Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 828 - ver ahora
Transcripción completa

Inspector Okoye, la agente Bremón. Va a ser tu nuevo binomio.

Sí, soy Joaquín Rodríguez, director del hotel Novasur.

Quizá haya aquí un puesto de trabajo que pueda interesarte.

-O sea, que sería como un comodín, ¿no?

De estos chicos que hacen de todo. -Es lo que hay.

-No puede ser. ¿Qué posibilidad hay

de que dos amantes del arte sacro coincidan en esta sala

en un barrio como este?

(SUSPIRA) -Mi marido era muy buena persona,

pero incapaz de ahorrar un céntimo.

-¿A cuánto asciende la derrama de la comunidad?

-Debo casi 300 euros.

-Yo podría comprar el relicario por esa cantidad

a través de la fundación para la que trabajo.

-¿Haría eso por mí?

-Yo sé que tú ayudaste a ese tío a salir de Madrid.

Quiero saber cómo y dónde está ahora.

Estoy dispuesto a compartir contigo la ruta del sur.

-Es una oportunidad de oro.

Quintero me necesita, y yo lo voy a aprovechar.

-Si quieres tener la ruta del sur entera,

deberás ofrecerme la cabeza de Khan en bandeja de plata.

(Música emocionante)

(Ladridos)

¿Un antiguo socio de Vlado Khan?

Vale. Espera, Iker, que lo apunto. ¿Cómo se llama?

Nikolai Velechev.

Vale.

Y... ¿sabemos si se reunió con él? ¿Hay indicios?

No. Ah. Viaja con una mujer.

Nadia Dimitrova.

Vale.

Vale. Bucarest, Belgrado, Sofía y Plagwitz.

No hay registro de eso. Vale.

Y no sabemos si trabajan para él o... No.

Vale, oye, y... entonces no tenemos mucho más, ¿no?

Bien. ¿Y qué opina Christine de esto?

Ya. No también creo que no hay que descartar nada.

Claro. Bien.

Pues me tienes al tanto, ¿de acuerdo?

Oye, dale un beso muy grande a Leo de mi parte.

Venga, un beso. Hasta luego. Chao.

No, Satur. Por mí, cuanto antes, mejor. Perfecto.

Lo consulto con mi mujer y te digo, ¿vale?

Venga.

¿Qué tienes que consultar con tu mujer?

Era Satur.

Que si queremos que pinten esta semana tiene que ser mañana.

En una semana entra en unas oficinas y tiene para largo.

Pero ¿vamos a pintar ahora?

Ya lo habíamos hablado.

Esto necesita una mano de pintura. ¿No te acuerdas?

Antonio, sí me acuerdo.

Recuerdo que hablamos de eso pero de pasada.

Y hace mucho tiempo.

Entre medias han pasado muchas cosas.

Pero es el momento, ahora que estamos tranquilos.

Esto necesita un nuevo aire.

¿Cuánto hace que no pintamos? Las esquinas tienen raspaduras.

A ver, yo no digo que no necesite la casa una mano de pintura.

No digo eso, pero...

Pero después de todo lo que ha pasado,

yo creo que a mí, las rozaduras, o las raspaduras, como dices tú,

me dan un poco igual.

Yo ahora necesito un poco de tranquilidad.

Pues tú verás, porque tarde o temprano lo haremos.

Y tendrás que lidiar tú con Satur.

Llevo varias semanas tras él, y ahora que puede...

Y otro pintor, ni hablar.

Este es limpio, muy bueno y muy rápido.

Vamos, metemos otro aquí y la que nos lía.

(RESOPLA)

Vale, pues pintamos ya.

Esa es la actitud.

¿De qué color quieres que la pintemos?

O podemos empapelar, que está muy de moda.

O pintar y empapelar. Me da igual. No te preocupes.

Tengo muy buenas ideas. Miré varias páginas de decoración.

Hay cosas chulas. ¿Te las enseño? No, ahora no.

Ahora no. Haz una cosa: tú ponte de acuerdo con Satur.

A mí me parecerá todo bien, de verdad.

Bueno, eso está hecho. Ahora mismo confirmo y listo.

Satur. Listo.

Sí, perfecto.

(ÁNGEL) -¿Qué?

¿Muy elegante? (DANIELA) -Oye, estás muy guapo, ¿no?

¿Tienes alguna cita con una chica y no me dijiste o qué?

-Ya quisiera yo, mi Dani.

No. ¿Por dentro o por fuera?

-No, por fuera.

Pero ¿entonces vas a seguir repartiendo currículums?

-Bueno, sí. Eso tendría que hacer, sí.

Pero voy a mi primer día de trabajo.

-¿Qué? Ay, no. No es cierto, Angelito.

Pero ¿cómo? ¿Por qué no me dijiste nada?

-Te esperé anoche, pero no llegabas y me dormí.

-Pero ¿qué trabajo? ¿Dónde? ¡Cuéntame!

-¿Te acuerdas del hotel? El Novasur.

-Ay, qué gusto, Angelito. Y las condiciones, ¿qué tal?

-Las condiciones mal.

Contrato semanal, con salario mínimo interprofesional,

y el horario, pues según... variable.

Que vete tú a saber a qué se refiere.

Pero ya está. Con tener trabajo... -Sí, no, calla.

Que cada vez que recuerdo lo de la mensajería,

le doy gracias a Dios de que salieras de ahí.

-Sí.

(SUSPIRA) -¿Y cuándo empiezas? -Bueno, en unas horitas.

Tengo que ir, me enseñará el hotel, me pondrá a limpiar el garaje...

Este señor no me dejará tranquilo ni un minuto. Ya te lo digo.

Pero bueno, quiero llegar antes, una media horita,

para dar buena impresión, que vean que somos una familia decente.

-Angelito, estoy muy orgullosa de ti.

Y seguro que si mi mamá viviera, también lo estaría.

Bueno, pues el primer día siempre es difícil.

O sea, que tú ten paciencia, tranquilo, poco a poco...

-Sí. Ya sabía que iba a llegar la doña sermones.

Nada, tranquila. Yo sé lo que voy a hacer.

Tú sí que deberías preocuparte. Vi la hora, y ya vas tarde, Dani.

-Ay, sí. Contigo se me va el santo al cielo.

Pero bueno, mucha suerte, Angelito.

Y ya me cuentas. -Venga.

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

-Si cambiamos este por este sí que cuadra.

-Vale. -¿Se puede?

-¡Cuca! Claro, adelante.

Es la mujer de la que te hablé antes.

Él es Miguel, mi jefe.

-Mucho gusto. -Encantada.

-¿Viene a por los horarios de los buses?

-No, no. La verdad, busco al padre Ricardo.

¿Le habéis visto por aquí?

-No. No le he vuelto a ver.

-Es que hemos quedado en mi casa y no ha venido. Estoy preocupada.

-¿Ha probado a llamarle? -Sí.

Le llamé, pero no lo coge. No sé qué puede haber pasado.

-Bueno, no se preocupe tampoco, que igual no es nada.

Tendrá una explicación.

Igual ha vuelto a casa.

Él no era de Madrid, ¿no? -No, de Zamora.

Pero no se habría ido sin despedirse de mí.

Nos conocemos hace poco, pero hemos hecho muy buenas migas.

Me dijo que estaría aquí unos días

para dar una ponencia en un congreso de arte sacro.

-Y... ¿sabe dónde se aloja?

-Sí. En una casa parroquial del Distrito Sur.

Santa Teresa se llama.

-La conozco. ¿Quiere que llame, a ver si está ahí?

-Ah, pues sí. (MIGUEL) -Para eso estamos.

-¿Puedo usar la sala de ordenadores? -Claro.

Si necesita algo, me avisa. -Muchas gracias.

-Santa Teresa...

(PATY) -A ver...

-Hola, buenos días.

Mira, soy Miguel Herrera, del centro cívico de Distrito Sur,

y estoy buscando a un sacerdote, el padre Ricardo.

Creo que es de Zamora y está aquí por un congreso de arte sacro.

Sí. Sí, claro. Espero.

-Da gusto hacer negocios con gente tan formal.

-El gusto es mío, padre. Es una obra única.

-Vaya con Dios.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¿Sí?

-Soy Joaquín Rodríguez, director del hotel.

Buenos días, padre. No quería molestarle.

Solo quería saber si su ducha funciona bien.

-Funciona perfectamente. Gracias. -Bueno, me alegro.

Y quería pedirle disculpas en nombre del hotel y en el mío

por las molestias que hayamos podido causarle.

-Ninguna. Además, no sé quién arregló la avería,

pero lo ha hecho de maravilla. Funciona como la seda.

-Fue un profesional de primera. No podía ser de otro modo.

No es el más barato, pero aquí no escatimamos con los clientes.

Si no manda nada más... -Ahora que lo dice...

Pase un momento, por favor. -Sí.

Dígame, padre.

-Pues verá...

Me gustaría pedirle un favor.

-Dígame. Por supuesto.

-¿Se acuerda de la joven

que nos encontramos en recepción ayer?

La esteticién.

-Era la primera vez que venía aquí.

No... Una clienta tuvo un compromiso y tuvimos que llamarla,

pero no es un servicio que ofrezca el hotel.

-No, lo imaginaba.

Pero me gustaría concertar una cita con ella.

Si fuera posible.

-¿Usted necesita... los servicios de una... esteticién?

-Sí. ¿Algún problema?

-No. No, simplemente estaba pensando que...

esa señorita quizá tenga la agenda totalmente completa esta semana,

pero... encontraremos otra.

No se preocupe. -El caso es que

concretamente me gustaría que fuera ella.

Estoy seguro de que puede darme los servicios que estoy buscando.

-Verá usted, padre:

las tarifas de esa esteticién

son sustancialmente más altas que las de las demás... esteticienes.

No sé si me entiende. -Perfectamente.

Y el dinero no es ningún problema.

Además, salta a la vista

los atributos angelicales que tiene. Es normal pagar más.

-Ya. No se preocupe.

Supongo que encontrará un hueco en su agenda.

Yo me encargo de avisarla. -No sabe el favor que me hace.

Que Dios le bendiga, hijo.

(Música de suspense)

-Nada. En el congreso no tienen constancia de él,

ni como asistente ni como ponente. Nada.

-A mí esto no me huele bien. Ese cura no me dio buen rollo.

-¿Habéis hablado con el padre Ricardo?

-Pues no, Cuca.

Hemos llamado a la casa parroquial y al congreso,

pero no saben nada de él.

-¿No os habréis equivocado de congreso?

-Bueno, doña Cuca, es que solo hay

un Congreso Internacional de Arte Sacro en Madrid.

-Ah.

Pues estoy preocupada por él.

Debe haberle pasado algo.

-¿Cómo se conocieron ustedes?

-Aquí, en el centro. En la sala de ordenadores.

-Ah, me acuerdo de ese día.

Que usted tenía un problema y él le ayudó, ¿no?

-Sí.

Resultó que los dos éramos aficionados al arte sacro.

Enseguida nos hicimos amigos.

-No le prestaría usted dinero.

-¿Quién, yo? No.

Al revés. Él me lo consiguió a mí.

Que falta me hace.

-¿Él le consiguió dinero a usted? (CUCA) -Sí.

-¿A qué se refiere? (CUCA) -Es que tengo una derrama,

de la comunidad de vecinos, y no tenía para pagarlo.

-¿Y él le dejó el dinero? (CUCA) -No.

Yo tengo un relicario en casa. Tenía.

Tenía un relicario de mi marido.

Precioso. A él le encantaba.

Decía que había sido del papa Sotero.

(CUCA RÍE) -Y se lo vendió.

(CUCA) -No.

El padre Ricardo conocía a un tasador

y me hizo el favor de llevárselo para que lo valorase.

Pero fue un chasco. (RISA SARCÁSTICA)

No valía tanto como pensaba mi marido.

-Me pierdo. ¿Lo vendió al final o no? (CUCA) -Sí. (RÍE)

Pero me lo compró el padre Ricardo. Fue muy generoso.

No valía ni 100 euros

y me pagó 300 para ayudarme con la derrama.

Mirad. Aquí tengo el documento de tasación.

(SUSPIRA) -Juan José Toro.

¿Este es el tasador? -Sí.

-¿Cómo dices que se llama? -Juan José Toro.

(PATY CARRASPEA)

-A ver.

Juan José...

(LEE) "Juan José Toro, tasadores.

Juan José Toro, tasador".

Pues este hombre existe.

Parece que es un tasador de verdad.

-Claro que es un tasador de verdad. ¿Por qué no iba a serlo?

-Bueno, porque nos parece un poco extraño todo esto.

Pero... yo las dudas que tengo

es si este documento es legal, es real, es oficial.

-Pues claro que es legal. Si tiene ahí la firma y todo.

Y hasta el sello.

-Ya, pero Cuca, es que esto es muy raro.

(MIGUEL) -Es raro, doña Cuca,

porque en esta casa, en Santa Teresa, no conocen a este hombre,

en el congreso tampoco saben nada de él,

le ha pagado el triple de lo que dice que vale el relicario,

y todo eso es extraño.

-¿Queréis decir que...? -Que esto igual podría ser un timo.

Y lo mismo ese hombre ni es sacerdote.

-Pero si no puede ser. Se le ve una bellísima persona.

Y claro que es sacerdote. Eso se nota.

-Yo creo que lo mejor que puede hacer, doña Cuca,

es ir a la Policía y contarles todo lo que nos ha contado a nosotros,

enseñarles este documento y que ellos contacten con el padre Ricardo.

Y bueno, ahí veremos qué pasa.

-Pero si el padre Ricardo no ha hecho más que ayudarme.

(PATY) -Mire, si quiere, yo le acompaño a comisaría

y lo contamos todo.

Seguro que usted tiene razón y no pasó nada,

pero es mejor ir y quedarnos todos tranquilos.

-Yo creo que sí.

(PATY) -¿Vamos? -Bueno.

-Traiga.

-Gracias.

(Pasos alejándose)

Pues no tiene buena pinta.

No veo número de registro, y...

el papel no es el oficial, desde luego.

No sé, la firma podría ser auténtica,

pero también podría ser una falsificación.

En cualquier caso,

habrá que preguntarle al tasador si reconoce el documento como suyo.

O sea, que me han estafado.

No lo sabemos, pero lo averiguaremos.

Vamos a ver si encontramos al padre Ricardo

y averiguamos si es quien dice que es.

¿Me podría dar los datos que tiene sobre él?

Pues... es de Zamora,

trabaja para una fundación religiosa muy humilde...

Por eso se queda

en la casa parroquial, para ahorrar.

Ya. Y físicamente, ¿podría decirme cómo es?

No sé: alto, bajo, grueso, delgado...

Si lleva gafas, por ejemplo. Pues es de mediana estatura,

con el pelo blanco, mucho pelo,

nariz larga, y...

con aspecto de muy buena persona.

Perdóneme. Es que...

Es que tengo un disgusto...

Bueno, no se preocupe. La comprendo perfectamente.

Tranquila.

¿Está mejor? Sí, gracias.

Y el relicario, ¿cómo es?

Si me lo describe, cuantos más detalles, más fácil recuperarlo.

Es un relicario muy hermoso,

con un pilar grande, negro, todo dorado...

Y en medio tiene una cosa redonda... Bien.

Vale. ¿Tendría usted una fotografía?

No sé, en el móvil, en su casa. Una foto del relicario.

Pues es verdad. Tengo aquí el álbum de la colección.

Lo traía por si veía al padre Ricardo

y me quería comprar algo más.

Ya.

Aquí. Esta me parece que es, sí.

Ya.

Ya veo.

¿Le importaría que me quedara con esta fotografía?

Yo se la devuelvo. Bueno, en realidad,

si no le importa,

me gustaría quedarme un tiempo con el álbum, para...

Luego yo se lo devuelvo. Bueno...

Ojalá lo encuentren. Le gustaba mucho a mi marido.

Lo compró hace 20 años, en Grecia. Fuimos a una subasta y...

Ricardo se enamoró nada más verlo. Disculpe.

¿Dice que su marido se llamaba Ricardo?

Sí, señora. Ya...

¿Y recuerda cuánto pagó su marido por este relicario?

Pues no exactamente, pero desde luego más de 300 euros.

Decía que había hecho una buena compra

porque tenía restos del papa Sotero. Ya.

¿Qué tipo de restos? Un hueso.

-¿Qué dices? ¿Había un hueso ahí den...?

-El papa de la Caridad le llamaban.

(SUSPIRA) Es que no tenía que haberlo vendido.

Ricardo, perdóname.

¿Cómo he sido tan tonta? Bueno...

No se martirice, por favor, Cuca. ¿Vale?

No se preocupe.

Siempre hay desalmados

que están deseando aprovecharse de la gente buena.

Eso decía mi marido: que de puro buena soy tonta.

Es que yo me lo creo todo.

Antes él me abría los ojos, pero ahora estoy sola.

-No, mujer, no está sola.

Estamos aquí para ayudar en lo que haga falta.

Claro que sí. Paty tiene toda la razón.

Vamos a hacer lo que esté en nuestra mano

para ayudarla y recuperarla.

¿De acuerdo?

Muchas gracias, inspectora. Que Dios se lo pague.

Bueno. Es nuestro trabajo.

-¿Nos vamos? -Sí.

Cuídese, por favor.

Paty, la acompañas. Sí.

-Que tenga un buen día. -Muchas gracias por todo, Claudia.

(Puerta)

Adelante. ¿Se puede?

Sí, claro. ¿Tenéis novedades?

Terminamos las diligencias del caso de la trifulca.

Por si quiere verlas.

Muy bien.

Bueno, ¿qué, Carlos? ¿Te vas haciendo con Distrito Sur?

Poco a poco, pero sí.

Me estoy adaptando mucho mejor que el primer día.

Además, Paula es muy buena compañera

y me ha contado todos los secretos de aquí.

Los secretos profesionales, digo. Ya.

Nada de cotilleos.

Otra cosa es lo de encontrar piso. No sabe la de zulos que veo por ahí.

No hay nada decente por un precio razonable.

Aunque claro, no es lo mismo... (PAULA CARRASPEA)

Carlos, ya.

Sí, perdón.

Quiero asignaros un caso.

Ah. Genial. Estamos deseando volver a la acción tas la trifulca.

¿De qué se trata?

¿Sabéis qué es un relicario?

Y un relicario sacro... menos, ¿no?

(ÁNGEL) Buenos días.

Buenos días, jefe. -¿No habíamos quedado más tarde?

-Sí, pero estaba muy ilusionado con mi primer día

y dije: "Voy un poco antes". Dígame, yo estoy listo.

-La puntualidad no es un capricho.

Es una forma de ordenar tu vida y la de los demás.

-¿Me voy y regreso en media horita?

-Bah, da igual. Ya que estás aquí... A ver.

Mira, aquí tienes tu contrato.

-¿No eran dos meses de prueba? -Sí.

Pero hubo que ampliarlo por no sé qué que me dijeron en la gestoría.

Pero tranquilo. Si cumples, no hay problema.

-Sí, pero yo necesito garantía.

-A ver, Ángel. No se puede poner pegas a cada punto.

Si empezamos una relación laboral, habrá que tener confianza.

-Está bien.

-Ahora buscamos un uniforme que te venga bien

y te enseño el hotel.

Acompáñame.

(Puerta)

¿Puedes ahora? Pasa.

Me han llamado del ayuntamiento.

Están muy preocupados por el asunto del cable trampa.

Ah, sí. Lo he oído.

Es que estaba liada con un caso de una estafa.

Pero sí. Creo que hubo una víctima nueva.

Sí. Esta vez el cable estaba en el parque de la Dehesa.

Así que es cosa nuestra.

Dale prioridad absoluta a esto. Los jefes están muy nerviosos.

Un varón de apenas 30 años paseaba en bici por el parque

y lo mismo: un cable de acero enganchado a los dos árboles.

La foto da miedo.

Si llega a ir más rápido, le rebanan el cuello.

¿Y sabemos cómo está?

En el hospital.

Traumatismo craneoencefálico por la caída. No llevaba casco.

Dicen que saldrá de esta.

El próximo podría no tener tanta suerte.

Desde luego, yo no sé a quién se le ocurre hacer algo así.

A un psicópata, ¿no?

Y con ganas de guerra. Hay que pararle cuanto antes.

Ya. Pero es que cambia de escenario cada vez, y no deja rastro.

Voy a hablar con los de Distrito Dos para ver qué nos cuentan ellos.

Igual tienen algo.

De acuerdo. Debemos dar lo mejor de nosotros mismos en esto.

No podemos permitirnos otra víctima. La próxima podría ser mortal.

Vale, pues hablo con Castro y López y que se pongan con eso.

No. Quiero los mejores con esto. Dáselo a Guevara y Alonso.

Pero Guevara y Alonso están con lo del asesino de policías.

Es un caso muy importante. No digo que no.

Pero están empantanados. No saben por dónde tirar.

Ahora mismo son más útiles en este caso.

¿Dices que vamos a dejar de perseguir a un asesino

que ha matado a un compañero y que ha estado a punto de matar a otro?

En este momento todos los policías de Madrid

somos objetivos potenciales de ese tipo.

Lo sé. Cuanto antes resuelvan el caso del cable,

antes volverán a por el asesino de policías.

No te preocupes tanto.

Todas las comisarías de Madrid están buscando a ese asesino.

Pues a Elías no le gustará nada el cambio. Con razón.

¿Y eso te preocupa?

Bueno, no me preocupa, pero me gusta tener a la gente contenta.

Son subordinados, no amigos.

Pensaba que Seguridad Ciudadana era responsabilidad mía.

Y siempre lo he respetado.

Pero ahora es diferente. Me presionan del ayuntamiento.

A ti te presionan del ayuntamiento, y tú a mí. Es así, ¿no?

Si te incomoda, se lo ordeno yo. No.

Me incomode o no, es mi responsabilidad y lo haré.

Imaginaba que lo verías así. Mantenme informado.

Salgado. Miralles.

-Bueno, pues este será tu lugar de trabajo.

Recuerda todo lo que te he dicho,

porque no tenemos tiempo para repetirlo.

-No se preocupe. Todo está aquí.

-¿Habitaciones pares? -Derecha. Impares, izquierda.

-¿Cuántas de ellas son dobles?

-El 90 %.

-¿Cuántas admiten cama supletoria?

-Todas las ubicadas en esquinas interiores.

-Y...

-¿Y?

-Las cuatro de la planta baja, Ángel. Te lo he explicado.

-¿Seguro? -Sí. Anda, empieza con el "parking".

Ah, no, espera.

Cuando acabes, ve a cocinas. Allí siempre necesitan ayuda.

-¿Va a querer que yo cocine?

-¿Cómo voy a querer eso? Este es un sitio serio.

Hablo de ayudar a recoger mesas y el lavavajillas.

En los hoteles hay una palabra: tienes que ser proactivo, ¿eh?

Aquí no vale lo de: "No tengo nada que hacer, un café".

No. Aquí somos un equipo y nos ayudamos mutuamente.

-Entendido.

-Bueno.

-Jefe, ¿quiere que atienda a la señorita

y me pueda retroalimentar de...?

-Tú quieto ahí. Eso no es una clienta.

Es una... esteticién que trabaja para el hotel.

-¿Qué es eso?

-Ve al "parking", que hay mucho trabajo.

-Hasta luego. Encantado.

-Un cliente requiere tus servicios.

En este tema te pido máxima discreción.

Es un caso un poco especial. No te escandalices.

(RÍE) -He visto de todo ya.

Pocas cosas me escandalizan. -Bueno...

¿Te acuerdas del curita con el que te cruzaste ayer?

Habitación 312.

(Timbre y ascensor abierto)

(Conversación inaudible)

"Vale, muy bien".

Oye, pero en cuanto terminéis ahí, vente a mi despacho directo,

que tengo que hablar contigo.

(ELÍAS) "Sí. Acabamos de localizar a un posible sospechoso.

Vamos a hablar con él ahora.

En cuanto acabemos, vamos para allá". Bien.

"Resulta que Láinez también se apuntó a clases de salsa,

y un compañero suyo dejó la academia justo cuando le asesinaron.

Mucha casualidad, ¿no?".

Pues sí. Bueno, a ver qué os cuenta.

Oye, que te veo ahora, ¿vale? Hasta luego.

(Puerta)

Adelante.

Venga, pasad y cerrad la puerta, por favor.

¿Ya habéis hablado con el tasador? Sí.

Juan José Toro Segovia es un tasador muy importante.

Hemos quedado con él y le hemos hablado del caso.

¿Y? Sentaos, por favor.

El certificado es falso.

Él no lo ha expedido.

No conoce a ningún padre Ricardo ni ha tasado ningún relicario.

No lo había visto nunca, hasta que le enseñamos la foto.

Pero ahora viene lo mejor. O lo peor, no sé.

Resulta que es valiosísimo.

Una pieza única de ese papa. La señora tenía razón.

Sí. Toro nos ha dado una lección magistral.

Nos ha contado que esas piezas

no son tan importantes por su valor material

sino porque contienen restos de gente insigne.

Resumiendo: el cura sabía que el relicario tenía muchísimo valor

y engañó a la señora para quedárselo por cuatro perras.

O sea, que es un cura estafador.

Y a lo mejor ni siquiera es cura.

Puede que usara esa condición para engañar a la pobre Cuca, ¿no?

Claro. Es que es muy fácil engañar a alguien

cuando confía plenamente en ti.

Por eso trabajamos en equipo, Paula.

Porque hay casos en los que es muy difícil

no implicarse personalmente.

Y como todos queremos ayudar a Cuca,

lo imprescindible ahora es localizar al padre Ricardo

antes de que salga de Madrid.

Es muy probable que ya haya colocado la pieza.

Y a lo mejor está alojado en algún hotel o pensión del barrio.

Sí, es lo más lógico. Bueno. Pues llamad por teléfono

a los establecimientos hoteleros de Distrito Sur. ¿De acuerdo?

Les dais la descripción, a ver si tienen a alguien que coincida.

Y no centréis la búsqueda solo en su condición de cura.

Es probable que se registrase como civil.

De acuerdo. Pues hale.

(Teléfono)

(Pasos acercándose)

¿Qué pasa, Iván? Eh.

Aquí estoy, tomándome un descanso.

¿Tú qué, con qué andas?

Bueno, un caso de una estafa a una mujer mayor.

Pero necesitaba airearme antes de volver al lío.

¿Tú qué tal? ¿Ya instalado en el piso?

Estoy en ello. La verdad, no tengo muchas cosas.

Mi bastón, el uniforme y poco más.

Si necesitas ayuda con la mudanza, dímelo.

¿Lo dices porque soy cojo y crees que no puedo?

¿Eh? No.

No, Iván.

No quería faltarte al respeto. Lo decía por si necesitabas ayuda.

¿Qué pasa, de qué te ríes?

¿Qué? Vaya tipo estás hecho.

Pensaba que te habías enfadado. Te lo crees todo.

Y eso es peligroso para un oficial.

No. Es que no sabes la cara que has puesto.

¿Te has visto? Estabas...

Bueno. ¿Tú qué tal? ¿Sigues buscando piso?

Sí. Ya te puedes imaginar. Voy de una alegría en otra.

Mira, he estado mirando pisos con humedades.

El otro día vi un séptimo sin ascensor. Paso.

El último que me querían alquilar era un piso de dos ancianos sordos.

Es que no es fácil encontrar algo medianamente bueno.

Ya, pero quiero salir ya del zulo en el que me he metido.

Bueno. Tranquilo, que seguro que encuentras algo.

A lo mejor no es necesario. ¿Por?

Estoy pensando en volver a casa con mi mujer.

Perdona.

¿Con la que se lio con un compañero en una sala de interrogatorios?

¿Esa? Sí, esa. Mi mujer.

Está muy arrepentida. Hay que saber perdonar, ¿no?

Justo ayer vino a hacer las paces conmigo.

Me dijo mil veces que lo sentía mucho.

Que quería estar conmigo, que volviésemos a estar juntos.

Su lío ha terminado.

De primeras le dije que no, que necesitaba un poco de tiempo,

que necesitaba mi espacio.

Lo que ha pasado ha sido muy gordo como para volver tan rápido.

Pero no sé, a lo mejor en las maneras fui duro con ella.

¿Tú qué piensas?

¿Yo? Sí.

Bueno, yo, la verdad, no soy de dar consejos, porque...

Y menos en temas personales, Carlos,

porque no he estado casado, no he tenido relaciones largas...

No creo que sea el indicado para opinar.

Ya, pero en mi lugar, ¿tú qué harías?

Pues en tu lugar, yo le compraría un billete a Australia.

Solo de ida. Y me olvidaría de ella. Ya.

La voy a llamar.

Quiero arreglarlo con ella.

Pero ¿qué dices? ¿En serio? En serio.

Iván, yo ahora mismo me siento muy dolido.

Pero la sigo queriendo.

Además, todos somos humanos.

Todos podemos equivocarnos.

Y todos merecemos otra oportunidad. ¿No decimos eso siempre?

Pues... si lo tienes tan claro, ¿por qué me preguntas?

Quería saber tu opinión.

Pero tú mismo has sido el que me ha dicho

que no eres el mejor para aconsejar sobre el amor.

Obvio. Así que haz lo que te dé la gana.

¿Vale? Yo es que no puedo vivir solo.

De verdad. Me da la vida volver a casa con mi mujer

después de trabajar, y contarnos nuestro día a día,

hablar de nuestras confidencias mientras cenamos.

Precioso. Eso es precioso.

Eso es la vida. Es lo que más me gusta.

Me vuelvo loco hablando con las paredes.

No hace falta que lo jures.

Bueno, vuelvo al lío antes de que me dé la hora.

Y muchas gracias por esta charla.

Me has ayudado mucho.

El tío dejó las clases de salsa porque ya había ligado. Para eso fue.

-Sí, pero eso es típico de los tíos.

El baile les da igual. Quieren ligar.

-No todos. A mí me encanta... Vale.

Vamos a lo importante.

¿Este tío no tenía conexión alguna con Láinez?

Pues sabéis que esto debéis reportárselo a Salgado.

¿De acuerdo?

Yo os necesito para otro asunto.

¿Estáis al tanto del caso del cable trampa?

Sí. Bueno, más o menos.

Pues ha vuelto a ocurrir, y esta vez en Distrito Sur.

Tenemos en el hospital a un ciclista de treinta y tantos años

con un traumatismo craneoencefálico.

Sí, algo he oído.

Menudo desgraciado. -Desgraciado no.

Ese tío es un zumbado. Qué mala sangre.

Cuando lo pille, se entera.

Pues sí, podrás trincarlo, porque el caso es vuestro.

Aquí están los detalles

de la información que tenemos hasta ahora.

¿Y el caso de Láinez, el del asesino de policías?

-¿Estamos en los dos casos? No.

Dejáis el caso temporalmente.

¿Que nos apartas del caso?

¿Estás loca? ¡Puede matar a otro...! Elías, tranquilízate.

No se cierra el caso.

Se investiga en todas las comisarías de Madrid.

¿Y no pensabas contárnoslo?

Son órdenes, y hay que cumplirlas. Punto.

Órdenes de Salgado, ¿no? Tú no habrías decidido eso.

Este caso también es grave. Tenemos dos víctimas:

uno en Distrito Sur y otro en Distrito Dos, ¿vale?

El próximo podría no contarlo.

Claro que es grave. Como todo.

Pero no es comparable con un asesino de policías.

-¿Pasa algo?

Se escuchan las voces desde el despacho.

-Normal. Es que no están bien insonorizados los despachos.

-Guevara, si tienes algo que decirme, ahora es el momento.

Salgado, ya me ocupo yo.

Con el debido respeto, me parece una cagada que nos aparte del caso.

-¿Seguro que no necesitas ayuda?

Que me guste oír la opinión de mis agentes

no significa que no tenga autoridad sobre ellos.

Deberíais estar orgullosos de que os haya asignado este caso.

Os he elegido porque sois

los mejores investigadores de la comisaría.

No me gusta que perdáis el tiempo. -Todos somos policías,

y nadie pierde el tiempo.

Un caso difícil se resuelve echándole horas.

-Dame un solo avance,

uno solo que me haga pensar que estáis más cerca del asesino,

y seguiréis con el caso.

-No se preocupe, que nos ponemos ya con el caso del cable trampa.

-Muy bien.

Miralles.

-Lo siento, Claudia.

(ELÍAS SUSPIRA)

-Hola. -Hola, ¿qué tal? ¿Qué te pongo?

-¿Tienes limonada natural?

-Sí. De hecho, la hacemos nosotros. -Ah.

Qué bien. Pues ponme una, porfa.

-Qué bueno verte de nuevo por aquí. -Sí.

Es que este bar está muy bien, y las camareras sois muy simpáticas.

-Pues muchas gracias.

-Tienen suerte los compis de comisaría de teneros cerca.

-¿Tú también eres policía? -Sí.

Pero yo trabajo en la comisaría de Distrito Cuatro.

No está mal, pero para tomarnos algo medio decente

debemos darnos un paseo.

La zona no es tan agradable como esta.

-Ya, sí. Este barrio está muy bien.

Yo llevo poco tiempo aquí, pero me encanta.

Mi jefa es un amor, los clientes son majísimos...

Me tratan como si me conocieran de siempre.

-Qué bien.

-Ya sé los nombres de casi todos los policías.

Puedo decirte quiénes son los jefes.

-Me alegro. Sobre todo por mi marido.

Le han trasladado aquí hace poco.

-¿Tu marido también es policía? -Sí.

Se llama Carlos. Carlos Okoye.

El chico con el que estuve ayer aquí.

-Ah, sí. Es verdad. Lo conozco. Muy simpático.

Y se lleva fenomenal con los demás.

-No me extraña. Es que es muy buen compañero.

(Música sentimental)

Un pedazo de pan.

He quedado con él aquí ahora. Supongo que no tardará en llegar.

(RESOPLA)

¡Pero...!

¡Pero de verdad...!

¿De verdad? ¿No me dijiste que los pintores empezaban mañana?

Sí, bueno... Haya paz.

Satur ha traído el material para ganar tiempo.

¿No se te ha ocurrido decirle a tu amigo Satur

que al llegar a casa queremos estar tranquilos

y tener una vida normal en vez de tropezarnos con los muebles?

Bueno, no te voy a preguntar.

Ya veo que no tuviste un buen día. Pues no lo he tenido, no.

Lo siento, cariño. No es culpa tuya. Lo siento.

¿Otra vez Salgado?

¡Es que no sé qué pasa con él!

Cada vez que la situación parece reconducirse

algo ocurre que se tuerce otra vez.

Te voy a poner un vino y me lo cuentas, ¿vale?

(CHASQUEA LA LENGUA)

(Tintinar de copas)

Soy todo oídos.

Pues nada, que le ha adjudicado a Elías y a Lidia

el caso del cable trampa. ¿Te suena?

Sí, algo leí en los periódicos.

Pero no lo entiendo. Elías es de los mejores investigadores.

¿Qué problema hay?

Que le ha apartado del caso del asesino de policías.

Eso me parece un tremendo error.

¿Quién lleva la investigación? Nadie. (RISA SARCÁSTICA)

Ahora, en Distrito Sur, nadie.

Vamos a ver. Si tú crees que yo me lo he tomado a mal,

imagínate cómo se lo tomó Elías. Me lo puedo imaginar.

El problema es que para Elías no es un caso normal.

Él busca al asesino de su compañero y al que casi mata a Santiago Ríos.

Cuando supo que le sacaba del caso se puso como una hidra.

Pero el problema no es ese.

Lo peor es que de repente le estoy explicando a Elías

que es una orden, que no hay vuelta de hoja,

y aparece Salgado como de la nada,

hecho un macho alfa, y que si me tiene que ayudar.

Como si no pudiera manejarme con mi gente. ¡A ver!

Ya veo que es de los que necesita marcar el territorio.

Si no, no está contento, ¿no? Tampoco te creas que es así.

Es que no todo el tiempo es igual. Me da una de cal y otra de arena.

Y es que no sé a qué atenerme con él. No lo sé.

Yo tengo un remedio para cuando hay problemas en el trabajo.

¿Pedimos pizzas y nos las comemos sin pensar que engordan?

Mira, Antonio, no. De verdad.

Prefiero darme una ducha para relajarme y acostarme,

porque me va a dar un bajón y... En fin.

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

Eh.

Hola, ¿qué tal? ¿Qué te pongo?

De momento, nada.

Te espera tu mujer.

Ya. Ya lo sé.

Deséame suerte.

Mucha suerte.

Muchas gracias.

(SUSPIRA)

Hola.

Hola.

Perdona si te hice esperar un poco. No pasa nada.

Es que... acabo de ver tu mensaje.

Y si me hubieses avisado antes... Para.

...podría haber salido antes. No pasa nada. No hay prisa.

Solo quería hablar contigo tranquilamente.

Es curioso. Yo también quería haberte escrito un mensaje.

Le he dado muchas vueltas a lo que me dijiste ayer y...

Creo que lo mejor es que aclaremos las cosas entre nosotros.

Sí. ¿Verdad?

Sí. Yo también creo que es lo mejor.

Claro.

Es que a ver, ayer me pillaste... descolocado.

No sabía que vendrías, y me cerré en banda, pero...

(CARRASPEA) Yo estoy muy dolido, Inés.

Sin embargo, te has disculpado, que es lo que importa.

Es igual, Carlos. Tú tienes razón.

Razón ¿en qué?

En que... es mejor que lo dejemos.

Que cada uno haga su vida, y luego ya se verá.

No puedo justificar lo que hice.

Estuvo mal y punto.

Pero creo que debemos reconocer

que llevamos tiempo a medio gas como pareja.

Lo mejor que podemos hacer es darnos un poco de aire.

Sí, claro.

Claro, sí. Sí.

Un poco de aire es lo mejor para esto.

Sí.

Yo... solo espero que algún día puedas perdonarme.

Yo no te guardo ningún rencor, Inés.

Tú siempre tan bueno y tan generoso.

Es lo mejor. Sí.

Es lo mejor. Un poco de tiempo individual

para aclararnos y así volver a estar juntos, ¿verdad?

Tú lo has dicho.

Tenemos mucho que procesar.

(ASIENTE)

(SUSPIRA)

Bueno, pues... vamos hablando.

Claro. Y...

Estamos en contacto. Estamos en contacto.

¿Qué pasa, tío? Eh.

¿Qué tal con tu señora?

¿Ha triunfado el amor verdadero?

Soy... patético, Iván.

Bueno, un poco. Un poco sí, la verdad.

(SUSPIRA) Oye, que si...

Si tú has decidido perdonarla, lo que yo opine debe darte igual.

Pero es que ayer quería volver y hoy necesita algo de tiempo.

Yo no entiendo nada.

Mira, escucha. Yo... sé que ahora mismo no lo ves, pero...

te está haciendo un favor. Con el tiempo lo verás.

No es una ruptura definitiva.

¿Qué es entonces? Pues es otra fase.

Es una fase en donde necesitamos darnos espacio para aclararnos.

¿"Necesitamos"? Sí, "necesitamos".

Necesitará ella. Tú tenías claro que querías volver.

Sí, lo sé. No hace falta que me lo recuerdes.

(Moto)

La verdad, a Carlos se le ve muy buen chico.

Pero vamos, hasta manitas en casa.

Lo tiene todo. Ni un pero como compañero.

Y el Iván ahí: "Que no...".

Es que yo alucino con él. -Sí.

Algo me ha contado Carlos.

Pero me ha contado su versión, también te digo.

-Ya. -Y mira que mi binomio habla.

-Sí. La verdad es que el chico es intensito, ¿eh? Se nota.

Pero es muy majete también.

-Sí que lo es.

Mira que lo ha pasado mal con lo de su mujer,

pero no ha hablado mal de ella en ningún momento.

-Pues eso dice mucho de él.

A mí me da pena.

O sea, se nota mogollón que no quiere estar solo,

que se muere por compartir piso... Pero con Iván lo tiene difícil.

Es todo lo contrario. Es un antisocial, va a su bola...

-Es que no pegan nada. -No.

-Uno es más callado que un muerto y el otro parece tener cuerda.

-La verdad es que sí.

(Timbre)

-Hola, mamá. -Cariño, ¿qué tal?

-Muy bien.

-Hola. -Hola.

-¿Qué tal, Verónica? -Bien.

-¿Te coges el relevo? Porque me voy a dormir.

Estoy agotada. -Vale.

-Venga. -Hasta luego.

-Chao. -Buenas noches.

-Siéntate. Estábamos picando algo.

-¿Qué tal el día?

-Pues... bien, entretenido.

He perseguido a un cura que ha robado un relicario.

Vamos, me he hecho un máster en arte sacro.

-Interesante.

(PAULA ASIENTE)

Vamos, se supone que el relicario este

tenía dentro unos huesecillos de un papa que se murió hace años.

A mí me da un poco de yuyu.

-Al menos tienes la cabeza ocupada.

-Sí, eso sí. ¿Y tú qué tal?

-Pues bien.

Vengo de la clínica, de hablar con Servet y Celia.

-¿Y qué va a pasar con ellos?

-Pues ahora soy la única socia.

La verdad, no lo sé. Debo tomar una decisión.

-Ya.

-Desde que se publicó que tu padre está en prisión,

han desaparecido los clientes.

Será difícil que no afecte a la reputación de la clínica.

-¿Y qué harás, cerrarla?

-Yo creo que sería lo más sensato, vamos.

Esto o venderla a una franquicia.

Y que no arrastre a la de Barcelona. Lo pensaré.

-Seguro que decides lo mejor.

-¿Tú has pensado en lo que te pidió tu padre?

-Pues sí. Le he estado dando vueltas,

y tengo razones tanto para ir como para no ir.

-Si no lo tienes claro, es mejor que no vayas.

-No. Bueno, mamá, mira. Sí, voy mañana a primera hora.

Ya he pedido el permiso.

-¿Quieres que vaya contigo?

-Gracias, pero... prefiero ir sola.

(ANTONIO) -Vámonos. Necesitas descansar.

Te relajas, vamos a un restaurante de lujo,

disfrutas del éxito de tu hija.

Me encantaría ir, relajarme y disfrutar.

Tú solo piensas en Vlado Khan.

¡Y ya te han dejado claro que no es tu caso!

¡Que lo dejes! ¿Quieres bajar el tono de voz?

Ya no eres mi padre. -Paula...

-No quiero volver a tener que repetirte esto en mi vida.

-He cometido muchos errores, y voy a pagar por ellos.

Pero por Dios, no digas que no soy tu padre.

-Una pregunta: ¿cómo llevas lo de Salgado?

No quiero hablar de eso.

Que sepas que yo estoy contigo incondicionalmente.

Te lo agradezco. Pero mejor no me dejes en evidencia, como ayer.

Tenemos al padre Ricardo.

Está en un hotel cercano con el nombre que le dio a Cuca:

Ricardo Arellano.

¿Novedades con lo del cable trampa? Un testigo.

Normalmente cruza el parque.

Es lo más corto del trabajo a su casa.

Anoche creyó ver a una persona sospechosa.

¿Te suena el nombre de Cuca Ordóñez?

¿Cuca? Sí, claro. Soy su asesor espiritual.

Yo no he hecho nada que la perjudique. Al revés.

-¿Sabes algo ya de Vlado Khan? -Yo quiero saber para qué lo buscas.

-No es asunto tuyo.

-Si quieres empezar una guerra con alguien como Vlado, vale,

pero... yo quiero vivir en paz.

A ver si me dejo de tonterías y busco piso.

Que entre una cosa y otra, lo estoy dejando y así me va.

Entiendo que te mosquee que te sacaran del caso de Láinez.

-¿Cómo no me va a mosquear?

Y también que esta noche vamos a estar pasando frío

para encontrarnos mañana a uno por lo del cable

con una heridita y una tirita.

-Lo que ha llevado a esas mujeres a denunciar

es su codicia y su soberbia.

En el fondo de su corazón ellas saben que yo no las engañé.

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Servir y proteger - Capítulo 828

30 oct 2020

Cuca se da cuenta, gracias a Paty y Miguel, de que el padre Ricardo ha podido estafarla y pone el caso en manos de la policía.
Ángel empieza a trabajar en el Hotel Serrano a las órdenes de Joaquín.
Carlos decide perdonar a su mujer, Inés, pero ahora es ésta quien prefiere que se den un tiempo.

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Añadir comentario ↓

  1. Sarah

    No se pueden ver las series.

    30 oct 2020
  2. Maria del Mar

    No puedo verla, me da error

    30 oct 2020