Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 911 - Ver ahora
Transcripción completa

(VLADO) -"Quintero, maldito bastardo.

Acabaré contigo cuando menos te lo esperes,

¿me entiendes?

Exactamente igual que hice con tu hija".

-Ahí dentro tienes dinero en efectivo, un teléfono móvil,

varia documentación. Lo más importante: tienes un billete

de autobús para Altea, Alicante. -No lo pienso coger.

-Me dejó muy preocupado lo que me contaste del cargamento

de armas que os robó Fernando Quintero.

No podía estar de brazos cruzados en Galicia

sabiendo que aquí teníais problemas. -Que no tenemos problemas, Abel.

Estamos perfectamente. -Entonces deja que me quede unos días

para comprobarlo y quedarme tranquilo.

-Khan ya sabe lo indiscreta que fuiste.

-¿Quién es Vlado Khan? -Es un proxeneta

que secuestra,

viola y mata a mujeres.

-No es nuestro socio, le ayudé a escapar y ya. A salir del país.

-¿Y Quintero por qué odia tanto a este Vlado?

-La inspectora que murió en la comisaría, Alicia Ocaña,

era la hija de Quintero. -¿En serio?

Pues no me extraña que Quintero le tenga tanto odio.

-¿Por qué has decidido salvarme?

-Porque no soy una asesina y no quiero que mi hermana lo sea.

-Eva, por favor, piensa en Bea. No te lo va a perdonar en la vida.

-Bea no se enterará jamás. -Por favor.

(BEA) -"Bruno, soy yo.

Que... tenías razón, este negocio me viene enorme".

-¿Te preocupa que empiece a buscar a Bruno?

-Es que no me lo perdonaría.

-Ya, sería un problema, sí.

-Esto hay que cortarlo de raíz.

POR FAVOR, BEA, NO ME BUSQUES NI INTENTES CONTACTAR CONMIGO.

NECESITO EMPEZAR DE NUEVO SIN TI

-Inspector Arteaga.

Hemos venido a detenerle.

(Música emocionante)

Vale, y ¿cómo sería lo de estudiar "online" exactamente?

(AFIRMA)

Ah, vale, perfecto.

Ah, una cosa. Eh... yo estudié un grado superior

de Administración de empresas.

Era por saber si se convalidaba alguna asignatura o algo.

Vale, genial.

Pues nada, yo le envío el expediente y vamos hablando.

Perfecto.

Nada, gracias.

Adiós.

-¿Estás pensando en estudiar, Paty?

-Sí, si quiero seguir al frente del centro cívico

debo seguir formándome, que Miguel me enseñó mucho,

pero todavía me queda.

-Ya, y ¿qué es lo que tienes que estudiar exactamente?

-Pues he pensado en un ciclo de formación profesional

en Integración social.

Lo he hablado con la ONG y la verdad es que les parece bastante adecuado.

-Ah, muy bien. Oye, pero ¿vas a poder con todo?

-Pues eso espero, la verdad.

Empieza en septiembre y el curso es "online".

Yo creo que echándole un par de horas por las tardes

y algún ratito el fin de semana.

-Oye, pues qué bien, Paty. Qué crac. (AFIRMA)

-Buena idea. -Sí, la verdad es que mola

y ya no solo por el título, que a mí eso me da igual.

Si el caso es que creo que en el día a día

en el centro cívico me va a venir genial.

Ahora a ver dónde me matriculo.

-¡Chicas! ¿Habéis visto?

-¿El qué?

-¡Que se llevan detenido a Antonio!

-¿Qué Antonio? ¿El doctor Torres?

-Antonio, claro. Si acabo de estar con él en la consulta

y de repente veo que se lo llevan esposado a la comisaría.

-¿Cómo van a detener a Antonio?

-Pues, hija, sí, me parece increíble, pero míralo.

-A ver, pero ¿quién le ha detenido?

-No sé. Dos policías que no he visto nunca.

Vamos, de esta comisaría no son, eso fijo.

Pregúntale tú a ver si sabe algo.

Hola.

(A LA VEZ) Hola.

¿Todo bien?

Sí, sí, todo bien. ¿Qué quieres tomar?

Había llamado antes para pedir un bocata para llevar.

Ah, es verdad. Está en la cocina. -Ah, yo se lo traigo.

-Y ¿qué tal? ¿Qué tal el día?

¿Muy liado en el curro?

No.

Normal. ¿Con qué andas ahora?

¿Algo interesante? Sí, ha habido unos cuantos asaltos

con una técnica de estrangulamiento conocida como "mataleón".

¿Y qué? ¿Muchos detenidos? De momento ninguno.

No tenemos idea de quién ha sido. Aunque todo apunta al mismo.

Ya, pero así en general,

vosotros hoy en comisaría tenéis muchos detenidos...

-A ver, dejad de marear la perdiz ya. Preguntadle directamente.

Hemos visto que han detenido a Antonio. ¿Tú sabes algo?

Ah, vale, es por eso por lo que estáis tan raras.

Sí, han detenido al doctor Torres,

pero no sé nada, el caso no lo llevo yo.

Ha venido un inspector de Gijón al que no conozco

y, bueno, si me pedís más detalles no los tengo

y tampoco los podría dar.

Pero esto tiene que ser un error. -¡Por supuesto que es un error!

Tú me dirás, ¿en qué país vivimos? ¿Se nos ha ido la cabeza o qué?

Antonio no puede ser un delincuente. María, tranquilízate,

que al final seguro que se aclara. Bueno, tú si lo ves por ahí,

le dices que estamos preocupadas, que estamos con él y que un abrazo.

De acuerdo, yo se lo digo. Hazme un favor, cóbrate.

No te preocupes, está bien así.

Y la próxima vez que me queráis preguntar algo,

hacedlo directamente. No deis tantas vueltas.

Chao. Adiós.

-Este hombre es que no puedo entenderlo.

-Qué movida, ¿eh?

(SUSPIRA) Bueno, yo me tengo que ir

porque si no se me va a hacer supertarde.

Ah, por cierto, Dani, viene la semana que viene una ponente

a dar una charla en el centro cívico.

¿Tú sabes si en el hotel de tu hermano hay

habitaciones libres?

-Yo creo que sí, bueno, a mí Ángel no me dijo que están hasta arriba.

-Guay, de todas maneras luego le llamo y le pregunto.

-Bueno, que dentro de poco mi hermano ya no va a trabajar en el hotel.

-¿Y eso?

-Porque parece ser que lo va a comprar una multinacional

y van a hacer bastantes recortes. Mi hermano está buscando otra cosa.

Te lo digo por si te enteras de algo. -Claro.

Yo estoy ahí al loro y en cuanto sepa algo te aviso

y te digo, ¿vale?

Pues me lo apuntas.

-Sí. -Luego nos vemos.

-Nos vemos, chao. Suerte. -Chao.

Mujer, tranquila que va a salir todo bien.

-Dios te oiga, hija, Dios te oiga.

-Luego nos vemos, ¿vale? -Venga.

-Tranquila.

(SUSPIRA)

-¿Cómo estás?

¿Llamo al colegio de abogados para ver por qué no está todavía

tu abogado? -No pedí ningún abogado de oficio.

Tenemos nuestro propio abogado que por cierto está a punto de llegar

y ya no sé para qué porque, vamos, esto va a durar muy poco.

No hice ninguna de las barbaridades

de las que se me acusa. -Ya, estoy convencido de ello.

-Claudia no coge el teléfono. Le he llamado varias veces,

pero debe tenerlo apagado.

Está en Ávila dando conferencias todo el día.

Ya es casualidad que justo hoy... -No quiero que la llames, a nadie,

no quiero me digas todo lo que estás haciendo.

No necesito tu ayuda.

-Mira, Antonio, en esta comisaría todo el mundo está convencido

de que eres inocente.

Pero si ese Arteaga se empeña,

puede hacerte pasar aquí hasta 72 horas.

-Lo sé. -Intento hacerte las cosas fáciles.

-Mira qué suerte tengo.

-Te están acusando de un delito muy grave y si te lleva a juzgados

y el juez tiene un mal día y dicta cautelares...

He hablado con el comisario de Gijón, pero...

-No quiero que llames a nadie, que no necesito tu ayuda.

-Inspector jefe Salgado.

¿Todo bien? -Sí, ¿y usted?

-Muy bien. Nada, que venía a interrogar a mi detenido,

si no tiene inconveniente. -Claro que no. Y si no tiene usted

inconveniente, pensaba seguirlo desde la pecera.

-Como guste.

-¿Quería algo? -Hola, soy Carlos Ruiz,

el abogado del doctor Torres. -Soy el inspector jefe Salgado.

Le dejo con el inspector Arteaga. -Buenos días.

-Siéntese, por favor.

-Gracias por venir, Carlos.

-¿Cómo estás?

-He tenido días mejores.

-Madre mía, cuánto tiempo sin verte por aquí.

-Sí, es que he estado en Logroño visitando a mi hija.

-Ah, mira. Si casi se me olvida cómo te tomabas el café.

-Caliente, como para escaldar a un gato.

-Cómo me gusta esa frase. Oye, ¿cómo está la chiquilla?

-Bueno, así, así. Se ha quedado en el paro mi hija.

Los dichosos recortes.

-Recortes no me hables que a algunos políticos

les recortaba yo otra cosa.

A ver si encuentra trabajo prontico, ¿no?

-De momento ella y su novio

están montando un negocio, ya sabes, ahora se lleva lo de emprender.

-Bueno, ahora y siempre porque cuando me quedé con el bar

¿qué era yo? Una emprendedora. -No, no te digo que no,

pero ahora las cosas están más fastidiadas.

-Sí, sobre todo para la gente joven.

-La economía en el mundo está escacharrada.

Mira, al final vamos a terminar como los americanos:

pluriempleados,

estresados y sin poder pagar un médico.

-Pues sí, hijo, esto es todo un horror,

la verdad, como está la cosa.

Por lo menos allí en Logroño los alquileres serán

más normales que aquí, ¿no? -Por eso se quedan ahí.

-Y ¿tu otro hijo qué tal?

-Fatal, fatal, fatal.

También se ha quedado en el paro, se acaba de divorciar

y no anda bien de dinero.

Entre la pensión que le han puesto para los hijos y demás

ya me contarás.

-Válgame Dios, hijo, pues cuánto lo siento.

Me voy a seguir currando, mucho ánimo.

-Gracias, María.

-¡Buenas! -Hola.

Buenos días.

Bueno, ¿qué tal estaba ese bocata?

¿El bocata? ¿Tú te crees que me ha dado tiempo a comérmelo?

Al entrar en la comisaría nos han mandado afuera

a ver si encontrábamos testigos del asalto.

Así que, si eres tan amable, ponme un café para llevar.

A ver si así engaño el hambre. ¿Quieres algo, Paula?

-No, gracias.

-Oye, lo de los asaltos esos son los del "mataleón", ¿no?

Sí.

¿Por qué lo dices?

¿Está todo el mundo hablando del tema?

Claro, vosotros y todo el mundo.

En el mercado, el hermano de Daniela también me lo dijo, pero esos casos

de "mataleón" ya los había oído de antes.

Si se descuidan le parten el cuello a una persona.

No es para tanto.

Es violento, pero no tienen por qué ser mortales.

Lo que quieren es que la víctima se desmaye para así poder robarle

absolutamente todo.

Estuve investigando algunos casos de "mataleón" en Distrito 4.

Lo que te hacen es...

Paula, ¿te importaría ser mi modelo en este caso?

Bueno, pero no te vengas arriba. No, no te preocupes.

¿Es usted consciente de que estos medicamentos

carecen de la homologación de Sanidad?

-Es la primera vez que los veo.

Le repito que no sabía ni que existían

hasta que usted no me ha hablado de ellos.

-¿No es cierto que participaba en la venta y distribución

de complementos para adelgazar?

Valiéndose de su condición como médico.

-No.

-¿No es cierto que recetaba y vendía

pastillas no homologadas

para tratar la disfunción eréctil?

-No, no es cierto.

No he vendido medicamentos en toda mi vida.

Solo receto medicamentos que vienen de laboratorios homologados

y que cumplen todos los requisitos de Sanidad.

-¿No es cierto que recetó y vendió modafinilo a estudiantes

de distintas universidades prometiendo que estarían despiertos

durante más horas y más concentrados?

-No, no es cierto.

Me estoy cansando de este interrogatorio.

Si tuviera alguna prueba concluyente de lo que dice

ya me habría puesto a disposición del juez,

¿o no?

-¿Se reconoce en esa foto?

-¿Tengo que contestar a preguntas retóricas?

Pues claro que me reconozco. No hace falta ser tan redicho.

-¿Reconoce la página?

Está en la "deep web".

Es una tienda clandestina de venta de medicamentos.

-Es la primera vez que la veo y no sé de dónde han sacado esa foto.

Supongo que del colegio de médicos o de algún congreso

al que asistí, no sé dónde me la hice.

-¿Ha extendido últimamente recetas de benzodiacepinas?

-Claro que sí, hombre.

Pues usted no lo sabe, los ansiolíticos tipo alprazolam

o el lorazepam

son de los más vendidos en España, de los diez más vendidos.

Por cierto, a mí no me gusta recetarlos salvo casos muy concretos.

-Ah, pues menos mal que no le gusta recetarlos

porque solo en la última semana los ha recetado más de 30 veces.

-¿Qué dice? Es totalmente falso.

-Tenemos las recetas

con su número de colegiado.

-Los habré recetado dos o tres veces como mucho y de forma justificada.

En algún caso de ansiedad o...

-Mire.

Uno de los pacientes a los que recetó modafinilo en Gijón

sufrió una reacción anafiláctica

y en estos momentos se encuentra en coma inducido en un hospital.

-¿Cómo? ¿Quién? -Mire,

sabemos que usted es solamente un peón.

Díganos, ¿quién dirige la red?

-Pero ¿qué red?

Yo solo soy un médico que receta de forma legal

en el centro de salud de aquí al lado.

-Díganos dónde tienen el almacén. -¿Qué almacén?

-El producto que traen, ¿dónde lo guardan? Mire,

la única manera que tiene de rebajar su condena

es ayudándome a desarticularlo, ¿estamos?

-Mejor me quedo callado.

Este interrogatorio no tiene ningún sentido. No sé de qué habla.

-Muy bien.

Pues usted verá lo que hace,

doctor Torres,

pero váyase despidiendo de ejercer la medicina.

Voy a pedirle al juez que le suspenda cautelarmente de empleo y sueldo

y a escribir al colegio de médicos para que estén informados.

ASESINAN AL ABOGADO CRISTÓBAL LARREA.

RECIBIÓ DOS TIROS A QUEMARROPA CUANDO SE SUBÍA A SU COCHE.

LOS ASESINOS LO ESPERABAN ESCONDIDOS EN EL PARQUIN

(Puerta)

Sí, ¿quién es? -Soy Hanna.

(SUSPIRA)

-Hanna, pasa, pasa.

-Ha sido él, ¿verdad? -Pasa.

-Ha sido él.

-A ver, a ver, a ver. -Está en Madrid.

-Tranquilízate, tranquilízate, te lo pido por favor.

Ven aquí, ven aquí, ven aquí. Siéntate y tranquilízate.

-¿Cómo quieres que esté tranquila? -Siéntate.

-Está aquí.

Nos va a encontrar y nos va a matar. -No, no, no va a pasar nada de eso.

Ha matado a Cristóbal Larrea porque le ha traicionado,

es un traidor y está claro que lleva su sello,

es su forma de hacer las cosas.

Pero no nos va a hacer nada porque tenemos su dinero

y eso es lo que más le importa. -Precisamente por eso, Fernando,

porque va a hacer lo que sea para recuperar su dinero

y necesito que me des un arma.

-No, no, no. Es una locura. -Necesito estar lista.

-No voy a permitirlo ni te voy a dar ningún arma. Lo que necesitas es

hacerme caso en lo que te estoy pidiendo, por favor.

Acepta esa oferta de irte a Altea

y sal de Madrid. Es lo mejor para ti porque si te quedas

estás corriendo muchísimo peligro.

Te lo pido por favor.

-Tienes razón.

-¿En qué tengo razón?

¿Me vas a hacer caso y te vas a ir? -Que estamos corriendo mucho peligro

y tengo que estar aquí para ayudarte. -Pero maldita sea, por Dios santo.

¿Cómo puedes ser tan cabezota? Eres igual de cabezota que mi hija.

Maldita sea.

Hanna, escúchame bien. Yo necesito estar concentrado al 300%

para enfrentarme a él y si tú estás aquí en Madrid

voy a estar más preocupado, por ti, por tu seguridad,

por que no te pase nada que en la lucha, en el enfrentamiento

con Vlado Khan.

Puedo mostrarme débil ante él. ¿No te das cuenta?

Por favor, lo mejor que puedes hacer es hacerme caso

e irte a esa casa en Altea.

Sí.

Hanna, mírame.

Lo vas a hacer.

Dime que sí, por favor.

-Júrame que cuando lo encuentres

antes de matarlo le dirás

que también está pagando por lo que me hizo a mí.

-Claro que sí. -Quiero que sepa

que yo he estado metida en todo esto. -Sí, Hanna, te lo juro, así lo haré,

¿vale?

-Bueno, pues voy a casa

a hacer las maletas y...

y tú ya me mandas el billete al móvil.

-Sí, no te preocupes. Te lo enviaré al móvil.

De todas formas, antes de salir te doy la carpeta

donde estaba todo: el billete, toda la documentación,

el dinero en metálico, el teléfono, todo, ¿vale? Pero antes de irte

quiero decirte algo.

Esta puede ser la última vez que nos veamos.

(SUSPIRA)

-Fernando, qué tontería. -No, Hanna, no es ninguna tontería.

Puede pasar cualquier cosa

y si en algún caso me pasase algo, yo...

yo quiero pedirte que...

que te mantengas todo lo alejada que puedas de Madrid.

Olvídate de toda la mierda que has vivido aquí, ¿vale?

Porque tú eres una gran mujer

y mereces ser libre

por encima de todas las cosas, Hanna, prométemelo.

Mereces ser feliz.

-No voy a dejar que me encuentren. -Lo sé.

-Una última cosa.

Si pasan más de dos días y no tienes ninguna noticia mía

aléjate de Madrid

y no vuelvas, por lo menos en dos o tres años, ¿vale?

Ven aquí, anda, ven.

Dame un abrazo. (SOLLOZA)

-Eh, eh, eh, mírame.

Todo va a ir bien, pequeña,

todo va a ir bien, ¿vale?

(Puerta)

Díaz, ¿estás libre?

-Nunca, ya lo sabe usted, inspector, pero... Bueno, ¿es urgente?

-Han detenido al marido de la inspectora jefe Miralles.

¿Qué tal? ¿Te parece urgente?

-¿Cómo que lo han detenido? ¿Qué ha pasado?

-Aquí tienes copia de las diligencias

del inspector Arteaga de una comisaría de Gijón.

Según él, el doctor Torres está implicado

en una red de venta ilegal de medicamentos.

-¿Colaboramos con los compañeros de Gijón para incriminar al marido

de la inspectora jefe? -No.

Esas diligencias te las has encontrado en un bar.

-En un bar. -Yo no te las he dado.

Y, evidentemente, la idea no es implicar

al marido de la inspectora jefe, sino todo lo contrario.

-Que su foto salga en la "deep web"

anunciando medicinas no tiene sentido.

-Ya, nada tiene ningún sentido en esta investigación,

salvo que hay indicios por todas partes.

Sospecho que han usurpado su identidad para hacer negocio.

¿Podrías mirar quién ha sido?

-Sí, claro, me pongo ahora mismo con ello.

Pero una pregunta, inspector. -Sí.

Yo me hago responsable.

-Vale.

No quiero ser el que ponga las cosas difíciles,

pero sabe que esto podría verse como que estamos torpedeando

una investigación abierta. -Lo sé, pero tú y yo sabemos

que estamos desarrollando una hipótesis alternativa de buena fe

para colaborar con nuestros compañeros asturianos.

Y llegado el caso,

quedará claro que tu recibías órdenes.

-De acuerdo. Bueno, pues... me pongo con ello ahora mismo

y a ver si puedo rastrear el dinero. -Bien, ¿podrás mirar también la foto?

-Sí, por lo de la foto no se preocupe porque la habrán sacado

de algún foro de medicina o de alguna página médica

o algo de eso. Lo que me importa es encontrar

por dónde se mueve el dinero y demostrar que....

que el doctor Torres no ha cobrado ni un euro.

-¿Y cómo de difícil es eso?

-A ver, estas páginas son bastante vulnerables

y si reciben o permiten pagos con tarjetas o transferencias,

bueno, pues las CPV... son ligeramente fáciles de rastrear.

-Bueno, ahora no me importa tanto pillar a los malos como evitar

que pase una noche en el calabozo más un hombre inocente.

-Obvio, y más siendo familia. Me pongo con ello ahora mismo.

-Gracias, Díaz. -A usted.

(Móvil)

Miralles, por fin me llamas, ha pasado una cosa sorprendente.

No te alarmes, pero...

Antonio está detenido y en el calabozo.

No, no, tranquila, Miralles, no se trata de eso.

Te explico.

-Acuérdate de que el testigo dijo que era 1,90.

¿Dijo 1,90?

Me suena que dijese que era muy alto,

pero que entre 1,80 y 1,90.

Pero luego dijo 1,90.

También dijo que le vio correr desde la distancia,

pero entonces, ¿cómo pudo medirlo? ¿Le dio tiempo?

¿De verdad?

Muchas gracias, Javi.

Pase, por favor.

Mire, buenas tardes. Perdone que interrumpa,

quería poner una denuncia. Desde luego.

Siéntese si es tan amable. Muchas gracias.

-¿Qué ha pasado? -Que me han atracado

cuando iba a pagar el alquiler.

Vaya, ¿ha visto cuántos asaltantes eran?

Era uno solo y no lo he visto.

Me vino por detrás y cuando me quise dar cuenta...

Le agarró del cuello. Bueno, es lo único que noté.

Que me agarraban del cuello y me apretaban muy fuerte.

Pensé que me iba a desmayar.

Otro "mataleón".

¿Cuál es su nombre, caballero? Fernando Basterretxea Silas,

Silas para los amigos.

-Y... ¿dónde ocurrió esto?

-En la calle Socuéllamos, esquina Tomelloso.

Espere, por favor. Basterretxea es con "tx", ¿verdad?

Sí, sí. Vale.

Siga, por favor.

Bueno, como le decía, en la calle Socuéllamos y Tomelloso.

Hace un par de horas iba yo con el sobre

para pagar el alquiler y de pronto... Ha sido visto y no visto.

Se lo ha llevado todo.

-Ya, ha dicho que iba con un sobre con dinero,

¿sabe cuánto dinero había dentro? -Sí, claro, 705 euros.

Es lo que pago todos los meses.

14 billetes de 50 y uno de cinco.

Vale, ¿se ha llevado algo más el asaltante?

No, no, pero a mí esa cantidad me deja un roto que me hace polvo.

Si no pago el alquiler,

mi casero es capaz de echarme de casa.

Ya tuvimos una pelotera

con el tema de la actualización del IPC,

que a mí la verdad es que me ha quedado

una pensión que no me sirve para nada.

No tengo ahorros, vivo al día.

-Pero si le lleva la denuncia, seguramente lo entienda.

-Ojalá, ojalá.

¿Y ha ido usted al médico, señor Silas?

Silas, Silas a secas, así me llama todo el mundo.

No, no he ido al médico, no.

Bueno, no pensé que fuera necesario para hacer una denuncia.

No es necesario, pero sí es conveniente.

Por precaución y porque siempre poner un parte

de lesiones ayuda al poner una denuncia.

Pues yo me encuentro bien.

-¿Y no se ha caído al suelo o...?

-No, no, ya le dije.

Sentí en algún momento que me faltaba la respiración,

pensé: "Me desmayo". Pero allí me ha soltado.

Por los pelos.

Ha tenido mucha suerte, Silas, porque el resto de personas

que ha venido a poner una denuncia similar,

han caído desmayadas al suelo.

Igualmente me quedaría más tranquilo si mi compañera va con usted

al centro de salud. Sí, lo que ustedes digan.

Ahora, ¿me van a dar una copia de la denuncia?

Lo digo por el casero. No, desde luego, cuente con ello.

Paula, ¿no te importa acompañarlo al centro de salud?

Por supuesto.

Voy a terminar esto para mandarlo a la UIT

y a ver si hay alguna imagen.

Buenas tardes. -Acompáñeme.

-Gracias. Buenas tardes.

No hagas ninguna tontería y compórtate como si fuésemos

dos colegas que hace tiempo que no se ven.

¿Qué quieres, Abel? -No voy a hacerte nada.

Deja de meterme mano, no llevo armas.

-¿Por qué me sigues y qué quieres de mí?

-Necesito hablar contigo.

Habría ido a verte al "pub", pero no me conviene dejarme ver.

La policía me busca, ¿sabes? -Lo sé, lo sé.

Sé que te busca, pero responde a mis preguntas.

¿Por qué me sigues y qué quieres de mí?

-Por nada, solo quiero ofrecerte mi ayuda.

-¿Tu ayuda? ¿Para qué voy a querer yo tu ayuda?

-Vlado Khan va a por ti. Necesitas toda la ayuda

que puedas conseguir.

-¿Sí? ¿Eso crees? Vete al carajo, hombre,

y déjame en paz. -Eres tú...

quien me ha obligado a venir. -¿Te he obligado? ¿Por qué?

-Sí, Eva traicionó a Khan porque tú la obligaste.

(RÍE) -Ahora estamos todos de mierda

hasta el cuello. -No, yo no he obligado a nadie

a hacer nada. Si Eva se asoció con Vlado Khan

fue porque le salió del mismísimo.

Y lo hizo para convertirse en su chica de los recados,

ponerse a su servicio, y todo por conseguir mucho dinero.

-Bueno, vale, lo que tú digas, ¿eh?

El caso es que vienen a por nosotros y más nos vale hacer frente común.

-¿Frente común? -Sí.

-¿Contigo? ¿Con vosotros? Vamos...

-Quintero, no me gustas un pelo, nunca me has gustado.

Pero Vlado Khan es mil veces peor que tú.

Lo más práctico es unir fuerzas frente a él.

Es una cuestión de supervivencia. -Supervivencia.

Pero ¿tú por quién me tomas? ¿Por un imbécil o qué?

-A ver, tú quieres vengar a tu hija

y yo quiero proteger a Eva.

Los dos queremos ver muerto a Vlado Khan.

Podemos ayudarnos, hombre. -¿Ayudarnos de qué forma?

¿De la misma manera en la que Eva me ha estado ayudando?

¿Dándome pistas falsas para que fuese matando

a todos los que se quería quitar de en medio Khan,

mientras se reía de mí en mi cara?

-Escucha, escucha, Quintero.

-No, no, no te voy a escuchar. Me vas a escuchar tú a mí.

Si quieres proteger a tu jefa, lo mejor que puedes hacer

es salir cagando leches y no te separes de ella,

porque Khan se ha cobrado su primera víctima

y, probablemente, ella sea la segunda.

-¿Quién es la primera víctima? -Cristóbal Larrea.

Su contable o su asesor financiero, un abogado

que apareció con dos tiros en la cabeza en su parquin.

Salió en los medios de comunicación y en la prensa.

Puedes buscarlo por ahí en Internet.

Y todo fue obra de uno de los sicarios de Vlado Khan.

Y es muy bueno.

Ha matado al traidor y ahora estará buscando a la persona

que me dio el contacto de ese traidor para acabar también con ella.

¿Entiendes?

-Ya lo ve usted, agente, lo que yo decía,

estoy perfectamente.

-Siento la pérdida de tiempo, pero en este tipo de asaltos,

hay que asegurarse.

-También es verdad.

Aparte de que yo, como jubilado, otra cosa no,

pero tiempo tengo de sobra. -Ya.

Mi compañero ya tiene preparada la denuncia para firmar,

vamos a comisaría. -¿Sabe qué pasa?

El casero me estaba esperando hace mucho rato para cobrar,

y si no le llevo esto,

lo mismo él me denuncia a mí.

-Bueno, no creo que sea tan estricto.

-Dios la oiga.

-Vamos a ver, ha habido más asaltos con la técnica "mataleón"

en el barrio y seguro que lo ha visto en la prensa.

Además, si le lleva la denuncia, seguramente le dé más margen.

¿Tiene algún tipo de seguro que le ayude con esto?

-¿Yo? ¿Yo qué voy a tener?

Yo lo que tengo es muy poquita cabeza.

Que voy por la calle con 700 euros y no miro si alguien

me está siguiendo. -Hombre, no se culpe a usted,

la culpa la tiene el asaltante.

¿No hay nadie que le pueda ayudar con el alquiler?

-Me temo que no.

Mi hija está en el paro

y se acaba de endeudar hasta las cejas con su novio

para montar un negocio.

Mi otro hijo también está en el paro y se acaba de divorciar.

Entre los gastos del abogado y la pensión que le han puesto,

ya me contará. -Ya.

Bueno, pues en ese caso, solo nos queda esperar

y a ver si encontramos pronto al asaltante...

y el dinero, por supuesto, pero siento decirle que...

en este tipo de casos, el dinero en efectivo no aparece.

-Pues estamos buenos.

-Oiga, una pregunta.

¿Usted cree que el atracador le vio salir del banco?

-Bueno.

Supongo, podría ser.

¿Por qué lo pregunta?

-Bueno, le hemos visto con el reloj, con el móvil,

he visto cómo sacaba la tarjeta sanitaria de la cartera.

En este tipo de atracos, normalmente,

el asaltante deja a la víctima limpia.

Y en su caso, solo se han llevado el sobre con el dinero.

-Señorita, cómo se ve que están ustedes bien entrenados.

Yo ni lo había pensado.

Pero visto así, claro.

Se ve que me vio salir del banco con el sobre en la mano...

Es que yo soy un mirlo blanco. -Ya.

Vamos a comisaría y le acompañamos a casa.

-No, no hace falta, muchas gracias, usted tendrá mucho que hacer.

Y total, a mí ya no me queda nada más que robarme.

-Venga, vamos.

(SUSPIRA)

-Hanna.

Perdona, tía, no he podido llegar antes,

he tenido mucho lío. -Nada, te iba a mandar un mensaje.

Es que estoy a punto de irme.

-Ya.

Pues mira, si te soy sincera, no sabía si venir.

-¿Te ha molestado que te dijera de quedar?

-No, no, no, al contrario, me ha hecho ilusión.

Lo que pasa que...

es que luego he pensado: "Lidia, ¿para qué vas?

¿Para hacerte ilusiones y que luego te pegue un corte?".

-Lo siento.

-Es que ya llevas unos cuantos. -Ya, lo siento.

Por eso quería quedar contigo, para...

para disculparme por todo, Lidia.

-Bueno, tampoco hace falta que me pidas perdón, Hanna,

tú eres libre de estar o no con quién te dé la gana.

Soy yo, tía.

Que no te pillo.

Porque tú te acercas...

te acercas, te acercas, y cuando yo voy...

sales corriendo.

-Siento mucho lo que te dije en el hospital.

-Bueno, ya está.

Ya está.

Yo qué sé, tampoco me prometiste nada, ¿no?

Lo único que bueno, molaría que...

que tuvieras las ideas claras antes de dar esperanzas.

-Tienes razón.

-¿Y adónde te vas?

-Ah...

He pedido unos días libres en el curro.

-¿Vacaciones?

-No sé si llamarlo vacaciones, pero...

tomar un poco de distancia de mi vida.

-De tu vida y... de mí.

-A ver, tampoco te voy a mentir

y decirte que no tienes nada que ver con esto, sí.

A ver...

Sé que soy muy difícil.

Y que...

(SUSPIRA)

Nunca sabes qué se me pasa por la cabeza y...

sé que te he estado mareando mucho

y que te he decepcionado.

Pero necesito que sepas que...

que me importas mucho.

-¿Que te importo?

-Sí.

Sé que a veces no se nota y que...

que he hecho muy mal las cosas, pero es así y siempre ha sido así.

-¿Seguro que te vas unos días? Porque me da la sensación

de que te despides para siempre.

-No, no, simplemente necesito reflexionar un poco

y... aclarar las ideas.

Pero lo que sí que tengo claro es que me importas

y quería que lo supieras.

¿Te molesta que te diga esto? -No, no, no, claro que no.

-Es que...

como te quedas callada, no sé qué...

-Ya, bueno, es que no...

no sé qué decir.

-No te preocupes, lo entiendo.

-Oye, y cuando vuelvas, ¿me llamarás?

-Claro. -Bueno, si quieres antes, también.

(Móvil)

Perdona.

Es de comisaría, tengo que pillarlo.

-Sí, sí, claro, si yo me tengo que ir ya,

así que... -Vale.

¿Hablamos?

¿Sí?

Dime.

Voy para allá.

-¿Seguro que no tienes ningún hueso roto ni nada?

-Yo no, pero no le puedo asegurar que el otro sí.

-Eso es problema suyo, no será porque no se lo advertiste.

-Ya ve de qué me valen las advertencias.

A usted también se lo avisé. -¿De qué me avisaste?

-De que se estaba caldeando la cosa.

-Ángel, de eso se trata, cuanto más beben,

más apuestan, lo sé. -Sí, más beben, más apuestan,

y el que se pega soy yo. -Tampoco es lo normal.

-Es la segunda vez que me pego con alguien.

-A ver, es verdad, tenía que haberlo visto venir.

Ese tío estaba haciendo comentarios muy desagradables.

-Era un pinche racista.

No entiendo cómo se la coló para entrar.

-Tienes razón, no debería haberle invitado.

-Es que luego por gente así se da a conocer estos lugares.

-Descuida, que Gago no vuelve a pisar el hotel.

-Pero si le pegué, jefe, va a ir por ahí diciendo:

"Me pegaron en una... partida de póquer clandestina en Novasur".

-Lo dudo.

Sabe que los dos puñetazos que se llevó

se los tenía ganados a pulso. Le podías haber dado más,

pero te mantuviste en tu sitio.

Deja que te llevo el traje a la tintorería.

-No, hay una tintorería cerca de mi casa.

-No, esto lo paga el hotel. La camiseta, entre la sangre de Gago

y la copa que te tiró, está para tirarla,

y las manchas del traje te va a costar sacarlas.

-Jefe, esta fue mi última.

El traje se va conmigo.

-A ver, Ángel.

¿De verdad estás dispuesto a renunciar a esto?

-¿Esto solo por una?

-Tú verás, diez jugadores, con todo el dinero que ha entrado

en caja, es lo que hablamos, vas a comisión.

-Es un dineral.

-Y Gago estará rabioso, porque ha visto que este sitio

es un lugar serio. Si hay que poner orden,

se pone, pero sin pasarse. El resto de jugadores lo sabe

y esa gente vuelve.

-Ellos vuelven, pero yo no.

Por favor, no insista. -Ángel, echa cuentas.

Con media docena de noches así, te compras un coche.

-¿Para qué quiero un coche? -Una moto o yo qué sé,

un viaje, unas vacaciones, o dinero en el banco

para una emergencia. -Entiendo para qué sirve el dinero

y es muy tentador.

Yo también lo quiero, pero le hice una promesa

a mi hermana. -Dale con tu hermana.

Deja de consentir que te trate como a un crío.

Tu hermana que se meta en su vida. -Mi hermana sufrió mucho

y yo no pretendo que usted lo entienda.

Si mi hermana me dice que deje lo ilegal,

dejo lo ilegal. -¿Qué ilegal?

Ni que vendiésemos drogas.

-Por favor, jefe.

Esto es ilegal, esto es ilegal.

Puede que no vendamos drogas ni matemos a nadie,

pero si llega la policía, vamos la cárcel.

¿Y quién termina sufriendo? Mi hermana. No lo voy a permitir.

Buenas noches.

Buenas noches, Miguel.

¿Me abres, por favor? No te preocupes, yo me hago cargo.

Gracias.

Déjalo, Claudia, no te metas en líos.

El que se ha metido en un buen lío ha sido el Arteaga ese.

No sé qué investigación estará haciendo, pero vamos...

Se ha lucido deteniendo a un inocente.

Bueno, ¿qué te ha dicho tu abogado?

Nada, que no declare, que no diga nada.

Pues me parece bien.

Hazle caso, ¿eh?

Tú no digas nada, te diga lo que te diga,

no entres al trapo.

No vaya a ser que al final quiera denunciarte por desacato

o algo así.

Antonio, sabes que yo te sacaría de aquí inmediatamente si pudiera.

No te preocupes, no pasa nada por dormir aquí una noche.

Me estaba cansando del hotel.

Necesitaba un cambio de aires, eso está claro.

Desde luego tienes un humor.

Me río por no llorar.

(Notificación de móvil)

Oye...

¿Me bajo un sillón y me quedo aquí a pasar la noche?

No pasábamos la noche en casa, ¿vamos a pasarla aquí? No.

Mira, voy a comer esto que me ha mandado María y...

si no hay borrachos que me despierten con sus gritos,

voy a dormir como un bendito. ¿Y si me subo a La Parra,

cojo algo para mí y cenamos juntos aquí?

(Notificación de móvil)

Cógelo.

Igual es Salgado para hablar de trabajo, claro.

(SUSPIRA)

No hagas esto, Antonio, por favor.

No ha estado bien.

(Notificación de móvil)

Perdón.

Ay, mira.

Es Olga.

¿Qué hacemos?

¿Le decimos lo que ha pasado? No le cuentes nada.

Bastantes disgustos le hemos dado ya.

¿Y qué hago si me pregunta por ti? ¿Qué dice?

Pues bueno, que qué tal estoy yo y qué tal las cosas contigo.

Dile que todo sigue igual y no des detalles.

A mí no me va a llamar, hemos hablado esta mañana.

Ocultarle una cosa así no me parece bien, deberíamos decírselo.

No, por favor, no quiero que sufra por mí.

Si se lo dices, coge el primer avión y se viene aquí.

¿Y qué? Que no quiero que venga.

No quiero que me vea así.

Bastante complicado es todo ya, ¿no te parece?

Pero vamos a ver,

Antonio... Pero nada. Por favor, hazlo por mí.

Vale.

Como quieras, luego le contesto.

Vete a casa, si a estas horas no vamos a solucionar nada, ¿no?

Ya hablamos mañana.

Como quieras.

Pero escúchame, si necesitas cualquier cosa

dile a Miguel que me llame inmediatamente.

Miguel, por favor.

Gracias.

Buenas noches. Buenas noches.

-Además, ¿de qué tienes tú que ir a hablar con Quintero?

¡Con lo que me ha hecho!

Es que no vas a mejorar las cosas así.

-Si preguntara me dirías que no.

-Claro. -No perdemos nada por intentarlo.

-Tiempo. Eso es lo que perdemos. Y fuerza.

¿No ves que nos ve débiles? -No creo.

Quintero solo tiene una obsesión y es cargarse a Vlado Khan, ¿vale?

Cuando te la ha jugado a ti era para acercarse a él.

-Si ya lo sé.

Este lo único que quiere es enmerdarlo todo.

Le da todo igual.

Sé perfectamente que los hombres de Vlado van a venir a por mí.

-Tú tranquila.

Como vengan a por ti, me encontrarán a mí.

-Ni siquiera deberías estar aquí.

Cada vez que sales me pones en peligro.

-No me importa el riesgo si sé que estás a salvo.

-Tengo a Lucho y a Montes.

-Eva, yo no me fío ni de mi sombra, ¿vale?

Mientras Vlado Khan esté vivo, yo de aquí no me muevo.

-Gracias.

-No te oí llegar. -Acabo de llegar.

-Ah, OK.

¿Cómo te fue la despedida?

-Bien, bien.

Estuvo bien. -¿Y esto qué?

-Ah, es el traje de...

ya sabes qué.

-Ah. -Pero creo que ya no lo voy a usar.

-A lo mejor para el siguiente trabajo, ¿no?

-Sí, como me van a dar de director de banco.

-Uno nunca sabe.

-Pues sí. -¿Ahora qué traes?

-Nada.

Estoy cansado.

-Oye, avísame cuando vayas a dormir y le bajo para no molestarte.

-Vale. Le dije a Paty que estabas buscando trabajo.

-¿Por qué?

-Porque si se entera de algo, para que te diga.

-Aún me quedan unos días en el hotel, no entiendo.

-Ya sé, ya sé.

Ángel, ¿cuántas veces te he dicho que no dejes la ropa en la lavadora

porque se apesta?

¿Y esto? -Dámelo, dame. Yo lo pongo.

-¿Esta mancha qué? -Nada, dámelo.

-¿Qué es esta mancha? -Un poquito de vino. Dámelo, Dani.

-Esto no es vino.

-Sí.

-Esto es sangre.

-Cómo va a ser sangre, Dani.

Está bien. Te lo voy a decir, pero, por favor, tranquila, ¿OK?

-Estoy tranquila.

-Tuve que ir a la última jugada.

-¿No dijiste que ya había terminado?

-Era urgente, de verdad. Era la única manera de despedirme.

Ya había quedado con los jugadores,

no había manera de cancelarla.

Es la última, te lo juro por Dios. Dani, dámela.

-¿Qué te pasó en la mano?

-Nada, nada.

Ya sabes, un... Nada.

-Tuviste que dar una paliza, ¿no? -Que yo no le doy palizas a nadie.

Nada más uno se puso un poco borracho, yo lo separé y ya.

-Ya. -Te lo juro por Dios, Dani.

Mírame, fue la última. -Sí, sí, está bien, está bien.

-Pues ya está. -No, si la culpa la tengo yo

por creerte si sé que eres un pinche mentiroso.

-Que fue la última, mírame, te lo juro por Dios.

Es más, ten.

Mira, todo esto es lo que gané. Quédatelo tú.

-No quiero ese dinero, ya te lo dije. -No, quédatelo.

-Que no lo quiero, devuélvelo.

-¿Cómo lo voy a devolver? Podemos pagar unos meses de alquiler.

-Devuélvelo.

El alquiler de mi casa lo pago yo con mi trabajo, que es honrado.

Ten tu pinche camisa.

-¿Y cuánto tengo que esperar hasta irme a casa?

-Hasta que Montes no llegue y toque el timbre, no saldremos.

No será mucho, es por seguridad.

-Que me acompañes bien, pero que hagas guardia no.

-No, claro.

Si pasa algo y estoy allí podrían acusarte de encubrimiento.

Montaré guardia en la puerta. -¿Y vas a dormir en el coche?

-No, pretendo pasar la noche despierto.

-No digas tonterías, por favor, tonterías.

-Vlado Khan te manda saludos.

-¡No, no, no!

¡No!

¡Abel, Abel!

¡Aguanta, aguanta! ¡Por favor, aguanta!

-Lo siento, Eva, te he fallado. -No me has fallado, no.

-Estoy perdiendo reflejos.

-¡No!

¡Aguanta, mírame! ¡Mírame, mírame!

-Mírame... -Cuídate mucho, cariño.

Y cuida de la peque. -No, Abel...

¡Abel!

(LLORA) Abel...

¡No!

-Me agarró así, por detrás, y me caí al suelo.

A punto estuve de desmayarme.

-He comprobado las cámaras y no han captado nada.

-¿Eso cómo puede ser?

-Pues una de dos: o que no fuera en ese sitio el atraco

o que la cámara haya pillado un ángulo muerto y no se vea.

-Debieron amenazar de muerte a Larrea, se lo tomó muy en serio

y puso a su familia lejos.

-Pero ¿quién?

-¿Alexei?

-Yo también me alegro de volver a verte.

Pero esta vez vamos a llevarnos bien, ¿de acuerdo?

(HANNA) -"Hola, soy Hanna. Ahora no puedo atenderte.

Deja un mensaje y en cuanto pueda te devuelvo la llamada".

-No esperaba que empezaran a investigar a mis espaldas.

¿Por qué intentan sabotear mi investigación?

No te hagas mala sangre, Antonio, escucha.

Ahora lo importante es que Arteaga se dé cuenta de que eres inocente.

¿Cómo? Tiene su propia versión, no la quiere cambiar.

Antonio es íntegro, es honesto. Solo se desvive por sus pacientes.

Hace tres o cuatro semanas estuve en un congreso

en Valladolid como ponente.

En un momento determinado fui a echar mano a la cartera y...

no estaba, la había perdido.

-Va a ir a por ti también. Ya te estará haciendo algún tipo

de seguimiento. ¿Has notado algo raro o has visto a alguien?

-No, por ahora no he notado nada raro.

Dime cómo era el sicario ese.

(VLADO) -"¿Cómo has podido aliarte con la rata de Quintero?".

-Me aliaría con el demonio con tal de acabar contigo.

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Servir y proteger - Capítulo 911

05 mar 2021

Antonio rechaza la compañía de Miralles en el calabozo, porque sigue a la defensiva.

Abel intenta una alianza con Quintero para enfrentarse a Khan y proteger a Eva. Hanna, dispuesta a abandonar Distrito Sur, se despide de Lidia. Pero alguien le impide marcharse.

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