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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 697 - ver ahora
Transcripción completa

Has hecho algo que nadie había conseguido hacer,

que quiera ser mejor persona, parecerme más al hombre que mereces.

-Solo te sabes relacionar con las mujeres a través del miedo.

-Eso no es verdad,

deja que te demuestre que soy un tío legal.

-No, por más que insistas, la respuesta sigue siendo no.

-¿Tú qué te traes con el chulo este? -Yo nada.

-Paty, ese tío es peligroso, yo creo que deberías denunciarle.

¿Se puede saber qué haces tú aquí?

Llevo cuatro horas despierto y ya no sé qué hacer en casa.

Disfrutar de tu mañana libre, que te casas esta tarde.

Piensa en otra cosa.

-Ya sé lo que voy a hacer, me voy a ir a trabajar.

Eso sí que no, ¿eh? Eso sí que no.

Hablando de perseguir a los malos,

Salgado y Morales me han dicho que ayer patrullando vieron al Púas.

-¿Ha salido ya del talego? -Parece ser que sí.

-Paty, ¿me pones un cafecito, por favor?

Y a ti no se te ocurra pedirte un café, ¿eh?

-¿Qué pasa, Púas? Cuanto tiempo sin vernos, ¿qué haces por aquí?

-Estoy buscando trabajo y hay calles que no conozco.

¿Qué tonterías está haciendo

para que le hagas un seguimiento el día de tu boda?

Anda por ahí con un mapa, preguntando direcciones.

Sí, venga, te debo una, chao.

-Perdone, señora, un momentito, estoy buscando esta calle de aquí...

Sí, correcto, es que me han dicho que estaba por aquí por la zona...

-El novio no ha llegado, no podemos empezar sin él.

Estará a punto de llegar, mujer,

le han llamado hace un rato y estaba saliendo ya.

Tranquila, María, mi padre aparecerá seguro.

-Elías, estoy muy cabreada.

-Ya me imagino, María,

pero he pillado al Púas robando una cartera,

y ya sabes que la ley nunca descansa.

Ocúpate, Toni. Os declaro marido y mujer.

-¡Vivan los novios!

-Me he dado cuenta de que me importas.

(Música emocionante)

Buenos días, ¿qué tal la boda? ¿Llegaste a las tantas, no? (RÍE)

(SISEA) -Calla, calla, no grites, por favor, qué grito.

-Menudo resacón tienes.

¿Café?

Pues que sepas que a pesar de lo que se cree, es muy malo para la resaca

porque es diurético y lo que hace es deshidratarte aún más.

-¿Y qué hago? Necesito ser persona.

-Lo mejor es que te bebas dos buenos vasos de agua

y te metas en la cama otra vez.

-Sí, claro, eso me encantaría, pero tengo que ir a trabajar.

-Pues entonces lo que tienes que hacer es beber mucho líquido,

agua, bebidas isotónicas

y si te encuentras ya muy mal, pues paracetamol.

-Ya, me haría un zumo,

pero solo de pensar en el ruido, me pongo mala.

-Yo te lo hago, ya está. -No, no, no, por favor,

cuando no esté yo aquí.

-Vale, pues cuando te vayas a duchar te lo hago,

que te va a sentar muy bien, un buen chute de vitamina C.

Y a cambio, quiero que me cuentes la boda con detalles, ¿eh?

Y si ahora no tienes el cuerpo, por lo menos, titulares.

-Pues bueno, que nos lo pasamos muy bien.

-Hombre, ya, eso ya lo deduzco.

-No, a ver, pues la ceremonia fue muy emotiva

y el discurso de Nacha fue genial, muy bonito.

-¿Sí? -Sí.

-¿Y el baile qué tal?

-Eh, bien, bien...

-Hija, pero cuéntame algo más, ¿no?

-Pues, a ver, ¿qué te cuento?

Que... había una orquesta más clásica al principio y luego vino un DJ.

Y eso.

-¿Ya?

Cuéntame algo más jugoso, un poco de cotilleo, no seas mala.

(Timbre)

Eh...

-Hola, Nacha. -Ey, guapa, ¿qué tal?

Buenos días, compañera.

Mira lo que me encontré de camino al aparcamiento

cuando iba a coger el coche, que me iba de la fiesta.

-Anda, qué bien.

Me los quité porque me apretaban mucho y se me perdieron.

-Echa bien el cuento, ¿no? Eso fue al principio de la noche,

luego la señorita se quedó descalza y se la pasó toda la noche bailando.

-¿En serio? ¿Bailaste sin zapatos?

-¿Qué pasa? No es delito, ¿no?

-La verdad, eso está muy bien,

pero bueno, ¿ya le contaste a Lara sobre Alfonso y todo ese rollo?

-¿Alfonso?

¿Quién es Alfonso? No me suena de la comisaría, ¿no?

-No, es que no es de la comisaría, es un primo de María, de Barinas

y nada, que estuvimos ahí bailando y eso...

-Bueno, bailando y...

y el lotazo que os metisteis

en los jardines del aparcamiento, también.

-Creía que no nos había visto nadie.

-Bueno, Espe, que en las bodas pasan esos rollitos y esas cosas.

-Ya, pero me da mucha vergüenza,

además, que no me gustan los cotilleos.

-Bueno, tampoco es que te estuviera persiguiendo, ¿eh?

Yo estaba buscando el baño y me encontré con severo panorama.

-Fueron unos cuantos besos,

allí, en la boda, fueron unos cuantos besos.

Pero ya está, quiero dejar la conversación

porque la cabeza me va a explotar.

-Bueno, bueno, ¿entonces qué, te hago el zumo o no?

-Házselo, que la resaca es muy mala.

-Trae, trae.

-Chica, es que yo no entiendo

por qué tienes que llevar todo esto en la mano.

-Lo aprendí de mi amiga Rosa, que viaja mucho,

por si nos roban las maletas.

-Al final tienes que ir con esto hasta el hotel,

al final lo llevo yo, ya lo sé.

-¿Qué tal la noche de bodas? -¿Tú qué crees?

-¿Que qué creo? Pues...

que tienes unas poquitas de ojeras, ¿eh?

Ahora, eso sí, un cutis luminoso, superrelajado... (RÍE)

-Venga, ya vale.

-Por cierto, que se acaba de marchar Israel,

que ha venido a desayunar con Armand,

querían subir a despedirse pero no se han atrevido.

-¿Es tonto? Si llevamos toda la mañana despiertos.

-Les he dicho que si quería os llamaba,

pero me han dicho que no, que se tenían que ir.

-Podíamos haber ido con ellos al aeropuerto,

nos hubiéramos ahorrado un taxi.

-Sí, fíjate que no caí ayer en decírselo.

-Con todo el follón de la boda, ¿quién va a caer en eso?

-Si quieres nos podemos ir yendo para el aeropuerto

y a lo mejor nos da tiempo a tomarnos un café con ellos.

-Va a estar complicadillo.

-Si os sirve de algo,

a mí me han dicho que se lo pasaron superbién en la boda,

estaban encantados.

-Yo creo que todo el mundo se lo pasó genial ayer.

-Yo me lo pasé increíble,

hacía mucho tiempo que no me lo pasaba así.

-Pero no bailaste con mi primo,

estuviste todo el rato haciendo fotos con el móvil.

-¿Queréis verlas?

¿Por qué no os sentáis, desayunáis, y os las paso y las veis juntitos?

-Por mí perfecto,

si el avión de estos dos tontos sale dentro de una hora

y nosotros estamos en otra terminal. -Nosotros en la T2.

-Entonces que los zurzan, desayunamos aquí.

-Venga, me da tiempo a mí a preparar el desayuno.

-Qué va, tú ya estás oficialmente de luna de miel.

-Pues estupendo. (RÍE)

A desayunar.

Oye, enséñanos las foticos.

No, no tienes por qué decidirte ahora.

Yo ya te he dado las opciones de cirugía,

ahora lo que tienes que hacer es decidir cuál crees que es la mejor.

Cuando lo hagas, nosotros estamos aquí esperándote, ¿de acuerdo?

Venga, buenos días.

(Móvil)

Dime, Celia.

Ah, sí, claro, dile que pase.

(Puerta)

Gracias.

Hola.

Eh...

Antes de que digas nada,

que sepas que necesito más tiempo

para organizar todo lo que te había prometido.

Desde que decidí tenerlo,

no he dejado de pensar que quiero lo mejor para el bebé.

Ya, lo que pasa es que tal y como están las cosas ahora,

ya me cuesta bastante justificar la pensión que voy a pasarte,

así que de momento no puedo hacer mucho más.

No he venido a hablar de dinero.

Ah, como has dicho que querías lo mejor para el bebé...

Quiero que reconozcas al niño,

que le des tus apellidos.

Eso no es lo que habíamos acordado.

Te dije que...

que te daría una pensión generosa para cubrir todos sus gastos,

la educación, el seguro médico.

Pero este tema había quedado claro.

He estado pensando que lo mejor para el niño

es que crezca sabiendo quién es su padre,

que te impliques en su crianza.

¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

Eso es arruinarme la vida.

Cuando me dijiste que querías seguir adelante con ese embarazo,

solo te puse una condición,

que no tuviera que reconocerlo, que nunca supiera quién es su padre.

¿A qué viene esto?

Mira, no te pido que nos vayamos a vivir juntos,

ni que juguemos a las familias.

Solo quiero que el niño sepa que tiene un padre

y que puede contar con él.

No quiero criarlo sola.

¿Cómo crees que reaccionarán mi mujer, mi hija

cuando sepan que tengo un hijo con otra mujer?

Ese no es mi problema.

Bajo ningún concepto voy a aceptar eso que me pides.

Perdón, no sabía que estabas reunido. No, tranquilo, pasa,

Malena ya se iba.

Espero que, por tu bien, cambies de opinión.

-A ver.

-Pues a ver si llega ya tu primo, ¿no?

-Sí, que hemos quedado aquí,

le he dicho que acercara el taxi a la puerta,

pero si te quedas más tranquilo, vamos a la parada.

-¿Cómo vamos a ir andando hasta la parada con las maletas?

Le esperamos que para eso es taxista.

Enhorabuena a los recién casados.

Buenas. ¿Qué pasa, María?

Ya me han dicho que todo fue de maravilla,

que va a ser la boda del año.

Tampoco será para tanto.

Si no hablamos de otra cosa en comisaría, hasta en calabozo.

Es que Merinero se lo pasó en grande,

estuvo bailando con su mujer hasta que lo echaron.

Se puso como el Tenazas, ¿no?

Tengo de decir que yo que lo conozco con Mer y sé que no tiene fondo,

la verdad es que ese día se portó, ¿no?

¿Le ha contado todo esto Merinero? Qué va,

en realidad fue el Púas el que nos ha ido contando

cómo iba la boda.

Desde los discursos de la ceremonia, el cordero que estaba buenísimo,

lo guapísimos que estabais todos...

y luego entre las fotos de Espe y Toni, vamos,

como si hubiese estado en la boda.

Pues casi no llego a la boda por culpa del Púas.

Es verdad, enhorabuena por la detención, Elías.

Pues usted felicítelo, que como no me hizo pasar mal rato ni nada.

El concejal quería marcharse de allí, sin casarnos.

Me puse en lo peor.

Pero bueno, me ha prometido

que durante la luna de miel no va a nombrar el trabajo.

-Ella me ha visto, yo no he dicho nada.

Tiene toda la razón,

discúlpame, el que ha sacado el tema del trabajo he sido yo.

Bueno, vas a tener unos buenos días

para disfrutar de tu marido sin interrupciones.

Que lo paséis muy bien. Muchas gracias, comisario.

-Comisario.

-Me gusta mucho como suena eso de "tu marido".

Que ganas tengo de llegar a Madeira.

-Eso si llega tu primo...

-Que sí, hombre. Míralo, ahí está.

Venga, vamos. -Empieza la aventura.

-Estoy deseando llegar a la playa.

Hombre, Paco. (RÍE)

¡Esa mujer está completamente loca!

El que se está comportando como un loco eres tú,

deja de gritar si no quieres que se entere todo el mundo.

A lo mejor es la mejor solución, así puedo volver a mi vida normal,

a dormir tranquilo por las noches. No lo dices en serio.

(Móvil)

Dime, Celia.

Sí, ya te he dicho que sí antes de entrar en la consulta,

a ver si estamos un poquito más atentas.

Mateo, eso que acabas de hacer no está bien,

perder los nervios no es solución para nada.

Andrés, estoy en un callejón sin salida.

Vamos a ver, Mateo,

¿tú estás seguro de que te ha pedido que le des los apellidos a ese niño?

A lo mejor no lo has entendido bien.

Que sí, quiere que reconozca al niño, que le dé mis apellidos,

quiere que sepa quién es su padre, me lo ha dejado muy claro.

Hoy me exige esto, pero a saber mañana...

me va a seguir exigiendo más y más y más.

Si negocias los términos de vuestra relación desde ya,

no tiene por qué haber ningún problema.

Andrés, estaba todo hablado,

¿y hoy me sale con esto? No me fío de esa tía.

Solo quiere dinero y a ti eso te sobra.

No, no, no me fío.

Hoy me decía: "No hace falta que vivamos juntos",

mañana se le cruza el cable y quiere que nos casemos.

Vamos a hacer una cosa, vamos a aparcar este tema, ¿vale?

¿Cómo quieres que lo aparque? ¡Me va a arruinar la vida!

¿Quieres que mire a otro lado?

Quiero que te concentres en el trabajo.

Yo me encargo de conseguir el dinero de la manutención de esa mujer,

y en cuanto la llames y le digas que tienes el dinero,

ya verás como se acaba todo.

Sabes que esto no va a acabar nunca, lo sabes.

Cuando tenga el dinero en el bolsillo ya verás como se ablanda.

Ojalá tengas razón, pero yo creo que no.

Y te voy a decir una cosa, ¿eh?

Si dejamos que esto afecte a la clínica, todo va a ir a peor.

Ya, ya lo sé.

Pues si lo sabes, empieza por pedirle perdón a Celia.

Acabas de pasarte tres pueblos con ella.

Espe, tengo algo que decirte, pasa por favor.

¿Qué tal la boda?

Por las fotos, sé que lo pasaste muy bien.

Y por lo que me ha contado Miralles, acabasteis muy tarde.

Creo que fuiste la reina de la pista.

Bueno, a ver, allí todos bailamos

y todos nos lo pasamos muy bien.

Pues me alegro mucho de que te relajaras y lo pasaras bien

porque... escucha, Espe, te viene una temporada de mucho esfuerzo.

Se han convocado las plazas para subinspectora.

¿Ya?

¿Por qué pones esa cara de susto?

Pensaba que lo estabas esperando.

Eh... Sí, si lo estaba esperando, pero vamos, que creía que...

iba a tardar más tiempo en convocarse, ¿sabes?

Que se rumoreaba que la convocatoria vendría dentro de dos meses o así.

Pues tú lo has dicho, rumores, la información buena es esta:

tienes exactamente diez días

para repasar y para concentrarte en la oposición.

Espe, no me asustes, ¿por qué te pones así?

Pensaba que habías estudiado bien ese temario, ¿no?

Sí, vamos, hace ya mucho tiempo, empecé con mucho fuelle,

pero como no se convocaban pues...

la verdad es que me fui tranquilizando.

Espe, pues ya te puedes ir poniendo las pilas, es el momento de apretar,

o sea que te recomiendo que saques el tiempo de donde sea.

Ya sabes que tu situación al frente de la UFAM es provisional.

Ya, ya lo sé, si...

Si dependía de que me sacara la plaza de subinspectora.

Así es, y siento tener que recordarte

que si no sacas esa plaza, tendrás que abandonar la UFAM.

Ya, ya lo sé, ya.

Espe, es un momento crucial en tu carrera, en tu vida,

y no quiero que te vengas abajo ahora mismo por toda esta presión.

(Puerta)

Adelante.

¿Se puede? Sí, pasa Toni.

Ánimo, Espe, ¿de acuerdo?

Hasta luego.

Tengo algo para ti, Toni, es un caso nuevo

que afecta a varios distritos y ahora nos ha tocado el turno.

Quiero que te pongas con ello lo antes posible, ¿de acuerdo?

Vale.

Aquí tienes.

¿Algún problema? No, no, pero como normalmente

nos distribuye los casos Miralles...

Ya, pero Miralles está en Verona viendo a su hija, de vacaciones.

Es el caso del robo de patinetes eléctricos.

Está Madrid plagado ahora.

Sí, solo en Madrid hay 10 000 unidades,

de las cuales se extraen al día 100.

Se han denunciado ya el robo de 3000 unidades.

Y parece que el problema va en aumento.

Es que son muy golosos, muy fáciles de robar.

Así es, y en Distrito Sur no nos libramos de esa lacra.

Al parecer la mayoría de los robos

se concentran en el parque de Barlovento.

¿Y no han intentado rastrear los GPS de los patinetes?

Sí, los ladrones no son tontos,

los arrancan, los desatornillan, los cargan en furgonetas

y luego con toda tranquilidad los desguazan.

Creo que las baterías se llegan a vender a 100 euros.

Ah, o sea que no los venden enteros.

Si logran sacarlos del país, sí.

En Rumanía se han encontrado patinetes robados aquí.

Hala. Pues muchas gracias.

Supongo que el resto de la información está en el informe.

Ahí lo tienes todo. Me pongo con ello, gracias.

-No, café no.

Mira, Ángela, ya lo siento. Luego la repongo.

-¡Ey! ¿Qué tal, Espe?

Oye, enhorabuena, ¿eh? Que ya me he enterado.

Me han dado la noticia.

-Que sí, que sí. ¿Qué pasa que soy la primera persona que se lía

con un invitado de una boda? Me lie con el primo de María de Barinas.

Vale, muy bien. ¿Qué pasa? Soy mayorcita para enrollarme

con quien me dé la gana, digo yo. -Sí, y yo me alegro.

Pero yo te felicitaba porque han salido las oposiciones

a subinspectora y era lo que querías, ¿no?

-Ah.

No sabía de qué me estabas hablando.

-Ya. Ya me he dado cuenta. Bueno, no te preocupes.

Lo vas a hacer muy bien y te lo vas a sacar a la primera.

-Gracias, pero no lo tengo tan claro porque el temario es muy difícil.

-¡Ey!

-¿Qué tal, Larita? -Bien.

-Chicas, yo os veo luego, ¿vale? Chao.

-¿Cómo estás?

Te sigue doliendo la cabeza, ¿no? -Me duele mucho, mucho, la cabeza.

Y después de que el comisario me haya dicho que las oposiciones

son en diez días, tengo hasta taquicardias.

-¿En diez días? Eso es ya. (SUSPIRA)

-Ay, hija, ¿tan mal te encuentras?

Si quieres voy a la farmacia a por B12.

-Esto no lo cura ninguna vitamina.

-Mujer, ya verás que cuando te encuentres mejor

no lo ves todo tan negro. Ya verás.

-Yo lo que quiero es dormirme y despertarme dentro de dos semanas.

Claro, habiendo aprobado la oposición. Por supuesto.

-Pero si lo vas a sacar.

-¿Qué tal la boda?

-Bien.

¿Quieres tomar algo?

-En realidad me gustaría que me enseñases alguna foto.

Para ver lo guapa que ibas.

-Es que no tengo.

-Pero si he visto tus redes sociales y te hinchaste a sacar fotos.

Pero no subiste ninguna en la que salieras tú.

Paty, no seas así.

Me gustaría empezar de cero contigo.

-El miedo no se olvida tan fácil, ¿sabes?

-Me equivoqué al llevarte al bosque.

Pero ¿habrá algo que pueda hacer para que lo olvides

o no vas a perdonarme en toda la vida?

-Ah, ¿que me estás pidiendo perdón? -Sí.

-Es que te recuerdo que ayer mismo me dijiste

que me apuntaste con una pistola para darme una lección.

Yo no te veía nada arrepentido.

-Sí que lo estoy, Paty.

No conozco a nadie como tú.

-¿Se supone que debería sentirme halagada o algo?

-¿Por?

(SUSPIRA) -Mira, no te hagas el tonto, ¿vale?

¿Qué pasa que como no cedo, has decidido cambiar la estrategia?

Vienes aquí a darme coba,

a ponerte en plan intenso, a ver si cuela.

-Te estoy diciendo la verdad.

Me arrepiento de lo que te hice pasar.

Mira, yo no soy así porque un día me levantara

y decidiera que iba a llevar esta vida.

Tuve una infancia muy dura. Tuve...

que sobrevivir en la calle y eso me llevó a la cárcel.

-Ya, pero ¿sabes qué pasa? Que yo no tengo la culpa de nada de eso.

-Que ya lo sé.

Lo que quiero decir es que

he tenido que endurecerme mucho.

Que he sobrevivido a base de golpes y...

que no sé hablar de mis emociones.

-Dudo mucho que sepas lo que es sentir algo.

-Nunca he sabido relacionarme con las mujeres.

Nunca he tenido novia.

-Ya.

Bueno, tal vez puedes probar a dejar de chulearlas

y dejar de sacar dinero a costa suya.

Igual así, de repente, las cosas te van mejor e incluso

puedes encontrar a alguien que se enamore de ti.

-No estoy hablando de eso.

He conocido a muchas mujeres y nunca...

me he permitido sentir nada.

Pero tú eres distinta a todas.

Tú me has traspasado.

-Yo no he hecho nada.

-Estoy hablando de lo que siento por ti.

Me gustaría que me vieras tal como soy.

Y que me dieras una oportunidad.

-Ramón, si en algún momento quieres realmente tener una relación.

Lo primero que tienes que dejar de hacer

es aprovecharte de esas chicas.

Es que mientras no cambies, no va a haber nadie

que quiera estar contigo por voluntad propia.

Y si lo hace,

ten clarísimo que solamente va a ser por miedo.

-Bueno, pues eso. Que después de que Mauro hablara, o sea, Mabel,

hablara con Antonio, ha decidido someterse al tratamiento de hormonas

que le comentó. Me lo dijo ayer.

-Ya. Eso se llama terapia de sustitución hormonal, ¿no?

-Pues sí, me imagino.

El caso es que la terapia dura dos años y luego puede

operarse o bien volver a su situación actual.

-Perdón. Paula, tenemos un caso nuevo en el parque Barlovento.

-¿Qué ha pasado? -Nos cambiamos y te lo cuento.

-Venga. Chao, Espe. -Chao.

-Chao.

-Que no, que ese es el precio.

No pienso bajar ni un céntimo. O lo tomas o lo dejas.

Eso es.

Hablamos esta tarde.

Hombre, Miguel. A ti te quería ver yo.

¿Le has dado una vuelta a la oferta que te hice?

-No hay nada que tú me ofrezcas que a mí me pueda interesar.

-A ver, voy a ser generoso. Pon tú el precio.

¿Tampoco?

Tienes razón. El doble está bien. ¿Sellamos el trato?

-Anda, lárgate.

-No sé si sabes que están haciendo una colecta en el barrio

para ayudar a las familias desfavorecidas con hijos drogadictos

y como sé que a ti te va esa movida, he pensado que

así donas el sueldo y de paso lavas tu conciencia.

-¿Y tú qué sabes cómo tengo yo la conciencia?

-A mí no me la cuelas. Seguro que por las noches

cuando te vas a la cama escuchas todas esas vocecitas

de las personas que mataste en África.

-Hablas demasiado. ¡Sara! (RÍE)

-Hola.

¿Conoces a ese? -Sí, le conozco.

Ayudé a la policía a que una mujer saliera de uno de sus pisos.

Y aquí al centro cívico ha venido a ofrecer dinero

para patrocinar el equipo de fútbol y, bueno, intentar lavar su imagen.

Sé que la policía va detrás de él, pero aún no he podido incriminarle.

¿Tú le conoces? ¿Sabes algo de él? -Sí. Venía por el Moonlight.

Y mi jefe no tiene muy buenas palabras hacia él.

Tuvieron sus más y sus menos.

-Bueno, mejor pasamos de él. -Sí.

Quería contarte que hoy me incorporo al Moonlight.

-¿En serio? (ASIENTE)

-Qué buena noticia. ¿Te encuentras mejor, entonces?

(ASIENTE) -Y bueno, me gustaría

que cuando acabaras de trabajar te pasaras por allí. Si te apetece.

-Me apetece.

-Vale. Pues te espero allí.

No me falles. -No te fallo.

-Chao. -Chao.

-No, más que nada es que no quiero que se agobie

y que le vuelva a pasar lo mismo de la otra vez cuando se reincorporó.

Que le dé un ataque de ansiedad. Quiero que estés pendiente de ella.

-Sin problema. -Intenta quitarle todo el trabajo

que puedas de encima. -OK, perfecto.

-Gracias.

-Fernando Quintero.

-¿Tom? ¿Eres tú? No me lo puedo creer.

Pero ¿qué haces tan lejos de Cabo Verde?

Ven aquí, dame un abrazo.

Siéntate, anda. -Pues ya ves, aquí en Madrid.

Intentando buscarme la vida. -Ah, muy bien. Muy bien.

Eso es estupendo. Pero, no sé, ¿cuándo has llegado?

¿Por qué no me has llamado? Podría haber ido a recogerte al aeropuerto

y ofrecerte un recibimiento como Dios manda.

-Tranquilo. Ya lo celebraremos en otra ocasión.

-Pues sí, sí, sí. Ya tendremos ocasión de celebrarlo. Sí.

Mientras tanto, nada, aquí estoy.

Esta es tu casa para todo lo que puedas necesitar.

No sé, ¿quieres tomar algo?

-Bueno, sí, un refresco. -Felipe.

-¿De qué lo quieres? -No sé, cualquiera.

-¿Naranja mismo? -Naranja, sí.

Oye, pues está muy bien esto, ¿eh?

Y, por cierto, ¿qué tal está Sandra? -Bien, bien.

Sandra está bien.

Ya no es esa chica asustada que conociste

cuando te contraté para que la protegieras.

-Pues me alegro, la verdad.

La pobre vivía siempre aterrorizada pensando que los mexicanos

podían aparecer en cualquier esquina.

Yo no la conocí mucho, solo fueron tres semanas,

pero parecía una buena chica. -Lo sigue siendo.

Solo que hasta entonces no tuvo mucha suerte en la vida.

Se terminó metiendo en algún que otro lío. En fin, ya sabes,

por todo lo que te comenté en aquel entonces.

Pero ahora está muy bien. Tiene otra identidad,

trabaja de instructora de buceo en un centro de esos de submarinistas

y tiene una pareja, un chico que la hace muy feliz, la cuida.

-¿Y eso quiere decir que se va a quedar allí definitivamente?

-Bueno, ya sabes cómo son esta gente a la que le gusta tanto bucear.

No paran de recorrerse el mundo.

Están todo el tiempo de un sitio para otro dando vueltas. ¿Y tú?

¿Qué has hecho todo este tiempo en Cabo Verde?

-Bueno, después de que tú me contrataras encontré un curro

como agente de seguridad. Pero me duró muy poco.

Y luego estuve buscando un tiempo, pero bueno,

lo justo para darme cuenta de que necesitaba un cambio de aires,

que echaba menos España y que quería volver.

-Está claro que las raíces son las raíces, ¿verdad?

Supongo que no te habrá costado mucho trabajo aclimatarte.

-Bueno.

La verdad es que no está siendo tan fácil como yo pensaba.

Es como que no encuentro mi sitio.

Y tampoco encuentro trabajo.

Me preguntaba si a lo mejor a ti

te haría falta un guardia de seguridad

o un portero en la empresa de transportes.

-Yo ya la empresa de transportes no la tengo, pasó a la historia.

Cuando volví de Cabo Verde estaba bastante asfixiado por las deudas.

No tuve más remedio que malvenderla y con lo poco que me dieron

monté este negocio. Así que... -Ya.

No tenía ni idea. Cuando he ido allí preguntando por ti

me han dado esta dirección, pero no me han explicado nada

y como se sigue llamando igual. Pues ya lo siento.

-No te preocupes, no tienes que disculparte.

Quien lo siente soy yo por no poder ayudarte ahora mismo.

Pero ¿sabes qué?

Si quieres puedo llamar a los nuevos propietarios

de mi antigua empresa.

Tengo muy buena relación con ellos y algún otro empresario de la zona.

Por si tuviesen algo para ti, te pudiesen hacer algún hueco.

-Pues eso ayudaría bastante, Fernando.

-Nada, es lo mínimo que puedo hacer por ti.

Te portaste muy bien protegiendo a Sandra. Te debo una.

-No, para nada, ya pagaste mis servicios.

-Bueno, los amigos están para eso, entonces.

Déjame hacer un par de llamadas o tres.

Bichear un poco por ahí, a ver si te consigo algo.

-Se agradece, de verdad.

-¡Ey! Ángela.

Nada, que te llamaba para disculparme contigo. Antes he estado muy borde

sin comerlo ni beberlo, ¿sabes?

-Bueno, no pasa nada. Un mal día lo tiene cualquiera.

-Como el mío, lo dudo mucho. Porque es que

de verdad, tengo una resaca del quince,

tengo que prepararme la oposición en diez días

y que no me gusta que la gente vaya ahí hablando sobre con quién

me lío o me dejo de liar.

-Cada uno se lía con quien quiere.

Además, ¿quién no se ha liado nunca con alguien en una boda?

Lo más importante es que si no te sientes segura,

hinques codos.

Y te voy a decir algo: confía un poco más en ti.

Yo no veo nadie más capacitado que tú para estar al frente de la UFAM.

-Ya, el problema es que hay un tocho de temario que se interpone

entre la plaza y yo, ¿sabes?

Y que no me he planificado bien. No me va a dar tiempo.

-Lo primero que tienes que pensar es que nada se pone entre esa oposición

y tú, eso tengo claro. Confía un poco en ti, ¿no?

-Si tuviera un poquito más de tiempo. Solo un poquito más, de verdad.

-Bueno, ¿aceptas un consejo?

-Si ya sé lo que me vas a decir.

Que deje de machacarme con el "no", que...

-Que confíes en ti. Que te lo creas de una vez.

Llevas muchísimos tiempo esperando esta oportunidad. Créetelo ya.

-Ya, o sea, que tengo que centrarme en el "sí".

-"Pues sí. O por lo menos intentarlo."

-Ya. Gracias.

-Oye, una cosa. Lo que a mí me interesa realmente.

Que no me has contado quién es el Alfonso este.

-Pues a ver.

Tampoco tenía nada especial, no sé, un chico normal.

Lo que pasa es que

me daba un aire como a Hugh Grant, pero en plan rural, ¿sabes?

-¿A quién?

-¿Que no sabes quién es Hugh Grant? -Pues no. No sé quién es Hugh Grant.

-Vamos, no me lo puedo creer. -En serio.

Espe, yo llevo la mitad de mi vida encerrada en un despacho estudiando

y la otra mitad encerrada en un despacho trabajando.

Si no tengo vida. No voy ni al cine.

-Te tienes que venir a mi piso un día, ¿eh?

-Te dejo, que viene el bus. Chao.

-¿Me puedes explicar qué hacemos aquí en la finca de Fuentepizarro?

-Desayunar churros con chocolate que los hacen muy buenos por esta zona.

¿A ti qué te parece?

Dijo mi confite que descargan aquí los patinetes.

Hay que esperar a que vengan. -¿Aquí en mitad de la nada?

-En mitad de la nada donde no hay cámaras en 5 km a la redonda.

Hay que esperar, Paulita, ¿vale?

-Yo creo que hubiese sido mejor que fuéramos al parque de Barlovento.

Mira,

aquí en las diligencias del caso pone que hay un testigo que vio

cómo metían los patinetes robados en un furgón.

-Y también dice que costó mucho identificarlos porque pensaban

que eran los operarios que iban a recargarlos.

Será mejor venir aquí que ir al parque de Barlovento

y equivocarnos de persona, ¿no?

-Bueno, pues aquí no pasa nada.

-¿Por qué no esperas, abres los ojitos y dejas de hablar?

-El que debería abrir los ojos eres tú

que desde que llegamos no has parado de bostezar.

¿Qué pasa que no ha dormido nada? -No.

No me acuerdo ni a qué hora llegamos ayer.

-¿Es verdad eso que dicen que Elías llevó a un detenido?

-Ah, bueno. ¡Al Púas! (RÍE)

-¿Te acuerdas del Púas? ¿El que detuvo unas cuantas veces?

Pues lo trajo a la boda. -¿Qué dices?

-Te lo juro. Me lo encasquetó en la ceremonia.

Y cuando me di cuenta me había robado la cartera.

(RÍE) -¿En serio? -Te lo juro.

Luego me la devolvió.

-Oye, mira.

-"Oh, là là".

-Ahí están.

Están sacando los patinetes.

-¿No era que no iban a venir?

Ahí está el otro, vamos.

Buenos días.

Policía.

-¿Qué son estos patinetes?

-Vamos a la central a cargar las baterías.

-Ah, ¿sí? Vamos a comprobarlo.

Vaya, mienten. Están a tope.

-Las manos donde pueda verlas, por favor. Contra el furgón.

-¡Eh! ¿Tú qué haces? ¡Quieto ahí!

-¡Quietos ahí los dos!

Ni te muevas. Contra el furgón.

¡Contra el furgón ya!

Quedáis detenidos los tres por un presunto delito de robo.

Las manos donde pueda verlas. Las dos.

-Tienen derecho a guardar silencio.

Lo que digan puede ser usado en su contra.

Tienen derecho a un abogado, de no tener, se asignará de oficio.

Tiene derecho a una llamada a un tercero.

Y el resto ya se lo leemos en comisaría.

¿Vamos?

Vamos.

-Si no llega a ser por ti, no lo cuento.

¿Desde cuándo haces "kick-boxing"? -Hago atletismo, ya lo sabes.

-¿Las patadas voladoras las enseñan para saltar vallas?

-Justo.

-Y que además esto me viene muy bien para centrarme.

-Ya, pero no sé.

¿En serio vas a dejar de lado tu carrera musical?

-¿Carrera? Yo creo que es una palabra demasiado grande.

Prefiero decir inicios en la industria de la música.

Además, nadie me va a echar de menos.

-No sé, no sé.

Es probable que nadie te eche de menos en esto

de la música, pero lo que te puedo asegurar es que

quien va a echar mucho de menos la música eres tú.

No sé, Sara. Te sigo insistiendo.

¿No crees que deberías aceptar la ayuda de un profesional

que te ayude a superar todo esto?

-Pues no, porque...

no creo que lo que me ha pasado sea tan grave

como para necesitar un psicólogo.

De verdad, creo que con rutina y tiempo

soy capaz de superarlo sola. -Está bien, está bien.

Lo que tú digas, es tu vida.

-Hola.

¿Cómo estás, Fernando?

-¿Qué tal, Miguel?

-Estás aquí. -Sí, como te prometí.

-¿Quieres tomar algo?

-Sí, claro.

Una cerveza, por favor.

-¿Qué tal va todo?

-Todo va bien.

O más o menos bien. Tirando. No me puedo quejar.

¿Y tú? -¿Yo?

Bien, bien. Tampoco me puedo quejar.

Bueno, en realidad sí me quejo un poco.

Me gustaría que esto estuviese más lleno, pero bueno...

Poco a poco.

Oye, Sara, estoy pensando...

¿Por qué no te pones algo también

y te tomas cualquier cosa con Miguel?

Así charláis tranquilamente.

No me pongas esa cara, mujer.

Está claro que Miguel no ha venido a verme precisamente a mí.

Felipe y yo nos podemos apañar detrás de la barra sin problema.

-Ya, bueno, pero todavía no he terminado mi turno.

-Eso es algo que decide tu jefe

y tu jefe resulta que soy yo.

Y te estoy diciendo que te puedes tomar un descanso.

Sin ningún problema.

¿A ti qué tal se te da el billar?

-El billar... Bueno, me defiendo.

Ahora, debo decir que me pico con facilidad

y no me dejo ganar ni siquiera por quedar bien.

-Bueno, tranquilo no te preocupes que...

a lo mejor, mira, incluso te puedo enseñar un par de trucos.

-Estoy deseando verlo.

-Gracias, Fernando.

-De nada.

-¿Qué tal la vuelta al trabajo?

-Bien.

Bueno, más o menos.

-¿Más o menos?

Imagino que te trae malos recuerdos estar aquí.

-Me tranquiliza saber que Amparo no va a cruzar esa puerta más.

-Ahora está en un centro de salud mental.

Y bueno, espero que allí puedan ayudarla con...

su problema y su enfermedad.

Y que se olvide de mí, lo más importante.

-Bueno,

muchas personas con ayuda profesional consiguen superar sus problemas.

-Vaya.

Parece que te has puesto de acuerdo con mi jefe.

-¿Por?

-Justo cuando estabas entrando, me estaba diciendo,

me estaba sugiriendo que fuera a un psicólogo.

Y precisamente ha utilizado esas palabras.

Lo de ayuda profesional.

-Por lo que veo no te hace mucha gracia.

-¿Rompes tú o yo?

-Por favor, te doy ventaja.

Pues yo colaboro en el centro cívico

con muchísimos psicólogos y la verdad

te puedo decir que la experiencia es muy buena

y la gente que viene a trabajar con ellos lo considera

algo fundamental.

-Tu turno.

-Yo mismo voy a terapia desde que vine África.

No podía asimilar todo lo que me había pasado

y necesitaba ayuda. Y la verdad que para mí...

para mí fue algo fundamental.

-Vaya, si además de hablar, también sabes jugar.

-Un poco, sí.

Mi terapeuta dice que hay dos tipos de personas:

las que tienen problemas

y las que quieren solucionarlos.

-Déjame adivinar.

Los que quieren solucionarlos son los que van al psicólogo.

Bueno, me lo voy a pensar.

-OK.

Eh...

Espero que esto no solo lo estés haciendo para distraerme

y ganar la partida. -No, qué va.

Has metido una mía.

-¿En serio? -Sí.

-Vale. (RÍE)

-Me toca.

-Sí, sí. Yo tenía pensado hacer eso.

En cuanto tenga unos días libres, voy para allá.

Que sí, mamá. Tengo muchas ganas de ir a Formentera y estar contigo.

-Venga ya hablamos. Adiós.

Chao.

¿Qué? Resacón total, ¿no?

-Yo ya ni me acuerdo de eso, de verdad.

Tengo problemas mucho más importantes.

Ay...

Vengo de la biblioteca

de intentar estudiarme todo esto. ¿Sabes cuánto he aguantado?

20 minutos. No puedo. -No me extraña, mucho me parece.

Yo si fuese tú, hubiese ido al curro y directa para casa.

-Ya, pero tengo diez días para estudiarme toda la oposición.

Yo, yo creo que he perdido

el hábito de estudio, si alguna vez lo he tenido.

-Yo cuando estudiaba lo que hacía era esquemas

para fijar bien las ideas importantes.

-He hecho esquemas, resúmenes, organigramas, tengo cuadros,

tengo de todo, pero es que...

de verdad, es que...

hace muchísimo que no me presento a un examen y estoy cagada.

Yo creo que no me voy a presentar.

-¿Estás hablando en serio?

-Pues sí, ¿tú has visto los tochos estos, tía?

Esto tiene más folios que el sumario de WikiLeaks.

Que no puedo, de verdad. No me cabe todo esto en la cabeza.

-Eres una cobarde.

Pero no una cobarde cualquiera, ¿eh?

Una cobarde de la cabeza a los pies.

-Claro que sí. Tú dime todo lo que tú opinas y exprésate con libertad.

Este es el momento.

-Mira, doña consejos.

Que no acepta que le diga las cosas claras.

Vamos a ver, Espe. Tú siempre te tomas el lujo

de decirle a la gente lo que piensas. -Sí.

-Pero a la hora de decírtelo yo a ti, lo llevas fatal.

-No sé a qué te refieres.

-Pues, por ejemplo, cuando vino aquí mi madre.

Tú me abriste los ojos.

Me hiciste ver que estaba equivocada en muchas cosas, que no tenía razón,

y te lo agradezco mucho y quiero hacer lo mismo contigo.

-Ya, pero una cosa es abrir los ojos y otra cosa es insultarme

en mi propia cara. Que me has llamado cobarde.

-Eso no es un insulto. Es que te has puesto muy catastrofista.

¿Cómo puedes estar hablando

tan pancha de dejar tu puesto en la UFAM?

O sea, Esperanza Beltrán,

¿me vas a decir que vas a dejar tirada

a toda la gente a la que has ayudado? ¿No has aprendido nada de ellos?

Chica, que no puedes tirar la toalla sin haberlo intentado.

-Ya.

Tienes razón.

Sí.

Si ya sé que lo tengo que intentar.

Sobre todo por ellos.

-Pues claro que tengo razón.

Tienes que presentarte a ese examen, aunque saques un cero.

-Eh, eh. Tampoco te pases.

-Bueno, a ver, que es una forma de hablar.

Es verdad que deberías haber estudiado

y que has sido un poco vaga,

pero ya está. No es tiempo para lamentarse.

Ahora hay que buscar soluciones.

-A mí se me ocurre una solución, sí. La de copiar en el examen,

pero hay dos problemillas.

Uno, que a mí eso nunca me ha salido.

Y dos, que creo que en este examen no te dejan.

-¿Te digo una buena noticia?

El hábito de estudio se recupera muy rápido.

-Claro, como todos los hábitos, a los 21 días.

Que no tengo tanto tiempo.

-Tú lo que tienes son cualidades, capacidad y tesón.

Lo que tienes que hacer es planificarte.

-Ya, si ya lo he hecho. Me he dividido todo el temario

y he hecho horarios.

-Bueno, muy bien. Ahora lo que tienes que hacer es intervalos de una hora

y descansos de diez minutos. Después, media hora

y descansos de cinco minutos. Y, durante los descansos,

es importante que te pasees, que hagas algo o una actividad física

porque, así, el conocimiento se asienta mucho mejor en el cerebro.

-Sí, encima actividad física. Que no tengo tiempo.

-Cállate. Lo que tienes que hacer,

no estés más de una hora con cada tema, ¿vale?

Importante, que descanses muy bien, y en los descansos, hazme caso,

tienes que moverte por ahí.

¿Lo vas a hacer ahora? No te puedes poner a estudiar,

que tienes el coco frito. Ahora ven aquí, voy a hacer la cena,

cenas prontito, te acuestas

y ya verás como mañana te va a cundir mucho más. Venga.

-Gracias.

-Oye, ¿mientras hago la cena

aprovechamos y me cuentas lo de Alfonso?

(RÍE)

-Mateo,

es muy tarde. ¿Por qué no te vas a casa?

Tienes mala cara.

Deberías descansar.

Tu cara tampoco es que sea especialmente buena.

He tenido una reunión con el otro banco

por si nos concedían el crédito.

Y también nos lo han denegado.

Ni siquiera se han leído

el pronóstico del balance de este año.

Y eso significa que...

Pues que dudo mucho que ningún banco nos lo vaya a conceder.

O lo que es lo mismo,

que estamos jodidos.

Siento que tengas que escuchar esto con el día que has tenido.

¿Qué más da?

¿Cuántas llevas ya?

¿A quién le importa?

A mí.

Mañana tienes quirófano a primera hora.

Mateo, eres mi amigo.

No voy a dejar que te vengas abajo ni que hundas tu reputación.

Son casi las 24:00, ¿por qué no vas a casa con Verónica y con Paula?

Hace días que no las ves.

Eres el último que llega a casa y el primero que se va.

No hables de ellas.

No puedo soportar pensar en lo que les estoy haciendo.

Beber es lo único que me ayuda a olvidar lo mierda que soy.

Lo necesito para ir a casa

y para hablar con ellas.

El alcohol no arregla nada, al contrario.

Lo empeora.

¿Sabes? He estado pensando en lo que has dicho esta mañana.

Lo de contárselo todo a tu familia.

Está claro que no hablaba en serio.

Pues yo sí que hablo en serio.

Y creo que afrontar la realidad es la única salida que te queda

para no perder a Verónica

y para conservar tu familia.

(RÍE)

¿Quién es el loco ahora?

Me estás proponiendo...

o sea, quieres

que le diga a Verónica

que una mujer espera un hijo mío. Pero no solo eso, sino que, además,

quiere que me haga cargo de él. Y no solo económicamente,

sino que, además, le dé mis apellidos. ¿Eso?

Mateo, hazme caso.

Este asunto del bebé se está complicando mucho.

¿Qué pasaría si Verónica se enterase por otra persona?

¿Y quién se lo va a decir? ¿Tú? No, yo no.

Pero ¿y Malena?

Esta mañana, cuando he salido del despacho,

ha dicho que esperaba, por tu bien,

que cambiases de tu opinión. A mí me ha sonado a amenaza.

Y yo veo a esa chica muy desesperada.

Y sabes lo que una madre es capaz de hacer por proteger a su hijo.

Si Malena se adelanta

y se lo cuenta a tu familia,

lo pierdes todo.

Tiene que haber otra solución.

Puede que la haya, Mateo.

Pero si Malena da el paso,

no hay vuelta atrás.

-¿Un error de forma?

¿Son conscientes de que para nosotros es fundamental esa ayuda?

Con esa ayuda nosotros pagábamos a profesores,

a monitores, psicólogos... Lo hacemos todo.

Lo último que necesito son más reproches.

Tampoco quiero discutir, pero últimamente no sé qué te pasa.

Anoche llegaste bebido.

No, no llegué bebido.

¿Qué me estás ocultando? Si te oculto cosas,

es para no amargarte la vida.

¿No tenéis idea de por qué actúa así?

Mira, lo único que sé es que si mi padre sigue así

acabará muy enfermo. No te preocupes.

Tu padre ha pasado momentos de dificultad y saldrá adelante.

Esta vez es diferente. Tengo la sensación de que se separan.

-Yo no soy perfecto,

pero te aseguro que soy tu amigo. Por favor, habla con ellas.

Que sí, que lo haré. Márchate, pesado.

Ponme otra.

¿Me estás montando una escena de celos?

-No, qué va. Para mí mejor que me seas sincera.

Así ya veo más claro que la imagen de matrimonio feliz

que me has vendido es mentira.

-No te he vendido ninguna imagen. -Sí.

-No, Mateo está mal y lo que quiero es estar a su lado.

Me gustaría que el día de mañana si a mí me pasa

que me apoyara. -¿El día de mañana?

Joder, eso no me lo esperaba.

Ya sabes tu situación, haces algo excepcional

y por lo tanto provisional.

En ese examen no solo te juegas tu puesto en la UFAM,

sino que posiblemente aquí no habría hueco para ti.

El pediatra del centro vino

a pedirme que le ayudara a valorar el caso de un chaval

de 13 años, Carlos, que venía con lesiones.

-¿Sospechas que son lesiones

producidas por malos tratos en el hogar?

-Es posible. Además, se presentó solo. Eso es sospechoso.

-Aquí tengo un parte de lesiones que dice que posiblemente

su hijo esté siendo maltratado.

Y no dejaré que se reúna con él

hasta confirmar que no le ha hecho esas lesiones.

-¿Mi hijo me ha acusado?

Yo le aseguro que estoy bien,

hace mucho tiempo que no tengo un bajón.

Me estoy tomando la medicación.

-¿Qué medicación? Siéntese, cuénteme.

-Se ha cancelado el curso del teléfono de ayuda.

-No. ¿Qué dices?

-Nos ha fallado la subvención y no tenemos dinero

para pagar a los monitores.

-Joder, qué putada, tío.

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Servir y proteger - Capítulo 697

11 feb 2020

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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