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Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 952 (2ª parte) - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué haces aquí, no libras hoy?

Sí, pero necesitaba traerte esto.

¿Y qué es esto? El borrador del relato

para el concurso.

Me he levantado superinspirado y no podía hacer otra cosa

más que teclear.

"Joe".

Ya veo que te ha cundido.

¿Cuántas páginas hay aquí?

47 exactamente.

¿47?

Vamos, que al final vas a ser escritor y todo.

Cuando estaba en la uni, en clase de Teoría de la Literatura Moderna,

la profesora, que era doctora en su materia,

hizo un ejercicio donde nos invitó a escribir lo que quisiésemos

y el 97% de las alumnas que estábamos allí presentes

escribimos una historia que protagonizaba un hombre,

así que gracias por abrirme la mente y presentarme esta gran idea

de que la protagonista de mi relato sea una mujer.

Me alegro. En serio, funciona, funciona.

En esta historia, el personaje se traslada desde Zaragoza a Madrid

para trabajar en lo que más le apasiona

y he conseguido mezclar a las mujeres de la comisaría.

Es una inspectora que tiene a un tío comisario,

casada con un médico y que su madre es jipi.

A ver, Carlos.

Después del batiburrillo,

de la mezcla de todas las compañeras de la comisaría,

¿has conseguido hacer el superrelato policial que querías?

Eso espero.

¡Venga! ¿De qué va? Vale.

Imagina un día...

en la vida de nuestra protagonista, desde que se levanta.

Un día completito, digo yo, porque para 47 folios, ¿no?

Sí, bueno.

Sí, quiero decir, la novela de "Mrs. Dalloway"

eran alrededor de 220 páginas y funciona.

Se lee de una sentada.

No digo que mi relato se compare a la obra maestra

de Virginia Woolf, pero oye, tiene sus cosas.

Estoy en ese momento en que necesito

desprenderme del texto y dejárselo a alguien ajeno

para que lo lea.

Así que...

Hola, alguien ajeno.

No, si ya te veía yo venir. ¡Sí!

Iván, tú eres mi mejor crítico

y sé que me vas a dar tu opinión por muy negativa que sea.

Así que...

Te hago depositario

del único borrador de mi relato más íntimo, arriesgado

y personal.

Necesito que me digas algo antes de mañana por la mañana

para estar a tiempo de hacer cambios antes de presentarlo.

A ver, Carlos, yo te agradezco mucho que tú confíes en mi criterio,

pero no sé si tendré tiempo,

tengo varios trabajos pendientes y luego pensaba ir al gimnasio y...

¿Por qué no se lo das a Daniela? No.

Seguro que lo lee y te da una crítica buena y te anima un poco.

Eso es justo lo que quiero evitar, no necesito palmaditas

en la espalda, necesito una crítica mordaz

y tú eres la persona ideal para hacerlo, Iván.

Hazlo por mí, por tu amigo.

Y si no quieres hacerlo por tu amigo, por la literatura.

Te prometo que además esto se lee en una tarde.

Creo que tengo un estilo bastante ágil.

Que aproveche.

Ay, Dios.

-He mirado el registro mercantil

y no he encontrado ninguna empresa a nombre de Yuri Nabokov.

Ni restaurantes ni nada.

Lo último que consta a su nombre es Irina Restauración S.L.

-Es lógico si quiere pasar desapercibido.

Lo último que haría sería inscribir una sociedad como administrador.

-Pero era buena la idea de que podía seguir con la restauración.

-Ya, pero no vamos a descartarla aún.

Lo único que vamos a hacer es buscarlo mejor.

-Pero ¿insinúas que le busquemos restaurante por restaurante?

-No nos queda otra, Cepeda.

-Bueno, pues nada.

Voy a conseguir un listado de los restaurantes rusos de España

y pediré ayuda a las comisarías de cada zona para que vayan haciendo

las comprobaciones. Va a ser laborioso, ¿eh?

-Ya. Si se te ocurre otra idea mejor, soy todo oídos.

-Mientras se nos ocurre esa gran idea sacaré la lista de restaurantes.

-Cepeda, gracias por tu esfuerzo. -Nada.

-Ya me encargo yo de esto. -Gracias.

(Móvil)

¿Sí?

-Hola.

-¿Qué haces aquí? ¿No te habías ido ya?

-Sí, pensaba que había terminado, pero qué va, vuelta a empezar.

¿Y tú, con qué estás?

-Pues estoy revisando información

de delitos en los que se ha utilizado armas de fuego.

-Ya veo.

El atraco a la Red Star.

¿Por qué vuelves con eso ahora?

-Porque las armas que utilizaron los Vinuesa

tienen el número de serie borrado con ácido.

-¿Y? ¿Qué pasa? ¿Ha aparecido algún rastro del tercer atracador?

-No, de Abel Cifuentes todavía no sabemos nada.

El que sí que ha aparecido

es este, Ricardo Gil.

-Pero ¿de quién hablas? ¿Quién es el Ricardo este?

-Es un maltratador de un caso que está llevando Lara en la UFAM,

el que ha pegado tiros al aire.

-Sí, sí, vale, he visto el vídeo.

Gran actuación de la UFAM, por cierto.

¿Y qué tiene que ver el atraco a la Red Star

con el caso de un maltratador?

-El arma.

(Música de tensión)

La pistola que ha utilizado el Ricardo Gil este

tiene el número de serie borrado. -Con ácido.

-Pero es lo que hacen, Lidia.

Los contrabandistas borran el número de serie de sus armas,

es la manera de eliminar cualquier rastro

que pueda conducir hasta ellos. -Ya lo sé,

pero este tipo de borrado está muy bien conseguido,

es el mejor que he visto y es muy característico.

Por eso me ha hecho acordarme de todos estos casos.

Y digo yo, si un número de serie se puede seguir

también se podrá seguir el rastro de un tipo de borrado, ¿o no?

Mira, por ejemplo,

tenemos este caso, que es el robo de una joyería

perpetrado por un delincuente llamado el Gordo.

Utilizó un arma de fogueo modificada.

-Ya veo, el cañón del arma fue remplazado por uno real.

-Y el número de serie, borrado con ácido.

Luego tenemos el caso de los Vinuesa

y el de Ricardo Gil, ¿vale?

Las armas utilizadas en los tres casos

tienen el número de serie borrado de la misma manera.

(Música de intriga)

¿El atraco a la Red Star fue el caso que vino a investigar Curro Moya?

-¿Cómo lo sabes? Si tú no estabas ahí.

-Ya te he dicho que cuando llegué aquí

me puse a investigar los casos abiertos

para ponerme al día.

-Es verdad, que tú eres un empollón.

-A ver, Lidia, dime,

¿adónde quieres llegar con todo esto?

El inspector Moya y yo sospechábamos

que detrás de las armas de los Vinuesa, estaba Eva Velasco.

-Pero hasta donde yo sé no se pudo demostrar

que Eva Velasco fuera una traficante de armas.

Lidia, de verdad, ¿por qué te empeñas en seguir con esto?

-No me empeño, Néstor, pero el vínculo existe.

Y a los Vinuesa y al Gordo no les pudimos sacar nada,

pero ahora tenemos a Ricardo Gil aquí.

-No, no, ni se te ocurra bajar a los calabozos

a presionar a un detenido, ¿me estás oyendo?

Lidia, de verdad, pero ¿qué pasa? ¿Se te ha olvidado lo de Saturnino?

Que te ganaste dos días de suspensión de empleo y sueldo

y una buena multa, y como se repita te quitan la placa.

-Néstor, no voy a presionar a nadie que ya tengo la lección aprendida,

pero Lara tiene que interrogarle,

igual ella sí que consigue sacar de dónde consiguió el arma.

Que es importante, Néstor...

-Solo te pido, por favor,

que mantengas la cabeza fría por una sola vez.

-No voy a excederme de mis funciones.

Créeme, aunque solo sea por una vez.

-Pero es que no entiendo cómo le van a pagar esta miseria

por el coche, no lo entiendo.

-Ángel, estos se han olido la desesperación

y han hecho una oferta a la baja, lógicamente, y lo triste

es que no voy a tener más remedio que aceptarla.

-Pero ¿está seguro?

-A ver, esta gente paga lo mínimo posible

y yo tengo una gran necesidad de liquidez.

Encima estos miserables del banco me han denegado el crédito,

diciendo que soy una persona con alta probabilidad

de ser insolvente.

Y aún me faltan...

45.000 euros tengo que reunir todavía, Dios mío.

-Jefe, lo siento mucho.

-Ángel, jamás pensé que llegaría a esto, pero...

voy a tener que aceptar los 5000 euros que me ofreciste.

-Pero por supuesto que sí, no lo dude.

-Me da muchísima vergüenza, sé que son todos tus ahorros,

me sabe muy mal.

-No, no, que no le sepa mal.

-Es que no sé.

No sé ya dónde conseguir dinero.

Yo te prometo que esto te lo devuelvo,

hasta el último euro.

Y si me cobras intereses, lo voy a entender.

-Jefe, de verdad que no pasa nada, se lo digo de corazón.

A mí me gustaría tener más dinero para poderle ayudar, es la realidad.

-Mira, una cosa, Ángel. Yo te quería pedir disculpas.

Porque... mira. Si algo...

he sacado en claro en estas horas de infierno que estoy viviendo

por lo menos han sido dos cosas:

una es que a ti que importa de verdad mi hija

y la otra es que eres un amigo,

un amigo de verdad.

Porque cualquier otra persona hubiese puesto tierra de por medio

al verme en esta situación. Tú te has quedado

y encima me ofreces dinero.

Y no creo que me lo mereciera, te traté muy mal.

-Jefe.

Yo también le quiero pedir unas disculpas

porque creo que lo traicioné ocultándole lo de Cristina.

-¿Qué traición ni qué historias? Ni que fuese esto el ejército.

Ahora...

no quiero ser hipócrita, no te voy a mentir.

Si me hubiese enterado de que estabais liados, me hubiera opuesto.

-Lo sé, lo sé, lo sé. Ya sé que...

no soy el prototipo de novio, ¿verdad?

-No, no es por eso. Simplemente es que yo...

estúpidamente, tenía otras expectativas para Cristina.

No sé. Me la imaginaba con otro tipo de persona.

Que tú eres buena persona... -Jefe, jefe.

No pasa nada, ya está.

Por ahora, lo único que tenemos que hacer es conseguir el dinero.

Así que vamos a por eso.

-El tiempo corre en nuestra contra.

No me perdonaría que mataran a mi hija

porque no soy capaz de conseguir 40.000 cochinos euros.

-Deje de ponerse en lo peor, ¿eh?

-¡Es que no puedo evitarlo! ¿Cómo no me voy a poner en lo peor?

O sea, es que yo...

no puedo pensar quién ha secuestrado a mi hija.

¿Quién me quiere tan mal para hacerme esto?

Y por dinero no va a ser.

Ya ves, yo vivo en un piso pequeño.

No tengo un gran coche, no voy alardeando por la vida.

-Dígame algo, jefe. Eh...

¿le sonó de algo el secuestrador?

-No. Además, usaba una especie de distorsionador de la voz

o algo así.

-Pero digo. En su manera de hablar, ¿dio algún patrón?

¿Había alguna señal? Nada.

-No. No me suena a nadie que pueda conocer.

-Esto es lo que vamos a hacer.

Cuando hable con él, intente alargar la conversación.

A ver si podemos sacar una pista, algo, cualquier cosa.

¿Estamos?

-Lo intentaré.

(Móvil)

Es él. (SISEA)

-Tranquilo y alargando la conversación.

Conteste, conteste.

(Música de tensión)

¿Hola?

-"¿Tienes el dinero?".

-No. Precisamente, por eso le quería preguntar.

-"Tú no haces las preguntas aquí. Las hago yo.

Escúchame bien. Consigue ya los 100.000.

Se te acaba el tiempo y a tu hija también".

(Móvil comunicando)

(Música de tensión)

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Servir y proteger - Capítulo 952 (2ª parte)

05 may 2021

Lara detiene a un acosador armado, al requisar su arma despierta el interés de Lidia, que la relaciona con las que supuestamente vende Eva.

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