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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 742 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Hoy es un día crucial para detener a Rubén Martos.

Como algunos ya sabéis, llevamos unos días

investigando una posible célula terrorista.

El trabajo de los compañeros ha dado sus frutos,

así que os puedo presentar, en este momento, a Rubén Martos.

(MERCHE) De verdad.

Para mí es muy importante participar.

Tengo experiencia, puedo aportar.

Con los agentes que ha asignado Miralles es suficiente.

No hay más que hablar.

Pensaba que después de descubrir

que no estabas en la base de datos de la asociación,

te habías quedado más tranquila.

-No estoy tan obsesionada con el tema, pero...

Pero es que ando un poco revuelta porque mañana por la mañana

viene mi madre a Madrid.

-Voy a contrarreloj, pero con la ayuda de tu padre

conseguiré entrar en el vestido de la talla S que compré.

-¿Me quieres decir...

que ha falsificado los datos del historial

y la analítica?

Está obsesionada con perder esos 30 kilos en dos meses.

Al parecer, tiene una reunión de exalumnos.

Nosotros no la vamos a someter a ninguna intervención

sin hacerle un preoperatorio.

Así sabremos cómo está su salud.

Alguien que se preocupa por ti me ha avisado.

Lo siento. No estás en condiciones,

ni psicológicas ni físicas, para afrontar tal operación.

No me puedes dejar tirada.

Así recaeré en una depresión.

-Nos vemos a las dos, donde siempre.

Te dije que tuvieras cuidado,

y no se te ocurre otra cosa que enviar un mensaje

desde tu teléfono.

No sirves para nuestra lucha.

-Casi las cinco y aquí no aparece nadie.

Tiene mala pinta.

-Dudo mucho que vaya a venir nadie.

(SUSPIRA) -Sí.

Igual no se han querido arriesgar, o era una trampa, como decía Karim,

para averiguar si los estábamos investigando.

¿Sabe si han detectado alguna comunicación a Martos?

No, han rastreado el móvil durante todo el día,

y no.

Lo tenía que haber detenido nada más llegar a España

y haberle sacado la información.

(Música emocionante)

-¿Se puede saber qué haces?

-Han pedido tres mojitos.

-¿Y por qué los preparas con limón?

-No queda lima.

-¿Qué se ha aca...?

¿Se lo has dicho?

-No.

-A ver, Miki.

Si te piden un Bloody Mary y no hay zumo de tomate,

¿le echarás tomate frito?

Este no es uno de esos locales modernos,

pero también nos tomamos las cosas en serio.

-¿Entonces?

-Entonces nada.

Si se ha acabado la lima, nada.

Pero cuando se lo lleves, diles que no tenemos lima,

que le has puesto limón,

y si quieren otra cosa, va por cuenta de la casa.

-Vale.

-Esto no es lo mismo sin Sara, ¿no?

-No, no es lo mismo sin Sara.

Miki no es mal chico y es buen camarero, pero...

Sara era el alma de esto, la vamos a echar mucho de menos.

-Ya, lo imagino.

-¿Y tú qué?

¿No vas a darle a una partida?

-¿A qué?

-Al billar. El otro día nos dejaste a todos impresionados.

-Tendrá que ser otro día.

Tengo cosas que hacer.

-Sí, ya te veo ahí...

bastante enfrascado con la libretita haciendo un montón de números.

-Sí, sí, haciendo unas cuentas.

-Ah.

¿Quieres tomar algo? ¿Un refresco, una bebida isotónica?

Hace tiempo leí que la glucosa era muy buena para la cabeza.

Y para la actividad mental. -Pues...

No me vendría mal. Ponme uno. -Vale.

¿Quieres un vaso con hielo? -No hace falta.

-¿No?

Si quieres, te puedo dar algún consejo o asesorarte con algo.

Las matemáticas no es que sean mi fuerte,

pero las cuentas, los números, presupuestos, contabilidad...

Pues sí se me da bien.

-¿Cómo sabías que es contabilidad? -No lo sabía.

Pero me lo podía imaginar.

Daba la sensación de que estabas como proyectando.

O planificando algo. No sé.

-Sí, sí, más o menos.

Estoy calculando cuánto me falta para pagar una cosa.

(ASIENTE) -¿Y cómo pinta esa cosa?

-Visto lo visto, pinta que voy a necesitar

como un par de vidas para poder pagármelo.

(RÍE)

-¿De qué se trata, si se puede saber?

-Un máster en Ciencia e Ingeniería Computacional.

-Vaya, un máster. Eso suele ser algo bastante caro.

Espero que sea en Madrid.

-No precisamente.

-¿En España? -Frío, frío.

-Nico, no juegues conmigo. ¿Dónde?

-En el mejor sitio del mundo: Estados Unidos.

-¿Estados Unidos? ¿Harvard? ¿Yale?

-Casi, a veinte minutos andando. El MIT, no sé si te suena.

-Sí. No lo conozco,

pero recuerdo que mi hijo me habló de ese sitio

cuando buscaba universidad por allí, por Estados Unidos.

Por lo que recuerdo, hablamos de palabras mayores.

-Y tanto.

Cada año dejan fuera al 90 % de los solicitantes.

-Ya, ya.

Deberás tener muy buenas notas y un nivel altísimo de inglés.

-Sí. Y un montón de pasta, también.

Con un poco de suerte, currando como un loco

y endeudándome mucho, igual puedo pagarme la matrícula.

Todo esto sin hablar del alojamiento.

No es precisamente barato.

-Supongo que el dinero es el problema más importante.

-Un problema bastante importante. -Lo es, por supuesto que lo es.

El dinero es lo más importante, pero...

¿Sabes qué? Creo que eres un tipo de recursos y bastante espabilado.

Seguro que encontrarás algún tipo de ayuda,

una beca o algo así,

que te ayude para hacer ese máster.

Si no, estoy convencido de que lo que te propongas,

lo conseguirás.

Si tienes un sueño, solo debes ir a por él.

Seguro que tarde o temprano, llegas.

-¿Tú tenías algún sueño imposible

y acabaste consiguiéndolo a base de cabezonería?

(RÍEN)

-¿A base de cabezonería? Sí, se podría llamar así.

Digamos que cometí unos cuantos errores en mi vida.

Cogí algún que otro atajo muy poco recomendable.

-¿A qué te refieres exactamente? -A nada, a nada.

Lo que te digo son errores que cometí en el pasado,

pero que tú no cometerás

porque eres más listo y espabilado que yo.

Para conseguir el dinero, ¿qué estás haciendo?

¿Das clases particulares a algún chico?

¿Vendes los apuntes a tus compañeros?

(DUDA) -Sí, claro, algo de eso hay.

Aun así no me llega,

así que hago recados para una empresa del barrio.

-¿Una empresa del barrio? ¿Cuál? (NICO ASIENTE)

Conozco a casi todos los empresarios de por aquí y de parte de Madrid.

Si me dices cuál, puedo ayudarte.

Puedo llamarlos para recomendarte y quizás hasta te suben el sueldo.

-Lo tendré en cuenta por si me hace falta. Gracias.

Voy a seguir con esto. -Sí, sí, claro.

No olvides tomarte el refresco.

-Gracias por esto.

(Música tranquila)

-Jefa, ¿te ibas ya?

Me iba, sí, pero ¿tenéis noticias de Rubén Martos?

Poca cosa, pero tenemos otra información.

Venga, sentaos y me contáis.

A ver, Fronteras nos ha dicho que no tiene noticias de Martos,

lo cual puede ser bueno o malo.

Bueno, porque puede que aún se encuentre en España.

Y malo porque, si se ha ido, no nos hemos enterado.

Hemos puesto a Karim y a Paula a peinar el parque de la Dehesa,

a ver si encontraban una explicación a la fuga de Martos.

-Conseguimos imágenes de las cámaras de seguridad.

Las pasaremos a la UIT para que las revisen.

Por lo demás, no tenemos ni rastro ni ningún otro testimonio.

Las malas noticias ya las sé. ¿Qué tenéis, Nacha?

¿Qué hay? Mira, no tiene nada que ver.

Como nos centramos en la casa de los padres

por si nos enterábamos de algo, hemos visto a Cholo.

¿A tu Cholo?

Sí, al confite este de toda la vida.

Nos ha contado una cosa jugosa sobre Ramón Rojo.

Espérate un momento.

¿Rojo está relacionado con Martos? No, no tiene nada que ver.

Pero forma parte de otra investigación prioritaria.

Vale. ¿Y qué os ha contado el Cholo?

Es muy curioso, porque el Ramón Rojo este

se ha cogido a un chaval que no está fichado

para cobrar a algunas chicas.

-Está interesado en la prostitución de alto standing.

-Escorts.

-Estas chicas citan a sus clientes en hoteles y apartamentos

y cobran en "cash".

Sí, es la prostitución más difícil de desmontar.

Estas chicas tienen estudios, no se meten en líos

y sus clientes son gente con dinero,

a veces con mucho dinero.

Los intermediarios no dan la cara. ¿Intermediarios? Dirás chulos.

Por eso, el Ramón Rojo este no se atreve o no quiere

cobrarles él mismo y no se fía tampoco de las chicas.

Ha contratado a...

A un esbirro para la ronda del cobro.

No solo eso. También les lleva pastillas.

Modafinilo, anfetaminas, éxtasis...

Ya. Todo lo que hace falta ahí.

¿Sabemos algo de este chico? ¿Cómo se llama?

Sí, el nombre. Nico.

Ramón Rojo debe fiarse mucho de este tal Nico

para darle esa responsabilidad.

Sí. Su confite nos ha dicho que es un chico jovencillo,

que está en la universidad y que es muy espabilado.

(ASIENTE)

Puede que hayamos dado

con el eslabón más débil de la organización.

Ahora hay que irse a descansar.

Primero voy a abrir el ordenador, a ver si...

A casa, Elías.

Yo voy a llamar a unos confites... A casa, Nacha.

Parece mentira. Esto es una carrera de fondo.

Mañana, si queréis exprimís a vuestros confites

y os podéis dejar las pestañas en el ordenador buscando fotos

hasta de la Primera Comunión de Nico.

Ahora, a dormir a casa. A sus órdenes, jefa.

-Hasta mañana. Gracias, buen trabajo.

(Música suave)

Mamá, no sé cuántos mensajes te he dejado ya

ni cuántas llamadas.

Te habrán robado el móvil o no sé,

pero si escuchas esto, llámame. Estoy de los nervios.

(SORPRENDIDA) ¡Por fin!

-Hola, hija. -¿Dónde te habías metido?

-Uy, huele a quemado. -¡Ostras!

-¿Te has quemado? -Nada, nada, estoy bien.

-Déjame que retire yo la olla.

-Pues habrá que pedir pizza.

-¿Pizza, por qué?

A lo mejor esto está bien. No huele mucho a quemado

y se puede aprovechar, hija.

-Sí, claro. Lentejas churrascadas.

-Hija, ¿has hecho lentejas para cenar

y, además, con chorizo?

(RÍE) Es muy indigesto para cenar.

-Mamá, es uno de los cuatro platos que sé cocinar.

Los otros son...

Ensaladas. Pero ¿tú dónde estabas?

¿Dónde te habías metido?

No sé cuántos mensajes te he dejado.

-Pues yo he ido a la consulta y, cuando he salido,

tenía necesidad de andar un rato y de airearme.

Quería pensar.

-No me asustes, mamá.

¿Qué te han dicho de las pruebas? -Las pruebas están maravillosas.

Mira, aquí las tengo. -¿Qué te ha dicho Antonio?

-Pues me ha dicho

que el medicamento está funcionando muy bien

y estoy mucho mejor del corazón.

Que si sigo con el régimen y los medicamentos,

puedo hacer una vida normal.

-¿De verdad? ¿Está todo bien?

-Perfecto. Está todo muy bien, hija.

(SUSPIRA ALIVIADA)

¿Así reaccionas cuando te dicen que tu madre no se va a morir?

Hija.

No sé lo que te habré hecho, pero...

Tiene que haber sido algo muy grave.

-Vamos a sentarnos, mamá, por favor.

Siéntate.

-A ver.

(APACIBLE) Dime.

(NERVIOSA) -Quería contarte esto

desde hace mucho tiempo,

pero no podía hasta saber los resultados de las pruebas.

Porque es bastante grave

y no quería poner en peligro tu salud.

-¿Poner en peligro mi salud? ¿Qué pasa, hija?

-Tiene que ver con...

Con lo que me dijiste de mi adopción.

-Tenía que ser eso. Me lo imaginaba.

-Es que...

Desde que me lo contaste,

pues...

no he parado de pensar en mis padres de verdad.

A ver, en mis padres biológicos, quiero decir.

Y me miro al espejo

y pienso...

No sé estos rasgos,

estos ojos,

de quién son.

Quién es mi madre,

dónde está, dónde está mi padre...

¿Estarían juntos

o estaría ella sola cuando dio a luz

y por eso me dio en adopción?

O quizá...

Quizá estaría muerta.

-Yo no la conocí.

-Lo sé.

Porque...

No solo he estado haciéndome preguntas.

También he investigado.

-¿Investigado el qué?

(LLORA) -¿Tú...

sabes...

quién es el doctor Barbastro?

-El doctor Barbastro es ginecólogo.

-Era ginecólogo.

Lo mataron. -Qué horror.

-Sí, una de sus pacientes.

(Música intrigante)

Lo mató porque lo acusaba de haberle robado a su hijo.

Y no era la única.

Había muchas mujeres que lo acusaban de lo mismo.

Decían que les habían robado a sus bebés.

Les dijeron que habían nacido muertos

y los vendían.

Los vendían a familias que no podían tener hijos,

que estaban en una lista de espera y no podían esperar.

Y pagaban para tener a sus niños cuanto antes.

-Ese ginecólogo trabajaba en el hospital de Santa Feliciana.

-Santa Feliciana.

(EXHALA ABRUMADA)

(LLORA)

¿Tú lo sabías?

(Música triste)

Fui al hospital.

Quería mi partida de nacimiento y no me la dieron.

¿Sabes por qué?

Porque se había quemado en un incendio, como siempre.

Esa es la excusa que daban a todas las mujeres

que denunciaban al hospital porque habían robado a sus hijos.

Hacían desaparecer esos archivos para no dejar rastro.

-¿Y tú cómo sabes todo eso?

-Porque he hablado con esas mujeres.

Me lo han contado. ¿Sabes cómo están, mamá?

Están destrozadas.

Les dijeron que sus hijos habían muerto

y luego se enteraron de que era mentira.

Les mintieron, mamá.

¿Sabes cómo se sentirán

de saber que sus hijos nunca las conocerán

ni que ellas nunca conocerán a sus hijos?

Que están por ahí, sepa Dios dónde,

pensando que sus madres no los querían.

Que los abandonaron.

O, quién sabe,

tal vez no saben ni que fueron adoptados, como yo.

¿Por eso no me lo contasteis, mamá?

No queríais que hurgase en la herida.

No queríais que yo supiera que me habíais comprado.

-Lo siento mucho.

-Ya no me vale, mamá.

No me vale con que lo sientas.

Papá y tú pagasteis por un bebé robado.

(Música dramática)

-No.

-Mamá, deja de mentir.

-Fue tu padre

quien llevaba todos los trámites. Yo no tenía ni idea.

-Mamá, por favor, papá tuvo que pagar mucho dinero.

No me digas que no te enteraste de nada.

-A ver, yo sospechaba algo,

me imaginaba alguna cosa, pero no...

No pensaba que era esto, hija.

De verdad.

-Mamá, ten dignidad y confiesa de una vez.

-Hala, mamá. ¿Qué celebramos? (LEONOR RÍE)

-Que por fin hemos encontrado a una chica.

(SORPRENDIDO) -¿Carmen ha vuelto? -No, no exactamente.

-¿Cómo que no exactamente? -No.

Anda, siéntate, siéntate.

Te pones un poquito de vino y yo te explico todo, ¿vale?

-Mamá, que nos conocemos. ¿Qué moto quieres venderme?

-Ya estamos con la moto.

(MOLESTA) No me hables así, que no me gusta.

Yo lo que quiero es...

es decirte que ya he encontrado a una chica estupenda

que es del barrio y que no nos dejará tirados.

-¿Es del barrio? -Sí.

Del barrio. -¿La conozco?

-Sí, claro, la conoces, sí.

-Es Paty.

-Sí, es Paty.

-Mamá, no puedo convencer a Paty de que venga a trabajar aquí.

No puede ni verme. Otra que no querrá mi dinero.

-No tienes que convencerla, se ha ofrecido ella.

-¿Qué? (LEONOR ASIENTE)

A ver...

¿La han echado del trabajo o algo?

-No, hijo, no.

De hecho, tendrá que compaginar las dos cosas.

Aquí vendrá dos horas al día,

pero para Paty es suficiente, con lo que ella vale.

-Raro.

-¿Raro, qué?

-Raro que de buenas a primeras haya decidido coger el empleo

cuando hasta hace dos días no podía ni verme.

-Ay, hijo, olvidas que va a trabajar conmigo,

no para ti. -Raro igual.

Algo está buscando.

-Mira que eres...

Mira que eres malpensado y solamente piensas en el dinero.

Solo el dinero y el trabajo.

Eso no es, hijo. Hay más cosas en la vida.

Hay gente que tiene buen corazón.

-Ya, Paty buen corazón. -Sí.

Yo no sé, no sé...

lo que habéis tenido entre vosotros, ni me importa.

Pero esa chica se siente mal porque me recomendó a Carmen,

y como me ha dejado plantada, quiere ayudarme.

¿Qué pasa? ¿No dices nada? -No sé qué quieres que diga.

-Eso, que te parece bien lo de Paty.

(DESANIMADA) Ay, de verdad, hijo. Mira.

Yo no quiero un desfile de chicas todo los días paseando por aquí.

Además, ¿tú no querías a Paty? Pues ya tenemos a Paty.

Di algo.

-Está bien. Pero déjame hablar con ella para aclarar todo esto.

(CONTENTA) -Pero la contratas, ¿no? -La contrato, la contrato.

-Hijo, de verdad, es que eres un santo.

¡Eres tan bueno!

Ven aquí, mi vida, que te dé un beso.

Ven aquí, mi amor.

A partir de ahora, todo irá como la seda, ya verás.

(IRÓNICO) -Ya...

-Anda, bebe, mi vida.

(Se abre la puerta)

-Espe.

¿Qué haces aquí a oscuras, cariño?

-Hola. -Hola.

Has hablado con tu madre, ¿no?

(Música triste)

¿Estás bien?

Si lo llego a saber, me quedo aquí en lugar de irme a cenar.

Bueno, cuéntame. ¿Cómo ha ido?

-Se lo he contado todo

y ha echado balones fuera.

Dice que...

Que todo fue cosa de mi padre y que ella no sabía nada,

pero no me lo creo.

-Madre mía.

Bueno, os dejo. Me voy a dormir, ¿vale?

(Música emotiva)

-Tu padre siempre decía

que éramos como dos gotas de agua.

¿Te acuerdas?

Siempre lo repetía.

-Para convertir una mentira en verdad

hay que repetirla muchas muchas veces.

Toda mi vida es una mentira. -Toda la vida no, hija.

El amor era real.

Nosotros habíamos perdido la esperanza de tener hijos

y, de repente, llegaste tú a nuestras vidas.

Eras el bebé más bonito del mundo.

Cómo sonreías con esa sonrisa tan bonita.

Cuando nos mirabas era como si saliera el sol.

Se nos iluminaba la cara.

-¿A costa de qué?

¿De arruinarle la vida a una pobre chica?

-Tienes razón, hija.

No te imaginas los esfuerzos que tuvimos que pasar

para pagar a la congregación.

-O sea que lo sabías.

-Tu padre me dijo que había decidido donar un millón de pesetas

a la congregación.

Yo le dije que eso era una barbaridad.

Pero él decía que qué era un millón de pesetas

comparado con esa felicidad.

-O sea, que...

pensabas que era una donación.

-Me parecía muy raro,

porque tu padre nunca fue muy religioso.

Pero...

Yo era tan feliz

que nunca me hice preguntas.

Llevaba tanto tiempo queriendo ser madre

que no pensé,

y a las monjas les hacía tanta falta el dinero

que...

(LLORA) Yo...

Yo pensé que esto era lo mejor.

Bueno, eso es lo que me dije a mí misma.

(SUSPIRA ALIVIADA)

(LLORA)

Hija mía.

Por favor...

Perdóname.

-Quería pedirte perdón.

No tiene solución ahora, pero si pudiera volver atrás,

no me hubiera comportado como un inmaduro

y un cobarde, que es como me he comportado.

-Ella no sabe cómo llegué a sus brazos y...

Y se creyó a mi padre cuando le contó

que en esa época las donaciones eran algo normal.

Pero, vamos, no quiero darle más vueltas.

-Cualquier cosa que necesites, estoy aquí, ¿vale?

-Vale. -Me llamas, a la hora que sea.

¿Vale?

-Gracias por haber venido.

-A tu padre, ¿cómo lo ves? No tenía intención de divorciarse.

-Ha sido un palo muy gordo.

-Me extraña que tu madre haya tomado esta decisión

en un momento como este. -Yo creo que quería hacerlo antes,

pero con todo lo de Malena, hubiese sido terrible para mi padre.

(IRÓNICO) -Qué considerada.

-A ver, Andrés, ¿qué pasa? ¿Qué me quieres decir? No te pillo.

-Si me necesitas

para ayudarte a encontrar

(CONMOVIDA) a tu madre,

que sepas que estoy a tu disposición, hija.

-¿Estás segura?

-Segurísima.

Rosa, ¿cómo estás? "Como si te importara.

Estoy peor que nunca".

Creo que debería ayudarte otra persona.

Deberías retomar tu tratamiento psiquiátrico.

"Adonde voy no necesito ningún tratamiento".

¿Qué quieres decir?

Desde que metí los resultados de mis pruebas de ADN

en la base de datos

y no sirvió para nada,

no sé si iniciar una investigación que no tiene fin.

Además, no quiero hacer a mi madre pasar por esto.

¿Crees que puede ir de farol?

La he llamado varias veces mientras venía para acá, pero nada.

¿Qué ha pasado con el Nico este?

¿En el Moonlight?

-Es un chaval joven, de unos veintitantos,

que trabaja de recadero llevando drogas.

-¿Drogas? ¿Qué tipo de drogas?

-Éxtasis, pastillas, MDMA... Porquerías de esas de química.

El soplo es fiable. (NACHA ASIENTE)

-¿Cómo se llama? ¿Quién es?

-Se llama Nicolás Gil, aunque todos lo conocen como Nico.

Han encontrado varios envases de morfina vacíos

en la encimera de la cocina.

Planea inyectarse una sobredosis.

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Servir y proteger - Capítulo 742 (Parte 2)

18 may 2020

La simpatía de Quintero por Nico crece cuando éste comparte su sueño de estudiar en el extranjero. Quintero no sospecha que el chaval es un recadero de Rojo. Andrés se encara con Verónica, que le dice que ya no está con Toni.

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