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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 725 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

Ha aparecido un hombre

que dice ser el culpable de la muerte de Malena.

¡Maté a esa chica, por Dios!

¡Fue un accidente, pero la maté!

Ahora que se ha resuelto lo de esa chica,

no tienes por qué temer nada.

Ojalá tengas razón.

Mucha gente pensaba que eras un asesino.

Tú nunca lo has pensado.

Sé que serías incapaz. No eres un monstruo.

Como ese monstruo en el que me ha convertido Andrés.

En esa pesadilla, digo.

Estoy rehabilitado.

Me ves por el barrio porque estoy preguntando

a ver si me dan un poco de trabajo.

-¿Has venido ya a recogerme? Es un poco pronto.

-Fernando, tengo que contarte una cosa

y creo que no te va a gustar.

Lo siento muchísimo, Fernando.

Sé la ilusión que te hacía ese viaje, y a mí también,

pero has visto que no puedo ir.

-¿Tan importante es ese cliente ruso?

-Sí. ¡Muy importante!

-Vaya cara tiene esa señora. ¿Qué ha pasado?

-Nada, que le han robado la cartera.

Pero lo raro es que es el tercer caso en una hora

y todos han sido en el metro de Distrito Sur.

-¡Qué casualidad!

-¿Tú tienes que ver con los robos que han ocurrido en la estación?

-Para nada. Precisamente venía aquí para eso:

vengo a denunciar que me acaban de robar la cartera a mí.

¿Te lo puedes creer?

-¡Es que es tan majo!

Bueno, me imagino que te habrás dado cuenta

porque ayer dijiste que os conocías.

-Sí. Pero igual no es tan majo como usted piensa.

-¿Por qué dices eso?

-Yo solamente digo...

que usted lo tiene en un pedestal y es normal,

pero no es ningún santo.

-Mira, no será ningún santo, pero es muy buen hijo.

Y muy buena persona también.

-No, no lo es.

Y sé de lo que hablo.

-Paty, ¿vale ya?

-Lo ha dicho de una manera muy desagradable.

Como si pensara que eres un delincuente o algo así.

¡Ay!, fue una mala suerte

que te metieran en la cárcel.

Mataste a ese hombre en defensa propia.

-Sí, pero a la gente le da igual.

Siempre van a hablar mal de mí.

Y seguramente escuches cosas que me dejen mal,

pero no les hagas caso.

-No estás sola. Voy a estar a tu lado pase lo que pase.

-Gracias, Andrés.

-No me des las gracias. Sabes que te aprecio.

Y, si me permites un consejo,

claro que debes apoyarle y estar a su lado,

pero creo que debes empezar a pensar en ti.

Tú también tienes sueños e ilusiones que necesitas cumplir.

-En serio, tómate unos días.

Es la única manera de superar lo que te está pasando.

Aun así, Malena seguirá muerta.

Pero podrás poner distancia. Fíjate dónde estás,

en tu despacho, donde murió. Y estás aquí día tras día.

He estado hablando con Andrés.

Y él piensa

que debería irme unos días lejos de aquí,

para olvidarme de todo lo que ha pasado.

Ese balneario te va a sentar de maravilla.

No me pongas la cerveza,

ponme un whisky, el mejor que tengas. Hoy voy a celebrar.

-Yo nací en ese hospital, en esa época.

-¿Me estás diciendo que puedes ser una bebé robada?

(Música emocionante)

¿Llevas las llaves de Barcelona?

Sí, pero no creo que duerma allí.

Pasaré a por el correo y poco más.

¿Te acompaño al tren? No, voy a coger un taxi.

Pues ve saliendo, porque vas apurado.

Tranquila, que voy con tiempo de sobra.

Te recuerdo que vas a un balneario a relajarte,

no a empezar el viaje estresado por perder el tren.

Me pone más nervioso llegar media hora antes

que correr un poquito.

Vale, como quieras.

Deja, anda.

Ya lo hago yo.

Te conviene descansar después de estas últimas semanas.

¿Me vas a echar de menos? Claro que sí.

Yo a ti también, mucho.

Vete, o la que se pondrá nerviosa seré yo

por que pierdas el tren.

Parece que quieras que me vaya. No digas eso.

¿Qué pasa, te vas sin despedirte de mí?

Qué va Pauli, si solo me voy unos días.

Pero podrías ir a mi habitación a darme un beso.

Sí, he pasado pero te he visto hablando por teléfono.

Sí, hablaba con unos compañeros sobre Jesús Otero,

el asesino confeso de Malena.

¿Qué pasa con él?

¿Se ha desdicho de su declaración? -No, no. Qué va.

Está en prisión preventiva, y sin fianza.

-Es lo normal en estos casos.

Ahora lo que falta es volver a la normalidad en la clínica.

¿Os siguen cancelando operaciones?

No. Desde que salió la noticia de mi inocencia,

han vuelto a empezar a llamar para pedir citas.

Ahora necesitamos recuperar nuestra credibilidad.

Claro. Pero lo importante es recuperar al cirujano estrella.

-Mamá tiene razón.

Así que ve a descansar y a recargar las pilas.

No haré nada que me estrese y en un balneario no será difícil.

Ahora sí que me voy. Que, si no, no llego.

El bolsillo...

Os quiero.

(VERÓNICA) Hasta luego.

¿Y esa cara?

-Pues que sí debe de estar estresado para irse a un balneario.

¿Tú crees que se recuperará allí?

-Claro que sí. Tu padre sabe cuidarse muy bien.

-Bueno, pues espero que así sea.

Voy a comisaría. ¿Vienes?

-No. Tengo que terminar todavía unas cositas.

-¿No desayunas? -No me da tiempo.

Desayunaré en La Parra.

Bueno, nos vemos luego. (LE MANDA UN BESO) -Vale.

(Puerta cerrándose)

-De verdad, María,

el Púas este nos está tomando el pelo.

-Qué "desconfiao" eres, cariño.

-Pero ¿quién le va a robar la cartera

al mejor carterista del barrio?

-Hombre, pues, como poder ser,

puede ser.

Además, si miente, no te lo tomes como algo personal.

-Pero es que, cuando va a comisaría, nos hace perder el tiempo.

-Vamos a ver, ¿por qué crees que os está mintiendo?

-Porque el Púas es un perro viejo.

Además, los carteristas se dividen la ciudad en sectores

y nadie va a venir a Distrito Sur a pisarle la calle al Púas.

-A lo mejor un novato,

que no entienda esos códigos o que tenga más maña que él.

-¿Más maña que el Púas? Si es un viejo zorro.

Se está haciendo pasar por la víctima para vacilarnos.

-Tú lo conoces mejor que yo.

Yo solo lo vi el día de nuestra boda.

Pero Miralles dice que lo trates como a una víctima,

y así te llevará al caco.

-Pero si él es el caco. Él es el carterista, María.

-Déjate de prejuicios: confía en él.

-¿Y eso de qué me sirve?

-¿No dices que todos los carteristas se conocen?

Pues a lo mejor, si le pides ayuda,

te lleva al carterista que está en el barrio.

-¿Que le pida ayuda yo, después de estar años detrás de él?

Eso no lo verán tus ojos.

-Bueno, era por dar ideas, pero veo que no estás receptivo.

-Si es que, además, va en contra de mi hipótesis.

Y es que él es el carterista.

-Pero ¿qué pierdes por darle una oportunidad?

-A lo mejor pierdo tiempo o gano que se ría de mí,

pero cuando le trinque se va a caer con todo el equipo.

-No solo por todos sus delitos, por obstrucción a la investigación,

y más cosas que ya pensaré. Me voy para comisaría.

-Ya me contarás en qué acaba la cosa. Un besico, cariño.

Toma, ábreme y déjame abierto.

Ahora salgo a la terraza. -Venga, buen día.

-Buen día.

-Espe, ¿qué haces así todavía?

Pensaba que íbamos a desayunar e irnos juntas a comisaría.

-Es que no me encuentro bien.

-Ya. ¿Qué te pasa?

-Nada, anoche, nada más acostarme,

tuve que levantarme a vomitar, eché toda la cena...

Luego me encontraba fatal y no he pegado ojo.

-Me imagino que es por lo que hablamos ayer.

(Sirena de policía lejana)

-Pero si es que es normal. ¿Cómo voy a estar,

pensando que puedo ser una bebé robada?

-Una noticia así le rompe los esquemas a cualquiera.

Es verdad que existe la posibilidad de que seas una bebé robada.

Pero, no sé, Espe,

yo intentaría no obsesionarme con el tema.

-Es que tengo un vacío aquí...

Imagínate que mi madre biológica existe,

está viva

y, como la engañaron, no sabe ni que yo existo.

-Ya. Bueno, pero no te precipites. No lo des por hecho.

No todos los bebés que las monjas dieron en adopción eran robados.

-Ya, Lara, pero yo tengo muchas papeletas.

Nací en el hospital de Santa Feliciana,

donde trabajaba el ginecólogo que orquestó toda la trama.

Y, además, en esa época.

-Ya, vale. Pero ponte que empiezas a investigar

y descubres que eres una bebé robada.

Bien. ¿En qué cambia eso tu vida?

(ESPE RESOPLA ANGUSTIADA)

-Ay, no lo sé. No lo sé.

Quizá sea mejor estarme quieta y no remover nada.

-Eso es lo que intentaba decirte.

Pero es un asunto muy personal. Tú tienes la última palabra.

-Lo que más me preocupa es hacerle daño a mi madre.

Me da miedo

que sufra, con lo delicado que tiene el corazón.

-¿Y por qué no investigas discretamente, sin que se entere?

-No, no podría.

Sería como estar traicionándola o algo así.

-Espe, yo te recomiendo que te lo tomes con calma

y que no empieces a investigar hasta tenerlo claro.

(Timbre de la puerta)

Cariño, hola. -Buenos días.

No me apetecía desayunar solo

y digo: "Voy a llevar churros para los tres".

-Ah, fenomenal. Hace un montón que no tomo churros.

-¿A ti también te apetecen?

-No, gracias. Es que no me encuentro muy bien.

De hecho, me voy a tomar una infusión. Una manzanilla.

-¿Y qué te ha pasado?

-Nada, no te preocupes. Prefiero no entrar en detalles.

No me voy a tomar ni la "infu".

Voy a llamar a Miralles, a decirle que no me encuentro bien

y que luego iré al médico.

Muchas gracias de todos modos. -De nada. Mejórate.

¿Qué le ha pasado?

-Yo creo que fue la cena de ayer, que no le sentó bien.

Está revuelta... así que, mejor que descanse.

¿Quieres un té?

-Pues, si no recuerdo mal, sé dónde están las cosas,

así que me lo hago yo.

-No, ya has hecho bastante trayendo el desayuno. Lo hago yo.

-¡Buenos días!

-Hola, ¿qué haces aquí tan pronto?

-¿Cómo que tan pronto?

-¿No me dijiste que ibas al ayuntamiento

y tardarías una hora?

-¡Ahí va, es verdad! Tenía que recoger un papel.

Ya da igual. Me da pereza ir ahora.

-A saber dónde tienes tú la cabeza.

-Pues no sé.

No sé. Estoy "despistá", ya está.

A mí lo que me parece es que sigues dándole vueltas

a la discusión de ayer con Leonor.

-Pues puede ser. Sí.

Es que no paro de darle vueltas a todo lo que le dije a esa mujer.

-Y, si no te paro, habrías seguido dándole a la boca.

-Es que me hervía la sangre escucharla hablar así de Rojo.

-Bueno, pues la próxima vez córtate un poquito, ¿vale?

-Es que esa mujer debería saber a lo que se dedica su hijo.

-¿Y la tienes que poner tú al tanto?

Tú debes tratarla como a una clienta.

Ser amable y educada

independientemente de lo que haga su hijo.

-Es que no entiendo cómo puede no saber a qué se dedica.

No sabe lo mal bicho que es.

-Yo ahí ni entro ni salgo.

Y tú tampoco deberías. Lo único, tratarla con respeto.

Si vuelve,

porque después de la que liaste ayer, no lo sé.

-¿Crees que fue para tanto?

-Hombre que si fue para tanto.

Lo peor para una madre es que le hablen mal de sus hijos.

Además, imagínate que haces cualquier trastada.

¿Te parecería bien que tratáramos mal a tu madre?

-No.

Sería injusto para ella.

-Pues eso es lo que has hecho tú con Leonor.

-Tienes toda la razón del mundo.

(RESOPLA) Perdóname, otra vez más.

-Tranquila, que la gamba la metemos todos.

Pero trátala con amabilidad y educación cuando venga.

-Vale.

-Atiende a Rogelio, voy a poner la plancha.

Te meto el abrigo.

-Pues si te enteras de algo, dame un toque.

¡Vale, Pelu! Sí, a la hora que sea.

Venga, agradecidamente. Chao.

-Parece que tu confite no ha dado en el norte, ¿no?

-Ni idea de quién puede estar robando las carteras.

-Paciencia. Antes o después, daremos con él.

O con ellos, porque ya llevamos ocho denuncias.

Me parece demasiada cantidad para ser acto de una sola persona.

-Vosotros no conocéis al Púas, es como una zarigüeya de rápido.

-Y si es él, ¿por qué se hace pasar por víctima?

-Ha puesto una falsa denuncia como coartada,

para hacerse pasar por inocente.

-Creo que deberíamos hacer caso a Miralles

y tener en cuenta

que al Púas lo tenemos que tratar como a una víctima más.

-Haz lo que te dé la gana. A mí me va a costar ese teatro.

-Chicos.

-¿Y esa cartera?

-Me la acaba de entregar un hombre.

Estaba en un contenedor cercano al metro.

-Aquí al ladito. -Ajá.

-¿Y has comprobado ya si pertenece a alguno de los denunciantes?

-No, preferí entregárosla a vosotros.

-Déjamela. A ver si con suerte encontramos la documentación.

-Sí, porque lo típico es que cojan el dinero

y que dejen la cartera tirada con los documentos.

-¡Vaya, mira!

Mi amigo Diego Moreno.

-¿Qué me dices? -¿De qué me suena?

-El Púas, el de mi boda.

Aquí está su DNI, su tarjeta de transporte,

y, mira, la foto de su sobrina.

-¿Conoces a toda su familia?

-Le he detenido 34 veces. Ha pasado más tiempo que en su casa.

Su sobrina se parece a él. A ver si sale más enderezada.

-¡Ajá!

¿Qué, compañero? ¿Te has convencido de que no es nuestro hombre?

-Pero si ha aparecido aquí la cartera

y está toda su documentación.

Blanco y en botella. Nos la ha dejado ahí adrede.

-Ay, Elías, no sé por qué estás erre que erre con eso.

El Púas es un lince en lo suyo.

Pero es más simple que un cubo.

No creo que se inventara un plan tan rebuscado como este.

Creo que es hora de que le pidas disculpas.

-¿Que le pida yo perdón al Púas? Sí, hombre, de rodillas.

Trae la cartera, que ya se la devuelvo yo al caballero.

Tengo hasta su móvil, no te digo más.

(CON SORNA) ¡Hombre! ¡Amigo!

-¿Tienes un minuto?

-No tengo ni tiempo ni ganas de hablar contigo.

-Trátame como quieras, pero con mi madre no seas borde.

Ella no te ha hecho nada.

-Tampoco la he tratado tan mal.

Solo le he dado a entender que su hijo no es ningún santo.

-¿Por qué tuviste que hacerlo?

-¿De verdad te tengo que explicar los motivos?

-Mira, te he pedido perdón un montón de veces

por los errores que he cometido.

-Ah, vale. O sea que eres un matón y un chulo que extorsiona a mujeres,

pero, como me has pedido perdón, no pasa nada.

-Estábamos hablando de mi madre.

Ella no tiene nada que ver con mis negocios.

-Desde luego que no. Eso se ve a la legua.

Tu madre es buena persona y tiene buen corazón,

así que la voy a tratar bien. -Gracias.

-Que sepas que no lo hago por ti,

ni porque me lo acabes de decir. Lo hago por ella.

Y tú, si fueras un buen hijo y no tuvieras nada que ocultar,

podrías contarle a qué te dedicas.

-Todos los días dando caña.

-Es que me da rabia ver cómo la tienes así de engañada.

El día que se entere le va a dar un patatús.

-Por eso, no le digas nada.

Hola, mamá.

-Hola, hijo. (PATY) -Hola.

-Hola.

Cariño, no me apetece tomar nada aquí. ¿No hay otro bar?

-Leonor, si lo dice por mí, no se preocupe.

Ayer tuve un mal día y lo pagué con usted.

Quiero pedirle perdón.

-Mira, cuando se trabaja de cara al público,

hay que ser amable con los clientes.

-Lo sé. Y tiene toda la razón del mundo.

Lo siento. No volverá a ocurrir.

-Vale. Gracias por disculparte.

Pero lo que no entiendo es que hables mal de mi Ramón.

Él nunca ha hecho nada malo a nadie.

-Tiene razón, así.

Por eso quiero volver a pedirle perdón.

-Bueno, hija no pasa nada. Ya ha pasado.

Un mal día lo tiene cualquiera, ¿no?

-¿Quiere que le ponga su infusión? -Ah, sí.

Sí, por favor. Con mi chorrito de anís.

Por favor. -Por supuesto.

(SECO) -A mí ponme un café, por favor.

-Ahora mismo.

-¿Qué tal el día, mamá?

-Bien, hijo. Todo correcto, bien.

-Venga, macho, que te esperaba.

-¿Para qué me llamas? Sabes que me da yuyu venir aquí.

-Es para entregarte un objeto tuyo.

Toma. -¡Mi cartera!

Me han birlado la pasta que tenía. Pero, mira,

por lo menos me han dejado el DNI y la foto de mi sobrina.

¿Dónde la habéis encontrado? -Fíjate, aquí al ladito.

Al lado de un contenedor, junto al metro de Distrito Sur.

Qué casualidad. -Dame un abrazo, Elías.

(CAUTELOSO) -Oye...

-Pero ¿te voy a robar en una comisaría,

después de que me hayas entregado la cartera?

-Eres un ratero de barrio, macho.

Aunque en esta ocasión tengo que estar de tu parte.

-Ya te dije que había perdido el toque y la vista.

No soy ni la mitad de lo que era.

Antes nadie se hubiera acercado a dos metros de mí

sin que me hubiera coscado.

-Bueno, ¿has recordado algo después de tu declaración?

-Nada. ¿No dais con el elemento en cuestión o qué?

(NIEGA)

-Y tú no tienes "na" que ver con el robo, ¿no?

-Te he dicho que estoy de capa caída.

Te juro que no tengo nada que ver con lo que está pasando.

Aunque quisiera, no tendría la agilidad

de ir de un lado a otro a tanta velocidad.

-En eso tienes razón.

Y...

tengo que reconocer que ayer no me porté debidamente contigo

cuando viniste a poner la denuncia.

-Perdona que me siente.

¿Un poli se está disculpando conmigo?

-Pero no te acostumbres.

Te he detenido 34 veces, eres muy zorro

y tu cartera apareció aquí al lado.

A mí no me convence esa historia.

-Pues ya ves que hay alguien más mañoso que yo.

Al final me voy a tener que jubilar y marcharme a Benidorm.

-A Benidorm, qué "jodío". Oye, "cuidao" con los turistas.

Bueno, antes de marcharte, igual me podrías echar una manilla.

-¿Yo a ti en qué?

-Es que mis confites no me dan mucho norte.

Igual me podrías dar alguna sugerencia, alguna pista.

-¿Así, a palo seco, en una comisaría?

Me bloqueo.

Me has detenido muchas veces y me da mal rollo estar aquí.

-¿Y dónde necesitas ir tú para inspirarte?

-Al bar de tu señora, por ejemplo.

Yo con un pinchito de tortilla y una copa de vino por delante,

lo mismo hasta se me despeja la cabeza.

-Los hace muy ricos. Se te soltará la lengua.

-Pero, escucha, mira como estoy: tieso,

boquerón puro. Es decir, me lo han "quitao to".

Te toca a ti apoquinar.

-Pago yo. -¿Sí?

Venga, va. Escucha, tengo gusa, ¿eh?

(RÍE)

-Vamos, coletas.

-Hola.

¡Uf!

-Pensé que no venías ya.

-Lo siento.

No he podido escaparme hasta ahora.

-Tenemos que aprovechar que no está Mateo.

Podrías dormir aquí conmigo.

-Me encantaría, pero tenemos que guardar las apariencias.

Ya sabes que Paula no se ha ido a ninguna parte.

-Ya pensaba que no teníamos nadie de quien escondernos, pero sí.

-Sí.

Y tampoco quiero que Paula y Mateo

se enteren de lo nuestro justo ahora. No es un buen momento.

-No es un buen momento, ¿por qué?

-Bueno, porque Paula lo ha pasado muy mal

con lo de su padre.

Y Mateo se ha ido a un balneario a recuperarse.

No quiero provocarle un ataque de ansiedad.

-¡Es que siempre es igual!

¡Todo gira en torno a Mateo!

¡Siempre acaba en el medio de nuestras conversaciones, macho.

-Tú has sacado el tema. Yo solo digo que me preocupa.

-Es que nunca es un buen momento, ¡nunca!

Me dijiste que, cuando se solucionase lo de Malena Torrent,

os ibais a separar. Y mira.

-Bueno, cuando se calmaran las cosas.

Pero todavía está muy reciente, Toni.

-Pero, vamos a ver,

o sea, ni está siendo investigado ni es culpable de nada.

¿Por qué estás preocupada?

-Porque no lo veo bien. Ha pasado el peor bache de su vida.

-¿Sabes la sensación que me da? Que no te apetece cambiar nada.

Y lo he dicho más veces, pero ahora lo pienso:

estás cómoda con esta situación,

con esta relación que ya no sé ni cómo llamarla.

-No me digas eso, Toni.

Te prometo que, en cuanto vea que Mateo se recupera,

le planteo lo de la separación.

-¿Ves? Todo depende de que Mateo se recupere,

de que no tenga altibajos. Y yo estoy cansado.

-¿Qué haces? -¡Me voy a mi casa!

Me da pereza hablar de Mateo, me corta el rollo.

-Por favor, no te vayas.

-Es lo mejor. No tengo el cuerpo ni el día para hablar de tu marido.

-No hablaremos más de él. Estamos aquí

y solo cabemos tú y yo aquí. Por favor.

-Ojalá fuera así.

-Te juro que estoy deseando no tener que esconderme más.

-¿En serio me lo dices? ¿En serio?

-Eres lo mejor que me ha pasado en años.

No quiero perderte.

Karim ha confirmado la versión del profesor.

Él siempre dijo que la verdadera destinataria

de esa foto subida de tono

había sido una chica que conoció en una web de contactos.

¿Y cómo acabó en el chat de los padres de sus alumnos?

Pues, aunque no lo creas,

por el típico error al enviar un mensaje.

¿Y del caso de los carteristas hay algo nuevo?

Se lo he asignado a Nacha y Elías. El problema está

en que el único sospechoso era el Púas

y resulta que el Púas se presentó ayer aquí

para denunciar que le habían robado la cartera.

¡Anda, bonita paradoja, el atracador atracado!

Pues sí. De momento estamos en la casilla de salida.

Pues déjame que te dé novedades.

Parece que Mercedes Zamora va a volver a Madrid a trabajar.

¿Que Merche vuelve? Qué buena noticia,

pero yo pensaba que el trabajo en Bangkok iba para largo.

Sí. No tengo ni la más remota idea de por qué.

Ya, ya.

Si viene, nos vendrá muy bien la ayuda.

No, Claudia, no va a venir a nuestra comisaría.

Al parecer, ha pedido Distrito 2 de destino.

¿Y eso por qué? ¿No quiere estar con nosotros?

Yo en realidad creo que es por la relación que tuvimos.

A ver, que acabamos bien,

pero desde que se fue no hemos tenido contacto.

Nos hemos cruzado un par de e-mails.

Pues igual sí tienes razón.

Igual no quiere verse obligada

a cruzarse contigo todos los días.

Seguramente. El caso es que me gustaría llamarla

para preguntarle si es cierto que la han destinado aquí.

Conociéndote, no te quedarás tranquilo hasta hablar con ella.

Llámala y pregúntaselo.

¿No es violento que se lo diga tan directamente?

Tranquilo, en estos casos lo mejor es ir de frente.

No sé, la llamas y le preguntas.

Igual viene por una cuestión de trabajo

o para estar más cerca de su hija.

Pregúntaselo con naturalidad y te contestará igual.

Tienes razón. Cuando pueda, la llamo y que me cuente.

(RÍE) Muy bien.

Ah, otra cosa que se me olvidaba.

Me ha llamado Espe, que no se encuentra bien.

Quizá tendríamos que cubrir su puesto.

¿Y será para mucho tiempo?

No, pero esta mañana no le salía la voz del cuerpo.

(Llaman a la puerta)

Inspectora.

Hola.

Ya se ha resuelto el caso del profesor.

Karim ha conseguido...

Tranquila, Miralles me ha informado.

Te he llamado para preguntarte por tu padre.

¿Se ha ido al balneario?

Sí, aunque estaba nervioso.

Pero pensamos que le va a venir muy bien.

¿Y tú, te has quedado más tranquila?

Sí, he vuelto a respirar

cuando se ha demostrado que es inocente.

Todos hemos vuelto a respirar.

Ahora quiero que te centres de nuevo en el trabajo.

Es lo que he intentado.

Pero no siempre lo has conseguido. Es normal.

Las cosas personales nos afectan a todos. A mí el primero.

Ya. Es que hasta que ha aparecido el asesino confeso de Malena

he estado un poco descentrada.

Yo también. A eso es a lo que me refiero.

Ahora que se ha resuelto el caso

y tu padre está libre de toda sospecha,

vamos a centrarnos de nuevo en nuestras tareas, ¿de acuerdo?

Tienes razón.

Por mi parte, a partir de ahora, lo voy a dar todo.

Pues a la calle a coger a los malos.

Venga.

(SUSPIRA CANSADO)

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Servir y proteger - Capítulo 725 (Parte 1)

25 mar 2020

Mateo se despide de su familia. Andrés quiere aprovechar su ausencia para estar más tiempo con Verónica, pero ella prefiere la compañía de Toni. Elías sigue desconfiando de Púas, aunque todo apunta a que detrás de los robos hay un peligroso grupo de carteristas.

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