Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 825 - ver ahora
Transcripción completa

(ÁNGEL) Tarde o temprano me terminará salpicando.

No pienso trabajar con gente así.

-Te confundes, este chico en la cárcel no.

-Este miserable cometió un atraco.

En la huida, cogió un coche, me atropelló y me dejó cojo.

-Cometí un error y pagué por él.

-Te marcó lo que le pasó a Blanca Alonso, tu hermana pequeña.

-Un hombre la raptó mientras jugábamos en el parque.

-Y nadie fue capaz de encontrarla.

-Me prometió que si nos librábamos de mi hermano, podríamos ser

libres y felices. Yo no le he prometido nada

a esa mujer, y mucho menos a cambio de cargarse a su hermano.

(Golpe)

(EVA) Aquí no hay ningún Quintero.

(HANNA) "Qué raro, es su teléfono.

Si no lo veo en la plaza en dos minutos,

entro en comisaría con las pruebas de vuestra implicación

en la huida de Vlado Khan".

(Música emocionante)

(Música triste)

(Música triste)

(Música melodramática)

(ÁNGEL SUSPIRA)

-¡Buenos días!

-Buenos días.

(DANIELA) -¿Qué tal?

-¿Qué? ¿Cómo acabó la cosa ayer?

-Bueno, estuve hablando con María y con Paty.

-¿Y qué les contaste? -La verdad.

Que me inventé lo de la Costa del Sol

porque no quería que te vieran como un delincuente.

-¿Y cómo reaccionaron? -Muy muy comprensivas.

Y ellas piensan igual que yo, que eres un ejemplo de superación.

-A mí me gustaría no tener que superar nada.

-Bueno, pero...

Estabas muy niño y estábamos recién llegados de México.

-¿Y qué? Tú también estabas muy niña

y no hiciste tonterías.

-Bueno, pero no me costó tanto trabajo integrarme.

Tú, en cambio, tuviste muy malas experiencias,

te costó trabajo hacer amigos...

Estabas perdido, asustado.

Estar con Los Discípulos te hacía sentir

que formabas parte de algo.

-Impresionante lo que estaba yo dispuesto a hacer por pertenecer.

Qué idiota. -Bueno...

Me imagino que encontrarte con Iván cara a cara ayer

te hizo revivir todo aquello, ¿verdad?

-Reviví todo.

De repente estaba allí, en la gasolinería.

Todos me estaban viendo.

Es normal que me odie.

-Sí, yo creo que él también ha sufrido mucho

y he visto que cuando cojea le duele...

-Ya, ya, Dani.

Ya está, que voy a tener que cargar con esto toda mi vida.

No me lo estés recordando.

Y más ahora que vivimos en el mismo barrio.

-Pero olvídate de eso ya.

-¿Cómo me voy a olvidar? Si me lo cruzaré todo el tiempo.

Tú viste cómo me miró.

-Sí, fue un momento muy difícil.

La verdad es que hiciste bien en irte cuando te lo pidió.

-Quizá ya no voy a poder ir a La Parra. Lo siento.

-Pero ¿por qué? -¿Cómo que por qué?

Porque no me lo puedo estar cruzando todo el día.

-Bueno...

Ahorita tú concéntrate en encontrar un trabajo.

Es lo que tienes que hacer. -Trabajo, trabajo.

Otra vez el temita.

Siete años sin experiencia laboral,

estudios en la cárcel... Eso los espanta, Dani.

-Bueno, en este caso, lo que tenemos que hacer

es arreglar un poquito tu currículum,

como hace todo el mundo.

-O sea, mentir. -No, no es mentir.

Es poner el foco de atención en tus virtudes.

Tú di que has trabajado en mantenimiento de hoteles.

O no, mejor de hostales, porque es más difícil de comprobar.

Las tareas que hiciste en la cárcel hay que ponerlas,

pero como si las hubieses hecho trabajando en hostelería.

-Lo que tendría que haber estudiado en la cárcel es actuación

para poder mentir a gusto.

-No, es una mentirijilla piadosa.

El chiste es que vean que dominas la fontanería y la electricidad.

-Órale, pues. -Va.

-Me vas a tener que ayudar porque no controlo los ordenadores.

-Tú tranquilo, que entre los dos lo dejamos "niquelao",

como dice María. ¡Ándale!

Vete a por la "compu". -No me gusta...

-Está en mi cama. -Está bien.

-Ay, Dios.

(LARA) -¿Quieres café? -No, con el zumo tengo suficiente.

-¿No vas a comer nada? -No tengo apetito.

-Ya, normal. Acabas de detener a tu padre.

Es un trago complicado. (SUSPIRA) -Ay, madre mía.

Mañana juro el cargo y no tengo ninguna gana.

Se me ha quitado la ilusión.

-¿La ilusión de qué? ¿De ser policía?

-De eso también, pero ya me quitó la idea ayer mi tío.

-Me alegro mucho, la verdad.

Es algo de lo que te arrepentirías toda tu vida.

De verdad te digo que creo que tienes madera para este trabajo.

-Gracias, pero se me hace muy cuesta arriba

pensar en la ceremonia.

Preferiría un correo con mi próximo destino y ya.

-¡Anda ya, qué dices!

Es un acto muy especial. Lo vas a recordar toda tu vida.

-Ya, pero todo el mundo sabrá lo que ha pasado,

habrá miradas, me preguntarán... -Que no.

La gente no estará pendiente para fastidiarte.

Estarán a lo suyo, celebrando su día, con su familia.

-¿Tú con quién vas a ir, por cierto? -Con mi madre,

con mi tío y me imagino que vendrán mis primos.

(Timbre)

-¿Esperas a alguien? -A lo mejor es mi madre.

¡Mamá! -¡Cariño!

Ay, qué ganas tenía de verte. -Yo a ti también.

-Verónica, ¿cómo estás? -Bien, gracias.

-Te quedas unos días por aquí, ¿no? -Sí.

-Perfecto. Nos vemos con calma en otro momento

porque me voy a la comisaría. -Claro.

-Hasta luego. -Chao, hasta luego.

-Oye, ¿y tu maleta?

-La he dejado en el hotel.

Me he pillado uno en frente de la estación de Atocha.

-Te dije que te quedaras aquí, en mi habitación.

Yo puedo dormir en el sofá.

¿Quieres café?

-Sí. He madrugado bastante y no me tengo en pie.

Ay...

¿Qué tal? ¿Cómo has amanecido hoy?

-Sigo alucinando con lo que ha hecho papá, la verdad.

(ASIENTE) -Ahora entiendo las pesadillas que tenía

cuando murió Malena Torrent.

Y él decía que estaba estresado por el trabajo.

-Bueno, al menos antes parecía arrepentido.

Ahora se ha vuelto un cínico.

No te imaginas la de mentiras que nos contó en el interrogatorio.

-En eso tiene experiencia.

-Ya... Lo dices por todas las infidelidades, ¿no?

(VERÓNICA ASIENTE)

-Y porque cuando apareció el cadáver de esa chica

él insistía en que no tenía nada que ver.

(SONRÍE IRÓNICA) -Y encima se hacía el ofendido

cuando Miralles quiso investigarlo.

Hasta que apareció Jesús Otero y confesó haber matado a Malena

a cambio de un pastizal.

-No sé cómo pude dormir con él sin darme cuenta de lo que pasaba.

No sabes cómo me pesa.

-Pues imagínate a mí, que aparte de ser su hija soy policía.

Se supone que tengo ojo para esto.

-Pero es lo que has terminado haciendo.

Según tu tío Emilio, tú lo desenmascaraste todo.

-Pero un poco tarde.

No me di cuenta de que tenía relación con Ramón Rojo.

Lo peor fue luego, la sangre fría que tuvo

para matar a Jesús Otero.

Madre mía...

-No sé, cariño, cómo vas a hacerlo, pero tendremos que superarlo.

-Pues no sé a ti, pero a mí me va a costar mucho.

-No estás sola, ¿vale? Me tienes a mí, a tu tío Emilio.

Igual que mañana en tu jura del cargo.

Vamos a estar ahí todos juntos. Va a ser emocionante.

-¿Tú crees? Yo no estoy muy motivada, la verdad.

-Normal.

Pero ya verás que cuando estés allí,

aunque sea solo por un instante, te olvidas de todo.

-Ojalá.

(Música triste)

-¿Dices que esa mujer es la hija de El Balas? ¿En serio?

(ASOMBRADO) Vaya...

¿Sabes si ha heredado también las maneras de hacer del padre?

Sí, tranquilo, no pasa nada. Hablamos en otro momento.

Gracias por la información, Selu. Chao.

-Hola. -¿Qué haces aquí?

Tu turno no empieza hasta dentro de un par de horas.

-Ya... Es que mi compañera de piso está con un cliente

y me cuesta estar en casa en esas situaciones.

De hecho, estoy pensando en mudarme. -Creo que no estaría nada mal.

Así vas dejando de lado el mundo de la prostitución.

Y si borras todos los contactos que tengas en la agenda,

mejor que mejor. No los necesitarás en el futuro.

-¿Y qué hiciste con los tuyos de tu época de narco?

-Mis contactos son distintos. (IRÓNICA) -Ah.

-La situación es diferente.

De hecho, acabo de hablar con uno de ellos

y me ha dado una información valiosa sobre Eva Velasco.

-Cuenta.

-Resulta que es la hija de un famoso traficante de armas,

un tipo que se llama Enrique Velasco, alias El Balas.

Durante años, si querías conseguir cualquier tipo de arma

en Madrid, tenías que hablar con él.

Siempre fue un tipo discreto, muy listo y astuto.

Por eso, la Policía nunca sospechó nada de él

ni tuvo problemas con la justicia.

-¿Tus contactos tuvieron trato con él?

-No, no, no.

Al igual que yo, solo ha escuchado hablar de ese tío de oídas.

Pero por lo que vi ayer en su empresa,

con la cantidad de pistolas que había allí,

parece que no solo ha heredado el negocio,

sino también las formas de actuar del padre.

-¿Parece? -No me lo han podido confirmar.

Pero, después de ver todas esas pistolas,

no me cabe ninguna duda.

-¿Y ahora qué?

¿La vas a chantajear con esa información?

-No, no, para nada.

Si puedo evitar utilizar esa información, lo haré.

Tengo que ser muy sutil con esa mujer

y andarme con pies de plomo.

Si tenso demasiado la cuerda, la cosa se puede poner muy fea.

Y ese socio que anda siempre con ella,

aparte de no tener dos dedos de frente,

parece uno de esos tipos de gatillo fácil.

-Vale. Entonces, ¿el siguiente paso? -Sentarnos a esperar.

Las pruebas que tenemos nos dan ventaja.

Solo tenemos que sentarnos y negociar con calma

cuando llegue el momento. -No sé...

¿No es mejor que hables directamente con ella?

-No, te aseguro que va a entrar por esa puerta en cualquier momento.

Ella ahora mismo necesita tantear la situación

y saber hasta qué punto las pruebas que tenemos contra ella

la pueden perjudicar.

Ya te digo, aparecerá en cualquier momento.

-Vale. ¿Y si no es así? ¿Y si intenta liquidarte?

-Bueno, es un riesgo que hay que correr.

Pero ya te digo, no creo que quiera hacer en frío

lo que no hizo ayer en caliente.

A pesar de que su socio intentó convencerla de que me diera un tiro.

-Tienes razón.

Pero esa gente es muy peligrosa

y cambian de opinión de un día para otro.

Quizá se levanta mañana y decide pegarte cuatro tiros.

-Así es la vida, qué le vamos a hacer.

Pero si esa mujer ha heredado no solo el negocio

sino también las formas de hacer del padre,

no le conviene mucho hacer ruido con este asunto, créeme.

(Música de intriga)

(Música alegre)

(IVÁN) -Buenos días, María. -¿Qué tal, Iván? ¿Qué quieres tomar?

-Ahora mismo, lo único que quiero es...

Pedirte perdón.

-¿A mí por qué? -Por el follón de ayer.

No pude evitarlo cuando vi al chaval.

No lo veía desde el juicio.

-Ya... -Lo siento.

Además, ayer tenía un dolor de pierna insoportable.

Cuando me pasa eso, me cambia el humor.

-No me tienes que dar explicaciones. Lo entiendo perfectamente.

Tuvo que ser un shock muy gordo verlo cara a cara.

Y qué casualidad que los dos os hayáis mudado al barrio.

-Sí. ¿Porque es verdad que vive en Distrito Sur?

(MARIA ASIENTE)

-Tendré que acostumbrarme.

No será la última vez que me cruce aquí con él.

-No, sobre todo porque es el hermano de Daniela, mi camarera.

(SUSPIRA) -Por mi parte, te prometo que no va a volver a pasar,

que no se me van a ir los nervios ni la olla.

Te pido perdón. -No te preocupes, te creo.

Por lo poco que te conozco, te veo un tipo tranquilo

y que lo de ayer fue una cosa puntual.

Y, hasta cierto punto, entendible.

-¿Qué tal?

María. ¿te hace un café conmigo?

-Yo ya me iba.

Solo he venido a disculparme con María por lo de ayer.

-No te preocupes, está todo aclarado.

Te invito a un café por venir a darme explicaciones.

No todos reconocen sus errores.

-No hace falta, de verdad. -Vale, ¿cómo lo quieres?

(RÍE) -Pues solo. -Muy bien. ¿Y tú, Lara?

-Un cortado, por favor. -Sentaos, ahora os lo traigo.

-Vale.

-Uhm... ¿Por qué tienes tanta prisa? Esta mañana no curras, ¿no?

-Bueno, sí. No, no, no...

Quería aprovechar el día para buscar piso.

-Ya. Oye, Iván...

Ayer, cuando viste a ese chaval, lo pasaste fatal, ¿no?

-Prefiero no hablar del tema, Lara. Es agua pasada.

-¿Agua pasada qué?

¿El accidente o el encontronazo con el tipo este?

-Las dos cosas.

-¿Estás seguro?

Yo te veo muy tocado, Iván.

-A ver, chicos, vuestros cafés. Gracias.

-Un cortado.

-Mira...

Quiero saber qué te ha pasado, ¿vale?

No lo digo por morbo ni nada por el estilo,

pero somos compañeros y nos llevamos muy bien.

Prefiero enterarme por ti antes que por cualquier cotilleo.

-El tal Ángel este es...

Es el culpable de mi cojera.

Sí, bueno...

Un día patrullando, saltó un aviso de un atraco en una gasolinera.

Tenía pinta de ser una acción de Los Discípulos,

una banda latina. No sé si te suena.

-Sí, me quiere sonar, sí. -Pues cuando llegué,

el Angelito estaba subiéndose a un coche para huir.

Le di el alto. En ese momento, me arrolló

y me lanzó por los aires.

Cuando vi ese coche que venía a toda velocidad a por mí,

pensé que me mataba, que no lo contaba.

-¿Y el tipo este logró escapar? -No, no.

Unos metros más adelante chocó con un bordillo y lo cogimos.

Fue a la cárcel.

Y yo estuve un año...

de operaciones en la pierna, en la rodilla.

Los médicos hicieron todo lo posible para no dejarme secuelas,

pero me he quedado cojo y con dolores para toda la vida.

-Lo siento.

Me imagino que eso no será lo peor.

O sea, el trauma que te deja vivir algo así.

-Realmente, ha pasado mucho tiempo, pero ayer es que...

Ayer me hirvió la sangre,

la rabia de ver que había salido de la cárcel.

Pero en mi día a día lo llevo bien.

¿Tú qué tal estás?

Porque lo del asalto sí que es muy reciente.

-Bien. Estoy mucho mejor, la verdad.

El psicólogo me está ayudando mucho.

Digerir algo así tú ya sabes que no es fácil.

Pero me anima mucho ver que tú lo estás superando.

-¿Sabes cuál es mi mayor preocupación ahora mismo?

-No, ¿cuál?

-Encontrar un piso en el barrio.

-Ah, vale.

-Se me está echando el tiempo encima,

así que me voy a ir corriendo.

Es un decir, porque ya sabes...

que correr no puedo. (RÍE) -Vale.

Suerte. -Gracias, Lara. Chao.

(IVÁN) -¡María! (MARÍA) -¡Hasta luego!

Hola, Merinero. Buenos días, comisario.

¿Te ha dado mala noche el detenido? Tranquilo.

No ha armado mucha bulla.

¿Le importa que vaya a tomar un cafelito?

Por supuesto. Ábreme la puerta y puedes irte.

Gracias, comisario. A ti.

(SUSPIRA)

Hola, Mateo.

Vaya, ya pensaba que no ibas a bajar a verme a las mazmorras.

No te importa, pero he pasado una noche de mierda

pensando en todo lo que se me viene encima.

Tienes motivos.

Lo sorprendente es que hayas podido dormir

durante tanto tiempo a pierna suelta

estando involucrado en un homicidio y un asesinato.

¡Yo no he matado a nadie! ¿Queda claro?

Lo de Malena fue un accidente.

Lo de Otero fue idea de su hermana, que quería quitárselo de encima.

No he venido a escuchar otra vez

tus mentiras y tus justificaciones absurdas.

¿Entonces a qué has venido? A ver.

¿A contarme que mi hija no quiere saber nada de mí?

Vas a pasar a disposición judicial.

Alguien tenía que decírtelo, ahora que estás detenido.

O sea, eso es lo que soy para ti, un delincuente.

Uno más.

Sin presunción de inocencia ni beneficio de duda.

De verdad, Mateo, no quiero entrar ahí ahora.

Ya te dije que hay pruebas en tu contra.

De todas manera, Paula y yo hemos acabado nuestro trabajo.

El juez decidirá si vas a la cárcel o si fija una fianza.

¿Has hablado con tu abogado?

Sí.

Dice que no diga nada en el interrogatorio,

pero creo que para eso ya llega tarde.

Lo veré en los juzgados.

No te veo muy preocupado.

Nada de lo que diga un juez

me dolerá más que lo que me dijo Paula:

que ya no era su padre,

que le da igual lo que me pase.

Entiendo que eso te duela,

pero deberías concentrarte en tu defensa.

Una cosa es que pagues por los crímenes cometidos

y otra que no intentes salir lo mejor parado posible.

¿Lo dices porque te preocupas por mí,

porque hay un mínimo resquicio de que creas en mi inocencia?

Es lo que digo a todos los detenidos

para que sepan que pueden tener una buena defensa.

¡Deja de hablarme como comisario y hazlo como mi hermano mayor!

¿Vas a hacer algo para sacarme de aquí o no?

No voy a mover ni un dedo ni a dar la cara

delante de un juez por ti.

Tampoco podría hacerlo aunque quisiera.

O sea, también me vas a dar de lado.

Deja de hacerte la víctima.

Intenta salir de la forma más digna de todo esto.

¡Deja de hablarme con esa frialdad! ¡No te soporto!

¿Qué es lo que se supone que tendría que hacer? Dímelo.

Al menos, mírame a la cara.

¡Mírame a los ojos! ¡A mí, a tu hermano pequeño!

¿Qué piensas de mí?

¿Es que no lo sabes ya?

Pensaba que sí.

Pero has bajado a verme. Eso significará algo.

En estos momentos, no quería hablar de esto,

pero ya que insistes, lo haré.

(Música emotiva)

Estoy espantado por todo lo que has hecho.

Siento que me has utilizado, me has manipulado

y me has mentido. Siempre defendí tu inocencia,

incluso cuando Claudia sospechaba de ti.

¡Porque eres mi hermano!

¡Porque es lo que tienes que hacer!

¿Qué pasa? ¿Te arrepientes? Por supuesto que me arrepiento.

Me has utilizado de escudo para ocultar lo que pasó con Malena

y tu doble vida.

Jugaste a ser un vividor y un jeta,

pero también a ser una buena persona

incapaz de matar a una mosca. Es lo que soy.

Tú me conoces, sabes qué es lo que soy.

No, Mateo.

Ya no eres ese.

No sé cómo te has metido en esta espiral de mentiras

y de relaciones peligrosas, como la que tenías con Rojo.

Lo tenías todo y lo has tirado por la borda.

(Música melodramática)

Yo...

siempre voy a seguir siendo tu hermano

y estaré pendiente de ti,

pero no voy a mover ni un dedo por ayudarte.

Y te aconsejo que todo este tiempo,

todos los años que pases en prisión,

reflexiones sobre lo que has hecho, porque yo creo que ahora

no eres consciente del todo, Mateo.

(Música dramática)

Eso, vete. ¡Vete!

¡Gracias por su visita, señor comisario!

(Música dramática)

(EVA) Lo que ha pasado en la mensajería

no puede pasar en la nave.

Ahí tenemos un arsenal. Hay que tomar precauciones.

-¿Qué quieres que haga? -Redoblar las medidas de seguridad.

Más cámaras, más vigilancia. Tiene que ser un búnker.

-Quintero no tiene ni idea de que existe la nave.

-¿Y cómo estás tan seguro de eso?

-Porque habría intentado entrar allí y no en la mensajería.

Nos dejó claro que no le interesa nuestro negocio de armas,

que lo que quiere es encontrar a Vlado.

-Ya. Pues no me fío.

Así que haz lo que te digo, ¿de acuerdo?

Y los teléfonos, cámbialos. Esos están quemados.

-Ya está hecho.

-No pueden pillarnos en bragas otra vez, Abel.

-Hasta que no sepamos que Quintero no se ha ido de la lengua,

deberemos andar con ojo.

Es eso o cargárnoslo. -No.

No me gusta hacer ruido si no es necesario.

-Ya, como tu padre.

(ENOJADO) No me gusta estar en manos de ese capullo.

-Abel, es al revés.

Él depende de nosotros porque quiere encontrar a Vlado.

¿Crees que nos delatará?

Sería idiota.

¿Sabes qué es lo que me escama?

¿Por qué sabe que Vlado llamó a la mensajería

el día del asalto a la comisaría?

-De verdad, Eva,

¿no sería mejor meterle cuatro tiros a Quintero?

Solo así estaremos tranquilos.

Muerto el perro, se acabó la rabia.

No tendrá siempre un socio esperándole fuera de comisaría.

-Socia, no socio.

Lo que yo escuché por teléfono era la voz de una mujer.

Del este, rusa o algo así.

Intentaré averiguar quién es. -No.

Olvídate de ella y céntrate en Quintero.

Veamos qué pueden averiguar nuestros contactos.

-Eso está hecho.

-Debe tener una razón muy poderosa

para buscar a Vlado por su cuenta sin esperar a la policía.

Hay que saber los motivos. -No creo que sea fácil.

Por lógica, se tratará de su época de narco.

Negociarían juntos y Vlado no cumpliría su parte.

-No sé, a mí me pega que sea algo más personal, fíjate.

Por eso quiere a la pasma alejada.

-Nos conviene estar lejos de Quintero.

Suele ir por libre y salirse con la suya.

Fue un capo de la droga y no pisó la cárcel.

Aunque esté de capa caída, aún es peligroso.

(ATENUANTE) -Que sí, Abel, tranquilo.

Ya he tratado con tíos como este.

¿Quién tiene la sartén por el mango? Nosotros.

-¿En qué estás pensando?

-En ir a hacerle una visita.

(Música intrigante)

(ASIENTE COINCIDENTE)

(Música tranquila)

-Perdona, ¿trabajas aquí?

-Sí, señora. ¿En qué puedo ayudarla?

-Quería informarme sobre las actividades

que organizáis en el barrio para las personas mayores.

-Claro, tenemos un montón:

cursos, talleres, conferencias...

¿Buscaba algo en concreto? -Sí.

¿Organizáis visitas guiadas a museos?

(PENSATIVA) -Pues... no.

Pero me acaba de dar usted una gran idea.

Me voy a poner a ello.

-Muchas gracias.

-¿Quiere que le informe de otras cosas?

-No.

He visitado muchos museos con mi marido, que en paz descanse,

y lo echo mucho de menos.

-No se preocupe.

Intentaré formar un grupo cuanto antes.

-Me darías una alegría.

-¿Tiene alguna preferencia por algún museo?

-El Prado.

A mi marido y a mí nos gustaba quedarnos admirando un Velázquez

o un Tiziano

mientras el guía contaba la historia de los cuadros.

-Usted debe saber mucho sobre arte.

-Bueno, un poco. El experto era mi marido.

Si no íbamos dos o tres veces al mes a un museo, no estábamos contentos.

Por eso querría encontrar gente con la que ir.

-No se preocupe.

Estoy segura de que me será fácil buscar gente.

Ya lo verá. -Qué bien.

Por ahora solo veo la colección que tengo en casa

y no es lo mismo.

-Además de visitar museos, ¿coleccionaban arte?

-Sí. Mi marido era un fanático del arte sacro.

Con esa excusa, hemos visitado muchas iglesias y museos.

-Qué suerte, habrá viajado un montón.

-Sí. Hemos viajado mucho para comprar cuadros a particulares.

(RÍE) -Su casa debe ser un museo.

-Bueno, no tanto, pero casi.

¿Cuánto hay que pagar de cuota para apuntarse a las actividades?

-No se preocupe. Son todas gratuitas.

-Qué alegría me das.

Lo que me sobra de la pensión lo gasto en cuidar la colección.

Que si las humedades de las paredes,

que si el polvo que se les incrusta...

¡No sabes!

-Será un lujo organizar una visita en la que esté usted.

Sabrá más que el guía.

(RÍE) -No tanto.

Me encanta el arte, pero solo soy una aficionada.

-Si quiere, venga conmigo, le tomo los datos

y cuando salga un grupo le aviso. -Muy bien.

-¿Cómo se llama? -Cuca.

-Yo soy Paty, encantada. Pase. -Gracias.

(Música tranquila)

Gracias, Belén. Escucha.

Solo quería saber cómo había ido la declaración de mi hermano.

No te quería molestar ni presionar para que me informaras tan rápido,

pero te lo agradezco de verdad.

Adiós.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Verónica. Emilio.

Siéntate, por favor. Gracias.

¿Qué tal el viaje?

Bien. He podido adelantarlo y no me lo he pensado dos veces.

Debía estar junto a Paula.

¿Cómo la has visto?

Mal.

Pero, a la vez, también la he visto entera.

Es porque ha hecho lo que debía hacer,

igual que tú.

Supongo que habrá sido muy duro

detener y tener que interrogar a Mateo.

Mucho. Ya...

¿Sigue aquí? No.

Ya está en el juzgado.

¿Sabes si ha declarado ante el juez?

Sí, acaba de hacerlo.

Entonces imagino que no sabrás cómo ha ido.

De manera extraoficial, sí.

Me ha llamado Belén,

la secretaria judicial.

El juez ha dictado prisión provisional sin fianza.

Para Elisa Otero, también.

(CONMOCIONADA) Ya... Estaba cantado que sería así.

¿Tenías previsto hacerle una visita?

(SUSPIRA) No lo sé, Emilio.

Si te digo la verdad, no lo tengo claro.

Verónica, estás divorciada de él.

Con todo lo que ha pasado, entendería que te desentendieses.

Estamos divorciados, pero es el padre de mi hija.

Aunque no tengo la obligación,

son muchos años de convivencia.

Cuando pasó lo de Malena, todavía estábamos juntos.

¿Cómo ha podido engañarnos durante tanto tiempo?

Es inexplicable.

Por desgracia, pude comprobar que no le cuesta nada mentir.

Me fue infiel muchas veces.

En la mayoría de casos, no me di cuenta.

Ya.

Cuando hace meses pasaba noches sin dormir

y me decía que era por estrés, le creí.

Si te sirve de consuelo,

también me tragué su papel de víctima

cuando se convirtió en sospechoso del asesinato de Malena Torrent.

Iba como alma en pena negando que estaba relacionado con eso.

Si al final decides ir a verle, me lo dices y yo lo gestiono.

En el fondo, Emilio, creo que lo mejor es que vaya.

Quiero mirarle a los ojos

y ver si es capaz de seguir mintiéndome.

No tengo ni idea de cómo reaccionará si te ve.

Igual contigo muestra algo de arrepentimiento,

pero con Paula y conmigo solo tiró balones fuera.

Que haga lo que le dé la gana. Estoy quemado de buscar respuestas.

Te entiendo.

Si te parece, centrémonos en la jura de cargo de Paula.

Cómo lamento que deba vivirla en este momento.

Sí, yo también.

Le ha costado mucho llegar aquí.

Espero que pueda vivirlo con cierta tranquilidad.

Seguro que sí.

Entre sus primos, tú y yo,

conseguiremos animarla un poco. Se lo merece.

(Música intrigante)

Esa es la ficha de Ángel Moreno, ¿no?

-Sí.

-¿Por qué la mirabas?

¿Tiene una investigación en curso? -Por curiosidad.

Por ver cuándo salió de la cárcel.

-¿Y cuándo salió? -Hace unos días.

Es raro que no se haya instalado en el barrio de Los Discípulos.

-Igual por eso no quiere volver allí.

Sería una buena señal.

Significaría que no quiere meterse en más líos.

Iván, entiendo que no te haga gracia verle la cara a este tío,

pero es una persona libre.

Ya ha cumplido su pena.

-En cambio,

yo no puedo hacer borrón y cuenta nueva.

-Es verdad, tienes razón,

pero si se rehabilita y no vuelve a delinquir,

mejor para todos, ¿no?

-Pero tampoco estaré encantado de verle la cara por el barrio.

-Y entonces, ¿qué harás?

¿Salir huyendo? Tendrás que acostumbrarte.

-Que huya él, ¿no?

Si quiere.

También me estará viendo y tendrá que vivir con ello.

-No sé si creerme que ya lo tienes superado,

pero no te daré más la lata.

-¿Dónde está Paula? No estaba en casa ni aquí.

-Tenía el día libre.

Recuerda que mañana es su jura en Ávila.

-Ya ha acabado las prácticas, es verdad.

Tiene narices que lo haga enchironando a su padre.

(BURLONA) Igual se le atraganta la jura.

-Lo que acabas de decir no se lo digas,

que no tienes filtro.

-Qué pesada con el filtro. -Es verdad.

Espero que pueda desconectar del tema este

y tenga una jura en condiciones. Se lo merece.

Ojalá sea un día inolvidable. -Mi jura lo fue.

-¿Qué te pasó? -Nada en especial.

Pleno sol,

horas escuchando el discurso de los mandos...

Casi me muero de sed.

-La mía también fue al aire libre y en pleno sol.

Y la lie parda. (RÍEN)

(IRÓNICA) -Qué raro. Cuenta qué pasó.

-Otro día. Es una larga historia y tengo prisa.

-Hasta luego.

(TAJANTE) ¿Para qué has venido a verme?

-Qué seco eres cuando quieres.

-Estoy liado con una investigación de una red de "fishing".

-Te quería traer la relación de apodos

del acosador que te comenté.

A ver si damos con él.

-Cuando tenga un hueco, lo miro. -Guay.

Voy a hablar con Merinero.

Me ha dicho algo de un vídeo de Distrito 4

donde dos policías se lían y nadie lo sabe.

Una movida...

Hasta luego. -Cuando tenga algo, te digo.

-Vale, chao. -Hasta luego.

(Música intrigante)

(Timbre)

(Música tranquila)

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Perdón, ¿el encargado?

-¿Qué necesitas? ¿Puedo ayudarte?

-Quería dejar mi currículo.

-Déjamelo a mí y luego se lo doy. -Muchas gracias.

-A ti.

Joaquín, este chico quería dejar su currículo.

-Ah, sí.

Lo siento, ahora no tenemos ningún puesto vacante.

-No se preocupe, quédeselo.

No es por presumir, pero soy bueno en el mantenimiento.

-El mantenimiento de la cadena hotelera

del hotel Novasur

está subcontratado a una empresa externa.

-¿Se puede saber cuál es?

Llevo tiempo trabajando en pensiones y hostales

y quería algo más grande.

-Sí, se llama Mantenimientos Carrizosa.

En Internet puedes encontrar información sobre la empresa.

-Carri... -Carlota.

Pasa por cocinas, no sé qué querían. -Voy.

-Gracias. ¿Algo más?

-Por casualidad,

¿en algún otro hotel Novasur no necesitarán a alguien?

Puedo hacer cualquier trabajo.

-Ya, a ver...

Toma. La central está en Barcelona.

A esa dirección puedes enviar tu currículo.

Oye,

estoy viendo aquí

una cosa:

¿por qué no tienes título oficial en nada de lo que has comentado?

-Soy más de estudiar por mi cuenta.

-Autodidacta. -Eso mismo.

Pero trabajo duro

y me pongo las pilas rápido. -Ya, sí.

Se ve que te urge.

-Nadie quiere estar en paro viviendo en Madrid.

-Sé que es cara, dímelo a mí.

¿En qué puedo ayudarle?

-Termine con él, puedo esperar. -No, ya terminé.

-Mandaré mi currículo. Muchas gracias.

De todos modos, se lo dejo por si un cliente...

Chao, padre. -Sí, déjalo aquí.

-Adiós.

-Perdón por la interrupción, dígame.

-Soy el padre Ricardo Arellano.

Tengo una reserva a mi nombre.

-Sí, la veo. Tres noches, ¿verdad? -Sí.

Si deseo alargar mi estancia, ¿habría algún problema?

-No creo que haya problema, no estamos completos.

Si es tan amable de dejarme el DNI. -Sí.

Aquí lo tiene. -Gracias.

Su habitación es la 312.

Aquí tiene el ascensor. Es la tercera planta.

Aquí estamos para atenderle las 24 horas del día.

-Muchas gracias. -A usted.

-Oye, creo que esta iniciativa de los museos

puede estar muy bien.

Es de bajo coste y a los museos les puede interesar.

-Sí, aunque hay jubilados que van gratis y no pagan nada.

(RÍE) -Lo sé, hasta ahí llego. No me refería a eso.

Me refiero al hecho de organizar visitas guiadas

para personas mayores

con guías voluntarios, de alguna manera,

que de forma altruista hagan estas visitas para los mayores.

-Eso está genial, vale.

¿Te encargas tú de eso? -Sí.

Tú te encargas del cartel.

-De acuerdo.

Lo haré con letra grande para que se vea bien.

-Perfecto.

Cuando lo tengas, pongo en la entrada.

Suelen pasar por ahí las personas mayores.

-Sí, y también quiero hacer llamadas para ir informando a la gente.

-Vale. ¿Tendrás tiempo para eso?

-Lo sacaré de donde sea. -Vale.

Pero no te vuelvas loca.

Será una iniciativa que tendrá tirón y en cuanto se corra la voz

habrá gente para formar un grupo. -Ya.

(PENSATIVA) Es verdad.

Bueno, me pongo a ello.

Me llevo esto. -Venga.

(Música tranquila)

(Televisor)

-Hola.

-Buenas. ¿Qué tal el día?

-Bien, no me quejo.

-Te hice unas quesadillas, pero se me quemaron,

así que bajo tu propio riesgo.

-Tranquilo, cené en el bar.

María me deja comer lo que quiera,

no como mi antigua jefa, que esa sí era una cutre.

-María me cae muy bien.

-Ay, sí.

Yo la adoro. ¿Y tú qué tal?

¿Cómo te fue con los currículos?

-Parece que nadie me quiere, Dani.

No sirvió de nada retocarlos.

-Pero date tiempo. Es pronto para que digas eso.

-Tiempo, tiempo, tiempo...

Yo quiero sentirme útil.

-Útil sí que eres.

Mira cómo dejaste la pared, tienes el piso impecable,

los grifos ya no gotean,

sellaste las ventanas con silicona...

Yo estoy encantada con tu trabajo.

-La verdad es que sí, me quedó bien.

Pero solo tú te das cuenta de eso.

(PESIMISTA) Al final parece que genero rechazo a la gente.

No sé si es el bigote. (RÍE)

-Deja de darte tan duro y mejor cuéntame.

¿Adónde llevaste el currículo?

-La pregunta es adónde no lo llevé.

Lo llevé a todos lados. Hasta al hotel Novasur.

-Superbién, ahí necesitarán gente.

-No, para mi suerte no necesitaban a nadie.

Encima, el director era un prepotente.

-Vaya...

Qué mala onda.

-No sé por qué la gente con traje se siente mejor que uno

tan solo por ir mejor vestido o tener más dinero.

(ASIENTE COMPRENSIVA)

Al menos, le saqué dos direcciones. -Eso está muy bien.

Siempre se puede sacar algo positivo.

-Estoy tratando de ser positivo.

Oye.

(CURIOSO) ¿Se pasó Iván por el bar?

-Bueno, yo no lo he visto, pero me dijo María que sí,

que se pasó temprano a pedir disculpas por el numerito de ayer.

-No me lo esperaba.

-Creo que cuando te vio se puso muy agresivo,

pero el chico es muy correcto.

Creo que no debes angustiarte por pensar si te lo encontrarás.

Tú tranquilo.

-A mí me angustia que los polis dejen de ir al bar

y que armen un boicot.

-Bueno, no te claves, la gente sabe distinguir.

-A ver, Dani,

habrá molestado a sus compañeros lo que le hice.

Y si deja de ir la gente, María, al final...

-A ver, te estás montando una película.

-Dani, por más que María te quiera,

si su negocio empieza a ir mal, te van a despedir.

(FIRME) -¡Que no!

Además, María está casada con un policía de Distrito Sur.

-Con más razón.

Ya sabes que los polis son gremiales

y protegen a sus compañeros.

Seguro que le van a pedir que te despida

y María acabará haciéndolo.

(APACIGUANTE) -No, Ángel, para, porque me estoy poniendo paranoica.

-Está bien. -Ya.

-No, si son mis paranoias, Dani.

Es mi culpa.

Tienes razón.

(SOSEGADORA) -Bueno, tranquilo.

Voy a darme una ducha.

(Música triste)

(Televisor)

-¿Necesitas ayuda o me puedo ir ya?

-Por mí te puedes ir a casa a descansar, tranquila.

-¿Seguro? -Sí.

-Puedo ayudarte a recoger.

-Tranquila, estoy acostumbrado a hacer el cierre. Lo hago yo.

-Como quieras. Chao. -Adiós. Descansa.

(Música de tensión)

Vaya.

Qué sorpresa. No esperaba vuestra visita.

¿Se puede saber qué os trae por aquí?

-Solo queremos saludarte, tranquilo.

-Será mejor que le digas a mi amigo que te espere fuera.

Así le da el aire en la cara y se refresca un poco.

-No veo por qué deba hacerlo.

-Porque no quiero tener gorilas en mi local

y menos si llevan un arma encima.

Sabes que tú y yo nos entendemos mejor a solas.

-No pienso salir.

-Entonces no hay nada más que hablar.

Ya veis que estoy cerrando.

Si no os importa, ya sabéis dónde está la puerta.

-Abel.

Espérame fuera, anda.

-Ni de coña.

No me fío del tiparraco este. (CHISTA)

-Dios mío, lo que hay que aguantar.

¿Te parece bien así?

-Sal.

(SUSPIRA DESAFIANTE)

-A la mínima, entro y te hago picadillo.

-Lárgate ya, hombre.

No sabía que eras hija de Enrique Velasco,

el famoso traficante de armas. (ASIENTE)

-Si tanto has estado investigando sobre mi empresa,

sobre mí y sobre mi padre,

sabrás que no tuvo problemas con la Justicia.

-Según me han comentado,

ha sido porque siempre fue un hombre

muy discreto y muy listo.

Pero, Eva, sinceramente, a mí me importa un pimiento

que seas su hija y los negocios a los que te dediques.

Solo quiero saber dónde está Vlado Khan.

-Lo siento, pero esa información no la tengo.

No sé por qué piensas que tengo algo que ver.

(ASIENTE SOCARRÓN)

-Sabes dónde está y tú sabes que yo lo sé.

Sabes que tengo pruebas de que llamó a tu empresa

tras el asalto.

Pero verás, Eva,

entiendo que la información que te pido no es gratis.

Por eso,

estoy dispuesto a hacerte una oferta muy jugosa

que no podrás rechazar

a cambio de que me digas dónde está ese rumano.

(SUSPIRA SUSPICAZ) ¿Te interesa el dinero?

-Depende de cuánto. -Mucho.

Mucho más del que puedas llegar a imaginar nunca,

pero no será en metálico.

-¿Y en qué me pagarás? (PÍCARA) ¿En especias?

-Ya quisieras tú.

(RÍE) -A ver, Quintero, explícate, anda.

-Estoy dispuesto a compartir la ruta del sur.

Supongo que sabrás de qué te hablo.

Es una ruta de contactos que me costó organizar muchos años

con la que estuve moviendo hachís

desde Marruecos hasta el norte de Europa.

Supongo que podrás adaptarla perfectamente a tus negocios.

-¿Y qué me darías exactamente?

-Todos los contactos que tengo en las aduanas

y también los contactos de los enlaces

que te ayudarán en los puntos logísticos.

Mis contactos son totalmente fiables.

Nunca tuve ningún problema con ellos.

Es una ruta que si a mí me ha servido

para mover hachís por toda Europa

a ti te puede servir para vender armas.

(ASIENTE)

A cambio, debes decirme dónde está Vlado Khan.

Sales ganando con el trato.

(ASIENTE COINCIDENTE)

-Sí, la verdad es que la oferta no está mal.

Pero yo ahora mismo lo que sé de Vlado

es que no está en España.

De todos modos, para cerrar un trato,

me falta información.

Quiero saber para qué lo buscas. -No es asunto tuyo.

Si quieres que haya trato,

dime dónde está Vlado Khan y no hagas preguntas.

-Mira, Quintero,

te equivocas si crees que Vlado y yo somos socios.

-Ni creo ni dejo de creer nada.

Yo sé que ayudaste a ese tío a salir de Madrid.

Quiero saber cómo y dónde está ahora.

-No te equivoques, yo le ayudé a poner tierra de por medio.

Para lo poco que nos conocemos, ya hemos hablado suficiente.

(Música de tensión)

-Carlos Okoye. ¿De qué comisaría viene?

De Distrito 4. Traslado voluntario.

¿Nerviosa?

-No tengo muchas ganas.

Mis compañeros de la academia ya lo sabrán todo.

-¿Acaso Merinero ha visto el vídeo?

-Eso no puede rular, sería delito.

La cosa es que la escena sería fuerte,

bastante tórrida.

-¿Llegaron hasta el final allí? -No llegaron... ¿No?

-Madre mía... -Pues me parece bonito.

(IRÓNICO) -Precioso.

-Me ofrezco como voluntario.

-Le paso el contacto del Almacén de Alimentos.

-Sería un desperdicio. Soy experto en arte sacro.

Religioso. -Ya.

-Me han dicho que organizáis conferencias.

-Ni mi hermano ni yo sabíamos que trabajabas en esta comisaría.

Siento lo que pasó el otro día.

-¿Qué pasó con la mensajería?

-No encajaba. No era un trabajo para mí.

-No estás en una posición de elegir.

-Eres una chica ocupada.

-Pues sí, quizás.

-Debes serlo, porque no me has llamado ni una vez.

-Ya que mencionas a tu padre,

he estado dándole vueltas

y he tomado una decisión.

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Servir y proteger - Capítulo 825

27 oct 2020

Verónica regresa de Barcelona para estar con Paula después de la detención de Mateo y para acompañarla en su jura del cargo.

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