira, alguien dice que cuando una pregunta tiene

respuesta, solo ignorancia, no sabías de antemano,

las preguntas reales son las cuales no tienen respuestas.

Yo pienso así.

Nuestros sabios no quisieron perpetuar

ejercicios militares. No quisieron perpetuar la fuerza.

La fuerza se utiliza como último recurso,

pero no es lo que nosotros debemos hacer.

Lo que nos mantiene a nosotros es la enseñanza

del Beit Hamikdash, la luz que implica el estudio,

eso es lo que tenemos que recordar.

Tuvimos que utilizar la fuerza, no tuvimos más remedio.

Hubiera sido preferible no utilizarla,

pero tenemos que asegurarnos de eso.

Y también creo que Janucá trae un gran mensaje

en lo que se refiere a la asimilación, o sea,

mira, el pueblo judío vive hoy en día en diferentes lugares.

Gracias a Dios que hay un Estado de Israel

que tiene hoy en día ya, es la población judía más importante

del mundo, mayor que la de Estados Unidos.

Pero en España hay una comunidad judía,

en Francia hay, en Inglaterra hay,

en Venezuela hay, en Brasil,

en muchos lugares del mundo en realidad hay.

Ahora, ¿qué debemos hacer nosotros?

¿Aislarnos o debemos integrarnos

a la sociedad? Ese es

un problema, un desafío que tenemos todos nosotros.

Mira, estamos hablando español.

Tú sabes que la Torá no fue escrita en español.

Puede ser que tus antepasados judíos españoles

hablaron eso, pero yo provengo de Polonia.

Mis antepasados no hablaban español.

Seguro que no. No hablaban latino,

hablaban polaco, yo qué sé qué hablaban.

Pero estamos hablando español,

nos hemos asimilado. Mira, fui a la universidad también,

fui a una yeshivá para ser rabino,

pero al mismo tiempo tuve estudios universitarios

que no tenían que ver nada con judaísmo.

Claro. Entonces ¿qué tenemos que hacer?

¿Asimilarnos? Bueno, es un balance muy delicado.

Mira, hay muchas cosas buenas en el mundo.

¿Quiero decir yo, como judío,

que los únicos buenos en este mundo somos los judíos?

Eso no es verdad.

Totalmente. Hay muchísima gente honrada.

Absolutamente. Devota, hay personas ejemplares

en el mundo también de las cuales puedo aprender

y no son judíos.

Completamente. Tengo que aprender de todo el mundo,

pero tengo que saber diferenciar también.

Hay ciertos desmanes en este mundo de los cuales no quiero contagiarme

y hay otras cosas de las cuales quiero aprender.

Así que muchas veces es muy difícil,

es un balance muy delicado que no todos sabemos cómo hacerlo

y a lo mejor lo que Janucá nos está enseñando

es que si tú te helenizas, te rindes a la cultura general

de todos, vas a desaparecer.

Y el pueblo judío creo que puede aportar

mientras mantiene su individualidad también.

Si no mantenemos

la especificación de ser judío, no podemos aportar a la humanidad.

Dice la tradición judía que Dios creó a la primera pareja

el sexto día, los puso en el jardín del Edén,

les dijo una sola cosa: "Mira, no coman de ese fruto",

comieron y los expulsaron.

No duró el experimento.

La serpiente fue la que le dijo:

"No te preocupes, puedes tomar eso,

vas a ser como Dios". Dios le dijo luego a la serpiente:

"Maldita serás. Vas a arrastrarte sobre tu vientre

y vas a comer el polvo de la tierra".

Entonces un gran rabino jasídico

en una oportunidad dijo:

"¿Qué maldición es esa? Polvo hay en todas partes".

Sí, claro. Entonces puede,

siempre va a tener que comer. Entonces ¿qué es esa maldición?

Entonces dijo algo que es muy agudo,

él dijo que la serpiente jamás va a tener que pedirle nada a Dios,

porque tiene sustento.

Muy profundo.

O sea, el hecho de que puedes comunicarte con Dios,

que te hace falta algo,

eso establece una relación con el Creador.

La serpiente no lo tiene.

Pero a la mujer no la maldijo,

le dijo que con dolor darás a luz.

Al hombre le dijo que con el sudor de tu frente

comerás, pero no lo maldijo.

Creo que es una bendición.

Creo que, cuando uno come el pan con el sudor de su frente,

lo aprecia.

Lo valora. La relación que hay entre madre

e hijo es mucho más cercana

que entre el padre e hijo

porque ella dio a luz. Eso fue con esfuerzo, cargó

a la criatura por nueve meses.

Establece una conexión.

Creo que todo eso es más bien una bendición.

Entonces creo que el pueblo judío

los retos que ha tenido, los desafíos, en lugar de ser

un castigo que la sociedad le impuso,

al contrario, fue un entrenamiento.

¿Qué le diría usted a los jóvenes judíos?

Yo le diría lo siguiente: "Mira, recuerda que eres judío,

que tienes ciertos principios.

Esos principios nunca puedes violar

ni negociar con ellos.

Pero, por otro lado, aquí hay un gran mundo

donde puedes aprender mucho. Mira, hay matemáticas en el Talmud,

sin duda alguna, pero no se comparan

a las matemáticas que tenemos hoy en día en el mundo,

es algo totalmente diferente.

Mira, cuando la Torá fue dada no había teléfonos celulares.

Era otra cosa. Hay

muchos progresos en el mundo, adelantos,

pero también vemos que esos teléfonos

impiden la comunicación personal.

Uno va a la oficina de un médico y hay

ocho pacientes esperando cada uno con su propio teléfono.

En el restaurante hay cuatro personas

y cada uno tiene su teléfono.

Es cierto, es triste. Es que la relación personal

está desapareci...

Se pierde. ¿Quiere decir

que vamos a eliminar los teléfonos?

No, ya no podemos hacer eso, pero tenemos que aprender cómo vamos

a, de alguna manera, manejar esa situación nueva que han creado

esos teléfonos y muchas otras cosas en este mundo.

Yo estudié durante muchos años en Nueva York alejado de mis padres,

durante cinco años no vi a mis padres,

que vivían en Lima, Perú. Yo les escribía una carta semanal

todos los viernes religiosamente.

No levantaba el teléfono porque eso costaba una fortuna

en aquel entonces. Hoy día nos cuesta trabajo pensar.

Hoy en día con WhatsApp estás por todas partes.

¿Quién escribe cartas? Hoy escribes mensajitos,

44, no más, no se acepta más por Twitter.

Es un mundo diferente.

¿Quiere decir que el mundo de hoy es peor?

No. No.

Es diferente. Tienes que adaptarte a eso.

Lo que tiene que ser básico son

los principios morales fundamentales:

honra a tu padre;

ama a tu prójimo como a ti mismo; lo que no te gusta que te hagan a ti

no lo hagas al otro; da la pesa correcta; no mientas.

Esos son los valores que tenemos que mantener

a todo momento y nada puede superar eso.

Entonces a lo mejor el periodo de Janucá quiere decir

que tenemos que estudiar más la Torá,

que la menorá arroja luz,

porque, si vives en un mundo que tiene muchos encantos por fuera,

no te olvides de que, si empiezas a negociar

con tus principios, puedes caer en la trampa

de que vas a abandonar la esencia de lo que te hace judío.

Si Dios quiere. Aquí tiene usted su familia.

Un feliz Janucá para toda España

y para todo el que nos oye.

Muchas gracias. Nosotros aquí llegamos

al final de nuestro programa

felices de haber compartido estas reflexiones y estamos seguros

de que las bendiciones del rabino Brener les alcanzarán

a todos. A la luz de esas velas, si Dios quiere, y con la ilusión

de tenerlas encendidas, nosotros hoy nos despedimos

y les deseamos y les decimos a todos: "Shalom".

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Shalom - Hanuka con el rabino Brener

22 dic 2019

En el programa de hoy les invitamos a que celebren con nosotros un año más Hanuka, la fiesta de la luz y de la fe, en donde los judíos del mundo entero celebramos la continuidad de nuestros valores y principios a pesar de las dificultades por las que ha pasado nuestro Pueblo.

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