Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 824 - ver ahora
Transcripción completa

Pregunté a los de la zona,

y en uno de ellos el dueño sí recuerda a Sonia.

Era la noche de San Juan.

-¿La noche que desapareció Sonia? -La misma.

-Hay que interrogar a Óscar.

-Fue un accidente.

Se dio en la frente y empezó a salir mucha sangre.

-Yo creo que Óscar todavía echa de menos a Sonia.

-¡No es verdad! Si no, ¿por qué me ayudó con el cadáver?

¿Por qué no me denunció?

-Me dijisteis que había salido de Madrid

en un coche, en una furgoneta o algo así, ¿no?

"Nosotros nos enteramos porque la empresa denunció el robo.

¿Qué empresa es? Mensajería Velasco".

Me he dado cuenta de otra cosa:

esa empresa de mensajería solo es una tapadera

para otro tipo de negocios más... rentables.

Ya me entiendes.

-¿Como qué? -No lo sé.

Eso es lo que debo averiguar.

-Tú, ¿no me oyes?

He dicho que dónde está Abel.

-¿No te ibas?

(ÁNGEL) -"Vi a dos Discípulos. (DANIELA) -¿Te buscaban?

(ÁNGEL) -No, no. No vinieron por mí. No me vieron.

Gracias a Dios, tenía el casco puesto.

Fueron a comprar armas".

-¿Armas?

-Abel, el socio de Eva, les está vendiendo armas.

-Creo que no cabe duda de que mi padre es culpable.

No dijeron nada que les implicase.

¿Y no hay nada que podamos hacer?

Agitar el avispero, a ver qué pasa.

Se le fue la mano con la heroína.

No sé qué importa que tuviera o no enemigos.

Créame que importa si finalmente no murió por sobredosis.

¡A mí no me vas a dejar tirada!

¡Iré a la Policía!

¡Te hundiré! ¡Sé mucho sobre ti! ¿Que maté a Malena?

"¡Sí! ¿Y las pruebas?

Estaban en el teléfono de tu hermano, y las borramos".

Así que no tienes nada. Es tu palabra contra la mía.

(PAULA) ¿Dónde vas? ¿Tú qué crees? A detener a tu padre.

Queda detenido por el asesinato de Malena Torrent y Jesús Otero.

Tiene derecho a guardar silencio.

Tiene derecho a un abogado. Si no tiene, tendrá uno de oficio.

Paula...

(Música emocionante)

¿Sigues con la idea de dejar el trabajo?

(ÁNGEL) -No me queda de otra.

-Menos mal que llevabas el casco y no te vieron Jero y el otro tipo.

Si no, esa gente iría a por ti seguro.

-No, seguro.

(SUSPIRA) -Aunque quizá no tienes que dejar el trabajo.

-¿Cómo? -Sí. Le he dado vueltas al asunto

y he pensado que a lo mejor

el único que le pasa armas a los Discípulos es Abel.

-¿Crees que lo hace a espaldas de mi jefa?

Puede ser, pero no creo.

-¿Por qué no? Quizá él es un avaricioso

y quiere un sobresueldo. -No conoces a mi jefa.

Yo no creo que nadie pueda trapichear a sus espaldas.

-¿Por qué no hablas con ella y así sales de dudas?

-¿Y qué le digo, Dani?

"Disculpe, jefita. ¿Puede abrir el armario que tiene a su derecha

y pasarme una metralleta? Es que su socio Abel...".

Está metida hasta el fondo.

-Pues si estás tan seguro, ¿por qué no entonces les denuncias?

Es lo que cualquiera haría en tu lugar.

-Yo no soy como cualquiera.

Si yo les denuncio y los Discípulos se enteran,

terminaré dando de comer a los peces en el Manzanares.

(DANI SUSPIRA) -Llevo siete años en la cárcel.

Yo lo que quiero es estar tranquilo.

-Pues eso de mensajero molaba, ¿no?

-Ya lo dijiste tú: molaba. Pero eso es la cueva del lobo.

Tarde o temprano me terminaré salpicando.

-Bueno, pero mira, algo bueno has sacado de esta situación.

Te ha puesto a prueba y has reaccionado superbién.

No has dudado ni un segundo en apartarte de esa gente.

-Te prometí alejarme de las malas personas.

No pienso trabajar con gente así.

-¿Y qué le dirás a tu jefa para justificar que dejas el trabajo?

-No sé. Bueno, ya improvisaré algo.

Oye, ¿no es tarde?

-Ay, sí.

Bueno, pues me voy, pero...

te pasas luego para contarme cómo te fue, ¿vale?

-Sí, vete. -Bueno...

Tranquilo.

(Puerta abierta)

Siento muchísimo que Paula y tú hayáis tenido que pasar por esto.

Es que... detener a tu propio padre y hermano...

Me parece una situación absolutamente terrible.

Es de lo peor que he pasado en mi vida, Claudia.

Ojalá hubiera seguido tu instinto cuando apareció muerta Malena.

Pero me equivoqué. No te martirices con eso, Emilio.

Tu hermano en ese momento sabía lo que hacía,

y se cubrió bien las espaldas.

Y nosotros no pudimos hacer más.

Yo di por buena la confesión de Jesús Otero,

y yo cerré el caso en falso.

(Puerta)

(SALGADO) Buenos días.

¿Cómo estás, Bremón?

Bien. He conseguido descansar.

Un sueño intermitente, eso sí.

Ayer no me pareció oportuno,

pero debo decirte que debiste poner al tanto de tus sospechas

desde el primer momento.

Así podrías haberte apartado de la investigación.

Os puedo asegurar que en todo momento actué

como si no hubiera ningún tipo de parentesco.

Nadie pone en duda eso.

Como comisario sé que respetas escrupulosamente la ley.

Pero hacer pasar por eso a la hija del detenido,

que aún está en prácticas...

Fue Paula quien destapó

la información que señalaba a su padre.

¿Vas a negarme el conflicto de intereses?

No, porque no pienso discutir sobre mi profesionalidad contigo.

Pero si tienes alguna queja,

puedes redactar un informe para Jefatura.

Discúlpame, pero ahora trabajo en esta comisaría

y pensaba que podía dar mi opinión sin que te pusieras a la defensiva.

Tranquilo, Emilio. Creo que tiene parte de razón.

Todos los casos con lazos familiares

son muy espinosos.

Aunque yo estoy convencida

de que Paula y tú habéis actuado con la mayor objetividad.

Con las mejores intenciones se puede poner en peligro

una investigación sensible.

Y siento que no te guste escucharlo.

Admito que no seguimos el camino más ortodoxo,

pero actuamos con sentido de la responsabilidad

en todo momento, y os prometo que así seguirá siendo.

¿Cómo que seguirá siendo así? ¿Seguirás investigando?

Paula y yo conocemos todos los entresijos de este asunto.

Nadie interrogará a los detenidos mejor que nosotros.

Pues mucha suerte. La vas a necesitar.

No sería raro que el abogado de la defensa o el fiscal

cuestionen el procedimiento.

Miralles.

Bremón.

(Puerta cerrada)

Eso es verdad, Emilio. (SUSPIRA)

Puede caerse el caso por un defecto de forma.

¿Y si te echas a un lado?

Te lo digo como compañera, y como amiga te digo

que esto me parece tremendo para Paula y para ti.

Ni en la peor de mis pesadillas imaginaba que ocurriría algo así.

Mateo siempre fue un cabeza loca en muchos sentidos, pero...

nunca creí que pudiera matar.

¿Ves cómo te afecta investigar a tu hermano?

Deja el caso, Emilio.

(Música sentimental)

Me gustaría, pero no puedo.

Ya lo he hablado con Paula, y seguiremos adelante.

Pero trataremos a Mateo como a cualquier detenido.

Ni mejor ni peor. Vale, no insistiré más.

Pero si al final te quieres ahorrar el trago del interrogatorio,

cuenta conmigo.

Gracias.

(Conversación ininteligible)

De verdad que las caras que tenían Paula y el comisario

cuando entraron en la comisaría con Mateo, ¿eh?

(SUSPIRA) -Me arrepiento de haberla llamado enchufada.

Hay que ser valiente para detener a tu propio padre.

-Ya.

Jamás en mi vida me habría imaginado que Mateo era un asesino.

-¿Tú has tenido trato con él? -Muy poco.

Me trató una cicatriz en la pierna que tenía por un accidente de moto,

y era encantador.

-Bueno. Es lo típico que se dice de los asesinos, ¿no?

No sé, tía. Creemos que conocemos a la gente

y luego... no sabemos lo que esconden bajo la alfombra.

-Me lo dices como si todos tuvieran secretos.

-Todo el mundo no lo sé, pero la mayoría sí.

-Ya. Bueno, sea lo que sea,

Paula seguro que aún está en "shock", ¿eh?

-¿Hablaste con ella anoche? -No.

Qué va. Llegó, no abrió la boca, se encerró en su cuarto

y no quise avisarla esta mañana por si dormía.

-Ya. Yo tampoco la he visto. Debe estar hecha polvo.

-Oye, Lidia, importante: debemos tener mucho tacto con ella.

Que hable si quiere. No la vamos a forzar en nada, ¿vale?

-¿Lo dices por mí?

-Ah, pues sí.

Tú eres muy directa, y filtro no tienes ninguno.

-Sí, soy bocazas, pero en situaciones así voy con cuidado.

-Muy bien. Pues eso es lo que quería escuchar.

(Pasos acercándose)

¿Qué tal, Paulita? ¿Has podido dormir bien?

No hemos querido despertarte para venir.

-Gracias. Estoy... bien.

-¿Y vas a tomar café? Mejor una tila. -No.

-Que sepas que estamos a muerte contigo.

Que hay que tenerlos bien puestos para detener a tu padre.

Es verdad, ¿no? Qué "heavy". ¿Cómo fue?

(CARRASPEA) -Pues la verdad es que...

no me apetece hablar de eso.

-Bueno... -Lo siento.

-No... -Voy a trabajar.

Va a ser un día largo.

-A ti ya te vale.

Si antes te digo que seas delicada... -Si hasta le ofrecí una tila.

(CHASQUEA LA LENGUA)

(IVÁN) -"Sí, es horrible".

Noto pinchazos muy fuertes por toda la pierna.

-¿Esporádicos o frecuentes?

-Me duele todos los días, pero no con la misma intensidad.

A ver, suele ser algo leve.

-Menos mal. -Sí.

El problema es que me levanto cada día con la incógnita de saber

cuánto me dolerá, si tendré pinchazos,

si tendré que hincharme a pastillas o si veré las estrellas todo el día.

-Fue una operación complicada, sí.

¿Qué ocurrió?

-Bueno... ¿Es necesario?

-Para calibrar tu lesión.

Ahora, si te incomoda y no quieres contarlo, no importa.

-Sufrí un atropello en un acto de servicio.

Bueno, un delincuente huía en coche tras atracar una gasolinera y...

me pasó por encima. Me llevó por delante.

-Tuvo que ser un impacto fuerte. Eso deja secuelas.

Y no solo físicas.

-Sí, fue bastante duro a todos los niveles.

-Ya.

Bueno, veo que sobre todo afectó a la rodilla, ¿no?

Ligamentos cruzados, lateral interno y el menisco.

-Sí. Bueno, y aunque lo intentaran,

la operación no la recuperó del todo, y desde entonces arrastro esa cojera.

-Un golpe duro para un policía.

-Sí. Bueno, y más para mí, que me encantaba patrullar la calle.

Hasta ese momento nunca me habría imaginado

trabajar frente a un ordenador.

-Ahora inspector de la UIT, ¿no?

Tienes una gran vocación.

-Mucha.

También recibí mucho apoyo por parte de mi inspector jefe.

Me animó a no tirar la toalla.

Estuve a punto de hacerlo muchas veces.

-Has encontrado sitio en la Policía.

Eres alguien ejemplar. Enhorabuena.

-Gracias.

-Me gustaría decirte que tu dolor remitirá con el tiempo,

pero no lo veo probable.

-No, ni yo.

Pero no entiendo por qué unos días es tan fuerte y otros tan leve.

-La Ciencia avanza muy rápido, pero hay cosas que no nos explicamos.

Si quieres mi opinión,

a veces la intensidad tiene que ver con el estado de ánimo del paciente.

-Puede ser.

(Música sentimental)

Lo que sé es que me he hecho a la idea

de que lo sufriré de por vida, doctor.

-Si te sirve de consuelo,

no eres la única persona con una enfermedad crónica.

Yo mismo. Mi vida tiene que estar entre algodones

para que mi corazón siga funcionando como debe.

-Entonces sabe lo que es vivir con limitaciones.

-Ya lo creo que sí.

También sé que a veces hay que parar.

¿Quieres que te dé la baja? -No.

No, en comisaría me necesitan.

-Serán dos o tres días nada más.

Mejorarás con el descanso. Estoy seguro.

-Prefiero aguantar el dolor o que me recete más analgésicos.

-Tú verás.

(Teclado)

Ya te lo he puesto. Cuidado, porque son fuertes.

-Vale. Intentaré no abusar de ellos.

Pero es lo único que me alivia, así que...

Muchas gracias. Buen día.

(Puerta abierta)

(SALGADO) -¿En qué andas?

-Estoy archivando el caso de Sonia Muñoz

en la estantería de casos resueltos.

-No lo dices muy contenta.

-No, lo estoy. -¿Seguro?

-Bueno, hubiera preferido... encontrarla con vida.

Es la manera más satisfactoria de resolver un caso de desaparición.

-Estoy de acuerdo. Pero había pasado mucho tiempo.

Yo me doy por contento con que haya aparecido el cadáver.

-Pues yo no. Me niego a normalizar estos finales crueles.

-No los estoy normalizando.

Solo sé que por desgracia es lo habitual.

-Sí, lo sé. Tiene razón.

Pero me enfada y me cabrea.

-Te tomas muy a pecho los casos de desapariciones.

-Bueno, porque creo que vale la pena volverlos a investigar.

A veces, un detalle que pasa desapercibido

luego cobra otro sentido.

-En Zaragoza también te interesaste por resolver

qué pasó con algunos desaparecidos.

-¿Ha husmeado en mi expediente?

-Los he leído, claro. Es parte de mi trabajo

ver la trayectoria de los agentes que hay a mi cargo.

Y sobre todo saber sus puntos fuertes.

-¿Y hay problema con que me guste investigar estos casos?

-Por supuesto que no. Además, se te dan muy bien.

Pero me gustaría conocer cuál es tu motivación.

Es algo personal, ¿verdad?

-¿Por qué me pregunta, si ya lo sabe?

-Tienes razón. Perdona.

No quiero que pienses que juego con tus sentimientos.

Te marcó lo que le pasó a Blanca Alonso, tu hermana pequeña.

(Música sentimental)

Desapareció en extrañas circunstancias...

-No. No extrañas circunstancias no.

Un hombre la raptó delante de mí en el parque.

La cogió, la metió en un coche negro y desaparecieron.

-Y nadie fue capaz de encontrarla.

Debió ser muy duro para ti y para tu familia.

-De pequeña no entendí que no la encontraran.

Ni de mayor.

Por eso me hice policía.

Me juré que conseguiría lo que ellos nunca hicieron.

-Y por eso te vuelcas en cada caso, te esfuerzas al máximo

y husmeas en cada resquicio habido y por haber.

-Porque sé cómo se sienten los familiares.

Sobre todo si tienen un agente que duda de su testimonio,

o que pasa por alto un detalle importante.

-¿Eso es lo que pasó en la investigación de Blanca?

-Mire, perder a una hermana... es duro.

Todavía hoy me sigo preguntando dónde estará, cómo estará.

Sigo preocupándome por ella, por mi familia, por mí.

¿Necesita... más información sobre mí? ¿Algo más?

¿Le digo cómo supe que soy lesbiana? -No.

Me vale con que siga siendo tan buena policía. Y tan clara.

Y si alguna vez necesitas ayuda para encontrar a tu hermana,

cuenta conmigo.

Cuando cierres el papeleo del caso de Sonia Muñoz,

ponte con Guevara a buscar al asesino de policías.

Tu olfato vendrá bien para encontrarlo.

Alonso.

-Buenos días. -Ángel.

¿Qué haces aquí? Hoy es tu día libre.

-Sí, sí, pero necesitaba hablar con usted.

-Claro, cuéntame. Siéntate.

-No, está bien.

-¿Qué pasa? ¿Algún problema en el trabajo?

-No. La verdad que el trabajo bien.

Lo que pasa es que... lo voy a tener que dejar.

-Estás de broma, ¿no?

-Yo estoy muy agradecido con usted, pero... pero es que...

-Es que ¿qué? Habla.

-No puedo con lo de la moto.

Todo el rato estoy pensando que voy a accidentarme.

Tengo mucho miedo.

(Motor arrancando)

-Ya.

Es que has venido a una mensajería a solicitar un trabajo.

Si te daban miedo las motos...

-Sí, no. Es que tenía mucha urgencia por el trabajo, pero...

No voy a poder. No voy a poder superarlo.

-No sé. Igual es cuestión de tiempo.

Si te das así, dos días, tres días para pensarlo algo mejor, ¿qué tal?

-Es que tengo ataques de pánico. No puedo subirme a la moto.

Por eso soy el más lento de todos.

-Bueno, yo creo que no estás siendo tan lento.

¿No? Llevas una semana trabajando aquí.

¿De verdad quieres dejarlo?

-Sí. Ocho horas de moto no voy a poder.

(Motor arrancando)

-Ya...

No, bueno, claro...

Si tienes ataques de pánico... ¿Sabes qué podemos hacer?

Buscarte un hueco aquí, en el almacén,

con temas de logística.

O no sé, colocando paquetes. ¿Qué tal?

-Es que ya estuve siete años encerrado.

No quiero estar encerrado.

Eso sí lo tenía claro en la cárcel. -Ajá.

Pues sí, tiene sentido eso que dices.

Lo que pasa es que...

me da que igual lo que ha pasado es que alguien te ha dicho algo. ¿Eh?

Quizá un comentario de algún compañero, o Abel.

-No. Desde el percance que tuvimos, ya se solucionó todo.

-Ajá.

No sé, yo tampoco voy a presionarte.

Pero la verdad es que con tus temas extracurriculares

digamos que igual no te resulta fácil encontrar trabajo.

¿No? Y aquí no discriminamos a nadie.

-De verdad, no tengo ninguna queja. Se portaron muy bien conmigo.

-¿Qué está pasando?

¿Eh? Me lo puedes contar.

Con confianza. No sé, si has visto algo raro,

algo que no te haya gustado, igual yo también debo saber.

-No, es... la única razón. Se lo juro.

-Bien.

Está bien.

Mañana llamo a la gestoría y te doy de baja.

-Muchas gracias, Eva, por la confianza.

-A ti.

Nos encontramos.

-Hola, ¿qué tal? ¿Qué te pongo?

-Un café solo y un vaso de agua. -Vale, ahora mismo.

-Date prisa, por favor.

-A ver.

Aquí tienes.

(EXHALA PROFUNDAMENTE)

-¿Qué tal, compañero? Buenas tardes.

-Buenas tardes serán para ti.

Mi día ha empezado fatal y va a peor.

-Te creo.

Nunca te había visto tan avinagrado. -Porque me conoces poco.

Estoy muchos días así. -Ya.

Pero ¿te ha pasado algo? -No.

No me pasa nada. Soy así y punto.

-Ah, pues me parece muy bien.

Pero yo no tengo por qué comerme tu mal rollo, ¿sabes?

-Lara... Perdona.

Es por la pierna.

Hay días que me duele a saco y... Me cambia hasta el humor.

-Ya veo, ya.

-Pero me he tomado un analgésico. En unos minutos estaré más simpático.

-Me alegro por ti.

Y muchas gracias por contármelo.

Así la próxima vez que te vea así ni me acerco.

-Lo entendería. Estando así no me aguanto ni yo.

-Ya.

Oye, ¿me vas a contar de una vez qué te ha pasado en la pierna, tío?

-No. Es que no quiero hablar del tema, y bueno...

Prefiero hablar de cualquier otra cosa. Así se me olvida el dolor.

-Vale, pues ¿qué te parece si te adelanto algo

sobre un caso de acoso en redes?

-Dispara. Soy todo oídos.

-Oye, Abel, ¿tú le has notado algo raro a Ángel?

-No. ¿Por qué lo dices?

-Ha ido a primera hora a la mensajería

para decirme que deja el trabajo. -¿Qué?

¿A qué viene eso ahora? -No lo sé.

Dice que le dan pánico las motos.

Que tiene ataques de pánico, no sé qué...

Pero yo creo que me ha contado una milonga...

-Quizá no. El miedo es libre.

La gente tiene fobias raras. -Ya.

Pero que no. Qué va.

Me ha dicho lo primero que ha pensado.

-La verdad, es mosqueante que quiera irse tan rápido.

-Tan segura estaba de que mentía que le ofrecí trabajar en el almacén,

a ver qué me decía. Y dijo que no, que se iba.

Tenía unas ganas de irse. Te digo yo...

¿No sospechará algo de lo nuestro? -A ver...

A lo mejor ha influido algo que no te he contado.

-Ya estamos, Abel. ¿Qué?

-Ayer estaba en el local cuando entré con los de la banda latina.

Igual le extrañó que fueran a mandar un paquete a esas horas.

-Pero Abel, ¿cómo quedas con los Discípulos en la oficina?

-Ángel no debía estar allí.

Pero tranquila, hablo con él. -No.

Déjalo. No va a hablar. Tenía el miedo en el cuerpo.

-¿Por qué estás tan segura?

-Acaba de salir de la cárcel. Sabe qué les pasa a los chivatos.

Y tú ten más cuidado cuando quedes con clientes en la mensajería.

-Lo que tú digas.

-¿Nos confirma que la idea de matar a su hermano fue de Mateo?

-Sí.

Pero usted no tuvo problema en ejecutarla.

Al principio no quise hacerlo.

Pero Mateo me convenció de que era la única solución.

Que si se libraba del chantaje, podríamos estar juntos.

-Así que lo hizo por amor.

-Bueno... Lo hice porque fui una estúpida

y porque necesitaba creerme las mentiras de tu padre.

Pero usted también sacó tajada de este asunto.

¿Qué pasó con el dinero que le sacó a Mateo Bremón?

Se lo quedó mi hermano. Lo juro.

De hecho, fue idea de Jesús lo del chantaje.

-Pero usted le hizo caso.

-Ya... Se nota que no lo conocían.

Mi hermano era una mala persona.

Siempre conseguía todo lo que quería.

Sabía cómo meterme el miedo en el cuerpo, con palizas.

Estamos al tanto de que le denunció por malos tratos.

Pero retiró la denuncia.

Me amenazó con matarme si no lo hacía.

Y nadie me ofreció protección.

También sería idea de su hermano

que le llevara el dinero a la cárcel.

No. Él decía que era demasiado peligroso.

No. Lo ingresaba en una cuenta en Andorra que él controlaba.

Yo solo me quedaba una parte para comprarle la droga.

Que luego ocultaba en la ropa que le llevaba en las visitas.

Sí. -Hay algo que no acabo de entender.

Al principio su hermano no chantajeaba a Mateo.

Entonces, ¿a cambio de qué se encargó de la muerte de Malena?

-Bueno, pues a cambio de dinero, claro.

Pero en esa época le pagaba Rojo.

De hecho, él le convenció para que se declarara culpable.

Cuando Rojo murió, pues... fue a por Mateo.

Que era el culpable y por quien Jesús estaba en la cárcel.

Entonces es cuando usted entra en escena

para chantajear a Mateo, ¿no?

Sí.

Sí, mi hermano... empezó a consumir más drogas todavía,

y... también necesitaba dinero para la protección en la cárcel.

Al principio todo fue muy bien.

Mateo pagó en cuanto escuchó la grabación entre mi hermano y Rojo.

-Sabemos que esa grabación se destruyó. ¿Queda alguna copia?

-No.

Mateo me convenció para que la destruyera.

Bueno, lo normal, ¿no?

Ahí quedaba claro que mi hermano...

confesó ser culpable de la muerte de esa chica por un dineral.

Retomando el tema del chantaje a Mateo Bremón,

¿qué pasó después de que hiciera el primer pago?

Mi hermano quiso más.

Quería sacarle hasta el último céntimo.

Pero no era tan fácil. Mateo no tenía tanto.

Yo misma le veía sufriendo.

Malvendió su casa por mucho menos de lo que en realidad valía,

y bueno, ahí empezó a seducirme.

-Y fue entonces cuando empezó una relación afectiva con él.

-Sí.

Sí. Le veía sufriendo y...

(SUSPIRA) En cambio, conmigo nunca tuvo una mala palabra.

Todo lo contrario.

Me trataba con muchísima delicadeza.

Me abrió su corazón.

¿En qué sentido?

Bueno, pues me contó lo arrepentido que estaba

de no haber contado antes

que la muerte de Malena fue un accidente.

Me contó lo arrepentido que estaba con todo.

No lo sé. No sé si...

si todo eso era verdad. Si...

Bueno, supongo que lo hizo para ponerme de su lado,

para... enamorarme.

No sé. ¿Qué querían que hiciera?

Yo estuve siempre rodeada de hombres violentos.

Mi padre me pegaba cada vez que se le cruzaba un cable,

mi hermano me maltrataba para que hiciera lo que él quería.

Era lo normal para mí.

Solo Mateo me ha tratado bien.

Lo raro hubiera sido no enamorarme de él.

Oímos en la conversación del hotel que tenían planes juntos.

Sí. Me...

Me prometió que si nos librábamos de mi hermano...

podríamos ser libres y felices.

Sí, fui una ingenua y me lo creí.

Pero pensé que por fin me pasaba algo bueno.

-Y por eso le hizo caso

y le dio la droga adulterada a su hermano.

-Sí.

(SUSPIRANDO) Sí. Les juro que cuando llegué a la cárcel y...

le iba a dar la droga a mi hermano, hubo un momento en que...

pensé en no hacerlo.

Vi un destello en mi hermano de lo que fue alguna vez.

Del hermano que quise. No sé...

Pero no. Era... mentira. Lo hizo para...

para reírse de mí y para insultarme.

Una vez más.

No tengo perdón. Ya lo sé.

Mi hermano era una mala persona.

Hizo daño a mucha gente, empezando por mí.

Pero...

no se merecía morir.

-¿Qué tal? -Bien.

Aquí, vigilando los movimientos de Eva Velasco y su socio.

-¿Y qué, has averiguado algo más? -No. No he averiguado nada más.

Pero entraré en su empresa esta noche, a ver qué encuentro.

-No, Fernando. Es demasiado arriesgado.

-Puede que lo sea, pero solo así podré averiguar

a qué demonios se dedican, qué relación tienen con Vlado Khan

y por qué le ayudaron a escapar.

-¿Y sabes ya cómo vas a entrar?

-Aún conservo un juego de ganzúas que me fueron útiles en su momento.

-Pero ¿y si suena la alarma, o si aparece alguien por ahí?

-No van a aparecer, no te preocupes.

Además, espero que me envíen un mensaje

con el código de seguridad para desactivarla.

-No sé, no lo veo, ¿eh? Creo que es demasiado peligroso.

Y seguro que hay otra forma de saber qué relación tienen con Vlado.

-Es probable que haya otra forma de averiguarlo,

pero esta es la única que tengo, y la más rápida.

Necesito saber a qué se dedican exactamente.

Solo así podré chantajearlos hasta que me digan dónde está Khan.

-Bueno, pues como quieras.

Si necesitas cualquier cosa, me dices.

-Pues ahora que me lo dices, quizá puedas ayudarme en algo.

Pero debes estar muy segura de dónde te estás metiendo.

¿Lo estás?

-Por supuesto.

Yo le tengo las mismas ganas que tú a ese miserable.

Tiene que pagar por el daño que nos ha hecho.

-¿Y en qué redes contacta con ella?

(RESOPLA) -No sé. Me has pillado. Luego te lo miro.

A ver, que necesito desconectar.

Es nuestro tiempo de descanso. ¿A ti no te pasa?

-Ya le dije adiós a la mensajería. No sé si fue buena idea.

Viendo cómo está la cosa con el trabajo...

-Claro que fue buena idea.

No puedes estar... -Qué, ¿te haces el interesante?

-¿Tú qué haces aquí?

-No sabía que...

(DANI) -¿Se conocen? -¿Vienes a acabar lo que empezaste?

¿Eh? -Acabo de mudarme aquí.

Es casualidad. -¿Cuándo saliste de la cárcel?

-Iván, este chico en la cárcel no.

-De eso nada. Este miserable cometió un atraco,

y en la huida me atropelló y me dejó cojo.

-Cometí un error, pero ya pagué por él. Estuve siete años.

-Poco me parece. Poco para haberme arruinado la vida.

-Iván, tranquilo. Las cosas no se arreglan así, ¿vale?

-Lárgate. No quiero verte. ¡Lárgate!

-Venga, vámonos a comisaría.

Ya he dicho que yo no maté a Malena. Que fue un accidente.

Vino a mi despacho, forcejeamos y al caer se partió el cuello.

¿Por qué no me llamaste entonces?

Iba a hacerlo, pero estaba en "shock".

Mi error fue llamar a Andrés.

Él me hizo irme a casa.

Él se encargaría de todo. De llamar a la Policía.

En vez de eso, escondió el cadáver.

¿Qué interés tenía en ser cómplice de algo tan horrible?

Bueno, sabéis que me odiaba.

Quería hundirme, y así me tenía pillado.

Además, le preocupaba la clínica.

Decía que esto nos iba a arruinar,

que perdimos mucho dinero con lo de las prótesis defectuosas.

Pero fueron él y Rojo. Yo no hice nada.

Ese es el problema. Debiste venir a comisaría.

Sí, pero decidiste ocultarnos a todos el crimen

y seguiste con tu vida como si nada. No.

Eso no es verdad.

Yo he vivido un infierno.

He estado totalmente angustiado, con pesadillas cada día.

Me habéis visto. ¿Por qué tenía épocas tan malas?

No podía vivir con eso. Estaba dispuesto a confesar.

¿Y por qué no lo hiciste?

Porque Rojo me dijo que si hablaba me mataría.

Y luego, cuando él murió, apareció Otero

y acabó de arruinarme la vida.

¡Tenías que haber contado la verdad desde el minuto uno, joder!

¿Es que no veías en qué embolado te metías

y en el que has arrastrado a tu familia?

Has sido un insensato y un egoísta.

Y has seguido tu vida sin ningún tipo de escrúpulos.

Eso es cierto.

Es cierto. Pero era pura supervivencia.

Me tenían acorralado.

Primero Andrés, luego Rojo, luego Otero.

Querían exprimirme. Lo que me faltaba.

¿Ahora vas de víctima?

Tendrías que habernos contado la verdad a todos.

¡No podía! ¿Por qué no?

Porque te protegía a ti y a tu madre.

No sabéis cómo se las gastaba Rojo.

¿Sabes qué pasa?

Que ya no me creo nada de ti.

Hija, no digas eso.

Fuiste capaz de llevar una doble vida y de ocultarnos la muerte de Malena.

Si nuestros padres levantaran la cabeza, no te reconocerían.

Ellos nos enseñaron unos valores que tú has olvidado por completo.

No tuviste suficiente con ocultar una muerte y destrozar una familia

sino que luego decidiste seducir a Eli Otero

para convencerla de matar a su hermano.

¡Que yo no la he convencido de nada!

¡Ella también estaba harta de él!

¡De sus amenazas!

¡Ha tomado sus propias decisiones!

¿Tendrás valor para negar la evidencia?

Tenemos pruebas de sobra para demostrar

que tú manipulaste la droga con fentanilo.

Eso no es verdad. No lo es.

Pero dime una cosa: ¿qué habrías hecho en mi situación?

Lo que fuera menos tomarme la justicia por mi mano.

Otero era una mala bestia: pegaba a su hermana, me chantajeaba.

No era ningún santo. ¿Justificas su muerte?

¡Que yo no le maté! ¿Cómo tengo que decirlo?

¡Que fue Eli, que quería deshacerse de él!

¡Para irse a vivir contigo,

porque le prometiste que seríais felices juntos!

Que no. A ver. Yo no le prometí nada a esa mujer,

y mucho menos a cambio de cargarse a su hermano.

Mira, olvida por un momento que soy policía y dime una cosa:

¿de verdad tú te crees todas esas mentiras?

No he dicho ni una sola mentira.

Todo es verdad. Y me olvidaré de que sois policías,

porque sois mi familia: mi hermano y mi hija.

Deberíais creerme.

A mí ya no me importa nada de lo que te pase.

(SUSPIRA)

¿Tú también vas a darme la espalda?

Hemos terminado por hoy.

Le diré a Merinero que te acompañe al calabozo.

Debes ayudarme. No puedes dejarme tirado.

Eres mi hermano. Llevamos la misma sangre.

Sinceramente, no lo parece.

(Música sentimental)

Paula.

Ahora no, tío.

(SUSPIRA)

-Y a saber en qué más cosas nos habrá mentido.

-¿Tú crees? -Hombre, yo qué sé.

-Chis.

-Ya terminé de recoger la cocina.

(MARÍA) -Ah, muy bien.

Pues... nada. Si te quieres ir ya...

-Antes... quería que habláramos de lo de mi hermano.

(Música melancólica)

-A ver, ¿por qué no nos dijiste la verdad sobre Ángel?

-A ver, estábamos recién llegados en el barrio, y...

yo no quería que le pusieran la etiqueta de delincuente.

-¿Cómo fue que se metió por el mal camino?

-En nuestro barrio, en San Juan,

no había oportunidades para un chaval inmigrante.

Y él veía

cómo unos chicos de una banda de latinos manejaban dinero,

y... se sentían protegidos entre ellos.

-Ya. Y se metió en la banda.

-Sí.

-¿Cometió muchos delitos?

-Solo uno. El de la gasolinera.

Él está muy arrepentido de lo que hizo.

No es porque sea mi hermano, pero...

Pero cuando pasó eso, él era muy chico.

Y... se merece una segunda oportunidad.

-Ya...

Y sobre ti, ¿qué? ¿También nos has mentido?

-No, no. Yo os juro que no.

Yo trabajaba en un "catering",

pero estaba harta de los horarios y de la situación tan precaria.

Yo entiendo que no quieras seguir trabajando conmigo, María.

Es difícil confiar en alguien que ya te mintió una vez.

Así que...

-Hombre, a ver...

(SUSPIRA) Gracia no me ha hecho, la verdad.

Pero también entiendo tus motivos.

Por mí, sigues siendo la camarera de La Parra.

-Muchas gracias.

(Teclado)

(Música de acción)

(Pitido)

(Timbre)

Hola, comisario. Buenas noches, Lara.

Pase, por favor. Gracias.

¿Está Paula en casa?

Sí. Llegó hace un par de horas de comisaría,

pero se ha encerrado en su cuarto y no ha salido.

Ya. He llamado un par de veces

a ver si quería cenar algo conmigo, pero dice que no tiene apetito.

Imagino que es normal.

Bueno...

¿Le aviso de que está usted aquí?

No. Si está descansando, ya hablaremos mañana.

Los dos tenemos mucho que procesar.

Sí. Sí, es verdad.

¿Le puedo ofrecer algo? Agua, refresco, cerveza...

Gracias. Solo te pediré un favor:

que sigas pendiente de ella estos días.

Sí. Por supuesto, vamos. Eso delo por hecho.

Gracias. De nada.

-Hola, tío.

Hola, Paula. No te habré despertado. No, qué va.

¿Cómo estás? Pues mal.

-Os dejo. Voy a mi cuarto. Cualquier cosa, me avisas.

-Gracias, Lara. -De nada.

-¿Nos sentamos?

-Adiós.

¿Hablaste con tu madre?

Sí. Viene mañana a Madrid.

Pasará unos días aquí conmigo. Me alegro.

Te vendrá bien estar cerca de ella estos días.

No sé cómo voy a vivir sabiendo que...

que mi padre es un asesino.

Yo tampoco lo sé.

Pero tenemos que ser fuertes y apoyarnos entre nosotros.

Pero ¿cómo ha sido capaz?

Nos ha engañado a todos.

Yo supervisé el caso y siempre defendí su inocencia.

¿Cómo iba a ser capaz de hacer algo así?

(SUSPIRA)

Pasado mañana juro el cargo, y...

no sé si debería...

o si debería dejar el cuerpo. ¿Qué dices? Vamos...

No digas eso ni en broma. Claro que vas a jurar el cargo.

Y muy orgullosa.

Has demostrado ser el mejor tipo de policía que existe:

el que pone el deber y la justicia sobre todo.

Incluso por encima de su familia.

Hay que tener mucho valor para hacer lo que hiciste.

Se necesitan agentes como tú.

Y yo te quiero en mi equipo.

Es muy duro saber que tienes la sangre de un criminal.

No sé cómo saldré de esta.

Saldrás más fuerte. Ya lo verás.

Ojalá.

Ojalá, pero... no sé si tendré fuerzas.

Las tendrás.

Confía en ti.

Anda, ven.

(AMBOS SUSPIRAN)

(Música de suspense)

(VOZ MELÓDICA) Fernando.

(JOVIAL) ¡Despierta, buenos días!

Cuéntame.

¿Qué haces por aquí otra vez?

-Pues mira, quería prepararte una fiestecita sorpresa

para darte la bienvenida al barrio, pero a tu amigo no le gusta la idea.

-¿Aún te quedan ganas de bromear?

Igual es que no te he dado lo bastante fuerte.

-Sigue intentándolo, hombre. No te cortes.

(ABEL) -¿Sí? -Abel.

Es que resulta que... fíjate,

toda esa fachada tuya de empresario honrado, modelo,

a mí no me ha colado, ¿sabes? Sé perfectamente quién eres.

Capo de la ruta del sur.

Gracias a Transportes Quintero. La logística es importante, ¿verdad?

-No ibas a tener tú la exclusiva, ¿no?

Deberíais tener cuidado. Ya he visto que tenéis por aquí

cositas muy interesantes.

-Ya. Ya he visto que mirabas mucho.

Cuéntame: ¿en qué te puedo ayudar?

No estarás tan mal como para robar a pequeños empresarios.

-Estoy buscando a Vlado Khan.

-A Vlado ¿qué?

A ver, ¿de qué se supone que conozco yo a este tipo?

-No sé. Dímelo tú.

Lo que yo sé es que él llamó aquí tras el asalto a la comisaría,

y supuestamente, digo supuestamente,

os robó una furgoneta. Pero ¿sabes qué es lo que creo?

Que esa furgoneta se la cedisteis vosotros amablemente.

-Pero qué mal informado estás, Quintero.

No, verás. A mí la furgo me la robaron.

No la presté.

-Eso le dijisteis a la Policía.

Es la versión oficial. Pero ¿sabes qué?

Que tengo pruebas que demuestran lo contrario.

-Sabe demasiado. Hay que matarlo. (EVA) -No.

Es un farol. No tiene pruebas.

-Quizá, pero ¿por qué arriesgarnos?

-Si pensáis en coger una pistola para darme un tiro,

cuidado, porque si lo hacéis, tendréis un serio problema.

(ABEL) -Ah, ¿sí?

¿Y eso por qué?

-Porque no soy ningún imbécil, amigo.

No voy a presentarme aquí sin tener las espaldas bien cubiertas.

Ahí fuera tengo una amiga en la puerta de la comisaría,

dispuesta a entrar.

Le dije que esperase 30 minutos.

Si pasado ese tiempo pasaban otros 15 minutos

y no recibía ninguna llamada mía, sonará ese teléfono.

Y si no recibe una respuesta favorable,

entrará en la comisaría,

presentará las pruebas, lo contará todo

y en menos de diez minutos

la Policía entrará por esa puerta.

Vosotros sabréis lo que hacéis.

-Ni caso, Eva. Este tío va de farol.

(Móvil)

-Mira, está sonando mi teléfono.

Ahí tenéis el farol.

Yo que vosotros contestaría, si no queréis tener un problema.

-¿Sí?

(HANNA) -"Quiero hablar con Quintero".

-Aquí no hay ningún Quintero.

-"Qué raro, porque este es su teléfono.

Y si no le veo en la plaza en dos minutos,

entro en comisaría con las pruebas de vuestra implicación con Khan".

-¿Sigues teniendo dudas?

¿Aún pensáis que os estoy mintiendo?

(EXHALA PROFUNDAMENTE)

-Pero es una persona libre. Ya ha cumplido su pena.

-En cambio, yo no tengo la ocasión de hacer borrón y cuenta nueva.

-¿Vas a salir huyendo? Tendrás que acostumbrarte.

-No. Que huya él.

-Es normal que me odie.

-No, pero olvídate de eso ya.

-¿Cómo, si voy a tener que cruzármelo todo el tiempo?

Tú viste cómo me miró.

-Sí. Fue un momento muy difícil.

E hiciste bien en irte cuando te lo pidió.

-¿Es verdad que vive aquí?

Pues tendré que acostumbrarme.

No será la última vez que me cruce por aquí con él.

-Sobre todo porque sabes que es el hermano de Daniela, mi camarera.

(PAULA) -Mamá. -¡Cariño!

¡Ay! Qué ganas tenía de verte.

-¿Me dices que esa mujer es la hija del Balas? ¿En serio?

Vaya...

¿Sabes si ha heredado las maneras o las formas de hacer del padre?

-Ahora entiendo las pesadillas que tenía cuando murió Malena.

Y eso que él decía que le estresaba el trabajo.

-Bueno, pues al menos antes parecía arrepentido.

Porque ahora es un cínico.

No sabes la de mentiras que nos contó en el interrogatorio al tío y a mí.

-En eso tiene experiencia.

Una cosa es que pagues tus crímenes

y otra que no intentes salir lo mejor parado posible.

Se lo digo a todos los detenidos

para que sepan que pueden tener una buena defensa.

¡Pues deja de hacer de comisario y háblame como mi hermano!

¿Vas a hacer algo para sacarme de aquí?

(ABEL) ¿No sería mejor matar a Quintero?

Solo así estaremos tranquilos.

Muerto el perro se acabó la rabia.

No tendrá siempre un socio esperándole fuera de la comisaría.

-Socia, no socio.

Lo que yo escuché al otro lado del teléfono era una mujer.

Del este. Rusa o algo así.

-Intentaré averiguar quién es.

-¿El siguiente paso? (QUINTERO) -Sentarnos a esperar.

Las pruebas que tenemos nos dan ventaja.

-No sé. ¿No es mejor que hables directamente con ella?

-No. Te aseguro que entrará por ahí en cualquier momento.

Sabes dónde está.

Sabes bien también que tengo pruebas

que demuestran que llamó a tu empresa tras el asalto.

Verás, Eva.

(CARRASPEA) Entiendo que esta información no es gratis.

Por eso estoy dispuesto

a hacerte una oferta muy jugosa que no vas a poder rechazar

a cambio de que me digas dónde está ese maldito rumano.

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Servir y proteger - Capítulo 824

26 oct 2020

Ángel renuncia al trabajo en Mensajería Velasco tras descubrir que venden armas. Después, se encuentra con Iván, que le reconoce como quien le atropelló y provocó su cojera.
Tras irrumpir en la mensajería, Quintero tiene un careo con Eva y Abel y les pide información sobre Vlado Khan.

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