Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 909 - Ver ahora
Transcripción completa

Por fin tu amiguito el malnacido da señales de vida.

(VLADO) -"Quintero, maldito bastardo.

Acabaré contigo cuando menos te lo esperes,

¿me entiendes?

Exactamente igual que hice con tu hija".

-Acaba de llamar Mencía Urquijo, su mujer.

Su marido se presentó en casa esta mañana sano y salvo.

-Lo que tienes que hacer es no irte de la lengua.

-No te preocupes, si me buscan, no me encontrarán.

Estoy haciendo los preparativos para salir del país.

No quiero estar cuando aparezca Vlado.

-No hay donde agarrarse para creer que miente.

-Pero hay algo que no cuadra. No sé qué es, pero hay algo.

-Sabes que este tío vendrá a por mí. -Te lo buscaste tú,

no haberte asociado con él.

(BRUNO) -"No sé qué quieres, pero no quiero saber nada más de ti".

-Quintero le despluma, le paga la deuda

y él a cambio nos espía.

-¿Por qué has decidido salvarme?

-Porque no soy una asesina.

Y no quiero que mi hermana lo sea.

-Por favor, piensa en Bea, no te lo perdonará en la vida.

Por favor te lo pido. -No se enterará jamás.

-Eva...

(Música emocionante)

¿Casarte?

¿Cómo te vas a casar, mamá, si no crees en el matrimonio?

No, que yo me alegro un montón por ti, pero no sé, flipo un poco.

Venga, no sé si voy a poder ir, tengo mucho trabajo en la comisaría.

Ya hablamos, ¿vale?

Sí, venga, anda, yo también te quiero.

Adiós.

-¿Qué pasa? ¿He oído que tu madre se casa?

-Sí, tía.

Increíble, ¿no? Dentro de una semana.

(RÍE) -Pero ¿conoces al novio? -¿Qué le voy a conocer?

Hablé con ella la semana pasada y no lo conocía ni ella.

-¿Tu madre se va a casar de sopetón con un tío que acaba de conocer?

-Bueno, a lo mejor ha sido un flechazo.

-¿Flechazo? ¿Qué va a ser un flechazo?

Mi madre es una persona que actúa por impulsos.

Dice que lo que le depara el destino es cosa del karma

y hay que dejarse llevar, y se lanza de cabeza.

-Te habrá contado cómo es él. Habéis estado media hora al teléfono.

-Me ha dicho que era griego,

que lo conoció en una fiesta en Formentera, en la playa

y que lo de ellos fue un... un flechazo,

así a plena vista. Bueno, un flechazo no,

¿cómo lo llamó?

Una conexión espiritual y bioenergética.

¿Eh?

Y después de una semana de fiesta en la playa,

otra semana de fiesta en el velero, pues... han decidido casarse.

Se llama Georgios el hombre. -¿Te ha pasado alguna foto?

-No, no, ni quiero...

(Notificación de móvil)

¿Qué pasa?

-Foto de Georgios.

-A ver, a ver, enséñame eso.

-Bueno. -Bueno...

-Bueno, no está mal. -No, no, se conserva bien.

-No, no está mal.

Vive en una isla de Grecia,

Fo... Folaje... Foleja...

No me acuerdo cómo se dice.

Y sí, tiene un velero, tiene un velero,

le gusta navegar por el Mediterráneo. -O sea, tiene un barco.

Es un partidazo, ¿eh? -A mi madre no le pega el matrimonio,

en general, es que nunca ha creído en él.

Pero dice que ha evolucionado y que Georgios y ella son...

almas afines, ha dicho.

-¿Se casan en España o en Grecia? -En el velero, en alta mar.

Va a oficiar la boda un amigo de Georgios, un capitán.

Y van a hacer la boda

con una especie de ritual de comunión con el cosmos.

(RÍE) -Una movida de esas.

-Tu madre es la leche, ¿eh?

-Cuando nació, rompieron el molde.

-No te veo muy entusiasmada a ti.

-Pero ¿cómo voy a estar entusiasmada?

Si no me lo puedo tomar en serio. Se conocen desde hace una semana.

Eso va a salir mal, seguro. -Qué exagerada eres.

-Que no soy exagerada.

Que no, ya verás.

No puedo hacer nada, ella ya es mayorcita, ¿no?

¿Sabes lo que pasa? Si sale mal, quien se comerá sus lamentos soy yo.

-Bueno, vale, muy bien, ya te has quejado.

Ahora, ¿por qué no pasamos a la fase dos?

¿Qué te pondrás? La boda es en una semana,

no hay mucho tiempo.

-No sé si voy a ir.

-¿Cómo no vas a ir? Tienes que ir, tía.

El otro día dijiste que tenías días de vacaciones, pídetelos.

-Ya, pero todavía tengo muchos casos abiertos en la UFAM.

-Bueno, pero eso lo puede hacer otra persona.

A la boda de tu madre tienes que ir. -Claro.

-No me deis la brasa, por favor, ya veré lo que hago, ¿no?

Me voy a la comisaría, que ya es tarde. Adiós.

-Hasta ahora. -Venga.

-Adiós. -Adiós.

-Buenos días.

-Ay, buenos días.

Perdóname, hice ruido, no te quise despertar.

¿Llegaste tarde anoche? -Tranquila, tranquila, no pasa nada.

Me puse el despertador porque te tengo una sorpresita.

-Dije que no quería volver a tocar ese dinero.

-Esto es diferente. Digamos que ayer me fue bien en el póquer,

también gané en la ruleta. -¿Qué me quieres decir con eso?

-Cuéntalo, cuéntalo y ya me dices.

Tómate el tiempo que quieras.

-Con esto podemos terminar de pagar el crédito.

-Afirmativo, señorita.

¿Qué?

Pensé que te ibas a poner contenta.

-Claro que estoy contenta. Después de todos los sacrificios

que hemos hecho para pagar este pinche crédito

y lo que he sufrido pensando en que te descubran

o que te vuelvan a dar una golpiza.

-Pues ya está, ya ves, no pasó ni una ni la otra.

Para que veas que me puedo cuidar y también a ti.

-Qué alivio, de verdad.

Me sentía como una pinche esclava.

-Pues ya, oficialmente, somos libres, niña, ¿eh?

Así que...

ya podemos decir

que los hermanos Moreno empiezan una nueva vida

a partir de hoy.

Eso lo tenemos que celebrar, ¿no?

-Sí, claro que lo tenemos que celebrar.

-Pues había pensado hacerte uno de mis menús.

Que no sé cuál es.

(RÍE) -Deporte de riesgo, ¿no?

-¿Por qué? -Porque la última vez

casi quemas mi cocina, ¿recuerdas?

-Ah, ¿sí? No te preocupes, señorita, me traeré un extintor del hotel.

-Ándale, esa es buena idea.

-Venga ya y celebramos, que nos lo merecemos, mi Dani, ¿eh?

-Oye, hablando del hotel. Ahora sí lo vas a dejar, ¿no?

¿Recuerdas que dijiste que cuando pagaras el crédito...?

Ya. -Sí, sí, sí.

Sí.

Además, acuérdate de que

le tengo que dar, aunque sea, 15 días a Joaquín

para que me dé el finiquito y eso.

-¿15 días?

-Sí.

-Pero mientras nada de timbas ilegales, ¿no?

Puros trabajos de mantenimiento. -Puros trabajos de mantenimiento.

-¿Me lo prometes, Ángel? -Sí, te lo prometo.

-¿En serio que ni tú ni ninguno de tus hombres tenéis ni idea

de si ese cerdo ha entrado ya o no ha entrado en España?

Está bien, está bien, tranquilo, no pasa nada.

De todas formas, si tú o alguna de tu gente

os enteráis de si ese tío entra, avisadme inmediatamente, ¿vale?

(Puerta)

Soy Hanna. -Te tengo que colgar ahora.

Venga, hasta luego, un abrazo.

Hanna, pasa. -Hola.

He oído que estabas hablando por teléfono.

-Sí, sí, pasa, por favor.

Pasa.

Estaba hablando con...

con uno de mis contactos. Lo he llamado para preguntarle

si él o alguno de sus hombres tenían idea de si ese cerdo

ha podido entrar o no en España, y no tienen ni idea.

-Claro.

Si sabe que la policía lo está buscando

y tú lo estás esperando, pues está teniendo mucho cuidado.

-Lo sé, lo sé. También creo que está jugando

de alguna forma conmigo, porque sabe que esta espera

me está matando.

-Está esperando para atacarte por sorpresa, Fernando.

-Ya, ya.

Pero no me queda otra, no tengo más remedio que esperar.

-¿Recuerdas lo que te dijo por teléfono?

¿Que... que haría las cosas a su tiempo y a su modo?

(SUSPIRA) Pues lo único de lo que estoy segura es que...

atacará cuando menos nos lo esperamos.

-Sí, pero no te preocupes, ya soy perro viejo

y no soy tan fácil de sorprender, así que tranquila.

-Vale, pues venga, vamos a sentarnos y pensar en una estrategia

para estar prevenidos y para protegernos.

-No te preocupes, ya he pensado en eso también.

Toma.

Esto es para ti. -¿Qué es?

-Ahí dentro tienes dinero en efectivo,

un teléfono móvil, documentación, lo más importante,

tienes un billete de autobús para Altea, Alicante.

Sale esta misma tarde.

Entiendo que ayer estuvimos hablando de todo esto

y que no te hace gracia la idea, pero, Hanna, créeme,

es lo mejor que podemos hacer. Necesitas salir de Madrid

porque si te quedas aquí estás corriendo mucho peligro.

-Quieres que huya.

-A ver, no se trata de una huida, tú misma acabas de decir

hace un momento, tenemos que protegernos,

sobre todo hay que protegerte a ti. Es lo mejor que podemos hacer, Hanna,

porque si te quedas en Madrid sería una locura, correrías mucho peligro.

-No lo pienso coger. -¿Qué?

Hanna,

por favor, no seas cabezota, te lo pido por favor.

-Fernando, tienes que dejar de verme como una niña pequeña

por la que tienes que tomar decisiones.

Me lo tenías que haber consultado.

-Lo sé, sé que te lo tenía que haber consultado,

pero no tenemos tiempo.

Te estoy diciendo que tenemos que tomar decisiones rápido.

-¡Que no me voy!

Métetelo en la cabeza, me quedo aquí.

-Quedarte sería una locura, te lo vuelvo a repetir.

Estarías corriendo mucho peligro y no puedo permitir que te pase nada.

-Vale, he venido aquí para decirte que por la noche he pensado

en lo que estábamos hablando y me dije:

"He sacrificado muchísimo

para estar donde estoy ahora

y he dejado a gente por el camino".

Lo sabes.

Y tú y yo nos hemos aliado para hacer esto juntos.

-Pero tú ya has hecho todo lo que podías hacer

por mí, además, tú misma lo reconoces.

Cada vez estás más asustada por si ese tío pueda aparecer.

-Claro que estoy asustada, porque sé a lo que es capaz.

Pero tú me necesitas, Fernando.

-A ver, Hanna, te lo vuelvo a decir.

Ya has hecho todo lo que tenías que hacer por mí,

¿de acuerdo? Y no te necesito tanto ahora mismo.

No te preocupes por lo que me pueda pasar,

voy incluso a contratar a un sicario con el que ya trabajé hace un tiempo.

Él me cubrirá las espaldas. Coge esto y vete a esa casa en Altea,

te lo pido por favor.

-Fernando, te advierto que esta es la última vez

que tomas una decisión así sin consultarme.

La época en la que los hombres hacían eso conmigo ya pasó.

Y esto...

métetelo por donde te quepa.

Cada vez que miro esta pizarra se me encoge el corazón.

Tenemos que dar con ese maldito asesino

de una puñetera vez.

La investigación ahora está centrada en el adiestrador de Lucas Infante

con el que hacía entrenamiento físico y prácticas de tiro en Tordal.

¿Qué sabemos de él?

Pensamos que puede ser un instructor militar.

¿Tenemos alguna pista más?

No todavía.

Juega al gato y al ratón con nosotros.

Y nosotros somos los ratones.

Bien, si ese instructor es la única manera que tenemos

de dar con Lucas Infante, habrá que encontrarlo.

Desde la encerrona del vivero

se ha borrado de la faz de la tierra.

Daremos con él, pero hay que mantener la cabeza fría,

si no habrá ganado.

Bueno, tiene que ser alguien que Lucas conozca muy bien.

Tan hermético como él,

no se iría con cualquiera.

Pensamos lo mismo.

Bien, ¿cuál es el siguiente paso?

Vamos a empezar investigando

el entorno de la academia militar de Zaragoza.

Eso ya lo hicimos, Salgado.

Era un tipo frío, sin amigos,

manipulador y con graves problemas con la autoridad.

Cierto, pero puede que alguien de allí

se ofreciera a seguir adiestrándolo cuando lo echaron.

Quizá un alumno de un curso superior, quizá un antiguo profesor.

Está bien, seguid tirando de cualquier cosa.

La nota que Lucas le dejó a Alba Ochoa

es una amenaza directa contra nosotros

y puede cumplirla en cualquier momento.

El problema es que la descripción

que nos dio el guía de montaña que los vio juntos

es demasiado vaga, la Guardia Civil está investigando, pero...

Ya, entiendo.

Por ahora es la única línea de investigación

que podemos seguir, ¿no?

Así que por ahora vamos a sacarle el jugo que podamos.

De acuerdo.

¿Sabes si Lucas Infante ha intentado contactar otra vez con Alba Ochoa?

No y lo sabemos muy bien

porque los hombres que la custodian no se separan de ella.

A estas alturas, podemos dar por hecho

que no le va a hacer ningún daño.

La ha perdonado por delatarle, como le dijo en la nota.

Cierto, pero Miralles y yo pensamos que es una trampa

para que nos confiemos y justo entonces saltar sobre ella.

Es la razón con la que la he convencido

para que siguiera teniendo escolta.

¿Estáis seguros?

Por despiadado que sea seguro que necesita algo que le conecte

con su lado humano y ese algo es Alba Ochoa.

Cierto, pero el vigilante ya nos ha engañado varias veces.

Es mejor no bajar la guardia.

Está bien, mantendré la vigilancia 15 días más.

Pero si la cosa sigue estando igual de tranquila

no tendré ninguna forma de justificarla

y tendremos que retirársela.

¿Qué ocurre? ¿Te han hecho alguna observación al respecto?

Sí, el comisario de Distrito 5.

Todos los hombres del dispositivo de vigilancia son suyos.

Anda escaso de recursos y necesita sus agentes

para cumplir su trabajo habitual.

Lo mismo de siempre.

Sí, pero esta vez mucho peor. En fin, hablaré con el comisario.

Tendrá que entender que lo principal es que Alba esté segura.

Por supuesto.

¿Alguna cosa más?

No por mi parte.

Mañana me voy a Ávila con Miralles.

Vamos a dar unas charlas a los alumnos.

Vete tranquilo, yo me encargo de todo.

Bremón.

¡Quintero!

-Beatriz, qué sorpresa, ¿cómo estás?

¿Puedo hacer algo por ti? -No, tú no, qué va.

Quería decirte que no vas a volver a ver a Bruno,

ayer ya se fue de la ciudad. -Sí, lo sé.

Me lo dijo tu hermana y la verdad me extrañó bastante

que lo dejase irse así como así, sin más, después de todo lo que pasó.

-No entiendo, ¿qué quieres decir?

-Dejarlo ir así sin más después de la jugada tan fea que os ha hecho,

no sé. -Jugada que nos hizo por tu culpa.

Porque tú le engañaste, le manipulaste, le amenazaste

para que nos espiase.

-Tendrías que agradecerme el hecho de haberte quitado de en medio

a un tipo como ese, ¿no?

Tendrías que tener más cuidado con quién te relacionas.

Mucho cuidado con lo que haces, Beatriz.

Ten mucho cuidado,

¿de acuerdo?

Porque en esta mierda de mundo en la que te estás metiendo

te puedo asegurar que nadie tiene escrúpulos.

Por eso tienes que tener cuidado de la gente con la que te rodees.

-Tú no me das lecciones, Quintero.

-No estoy tratando de darte lecciones.

Solo trato de que seas un poco discreta,

está pasando policía por aquí por medio, ¿sabes?

En todo caso igual estoy intentando darte algún consejo

porque creo que eres lo suficientemente novata

como para no saber dónde tienes la nariz.

Verás, Beatriz,

en este mundo, cuando menos te lo esperas,

amaneces con la espalda llena de puñaladas

y la mayoría de las veces de quien menos te lo esperas.

Como en tu caso.

Te dio la puñalada la persona que compartía esa cama contigo,

compartía tu vida contigo.

Tu propio novio, ese tal Bruno.

-Qué ganas tengo, Quintero, de hacerte tragar esa actitud tuya

asquerosa de perdona vidas que tienes con todo el mundo.

-Hola, ¿qué está pasando aquí?

-Eva, ¿qué tal?

Nada, solo estaba dando algún consejo a tu hermana, nada más.

-Qué manía tú con los consejos, ¿no?

¿Por qué no te buscas una familia y dejas a la mía en paz?

-Yo no quiero tener nada que ver con vuestra familia.

Díselo a tu hermana que ha sido la que se me ha acercado.

Que me deje ella en paz, yo cuanto más lejos esté de las Velasco mejor.

Que tengáis buen día. -Anda.

¿Qué pasa?

-¿Qué pasa? Que hay que pararle los pies, Eva,

porque no para de reírse de nosotras, eso pasa.

-Alguien le pondrá en su sitio, no te preocupes.

-¿Sí? ¿Quién?

-Alguien, digo yo, ¿no?

Vamos, con la soberbia con la que va este tío por la vida.

¿Qué?

-Que hay algo que no entiendo de tu relación con Quintero.

Primero me dijiste que estaba empeñado en ser tu socio

y que no paraba de insistirte,

y luego nos roba las armas

para tenerte a ti pillada y que le des un contacto

para que él ajuste cuentas, no entiendo.

-Creo que deberías apagar la cabeza un rato.

-Vale, ¿y Hanna qué tiene que ver?

¿Por qué ayudó a Quintero con lo de las armas?

-Hanna, lo que le pasa a Hanna es que le da lo mismo todo.

Y haría lo que fuese por sacarte información.

Ten cuidado, mantente alejada.

-Calla, que a ti ya te la lio cuando estabais vosotras juntas.

-No quiero hablar de eso.

-O sea, estuvo contigo para sacarte información,

para espiarte.

Por eso te mosquea tanto que hablemos de ella.

O es porque sigues pillada por Hanna.

-¿Yo? -Digo.

-¿Por alguien que me traicionó? No.

-Ya.

Me alegra no ser la única idiota que se deja engañar

por una persona a la que quiere. Mi pregunta es, ¿qué hacemos después?

Cuando una persona a la que queremos tanto

nos utiliza de una forma tan fea.

-¿Hacernos más fuertes?

Venga, anda, vamos, tira.

-Así que la madre de Lara se casa en un barco.

Qué bonito.

Qué bien.

Me encantan las bodas.

¿Cómo habéis dicho que se llama su novio?

Georgios. He encontrado una foto de él en las redes sociales de Julia.

-A ver.

Oye, pues tiene su puntillo el hombre, ¿no?

Y ole por ella casarse así de repente.

Yo no sabía que era tan... liberal, ¿no?

Uy, la madre de Lara es un puntazo, es una jipi de estas

de las de antes, de las de terapias alternativas,

meditaciones, amor libre.

-Sí y una experta en meterse en líos.

Estuvo implicada en un caso de tráfico de drogas.

Utilizaba la marihuana como... uso medicinal.

¿En Formentera? No, aquí.

En Distrito Sur.

Le pidió a Lara la casa y no le dijo para qué.

Menos mal que yo no estaba en el piso todavía.

-Yo lo de la marihuana... no digo ni sí ni no,

pero te digo que a mí sí que me dio algunos remedios de estos naturales

de terapia alternativa que me fueron fenomenal.

Buenísimo, buenísimo. Me habláis así de ella

y no me imagino a nuestra compañera tan seria.

Me imagino de repente a una Lara...

que va por el mundo en una furgoneta de colores

cantando canciones al amor libre.

A veces los hijos no se parecen en nada a los padres.

-Ya.

Oye, y...

¿Iván qué piensa? Porque yo creo que el modo de vida de Julia

le va a chirriar un poquito.

Aún no he comentado nada de esto con Iván,

pero tiene una mente muy abierta. Sí, muy abierta hasta que venga ella

a decirle que le va a curar la cojera bailando y tocando las maracas.

¿En serio? Sí. (RÍE)

Sí, sí, de verdad.

-Buenas. -Ey.

¿Estáis de buen humor? A ver si me lo pegáis un poco,

que llevo un día... -¿Mucho trabajo?

-Muchísimo. Además, Lidia y Néstor me han pedido que revise

las cámaras del metro y...

Una banda de carteristas, que quieren dar con ella,

y me he pegado viendo vagones... horas.

-Pues nada, chico, te mereces un descanso. ¿Qué te pongo?

-Eh...

Una tónica, venga. -Muy bien.

Bueno, pues yo te pongo esto y me voy a ir para dentro, ¿vale?

-Vale. -Que tengo muchísimo trajín.

Dale la enhorabuena a Lara de mi parte.

-¿La enhorabuena a Lara?

Bueno, la enhorabuena a Lara...

a su madre y también a ti,

¿eh, galán? Que te vas una semanita

a Formentera con viaje en velero incluido.

No...

No sé de qué me estás hablando. No sé, ¿qué pasa?

-¿No te ha dicho nada Lara?

-¿Nada de qué?

Pero no os calléis, ¿qué pasa?

La madre de Lara se casa.

¿En serio? Sí.

Pensaba que lo sabías.

¿Y cuándo se casa? -La semana que viene.

Además, no es una boda corriente. Se casa en un velero en alta mar

frente a las costas de Formentera.

¿Has aprobado las asignaturas pendientes?

Ah, genial.

Vale, sí, entonces todo sigue adelante, claro.

Pero no hables con tu madre todavía, sabes que no le gusta demasiado.

(Puerta)

No, déjame que sea yo el que hable con ella,

a ver si intento convencerla.

Hija, tengo que dejarte. Luego hablamos, estoy ocupado.

Venga, un beso, un beso.

-Jefe, regreso en otro momento tranquilamente.

-No, estaba hablando con mi hija mayor.

Simplemente le estaba regalando un viaje para este verano a Bali.

-Ah, no se quejará, digo yo.

-Ya vamos pudiendo permitirnos cosas gracias a nuestro negociete.

No te quejarás tampoco, ayer sacaste un buen pellizco.

-Sí, sí, sí.

-¿Qué querías? ¿Algo de la puerta del ascensor?

-Sí, también... -Pero ¿has hablado con mantenimiento?

Varios clientes se han quejado. Uno incluso ha puesto

una reclamación por escrito. La gente es que es tiquismiquis.

-No se preocupe, lo del ascensor está resuelto.

Era un fallo eléctrico... -Hombre, gracias, Ángel.

No sé qué haría sin ti. ¿Has visto?

Eres imprescindible en el negocio. No solamente en el hotel,

sino también en el del sótano.

-Bueno, cualquiera podría hacer eso, ¿no?

-No seas modesto que no es verdad.

Por cierto, vete abriendo hueco en la agenda para mañana en la noche.

-¿Por qué?

-Tenemos noche de ruleta, pero a lo grande.

Diez jugadores y todos con un montón de pasta.

-¿Diez jugadores? Nunca hemos tenido tantos.

-Vete acostumbrando, hay que pensar a lo grande,

sobre todo cuando las cosas van bien.

-Jefe, pero igual alguno se va de...

-Son gente de confianza, sabes que miro bien a quién elijo.

-No sé.

-¿No estás contento?

-No, sí, sí...

Es que mi hermana... -Otra vez.

¿Otra vez con que tu hermana tiene miedo de que se enteren

de que estás en lo de las timbas?

Ángel, piensa en el dineral que estás ganando gracias a mí.

¿No te gustaría ir a México?

¿Cuánto hace que no ves a tu familia?

-Mucho. -Pues ese viaje a México, un coche...

¿Cuánto tardarías en permitírtelo

con el sueldo de empleado de mantenimiento?

-Tardaría muchísimo. -Y las cosas van a ir a más, Ángel.

Acuérdate.

Tenemos el acuerdo de que vas a comisión.

Por cada jugador.

Haz cuentas de lo que vas a sacar en la noche de ruleta de mañana.

-Uf, un dineral. -Claro.

Y para eso solo tienes que hacer tu trabajo tan bien como hasta ahora.

Ya está.

¿Algo más?

-No, no. -Pues a trabajar.

A trabajar.

-Sí, sí.

-Claudia, ¿te recojo?

Sí, por favor.

Que no te he dicho antes, me ha llamado también Elías,

me ha dicho que... No para de decirme

que nos echa de menos a la comisaría.

Claro, como está de niñera con su hijo y con la pequeñaja,

pues necesita sentirse de vez en cuando policía.

Ay, me cago en la leche. ¿Qué te pasa?

Tengo un dolor en la muñeca desde ayer que para qué.

Acércate al centro de salud que te eche un vistazo Antonio, ¿no?

No encuentro momento, estoy superliada.

Cuando pueda me escapo.

-Buenas tardes, María. -Hola.

-Miralles.

¿Me pones un café, por favor? -Claro, ahora mismo.

-¿Te importa que me siente? Tengo novedades de la investigación.

No, déjalo. Lo hablamos en comisaría.

Eh... No, espera. Espera, Salgado. Siéntate.

¿Seguro?

Claro.

Todavía somos compañeros.

Además, supongo que es importante lo que me tienes que contar.

Bueno.

He llamado a Zaragoza porque quería hablar con el coronel Salamanca

y le he preguntado si él creía que alguno de los instructores

podría haber trabajado con Lucas Infante

después de echarlo de la academia. ¿Y qué te ha dicho?

Que cree que no y que bastante tienen con instruir a los alumnos

como para hacer horas fuera de trabajo

y encima en el Pirineo de Huesca.

O sea, que no te ha dado pistas.

La verdad es que es bastante frustrante.

-A ver.

Por aquí tu café.

-Gracias, María.

-Hombre, contigo quería yo hablar.

Bueno, si quieres lo dejamos para otro momento, ¿eh?

-Bueno, yo creo que lo importante

es que hemos descartado esa posibilidad,

en la academia militar de Zaragoza... -Anda, ponme un pincho de tortilla

y una cerveza sin alcohol, ¿qué querías decir?

-Pues nada, que llevo un par de días ya con mucho dolor

en la muñeca, dependiendo del gesto que hago.

Sobre todo cuando cojo peso y no es la primera vez que me pasa.

-Hoy tengo un día muy apretado, pero vente mañana a la consulta.

Quiero verlo con calma. -Muy bien.

Discúlpame, me tengo que ir ya para comisaría.

María, me voy, toma.

Discúlpame, que no tengo un billete más pequeño.

Pues tengo que ir a por cambio, en caja no tengo.

Vale.

¿Qué tal, Antonio? ¿Cómo llevas el día?

Bien, hasta que os he visto ahí juntitos tan contentos, bien.

Antonio, por favor.

¿Qué pasa?

Lamento mucho haberos interrumpido el momentazo, pero...

si no queréis que sea así, pues idos a otro bar,

porque yo pienso seguir viniendo aquí.

No has interrumpido nada, que estábamos trabajando...

Sí, tan tranquilamente como siempre.

¿Qué tengo que hacer para no veros juntos?

Me he ido de casa, ¿qué más quieres? Ya no sé qué hacer.

Es que ni por esas.

-Mira, Antonio, no sé de lo que estáis hablando

y ni me importa, pero te aseguro...

-Perdona, pero nadie te ha dado vela en este entierro.

Estaba hablando con ella,

así que no me provoques, que no respondo.

-Tampoco hay que ponerse así que somos personas civilizadas

y además soy policía. -Ahora me vas a dar a mí lecciones.

Oye, ya está bien, por favor. Por favor.

Venga, ¿qué?

Salgado, ¿te importa ir adelantándote tú a comisaría?

Sí, sí.

-Aquí tienes, Claudia.

Gracias, y lo siento, ¿eh?

No tengo nada de qué hablar.

-Hola.

-Hola. -¿Qué tal?

-Bien. -¿Le puedes echar un ojo a esto?

Es una mujer que está recibiendo mensajes amenazadores de su expareja,

eso dice ella. Él lo niega y nada,

necesito que le eches un ojo al teléfono.

Esa es la orden judicial ¿vale? -Vale.

En cuanto tenga un hueco me pongo con ello.

-Vale, perfecto.

-Oye, ¿no tienes nada más que contarme?

-No, todo lo que necesitas saber está ahí.

-Ya, no me refiero a lo de la boda de tu madre.

-¡Ah, eso!

-Sí, bueno, es que no lo sé,

no me has dicho nada, me he tenido que enterar

por Carlos y por Paula, pues... -Ah, porque no quiero

dar importancia a las locuras de mi madre.

Vamos, la prueba es que no pienso ir. -¿Qué dices?

¿No estás hablando en serio? -Sí. Muy serio.

Y vamos, y Paula y Lidia se enteraron porque me llamó mi madre

cuando estaba en casa y me escucharon.

Pero vamos, que me estoy empezando a arrepentir de habérselo contado

porque ya lo debe saber toda la comisaría.

-Pues no lo entiendo. No entiendo por qué no quieres ir.

-A ver, pues porque...

porque no me creo esa boda.

O sea, eso es una excusa de mi madre para montar

una fiesta ibicenca.

-Bueno, a ver, no creo que sea solo por eso, ¿no?

-No, solo por eso no. También para ser la protagonista del sarao.

Que mi madre es así.

Que no, que no, que lo de comprometerse

que no es lo suyo, no va con ella.

-Bueno, a lo mejor esta vez es diferente. No sé.

-No. No. Es mi madre, la conozco. A ella lo que le gusta es la fiesta,

la boda, el "jijiji".

Montar un ritual exótico. Es así.

-Casarse en alta mar en un velero tampoco es algo exótico,

quiero decir, que no es tan raro.

-¿Tú sabes la otra idea que manejaba? -No.

-Casarse debajo de una cascada, en Mallorca.

-Tu madre es una persona imaginativa, que tiene buen rollo, que fluye, ¿no?

Eso no es malo.

-Mira, mi madre ha tenido mogollón de parejas.

Y como mucho, muchísimo le duran, ¿qué decirte? ¿Un mes?

Y cuando lo deja dice que es que sus karmas no eran tan compatibles

como ella pensaba. Sí, sí.

Corta por lo sano, dice que hay que dejarse fluir en la vida...

¿A ti eso te parece serio?

-No. No, no, no es serio. -No, claro que no es serio,

por eso no le puedo dar credibilidad a esa boda.

Es que no se lo cree ni ella. -Bueno, desde tu punto de vista

está claro que seguro que no. -No, no.

Ni desde el mío ni desde el de ella.

Sí, hombre, sí. La gente se casa después de una relación sólida,

con la idea de pasar el mayor tiempo posible con su pareja.

Pero que no, que mi madre es incapaz de tener un compromiso.

Es que no puede.

-Bueno, pero no deja de ser tu madre. -Ya, hombre, ya.

-Yo creo que deberías ir.

Y estoy convencido de que aunque haga todo esto por, como tú dices,

una excusa para hacer una fiesta, creo que ella...

vamos, que le encantaría que estuvieras allí.

-¿En serio?

-En serio. En serio, además, ¿no tenías unos días libres

que no sabías qué hacer con ellos? Pues ya está. Cógetelos y te vas.

-Bueno, sí. Pensaba irme contigo por ahí.

-Bueno, eso también es bien, eso está muy bien,

pero tú y yo nos vemos todos los días

y a tu madre la ves de vez en cuando.

Y la última vez que la viste pues fue por algo bastante triste.

-Ya. Sí, el funeral de África.

-Y desde que pasó lo de África, tu madre ha estado llamándote,

preocupándose por ti, viendo qué tal estás... ¿o no?

(AFIRMA) -¿Entonces? ¡Anímate!

Ve para allá, disfruta, olvídate del trabajo,

de los agobios que hay aquí...

Y yo qué sé, que lo mismo lo del griego

esta vez va en serio.

-No. -Bueno, ¿quién sabe?

-Bueno, anda, vale, te voy a hacer caso.

Voy a llamarla, le voy a decir que voy.

¿Contento? -Mucho. Mucho, claro.

-¿Y por qué estás tú tan contento?

¿Por qué insistes tanto? Te quieres librar de mí ¿o qué?

-Bueno, sí, la verdad es que me...

que me voy a ir a quemar la noche madrileña

con el golfo de Carlos.

(RÍE)

-No te lo crees ni tú.

Bueno, anda, pues nada, me voy a sacar el billete

para mañana, no vaya a ser que me arrepienta.

-Bien hecho.

-Adiós. -Chao.

Cuando tenga algo te aviso, ¿vale?

-¿Ves? Transporte especial,

pero es que en la etiqueta no pone nada, no lo refleja.

-Ya, bueno, menos mal que ha saltado,

si no nos cae una reclamación fijo. (ASIENTE)

(Puerta)

¿Esperas tú a alguien? -No. (CHISTA)

(SUSURRA) -Eva, ¿qué haces?

-¿A estas horas?

-Eva, soy Abel, ¿vas a abrirme o no?

-No me lo puedo creer. -La madre que me parió.

(SUSURRA) Abel, pasa, corre.

-¡Dios!

(RÍEN)

-Ay, cómo te he echado de menos, por Dios.

-Y yo a ti, mi amor, y yo a ti.

Me supo fatal no poder venir

al entierro de vuestro padre, de verdad.

-Ya. -Abel.

¿Qué haces aquí?

-Porque estaba harto de la lluvia y de tanto percebe.

(RÍE) -Menuda guasa, ¿eh?

Que estás en peligro, Abel, estás en orden de busca y captura.

-Tranquila.

No pasa nada, los Carballal me dejaron un coche

y vine discretamente por carreteras secundarias

y me he acercado a la mensajería de noche.

-¿Ves como el tío está en todo?

-Cariño, yo soy un superviviente nato.

Por algo será. -Ya lo sé.

Ya lo sé.

-¿Me quieres contar qué haces aquí?

-Me dejó bastante preocupado lo que me contaste

sobre el cargamento de armas que os robó Fernando Quintero.

-Eso está solucionado.

-Y quién dice que algo así no puede volver a repetirse, ¿eh?

No podía quedarme de brazos cruzados en Galicia

sabiendo que teníais problemas con el negocio.

-Que no tenemos problemas, Abel.

Estamos perfectamente.

Solas, pero acompañadas.

-Vale, pues deja que me quede unos días para comprobarlo

y para que me quede tranquilo, ¿eh?

Y no me hagas volver nada más llegar.

-Eva, por favor, unos días, no va a pasar nada,

nadie se va a enterar.

-Ya, que lo sabes tú, ¿no?

-Tu hermana también me contó

lo de la traición de ese novio tuyo, el...

-Bruno, sí.

-¿Cómo lo llevas?

-Eh... mejor. Pero fue un palo bastante gordo, la verdad.

Pero estoy mejor.

-¿Seguro? -Sí.

-Y al final, ¿qué ha pasado con él?

-Pues que mi hermana le amenazó, le dio un ultimátum

y le dijo: "Te vas inmediatamente de la ciudad y no vuelves nunca".

-Hice lo que había que hacer.

¿Dónde te quedas tú?

-Pues había pensado pasar la noche en la nave del polígono.

-¿Qué nave? ¿Cómo vas a dormir en una nave?

Que no, que Eva y yo te conseguimos un buen sitio.

¿A que sí?

-¿Qué tal el día?

-Bien, cansada pero contenta.

No sabes, me puse a reír como una loca

cuando salí de ese banco.

-Normal.

-¿Y a ti qué tal te fue en el hotel?

-Bien.

De primero hay cochinita pibil y de segundo también,

es que es lo único que hice.

Pero te doy una muy buena noticia, aquí nadie quemó nada, ¿eh?

-Fíjate, dos motivos para festejar.

Huele bien.

-Bueno, ¿y qué piensas hacer ahora que

eres libre de bancos y eso?

-Bueno, tampoco es que me vaya a cambiar mucho la vida,

pero me gustaría meterme a un gimnasio,

comprarme ropa nueva...

Seguro voy a ir más al cine también.

-Qué aburrida, ¿no?

No sé.

Hay que mirar un poquito más.

Unas vacaciones.

Ir a México.

¿Eh?

(SUSPIRA) -Oye, pues ir a México estaría muy bien, la verdad.

Desde que llegamos a España no hemos podido ir ni una sola vez.

-Ver a la familia.

-Sí, caray. Comernos una sopita de tortilla, ¿verdad?

-¡Ya ni me digas! -Un pancito de elote, qué rico.

La verdad que estaría muy bien, pero bueno, con mi sueldo de camarera

no creo que alcance para irnos. -Oye, oye, oye.

Yo también estoy aquí.

-Sí. Pero bueno, tú en cuanto dejes el hotel

no vas a encontrar trabajo al día siguiente, ¿no?

No digo, no sé, pero no creo.

-Sí, sí, bueno.

Pero a ver, había pensado que...

que... igual podría seguir unos tres meses más con la timba

y así con eso nos vamos de vacaciones a México.

¿Cómo lo ves?

-Tú estás bromeando, ¿verdad?

-A ver, Dani, es lo que nos merecemos, por favor.

-Bueno, Ángel, ¿a ti qué te pasa?

Primero dijiste que cuando terminaras de pagar el crédito.

Y ahora te inventas esta historia de ir a México.

-No, no, no. Te lo juro por Dios, mira.

Vamos, hacemos ese viaje y lo dejo para siempre.

-No, no, no, no. Lo dejas ahora.

¿No entiendes que es peligroso para ti trabajar en el hotel?

En cualquier momento puedes volver a la cárcel.

No sé en qué idioma decírtelo. -Yo no sé en qué idioma decirte

que la vida es para disfrutarla.

No podemos vivir toda la vida debiéndole todo al banco.

Pregunté por un trabajo en la panadería.

Seis días a la semana, 500 euros. ¿Para qué nos alcanza?

-No me interesa. Me prometiste que ibas a dejar el hotel.

-Sí, pero a ver, Dani, por favor.

-Por favor, ¿qué? Estoy hasta la madre ya

de estar sufriendo por ti, de estarme sacrificando,

¿entiendes eso?

-Está bien. Pero me voy a quedar con el trabajo de mantenimiento

porque estoy muy a gusto.

-Sí. Crees que Joaquín se va a quedar tranquilo

con que solo trabajes en el hotel. No me quieras ver la cara, ¿eh?

-Dani, no me lo estás poniendo fácil.

-No, el que no me lo está poniendo fácil eres tú.

Vas a tener que escoger entre el hotel o yo.

Aquí todo el mundo ha tenido que renunciar a algo, ¿o no?

-Órale pues, tú ganas.

Bueno, ya. Vamos a disfrutar un poquito de la cena, ¿no?

Ya que la preparé.

-No. Cena tú. Yo estoy cansada, me voy a dormir.

-Oye, me tardé dos horas en hacer la cochinita pibil

y media hora en hacer el guacamole.

-Sí. Y quiere intimidad.

Pues intimidad de la que yo te suelo pedir.

Perfecto. Arreglamos como siempre, ¿vale?

Venga, gracias, Joaquín.

Ya está, Joaquín.

Tienes habitación.

-¿Vuelves a enviarme a Novasur?

-Claro. Tienes una habitación discreta,

por la que no va a pasar nadie. Es perfecto.

-Pues muchas gracias, Eva, pero me alucina

que Joaquín haya aceptado.

-Porque no sabe que eres tú. Si no de qué. (RÍE)

He dicho que es alguien de mi total confianza.

Así que, listo. No vendrá ni servicio.

-Perfecto. ¿Vamos entonces? -No, tú no.

Me voy yo. Cojo la llave, vuelvo, te la doy

y luego te vas tú y entras por la puerta de atrás,

por la de servicio.

-Pero te acompaño y te espero fuera. -No.

Abel, que no. Es peligroso.

Y cuando vayas, por favor, evita todas las cámaras.

-Si me sé de memoria

todas las cámaras del barrio, tranquila.

No te preocupes tanto.

Controlo.

-La última vez que me dijeron eso... -¡Espera!

-¿Qué?

-Quería preguntarte algo ahora que no está Bea.

Dime la verdad.

¿En serio que dejaste marchar de rositas al tal Bruno ese?

-Esa es la versión oficial.

Para Bea al menos.

Y tiene que seguir siéndolo.

-O sea... que lo eliminaste.

-Personalmente.

-¿Es la primera vez que matas a alguien con tus propias manos?

(AFIRMA)

-Bueno, había que mandar un mensaje al equipo y lo hice.

La traición tiene un precio.

-Lo hiciste bien.

Seguro que el mensaje habrá calado.

-Yo creo que sí.

Júrame que Bea no se va a enterar por ti, Abel.

No me lo perdonaría. -Descuida, por mí no se enterará.

-Bien.

Y espero que así te quede claro

que sé defenderme sola y cuidar de mí,

de mi hermana y de mi negocio.

Te quedas un par de días si quieres, pero no más.

Te quiero en Galicia.

-Lo siento mucho, pero voy a quedarme todo el tiempo que haga falta.

-¿Cómo que vas a quedarte? -Las cartas boca arriba.

No he venido porque estuviera preocupado por el robo de las armas.

-¿Entonces para qué?

-Por el precio que tuviste que pagar para recuperarlas, ¿no?

Me contaste que tuviste que pasarle información a Quintero

sobre el tipo que le mueve el dinero a Vlado Khan

y eso tendrá consecuencias. -Lo sé.

-Tomará represalias, Eva.

Además, no sé para qué quería Quintero la información,

pero en fin, con la que montó para conseguirla

seguro que se la habrá jugado a Khan y este estará muy cabreado.

-Y Quintero muy orgulloso, muy satisfecho,

que por fin ha conseguido atraerle. -Menudo suicida.

Siempre supe que nos iba a meter en un lío.

-Sí, ya lo sé, que no tendría que haber hecho tratos con él,

pero bueno, lamentarme no me sirve ahora mismo para nada.

-No he querido comentarte nada de esto delante de Bea

porque supongo que no está al tanto de tu asociación con Vlado.

-No. Bueno, ella sabe un poco, sabe que he tenido un socio,

que Quintero le busca, pero vamos, no tiene información.

Desde luego, lo que no sabe es que va a venir a por mí.

-Va a venir a por ti

y a por cualquiera de tu entorno, Eva.

Así que no eres la única que está en peligro.

-Abel. -Tu hermana también está.

Hay que tener cuidado. -Ya lo sé.

Y para eso tengo a Montes Te pido por favor, no te quedes.

Si no, estoy pendiente de Vlado, de sus sicarios, de la policía...

Son muchos frentes. -Me da igual lo que pienses.

-Muy bien. -Voy a quedarme,

te pongas como te pongas.

Si os pasara algo estando en Galicia, no me lo perdonaría en la vida.

-¿Y cómo lo vas a evitar desde la habitación del hotel?

-Bueno, ese es mi problema, déjame a mí.

Ve a por la llave, anda.

(Puerta)

Hola.

Hola, ¿qué quieres?

Es que al llegar a casa he visto que había todo este correo para ti

y una de las cartas es urgente, por eso he venido a traértelas.

No, sí, bueno.

Es el certificado de mi participación como ponente

en el congreso médico de Valladolid.

No me llegaba y me dijeron que se había traspapelado.

O sea, que no era tan urgente. No.

Bueno, gracias.

¿Algo más?

Sí, bueno, quería...

quería saber cómo estabas.

¿Puedo pasar o me vas a dejar aquí en la puerta?

Gracias.

Así que es aquí donde vives desde que te fuiste.

Sí, bueno.

Una sencilla habitación de hotel, sin más,

pero estoy más cómodo que en casa.

Antonio, me gustaría hablar de lo que ha pasado hoy en La Parra.

Yo me he quedado fatal.

No eres la única.

Escucha, te aseguro que estoy tratando de evitar a Salgado

absolutamente todos los momentos del día en los que no estamos

en comisaría, pero es que hay veces que es imposible.

No tienes por qué dar excusas,

si hubieras querido evitarlo, lo habrías evitado.

¿Tú no hablas con tus compañeros cuando os veis fuera de la consulta?

Sí, pero yo no me he besado con nadie,

ni tengo sentimientos encontrados con nadie en el trabajo.

(SUSPIRA)

A ver, se ha acercado para comentarme una información

que tenía sobre el caso del asesino de policías.

Y, de repente, me ha parecido absurdo evitarle.

No tienes por qué darme explicaciones.

Eres libre,

puedes hacer lo que quieras, con quien quieras y donde quieras.

Ya.

Así están las cosas. Bueno.

Pues muy bien, pero estarás conmigo en que hoy has perdido los papeles.

¿Qué querías que hiciera?

¿Poner buena cara? ¿Saludaros como si nada?

Antonio, soy consciente de que esta situación

la he creado yo en parte, pero... Menos mal que lo reconoces.

Pero eso no justifica tu reacción de esta mañana.

A ver.

Se ha generado una situación muy tensa y...

y no entiendo por qué has atacado así a Salgado, no lo entiendo.

Y que sepas que María ha pasado un mal rato.

¿Y qué crees, que a mí me gusta lo que ha pasado?

No, no me gusta, ni me gusta

en quien me estoy convirtiendo, ni estar todos los días

por ahí con cara de pena en el barrio ni montando numeritos en los bares.

Soy consciente de que esto se tiene que acabar ya.

Bueno, pues en algo estamos de acuerdo los dos.

No estoy orgulloso de lo que he hecho.

Quiero levantarme por la mañana y poder mirarme al espejo.

Yo no soy así, no soy así. Lo sé, lo sé, Antonio.

Oye, no, no... no me ayuda nada tu compasión.

¿Y qué vas a hacer?

Pues mira, lo he pensado mucho.

Ya que tú no quieres pedir el traslado, lo voy a hacer yo.

Y ya está.

Toda mi vida he pensado en jubilarme en Asturias.

Bueno, adelanto mi ida allí unos años y termino mi carrera profesional.

No lo estás diciendo en serio. ¿Y por qué no?

¿Por qué no?

No quiero vivir este infierno, no me ayuda nada estar cerca de ti.

Esto ya no tiene salida, está claro.

Antonio, no puedes hacer eso, no te puedes ir.

No te... Esto lo estás diciendo por... por...

en caliente porque... por lo que ha pasado en La Parra,

pero no te puedes ir, Antonio. No, Claudia, no.

De verdad, no puedo más.

Estoy muy cansado, no quiero seguir hablando, de verdad.

Vete, anda, no...

No tengo fuerzas ya, ¿vale?

¿Tú la vas a acompañar? Ni siquiera hemos hablado del tema.

Eres su novio, este tipo de cosas es normal hacerlas con la pareja.

Pero, Iván, vamos a ver, no seas tan sensible,

no lo lleves por ahí.

También te digo, llevamos cuatro días juntos

como quien dice, no sé, igual es un poco pronto

para empezar a conocer a las familias, ¿no?

-¿Estás tensita o qué?

Igual no duermes bien desde que sabes que Vlado está cerca.

-¿Crees que yo soy la que se tiene que preocupar?

-Han encontrado muerto al abogado Cristóbal Larrea.

Asesinado.

-Si hace dos días salió de aquí tan tranquilo.

Dijo que era un lío de faldas.

-Bueno, o eso nos hizo creer.

-¿Le has dicho lo de las timbas a tu hermana?

¿Estás tonto o qué? -No le conté nada, jefe,

lo descubrió solita. Ya sé que ayer le dije

que no sabía nada, pero sí sabe, perdón.

-¡Que sale con un policía, vamos a ir al trullo!

-Dime quién es el socio de mi hermana

y por qué le interesa tantísimo a Quintero.

-Pues voy a decirte un nombre

que va a responder a todas tus preguntas.

Vlado Khan.

-¿Qué tiene que ver este tío con nosotras?

¿Trafica con armas? ¿Es nuestro socio?

-No, no es nuestro socio.

Solo le ayudé a escapar, a salir del país.

(BEA) -"Bruno, soy yo, que...

tenías razón, este negocio me viene enorme".

¿Y bien? ¿Qué puedo hacer por usted?

Vengo por una investigación que estamos haciendo en mi comisaría,

en Gijón.

Un hombre se debate entre la vida y la muerte en un hospital.

La causa: unas pastillas para adelgazar

que compró por Internet.

¿Y cuál es la conexión del caso con Distrito Sur?

Un miembro de la organización reside en este barrio.

-Inspector Arteaga.

Ella es la oficial Rosales. Me temo que no venimos a consulta.

Hemos venido a detenerle.

Si es tan amable de quitarse la bata, por favor.

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Servir y proteger - Capítulo 909

03 mar 2021

Tras robarle a Vlado Khan todo su dinero, Quintero organiza la marcha de Hanna de la ciudad. Abel regresa a Distrito para proteger a Eva de Khan. Ángel termina de reunir el dinero para saldar su deuda y Daniela le pide que deje el hotel.

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