Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 816 - ver ahora
Transcripción completa

(ABEL) Es hijo de un amigo mío y de tu padre.

Viene a comprar un juguete.

Ayer se produjo un atraco

en la joyería de la plaza del Chorrillo.

Me pondrá a alguien de binomio.

Lo tienes delante.

Como encuentren esa pipa, esa pipa está quemada.

-Carlos Román, alias el Gordo.

-He decidido contratar de manera definitiva a alguien

para que esté en el centro.

-Te dejo coger ese trabajo porque estás enfrente.

-¡Ay, María!

-Que le den a Mateo. Me da igual de dónde lo saque.

Que tú necesitas pasta, y yo también. Punto.

Pasa todos los días.

Una papelina con droga más pura de lo habitual y...

(Música emocionante)

(Música de acción)

(Conversación inaudible)

Hola, Javi. ¿Ha venido Salgado?

Pues mejor.

Marta.

Pero, bueno, ¿ya estás aquí?

Pensaba que era yo el que llegaba siempre primero.

-¿Eres de los que les gusta ser siempre el primero?

-Bueno, tranquila, que vengo en son de paz.

De hecho, quería darte las gracias por repetir el informe para Salgado

y dejarme seguir con la investigación.

-Por eso vine pronto. Para tenerlo antes de que llegue.

Ya lo tiene en su mesa.

-Ah...

-¿Tú qué haces aquí?

-Pues yo he venido a seguir repasando cosas

del caso de Láinez y Ríos.

Que nos dejamos una caja entera por mirar.

-Sí. Ya estoy cruzando toda la información.

-Ajá. Pues sí que eres madrugadora tú, ¿eh?

O vienes de dormir poco

o no tenías nada importante que hacer.

-Sí, a ti te lo voy a contar.

-Ya.

Cuando empezamos este caso no imaginé

que tuviéramos que digitalizar tantos papeles y tantas notas.

Si quieres, te echo una mano.

-No te preocupes, estoy con el último.

De hecho, mira: ya lo he terminado.

-Ah.

-¿Qué? -No, nada. ¿Has encontrado algo?

-Pues sí.

Solo hay un delincuente al que los dos metieran en la cárcel.

Distintos años, pero por el mismo tipo de delito.

-¿Y quién es?

-Víctor Durán Ordóñez.

-Víctor Durán era alunicero.

-¿Lo conoces?

-¿Si lo conozco? Era un mito en los 90. Un número uno.

Se hacía todo Madrid en coche. -¿Contra qué lo estrellaba?

-Le daba igual: joyerías, concesionarios... Lo que fuera.

-Vale, pues dos de esos delitos los llevaron ellos.

El primero fue Ríos hace diez años,

que lo encerró por estrellar su coche contra una joyería.

-Le caería una pena muy leve.

Estos entran y salen de la cárcel como del teleférico.

-Exacto. Salió de la cárcel y cinco años después

Láinez lo encerró por estrellar su coche

contra una tienda de móviles.

-Ya.

Pero no sé, hay algo que no me cuadra, es raro.

-¿El qué?

-Este tipo no era violento.

Nunca llevaba armas ni tenía agresiones.

De hecho, en las detenciones nunca se resistía. Era muy listo.

-O sea, que según tú, no tiene un perfil violento como para vengarse

y matarlos de esa forma tan macabra. -Exacto. En principio no.

-Vale. Siento llevarte la contraria, porque...

está relacionado con una investigación de hace dos años

donde supuestamente degolló a otro delincuente.

-Qué fuerte, ¿no? ¿Cómo acabó eso?

-Pues no tenían pruebas, pero sigue siendo el máximo sospechoso.

-No sé. ¿Y en su ficha aparece alguna dirección o algo?

-La última es de cuando salió de prisión.

Pero era un albergue. No seguirá ahí.

-No. Sí que hay motivos para investigarle, ¿eh? Ahora sí los hay.

-Pues vamos. ¿A qué esperamos?

(DANIELA) -Buenos días. -Buenos días.

Necesito un cafetito.

-Ya hice. Pensé que después de lo de anoche, te haría falta.

-Ay, muchas gracias, Dani.

¿Y todo este despliegue?

-Es tu primer desayuno en libertad. Quería que fuera algo especial.

-¡Bah! -Y no quiero que sigamos enojados.

(RESOPLA) -Dormí fatal.

Yo no sé si son los siete años sin beber alcohol

o dormir en una cama decente.

-Ya. Bueno, pues será un poco de todo.

-Tuve unas pesadillas...

Me levantaba y no sabía si estaba aquí o en la cárcel.

Tardé un poco en saber dónde estaba.

-Tranquilo, que no volverás a prisión.

-Oye, Dani...

Lo siento. Sé que estabas muy ilusionada conmigo y lo arruiné.

-No, ya. Y yo siento haber mentido sobre ti en el bar.

Y entiendo perfecto que pensaras que me avergüenzo de ti.

Pero eso es imposible. -Lo sé.

Y es así. Cuando vas a la cárcel te quedas marcado. Ni modo.

-Pues sí, supongo.

-No puedo enojarme más de un rato contigo.

Lo que estoy es enojado conmigo por haber hecho las cosas mal,

por haber escogido un mal camino.

Me duele que tengas que mentir para que no te miren mal.

-A ver, mentí porque no quería que nos etiquetaran nada más llegar.

Pero si quieres les cuento la verdad.

-No, no. No quiero que encima quedes como una mentirosa. No.

¿Sabes?

¿Sabes qué me da más miedo?

La libertad.

Cuando estás en la cárcel te haces muchas ilusiones

con lo que harás cuando salgas,

y luego igual ninguna de esas se cumple.

-Ya. Bueno, pero si lo dices por lo del trabajo de ayer,

debes seguir intentando.

No puedes desanimarte.

Encontrarás a alguien a quien no le importe tu pasado.

¿Qué plan tienes para hoy?

-Buscar trabajo. De lo que sea. No solo de lo mío.

-¿Tienes los certificados de tus cursos?

-Sí. Certificados profesionales

en montaje y mantenimiento de instalaciones de baja tensión,

de redes de agua, de trabajos de carpintería...

-Pues muy bien. Yo los llevaría encima, por si te los piden.

-Ay, no. ¿Para qué sirven? Todos son del nivel más bajo, el uno.

-Pero eso demuestra que no perdiste el tiempo en la cárcel.

¿Sabes? Que te pusiste a estudiar, a formarte.

-La verdad, me encantaría trabajar de carpintero.

No sabes las cosas chulas que hice allá.

Y me da igual.

Que me den un trabajo de lo que sea. No seré un mantenido.

-Sé que tú no eres así.

Pero ahora que lo dices,

el grifo gotea y el interruptor del baño no funciona.

¿Podrías arreglarlo?

-¿Qué pasó, mi Dani? Eso es para bebés.

-¿Sabes qué? Te ayudaré a encontrar trabajo.

Preguntaré por el barrio, a ver si alguien sabe.

-Oye, gracias.

-Para eso estamos.

-Si quieres me bajo al bar y te subo algo de extranjis.

-Que no. Que no hace falta.

(Puerta abierta)

-Hola. (CARMEN) -Hola.

-¿Qué tal? ¿Cómo fue la noche?

-Ha dormido del tirón.

-Sí. Estoy mucho mejor. Como nuevo ya.

-Bueno, tampoco exageres.

Te quedan unos días. -No seas pesada, cariño.

-Y el desayuno bien, ¿no?

-Se lo ha comido todo. Con hambre, además.

-Sí. Hasta yogur, que solo me gusta azucarado.

-Claro. Por eso se ha quedado con hambre.

Y al almuerzo no llega. -Que no me he quedado con hambre.

¿Cómo quieres que te lo diga?

-Yo voy a bajar a la cafetería y te subo algo,

que no voy a dejar que te mueras de hambre.

Tienes que coger energía para recuperarte.

-Mamá, pregunta a las enfermeras, no sea que le siente mal.

Tal y como está... -Vale.

Les preguntaré. -No.

Tú tienes que irte al bar, que lleva muchos días cerrado.

-Tiene razón. Me quedo yo.

-No, y tú debes ir a comisaría. Allí te necesitan.

A ver, están las enfermeras.

Si necesito algo, están ellas. -No me voy.

Aquí solo no te dejo. -¡Que no estoy solo!

-Parad un momento.

Me quedo yo, que he pedido dos días libres.

-Bien hecho, hijo. -Pues no me hace gracia.

Tú deberías estar en la comisaría. Así sabrías cómo va la investigación.

Me muero de ganas por saber quién me atacó.

-Tú tienes que descansar y olvidarte de ese hombre.

-A ver, Carmen, yo solo digo que si Toni...

-Mira, Toni no va a saber nada.

En la comisaría no habrán empezado aún

ni con recopilar los hechos probatorios.

Y no me miréis así. En casa solo habláis de vuestros casos.

Claro, se me queda vuestro vocabulario.

-Vamos a ver, papá. Has escuchado a Elías.

Están dando palos de ciego. Si saben algo, te avisan. Ya está.

Tranquilo. -Si estuvieras con él, sabrías algo.

-Y dale. -Es que no entiendo vuestra actitud.

Si yo estuviera en tu lugar...

-Harías de todo para encontrar al culpable.

-Exacto. Y es lo que pienso hacer.

Cuando me den el alta me voy a comisaría,

a investigar con Elías. (CARMEN) -Ya.

Y volver a jugarte la vida con el del cementerio.

-Es que debo saber quién es y saber por qué quería matarme

para anticiparme por si quiere reintentarlo.

-Anda, hijo, por favor. Quítale esa idea de la cabeza.

(TONI) -Hombre, mamá.

Yo le entiendo. -Menos mal.

No lo entiendes. Debo estar prevenido.

Y desde esta cama es muy complicado. Debo estar fuera para ir tras él.

-Por encima de mi cadáver. -Bueno, ya está.

Mamá, vete a desayunar.

Me quedo yo con él. Venga. -Vale.

Pero... (CHASQUEA LA LENGUA)

-Toma, anda, cascarrabias.

Te he traído el periódico, para que te distraigas un poco.

(Susurro ininteligible)

No, Iker, no tengo nada, y no hago más que darle vueltas.

Habría que insistir con los contactos de Nantes.

Perdemos el tiempo.

Sí.

¿Quién?

¿Y por qué dices que hay que convencerla

para que se encargue del caso de Khan?

Ah, ¿en la Europol?

¿Tú has trabajado con ella?

Ya.

Pues si es así, es estupendo. Eso es lo que necesitamos.

Oye, me tienes al tanto. Te dejo.

Nada, ¿no?

¿Seguro que el primo del Gordo vive aquí?

Porque no aparece nadie. Ten paciencia.

¿Y si llamamos al telefonillo y le preguntamos a la madre?

No sabemos si esa mujer va a colaborar.

Y en cambio, podría llamarlo para ponerlo sobre aviso.

Hay que tener paciencia. Aparecerá, tranquila.

¿Cómo puede estar tan segura?

Porque el Pecas me ha dicho que vive con su madre

y que a estas horas suele ir a echar la lotería.

Así que vamos a esperar,

porque el Pecas nunca me falló. Siempre me ha dado buenos soplos.

Así que aún le quedan confites.

¿Te sorprende?

No sé. Pensaba que de eso se encargaba Elías,

que se patea las calles. Claro.

Y como yo estoy siempre en un despacho, no puedo tener confites.

No, yo no quería decir eso. Tranquila, Paula.

En el fondo tienes razón.

Además, el Pecas es algo más que un confite. Es un amigo.

Aunque llevábamos mucho sin hablar.

Bueno, pues se sorprendería cuando le llamó.

Un poco sí.

Además, lleva mucho tiempo ya retirado de la vida delictiva.

Dice que le daba muchos disgustos.

Pero él siempre está al tanto de lo que sucede.

¿Y no le parece rara esta situación?

¿Cuál, estar vigilando un portal para interrogar a alguien?

Pues sí. Volver a la calle, hablar con confites,

seguir a alguien... Lo hice durante años.

No es nada nuevo para mí.

De todas formas, hay que adaptarse a cualquier situación.

No voy a retirarme, ¿no?

Bueno, yo ya se lo dije ayer, pero esta situación no me gusta nada.

De hecho, todos estamos en desacuerdo.

Tenéis que dejar de hablar y concentraros más en el trabajo.

A los criminales les da igual quién está al mando.

Ya, pero no... Paula.

Estamos para defender y proteger al ciudadano, ¿vale?

No para pelearnos por un puesto. A ver si os entra en la cabeza.

Vale. Tiene razón.

Lo último que le diré es que me parece alucinante

que mi tío no le apoyara.

Eso es una suposición tuya.

¿Por qué lo dice?

(SUSPIRA) Verás...

Te voy a contar algo

porque no quiero que tengas un mal concepto de tu tío.

Pero es absolutamente confidencial.

Él escribió una carta a Jefatura

responsabilizándose de todo lo ocurrido durante el asalto...

y exculpándome a mí.

¿En serio? Claro.

Él sostenía y defendía

que yo debía seguir siendo la segunda en la cadena de mando.

Y él decía que si había que pedir responsabilidades era a él.

Única y exclusivamente a él. ¿Y qué le contestaron?

Nada, porque no envió la carta. Yo se lo impedí.

No podía permitir que se sacrificara por mí de esa manera.

Mira, ahí está.

Coincide con la descripción del Pecas.

Vamos a por él.

Buenos días.

Policía.

¿Es Cayetano Pérez Román?

Yo no he hecho nada.

No venimos a por usted. Queremos información sobre su primo:

Carlos Román. ¿Puede decirnos dónde está?

Si nos dice dónde está y colabora, bien.

Si no, podríamos decidir nosotros escarbar en su pasado.

Yo que usted colaboraría.

(Conversación inaudible)

-Lidia y yo llegamos a la conclusión

de que el único sospechoso podría ser Víctor Durán,

un famoso alunicero de la zona sur de Madrid de los 90.

¿En qué basáis vuestras sospechas?

Bueno, pues es el único tipo al que detuvieron Láinez y Ríos

en diferentes ocasiones y con diferentes motivos.

-¿Han intentado dar con él?

-Pues claro. Intentamos encontrarlo para traerlo aquí e interrogarlo,

pero ha desaparecido.

¿Nadie de su entorno puede informar de su paradero actual?

Bueno, Lidia ha hablado con un trabajador social

que se mueve muy bien por el barrio.

Pero claro, cuando mis confites no saben nada, malo.

-¿Alguna idea más?

-Se me ocurre ir a hablar con el compañero Santiago

a ver si él puede aportarnos algo de información.

Me parece bien.

Y a mí. Si lo detuvo hace años, quizá sepa dónde encontrarlo.

-Bueno... Deséale que se recupere pronto.

Iría yo mismo, pero no puedo.

Debo ausentarme por trabajo. (ELÍAS) Bien.

Así lo haré.

Por cierto, Salgado,

aquí tiene las últimas novedades del caso, de hoy.

Lo que le he contado pero por escrito.

-Espero que estén tan bien presentados

como los que tenía en la mesa al llegar.

-Esa las ha escrito Lidia.

-Ah. Ahora lo entiendo.

¿Qué tal con la oficial Alonso? ¿Se está adaptando bien?

Pues sí, muy bien. De hecho, es una gran curranta.

Ha sido ella la que ha encontrado el nexo de Víctor Durán

rebuscando entre todos los casos de Láinez y Ríos.

-Me alegro de que formen buen equipo.

-Pues nada, me voy para hablar con Santiago en horario de hospital.

-Hay algunos flecos de este caso que querría que comentáramos.

-Bien. Ahí lo tiene todo muy bien especificado.

Con sus márgenes, sus dobles espacios y su puntuación.

Igual he perdido algo de tiempo de investigación. Pero no pasa nada.

(Puerta cerrada)

-¿Siempre es así de poco respetuoso e indisciplinado?

Elías es un buen policía.

Se deja la piel en cada caso.

Y no le importa patear la calle hasta...

romper la suela de los zapatos. Y eso y es lo que importa.

Y la verdad es que el informe

está mejor presentado de lo habitual.

Supongo que habrás tenido algo que ver.

Pienso cambiar más cosas en esta comisaría,

no solo la presentación de los informes.

No me cabe la menor duda.

Oye, ¿y dónde está Miralles?

¿Por qué no vino a la reunión?

Hay un par de asuntos que quiero tratar con ella.

Tendrás que llamarla al móvil.

Salió con Paula a buscar al tipo que robó la joyería

de la plaza del Chorrillo.

Tienen una dirección y el juez lo ha autorizado.

Vaya. No sabía que le gustara el trabajo de calle.

Nunca le importó ayudar a los compañeros.

Eso dice mucho de ella.

Antes has dicho que salías por motivos de trabajo.

Sí, voy a un seminario de seguridad ciudadana

para comisarios.

Es en Sevilla, y estaré un par de días ausente.

Debes quedarte al cargo.

No te preocupes. Dejas la comisaría en buenas manos.

Incluso puede que cuando vuelvas

la encuentres mejor que cuando te fuiste.

Bremón.

(Puerta abierta)

(GORDO) -Sí.

Sí, que sí.

Exacto, esas son. Sí.

Las de la joyería de la plaza del Chorrillo, sí.

¿Qué?

Que sí.

Ya sé que el asunto está todavía muy caliente.

Pero... vamos a ver. Te las dejo baratas, casi regaladas.

Cuando las veas te va a dar igual.

Bueno. Muy bien. Pues no te lo pienses mucho.

Si no, me busco a otro.

(Puerta)

¿Quién?

(MUJER) -Servicio de habitaciones.

(Música de tensión)

-No me molesten. Yo no he pedido nada.

-Traigo toallas limpias. Mi compañera olvidó cambiárselas.

Tardamos un momento.

-Les he dicho...

¡Policía! ¡Contra la pared! Yo no he hecho nada.

-¿Has escuchado? Venga.

(Música de acción)

¡Ah! Esto nos lo quedamos nosotras. Se equivocan de persona.

-Aquí están las joyas. Perfecto.

Que pase la secretaria judicial.

Les he dicho que se equivocan de persona.

Sí, claro.

Por eso llevabas una pistola, ¿no?

Y una mochila llena de joyas.

Carlos Román, quedas detenido por atraco a mano armada

y por homicidio en grado de tentativa.

Tienes derecho a permanecer en silencio

y a solicitar asistencia letrada. (MUJER) Hola.

Toma. ¿Llevas guantes?

¿No esperamos a la Científica?

Con lo poco cuidadoso que ha sido él, no creo que haga falta.

¿Te parece, Gordo?

Que no eres muy profesional.

Ya tenemos la pistola y las joyas.

¿Puedo sentarme al menos? No.

Si querías estar cómodo, te equivocas.

Podrás sentarte, pero de cara a la pared en un hotel diferente.

(Fotos)

Si vamos demasiado deprisa, nos lo dice.

Está bien. Tranquila.

-¿Puedo sentarme ya?

Va a darme un trombo. ¡Te he dicho que no!

Mira a ver si hay algo más que debamos llevarnos como prueba.

Nada. Pues venga, andando.

¿No puedo llevarme las joyas de mi abuela? ¿No le doy pena?

Me dan pena los joyeros a los que robaste.

Sobre todo Ángela Ortiz, que casi la matas. Venga.

Bueno, compañero. Me alegra saber que ya tienes ánimo para volver.

-Ya llevo cuatro días aquí,

y esto es aburridísimo. Es deprimente, Elías.

-Ya, pero como no puedes ir a comisaría, te traigo el trabajo.

-Venga. ¿Tiene que ver con el que intentó matarme?

-Pues sí. Te traigo novedades. -¿Qué has averiguado?

-¿Te suena de algo el nombre de Víctor Durán?

-Víctor Durán...

¿Ese no era un alunicero

que tenía una banda que actuaba por el sur de Madrid?

-Sí. ¿Qué puedes decirme de él?

Pues a ver, yo detuve a Durán cuando él todavía era joven.

Pero había dado ya varios palos.

Hace de eso casi diez años.

-Y sin el casi, sí.

Lo detuviste por un atraco a una joyería en Carabanchel.

-Sí. Robaron un coche y lo empotraron hasta el fondo,

y sacaron de allí todo lo que pudieron.

-Y cuando lo trincaste ya había repartido todo el género

y se había gastado todo en fiestas.

-Veo que tienes bien estudiado el caso.

-Ya te dije que haría lo posible por trincar a este tipejo.

-¿Y tú crees, Elías, perdona,

que Durán fue el que mató a Láinez y el que atacó a mi padre?

¿Un alunicero?

-Bueno, hemos estado repasando los casos de Láinez y de tu padre

de los últimos diez años,

y sois los dos únicos policías que le habéis encerrado.

-Hacía mucho que no sabía de él. Creí que estaba en la cárcel.

-No lo está. De hecho, está en paradero desconocido.

Mira, te he traído...

Te he traído por aquí una foto,

por si pudiera refrescarte la memoria.

Si es que yo apenas le vi.

Me dio el calambrazo y me quedé aturdido.

-A ver.

(RESOPLA) Yo qué sé.

De aspecto, por poder, podría ser, pero... (RESOPLA)

-Oye, ¿crees que sería capaz de matar a dos policías?

Sabe que eso conllevaría mucho tiempo de cárcel.

-De hecho, fue sospechoso

de asesinar a un miembro de su banda, y degollado.

Pero no pudimos demostrar su culpabilidad.

-Entonces igual sí se le fue la pinza

y le dio por vengarse de todos los que le encarcelaron.

-Fuimos a buscarle al albergue, donde constaba su ficha policial

que tenía su residencia, pero no saben nada de él.

Como si se lo hubiera tragado la tierra.

-No da señales de vida, ¿eh?

-Como estuviste detrás de él un tiempo,

¿no sabes dónde podríamos encontrarlo?

Algún confite, algún familiar, amigo...

-No sé. De eso hace mucho tiempo. Mi memoria no da para tanto.

-Pero ¿cuándo fue la última vez

que le viste a él o a alguien de su banda?

-Intenta recordar.

-Pues a ver, hará como unos siete años

empezaron a haber unos alunizajes, y enseguida pensé en Durán.

Pero me confirmaron que estaba en la cárcel

y lo descarté como sospechoso. Esto es lo último que sé.

-Sí. El último que lo metió en la cárcel fue Láinez.

-Ya. Pues siento no poder ayudarte.

-Bueno, no pasa nada. Me lo suponía, pero bueno.

Al menos tenemos la información de Toni.

-Ya, pero seguimos sin poder dar con él.

-Ya, bueno. Haremos lo que podamos, compañero.

Cuida de tu padre. -A ver si se deja.

(SANTIAGO RÍE)

-Venga.

(Puerta abierta)

(EXHALA PROFUNDAMENTE)

-Tranquilo. No te fustigues. Haces lo que puedes, papá.

-Joder, es que me siento muy inútil, hijo.

Y más aquí, postrado en esta cama.

(Música melancólica)

Merinero, este es Carlos Román, alias el Gordo.

Un viejo conocido de la justicia.

Sí, he leído su historial. Una joya.

-Hablando de joyas, encontramos las que robó en la joyería.

Y de paso nos encontramos este regalito.

¿La utilizó contra vosotras? -No. Por suerte, no.

Le sorprendimos y no le dio tiempo a nada.

Toma, llévatelo a calabozos.

Haremos las diligencias. Luego le interrogamos.

Muy bien. Venga, andando. Vamos.

-¿Qué hacemos con esto?

¿Lo damos de alta en el registro y a la sala de prueba?

No. Ya me ocupo yo. Tú ponte con el atestado, ¿vale?

Venga. Como quiera.

Oye, Paula.

Buen trabajo, ¿eh? Gracias, inspectora.

(SALGADO) -Miralles.

¿Qué tal la detención de Carlos Román?

Iba a informar a Bremón. ¿Quieres estar presente?

Bremón se fue al encuentro de comisarios.

Tendrás que informarme a mí. ¿Por escrito?

No necesito un informe completo. Solo saber cómo han ido las cosas.

No es habitual que una inspectora jefe

salga a un caso con una agente en prácticas.

Ha ido muy bien: detuvimos al Gordo, incautamos un arma de fuego

y recuperamos las joyas.

¿Suficiente? Un trabajo impecable. Lo reconozco.

Pero no creo que deba salir a la calle para un trabajo menor.

¿Un trabajo menor?

Hay una mujer en el hospital por culpa del Gordo.

Lo sé, y no quiero quitarle importancia a la detención.

Pero tu sitio está aquí,

coordinando UFAM y Protección Ciudadana.

En ningún momento he abandonado mis obligaciones.

He salido a la calle porque no tenemos efectivos.

Ruiz y Martínez tienen gastroenteritis.

Soy perfectamente consciente.

Aun así, habríamos encontrado una solución.

Para mí era la única solución.

Había otras, y lo sabes.

Liberar a alguno de los hombres que están con asuntos menores,

o pedir apoyo a Jefatura, por ejemplo.

Pero he optado por salir al barro y trabajar con una de mis agentes.

¿Cuál es el problema?

¿Que ha salido todo bien y no puedes mandar un informe a Jefatura?

Por supuesto que no. Salgado:

sé que Bremón está fuera y que ahora eres mi superior directo,

pero aquí cada uno tiene sus responsabilidades.

Así que ocúpate de las tuyas, que yo lo haré de las mías.

No te llamo la atención ni te reprocho nada.

Ah, ¿no?

Pues disculpa, me había parecido que sí.

Solo intento decirte que la próxima vez que necesites ayuda

puedes contar conmigo.

Pues muchas gracias, pero no es el caso.

No necesito ayuda.

Cuando la necesite, ya la pediré.

¿Estás seguro de que este es el teléfono de esa tal Hanna?

Muy bien, gracias.

¿Que para qué quiero el teléfono? ¿No sabes a qué se dedica o qué?

Pues eso. A mí también me han hablado bien de ella

y por eso estoy deseando conocerla.

Tengo que dejarte. Gracias por todo. Chao.

¿Qué haces aquí, Miguel? ¿Qué demonios quieres?

-Necesito hablar contigo.

-Pues yo no quiero hablar contigo. Ya puedes largarte.

-¿Has tomado contacto con la chica esa, Hanna?

-Eso es algo que a ti no te importa. No sé por qué quieres saberlo.

-Estoy preocupado por ti.

Me preocupa lo que pasó el otro día con Melendo,

no quiero que le pase eso a Hanna

y no lo voy a permitir, Quintero. -Mira, Miguel.

Tú y yo teníamos un acuerdo, un trato:

ibas a ayudarme a encontrar a Khan, pero te echaste atrás

porque no eres de palabra.

Así que no te debo ninguna explicación.

¿Te queda claro?

-Piensa en lo que harás.

Piensa en si Alicia habría aceptado que dejaras un reguero de sangre

para vengarla.

-¿Qué sabrás tú lo que mi hija hubiese aceptado o no?

El día que tú tengas una hija y le hagan lo mismo que a ella

vienes y me lo cuentas, Miguel.

(Música tensa)

-Tienes razón. No tengo ni idea del dolor que estás pasando.

Pero nada de todo eso justificaría

que le hicieras daño a una chica, Hanna,

que al final es una víctima más en todo esto.

Piénsalo: no creo que quieras hacer así las cosas.

-Las cosas serán como tengan que ser, Miguel.

Pero a ti todo eso no debería importarte,

porque parece que has olvidado que Alicia te salvó la vida.

-No se me ha olvidado, te lo aseguro.

Pero nada de lo que hagas la traerá de vuelta. Eso no pasará.

Esto solo va a acabar destruyéndote a ti.

-¿Y qué debo hacer, según tú?

¿Quedarme aquí, tranquilo, con los brazos cruzados?

-Centrarte en los vivos.

(QUINTERO RÍE SARCÁSTICAMENTE) -En tu hijo. En tu nieto.

-Ya me centraré en mi hijo y en mi nieto en su momento.

Ahora mismo debo hacer lo que debo hacer, Miguel.

Porque parece que a nadie más que a mí

le importa lo que le hicieron a Alicia.

-Yo creo que Vlado acabará cayendo, tarde o temprano.

-¿Y quién lo hará caer?

¿Bremón? ¿Miralles, quizá?

Sabes bien que ellos se han quedado tan tranquilos

después de que la Europol los apartara del caso.

Un problema menos. ¿Y sabes otra cosa?

En dos días he reunido mucha más información

que todos ellos juntos.

-Es verdad. Pero ¿cuál ha sido el precio?

Casi matas a una persona.

-Te lo dije en su momento: haré lo que tenga que hacer.

Y no voy a consentir que nada ni nadie se interponga en mi camino.

-Esa ira no te traerá nada bueno. Ni a ti ni a los tuyos.

-¿Has terminado de decir tonterías?

-Céntrate en tu hijo y en tu nieto y olvídate de esa chica.

-Y tú céntrate en tus problemas y déjame en paz.

No hace falta que te preocupes por los míos.

Tengo cosas que hacer.

Hola, ¿eres Hanna?

¿Qué tal? Verás, me llamo Fernando, y me han pasado tu número.

Ha sido un amigo.

Quisiera saber si... Bueno, me han hablado muy bien de ti,

y quisiera saber si podríamos quedar en algún momento,

tener alguna cita o algo así.

Sí, bueno. Pensaba que igual podríamos quedar en mi local.

Tengo un pub llamado Moonlight.

Está en Distrito Sur. No sé si lo conoces.

Podríamos quedar aquí y tomar algo tranquilamente

mientras nos vamos conociendo. No sé.

Ah. Pues por mí hoy mismo está bien.

¿Te parece bien a ti a las 22:00?

Fantástico. Pues a las 22:00 nos vemos aquí.

Te estaré esperando. Adiós, Hanna. Chao.

-¿Has podido averiguar

si la pulsera telemática del tipo este maltratador funciona bien?

Es que no sé qué pasa.

La víctima insiste en que su exmarido la acosa cerca de su trabajo.

-Pues si ha trucado la pulsera, ha tenido que hacerlo...

no sé, un sistema extraterrestre.

No me saltó ninguna alarma. Además, mandé un par de compañeros

y lo revisaron y estaba bien.

-Qué raro, ¿no? ¿Qué crees que puede haber pasado?

-No sé. Quizá se equivocara la víctima.

-Me parece raro.

Es que incluso me dijo que el hombre que vio

lleva la chaqueta que ella le compró a su ex.

-Igual debemos cambiar de estrategia.

Porque si ha trucado el equipo, podemos pillarle infringiendo.

-Ajá. ¿Qué propones, por ejemplo?

-Rastrear su móvil y ver si se acercó a ella.

Y luego comparar con los datos de la pulsera.

-Ah. Muy buena idea.

-¿Sí? Bueno... -Sí.

-Qué bien que estás aquí. De lo que me he enterado.

-Por mí no te cortes.

-No, no. Cuéntalo.

No nos dejes con la intriga.

-Tiene que ver con la nueva. -¿Lidia?

-Ah. Has hablado con tu colega de Zaragoza, ¿no?

-Sí. No estaba en la misma comisaría,

pero se enteró de lo que pasó. -¿Y?

-Pues agredió a un subinspector.

Sin venir a cuento le metió un puñetazo.

-Qué fuerte, ¿no?

-Después la sancionaron. Pero la cosa viene de lejos.

En esa comisaría tiene fama de ser conflictiva,

con superiores y con compañeros.

-No sé, no... Me parece raro, la verdad.

Se ve que es directa, pero no tiene pinta de ser conflictiva.

-Bueno, mi amigo me ha dicho que se pasa la vida discutiendo

y metida en problemas.

-Yo no soy de hacer caso a esos rumores.

No sabes si son ciertos, de dónde vienen...

o por qué han pasado.

-A ver. Que sea conflictiva y que haya dado un puñetazo

es cierto al 100 por 100. Después de conocerla, me lo creo más.

-Puede que sí o puede que no.

En todo caso, no sabemos la historia completa, así que...

Bueno, me voy a rastrear el móvil del individuo.

Si tengo algo, te digo.

-Yo estoy con Iván.

Yo no me fiaría de esos comentarios.

-¿Y me lo dices ahora? Si estabas deseando saberlo.

-A ver, una cosa es que tuviera curiosidad.

Pero ahora que sé la historia, no termino de creérmela, la verdad.

-Pues yo creo a mi amigo.

Me creo que sea conflictiva, problemática

y que la lio parda en Zaragoza.

-Lo que tengas que decirme, hazlo a la cara.

-Pues sin problema.

Sé que agrediste a un subinspector. -Tú no sabes una mierda.

-Solo sé que le metiste un puñetazo. Con eso me sobra.

-A ver, sobrinísima: tú a mí no me das lecciones de nada.

Que a ti te lo dieran todo mascadito y en bandeja de plata

no significa que al resto también. -Lidia, cálmate.

-No me da la gana.

La gente normal debe pelear las cosas,

sin luego poder ir a su tío llorando para que lo arregle.

Tú no sabes quién soy ni por lo que he pasado.

-Ni tú de quién soy ni de lo que he hecho.

(LARA CARRASPEA) -A ver.

Vamos a calmarnos. Así no se solucionan las cosas.

Paula, vamos a trabajar. Hay mucho que hacer.

-Niñata...

(EXHALA PROFUNDAMENTE)

(SUSPIRA)

Pues ya está colgado el cartel. A ver quién viene a por el puesto.

-Bueno, te echaré mucho de menos. Se me hará muy raro esto sin ti.

-No me lo pongas más difícil, María.

Bastante me ha costado contarte todo lo del trabajo.

-Que no. Si yo me alegro mucho por ti.

De verdad que me alegro mucho. Pero es que son... dos años juntas.

-Más. Casi tres.

-¿Tres años ya?

Cómo pasa el tiempo.

Parece que fue ayer cuando sustituiste a Salima.

-Y ahora hago como ella y te dejo tirada.

-Oye, no digas eso. Que Salima no me dejó tirada.

Salima se fue de aquí por amor, que es una cosa muy bonita.

Y tú te vas porque quieres seguir tu sueño de ayudar a la gente.

Eso también es muy bonito.

-Yo no sé si estaré a la altura de lo que Miguel espera.

-Claro que estarás a la altura.

Te lo dije el primer día que viniste aquí.

No tenías ni idea de cómo llevar la bandeja,

pero tienes para la gente un don natural. Eso es así.

-¿De verdad lo crees?

-Claro. Solo hay que verte aquí, cómo te quiere el personal.

No tendrás ningún problema en tu nuevo trabajo.

-Eres la mejor jefa del mundo.

De verdad. Si fueras cualquier otra persona

no me costaría tanto. Pero es así.

(EMOCIONADA) Es verdad. Eres como mi segunda madre.

Y contigo he crecido mucho como persona.

-Paty, no sigas, que me haces llorar.

-Es la verdad.

-Te echaré mucho de menos.

-Jo, y yo.

Pero no te pienses que te vas a librar de mí.

Que seguiré viniendo todos los días.

-Claro. Lo que pasa es que bueno, cada una a un lado de la barra.

-Bueno...

¡Ay, qué tontería!

-¿Dónde voy a encontrar una camarera así de pava?

(AMBAS RÍEN)

-Buenas tardes.

-Hola, Daniela. -Hola.

-Llevaba días sin verte.

¿Recuperada del susto de que te entraran a robar?

-Sí. Ya solo es un mal recuerdo.

Pero pasaba por aquí y vi que han puesto un cartel.

-Sí. Bueno, es que se me va Paty.

Necesitaré a un camarero o camarera que me ayude con esto.

-Pues tengo al candidato perfecto.

-Ah, ¿sí? ¿Quién? -Mi hermano.

-¿Tu hermano? ¿Ha vuelto de la Costa del Sol?

-Sí, hace nada. -Sí. Si yo lo vi ayer.

Pero ¿no trabajaba en la construcción?

-Sí, pero ahora busca de cualquier cosa

para quedarse en Madrid.

-Ya no busca solo de lo suyo.

-Es que está cansado de estar de un lado para otro,

de estar detrás de las obras para las que le contratan...

Y un empleo en un bar sería una gran oportunidad

para que él se asentara.

-Ya, pero ¿tiene alguna experiencia como camarero?

-Hombre, yo creo que ha servido copas en alguna fiesta.

Pero además, él aprende muy rápido y es muy formal.

-Claro, es tu hermano. Qué vas a decir.

-De verdad, no solo lo digo yo.

Sus jefes hablan maravillas de él.

Dale una oportunidad, María.

Es buen chico. Se lo merece.

-Ya. Y tú estás como loca por que se quede a tu lado.

-Sí, lo reconozco. Y aparte, ahora que vive conmigo,

me caería de perlas otro sueldo para el alquiler.

-¿Tú crees que se le dará bien trabajar de cara al público?

-Sí. Con lo simpático que es.

Bueno, tú lo viste ayer. -Sí.

-Tal y como hablas de él, parece el mejor hombre del mundo.

-Pues... poco le falta.

-Yo qué sé, que venga mañana y hablo con él.

Pero tendrá que estar unos días a prueba.

A ver si funciona, si no...

-Vale. Gracias, María. No te vas a arrepentir.

Voy a ir a decírselo, porque seguro que se pone supercontento. Gracias.

-Venga, vale.

(Pasos acercándose)

-¿Por qué no estás con papá? -Han entrado a hacerle la cura

y a cambiarle la vía. Me han dicho que saliera un momento.

-Qué susto. Pensé que pasó algo. -No, tranquilo.

¿Te ha sentado bien ir a casa?

(RESOPLA) -Mucho, ¿eh?

Me he echado un rato, me he duchado...

Estoy como nuevo. -Ya.

¿De verdad quieres quedarte hoy? -Que sí, mamá.

Llevas días durmiendo en ese sillón. Será una tortura.

Vete tranquila.

-Ya. Ojalá me pudiera ir tranquila, hijo.

-Vamos a ver. Has escuchado a los médicos.

Está fuera de peligro, ¿vale?

En unos días se irá a casa y estaremos todos tranquilos.

-Ya. Y después ¿qué?

¿Otra vez a jugarse la vida?

-¿A qué viene eso?

-Pues que ya has oído a tu padre.

Está deseando recuperarse para ir a trabajar.

Lo tiene claro. Le da igual haber estado a punto de morir.

Le da igual. -Bueno.

Porque en este trabajo tratamos con asesinos

más de lo que nos gustaría.

Y papá no es una excepción.

-Pero este puede volver a intentarlo.

Por eso tiene vigilancia.

-Se la han puesto por precaución.

-¿Qué precaución tomará tu padre?

Ninguna.

Llevo 30 años casada con un policía.

Tú no sabes lo que es eso.

Noches sin dormir, los nervios, la angustia de que no llame,

de que llegue tarde... -Mamá...

-Encima mi hijo se hace policía también.

(SUSPIRA) -¿Qué hago? ¿Dejo el cuerpo ahora?

-A ti no intentó matarte un loco a sangre fría.

Es que ha intentado matarle. Es la gota que colma el vaso.

Yo no puedo más. -Mamá...

Tranquilízate. Vamos a sentarnos.

-Hijo, tu padre y yo tenemos una edad en la que necesitamos descansar.

Y si vuelve a trabajar,

no sé si podré aguantar esa tensión hasta que se jubile.

-Vale. ¿Y cuál sería la solución para ti?

-Que se prejubile con una medalla.

Mira, aunque gane menos pensión. Me da igual.

Yo todavía tengo el bar.

-Hombre... Yo a papá no lo veo currando en el bar.

Y menos en casa para tal y como es.

-Vale, pues... traspaso el bar.

Ofertas no me faltan.

Nos retiramos a Puerto Real y tú te quedas tranquilo en casa.

Has ganado la oposición. No hay problema.

-Pero mamá, si ya sabes cómo es.

Que para él, ser policía es su vida.

-Por eso necesito tu ayuda para convencerle de que se prejubile.

Es lo mejor para todos, de verdad.

-¿Y el bar?

Llevas toda la vida currando. ¿Lo vas a traspasar?

-Mira, tu padre y yo llevamos años trabajando.

Años luchando.

Me da igual el bar. Yo quiero estar tranquila con tu padre.

Y disfrutar de él.

-Lo veo chungo, teniendo en cuenta lo cabezota que es.

-Ya. Por eso necesito que me ayudes.

A mí no me hará caso, pero igual a ti sí.

Hazlo por mí, por favor. Habla con él.

(TONI SUSPIRA)

Vale, lo intento. A ver qué puedo hacer.

-Vale.

-Bueno, pues cuánto me alegro

de que tengas un nuevo trabajo y tan rápido, la verdad.

Así que felicidades. Que vaya muy bien esta nueva etapa.

Y ojalá que todas tus compañeras en los pisos

tengan tu misma fortuna.

-También fue gracias a tu ayuda.

-No, ha sido mérito tuyo 100 por 100, por no haber bajado los brazos,

por no haber desistido, por seguir luchando...

Así que felicidades. De verdad. -Gracias.

Te quería preguntar una cosa. A ver si puedes ayudarme.

Estamos buscando a una mujer ucraniana

que también estuvo en los pisos de Vlado Khan

y que quizá has conocido. No la localizamos.

Se llama Hanna.

-Solo tengo el fijo.

-Pues si puedes dármelo,

te lo agradecería. -Sí, claro.

-Uy, perdón. No sabía que estabais reunidos.

Vuelvo más tarde. -Tranquila. Mar ya se iba.

-¿Sí? -Sí.

-Aquí tienes.

-Muchísimas gracias, Mar. -Gracias a ti. Hasta luego.

Chao. -Oye, estamos en contacto.

Cualquier cosa, sabes dónde estamos. -Gracias.

-Mar era una de las mujeres que trabajaban en los pisos de Khan.

-Ah. -Y bueno,

ha conseguido un trabajo como teleoperadora.

Y se plantea retomar sus estudios.

Así que... es una gran noticia.

-Jo, ya te digo. Qué guay. -Sí.

-Por un momento tuve miedo.

Pensaba que la entrevistabas para el puesto que me ofreciste.

-No. Para eso solo hay una candidata, que eres tú,

pero aún no me has contestado.

-Ya...

Venía precisamente a darte una respuesta.

-Vale.

-Y... (RESOPLA)

Y la respuesta es sí. Es un sí como una casa.

Me muero de la ilusión por trabajar aquí contigo,

intentando ayudar en lo que pueda. Me apetece mucho.

-Genial. ¿Cuándo empiezas?

-Me gustaría todavía estar unos días en el bar.

No quería dejar a María tirada.

Aparte, vendrá un chico,

y quiero enseñarle cómo funciona todo.

-Sin problema. Tómate un tiempo.

-Pues ya está. Me voy. Solo venía a decirte eso.

-Vale. -¡Qué guay! ¡Qué ganas!

Luego nos vemos. -Nos vemos. Chao.

(Música de suspense)

(RESOPLA)

(Teclas)

Hola.

¿Hanna?

No... Y... ¿está Hanna en casa?

Soy Miguel Herrera. Soy trabajador social.

Trabajo en la ONG Distrito Sur Acoge.

en el barrio de Distrito Sur, en el centro cívico.

Estamos buscando a Hanna. Es algo importante, la verdad.

No sé si me puedes ayudar dándome un número de móvil,

o diciéndome cómo puedo localizarla, por favor.

Ya.

Ya.

Ajá.

Mira...

La verdad, lo cierto es que...

es importante localizarla porque pensamos que alguien que la busca

quizá podría hacerle daño.

Para nosotros sería importante que nos ayudaras, por favor.

Sí.

Sí.

Sí. ¿Dónde ha ido?

(QUINTERO) -Mickey, vete a descansar. Ya me encargo yo de cerrar.

-Vale, pues nada. Nos vemos mañana.

-Venga, hasta mañana. -Chao.

(Música de suspense)

-Hola.

Supongo que tú serás... ¿Fernando?

-Sí, soy yo.

Y supongo que tú debes ser... Hanna.

¿No? (RÍE)

Pues encantado. Estaba a punto de cerrar, así que...

No sé, ¿quieres tomar algo? Podemos estar aquí un rato.

-Pues si me pones un "white Russian"...

¿Sabes hacerlo?

-Claro. Por supuesto.

Igual que el "black Russian" pero con crema de leche.

¿No? -Sí.

Muy bien. Pues enseguida te pongo uno.

-Hola, buenos días.

-¿En serio que tú das los buenos días así, como si nada?

-¿Quieres un calmante? -El móvil, para hablar con Elías.

-¿Te acuerdas de algo?

-A lo mejor te conseguí un empleo: en La Parra.

-No sé. Yo no sé nada de bares, ni de hostelería. Nada.

-Han cogido al Gordo. -¡La madre que le parió! Inútil.

-¿Ahora qué? ¿Eh?

¿Ahora qué?

Le van a preguntar que de dónde sacó la pipa.

Eli, por favor. Necesito que me llames.

No sé por qué no coges el teléfono.

Ya sé lo que te pasa a ti.

Te gusta el cirujano. Es eso. -¿Qué dices?

-¿A ti te parece que un tío como Mateo Bremón...

se va a fijar en ti?

-Es el momento de que pidas la prejubilación.

-¿Tú te crees el chaval este?

Que acaba de estrenar el traje y ya quiere echarme del cuerpo.

Anda, que...

-Santiago, tiene razón.

-Déjame pasar. -Por favor, sé que sabes dónde está.

Tuviste una relación con él. -¡Déjame!

Por favor. (MIGUEL) -¡Quintero!

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Servir y proteger - Capítulo 816

14 oct 2020

Para preocupación de Carmen, Santiago se muestra muy dispuesto a volver a trabajar en la policía cuanto antes.

Quintero encuentra a Hanna, la prostituta favorita de Vlado Khan, y queda con ella en el pub.

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