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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 724 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Gracias, Servet, te debo una.

Bueno, ya son dos, ¿no?

Sí, es que no me veo capaz

de hacer esta tarde esa abdominoplastia.

Gracias.

¿Qué ocurre?

Hablaba con Servet para que me sustituya esta tarde.

No me veo capaz de operar.

Mateo, no puedes seguir así. Ya, ya lo sé.

Pensaba que sería más fácil volver a la normalidad,

pero está claro que no.

Ya hay un culpable de la muerte de Malena,

eso es lo importante. Ahora, tienes que centrarte

en tu familia y en tu trabajo.

Pero no puedo, no sé por qué, pero no puedo.

Me siento culpable

porque un inocente irá a la cárcel por algo que he hecho.

(SUSPIRA)

Fue un accidente, entiéndelo, tú no la mataste.

Pero eso no quita que Malena esté muerta.

Por mucho que viniera a chantajearme,

no merecía morir así

y menos estando embarazada.

Tengo pesadillas,

vivo continuamente al borde de un ataque de ansiedad,

lo revivo todo una y otra vez y otra vez.

Pues tienes que encontrar la manera de calmarte

porque si no, acabará contigo. Ya lo sé,

intento centrarme en el trabajo, pero no puedo.

Tampoco puedo disfrutar de Verónica y Paula.

Pues...

Antes, me la he encontrado por la calle

y está muy preocupada por ti, Mateo.

No me extraña.

No puedo disimular delante de ella y como no duermo bien,

tampoco la dejo dormir.

Escúchame,

le he estado dando vueltas

y creo que te iría bien cambiar de aires.

¿Qué quieres decir?

Creo que deberías irte una temporada.

Relajarte, calmarte, desconectar...

No creo que tenga que alejarme de mi trabajo ni de mi familia,

no puedo desatender a ninguno.

¿Y tú crees que los estás atendiendo bien ahora?

En serio, tómate unos días.

Creo que es la única manera de superar todo lo que te ha pasado.

Aun así, Malena seguirá muerta.

Pero podrás poner distancia, fíjate dónde estás,

en tu despacho, donde murió y tienes que estar aquí cada día.

Ya, ya lo sé.

Cada vez que entro en el despacho y paso por esa zona,

siento un escalofrío y la veo ahí tumbada, tirada.

No lo sé.

Mira, por la clínica no te preocupes que de eso me encargo yo.

Tenemos el mejor equipo de cirujanos.

Pero los clientes exigentes quieren que los opere yo.

No tendrán ningún problema en que los opere Servet.

Fíjate en Carmela Fuentes, se fue encantada con la rinoplastia.

Y, ¿qué pasa con Verónica y Paula?

Lo entenderán, ellas quieren lo mejor para ti

y si para eso te largas unos días no pondrán ningún problema.

Mira.

¿Conoces este sitio?

En La Garriga.

Es el lugar perfecto para que te vayas a desconectar.

Sí, parece muy tranquilo. Sí, sí, lo es.

Tiene todos los servicios, las mejores instalaciones.

Además, está al lado de Barcelona. Si quieres dar una vuelta

o ver a tus amigos, los tienes cerca.

En serio, Mateo,

creo que es el sitio perfecto para desconectar.

Y, cuando vuelvas,

serás el mismo Mateo de siempre.

Podría pedirle a Verónica que me acompañe.

No, Mateo.

Si te llevas a Verónica, no desconectarás.

Ella forma parte del problema.

Al fin y al cabo, todo se complicó

por no contarle a Verónica lo de Malena.

Tienes razón.

Le daré una vuelta, gracias.

Eres un buen amigo.

(TRISTE) María, ¿qué tal?

-¡Hombre, Fernando!

¿Qué haces aquí? Te hacía en Oporto. -Pues sí, mujer, sí.

Tenía que estar en Oporto, pero ya ves.

Al final no ha podido ser.

Ponme un vino, por favor, a ver si me animo.

-¿Qué ha pasado?

-A Diana le ha salido un trabajo que no ha podido rechazar.

Se trata de un empresario, uno de estos ricachones rusos,

que tiene una mansión en Marbella y le ha encargado que la redecore

y es de esta gente que todo lo quiere para ayer.

-Ya.

Qué lástima, con la ilusión que te hacía ir a Oporto.

-Sí que me hacía ilusión.

Ya lo tenía todo planificado, las reservas hechas...

Pero bueno, eso es lo de menos.

Lo que más me apetecía era pasar unos días con ella, y fíjate tú.

-Bueno, tampoco se hunde el mundo.

Ya tendréis tiempo más adelante. -No sé, María.

Diana es una caja de sorpresas.

Un día dice blanco, otro dice negro, un día dice una cosa...

-Fernando, ¿no tenías que estar camino de Oporto?

-¿Otro? ¿Tú también? ¿Qué pasa?

¿Ha salido publicado en algún periódico?

-No te pongas así, me lo comentó María.

-Perdóname, pero te vi tan contento

que cómo no se lo iba a decir a mi marido.

-Marido, qué bien me ha sonado eso.

No acabo de acostumbrarme, macho.

-¿Queréis dejaros de tonterías de enamorados? Sois muy mayores.

Os estoy hablando de un problema que tengo, leches.

En fin... Perdonadme. Perdona, Elías, lo siento.

Estoy bastante fastidiado.

Me hubiese hecho mucha ilusión hacer ese viaje con Diana

porque nos hubiese venido muy bien conocernos los dos, pero ya está.

-¿Qué ha pasado? ¿Te ha dado calabazas?

-¿Cachondeíto también? Sí, me ha dado calabazas.

-No, hombre, no seas injusto que eso no es así.

Que no, que a la muchacha le ha salido trabajo

de redecorar una casa en Marbella y se ha ido para allá.

-Eso deberías entenderlo, tú eres empresario.

Como empresario, el trabajo es lo primero.

-Ya sé que el trabajo es lo primero, ¿me lo vas a decir a mí?

A mí no me hubiese importado.

Incluso le he propuesto irme con ella a Marbella

para esperarla hasta que termine de trabajar,

pero también me ha dicho que no, fíjate.

(ELÍAS) -Vaya, vaya...

Don Fernando Quintero ha encontrado la horma de su zapato.

-¿Qué quieres decir?

-Parece una chica independiente, con su negocio propio,

con las ideas claras, determinada. Sois tal para cual.

-No es nada malo.

Si te has colado por Diana, te has colado y no pasa nada.

-Pues sí, qué quieres que te diga, no lo voy a negar.

Me tiene bastante enganchado esa mujer.

En fin... María, cóbrate del vino.

Me voy para el Moonlight, que viene un camarero nuevo

y le tengo que enseñar cómo funciona todo.

No hay mal que por bien no venga, ¿verdad?

-Venga. -Hasta luego, amigo.

-Hasta luego.

Sí que le ha dado fuerte con esa tía.

-Ya te digo.

Me alegro, porque después de todo lo que pasó el "pobretico"

con la muerte de Maica...

Ya era hora de que la vida le diera una alegría.

-Me hubiera gustado ayudarlo en mejores condiciones,

pero yo también tengo un mal día.

¿Te acuerdas del Púas, que tuvo que venir conmigo a la boda?

-¿No me voy a acordar? Se comió más de la mitad del cordero

mientras venía el coche patrulla a llevárselo.

¿Qué ha pasado con él?

-Se está instalando en el barrio

y han subido las denuncias de robo de cartera.

-Y ha sido él, ¿no?

-Pues sí, pero parece ser que soy el único que lo cree.

El tío listo se ha presentado en comisaría

y ha presentado una denuncia por robo de cartera.

Ha convenido hasta a Miralles.

A mí no me la pega.

-¿Y qué vas a hacer? -Ya hablaré con mis confites

y le seguiré la pista hasta que lo trinque.

Y lo detenga otra vez, al amiguete.

(MARÍA RÍE)

-Ponme un zumito, porfa. -Voy.

Le dije a Karim, el nuevo inspector de la UIT,

que rastreara el teléfono y las redes sociales del profesor.

No sé, este caso me recuerda mucho a papá.

-¿Y eso?

-Porque el profesor está poniendo facilidades en la investigación

y está asustado por la campaña

que están haciendo los padres en su contra.

-A mí me parece muy normal la reacción de los padres.

Si un profesor sube una imagen subida de tono en un chat

al que acceden los alumnos, yo también estaría inquieta.

-¿Y si es inocente y no podemos demostrarlo?

Es lo mismo que le ha pasado a papá.

Por eso entiendo que lo pase mal.

-Sí, la verdad es que han sido momentos muy duros.

Tenemos que intentar que se sienta bien.

-¡Papá!

Buenas noches.

Cariño, ¿qué tal?

Pues muy bien. Vaya recibimiento.

Estoy por salir, volver a entrar y que hagáis esto. (RÍE)

¿Qué os parece si salimos a cenar? Hace mucho que no lo hacemos.

Han abierto un restaurante mallorquín cerca

y creo que podría estar bueno. -Me parece una gran idea.

Yo preferiría quedarme aquí, no tengo mucho ánimo de salir

ni tengo apetito.

Venga, papá, anímate, que seguro que ir allí

nos trae recuerdos de cuando veraneábamos en Alcudia.

-Claro, cariño, date un respiro. Te lo mereces.

Te encanta el tumbet mallorquín. Sí.

Bueno, venga. Si queréis, vamos al restaurante.

Primero quiero hablar con vosotras. Sentaos.

A ver...

He estado hablando con Andrés y él piensa

que debería irme unos días lejos de aquí

para olvidarme de todo lo que ha pasado.

¿Y tú qué opinas?

Sabéis que no estoy bien.

Me siento muy cansado y tengo mucha ansiedad,

y eso os afecta y perjudica nuestra convivencia.

No exageres.

Por mucho que disimuléis sabéis que es la verdad.

Yo quiero estar bien.

Por mí y por vosotras.

¿Y dónde irías?

Andrés me ha buscado un balneario en La Garriga, que está muy bien.

Como está cerca de Barcelona, podría visitar a amigos.

Y si hay alguna urgencia en la clínica, me acerco también.

Suena bien. -¿Y cuándo te irías?

Mañana mismo.

Ya... ¿qué os parece?

¿Mañana? Si a ti te parece bien, a mí también.

-Sí, y a mí. A mí también.

Te vendrá bien para animarte.

Un cambio de aires seguro que te ayuda.

Por otro lado, me da reparo dejaros solas

porque parece que huyo o que no os necesito a mi lado,

pero es todo lo contrario. No pienses en eso.

-Sabemos que nos quieres y no tienes que demostrarlo, ¿verdad?

-Claro. Nosotras lo que queremos es que estés bien.

Gracias por todo.

Venga, ahora cambiaros y vamos a ese restaurante.

A ver cómo está el tumbet. (RÍEN)

(Música triste)

¡Cómo están los escalopes! No sabes cuánto los echaba de menos.

-Ya, ya sé que te gustaban mucho.

-¿A ti qué te pasa que no comes?

-No tengo hambre, ¿sabes?

-Mamá, a ti te pasa algo. ¿Me lo vas a contar?

-¿Por qué dices eso?

-No has probado bocado,

estás muy seria y te conozco. Cuéntame qué pasa, por favor.

-Ay, bueno, pues mira...

Es por la camarera del bar donde ayer me trajiste la planta.

-Paty. ¿Qué te ha dicho?

-No sé, me ha disgustado mucho. Pensaba que era una chica muy maja.

Fíjate que hasta había pensado que haríais muy buena pareja.

Cariño, ya es hora de que te cases...

(ENFADADO) -¡Mamá, mamá, mamá! Por favor.

Al grano.

-Vale.

Estaba hoy hablando de ti y, de repente, se ha puesto

muy antipática y me ha dicho unas cosas que no me han gustado.

-¿Qué te ha dicho?

-Yo estaba diciendo lo bueno que eres

y lo bien que te portas conmigo, que me regalas rosas por mi santo

y, de repente,

ha saltado diciendo: "A lo mejor no es tan bueno como usted cree".

-¿Te ha dicho algo más?

-¿Te parece poco lo que me ha dicho?

También me ha dicho que no eras ningún santo.

Lo ha dicho de una manera muy desagradable.

Como si pensara que eres un delincuente o algo así.

-¿Y tú qué has hecho?

-¿Qué voy a hacer?

¡Defenderte! Y luego me he ido, porque si no...

Seguro que acabamos discutiendo.

Está claro que tú no le caes bien a esa chica.

-No tienes que hacer caso de lo que dice la gente.

-¿Cómo que no? No voy a tolerar que vayan hablando mal de ti.

Mira, si no fuera porque la dueña del bar

es una persona encantadora yo no volvía a poner los pies allí.

-Pues no vuelvas.

-¿Por qué habrá dicho eso, hijo? -Los prejuicios, mamá.

Cuando se enteran de que has estado en la cárcel,

te cuelgan el sambenito y piensan que siempre serás un delincuente.

-¿Tú crees que es...

que es por eso que esa chica piensa así, mal de ti,

porque estuviste en la cárcel?

-Seguramente. -Bueno, pues mira, peor para ella.

Si te conociera como yo, te vería con los mismos ojos.

-Eso es difícil.

Tú eres mi madre, ella no. -Guapo.

(SUSPIRA) Fue una mala suerte

que te metieran en la cárcel.

Mataste a ese hombre en defensa propia.

-Sí, pero eso a la gente le da igual.

Haga lo que haga, siempre hablan mal de mí.

Seguro que escucharás muchas cosas que me dejan mal,

pero tú no les hagas caso.

-Sí, sí.

Maldita la hora en la que entraste en ese bar a tomarte esa cerveza.

¿Cómo ibas tú a pensar que vendría esa pandilla

a enfrentarse con la otra?

Fue mala suerte que te confundieran con uno de ellos.

-Sí, sí.

Si usé ese cuchillo es porque él venía con una navaja.

Tú fuiste la única que me creyó.

-Y qué injusto fue el juez

cuando te mandó a la cárcel.

Claro, la culpa la tuvo el abogado ese, que era un inútil.

-Bueno, ya está mamá, eso ya pasó.

-Sí, hijo, sí.

Ya pasó, ya pasó.

Y mira, después hiciste tu negocio tú solito.

Eso tiene mucho mérito.

Por eso no puedo soportar, cariño,

que haya mucha gente que piense que eres una mala persona.

-Mamá, ya está.

No te preocupes, ¿vale?

-Mi niño querido.

-Recuerda siempre que es fundamental tratar a la gente con amabilidad

y de una forma muy correcta.

-Me ha quedado claro, no te preocupes.

-Empieza atendiendo a los que han entrado

en aquella mesa, que yo me encargo de la barra.

-Ponme una cervecita cuando puedas. -Sí, ahora mismo.

Voy a atender aquí antes.

(Móvil)

-Ponme un par de cervezas.

-¡Ah!

Dime, Mateo.

¡Qué bien!

Mira, creo que has tomado la mejor decisión.

Ese balneario te va a sentar de maravilla.

Claro que sí.

Claro que sí, no te preocupes.

Mañana nos vemos y cerramos los detalles.

Venga, muy bien. De acuerdo, hasta mañana.

No me pongas la cerveza. Ponme un wiski, el mejor que tengas.

Hoy voy a celebrar. -Me parece una decisión estupenda.

Miki, pon eso ahí.

¡Vamos a ello!

El mejor.

Aquí lo tienes.

Supongo que eso que tienes que celebrar es

que tu socio ya estará más tranquilo después de que se haya aclarado

el asunto con la chica esa y demás.

-Han sido unos días muy duros. Para su familia también.

-Me lo puedo imaginar.

Cuando empiezan a correr ese tipo de rumores...

Pueden hacer bastante daño.

Y si los medios de comunicación se hacen eco también,

la herida que provocan tarda bastante en cicatrizar.

-Parece que sabes de lo que hablas. -Bueno, no sé si sabes

que hace un tiempo me dediqué incluso a la política.

Tenía opciones de salir elegido para el ayuntamiento,

pero unos cuantos no querían

que yo llegase ahí y me pusieron unos cuantos palos en la rueda.

-Ese sí que es un campo de batalla duro.

-Lo es, lo es.

Pero si lo dejé de lado no es porque les tuviese miedo ni nada,

sino porque en esas fechas murió una persona muy importante para mí,

mi pareja, y lo mejor era dejarlo.

-Vaya, no lo sabía.

Lo siento. -Tranquilo, ya está superado.

Aunque en aquel momento sí fue difícil.

Uno ya está mayor,

cree que ha perdido todas las oportunidades

de encontrar a esa persona con quien compartir la vida

y te vienes un poco abajo.

Pero, de buenas a primeras, aparece otra persona,

te ilusionas, empiezas a vivirlo...

Todo eso demuestra que nunca hay que rendirse.

-¿Sabes? Hay personas

que te marcan. (QUINTERO ASIENTE)

-Y luego no hay manera de sacártelas de la cabeza.

Y si las tienes que ver cada día, peor todavía.

-Pues sí, la verdad es que sí.

-Ay, el mundo es muy injusto.

Los que tienen todo son los que menos se lo merecen.

Dinero, fama, amor.

Pero es lo que tú dices, nunca hay que darse por vencido.

-Pues no. Ya te digo, nunca hay que rendirse.

La vida está para eso, Andrés, para vivirla.

Si te vienes abajo,

eres tú el que dará paladas para cavar tu propio hoyo.

-Te voy a hacer caso.

A partir de hoy, voy a cambiar mi vida.

¡Por la justicia!

¡Y por el amor!

-Te voy a acompañar con una copa, di que sí.

Brindo por ello.

¡Hola!

Traigo pizza para cenar. Cuatro quesos, ¿te apetece?

-No gracias.

-¿Qué te pasa?

-Nada importante.

-No es verdad, Espe.

Se nota que has llorado. Cuéntamelo.

-Es por mi madre, pero tú tienes que estar harta del tema.

-No, para nada.

¿Qué pasa? ¿Es por esta hoja?

¿Malas noticias o qué?

-Es mi ficha de adopción.

Le pedí a mi madre que me la mandara.

Pensé que no lo haría

porque no le hizo gracia el tema, pero aquí está.

-¿Qué pone en esta ficha para que estés así?

Si tu madre ya te dijo que eras adoptada.

-Lo importante es lo que no pone.

No pone el nombre de mis padres biológicos.

Es lo normal en estos casos de adopción.

-Es raro.

-No tan raro si miras de dónde viene.

Nací en el Hospital de Santa Feliciana.

Ahí trabajaban unas monjas que vivían cerca de allí,

en un convento que funcionaba como orfanato.

-Ya.

No... No entiendo lo que me quieres decir, Espe.

-Em el Hospital de Santa Feliciana

trabajaba el ginecólogo al que mataron, Manuel Barbastro.

-Ah, ya, ya... Ese es al que envenenaron, ¿no?

Una tal Marifé Ramírez. -Sí.

-Barbastro fue acusado de robar niños

para darlos en adopción ilegalmente.

Nunca fue a la cárcel porque el delito prescribió.

-Ya, ya entiendo por dónde vas.

Pero ese no tiene por qué ser tu caso, Espe.

-Les quitaba los niños

a mujeres solteras

o a parejas que ya habían tenido hijos

o que no podían mantenerlos económicamente.

(LLORA) Y les decían que...

que habían nacido muertos.

Pero no se los enseñaban.

O les enseñaban niños de otras familias.

-Ya, cariño, pero eso no significa necesariamente que tú...

-Yo nací en ese hospital en esa época.

-¿Me estás diciendo que crees que eres una bebé robada?

-No lo sé.

No lo sé, pero son demasiadas coincidencias, Lara.

-Y de ser así, ¿crees que tus padres...

sabían que eso pasaba y aun así te adoptaron?

-No, no, no. No, por favor, no.

Los padres que adoptaban allí no sabían que eran bebés robados.

Pensaban que eran huérfanos.

-No sé, tienes razón, si tu madre lo pasó fatal cuando te lo contó.

Después de tanto tiempo, no creo que ella sepa nada.

-Lo único que sé es que no puedo quedarme de brazos cruzados.

(Música dramática)

-¿Qué piensas hacer?

-No lo sé.

Necesito pensar.

Quizá busque a mis padres biológicos.

Necesito saber qué pasó realmente.

Quizá Barbastro le dijo a mi madre biológica

que yo estaba muerta.

-Ven aquí, anda. (ESPE LLORA)

(Música dramática)

-Anda, vete, que la que se va a poner nerviosa seré yo

por que pierdas el tren.

Parece que estás deseando que me vaya.

¿Más mañana que el Púas? Si es un viejo zorro.

Se hace pasar por la víctima para despistarnos y vacilarnos.

-Yo qué sé, tú lo conoces mejor. Yo solo vi el día de la boda.

Miralles te está diciendo que lo trates como una víctima

y a lo mejor él te lleva al caco. -¿Qué víctima? Si él es el caso.

-Imagínate que mi madre biológica existe, está viva,

y, como la engañaron, no sabe ni que yo existo.

-No lo estoy haciendo por ti ni porque me lo acabes de decir.

Lo hago por ella.

Si fueras un buen hijo y no tuvieras nada que ocultar,

podrías hablarle de a lo que te dedicas.

-Todos los días dando caña. -Es que es verdad.

Me da mucha rabia ver cómo la tienes así de engañada.

El día que se entere le dará un patatús.

-Por eso, no le digas nada.

-¿Me vas a contar algo o seguimos de tapas aquí?

-Pues poca cosa.

La gente dice que tanto si es uno como si son varios,

están muy bien entrenados.

-Eso es como no contarme nada.

-Tranquilo, que te pierde la ansiedad.

Sé algo más.

-Nunca es un buen momento, Vero. Nunca.

Me dijiste que cuando se solucionase lo de Malena Torrent

os ibais a separara y mira.

-Y cuando se calmaran las cosas.

Todavía está muy reciente, Toni.

-Pero vamos a ver...

Ni está siendo investigado ni es culpable de nada.

¿Por qué estás tan preocupada?

-Por fin te encuentro. ¿Dónde te has metido?

-Hola, ¿me estabas buscando?

-Sí, he venido antes y nadie sabía decirme dónde parabas.

-Esta mañana he estado en el ayuntamiento con Miguel.

-¿Te has pasado allí toda la mañana?

-¿A qué viene este interrogatorio? -Nada, simplemente...

Quería invitarte a cenar.

Como no está Mateo, podríamos pasar un tiempo juntos.

-Estuvimos la semana pasada en el ayuntamiento

intentando rascar algo, pero nos dieron largas.

-¿No habéis vuelto para insistir? Dad un poco la turra.

-No, ya te digo que fue tiempo perdido.

-¿No habéis vuelto a aparecer por el ayuntamiento?

-No. De hecho, tomamos la decisión de dejar pasar un poco el tiempo

antes de volver.

-Tampoco hacía falta que vinieras tan pronto a verme.

Podrías haberme llamado y hubiésemos quedado mañana

para charlar tranquilamente. -¿No te alegra verme?

-Claro que me alegra verte.

He estado pensado en este tiempo

y creo que lo mejor que podemos hacer

dejar lo nuestro aquí porque me parece que no funcionará.

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Servir y proteger - Capítulo 724 (Parte 2)

24 mar 2020

A pesar de que el caso ya está resulto, Mateo sigue muy alterado por la muerte de Malena. Impacto de Espe al descubrir que puede ser una "niña robada", dada en adopción. El Púas aparece de nuevo en Distrito Sur y Elías sospecha que viene a hacer de las suyas.

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