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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 694 - ver ahora
Transcripción completa

He venido para organizar el operativo para detener

al narcotraficante.

Cariño, que yo sigo pensando que debería acompañarte

para atrapar al Galgo.

-No, de ninguna manera.

Mamá, ¿qué haces aquí? Por favor. -Vengo a ayudar.

-¿Qué pasa? -Ni se te ocurra.

-Vas a hacerte ese test de paternidad.

-¿Para qué? Si ya te he dicho que no es el padre.

-Voy a falsificar ese test de paternidad.

-¿Por qué no me cuentas eso que te tiene así?

-No creo que alguien como tú lo entienda.

-¿Alguien como yo? ¿Y qué se supone que...?

-No sé, no sé qué se supone.

Eres una niña mona y no sabes nada de la vida.

Lo siento.

-¿Qué tal si... si empezamos de cero?

Brindo por las segundas oportunidades.

-Brindo por ello.

(Música emocionante)

¿Qué?

-Menudo despliegue. ¿A qué hora te has levantado

para preparar este desayuno?

-No, hace poco. Media hora, más o menos.

Mira.

Tostada con aguacate y queso fresco.

Macedonia de fruta y zumo verde.

-Ay, pues todo eso regado con un café en vena

y tiro millas.

Oye, ¿y esas maletas?

No me digas que al final te vas hoy. -Sí.

Es que he encontrado un vuelo baratito y lo he cogido.

-Jo. Me da mucha pena que al final no abras

la clínica aquí en Madrid, porque hubiera sido

tu paciente "number one".

-Y yo te hubiera atendido encantada.

Pero es que siento que mi lugar en el mundo

es Formentera.

-Hay un montón de gente que te espera allí, ¿no?

-Sí, ahí tengo a mis amigos. Y tengo a mis pacientes,

mis masajes, mi yoga.

Y mis hierbas.

Legales. De momento legales.

-Eso espero, que no hagas más locuras.

-Yo no descarto montar una asociación

para legalizar la marihuana.

-¿En serio? -Sí, sí, de verdad.

Sigo pensando

en sus propiedades curativas.

-¿En serio, mamá,

otra vez con esa vaina? -Sí, hija, sí.

Pero tú no te preocupes, no te preocupes

que hasta que no se legalice, yo no me fumo ni un porro.

Bueno, alguna calada me dará

algún amiguete. -Deja de picar.

(IMITA) -Deja de picar. -Bueno, venga, chicas.

Vamos a comer, porque no sé vosotras, pero yo tengo un hambre.

-Pues sí, yo también,

pero la verdad es que con tanta oferta

no sé por dónde empezar.

-Por la fruta. Es más sano.

Y además, abre el corazón.

-Qué bonito eso. No lo había escuchado nunca.

-Sí, sí. -Oye, mami, que me da rabia

no poder llevarte al aeropuerto,

pero tengo mucho trabajo en la comisaría.

-No te preocupes. Yo me cojo un taxi. Hombre, bastantes cosas

has hecho por mí todos estos días.

-Me da mucha pena que te vayas. De verdad.

-Ya. -Entre otras cosas,

mis cervicales van a echar mucho de menos

tus sesiones de reiki. -Gracias, Espe.

Pero yo creo que a vosotras os va a venir muy bien

que yo me vaya. Porque menuda guerra os he dado.

-Bueno... -¿Qué?

-Un poco sí,

pero tampoco exageres. A ver, nos ayudaste

a detener al Galgo. -Sí.

-Y con él cayó toda la red de camellos del barrio.

-Pero no he estado a la altura, ni como invitada,

ni como madre.

-Bueno, mamá, tampoco has matado a nadie, ¿vale?

No te des tanta caña.

De verdad te digo que yo estoy muy contenta

de que hayas venido aquí a Madrid.

-¿De verdad, hija mía? -Sí.

La verdad es que has sido como una montaña rusa.

Pero... pero ha servido

para actualizar nuestra relación. -Sí.

-Yo me quedo con muy buen sabor de boca.

-Qué comprensiva eres.

Te como. Comprensiva eres.

Ven aquí, Espe.

De verdad, es que yo pienso,

pienso para atrás y digo:

que me he comportado como un adolescente.

-Que no digas eso. Que hagas caso a tu hija, de verdad.

No tienes motivos para machacarte. Eres muy buena persona.

-A veces, demasiado. -¿Sí?

-Sí. -A ver, decidlo otra vez.

-Ahora lo que tienes que hacer

es recuperarte de estos sustos que te has llevado en Madrid.

-Tengo que deciros una cosa, ¿eh?

Que gracias a vosotras, he abierto los ojos

y ya me cae menos mal la poli.

-Y tú a nosotras nos has abierto la mente, la sensibilidad

y el apetito. Que mira que comidas nos haces.

Que además de sanas, están buenísimas.

-Pues nada, a Formentera.

Vamos.

Os espero con los brazos abiertos.

-Sí, yo en cuanto tenga unos días libres,

me escapo para ahí. -¿Sí?

-A mí no me lo digas dos veces que me planto allí. Además,

esta noche he soñado que me bañaba

en una cala de esas paradisíacas,

a la luz de la luna.

(A LA VEZ) -¡Desnuda!

-Por supuesto.

-Toma.

Para que no eches de menos mis sesiones de reiki.

Unas capsulitas de hierba.

-Mamá, esas pastillas no tendrán

nada ilegal, ¿no?

-A ver, define. ¿Qué es ilegal?

-Mamá, por favor.

-¿Qué?

No te pongas tensa, que es una broma.

Esta niña. Que eres como tu padre.

-Hola, Jorge. Perdona el retraso,

pero me han entretenido en el juzgado.

-¿Qué ha dicho el juez? Cuando declaré ante él dije:

"Este tío tiene ganas de meterme en un marrón".

-Allanamiento y robo con arma blanca

ya te dan para pasar unas vacaciones pagadas

en Soto del Real.

Pero es que además, robaste drogas

con la clara intención de trapichear con ellas.

-Vamos, que me voy de cabeza al talego, ¿no?

-Todavía no me creo cómo lo he conseguido,

pero no vas a pisar la cárcel.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

Muchísimas gracias, Verónica.

No sé, me has librado de una buena. -A ver, todavía no he terminado.

El juez ha decidido no ingresarte en prisión

primero, porque no tienes antecedentes.

Y segundo, porque la víctima ha retirado la denuncia.

-Pero... esa mujer me ha hecho el favor del siglo.

-Y además ha ayudado que no vendieras la droga que le robaste a Julia

y que la entregaras voluntariamente.

(SUSPIRA)

-Entonces ¿ya está?

¿Soy libre y no me voy a comer ningún marrón?

-Tendrás que pagar una multa, hacer cursos de reinserción,

trabajos para la comunidad

y los próximos tres años

tendrás que ir a firmar cada 15 días al juzgado.

-Sí, sí. Lo haré todo sin rechistar.

-Además, no se te ocurra volver a cometer

el más mínimo delito, ¿eh? Esto incluye

trapichear, participar en reyertas,

hacer un simple "sinpa"

o conducir ebrio. -Vale.

-Un paso en falso y te vas directo a la cárcel.

-Te juro que no voy a liarla.

-Recuerda la suerte que has tenido.

-Que sí, de verdad. No, no voy a cagarla.

Sobre todo con lo de trapichear. Vamos, no se me ocurriría.

-Jorge, espera.

-¿Qué?

-No me ha resultado muy convincente lo de que no piensas trapichear.

-No lo haré. Se lo juro.

En mi situación no es fácil salir adelante, Verónica.

Y reconozco que es...

una tentación lo de pasar hachís y "pastis" para llevar

algo de dinero a casa.

Mi madre sufre fibromialgia... -No, no, no sigas por ahí.

Tu madre lo último que necesita es que te metas en líos.

Además, aquí

puedes hacer cursos de formación. Informática, mecánica.

Y de todos modos, del tema de los trapicheos,

prefiero que lo hables con otra persona.

-¿Con quién?

-Con alguien que sabe de qué va el tema.

Pero antes, por favor, fírmame estos documentos.

Aquí abajo, donde pone tu nombre.

¿Vale? -Vale.

-Fernando. -Verónica.

-Hola. -¿Cómo estás?

-Gracias por venir.

Te presento a Fernando Quintero.

-¿Qué tal, Jorge? ¿Cómo estás?

-Ya sé quién es. No entiendo por qué viene a hablar conmigo.

-Te lo va a explicar él.

Os dejo solos que así estáis más tranquilos.

-Gracias.

Siéntate. Anda.

Y así charlamos con calma, ¿te parece?

Adelante.

Jorge, ¿verdad? -Sí.

Escucha, cuando terminéis la ronda del polígono,

os espero por aquí. Que tengo que encargaros algo.

(Puerta)

Adelante.

Eh... luego os lo cuento.

Sentaos, por favor.

Usted dirá.

Acabo de recibir un "mail"

de Jefatura sobre vosotros.

¿Por... por lo de Galgo?

¿Por la detención del Galgo?

-Seguro que sí. Seguro que sí.

No tendríamos que habernos puesto a jugar al billar.

Madre mía. Es que fue un canteo, Toni.

-La madre que nos parió. Menos mal que estuvo rápida Lara.

-Pero al final todo salió bien, ¿no?

-Sí, pero con Jefatura nunca se sabe. -Madre mía.

Oye, perdón, perdón, perdón.

¿Habéis terminado ya?

Sí, perdón.

Perdón es que cuando...

son cosas de Jefatura nos ponemos un poquito nerviosos.

Pues no hay ningún motivo

porque... en el "mail" solo hay elogios

sobre vuestro trabajo.

¿En serio?

Pues claro. ¿Por qué iba a mentir?

Os leo literalmente.

"Desde Jefatura queremos valorar positivamente

la integración de los agentes Antonio Ríos

y Paula Bremón.

Al ser agentes tan jóvenes,

queremos felicitarles, y les animamos

a seguir por esa línea de trabajo que ha dado sus frutos

y es claramente eficaz".

Madre mía, qué guapo.

Pensábamos que nos iba a caer un marrón.

Pues nada más lejos de la realidad. No solamente os felicitan,

os animan a seguir por esa línea de trabajo.

Y por ahí seguiremos. Claro que sí.

Además, aprovechan para felicitaros a ti y a Lara

por la colaboración voluntaria que hicisteis en el centro cívico.

Madre mía. ¿Hoy qué es? ¿El día de las felicitaciones?

Qué bien, qué bien. Pues qué alegría.

Bueno, es muy importante

que la ciudadanía sepa que nos implicamos

en la prevención de delitos

y además que estamos sensibilizados

con las campañas que se organicen. Cualquier tipo de campaña,

como ha sido el caso de Lara y tuyo.

Bueno, enhorabuena, Toni.

-Muchas gracias, compañera.

Luego felicitaré también a Lara.

Y por curiosidad, una pregunta.

¿Cómo se han enterado de que había ido bien la charla

los de Jefatura?

Bueno, porque al parecer

había uno de los mandos de la UDYCO entre los asistentes.

Ni más ni menos que la mano derecha del DAO.

Ostras, qué fuerte.

Pues no nos dijo nada que estaba allí.

Bueno, no dijo nada para no intimidaros.

Y yo creo que hizo bien.

De esa manera pudo comprobar de primera mano

la capacidad que tenéis

para hablarle a los jóvenes y hacerles entender

los peligros que entraña el consumo de drogas.

¿Qué? No dices nada, ¿eh, Paulita? Estás flipando, ¿no?

Tu compañero. A mi lado...

Ríos.

Hasta aquí. No lo estropees.

Perdón.

De hecho,

había pensado poneros una medallita

en el próximo "briefing" por la detención del Galgo.

Pero creo que sería perjudicial porque tal vez

el agente Ríos se nos vendría demasiado arriba.

No, inspectora. Por favor, si sabe

que soy muy humilde. -Hombre. Eso la sabemos todos, sí.

Bueno, hablando en serio,

me veo en la obligación de recordaros

que el trabajo policial

es un trabajo diario de pico y pala.

Y que el hecho de que os hayan felicitado

por un operativo, no significa otra cosa

que os voy a exigir más.

¿Está claro? Y nosotros corresponderemos bien,

inspectora, ¿verdad que sí? -Por supuesto.

Muy bien.

Pues ya podéis volver al trabajo.

Muchas gracias. -Gracias, inspectora.

-Hasta luego.

-Verás, Jorge,

estoy aquí para contarte un poco

quién soy yo realmente.

Yo me he pasado muchos años

traficando con todo tipo de mierdas.

Y he ganado mucha,

muchísima pasta, sí.

Pero también me convertí en un gran cínico,

que dedicaba parte de ese dinero

para financiar causas benéficas.

-¿De qué tipo?

-Como este centro cívico, por ejemplo.

Yo di gran parte del dinero que hacía falta

para construirlo.

Fui uno de los promotores más importantes.

Doné todos los fondos para la biblioteca,

financiaba el equipo de fútbol,

me metía en todo tipo de líos para ayudar a la gente.

Por eso se me llegó a querer tanto en este barrio.

-Es que eso mola muchísimo.

Usted se hizo millonario gracias a las drogas.

Y también ayudó a muchísima gente.

-¿Eso es lo que crees que mola?

No, Jorge.

Molar, no mola nada.

Más bien, todo lo contrario.

Puedes estar viviendo a cuerpo de rey, sí,

pero te aseguro que no vas a limpiar tu conciencia

dándole limosnas a los demás.

Vas a provocar mucha muerte,

vas a provocar mucho dolor.

Vas a conseguir que mucha gente arruine su vida.

Yo estoy muy arrepentido. Y te aseguro, te juro por Dios,

que por nada del mundo volvería atrás. Ni loco.

-¿No le ha compensado?

-Claro que no.

Por supuesto que no me ha compensado.

Verás, Jorge,

la mayoría de la gente que se dedica a trapichear o a traficar

en mayor o en menor escala, me da exactamente igual,

solo tienen dos finales posibles:

terminan en la cárcel,

o tirado en una cuneta con un disparo en la cabeza.

-Ya.

(Puerta)

Hola, Malena. -¿Dónde te metes?

Llevo llamándote desde primera hora.

-Ya. Cuando he encendido el teléfono

tenía siete llamadas perdidas tuyas. ¿Qué pasa?

-Quiero saber qué pasa con el test de paternidad.

-¿A qué viene esa prisa de repente?

-Ya deberían estar los resultados.

-Ya lo sé.

-¿Ya lo sabes? ¿Eso es lo único que me vas a decir?

-Malena, cálmate.

Hay que hacer las cosas bien.

Puede que esto lleve un poquito más de tiempo.

Hay que tener más paciencia. -Pues ya no me queda.

Estoy empezando a pensar que Mateo nos ha descubierto

y nos ha ido a denunciar, y en cualquier momento

puede aparecer la policía para detenerme.

-¿Qué paranoia es esa? Cálmate.

-No me digas eso que me pongo más nerviosa.

¿Y si has sido tú quien me ha delatado?

-Pero ¿qué estás diciendo?

-Todo eso de los celos y la envidia era mentira.

Te has puesto de acuerdo con Mateo para arruinarme la vida.

-Mira, Malena.

Entiendo que estés nerviosa, pero se te va la cabeza.

-Entonces dime qué pasa. ¿Por qué no tenemos ya el resultado?

-La persona que va a manipular el test no es más que un técnico

de laboratorio. Y no puede hacerlo si tiene a su jefe deambulando.

Incluso pensamos en hacerlo fuera del horario

de trabajo, pero era arriesgado porque hubiese tenido que dar

muchas explicaciones.

-A mí me parece más arriesgado que lo haga en su jornada laboral.

Debe haber un montón de gente trabajando en ese laboratorio.

-La única persona que supervisa su trabajo

es su jefe. Y da la casualidad

de que hoy se va a Barcelona a un congreso.

Este es el momento que va a utilizar mi contacto

para hacer el trabajo sin riesgos.

Él prefiere ser prudente y no dejar rastros.

-¿Por qué no has empezado por ahí?

-Preferí no darte detalles para no ponerte más nerviosa,

pero visto lo visto...

-Yo no quería meterme en este lío.

Acepté tu propuesta porque estoy con el agua al cuello.

Necesito tener unos mínimos cubiertos antes de que el bebé nazca.

-Mira, Malena, muy pronto vas a tener una pensión de Mateo,

pero ahora lo que tienes que hacer es tranquilizarte

y confiar en mí.

(Móvil)

Dime, Celia.

-Supongo que esa droga o esa marihuana

por lo que me han dicho que robaste,

la robaste para permitirte algún lujo, algún capricho

de algo que no puedas tener ahora. -Claro.

También quería llevar algo de dinero a casa.

Es que yo veía que a algunos compañeros del insti

no les faltaba de nada por pasar un poco de hachís.

Bien, pues yo quería hacer lo mismo, no pensaba matar a nadie.

Solo quería un móvil nuevo, ropa chula.

Una moto. -Y hasta un yate podrías comprarte

si quisieras, pero ¿sabes qué?

Si sigues por ese camino vas a terminar pagando

un precio muy alto, créeme.

-¿Se refiere a lo de acabar muerto?

-Bueno, eso es lo de menos.

Si acabas muerto, pues ya está. Lo peor es que sigas con vida

y vayas viendo poco a poco cómo vas perdiendo a la gente

a la que realmente quieres.

La ambición es algo que te ciega.

Jorge, yo había perdido la cabeza, solo quería hacer dinero,

tener poder.

Pensaba que eso me haría ser alguien.

Pero ¿sabes lo peor?

Que he perdido a las personas a las que más he querido en mi vida.

Por eso te digo que no cometas los mismos errores que yo.

-Muchas gracias por sus palabras, señor Quintero.

Le aseguro que las tendré en cuenta.

-Lo sé, lo sé.

Ven aquí, anda, dame un abrazo.

Ten en cuenta que aquí en este centro cívico

hay gente que te puede ayudar, son grandes profesionales.

Pero si algún día necesitas mi ayuda,

mi puerta siempre estará abierta para ti.

¿De acuerdo? -Vale.

-No cometas los mismos errores que yo.

No lo olvides.

-Estoy bien, mamá. De verdad, tranquila.

Sí, si lo que más me conviene ahora es volver a la normalidad,

estar activa e intentar olvidarme de lo que ha pasado

lo antes posible.

Vale.

Que sí, te lo prometo.

Venga. Adiós.

-Hola, Sara, cariño.

-Hola, María.

-¿Qué te pongo?

-Pues ponme un café y un cruasán, "porfa".

-Vale. ¿Estás bien?

-Bueno, más o menos.

-¿Cómo más o menos? ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué te pasa?

-Mi madre, que... insiste en que la llame cada dos por tres

para saber que estoy bien.

-La pobre está todavía con el susto en el cuerpo

de lo que te hizo Amparo.

A saber qué hubiera hecho si no aparece la policía.

-Ya.

Me dan escalofríos cuando lo pienso.

-Pues a ella también. Por eso está así.

No te preocupes que en unos días se le pasa

y ya no te llamará para que le des el parte diario.

-Eso espero.

Aunque no sé, a lo mejor debería hacerle caso y...

pillarme un par de días libres.

-De momento lo que te vendrá bien va a ser relajarte.

Mira, y en mi boda.

Qué mejor ocasión. Encima cantas y todo.

-Oye y... ¿cuántas canciones tengo que cantar en tu boda?

-Las que quieras. No sé, unas cuantas.

Te pones de acuerdo con el DJ y la orquesta.

La que va a tener que pedir días libres

después de la boda seré yo.

-Escucha, que...

si es mucho jaleo lo dejamos.

-¿Qué va a ser jaleo, mujer? Es lo que más ilusión nos hace

con todo el tinglado de la boda, que cantes.

-A mí también me hace mucha ilusión.

-Voy a ponerte el café, ¿vale? -Vale.

(SUSPIRA)

-¿Qué tal, Sara? ¿Lista para irnos?

-Sí, dame diez minutos para un café y estoy lista.

-Estupendo. Mientras voy a hacer una cosa,

me acerco a la imprenta y recojo los carteles para el concierto.

-¿Qué concierto?

-El que das esta noche en el Moonlight. ¿Se te ha olvidado?

-No, claro que no.

-Menos mal, porque tenemos el local lleno de reservas, la verdad.

Oye, pero...

No sé, te estoy mirando...

¿Qué te parece si te tomas el día libre y descansas un poco,

cuidas la voz y te relajas? No sé.

-A ver, aquí, ten.

¿Te pongo algo, Fernando? -No, gracias, me tengo que ir,

tengo prisa. -Muy bien.

-¿Qué me dices? ¿Eh?

¿Por qué no te tomas el día libre y descansas?

Por mí no hay problema.

-Gracias, Fernando, pero no lo necesito.

Me tomo esto y vamos a hablar con el distribuidor de vinos.

-Tampoco hace falta que vengas, puedo ir solo.

Solo si te apetece venir. ¿Quieres?

-Claro. Sí, si además soy la encargada del Moonlight, ¿no? Y...

Tarde o temprano tendré que hacerme cargo de esos asuntos.

-Ya, pero no sé, insisto. Te veo cara un poco de cansada

y a lo mejor te viene bien tomarte el día libre

y relajarte un poco.

Como quieras.

-Es que...

Todavía estoy afectada con lo de Amparo.

-Normal, ha sido muy reciente y te llevaste un gran susto.

Es lógico.

Pero bueno, tú...

No te preocupes.

De verdad, que puedo con todo. Yo me pongo las pilas y...

Esta noche doy el concierto.

-¿Segura?

-Sí, de verdad. Me viene bien volver a la normalidad cuanto antes.

Quiero volver a trabajar

y tengo dos conciertos por delante:

el de la boda de María y el del Moonlight.

-Y van a ser dos grandes conciertos.

Lo pasaremos estupendamente.

Estoy seguro. Como quieras. Voy mientras a la imprenta,

recojo eso y vengo a por ti, ¿vale?

-Vale. -Venga, hasta ahora.

(SUSPIRA)

-Ahora nos cambia la vida, ¿sabes? -¿Por qué dices eso?

-La policía es así. Cuando te felicitan de Jefatura,

te cambia la vida.

Te ponen casos más complicados.

Ahora trataremos casos rollo secuestros, crimen organizado...

Te ponen coche.

Te dan la tarjeta de crédito "black".

-Se te va la olla, tío. (RÍE)

-Hola, compañeros.

Hay una persona que quiere denunciar un robo con agresión.

-¿No te has enterado de lo que pasa?

Ya nos dedicamos a casos más complicados.

-Ah. -Qué flipado eres, chaval.

Acuérdate de lo que dijo Miralles.

¿Cómo se llama la mujer?

-Mejor se lo preguntáis vosotros, ¿vale?

-Venga. -¿Puede pasar por aquí, por favor?

-Hola. -Hola.

-¿Cómo se llama usted?

-En mi DNI pone Mauro Collado,

pero si no les importa preferiría que me llamaran Mabel.

-Por supuesto, Mabel.

¿Puede decirnos qué ha sucedido?

-Sí, claro.

(CARRASPEA)

-Mamá, ¿era necesario

pasar por La Parra antes de irte? -Sí, no puedo volver a Formentera

sin despedirme de María.

Que se ha portado muy bien conmigo.

Además, sería hacerle un feo muy grande.

Pero si tú te tienes que ir a trabajar, pues te vas

y ya entro yo sola, no pasa nada.

-No, no, yo prefiero acompañarte y te dejo metida en el taxi.

-Lo que tienes es miedo de que yo no me vaya.

-Que no, que no seas boba. -Sí, te pasa eso.

Que sí... -Anda.

-Hola. -Ni se te ocurra acercarte.

-No pienso hacerle daño. -Pero ¿tú qué haces en la calle?

Un juez decide hoy tu condena.

-Así es, pero...

-¿Qué, qué ha pasado?

-Ahora os cuento. Primero quiero pedirle disculpas.

Y agradecerle que retirara la denuncia.

-Tranquilo, que yo sabía en el fondo que eres un buen chico.

-Tan buen chico no será si roba a la gente con una navaja.

-Lo que hice fue un delito y una estupidez, ¿vale?

Os juro que nunca había hecho algo así.

-Ya.

Me dejé llevar por la idea de ganar dinero fácil.

-Me alegro de que hayas reflexionado.

No se puede ir por la vida robando.

Y me diste un susto muy grande.

-Ya lo sé, y de verdad que...

estoy muy arrepentido.

-Muy bien, Jorge, te has disculpado. ¿Qué te ha dicho el juez?

-Me han condenado, pero no entraré a prisión.

Eso sí, tendré que pagar una multa

y hacer unos cursos y trabajos para la comunidad.

-Ay, cuánto me alegro.

Me alegro por ti y por tu madre,

que no se merece que le des disgustos.

-Desde luego que no.

Ella me ha educado muy bien, además.

-Me alegro de que hayas aprendido la lección

y que no vuelvas a amenazar

ni a robar a nadie, ¿eh?

¿Sabes? No, no, no. Tú tienes que ser pacífico.

Olvídate de la violencia.

Y ahora te voy a explicar cómo funciona tu karma.

Mira, tú le das cosas a la vida,

bam, bam, bam, bam.

Y la vida te la devuelve,

bum, bum, bum, ¡bum!

Pero amplificado.

¿Lo has entendido?

-¿Está claro? -Muchas gracias, Julia.

-Nada. -No olvidaré tus palabras.

-Jorge, ¿qué ha motivado tu cambio de actitud?

¿Es el miedo a que el Galgo vaya a por ti?

-Me hizo entender que me convenía confesar,

pero lo que ha cambiado mi punto de vista

han sido varias personas.

La primera tú, Julia.

(RÍE) -Al retirar la denuncia.

Y los policías con los que traté,

la abogada y, sobre todo, Fernando Quintero.

Me habéis abierto los ojos.

-¿Fernando Quintero?

-Vino a hablar conmigo al centro cívico

para contarme lo que me espera si sigo por el mal camino.

-Pero eso ya es agua pasada, cariño.

Yo te he perdonado.

Es más, ya está olvidado.

-Muchas gracias, Julia.

-De nada.

No me robes más, eso sí.

Ay.

-Yo... yo estoy flipando, de verdad.

-¿Por qué? -O sea, por primera vez en mi vida

me creo esas charlas tuyas que me dabas jipi-alternativo,

biológicas, constructivas, naturistas...

Estos rollos, que parece que son verdad.

-Pero ¿por qué dices eso?

-Pues porque sí, has sido muy generosa con Jorge.

Y tienes una capacidad de perdonar...

increíble. -Es que Jorge se lo merecía.

¿Sabes? El Galgo ese, no.

Ese es un cerdo. Tiene que estar en la cárcel.

¿Cariño? -¿Qué?

-Que vamos a darnos prisa, ¿no?

Voy a llegar tarde. -Sí, sí.

Lo que tú digas. -Vamos a ver a María.

-¿Dónde ha tenido lugar la agresión?

-En el parque de Barlovento.

Yo iba caminando...

-¿Caminando para ir a...?

-Para ir de compras.

Pero no veo relevante a donde fuera, la verdad.

Normalmente voy en taxi al centro,

pero esta vez me dio por caminar.

(SUSURRA) Bendita la hora.

-Bueno, continúe contándonos, por favor.

-Dos jóvenes salieron de detrás de unos arbustos

e intentaron robarme el bolso de un tirón.

Yo me resistí.

Y entonces empezaron a pegarme.

-Le habrá visto un médico.

-Sí, han confirmado que no tengo nada roto.

Tengo muchísimos moratones.

Esos bestias no dejaban de darme patadas por todos lados.

Lo peor fue cuando uno sacó un bate de béisbol y me golpeó con él.

-¿Cómo consiguió escapar?

-Bueno, supongo que alguien les vio y llamó a la policía.

Los dos bestias al oír la sirena se largarían a toda prisa.

Yo no quería denunciar,

pero sus compañeros insistieron en que lo hiciera.

-Ha hecho bien.

¿Y qué objetos le han robado, Mabel?

El... el móvil.

Un reloj de oro que llevaba dentro del bolso,

regalo de mi difunta esposa.

Y...

Bueno, tiene más valor sentimental que otra cosa.

Y algo de dinero.

-Y... ¿por qué llevaba el reloj en el bolso y no puesto?

-Es demasiado masculino.

Pero me gusta llevarlo conmigo.

Aunque sea en el bolso.

-Ha tenido que ser duro perderlo, ¿no?

-Casi tanto como venir en estas condiciones a denunciar.

Hubiera preferido pasar por casa y cambiarme.

Me muero de vergüenza al ir por la calle con este aspecto.

-Bueno, si quiere

puedo acercarle a su casa.

Mi compañero termina con el papeleo.

-¿Harías eso por mí?

-Por supuesto.

Ya que se ha esforzado en venir en estas condiciones a comisaría,

a nosotros no nos cuesta nada.

-Muchísimas gracias.

¿Y hay alguna posibilidad de recuperar lo que me han robado?

-Pues... no lo sabemos, pero...

Esperamos que sí.

¿Hay algo más que incluir en la denuncia?

-No sé si tiene mucha importancia, pero...

Al mismo tiempo que me pegaban,

esos dos bestias no dejaban de gritarme todo el rato "maricón".

-Es lamentable, macho.

-Es... es algo más que lamentable.

-¿Por qué dices eso?

-Luego te lo cuento.

Mabel, si no le importa, me gustaría que viniera

esta tarde para seguir hablando.

-¿Sobre qué?

-Sobre cómo avanzamos con la investigación de su caso.

Como no tiene móvil...

-Se lo agradezco, pero venir a comisaría

no resulta muy agradable.

-Podemos ir a La Parra, el bar de aquí al lado.

-Bueno, eso estaría mejor.

-Vale, perfecto, ¿le parece bien sobre las 18:00?

-Vale.

-Muy bien, vámonos.

-Gracias. -A usted. Hasta luego.

-¿Se puede saber qué ha pasado?

¿A qué te refieres?

Celia dice que has suspendido todas las operaciones

que tenías para hoy

y has dejado colgada a una paciente en el quirófano.

No puedo operar en este estado de nervios.

Lo siento, no me concentro, no puedo operar.

No puedo dejar de pensar en ese test.

¿Te das cuenta del daño que puede hacer a la empresa?

Si se corre la voz, perderemos muchos clientes.

Nos van a freír a reclamaciones. Va a ser mucho peor

si cojo un bisturí sin pensar en el quirófano.

Y ahora mismo no la tengo. Está bien.

Yo me encargo.

Llamaré a los clientes afectados y les ofreceré fechas alternativas.

Bien. ¿Qué les vas a decir? No tengo ni idea.

Gracias.

No estoy en condiciones de entrar a un quirófano.

Escúchame, tendré que ofrecerles alguna contrapartida.

Una rebaja o algún tratamiento gratuito.

Pero tendrás que hacer algo a cambio.

Habla con Verónica y cuéntale la verdad.

No.

No, no, no. No puedes pedirme eso.

No voy a decirle que llevo días estresado

por los resultados de un test de paternidad.

No es por eso por lo que estás jodido

ni por tener que hacerte cargo de otro hijo.

¿Entonces qué me pasa?

Que te corroe la culpa, Mateo.

Engañas a tu familia.

Hasta que no te sinceres no te quitarás ese peso de encima.

Sí, puede que tengas razón.

Pero no es el momento de sincerarse, todavía no.

No hasta que no tenga los resultados del test.

Pero ¿para qué esperar?

Es mejor confesar y seguir con tu vida.

No, yo sé que va a ser negativo.

Pero hasta que no tenga los resultados

no puedo respirar tranquilo.

Si no soy el padre, no pienso añadir estrés a mi matrimonio.

Verónica sabe que la has engañado muchas veces.

También sabe que desde hace tiempo no he sufrido ningún desliz

y estoy esforzándome en reconstruir mi matrimonio,

en sincerarme, en pasar tiempo con ella.

Entenderá que esa chica es parte del pasado

y te perdonará.

¿Por qué tienes ese empeño?

No pienso decirle que una chica con la que me lie me chantajea.

¿Y si el test sale positivo?

Bueno, pues...

En ese caso...

ya...

ya veríamos qué hacer.

(Móvil)

¿Sí?

Sí, sí, soy yo.

Bien, ¿y cuándo puedo pasar a por los resultados?

Pues sí, ahora mismo voy a por ellos. Muchas gracias.

(SUSPIRA)

Deséame suerte.

No. Tranquilo, Mateo.

No te va a hacer falta.

Suerte, payaso.

La vas a necesitar.

-Total, nena, que entre el DJ y la orquesta

y Sara cantando, más que una boda va a ser un musical.

(RÍE)

-Llevamos un trajín con todos los preparativos.

-Como todos los que se casan, ¿no?

Yo por ahí no paso.

-Nunca se puede decir de este agua no beberé.

-Que no, te lo digo en serio.

Es un jaleo y soy muy independiente como para meterme en un compromiso.

-A esta edad eres muy radical. -No.

Lo radical es pasar toda tu vida con otra persona.

Mira, yo solo me casaría

si el matrimonio fuera como el alquiler de un piso.

-¿Como un alquiler? -Sí, como mucho,

un contrato de cinco años y prorrogable.

Además, que es que yo no creo en el amor para toda la vida.

-Bueno, mujer.

Piensa que hoy en día si a las malas algo sale mal,

te puedes divorciar.

-Por eso mismo.

Siete de cada diez matrimonios se divorcian.

Y luego vienen los abogados y todo eso.

Para eso no me caso.

-Chica, me lo pones divino. -Lo siento.

-Hola.

-Hola. -Hola, ¿nos conocemos?

Lo siento. Perdone, no le había reconocido.

-Tranquila, no pasa nada.

-¿Quiere tomar algo?

-Sí, por favor. Un agua con gas y una rodajita de limón.

-Bien. Traigo también un pincho de tortilla.

-Gracias.

Bueno.

Cuéntame.

¿Cómo va la investigación?

-Solo hace unas cuantas horas que vino a poner la denuncia,

no hemos avanzado mucho.

-Ya y entonces... ¿para qué me has hecho venir?

-Ahora se lo cuento.

Vamos por partes.

-Sí, por favor, pero...

trátame de tú.

Me hace sentir mayor si me hablas de usted.

-Vale, de acuerdo.

Antes cuando viniste a comisaría nos dijiste que vivías en Madrid.

-Sí. -Pero la dirección que consta

en tu DNI está en Albacete.

-Hace poco que me he mudado.

Lo decidí cuando me diagnosticaron disforia de género.

-Ya.

-Ya hacía tiempo que sentía que mi cuerpo no se correspondía

con mi identidad.

Pero claro...

con mi edad, en una ciudad pequeña

donde todo el mundo se conoce, pues...

Las cosas se complican. -Por eso te fuiste de Albacete.

-Yo era un hombre casado

y enamorado de mi mujer.

Y apenas podía reconocer lo que sentía.

-¿Te viniste a Madrid porque aquí te sentías más libre,

nadie te reconocía? -Claro.

Inventaba excusas para pasar un fin de semana aquí.

Y aquí me convertía en Mabel por un par de noches.

En ese espacio de tiempo empecé a conocer a gente como yo.

-Eso te animó, ¿no?

-Sí, pero yo mantuve el secreto en mi entorno más cercano.

Más tarde, mi mujer enfermó de cáncer y murió.

-Vaya, lo siento.

-Después de unos meses de duelo, decidí...

enfrentarme a mi realidad.

Empecé a ir a terapia.

Y mi terapeuta me ayudó a reconocer mi verdadera identidad.

-¿Fue entonces cuando decidiste cambiar de ciudad completamente?

-Así es.

En Albacete vivía rodeado de gente

que me conocía desde siempre como Mauro.

Entonces, era difícil.

-Perdón.

Aquí os dejo el agüita con gas y el pinchico de tortilla.

-Muchísimas gracias. -Gracias, María.

¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Madrid como Mabel?

-Bueno, hará unos dos meses.

Pero todavía no he decidido si quiero transicionar.

-Imagino que es una decisión bastante complicada de tomar.

-Sí. Bueno, no para todo el mundo, pero para mí, sí.

No es tanto por lo que siento, sino por las cosas que me pasan.

-¿A qué te refieres?

-Para mi sorpresa, aquí todo el mundo no es tan tolerante.

De vez en cuando me lanzan insultos tránsfobos por la calle.

-Que la intolerancia no coarte tu libertad.

-Bueno.

-Quiero que sepas que trataremos tu caso como delito de odio.

Si solo hubiesen querido robarte, no te hubiesen pegado

con tanta violencia. -Ya, seguramente.

-Estaremos aquí para ayudarte.

¿Te derivamos a un terapeuta? -No.

No, de verdad, no es necesario.

Con saber que la policía se esforzará

en atrapar a esos dos tipos, me quedo mucho más tranquila.

Pero muchas gracias por todo, Paula.

-No hay de qué. Hago mi trabajo.

-Puede ser.

Pero me tomaste en serio desde el primer momento

y eso no es tan común como piensas.

-Tenemos que ayudarnos y apoyarnos.

-Gracias.

-¿Cuánto hace que no salimos a tomar algo?

Ni me acuerdo. Cuando no tengo turno de noche yo,

lo tienes tú, y si no, a estas horas estamos los dos

fundidos. Lo raro es que hayamos coincidido

queriendo salir y que hayamos podido hacerlo.

Pero esto tiene premio, un concierto.

-¿Qué os pongo? Un "gin-tonic" muy flojito.

Vale.

-El mío pónmelo a tope, muy fuerte.

Están las urgencias abiertas 24 horas, no tengo miedo a nada.

-Vale, enseguida lo tenéis. -Es una broma.

Qué tonto eres. Hace 20 años

cerrábamos estos garitos. No hay que venirse abajo.

Hace 20 años no teníamos a Olga

e íbamos al día siguiente a trabajar tan frescos.

Ahora, un concierto y para casa. Mañana iremos a trabajar

un poquito perjudicados, pero nada más.

¿Perjudicados? Qué tonto eres, de verdad.

Buenas noches. Claudia, Antonio, ¿qué tal?

Hola, ¿qué tal? Bien, a ver el concierto, ¿no?

Sí, tú también, ¿no? Sí, sí.

Oye, Claudia, ¿tendrías un segundo? Porque quería comentarte,

no sé si estarás al tanto de la decisión del juez

con respecto a Jorge López Miranda. Ah, sí, claro.

Bueno, y si no se mete en ningún lío, creo que es

una decisión muy acertada la del juez, de que no entre

en prisión. Yo he hablado con él

y se siente bastante arrepentido y con ganas de empezar una vida

lejos de las drogas.

Pues para eso le van a ayudar mucho los cursos de reinserción.

Y también los trabajos sociales que le ha mandado el juez.

Yo creo que eso es mucho mejor que pasarse tres años en la cárcel.

Sin duda estoy totalmente de acuerdo contigo.

Yo creo que en este caso la cárcel suma muy poco.

Sí, pero de todas maneras, dile que no cometa

ningún desliz, porque el incumplimiento

de los trabajos sociales que le ha impuesto el juez,

le podría traer muchos problemas. De hecho, Verónica ha hablado

con él y le ha explicado la suerte que ha tenido

con la decisión del juez, y Jorge ha decidido

ir a hablar con Julia y pedirle perdón.

Sí, sí. Y agradecerle que haya quitado la denuncia.

Vaya, eso está bien, sí.

¿Qué tal? Buenas noches, queridos amigos.

Ante todo, muchas gracias por venir. Porque esta noche

sabemos que vamos a tener la oportunidad

de disfrutar de la música de una gran amiga,

una cantante excepcional que ya sabemos todos

que va a triunfar. Va a triunfar, es cuestión de tiempo.

Claudia, Antonio, gracias por estar aquí.

Os lo digo de verdad y de corazón.

No me enrollo más, que yo delante de un micro,

esto es un no parar, así que con todos vosotros

esta noche, una vez más en el Moonlight,

Sara Barrios.

-Buenas noches a todos y gracias por haber venido.

-Sara, ¡Sara! Por favor, por favor.

-Dejadme, soy médico. -Antonio.

Por favor, dejen hueco.

Vamos a dejarle espacio. No la agobiemos.

Bueno, como habrás comprobado, de lo que te dije por la mañana

nada de nada. A la mínima de cambio,

los dos de siempre, turno de noche. -Ya te dije que no te confiaras.

Por cierto, he estado revisando las diligencias

del caso de Mabel y hay algo que no me cuadra.

-Yo creo que he añadido todo, ¿no? El robo, reloj,

agresión. -Sí, pero creo que has pasado

muy por encima lo de los insultos.

-Hombre, por encima, lo he añadido, pero no he incidido

porque me ha parecido más relevante que le roben y le den una paliza.

-Ya, pero es que ni tú ni yo podemos decidir

qué es más importante. Mabel dejó claro

que le dijeron varias veces maricón. Y creo que eso

hay que ponerlo también.

-Y te estoy diciendo que lo he escrito.

Pero no me pareció importante y no lo desarrollé.

Igual que no desarrollé que dijo que hacía

buena climatología. -Pero sabes que eso no es

tan importante.

Además, que he estado con Mabel en La Parra

y creo que el caso hay que llevarlo por otro lado.

-Creo que te estás obsesionando con el caso.

No te lo recomiendo. Primero, porque aquí

tratamos muchos robos con violencia.

Y segundo, porque es un caso difícil de resolver.

-¿Por qué dices eso? -Porque la descripción

de los agresores no encaja con la de los habituales.

He estado revisando los ficheros y nada.

-A lo mejor no hay que revisar ese tipo

de ficheros, sino el de delito de odio.

-¿Tú crees?

-Sí. Vamos a ver, la forma en la que le pegaron

y además, ella dejó claro que siempre va en taxi.

¿Por qué crees que siempre va en taxi?

-Porque estará forrada, yo qué sé.

O porque no quería cruzar el parque de Barlovento por...

por si la insultaban.

-Pues ahí lo tienes.

Además, que le ha pasado más veces.

Mira, yo creo que fueron a pegarle y a insultarle

por su identidad sexual. Y luego, pues ya de paso,

le robaron.

-Perdón, tienes razón.

Toda la razón, lo siento.

Joder, ¿cómo se me pudo pasar por la cabeza, macho?

Pues voy a añadir agravante de transfobia en las diligencias.

-Bueno, no pasa nada. Tenemos que revisar las fichas

de delitos de odio. -Vale, pues vamos al lío.

Que sea la última vez que me corriges, ¿vale?

Sobre todo si tienes razón.

-Al final vas a tener suerte de tenerme como compañera.

-Venga, anda.

-Sara, toma, bebe un poco. Te sentará bien.

-Gracias. -¿Estás mejor?

-Sí, aunque aún sigo un poco mareada.

-Antonio, ¿qué crees que le ha podido pasar?

-Síncope vasovagal. Normalmente producido

cuando alguien se enfrenta a una situación angustiosa.

Creo que te vas a tener que tomar las cosas con más calma.

-Puede ser.

-Bueno, también puede ser que no hayas comido,

que estés deshidratada o que te hayas enfrentado

a una situación de mucho calor. Pero no creo que sea el caso.

-Esta mañana, cuando Fernando me ha recordado que tenía que cantar

en el Moonlight, lo primero que he pensado

es que no iba a ser capaz. No sé, pensaba que era

una cuestión de nervios

y que una vez estuviera encima del escenario,

se me iban a pasar. -La verdad es que esta mañana

se le notaba que tenía como mucha angustia

y mucho agobio en la cara.

-Después de lo que le pasó con esa mujer, Amparo se llamaba,

me dijiste, ¿no? Pues es normal. -Ya, pero, ¿por qué ahora?

-Probablemente porque te subiste al escenario donde te sucedió

aquello con esa persona, ¿no? Que te hizo cantar con ella.

Fue así, ¿no?

No me extraña que hayas desarrollado pánico a ponerte delante

de un micrófono. Pero vamos, es pasajero, ya verás.

¿Qué tal estás, Sara? Mejor, gracias.

-¿Por qué no te pasas por la consulta?

A ver qué tal estás. Hacemos un chequeo

y te puedo dar algún consejo para que superes esta situación.

-Gracias, Antonio. Me pasaré.

-Claro que sí. Hazme caso, Antonio. Y lo mejor que puedes hacer

ahora mismo es tratar de descansar todo lo que puedas.

Y nosotros irnos a casa, Antonio. Sara, me alegro de que todo

haya quedado en un susto. Mira, estos sustos a veces

son un aviso para que nos cuidemos un poquito más.

Claudia, Antonio, muchas gracias por venir, pero sobre todo a ti.

Si no llegas a estar aquí no sé qué podría haber hecho.

-No pasa nada, hombre.

-Hasta luego. -Hasta luego.

-Jefe, necesito que me eches una mano.

-¿Y tiene que ser ahora? -Sí.

-Fernando, ve si quieres, yo me quedo.

-Está bien, está bien. Te dejo en buenas manos.

Cuídala.

-¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Mejor.

Hace unos días,

una fan empezó a acosarme por redes sociales.

-Sara, no tienes por qué contarme nada.

-No, pero es que quiero hacerlo.

Para que entiendas por qué me ha pasado esto.

-OK.

Pues si quieres, puedes seguir contándomelo de camino a tu casa.

Te acompaño, vamos dando una vuelta, nos da el aire.

-Mejor, porque la verdad es

que no tengo fuerzas para hacerlo sola.

¿Seguro que no te importa?

-Seguro.

De hecho, no se me ocurre ningún plan mejor.

-¿Dónde te metes? Te he llamado mil veces,

me tenías preocupado.

Estaba dando vueltas por ahí.

¿Solo dando vueltas? Bueno, también me he tomado

un par de copas. Las necesitaba.

Ahí está.

Pero ¿no lo has visto todavía?

No, no he sido capaz de abrir el sobre.

Mateo.

Puede que hayas cometido muchos errores en el pasado,

pero ahora estás haciendo lo correcto.

Abre ese sobre. Y sea cual sea el resultado

lo afrontarás y yo estaré a tu lado para ayudarte.

Creo que es la primera vez en mi vida que estoy acojonado

de verdad.

No quiero hacer daño a mi familia.

Solo pensar lo que Paula o Verónica sentirían si se enteraran

de que tengo un hijo con otra mujer, es horrible, es horrible.

No te pongas en lo peor.

Hasta que no abras ese sobre no sabrás a lo que te enfrentas.

Además, deberías estar orgulloso de ti mismo

por estar haciendo lo que estás haciendo.

Ahora me doy cuenta de lo que egoísta que he sido.

No te tortures más. Lo más probable es que el test

sea negativo.

Pues toma.

Abre el sobre de una maldita vez.

Salgamos de dudas. No, no.

Ábrelo, ábrelo, por favor.

¿Qué? ¿Qué pone?

Toma, creo que deberías leerlo tú.

"Teniendo en cuenta la estructura y la distribución

de los marcadores analizados a la población,

el análisis concede una probabilidad de paternidad

del 99,99823%

que corresponde a una paternidad prácticamente probada".

El niño es mío, Andrés.

El niño es mío.

¿Qué voy a hacer?

Últimamente parecía que tenía muchas ganas de desayunar

con nosotras, pero hoy es como si nos evitara.

-Te has ido de casa para no hablar con Verónica.

Y has rechazado seis llamadas de Malena.

¿Qué más tiene que pasar para que reacciones?

No sé si voy a ser capaz de enfrentarme a esto.

Coge ese teléfono y llama a Malena.

Te prometo que nunca os faltará de nada.

Pero a cambio te voy a exigir algo.

¿Qué?

-Quietos ahí parados.

¿Dónde vais? -Mejor no preguntes.

-Bueno, si no pasa nada, habrá que decírselo.

Si a lo mejor le hace hasta ilusión.

-¿Qué pasa? ¿Vais a cambiar el traje o algo?

¿Qué problema tienes con el traje?

Si es maravilloso, es total. -Por eso lo digo, que es total.

¿Adónde vais así, a hurtadillas?

-He dejado a Mabel de lado porque hoy no me veía con fuerzas.

-A mí me pareces muy valiente.

Y creo que no deberías tirar por la borda

todo lo que has conseguido hasta ahora.

No sé, me recuerdas mucho a una compañera.

-¿En serio? -Sí.

Por eso te he traído aquí, para hablarte de ella.

A lo mejor te gustaría conocerla.

-¿Qué pasa? -¿Qué tal te ha ido con Malena?

Bueno, le he prometido que me haré cargo

de todos los gastos del niño. De su manutención,

de todos los gastos extra, de todo. No podrá quejarse.

Y esto me lleva a que tengo que pedirte un favor.

Bueno, cuando te desmayes otra vez me llamas y te acompaño.

O te acompaño ahora si vas a casa, que no sé

si vas a casa, ¿vas a casa? -Sí, sí, voy a casa.

-¿Qué pasa ahora? -Quiero que sigas mis indicaciones

al pie de la letra si no quieres que tu mentira salte por los aires

y te quedes sin pensión, sin gastos extraordinarios

sin seguro médico y sin dinero para los viajecitos de tu bebé.

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Servir y proteger - Capítulo 694

06 feb 2020

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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