www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5486598
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 680 - ver ahora
Transcripción completa

En comisaría valoran mucho que no entrara por el aro

de Olaizola, que no le pidiera perdón por salvar mi culo.

Creo que me he ganado el respeto de mis compañeros.

-Nos diste una lección de integridad.

¿Qué sabemos de Joao Sousa? Pues no tenemos nada.

Si ha cruzado la frontera, no ha dejado registro.

¿Y los avisos que recibimos ayer después de publicar su foto?

Pues tampoco han dado fruto.

Él es un proxeneta. Pero no podemos detenerle

porque no tenéis pruebas, ¿no?

Vale.

Dime qué necesitas, quedo con él y lo intento conseguir.

-Que eso tú no lo puedes hacer.

Y no puedo permitir que corras ese peligro.

No te voy a hacer mi confite ni colaboradora de la policía

ni nada por el estilo.

-No tengo derecho a juzgarte por las cosas que hiciste.

Si te parece bien, me gustaría empezar de cero.

-Haremos las fotos esta noche.

-Si tienes el dinero, sí.

-Sonríeme, por favor.

-Seguro que tras la primera sesión te salen más trabajos.

-¿Y qué tipo de trabajos?

-Dejemos enfriar esta primera sesión y ya hablaremos.

-Probando.

Probando. Un, dos, tres.

¿Cómo funciona esto? -¿Cómo funciona el qué?

-Pues esto. Tu... tu negocio de proxeneta

y esas cosas.

-Ni una palabra de esto a nadie.

Por si acaso vuelves a tener

la intención de traicionarme, quiero que sepas

que vas a estar vigilada.

24 horas.

-A lo mejor quedó con algún chico. -Tampoco creo.

-Igual no sea nada, pero es que ayer la vi hablando en la terraza

de La Parra con Ramón Rojo.

-¿Qué te ha pasado? Estaba asustada. No te puedes

imaginar la de cosas malas en las que he pensado.

-Pues no pienses en esas cosas,

olvídate, que mírame. Estoy bien.

-¿Qué es esto?

-Me dejé llevar.

Un compañero del Máster que tonteaba conmigo al principio,

pues me daba vidilla y... -Pero ¿estás con él?

¿Tenéis relación? -Claro que no. Solo fue una noche.

No me veo capaz de seguir mintiendo. Es que no puedo,

ahora que Paula sabe que tengo un amante.

Lo siento, me está costando muchísimo

tomar esta decisión. -Muy bien.

Pues nada, que seas muy feliz.

-Tú eres Sara Barrios, ¿verdad? -Sí.

-Soy una gran admiradora de tu música, y te he visto entrar

aquí y no he podido contenerme.

-A ver, ¿cómo va esto? Ah, sí, ya.

-Me llamo Evelyn, y quiero volver a mi país, a Perú,

pero me han quitado el pasaporte y no tengo dinero.

-¿Te han puesto la mano encima? -Todos los días.

¿Con qué cara voy a volver a Lima después de todo esto?

-¿Te han obligado a prostituirte?

-Me dijeron que iba a tener un buen trabajo

aquí en España cuidando niños en una casa mientras estudiaba,

pero era todo mentira y me quitaron el pasaporte

y me decían que...

que les debía dinero del pasaje.

-¿Ese tío te está extorsionando? ¿O te ha obligado a hacer algo?

¿Te está amenazando?

-Eres mía, niña.

No lo olvides.

-No me agobies más con este tema porque te estás montando

unas películas que es que no son...

-Vale, vale. Pues... Nada, descansa.

-Tú también. Gracias por preocuparte por mí.

(Música emocionante)

Buenos días, vecino.

¿Has visto el periódico?

La que se ha liado con el tema de los presupuestos.

-No estoy al día de las noticias. Me ponen de mal humor.

-Un momento. No entiendo. ¿Qué te pone de mal humor?

¿Las noticias o yo?

Intentas evitarme como si fuese un comercial

y como si quisiera quitarte el dinero y normalmente es al revés.

-No quiero hablar contigo de eso,

ni de fútbol ni de política ni de nada.

-¿Y de las noticias internacionales? ¿Las quieres echar un vistazo?

Han llegado noticias frescas de Brasil.

Un cliente tuyo ha llegado sano y salvo junto a su familia.

Está tan feliz que da palmas con las manos

y con los dedos.

Pensé que querrías saberlo, ha sido gracias a ti.

-¿Quieres dejar de hablar de eso? Estamos en la calle

y delante de una comisaría.

-Lo que tengo delante es a un vecino al que saludo de forma cordial.

A ojos de todos, esto es una escena normal.

-Yo no quiero normalizar que me vean hablando con un presunto delincuente.

-No sabía que eras tan escrupuloso.

¡No lo parecía cuando planeábamos una operación clandestina!

-Cállate.

No nos conviene que nos vean juntos. Los dos tenemos mucho que perder.

-Me parece muy bien,

pero no significa que nos perdamos el respeto.

Te guste o no, somos socios, vas a tener que acostumbrarte a verme.

Dentro de poco te voy a encargar otro trabajo.

Buenos días, vecino.

Buenos días, Paty.

-¿Qué haces aquí?

-Pasear.

Me ha dicho un pajarito que tienes buena memoria.

-¿Buena memoria?

-Parece que te han estado haciendo preguntas

y has sabido estar callada. Eso es porque recuerdas bien

los motivos por los que estás aquí,

sana y salva.

¿Ves?

Todo está tranquilo.

Y así va a seguir estando si conservas esa buena memoria.

Chao.

-¿Por qué hemos vuelto aquí? Dijo que íbamos a desayunar.

-Aquí en el centro cívico desayunamos.

Pensé que era buen sitio, un sitio público

en el que te sentirías segura.

Y donde tendríamos tiempo para reflexionar

sobre los siguientes pasos a dar.

-¿Siguientes pasos? ¿Qué siguientes pasos?

-Siéntate, por favor.

Evelyn, es importante que tengas en cuenta que no podemos permitir

que los que te tenían retenida

sigan teniendo retenidas a otras mujeres.

-¿Qué quiere que haga yo?

-Cuando te sientes con fuerza, creo que estaría bien

ir a comisaría y denunciar. Te puedo acompañar.

-No sé cómo ayudar. No sé ni la dirección

del piso ni cómo llegar hasta allí.

-Pero seguramente recuerdes cosas como el número del portal.

-No salí por portal, salí por el garaje.

Me colé en el ascensor interno con unos vecinos

que bajaban a coger su coche.

-¿Y ellos no se extrañaron al verte?

-Era mi hora de descanso y llevaba ropa de calle,

así que pasé desapercibida.

Me quedé escondida en el sótano

hasta que se abriese la puerta del garaje.

-¿Y saliste corriendo?

-Sin mirar atrás.

-Claro.

Creo que hay información que puede ser muy valiosa para la policía

sobre el piso, su distribución, la gente que había,

las mujeres, sus nombres... -No sé si usaban su nombre real.

Además, ni siquiera hablábamos entre nosotras,

la mayoría teníamos miedo. -¿La mayoría dices?

¿Había algunas que no tenían miedo y entraban y salían libremente?

¿Quién decidía eso?

-Lo decidía Soraya,

una de las chicas, la que se encargaba de vigilarnos.

-Soraya.

¿También atendía a clientes?

-Solo los que tenían mejor pinta.

Ella sí podía elegir.

También tenía las llaves de la cocina y el botiquín.

Si hacías demasiadas preguntas o te quejabas,

te dejaba sin comer o sin la pastilla de dormir.

-La pastilla de dormir seguramente era un ansiolítico

que os daban para teneros tranquilas.

Y probablemente es lo que te provoca la ansiedad.

¿Alguna vez escuchaste

el nombre de Ramón Rojo mientras estuviste en la casa?

-No. -¿No?

¿Había algún hombre?

-Sí, había un hombre.

Uno que recogía el dinero y dejaba ropa, comida.

Es él el que mandaba.

Y el que nos golpeaba cuando no cumplíamos.

-OK. ¿Y cómo se llamaba?

-Tobías, pero es lo único que sé de él.

-Seguramente recuerdes algo más.

¿Tenía acento, era alto, bajo, barba?

¿Pelo largo? -¿Por qué me está interrogando?

¿Piensa decírselo a la policía?

-No, no pienso.

No te interrogo, intento ayudarte a recordar.

-Si de verdad me quiere ayudar, tráigame más lorazepam.

Es lo que necesito para estar bien.

-No puedo hacer eso, lo tiene que hacer un médico.

Y para eso necesitas papeles y tienes que denunciar.

-¿No íbamos a desayunar?

-Claro.

Claro.

Voy a ver si están las cosas ya.

Ahora vengo.

-Cuando estés tomándote un cóctel en los hoteles más exclusivos,

bañándote en piscinas privadas o disfrutando de una "suite",

acuérdate de quién te puso ahí.

-No voy a jugártela, te lo prometo. -No.

No lo harás porque sabes que la suerte cambia en un momento.

Y la visita de un alto ejecutivo, famoso,

puede convertirse así

en la visita de uno de mis hombres y nadie quiere que pase eso.

Tienes mala cara. ¿Quieres tomar algo?

-No.

Vengo de Fuentes 41.

No traigo buenas noticias.

-Lo que no sé es por qué ese piso sigue abierto.

Teníamos que haberlo clausurado hace semanas,

pero claro...

Tenía que dejarme asesorar por Soraya y por ti.

¿Algún cliente que se puso tontito?

Las chicas están bien, ¿no? -No todas.

Anoche una se escapó. -Bravo.

¿Cómo no me has avisado antes?

-Desapareció en su rato de descanso.

Soraya se dio cuenta de madrugada cuando fue a despertarla.

Si no te lo ha dicho antes... -Estaba tan acojonada como tú.

Pero con menos motivo.

Lo que ha pasado es culpa tuya. ¿Qué te dije de ese piso?

-Que debíamos centrarnos en alto "standing"

y cerrar ese piso.

-Exacto. "Vamos a dar unos meses más,

estamos haciendo buenos número".

-Ese piso es un campo de entrenamiento.

Nos sirve para probar a las chicas, ver cuáles gustan más,

cuáles lo hacen mejor o están más motivadas.

-Cuáles corren más.

-Jefe.

Evelyn era un diamante en bruto.

Estaba sola, acababa de llegar de su país,

estaba asustada, la teníamos domada.

-¿Entonces qué falló?

-Un descuido de Soraya.

En una visita de un repartidor se dejó la puerta sin llaves

y solo fueron unos minutos. -Suficientes.

Busca dos o tres hombres. Quiero que esté de vuelta.

Llévate la furgoneta. -¿Qué quieres que haga?

-Lo que deberías haber hecho hace semanas.

Calle Fuentes 41 queda clausurado.

Llévate a las chicas y vacía el piso.

No quiero que quede ni rastro.

Como si tienes que pintar las paredes.

-¿Hace falta tanto?

No tiene dinero, pasaporte, no conoce a nadie aquí.

Podríamos encontrarla y hacer que vuelva.

-Es una cría y está desesperada, tú mismo lo has dicho.

Si le da por hablar estamos jodidos.

-Creía que tomaste precauciones.

-Y claro que las he tomado. El piso está vinculado

a una sociedad limitada que hace años que está inactiva.

No pueden vincularme a él.

Cualquier precaución es poca, sobre todo para ti.

-¿Para mí?

-El piso era responsabilidad tuya.

Las chicas te conocen y conocen tu nombre.

Cuando la policía le pregunte un nombre,

¿crees que no dirá el tuyo?

No se te da bien pensar.

Haz lo que yo te digo.

-Espe.

¿Tendrías un minuto? Necesito comentarte una cosa.

-Claro que sí. -¿Sí?

-Ahora te veo. Sentémonos. Por favor, cuéntame.

-Eh, mira.

Estoy buscando a una mujer peruana, se llama Evelyn,

llegó ayer por la noche a última hora al centro,

parecía asustada, como...

huyendo y me contó que se había escapado

de un piso en el que la tenían retenida y obligada a prostituirse.

La llevé a un centro de salud para un reconocimiento

y ha pasado la noche en una casa de acogida.

-¿Y dónde está ahora?

-Esta mañana la recogí de la casa

y la traje al centro cívico para hablar con ella

e intentar convencerla para que viniera a denunciar.

En un momento dado, me levanté a hacer una cosa y se largó.

-Has hecho bien. Su única esperanza es que denuncie.

Y supongo que no tendrá papeles.

-No, de hecho me dijo que le quitaron el pasaporte.

-Es el "modus operandi" de este tipo de bandas.

Las dejan sin documento de identidad y hacen todo lo que pueden

para que no se integren en el país,

las aíslan y las dejan sin recursos.

-Ya, bueno, Evelyn al parecer

encontró la oportunidad y salió corriendo.

-Ya.

Y ahora no confía en nosotros. Eso es muy peligroso para ella.

-Sí. Mi miedo es que la busquen la gente que la tenía retenida.

-¿Sabes quiénes son?

-No. Le comenté el nombre que me diste de Ramón Rojo.

Me dijo que no lo había escuchado.

-Eso no significa nada. Los jefes de este tipo de organizaciones

de estas mafias no suelen dar la cara.

Mandan a sus matones a hacer el trabajo sucio.

-Ya. ¿Cómo podemos hacer para encontrarla?

-¿No te comentó si tenía algún contacto?

¿No notaste que tuviera algún problema de salud?

-Tenía algo parecido a un síndrome de abstinencia,

bastante ansiedad.

Dijo que por las noches le daban una pastilla,

seguramente ansiolíticos y me pidió lorazepam.

-Acompáñame que creo que lo tengo.

Lara, ¿no acaban de alertar

de un hurto en una farmacia de la calle Méndez?

-Vale. Espera, voy a mirar.

Eh...

Sí, hace media hora.

Una chica entró a pedir ansiolíticos, la farmacéutica fue a cogerlos

y cuando volvió, le pidió la receta, no la tenía y forcejearon.

Se fue con los ansiolíticos sin pagarlos.

-Es ella seguro.

-Bien, pues voy a coger un Z y me paso por la calle Méndez.

-¿Hay algo que pueda hacer?

-Puedes pasarte por el centro cívico a ver si vuelve por allí.

Pero antes dame una descripción detallada de la chica

y así se la paso a las patrullas. -Sí.

Gracias.

Muchas gracias. Quédate el cambio. Hasta luego.

Muy bien.

Pero bueno, bueno, ¿qué esto?

Anda, qué despliegue.

Sí, nos vamos a dar un pequeño banquete.

Pauli, mira qué bien. ¿Te quedas a comer?

Pues sí. He terminado de trabajar y como estaba por aquí he dicho

pues vengo a comer. ¿Y este banquete?

-Cosas de tu padre. -No sabía que mi restaurante favorito

servía a domicilio. Hasta los restaurantes exclusivos

se tienen que poner las pilas. ¿Nos vamos sentando?

¡Qué hambre! Sí.

Bueno, yo creo que ha llegado el momento de dar la noticia.

He alquilado un apartamento para este fin de semana.

Por fin vamos a poder pegarnos esa escapada romántica.

Cariño, qué sorpresa.

¿Y a qué no sabes dónde? Yo, yo lo sé. En Japón.

Esta era la pista, ¿verdad?

-A ver, déjame pensar. ¿El apartamento tiene azotea?

Sí, con un cielo lleno de estrellas.

No me lo creo. ¿Cómo has encontrado el apartamento?

Como se encuentra todo, en Internet. En una web

de apartamentos turísticos. Me ha costado.

He estado a punto de no poder cogerlo.

¿Qué dices? ¿Nos fugamos de Madrid?

Cuando queráis me contáis algo, así como detalle.

Creo que hubiese sido mejor no venir a comer.

¿Por qué? Porque sobro un poco, ¿no?

-No digas tonterías. Es un apartamento en el Delta del Ebro.

Tu padre y yo fuimos como hace ¿20 años?

La verdad es que fue precioso.

Que si te viene mal lo cancelamos.

Ha sido muy repentino. Tenemos 48 horas para decidir.

No necesito ni un minuto. Vamos.

¿Sí? Qué bien, va a ser genial.

No es por desanimar, pero puede que el sitio haya cambiado un poco.

-Nosotros también. Sí, pero nosotros a mejor,

más guapos, listos y simpáticos. Madre, qué fiesta voy a montar.

No, ni se te ocurra. Pero si va a ser

una fiesta de policías. No hay nada más seguro.

-Es ella, ¿no?

Ey.

Tranquila, tranquila.

Está un poco nerviosa. ¿Me dejas a mí, por favor?

¿Estás bien?

¿Quieres un poco de agua?

¿Te has hecho daño?

Ey, ey.

Tranquila.

No estamos para detenerte, estamos para ayudarte.

Evelyn, ¿cuántas pastillas te has tomado?

-¿Cómo sabe mi nombre?

-Porque soy amiga de Miguel y me ha contado tu situación.

Estamos aquí para cuidarte y para protegerte.

Te aseguro que eso se me da bastante bien.

-Las pastillas...

son robadas.

-Ya, ya lo sé porque también conozco a la farmacéutica.

Y también sé que puedo convencerla para retirar la denuncia contra ti.

Aunque no lo creas he visto muchos casos como el tuyo

y sé lo difícil que es.

-Lo dudo mucho.

-Unidad de Familia y Atención a la Mujer.

Si hay una persona con la experiencia y recursos necesarios

para ayudarte esa soy yo.

¿Cuántas han sido?

-Dos pastillas.

-Ya.

Eso explica tu estado.

El lorazepam es un depresor del sistema nervioso.

Debes estar al borde de la hipoglucemia.

-¿Es médico también?

-Hipocondriaca.

Venga.

Haz un esfuerzo, acompáñame, por favor.

-¿A los calabozos?

-No.

A comer lo primero.

Y después si quieres, solo si quieres,

me cuentas lo que te ha pasado.

Venga.

Espera, Evelyn.

Si quisiéramos detenerte, ya te habríamos puesto las esposas.

Entiendo perfectamente que tengas miedo,

pero nosotros estamos de tu lado.

-Eso dicen todos.

Y siempre quieren algo.

-Ahí tienes razón.

Yo también quiero algo de ti.

-¿El qué?

-Tu ayuda.

Quiero liberar a todas las mujeres que están en tu situación.

Quiero detener a las personas que te han hecho eso.

Quiero llevarlas ante la justicia.

Así que, por favor, Evelyn,

déjame ayudarte para que luego tú me puedas ayudar a mí.

Apóyate.

-Hola, Toni. -Hola.

-Me pregunta Benancio si estás con el periódico.

-Sí, ¿no lo ves?

-Ya, pensaba que la gente joven leíais todo en el móvil.

-No, estoy haciendo crucigramas.

Si puedes le dices que lo tengo yo.

-Vale.

Y aparte de amargar la mañana a algunos de mis clientes,

¿vas a tomar algo?

-Sí, voy a toma un café.

Y pon otro a Benancio, invito yo. -Muy bien.

-Para mí un café cortado si puede ser.

-Muy bien, cielo. -Gracias.

¿Cómo estás? -Haciendo el crucigrama.

-Eso es una excusa.

-¿Perdón?

-Pretexto para evitar una acción indeseada.

De seis letras: excusa.

-Ya, ya lo veo.

-¿Quieres que te ayude? Se me da bastante bien.

-¿El qué se te da bien, los crucigramas?

¿O lanzarme pullitas en clave?

-Solo intento que hablemos con normalidad, Toni.

-Con normalidad, ¿y de qué hablamos, Verónica?

¿De qué? ¿De política o del precio de la merluza en la plaza?

Ni me apetece ni viene a cuento hablar como si fuéramos

dos vecinos normales, ¿vale?

-Tendríamos que intentar hablar como dos personas civilizadas.

Aunque ya no sea como antes,

somos dos personas que nos conocemos bien,

que nos tenemos cariño.

-Si me conocieras bien sabrías que me da mucha pereza el postureo.

Si no te importa, voy a seguir con el crucigrama.

-Pues llevamos semanas fingiendo en público.

-No. No.

Llevábamos semanas ocultando una relación.

Fingir es lo que me pides.

Me pides que haga como si no hubiera pasado nada.

Y lo siento pero a mí no se me da tan bien como a ti.

-Toni, Toni, por favor.

-Toni, ¿te vas? -Sí. Me acabo de acordar

que tengo que hacer unas gestiones.

¿Me lo pones para llevar? -Sí.

¿Qué hago con el periódico? ¿Se lo doy a Benancio?

-No, se lo queda Verónica que le gustan mucho los crucigramas.

Suerte con la siete vertical.

"Que pretende sentimientos que contradicen lo que uno siente".

-Hipócrita.

Te has quedado loca, ¿eh?

Es que me encantan los crucigramas.

Antes los hacía en cuanto me traían el periódico,

pero prefiero dejárselo a los clientes.

-Bueno, se me han quitado las ganas, toma.

-Se lo llevo a Benancio. Se va a poner loco de contento.

-¿Te sientes mejor?

-Mucho mejor. Gracias.

Pensaba que las comisarías eran más...

-Más frías.

-Bueno, como en las películas.

Usted sabe...

una sala oscura donde interrogan a los detenidos.

-Tú no estás detenida.

He hablado con la farmacia, y han retirado la denuncia.

Estás aquí en calidad de testigo.

(Puerta)

¿Se puede?

-Pasa, pasa y siéntate.

-¿Cómo te encuentras?

-Lo siento.

Usted me ha querido ayudar, y yo...

Lo siento. De verdad. -No te preocupes, de verdad.

Lo importante es que estés bien, que estás aquí.

-Ahora...

ahora quiero que volvamos al momento de la escapada.

¿Estás lista? ¿Crees que puedes hacerlo?

(ASIENTE)

-Antes me has contado que...

que escapaste por el garaje, que echaste a correr

y no miraste atrás, así que no pudiste ver

la dirección del piso.

Ahora quiero que pienses en una cosa.

Quiero que pienses en el momento en el que dejaste de correr.

¿Dónde te detuviste? ¿Había...

un paso de cebra, un cruce de calles, algo que recuerdes?

-Fue pronto, al terminar la acera.

Corrí tan rápido que en cuanto pude me paré a respirar.

Estaba ahogada.

-¿Y miraste a un lado y a otro para ubicarte?

-Es verdad. Vi un letrero con un nombre.

Algo con F.

Fuertes o Fuentes.

No sé decir si era una calle, una avenida.

-¿Y recuerdas si era de un sentido o de dos?

-De uno.

-Debe ser... la calle Fuentes, ¿no?

Calle Fuentes.

Ahora quiero que volvamos un momento a ese piso.

Que recuerdes cuando miraste por la ventana.

¿Sabes adónde daban las ventanas?

-Todas las ventanas estaban cegadas.

Menos una.

Era una habitación prohibida.

Conseguí colarme un par de veces y...

y Tobías me lo hizo pagar.

-Bueno.

Tranquila. Vamos a parar un segundo.

¿Crees...

que me puedes contar cómo llegaste a aquí, a España?

¿Cómo te trajeron?

-Puedes hacerlo, Evelyn.

-Sara, cariño, ¿qué vas a querer? ¿Postre o café?

-Café. -Muy bien.

-No. Mejor manzanilla.

-Vale. Voy marchando una manzanilla. -Espera, espera.

Café.

-A ver, reina mora. ¿Me vas a contar lo que te pasa?

Porque te veo toda la comida ahí pendiente del móvil

y con la cara "traviscorneada".

-Travis ¿qué?

-"Traviscorneada". Bueno, enfurruñada.

¿Tiene algo que ver con el productor ese?

-Pues, sí, María.

Que mis sueños se van a quedar ahí. En sueños.

-¿Qué dices? Con el talentazo que tú tienes.

Que compones fenomenal y cantas maravillosamente.

Te lloverán los bolos.

-Ni uno tengo. Está mi agenda vacía.

-¿Qué me dices?

Pues me das una alegría.

-Ah, pues... gracias.

-No, es que te quería yo proponer un bolico.

-¿Aquí en La Parra? -No, en La Parra no.

Por si podrías cantar en mi boda.

Solo si te apetece, si tú puedes ese día

y por supuesto cobrando tu caché... -No hace falta que digas nada más.

Que sí, acepto. Me hace muchísima ilusión

que hayas pensado en mí. -Pero bueno.

No se lo he dicho a Elías, pero se pondrá loco de contento

porque es admirador tuyo, le encantan tus canciones.

-De verdad, muchísimas gracias.

Mira, has conseguido animarme un poco.

Estoy menos... ¿Cómo se dice?

-"Traviscorneada". -Eso.

-Se te ve en la cara. Bueno, eso depende.

¿Va a ser café o manzanilla?

-Café, va a ser café.

-¿Seguro? -Sí.

(SUSPIRA)

-Hola, Sara.

-Amparo, ¿quieres sentarte?

-Bueno, gracias.

Qué alegría verte. -Igualmente.

-Tienes mala cara.

Espero que no sigas dándole vueltas a lo de ese productor.

No entiendo cómo perdió la oportunidad de ficharte.

-Tiene sentido.

Él está buscando sonidos nuevos y mi música tira más hacia el pop.

-Eso es que no ha escuchado tu música.

¿Y la versión de "Por mis calles"?

Esa versión te ha convertido en la reina.

Encasillarte en solo pop, lo siento, pero es ser muy cortito de miras.

-Tendrías que haber ido tú a la reunión, me vendes mejor que yo.

-Tu talento se vende solo.

Si ese productor no lo sabe ver es que no te conviene.

-Cuando se cierra una puerta, se abre otra, ¿no?

-¿Te han llamado de otro sitio? -De una boda.

No es el Madison Square Garden,

pero algo es algo. -Bueno.

¿Y venden tiques? Sé de unos cuantos que iríamos de cabeza

aunque haya que tragarse la boda.

-Soy un poco novata con el tema de los fanes.

Y no te creas que no me asusta un poco.

-¿Por qué lo dices?

¿Ha pasado algo?

(SUSPIRA) -Tengo...

un tío que me está dando la brasa.

Está venga a mandar mensajes

y no sé, al principio eran piropos en plan "manda un videosaludo",

"qué bien te queda el vestido" y como no quería ser borde,

he intentado contestar siendo lo más maja posible.

-Ya, pero la cosa se ha puesto fea.

-Sí, ha empezado a enviarme mensajes privados un poco chungos.

Que si está enamorado de mí, que si somos almas gemelas.

-¿Has intentado ignorarle?

-Varias veces, pero ha sido peor.

Ahora está reaccionando como... como

un amante traicionado, como si hubiéramos tenido algo.

Ya no solo lo hace por privado, también públicamente.

No sé cómo hacer que me deje.

-Espera un momento. ¿No estarás hablando de Juanvi33?

-¿Lo conoces? -A ver,

personalmente no, pero yo también te sigo en redes.

No es difícil cruzártelo en los hilos de tus fotos y vídeos.

Ese tío es un baboso y un plasta.

-¿Qué puedo hacer? -Bloquearlo inmediatamente.

-No creo que sirva, se puede abrir otra cuenta.

-Pero denuncia esa cuenta.

Que no te confunda el anonimato, un acosador es un acosador.

-Gracias por tus consejos. -De nada.

-Aquí tienes, bonica. ¿Te pongo algo?

-Eh... Pues un café con leche. -Muy bien.

-Acababa de terminar mis estudios de Enfermería.

Cuando entré en la facultad era

muy joven y tenía muchos pájaros en la cabeza.

Nadie confiaba en que fuese capaz de terminar la carrera.

Pero al final saqué muy buenas notas,

estaba motivada.

Creo que por eso me sentí tentada de aceptar la oferta.

-¿A qué oferta te refieres?

-Unos españoles vinieron a verme.

Me felicitaron por mis notas.

Estaban impresionados.

Decían que el siguiente paso era estudiar Medicina.

Ellos podían financiar la facultad en España.

Yo solo tendría que hacer de "baby sitter" unas horas al día.

-Evelyn, ¿no te parecieron sospechosos?

-Parecían gente serie. Decían que

trabajaban en una agencia de contratación.

Y la oportunidad era muy buena.

Vivir con una buena familia,

en una ciudad como Madrid

mientras estudiaba Medicina.

Siempre había soñado con ser doctora.

-¿Tu familia allí en Perú qué decía de todo esto?

-La única familia que me queda son mis padrinos.

Ellos siempre han vivido en la sierra y no tienen mucho dinero.

Así que les parecía buena idea que probase suerte aquí.

Estaban orgullosos.

-¿Y cuándo te diste cuenta del engaño?

-Cuando aterrizamos en Madrid y...

empezó a hacerme efecto la pastilla que me dieron en el avión

me fallaron las fuerzas y...

ellos se aprovecharon para llevarme hasta un coche.

Me quitaron el móvil y la documentación

y cuando desperté estaba allí.

Estaba allí dentro.

Pasé varios días encerrada.

Grité, protesté.

Golpeé todas las puertas y paredes

hasta hacerme heridas en las manos.

Y al tercer día apareció ese hombre,

Tobías.

Y empezaron los golpes,

las amenazas.

-Lo siento mucho, Evelyn.

Perdona.

-Evelyn.

Evelyn, tranquila. (SOLLOZA)

-¿Crees que puedes continuar?

-Estaba muerta de miedo.

No quería seguir drogada.

No podía soportar más golpes.

Tampoco podía escapar.

Y una de las chicas me dijo

que si no quería que me matasen

era mejor que colaborara.

Así que me rendí.

Y ese día empecé a vender mi cuerpo.

-No, no, tú no vendiste nada.

No eras libre para decidir.

Ellos fueron los que pusieron a la venta tu cuerpo.

-No sé qué más decirles.

-Lo que nos has contado ya es una denuncia.

Falta la firma y será oficial.

Y con ese papel en tu mano puedes

tener un nuevo pasaporte, una receta médica, incluso

la repatriación a Perú.

Puedes volver a ser dueña de tu vida.

-¿De verdad? -Te lo prometo.

Pero antes quiero que hagas una cosa.

Quiero que me des la mano.

Por favor.

Confía en mí, dame la mano.

Quiero que cierres los ojos

y vuelvas a ese piso.

Que vuelvas a esa habitación prohibida.

Quiero que...

que sientas

lo que sentiste cuando te asomaste por esa ventana y viste la luz

después de tantos días.

Quiero que lo hagas

con todas tus fuerzas porque yo estoy aquí

sabiendo que no pasa nada.

Porque yo te voy a proteger, no te soltaré la mano.

Cierra los ojos.

¿Qué ves?

-Vale, ahora sé que está bien. Perdona, ¿eh?

Muchas gracias, chicas, prometo que no va a volver a pasar.

-Sara, ¿qué no va a volver a pasar?

¿No te habrás equivocado otra vez sirviendo alguna copa?

-¿Alguna? Me he equivocado en todo, Fernando.

-¿Estás bien? ¿Se puede saber qué te pasa hoy, Sara?

Tienes memoria de elefante, no suele pasarte esto.

-Si ya lo sé. Lo siento, es que no tengo un buen día.

No tengo la cabeza... -Tranquila, no pasa nada.

Vente aquí y vamos a hablar tú y yo.

(Móvil)

Qué ganas de tirar el móvil a la basura.

-Pero ¿qué pasa? ¿Se puede saber quién te llama o para qué?

-Que no pasa nada, de verdad.

-Hola, perdón por molestar.

Soy Amparo, ¿te acuerdas? -Sí, ya nos presentó Sara.

No te preocupes. -¿Se lo has contado?

-¿Si me ha contado, qué me tiene que contar?

-No puedes comerte sola el marrón. Ni se te ocurra.

-A ver, esperad. ¿Se puede saber qué demonios está pasando?

-A ver, te lo voy a contar, ¿vale?

Tengo un seguidor que últimamente está un poquito pesado

y se está pasando de la raya.

-No, llámalo por su nombre. Es un acosador.

La acosa por el canal público y privado.

La insulta si no le contesta.

Se pasa el día pidiendo tener un encuentro personal.

-Un momento, ¿me estás diciendo, Amparo,

que Sara está teniendo a uno de estos frikis

que actúan por Internet,

de estos que están un poco mal de la cabeza o algo perturbados,

y la está agobiando? ¿Por qué no has dicho nada?

-Fernando, no te he dicho nada porque, de verdad, no es importante.

Mira, esto es un chaval que está aburrido y se le va a pasar.

-No sé. Está claro que este tipo de cosas

no tiene por qué llegar a más.

Las redes son así, hay gente que se esconde ahí

con esta cosa del anonimato y, bueno, mucho ruido y pocas nueces.

Hablan, insultan, pueden llegar a amenazar,

pero en ningún caso llegan a realizar ningún ataque.

-¿Ataque?

¿Ataque físico, te refieres? Hombre, no creo que llegue a eso.

-No quiero alarmar a nadie, ¿vale?

Pero hace unos meses le pasó a una actriz de televisión.

Llevaba semanas recibiendo mensajes de un fan,

y un día el fan se presentó en el plató de televisión

donde rodaban. Al final tuvo que denunciar,

porque un acoso y derribo constante. -Amparo, siendo amiga de Sara,

ahora mismo no creo que sea el mejor ejemplo que puedas poner.

-No quiero alarmar, pero la quiero proteger.

-Pues eso, vamos a protegerla. Sara, tranquilízate, no pasa nada.

Estoy a tu lado, dispuesto a ayudarte siempre

y a protegerte en lo que sea necesario, ¿vale?

-Tienes que denunciar, Sara.

-¿Denunciar a quién? No sabemos quién está detrás de esto.

-La policía tiene formas de averiguarlo.

¿Y si ese baboso piensa presentarse aquí?

La policía puede meterle un buen susto.

-Es él.

Madre, qué asco. -¿Otra vez?

Sara, déjame ver ese mensaje. -No, Fernando, no.

De verdad, hasta aquí. No le voy a seguir el juego.

De verdad.

Además Amparo tiene razón. Tengo un montón de mensajes

de este imbécil. A lo mejor debería ir a la policía y se lo cuento.

-Si quieres te puedo acompañar.

-Yo también podría acompañarte.

-Te dejo aquí todo lo que tienes que firmar.

Y un boli, para que te pongas con ello.

Siéntate.

-¿Todo esto? Son un montón de papeles.

-Son unos cuantos, sí.

Pero bueno, luego pasa rápido. Es menos de lo que parece.

Piensa que, una vez que lo tengas,

junto a la denuncia,

podemos empezar los trámites para conseguir un nuevo pasaporte.

-¿Cuándo será eso? -No sé, espero que pronto.

No suelen demorarse mucho con ese tipo de trámites.

Una vez tengas pasaporte nuevo, podrás hacer lo que quieras.

Incluso volver a tu país.

-Ojalá.

Estuve mirando los billetes para Perú y están muy caros.

No tengo ese dinero.

Al contrario, tengo deudas con Tobías.

-Tienes deudas con Tobías. ¿Qué tipo de deudas tienes con él?

-Soraya llevaba la contabilidad. Dice que...

Que le debo el viaje desde Perú, la comida, las pastillas...

Incluso los tampones.

-Evelyn, olvídate de todo eso.

Tú no le debes nada a esa gentuza.

Piensa en el futuro, lo que harás ahora, dónde quieres ir.

-Creo que me instalaré donde mis padrinos un tiempo.

Es lo más parecido a estar en casa.

-Claro.

No te preocupes, sacaremos el dinero para el billete.

De una o de otra, lo hacemos. -Gracias.

-Acabo de hablar con la embajada. Mañana mismo te reciben.

-Bien. Qué suerte, porque normalmente las citas tardan más en darlas.

-Lo cursé a través de un contacto del comisario

con el Ministerio de Asuntos Exteriores

y tuvieron en cuenta la situación.

-Muchas gracias. ¿El piso lo han podido encontrar?

-Estamos en ello.

Gracias a tu descripción hemos localizado la zona.

Dimos con la fachada del bar que me contaste.

¿Se trataba del bar Castrillo? -Bar Castrillo, sí.

El piso tiene que estar justo en frente.

-No es tan fácil como suena,

hay decenas de inmuebles que dan al bar

a una altura y distancia similares a las que contaste.

Además, no tenemos recursos suficientes

para irrumpir en todas las viviendas a la vez,

y menos a estas horas.

-¿No hay nadie vigilando?

-Dos patrullas, minuto a minuto.

Además, tenemos a la UIT rastreando los anuncios de prostitución

por la zona hasta dar con la dirección.

No podemos hacer más.

-Evelyn, la policía lo tiene controlado.

-¿Y si encuentran dónde estoy?

¿Cómo voy a dormir sabiendo que Tobías me busca?

-No, las casas de acogida cuidan mucho la seguridad.

Siempre mantienen en el anonimato a las personas que duermen allí

y hay varias patrullas rastreando los alrededores con frecuencia.

-Voy a estar contigo. Te acompañaré a la casa de acogida

y no me iré hasta que te sientas segura.

-Evelyn, ellos ya no pueden hacerte daño.

No dejes que su recuerdo lo haga por ellos.

Mañana ya vas a estar un paso más cerca de casa.

-¿Qué entiendes por desmantelado?

Aparte de las chicas, ¿sacasteis objetos personales y cosas?

-Medicamentos, papeleo, dinero.

No queda ni papel higiénico.

Nada que nos delate, tienes mi palabra.

-Después de ayer, tu palabra no vale nada.

-Revisé cada centímetro, jefe.

Mañana vamos y le damos una capa de pintura, si quieres.

-Me preocupa que preguntes. Quiero ese piso impoluto.

Que parezca otro.

Sin saber qué pasó con la chica, cualquier precaución es poca.

¿Habéis notado algo raro en la calle? -No.

-¿Qué te guardas ahora?

-Un chico dice que algo le llamó la atención al salir.

Un camión de reparto de una panadería de la zona

pasó un par de veces por la puerta.

Lo extraño es que no paró donde siempre.

De hecho, no paró en ningún sitio. Son solo paranoias.

-Dime una cosa, Tobías.

¿Cuántas furgonetas de pan sueles ver por la tarde?

-¿Crees que son maderos? -Debería quitarte el puesto

y dárselo al que se fijó en la furgoneta.

Más te vale haber hecho buen trabajo con el piso.

Se acabó.

No trabajaremos más en pisos.

Clientes cutres y un montón de problemas

para ganar cuatro duros.

El futuro son las "escort".

Adiós a pagar testaferros y a las empresas pantalla.

Nosotros ponemos la seguridad y los contactos.

Ellas visitan hoteles y pisos privados. Pan comido.

-Pero esas "escort" de lujo no están vigiladas.

Podrían jugártela con la comisión.

-Que lo intenten.

-Luego están los clientes. Son menos. -Pero pagan más.

Es cuestión de trabajárselo. Si queremos otros clientes,

hay que buscar otras chicas.

-¿Qué hago con las de la calle Fuentes?

Están en el piso de abajo.

-Ponles precio. Mis competidores estarán interesados

si dejo ese negocio.

Otra cosa, Tobías.

Si queremos borrar todo rastro, falta el más importante.

Evelyn.

-Estamos intentando encontrarla. -Encuéntrala ya.

No la vuelvas a cagar, por tu bien.

(Puerta)

Hola, Paty. -Hola.

-Estáis cerrados, ¿verdad?

-Me queda un ratito, pero estoy adelantando.

-Sí. Oye, ¿podríamos comer algo?

-Sí, pasad. Tengo la cocina cerrada, pero os puedo dar empanada de atún,

de carne, hay tortilla... Puedo hacer unos bocadillos.

-¿En serio? Genial. -Lo que sea más sencillo.

Una empanada. -Perfecto, pues una empanada.

Muy bien, voy a por ello.

-Evelyn, el baño está en la primera puerta a la izquierda,

antes de las escaleras.

-Gracias.

-Oye, esta chica no está bien, ¿no? No lo digo por cotillear ni nada.

Lo digo por si puedo ayudar en algo.

-Tranquila, está todo bien.

Pero sí, está jodida.

Es víctima de una mafia de trata de blancas.

-Entonces, ¿la habéis rescatado? -No, qué va.

Se ha escapado ella sola.

-¿No le da miedo que la estén buscando?

-Está aterrorizada, de hecho.

Pero es muy valiente, mucho más de lo que cree.

-Ya. ¿Tiene sitio para dormir esta noche?

-Sí, claro.

Está en una casa de acogida de manera temporal

mientras Espe está buscando agilizar el tema de los papeles

para ver si puede volver a su país.

-Genial.

Oye y...

¿De los responsables se sabe algo? ¿Ha podido identificarlos?

-No. Están en proceso. Vamos a ver qué pasa.

La policía estaba ya con una investigación abierta

sobre un proxeneta que hay en Distrito Sur.

Ramón Rojo.

¿Estás bien, Paty? -¿Eh?

-Que si estás bien. -Sí, es que...

Estas cosas me... me impresionan mucho, ¿sabes?

¿Tú sabes algo del tal Ramón Rojo este?

-No, yo no sé nada.

-Qué buena pinta.

-Oye, ¿dónde prefieres que nos sentemos?

-Pues perdón por marearos tanto,

pero creo que os lo voy a poner para llevar,

que me acabo de acordar que acabo...

Había quedado con María en cerrar pronto y...

-No te preocupes, no pasa nada. -¿Sí?

-Sí, sí, tranquila.

¿Cuánto te debo?

-Mira, porque os estoy echando no me debes absolutamente nada.

-Siempre me dices lo mismo, pero no. -No.

-Hasta luego. -Muchas gracias, muy amable.

-Nada, adiós.

-Hasta luego.

-Espero que sigas manteniendo la boca cerrada. Por tu bien.

Esto de parte del jefe. -No la quiero.

-Cógela, mujer, que no muerde. -No la quiero.

-Tu querida camarera está acojonada.

Cuando le di la rosa, le tembló todo el cuerpo.

-Bien, así no hará tonterías. Pero no te pases de la raya.

-¿No quieres que la vigile? -Por supuesto.

-Pero no la asustes demasiado.

-Te estás encaprichando demasiado con ella.

-Evelyn en menos de tres días, va a tener un pasaporte nuevo

para regresar a su país.

Mientras, tenemos que resolver un asunto que tenemos pendiente.

-¿Os han puesto alguna traba legal? -No.

Tenemos que comprar un billete. No tiene recursos para hacerlo.

No sé si a ti se te ocurre... -Necesito volver a mi país

cuanto antes, por favor.

-¿Qué sabes de la peruana?

-Me ha llamado nuestro contacto de la embajada de Perú.

Ha ido esta mañana a hacerse el pasaporte.

-Estas situaciones hay que cortarlas de raíz,

porque si el acosador se siente fuerte, la cosa irá a más.

-Un tío me manda mensajes desagradables

por redes sociales. ¿No puedes hacer nada?

-No he dicho eso.

No puedo llevarlo delante de un juez, pero algo puedo hacer.

-¿El qué? -Por ejemplo, rastrearle.

Averiguar quién es, dónde trabaja y qué pretende.

-¿Sabes quién es?

-La hija de un ministro latinoamericano

que vino hace tiempo de visita oficial

y Toni tuvo que trabajar como su escolta.

-¿Qué te parece si tomamos algo? -Hago mi descanso ahora,

pero solo un rato. -Mejor que nada.

-Qué poco has tardado en tirar la pulsera a la basura.

-No la he tirado en ningún sitio. La tengo guardada.

-¿Te quieres liar conmigo esta noche o no?

-Sí que quiero.

-¿Estás bien? Porque llevas unos días en tu mundo.

-María, me he metido en un lío muy gordo.

-¿Qué te ha pasado?

-No sé por dónde empezar a contarlo. Es muy difícil de explicar.

-¿Evelyn se aloja en el centro cívico?

-No.

Mandé a una de nuestras chicas de confianza

para husmear en el centro.

Duerme en una casa de acogida, pero no sabemos la dirección.

-Encuéntrala cuanto antes. -Sí, de hoy no pasa.

-Estaremos contigo en todo momento, no te dejaremos sola

hasta que no cojas ese avión a tu país.

-Yo estaré a salvo, pero ¿y las otras chicas?

-Aún no lo sabemos,

pero no vamos a parar hasta localizarlas.

Y liberarlas. No te quepa la menor duda.

-¿Qué pasa, jefa?

El piso que buscábamos está en la calle Fuentes 41, 3B.

Id para allá a ver qué encontráis. En cuanto sepamos algo, te llamamos.

Perfecto, gracias.

¿Usted siempre trabajó en este centro?

-No, qué va. Hace poco he estado en África.

-¿Qué hacía por allí?

-Trabajar de cooperante.

-¿Siempre le gustó ayudar a la gente?

-Más o menos. Vamos para la casa de acogida.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 680

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Servir y proteger - Capítulo 680

17 ene 2020

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 680" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 680"
Programas completos (711)
Clips

Los últimos 2.198 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos