Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 903 - Ver ahora
Transcripción completa

(ALBA) "Él quería que viviéramos en el pirineo de Huesca.

Criar a nuestro hijo allí, en mitad de la naturaleza".

-¿Y te dijo algún sitio concreto?

-Ni se te ocurra mover un solo músculo

si no quieres que te pegue un tiro y te reviente la cabeza.

Quiero el nombre de ese contable y su número de teléfono.

(LILY) -"El dato era bueno. Es un fiscalista.

Podría ser el de Vlado Khan".

-Solo así tranquilizaré a tu novio.

-Ángel, sabes que poner una denuncia falsa es un delito, ¿no?

No sé cuánto aguantaré esta situación. De verdad.

-¿Qué piensas hacer?

-Ahora mismo solo tengo claro

que necesito pensar.

-¿Qué tal van las cosas con él?

"¿Ha habido tomate ya o qué?".

(SALGADO) -¿No es momento de dar el paso?

¿No ves que estoy hecha un lío?

¡Antonio, no te vayas así! ¡Antonio!

(Música emocionante)

(Música instrumental)

Ay...

¿Quieres más café? -Sí, por favor. Más café.

-Bueno, pues sí que quedaba mucho.

-Pero así está bien.

Gracias. -Nada.

(SUSPIRA)

Mira que hemos tardado en dar el paso, ¿verdad?

No sé quién estaba más acojonado de los dos.

-Yo le planté un par viniendo con la cena bajo el brazo.

-Eso sí. Me sorprendiste.

Vamos, que no... no te esperaba.

-Ya. Ya lo vi. Tu cara.

-Es que aún no me puedo creer que hayamos dormido juntos.

-Ya. Yo pensé que ya no iba a pasar. Tenía muchas ganas.

-Pues mira, ha pasado.

(Móvil)

-Mensaje de Paula. Ya tardaba ella.

-¿Qué, pasa algo? -No.

Quiere saber dónde he dormido. Y con quién.

-¡Ah! Bueno...

Buen marcaje, ¿no?

-Sí. A ver. Lo que pasa es que...

Paula me ha ayudado a aclarar mis sentimientos contigo.

Y ahora exige su recompensa.

Y si hay alguna novedad, quiere saberlo la primera.

-Entonces, siendo así, lo veo lógico, ¿no?

-Sí. -¿Le mandamos un selfi?

-¿Sí? -Una imagen

vale más que mil palabras.

-Vale, sí. -Venga.

-Anda. -Va a flipar.

-A ver, espera.

Ya, venga.

Buenos días.

¡Hola!

Hola.

¿Qué tal, Carlos? Bien.

¿Quieres café? Sí, por favor.

Ahí va. Quedan los posos, casi.

¿Quieres...? No te preocupes.

Pillo un poco de zumo y me tomo el café luego en La Parra.

Sí. Siempre es buena excusa para ir a ver a tu churri.

-Sí.

-¿Todo bien?

Todo bien.

Vale.

-Yo me voy a ir ya. -¿Por?

-Pues nada, porque prefiero pasarme por casa a ducharme.

-Espérate y me voy contigo.

-No, de verdad. Nos vemos luego. -Vale.

-Hasta luego, Carlos. Chao.

(Pasos y puerta abierta)

(Puerta cerrada)

¡Lara! Lara, por fin.

¡Ay, qué bien! Me alegro por ti. Ya era hora.

Lo dices así un poco... con desánimo.

Como si me dieras el pésame.

No, perdona. Es que no dormí bien.

¿Hemos hecho mucho ruido?

No ha sido eso.

¿Entonces? Nada, de verdad. No quiero hablar.

Carlos, es muy temprano para tener que sonsacarte.

Cuéntame qué te pasa.

No hay nada que sonsacar. Me voy a la comisaría.

Dame un minuto y te llevo en moto. No.

Iré dándome un paseo. Así me da el aire.

Bueno. Luego te veo.

Venga, hasta luego. Chao.

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

(Puerta)

(Puerta abierta)

Buenos días, compañera.

-Cepeda, ¿qué tal? -Bien.

(CEPEDA RÍE)

(SUSPIRA) Pero vamos, no sé si tan bien como tú, de tan buen humor.

-No es para menos. Me van a dar el alta.

-Ah, ¿sí? ¿Eso es seguro? -Sí. Me lo acaban de decir.

Qué bien. Estoy ya que me subo por las paredes.

-No será porque aquí te tratasen mal.

-No. No tengo ni media queja, la verdad.

Pero tengo ganas de recuperar mi vida normal

y de quitarme el pijama y vestirme como una persona decente.

-Bueno. Me alegro de que por fin salgas.

Y el personal del hospital supongo que también.

-¿A qué viene eso?

-Que si el pijama, que si la comida no tiene sal y es horrorosa...

Anda que no has dado tú guerra ni nada.

-Que me he portado superbién.

Y la comida es una bazofia, pero no he dicho nada.

-Que sí, que es broma. De verdad. Venga.

-Vale. Ahora que has acabado, ¿qué tal en comisaría?

-Técnicamente sigues de baja. Relájate, no pienso contarte nada.

Yo solo vengo a hacerte una visita. -Néstor.

No me seas chapas, anda.

Cuéntame al menos si Salgado y Miralles

me van a dejar reincorporarme al caso del Vigilante.

-Pues ni idea. A mí no me han dicho nada.

Pero vamos paso a paso.

Primero recupérate y ya veremos qué te dicen.

-Estoy perfectamente. ¿No me ves?

Además, tengo una pista para encontrarle.

-Ah, ¿sí? ¿Estás sacando el payaso que llevas dentro?

-No, Néstor. Yo con el trabajo no bromeo.

Te lo quise contar ayer, pero no contestaste.

-Cuando lo vi ya era muy tarde. ¿Qué pasaba?

-Que me llamó Alba.

Quería saber cómo estaba

e indagar un poco más más sobre el pasado de Lucas.

-Dime que no le contaste nada. -No. Yo no he abierto el pico.

Pero ella sí me ha comentado a mí.

-¿Sí? ¿Qué te ha contado?

-Me ha contado que Lucas quería vivir en un pueblo con ella y con el bebé.

Lógicamente, era un sueño que nunca se hizo realidad.

Pero Lucas tenía un vínculo especial con este sitio.

Tordal se llama.

-¿Tordal?

¿Dónde está ese pueblo? -En los Pirineos.

-¿Y sabes si Alba se fue allí alguna vez con Lucas?

-No, pero Lucas lo conocía muy bien. -Ah.

-Tenía bastante cariño a ese pueblo.

-Ya. La verdad, es un hilo interesante del que tirar.

Hablaré con los jefes. -Vale.

Y si os lleva a algún lado, cuéntamelo.

-Muy bien. Esta vez te lo has ganado.

Y hazme un favor: antes del alta,

pórtate bien y haz caso a los médicos.

-No van a encontrar un paciente más obediente que yo.

-No me lo creo mucho. Venga. -Hasta luego.

(Puerta cerrada)

Tengo hambre.

Sí, Emilio, no te preocupes.

Me ha mandado Néstor la información, y me ha llamado para explicármelo.

Sí.

Venga, nos vemos ahora en comisaría. Vale.

(SUSPIRA)

(Música sentimental)

(CHASQUEA LA LENGUA)

(Puerta abierta)

¡Anda! Hola, Antonio.

(Llaves)

Pensé en venir a esta hora porque creí que no estarías.

Por no molestar.

Tú nunca molestas. Es tu casa.

¿No tienes trabajo hoy?

Pues sí, pero... iré luego a comisaría.

Me he entretenido con un asunto.

Ya, claro.

Habrás venido a por eso.

Sí, sí.

Veo que te has molestado en recopilarlo.

No me ha costado ningún trabajo.

Muchas gracias.

(CARRASPEA) Creo que deberíamos hablar.

¿De qué? Bueno...

(Palmada)

De lo que pasó anoche. Bueno...

Poco hay que hablar. Está clarísimo, ¿no?

Creo que te equivocas.

Salgado vino de improviso minutos antes de que tú llegaras.

Qué casualidad. Pues sí. Eso fue exactamente:

una desafortunada casualidad.

Yo sé que pasaste un mal rato, y lo siento mucho.

Yo también lo pasé, pero...

Pero quiero dejarte claro que Salgado salió por esa puerta

inmediatamente después que tú.

Yo le dije que se fuera. No me debes ninguna explicación.

Allá tú con tu conciencia. La mía está tranquila.

¿Qué quieres decir, que había organizado una cita aquí?

No sería la primera vez. Estando yo en Verona vino una vez.

¿Cómo puedes ser tan injusto?

Sabes bien que cuando quedé aquí con Salgado

fue para trabajar en un caso al margen de la comisaría.

No tiene nada que ver, y lo sabes.

Claro, ya. No sé si le invitaste o no,

pero tengo claro que le contaste que yo me había ido de casa.

Le ha faltado tiempo para venir por aquí

a buscarse la ocasión.

Antonio, yo no le dije que te habías ido a un hotel.

No sé de dónde lo sacó.

Pero lo sabe, es obvio.

Es obvio que lo sabe, pero no por mí. Yo no se lo dije.

Desde que yo te conté a ti lo que pasaba con Salgado

no he tenido ningún acercamiento hacia él. Nada.

Mi relación con él ha sido estrictamente profesional.

De verdad, tienes que creerme.

Yo ya no sé lo que creer.

No te entiendo. No sé qué te pasa ni qué quieres.

Estoy perdido. Lo siento.

Me tengo que ir.

(Puerta cerrada)

(SUSPIRA)

¿Qué pasa, Iván? Carlos, ¿qué tal?

¿Tienes algo de lo mío?

La denuncia de "phishing" de un particular, sí.

Suplantaron su identidad para estafar a sus contactos.

No. Ese es el caso de Lucía. Ah.

Pues recuérdame cuál es tu caso.

Tengo siete casos, y no sé cuál es.

El de la estafa de venta "online" de material deportivo.

¡Ah, sí! Ya he localizado el servidor donde se aloja la web.

Y bueno, estoy esperando a que me manden

los datos de la empresa que lo contrató.

Vale. Pero la web estará chapada. Afirmativo.

No creo que nadie compre más productos defectuosos

y que se lesione.

Estupendo.

¿Qué te pasa? ¿Eh?

Que me cuentes qué te pasa.

A ver, no quiero... ser un aguafiestas contigo.

Acabas de pasar la primera noche con Lara.

Bueno, estamos avanzando. Al menos reconoces que algo te pasa.

Y por mí no te preocupes. No me vas a cortar el rollo con Lara.

Cuéntame qué te pasa.

Anoche Daniela me pidió tiempo.

Tiempo ¿para qué? Para ver si quiere que sigamos.

Uf. Ya. Yo pensaba que estábamos bien.

(SUSPIRA) Pues ella no piensa igual, ¿no?

Quiero decir, que te toca armarte de paciencia y esperar.

Sí.

Sí, porque estamos en un punto

en el que no sé si somos amigos o algo más.

Pues si te ha pedido tiempo,

ahora mismo solo seréis amigos. Ya...

Pero ¿qué ha pasado para que te pida tiempo?

Básicamente me ha dicho que meto demasiado las narices

en los asuntos de su hermano.

Pues odio decírtelo, pero te lo advertí el otro día.

Claro. No sé por qué siempre piensas en él.

Céntrate en tu novia. Es normal que ella se enfade,

porque vigilas a su hermano, tío. Yo no vigilo a su hermano.

Me centro en Daniela.

Es más, si fui a hablar con Marifé al Novasur

por el tema de las cremas fue porque Daniela me lo pidió.

Entonces ahora me culpas porque me preocupo por tu hermano.

¿En qué quedamos?

No, pero antes hubo otras ocasiones

en las que metiste la cabeza donde no te llaman.

Por ejemplo, cuando no le creías

cuando se cayó de la escalera en el hotel.

Pero tenía razón. Sí.

Iván, que le dieron una paliza.

Sí. Pero no es cuestión de tener razón.

Déjale en paz. Olvídate de él. Eso por descontado.

Yo le dejo en paz. Ahora quiero estar bien con Daniela.

Pues para estar bien con ella, hazle caso.

Déjales un tiempo, y sobre todo, nada de agobiarla.

Nada de agobiarla. Sí. Es lo más coherente.

(Puerta)

-Hanna. Buenos días. Pasa. -Buenos días.

Tienes buena cara.

-Muchas gracias.

Será que hace tiempo que no duermo tan bien.

(SUSPIRA) -Yo también he dormido del tirón.

Oye, ¿se sabe algo de Eva?

-No. No se sabe nada más

desde que comprobé que el teléfono que me dio

corresponde al contable de Vlado Khan.

La llamé para decirle dónde estaba la furgoneta,

y no tenemos nada más de lo que hablar.

-No sé, yo no estaría tan tranquila.

Eva no perdona ni olvida, ¿eh?

Seguro que trama algo.

-No. No creo que esté tramando nada. No tiene tiempo para eso.

Ahora debe estar concentrada siguiendo a esa furgoneta

para que llegue a su destino, y tranquilizar a sus clientes.

Y nosotros debemos concentrarnos en lo nuestro.

Tenemos que encontrar a Cristóbal Larrea cuanto antes.

-¿Qué sabemos de él?

-Sé que está casado, que tiene dos hijas

y que según me han dicho, es socio de un bufete de abogados importante

que hay en Madrid. Uno de los que se hablan maravillas.

¿Sabes cuál es su especialidad?

-¿Asesoramiento fiscal? -Eso es.

-Un abogado.

Pero espera, no estará relacionado con Melendo,

y que nos pueda... -No. No lo creo.

Melendo se encargaba de sus asuntos penales.

Cristóbal Larrea es el asesor, el fiscal,

el contable que controla su dinero.

-Oye, y no tendremos una foto de él...

-Pues sí, precisamente. Ven, te la enseño.

Aquí está. Este es nuestro hombre: Cristóbal Larrea.

-Claro. Por eso me sonaba su nombre.

Este tipo venía a uno de los prostíbulos de Khan.

-¿Estás segura? -Sí, claro.

-No lo sé, la verdad. No lo sé. Me...

Me extraña mucho.

Porque un tipo con la cantidad de dinero y poder que tiene,

me resulta raro que termine paseándose

por los pisos de chicas de Khan. -Fernando...

Te lo aseguro: era él.

-¿Vlado te obligó en algún momento a tener algo con él?

¿A acostarte con él? -No.

No. Este venía exclusivamente para ver a Candy,

una de las chicas del piso.

Ella me contó que... la trataba fatal.

-Bueno, pues ya sabes qué clase de hombre es este tipo.

Lo mejor es que no vaya por La Parra unos días.

Sí.

Unos días sin verla y unos días para ti

también te van a hacer pensar en todo, Carlos.

No tengo nada que pensar.

A mí me gusta y quiero estar con ella.

Pero si necesita un tiempo, un tiempo le daré.

Claro. Muy justo, y vamos... Ese es mi chico.

Ese es mi Carlos.

¿Dónde me meto cuando vayáis a tomar algo?

Por eso tranquilo. Vamos al bar de la terraza pija.

Sí, que los precios están al doble y la mitad de rico.

Sí, eso es cierto. Pero bueno, van a ser unos días.

Ya, unos días. No es cuestión de días.

¿No te parece un poco infantil, Iván?

No tiene sentido que dejemos de hacer lo que hacíamos

solo por no vernos. Que yo no voy a ir a verla.

No voy a llamarla.

Pero dejar de hacer nuestras rutinas, no lo veo.

Entonces vete a La Parra para que te mande a la mierda.

Oye, cuidado con ese tono. ¿Por qué?

Porque estoy verbalizando una posibilidad en alto.

¿Puedo o no?

Pues ya sabes mi opinión.

Es mejor que no os veáis en unos días.

Además, no sé qué problema hay en no verse hoy y mañana.

No hay problema.

¿Lo tienes claro? Sí.

Te he dicho que estaré sin ir unos días.

Pues muy bien.

Muy bien.

Es tu mejor reflexión en este rato. Sí que lo es, Iván. Pues eso.

Pues eso.

Venga, luego te veo.

Hasta luego.

-¿Seguro que no te conoce, que no te ha visto nunca?

-Fernando, no.

Por aquel entonces, Vlado solo me quería para él.

Y aunque estaba en el mismo piso que Candy,

no me vio. Estaba encerrada en una habitación.

Pero veía por una mirilla quién entraba y quién salía.

Pero escucha: ¿de qué nos sirve saber que este tipo es un vicioso?

-Hanna, cualquier información que podamos obtener ahora mismo

sobre ese tipo es importante. Nos puede venir muy bien.

Por eso precisamente voy a dedicar todo el día a seguirlo,

para aprenderme de memoria su rutina.

Tengo que averiguar cuándo y dónde lo secuestraremos.

-¿Secuestrar?

Por Dios, ¿no hay otra forma de gestionar estas cosas?

-Bueno, sí. Puedo llamar a su secretaria

para pedirle cita. -¿Ya? ¿Ya estás con el sarcasmo?

Sé que no va a colaborar gratis con nosotros, Fernando.

Pero igual hay alguna manera

de llegar a un término medio, de negociar.

Vamos, Hanna. ¿Qué vas a negociar con alguien podrido de pasta?

Pues lo organizamos bien, lo pensamos bien, con tiempo,

porque te veo muy acelerado, con mucha prisa.

-Khan ya ha puesto precio a mi cabeza.

En cualquier momento vendrá un sicario para matarme.

Debemos darnos prisa.

-Te recuerdo que Larrea no es un criminal como Rulfo o Eric.

Si lo secuestras, su familia, sus socios,

irán a la policía.

¿Y dónde lo vas a tener? ¿Aquí, en el hotel?

-No lo sé, Hanna. Tengo que improvisar.

(Móvil)

¿Y qué hago? Pero tranquila.

Cuando sepa dónde lo retendré, ya te lo diré.

¿Qué pasa? Con esa sonrisa...

¿Qué es, algún mensaje nuevo de tu amiga la policía?

-Pues que mañana le dan el alta. ¿Algún problema?

-No, ninguno. Para qué te voy a decir nada,

si luego vas a hacer lo que a ti te dé la gana.

-¿Sabes qué? Tengo mi vida privada. Y me harta que te metas en ella.

Que me digas lo que puedo o no hacer. ¿Entendido?

-Entendido.

Hasta donde yo he podido investigar,

el Vigilante no está empadronado en Tordal.

Además, no figura con el nombre legal,

Eduardo Gabasa Montiel, en ningún registro.

Habrás comprobado que no hay facturas a su nombre en Tordal.

Nada. No hay ningún suministro.

Ni luz, ni agua, ni gas. No hay rastro de él allí.

Su fantasía de vivir allí incluía a Alba y al hijo.

Puede que sin ellos dos no tuviera sentido para Lucas irse a Tordal.

Igual no ha estado nunca allí.

Eso, francamente, no lo creo. (SALGADO) Ni yo.

Seguro que lo conoce bien.

Di tus razones.

No, tú primero, por favor. Pero... bueno.

Yo creo que Lucas Infante sí conoce Tordal de primera mano.

Creo que sí. Sería lo lógico.

Él ha vivido muchos años con sus padres y su hermana en Jaca.

Está muy próximo. Es probable que fuera de visita,

le gustara el lugar y pensara

que era un sitio adecuado para formar su familia.

Eso coincide con lo que Alba le contó a Lidia:

que Lucas tenía un vínculo especial con Tordal.

-Si está por allí, querrá pasar desapercibido

y no figurar en ningún registro. Exacto.

¿Cómo vais a proceder, entonces?

Pues... yo creo que hay que hacer trabajo de campo.

Habría que preguntar a los vecinos

si conocen a alguien que se ajuste al perfil del Vigilante.

En un pueblo pequeño con poca gente seguro que todos se conocen.

Y no olvidemos que tiene una llamativa cicatriz en el cuello.

Y... ¿qué pensáis hacer?

¿Ir a Tordal?

-De momento no es necesario.

-¿Quién investigará sobre el terreno?

-Hablaré con la Guardia Civil de Jaca

para que se acerquen al pueblo

y pregunten por alguien con su perfil.

Si quieres llamo yo. No, deja.

Yo me encargo.

Con lo que sea, os cuento. Miralles, Cepeda.

(Puerta cerrada)

(SUSPIRA)

¿Cómo lo llevas, Claudia? Bueno, pues...

no quiero pecar de optimista,

pero creo que podemos sacarle algo a este pueblo.

Ah, no me preguntabas por eso.

No.

¿De lo otro? Pues...

Pues lo llevo como puedo, Néstor.

No sé. Gracias por preguntar. Nada.

El otro día me pasé por el hotel donde vive Antonio.

¿Y cómo le encontraste?

Fastidiado. No te voy a engañar. Ay...

Siento mucho todo lo que está pasando.

No te sientas culpable. La vida tiene estas cosas.

Cuando uno cree tenerlo todo atado, aparece algo que te descoloca.

Ya, pero él no se merece sufrir de esta manera.

Y yo me siento fatal. No...

Y además, no sé qué hacer.

No sé qué hacer. Estoy bloqueada.

La cabeza me va para un sitio y el corazón para otro.

No sé. Me lo puedo imaginar.

Pero con tiempo, las cosas se pondrán en su sitio.

Espero que sea antes de que me vuelva definitivamente loca.

Seguro que sí. Venga, anímate.

Lo que tenga que ser, será. Solo puedes aceptarlo.

Tienes razón. Gracias, amigo.

(SUSURRA) Vale.

(Puerta cerrada)

(SUSPIRA)

¿Qué hace aquí, señorita? -¡Anda!

Pensaba que ya te habías ido. -Sí, hombre.

¿Y perderme mi visita favorita? Ni de coña.

Qué va. He salido a estirar las piernas.

-Oye, pues te veo ya bien, ¿no? Estarás contenta por el alta.

-Sí, por fin.

Tengo ganas de volver a casa y al trabajo.

-¿Al trabajo?

No sé, ¿no te da miedo de que te vuelvan a disparar?

-No.

Los polis recibimos una formación específica.

Nos preparan para volver a trabajar

tras cualquier episodio traumático. -Ya, bueno.

Pero una cosa es la teoría y otra cosa es la práctica, ¿no?

-De verdad, no tengo problema en reincorporarme.

-Ya, es que... ¿de qué me sorprendo?

Eres la tía más dura que conozco. (LIDIA RÍE)

Sí, bueno. Seré dura en el trabajo.

En mi vida personal soy bastante blandita, y lo sabes.

-Entonces, ¿mañana vuelves a trabajar?

-No. Mis jefes me han dicho que descanse unos días.

-Bueno, bien.

Me parece bien, ¿no?

Manta, peli, relax, un buen caldito...

-Pues se me acaba de ocurrir un plan.

¿Qué te parece si quedamos mañana?

-Eh... -¿Qué pasa?

-Es que no creo que sea... buena idea hacer planes.

-Ah...

Pensaba que se estaban recolocando las cosas entre nosotras.

O bueno, esa es la impresión que tenía.

-Ya, pero yo venía aquí porque estaba muerta de miedo por ti.

Estaba muy preocupada.

Pero... no significa que... fuéramos a volver.

-Vaya, cómo cambian las tornas, ¿no?

Hace nada era yo la que te daba calabazas.

-No sé, quizá he usado este tiempo para...

replantearme las cosas.

-¿Y has llegado a la conclusión de que pasas de mí?

-No. No, Lidia. Yo no paso de ti. No.

-Entonces ¿qué pasa? ¿Qué problema hay?

-¿De qué?

-Es que me da la sensación de que otra vez me ocultas algo.

-No. Yo no te estoy ocultando nada.

Simplemente, creo que es mejor que seamos amigas.

Así es menos complicado, ¿sabes?

-Pero es que a mí no me importaría arriesgarme.

¿De verdad no lo quieres intentar?

-Siento el malentendido.

-Tranquila, no pasa nada.

Oye, ¿estás bien? -Sí.

Me ha dado un pequeño bajón, pero estoy bien.

Esto se soluciona descansando.

-Bueno, pero no quiero dejarte así.

-Yo lo prefiero.

-¿Qué te debo del zumo?

-Son dos euros.

-Pues mira, justo. Aquí tienes. -Gracias.

Una pregunta: ¿cómo estás?

-Bien.

-Bueno, pues... nada, me voy a comisaría.

Voy a seguir. -Vale.

¿Qué haces aquí? ¿Eh?

¿Qué haces aquí? ¿Cómo?

Quedamos en que no vendrías.

Ya. Que quería tomarme algo, y esto está cerca.

Hablamos de almorzar en otro sitio si hacía falta.

Sí, si hacía falta.

Pero no hace falta, y ya está.

No me concentro en el curro, Iván.

No me concentro. No doy pie con bola.

Llevo toda la mañana

para solucionar las diligencias de la estafa "online".

No puede ser. Suelo hacerlo en 15 minutos.

Pues espera a que salga Daniela y habláis.

Ahora: no te auguro nada bueno. Voy a tirar sin tus consejos.

No me vinieron muy bien la otra vez.

Muy bien, sí. Haz lo que quieras. Vale.

Haz lo que quieras. Ahora sí: suerte. La vas a necesitar.

Cuidado. Gracias.

Hola, Daniela.

¿Qué tal? Bien.

Que... hola.

Que... ¿Qué?

¿Quieres algo? Sí.

Una tónica, por favor. Vale.

Y...

¿Tienes un momento?

Eh... ¿para qué?

Para solucionar lo del tiempo.

No me quedó claro en qué consiste que nos tomemos un tiempo.

Ya hablamos ayer. ¿Por qué tengo que explicártelo de nuevo?

Porque no me quedó claro, Daniela.

Si es por tu hermano, ya te dije que no iba a meterme en sus cosas.

Eso querías. ¿No es suficiente?

Mira, Carlos, dejemos el tema, por favor.

No dejemos el tema.

¿Te molestó que hablara con Joaquín?

Igual tu hermano ha tenido problemas.

Yo no quería. No me importa volver al hotel.

No. Volver ¿para qué? Sí.

Volver para solucionarlo, para explicárselo a Joaquín.

No... Yo me invento cualquier excusa

para que Ángel quede tranquilo, y ya.

¿Por qué no? A ver...

-Hola.

Hermanita, hola. (BEA) -Hola.

Veinticuatro...

Por tu cara, habrá ido todo bien.

-Perfecto todo.

Las armas están en Alemania. -¿Ya?

Qué rápido. ¿Sin problemas? -Perfecto el trayecto.

Sin controles. Nada.

O sea... Y le metí dos automáticas a Muller para tenerle contento.

Estaba cabreado por el retraso. -Ah.

Muy buen detalle, sí. (EVA RÍE)

Yo hubiera montado un pollo... -Ya.

Entonces el cargamento estaba entero y Quintero devolvió todo.

-Todo. Qué remedio. -Ya.

Vale. Y si no me equivoco, nos quedan dos cajas del cargamento

que son para comercio interno. (EVA ASIENTE)

Muy bien, hermanita. -"Yes".

Estoy aprendiendo mucho de ti. -Mucho, sí.

-Vale, una duda: ¿y Hariri no ha sospechado

con la historia de los controles? ¿No te ha preguntado nada?

-Sí, claro.

Tenía un cabreo fino también. -Ya.

-Pero vamos, yo le dije:

"Chico, o bien retraso o bien incautación".

Dijo: "Pues retraso". Ya está. -Claro.

Pero es raro que no haya pensado

que igual hubo una filtración del cargamento.

-Sí lo pensó. Y Muller también.

Pero les conté una milonga de una banda del Este

que robaba por los chalés de la zona, que había mucha policía desplegada...

Ah. -Hay que ser un poco actriz en esto.

-Ya te veo, ya.

Entonces ya está. Estamos tranquilas. -Bueno, tranquilas...

Habrá que encontrar al topo.

¿No? -Ya. ¿Y qué vas a hacer?

-Por ahora, parar el negocio de armas.

-¿Pararlo? -Claro.

-No sé. Igual tardamos mogollón en dar con el topo.

-Pues con más razón. ¿Íbamos a tenerlo aquí?

¿Pudiendo informar a la policía? Pues no.

-Ya, pero hemos invertido mucho en material,

hay que hacer caja, el negocio debe estar activo...

Debemos seguir funcionando.

-Que ya lo sé. Precisamente, ¿no?

Habrá que encontrarle cuanto antes. -Ya.

-Nos ponemos a ello.

(SUSPIRA) A ver.

(Bebida vertida)

Sí, perdona. Si no quieres que vaya al hotel, no voy al hotel.

No.

Ya, no compliques más las cosas.

Vale, no lo hago, pero explícame por qué.

Que entienda el fondo del asunto.

Esto no tiene sentido. ¿Qué no tiene sentido?

No tiene sentido que si nos gustamos,

porque no es que me tenga muy alta estima,

pero creo que te gusto y que nos divertimos.

Nuestros cuerpos se entienden.

¿Qué hay que pensar? ¿Por qué no estar juntos?

Porque no, porque... Para mí no es tan fácil.

Ya, pero las cosas son fáciles, y tú vas pisando el freno.

Y yo estoy enamorado de ti.

¿Y no es eso lo importante?

¿De verdad estás enamorado de mí? Sí.

¿Y tú?

¿Tú qué sientes?

(Música sentimental)

Pues yo de ti no, Carlos.

No estoy enamorada de ti.

Y no quiero ni darte falsas esperanzas

ni complicar más las cosas.

Así que lo mejor es dejarlo definitivamente.

¿Me hablas en serio?

(SUSPIRA) Está bien.

Lo entiendo, y...

Ya está. Perdona por ponerme tan intenso.

Y por venir aquí y ponerme así.

No procede, lo siento.

Porque además, no quiero incomodarte, y bueno...

Ya sabes cómo soy.

(Vaso en barra)

(MARÍA) Hasta luego.

¿Qué, mucho lío por aquí?

¿Qué te pasa? ¿Es por Carlos?

-Sí. Ahora ya lo dejamos definitivamente, María.

-Bueno, no te preocupes. Seguro que en unos días os arregláis.

-No. Esto no se arregla. Es definitivo.

-¿Y tú estás segura de eso?

(MARÍA SUSPIRA)

(Puerta)

-Adelante.

-¿Tienes un minuto?

-¿Qué quieres? No tienes cita conmigo.

-Le he llorado a la enfermera para poder verte un momento.

Solo aclararte qué hacía anoche en tu casa.

La situación se prestaba a que sacases una idea equivocada.

-Supongo que pasabas por casualidad y dijiste:

"Voy a darle las buenas noches a Claudia". ¿No es así?

-No me invitó.

Me presenté sin avisar. Necesitaba hablar con ella.

-Ya. No tenéis tiempo para hablar en el trabajo.

Tienes que ir a su casa.

-En comisaría no tenemos oportunidad para hablar de ciertas cosas.

-Cosas personales, supongo que quieres decir.

-Sí. Es a eso a lo que fui.

Pero por mi cuenta y riesgo.

-Ya...

Peor me lo pones. Menuda jeta.

Ahora vas a mi casa sabiendo que puedo aparecer en cualquier momento.

-Yo ya sabía que estabas en un hotel.

Ayer, en La Parra,

te dejaste la llave de la habitación en la mesa.

-Y te costó muy poco ir por la noche a tirarle la caña a Claudia.

Y luego vienes diciendo que solo fuiste a hablar.

-No quiero discutir.

-Ya. Pues no haces más que echar sal en la herida.

Mira, no creo nada de lo que me estás contando.

-Puedes creerme o no. Yo solo quiero aclararte

que ella no me invitó, y no quería ni que entrara a tu casa.

-Pero al final lo hizo.

-Supongo que para no dar pie a habladurías en la vecindad.

-Anda. Ahora vienes a restregarme por la cara

todos los chismorreos de los vecinos. -No.

No era esa mi intención. -¿Cuál es entonces?

¿Ir de buena persona?

¿Decir que sientes lástima por el cornudo?

-Antonio, por favor. -¡Cómo que "Antonio, por favor"!

¡Déjame en paz, que estoy cansado de tu chulería!

Eres un pesado. Déjame en paz.

No quiero hablar contigo.

-No sabes lo mal que se quedó al irte.

Me pidió que me fuera enseguida.

Yo salí tras de ti para contarte todo esto, pero ya te habías ido.

-¿Y qué hago con esa información, perdonaros?

-A Claudia por lo menos sí. -Déjame en paz.

No quiero hablar contigo. Tengo pacientes que atender. Adiós.

-Antonio. -Adiós.

(Puerta cerrada)

-Vamos a ver.

(LARA) -¿Qué tal?

¿Cómo llevas el día?

-Pues... para lo poco que he dormido...

bien, no estoy cansado. ¿Tú?

-Yo, como una rosa. ¿No me ves? -Claro, como siempre.

¿Y a qué se debe la visita?

¿Es un tema... personal o profesional?

-Pues las dos cosas.

-¡Ah, las dos! Muy bien.

¿Y por cuál... quieres que empecemos?

-Por la segunda.

-Vaya. Pues que lástima. -Ya.

-¿De qué se trata?

-Adelina, una vecina del barrio.

Tiene bajo su tutela a su nieto de 15 años, Kevin.

Vive con ella desde que su madre murió por leucemia.

-¿Y el padre?

-Se fue de casa con el chaval muy pequeño. Ni lo conoció.

-Pues sí que debe estar entretenida la abuela

con un jovencito en casa.

-Más que entretenida, atemorizada.

-¿Atemorizada? -Sí.

Kevin lleva unos meses de caída libre.

Entra y sale cuando quiere, no da explicaciones a nadie...

Cuando se le cruza el cable rompe cosas...

Vamos, mal.

-Pues menuda joya, ¿no? -Ya.

Para colmo, en el instituto le han expulsado

y la abuela le quitó el móvil como castigo,

y las cosas no mejoran.

-Y ¿por qué no contacta con los servicios sociales,

o con la Comunidad? -Sí.

Ya está recibiendo apoyo de la educadora social.

Y nada, le ha dicho que debe esperar un tiempo prudencial

y si sigue así la cosa, tendrá que denunciarlo.

-Menudo marrón, denunciar a su nieto.

-Sí. Por eso la educadora social me ha dicho

que vaya a hablar yo con Kevin, a ver si espabila.

Le diré que si sigue así, acabará en un centro de menores.

-Ya, entiendo. Pues ojalá lo comprenda.

Bueno, sabiendo que la policía está al tanto,

puede que recule.

¿Quieres que te acompañe?

-No. No hace falta, gracias. -No.

No me importa. Dejo esto y nos vamos juntos.

Así tenemos un ratito.

-Ya... -¿Qué pasa?

-A ver, no pasa nada, pero...

Que por el hecho de que tú y yo seamos pareja

no significa que tengamos que hacerlo todo juntos, ¿no?

O sea, que cada uno tiene sus responsabilidades.

No mezclemos las cosas. -Sí, claro.

No, correcto. Me parece bien. -Vale.

Además, dentro de lo que cabe,

me gustaría llevar lo nuestro con cierta discreción

en la comisaría.

-Vale. Sí, claro. Sobre todo al principio, ¿no?

Nos ahorramos los chascarrillos a nuestra costa.

-Eso.

-Pero dime qué puedo hacer para ayudarte con el caso.

-Que busques su perfil en redes sociales.

Así sé más antes de ir a hablar con él, ¿vale?

-Vale, pues me pongo con ello y cuando tenga algo, te aviso.

-Vale. Ahí tienes nombre y apellido. -Sí.

Kevin Guevara Fernández.

-Ajá. -Vale.

Hasta luego.

Oye, Lara. -¿Qué?

-Una cosa. No sé, a lo mejor...

¿Podrías repetir lo que has dicho antes?

-¿El qué exactamente? Te he dicho muchas cosas.

(CHASQUEA LA LENGUA) -Bueno, pues...

Cuando has dicho lo de que éramos pareja y eso.

-A ver, que lo he dicho... para resumir.

¿Sabes? Que no es que seamos pareja.

Estamos empezando algo.

Pero es una forma de... -Cuidado.

A lo mejor parece una queja, pero es todo lo contrario.

O sea, que me ha encantado escucharlo.

Y bueno, por si podías repetirlo.

-¿En serio? -Sí.

-¡Menos mal!

Pensaba que era la típica reacción alérgica

a hablar de relaciones, de parejas...

-Nada, olvídate de eso. Estoy encantado de la vida.

De hecho, voy a proponerte algo.

-Vale. -Un concierto.

-¿Cuándo? -Mañana por la noche.

A mí el rollo cantautor no me mola.

Al tipo lo conozco desde hace años, y en fin...

Está empezando, y por apoyarle.

No sé, parece que puede ser buen plan.

-Por mí, genial.

-¿Sí? -Sí.

-Perfecto. -Vale.

-Chao. -Chao.

(Puerta abierta)

-Ya, pero al final la mesa nos ha hecho un simpa de narices.

¿Te parece normal?

-¿Qué me cuentas? La mesa era tuya.

-Ya, pero he ido al reservado a poner copas

y te he pedido por favor que les echases un ojo.

¿Y me has hecho caso? No.

-No me has dicho eso. Y si lo has hecho, no lo he oído.

-¿Por qué demonios estáis discutiendo?

-Pues mira, te explico:

unos espabilados, gracias a Miki, han hecho un simpa.

-¿Los que estaban en esa mesa? -Sí.

-No. Me han pagado a mí antes de irse.

Se me olvidó anotar el tique en la caja.

-Lo siento.

Lo siento, te he echado la bronca sin razón.

-No pasa nada.

-No, sí pasa. He sido muy borde. Lo siento.

-Nada, olvídalo. Pero tranquilízate, tía.

Pues nada, me voy. Tengo ensayo con la banda.

-Venga, pásalo bien. -Hasta mañana.

-¿Qué demonios te pasa?

Llevas toda la noche dándole mucha caña al pobre.

-Ay, venga. Tampoco ha sido para tanto.

-¿Que no? Pero si no has parado en toda la noche:

"Miki esto, Miki lo otro, Miki, haz esto, Miki, haz...".

¿Qué te pasa? Él lleva aquí más tiempo que tú.

Lo has tratado como si fuera nuevo. -Lo sé.

Sé que lleva más tiempo aquí.

Vale, quizá he sido un poco quisquillosa.

-Un poco bastante.

¿Se puede saber qué te pasa?

Aunque no sé por qué te pregunto.

Está claro que debes seguir preocupada

por lo que le esté pasando a tu amiga la policía.

¿Has ido a verla otra vez al hospital?

-Sí, he ido a verla otra vez al hospital.

Pero tranquilo.

-¿Por qué? ¿Qué quieres decir?

-Bueno, que al final te he hecho caso, ¿vale?

No haré ningún plan con ella.

Tienes razón, no es momento para tener una relación.

¿Contento?

-A ver, Hanna. ¿Cómo estar contento por algo así?

Al contrario. Lo siento mucho por ti.

Pero si te soy sincero, también creo que no es el momento

en el que ni tú ni yo tengamos una relación con nadie.

Y menos con una policía.

-Pero vamos a dejar el tema, porque lo de hoy ha sido muy duro.

-Está bien.

Dejemos el tema.

-Oye, ya he terminado. ¿Quieres algo más?

Me voy a tomar una copa con Bruno.

-Pues me temo que vas a tener que posponerlo.

Te necesito aquí. -¿Por qué?

-Interrogaré a los chicos: Lucho, Montes, Carrizo. Te quiero aquí.

-Vale. Si crees que puedo servir de algo...

-Claro que puedes servirme de algo.

Cuatro ojos ven más que dos, ¿no?

Estar atenta, ver los gestos, el lenguaje corporal...

Yo qué sé. Si tienen alguna incongruencia.

-Como cuando yo fichaba a la gente para pillar carteras.

-Exacto. -Vale.

Pues no sé, haré lo que pueda. No me mola mucho.

¿Y si creo ver algo sospechoso pero me estoy columpiando?

-Fíate de tu intuición.

-O sea, que tú ya has investigado antes a tu gente.

-No. En realidad, no. Pero a papá sí le vi hacerlo.

-Pues nada, ponme al día.

-A ver...

Yo creo que un poco, como en todo,

la clave es mostrar firmeza.

Apretar y aflojar según veas cómo avanzan las cosas.

-Pero ¿sospechas de alguno de los tres o qué?

-No, de los tres. De ninguno. De todos. Es que...

No me fío ni de mi sombra.

-¿Y les vas a entrar en plan: "Sé que eres el soplón"?

-Evidentemente, no. -No sé.

-Ya te digo yo. Hay que dar rodeos.

Buscar contexto.

Ver qué han hecho los días anteriores, si han visto algo raro...

-Vale, lo que sea que se salga de lo normal, vaya.

-Exacto. Necesito un mapa de todos los movimientos

de todos los empleados. -Vale.

-Y todos sus contactos, incluida tú.

-¿Yo? Eva, ¿sospechas de mí?

-No sospecho de ti.

Te digo que necesito un mapa de movimientos

de todos los empleados, y eres una. -Ah, vale. Qué susto.

Pero no sé. -Bueno...

Relájate. Necesito que escribas todo lo que recuerdes.

-Sí, hago memoria.

¿Y si los interrogatorios no dan resultados?

-Pues seguiré por los mensajeros.

-¿Incluido Bruno?

-Incluido Bruno.

-Bruno es mi novio, y si fuera el topo, yo lo sabría.

Además, no sabe nada ni del negocio de las armas,

ni de Hariri, ni de las rutas.

No pudo decirle nada a Quintero. No tiene sentido.

-¿Has terminado? Si hace falta, interrogaré a Bruno.

Que tú lo sepas. Que entre Lucho.

(SUSPIRA) -Vale. (CARRASPEA)

-Vale. Te iba a preguntar: ¿has ido a vigilarlo hoy?

-Sí, he estado todo el día pendiente de él,

pero tampoco he notado nada raro.

Por la mañana salió de casa y se fue a su bufete a trabajar.

Estuvo allí todo el día, bajó a mediodía

no sé si con un compañero abogado o con algún cliente,

y estuvo comiendo justo al lado del bufete.

Luego subió, estuvo allí toda la tarde,

y se fue directamente a casa.

Poco más puedo decirte. -Bueno...

Sí, no es mucha cosa.

Creo que debes vigilarlo unos días más,

para conocer bien su rutina. Así averiguamos

cuál es el momento perfecto para... secuestrarlo.

-Pues no lo sé, porque el momento perfecto

creo que debe ser cuanto antes. Yo diría que ya.

-Vale. Cuando dices "ya", es...

-¿Mañana mismo?

-Ahora bien, necesito saber

cuál sería el momento idóneo para abordarlo,

dónde lo busco...

Para no levantar sospechas. -Tranquila.

He estado pensando en eso. Llevo todo el día hablando con Lily.

Hemos investigado sus correos electrónicos,

los mensajes de su móvil, y resulta que tiene el coche en el taller.

Y hoy ha recibido un mensaje diciendo que está listo.

Él ha contestado diciendo que mañana a una hora muy concreta

se pasará a recogerlo. Creo que es el mejor momento.

-¿Hay cámaras de seguridad? -Dos. Pero son fácilmente evitables.

El taller está en las afueras, en una zona tranquila.

Por eso creo que es el mejor sitio para abordarlo.

(HANNA ASIENTE) -¿Sabrás cómo hacerlo?

-Por favor. La duda ofende.

-A ver, Hanna, si te estoy haciendo esta pregunta es porque...

(SUSPIRA) ...no solo debes llamar la atención de ese tío.

También... tendrías que conseguir algo más.

(SUSPIRA) -¿Más?

-Debes conseguir provocarlo lo suficiente.

No sé, picarlo lo suficiente como para que venga aquí mañana mismo

por la noche a buscarte.

-Bueno, eso ya... lo tenía en cuenta. No te preocupes.

(QUINTERO RÍE)

-¿Es por mi culpa? (DANIELA) -Un poquito, sí.

Nuestra relación iba genial, nos llevábamos increíble. Así que sí.

-Pero yo no te pedí que lo cortaras.

-Pues solo eso te faltó.

-La Guardia Civil de Jaca ha enviado una pareja a Tordal.

Tiene novedades.

¿Lo han localizado? No, tanto no.

Pero tienen un testigo interesante.

Isidoro Vázquez. ¿Quién es este tipo?

No sé qué pasa, Paula. (PAULA) -Bueno...

Pues mejor así. Mejor siendo amigas que el mal rollo que teníais antes.

-Lo de ser amigas sobre el papel está muy bien, pero la realidad...

(QUINTERO) -"Hanna, dime". -Está aquí, en el taller.

-"¿Está solo?". -Sí.

-El piso. A ver, Bruno.

Quedamos en que lo primero es que saldes la deuda con Celso.

Luego ya vemos con la calma. -Es que eso ya está.

-¿Cómo que ya está? -Que ya está saldada.

Que ya no hay deuda.

-¿Te duele? -Bueno, ahora me hace cosquillas.

-Pues si hay más cosquillas que dolor,

mi diagnóstico es que el tobillo está perfecto,

además de ser muy bonito.

-¿Tú te crees que tengo cinco años?

Yo no quiero cuidadoras. Hay que ver. Qué cosas tiene mi hija.

De verdad... (MARÍA) -"Es el alzhéimer, cariño".

Que ahora está en esa etapa...

No sé qué etapa es, pero se cabrea cada dos por tres,

y luego vuelve a tener el mismo humor de siempre.

Y su hija, la pobre, lo aguanta todo sola.

-Sí, las armas están, pero no el traidor.

Y ya sabes cómo es Eva.

Hasta que no consiga dar con él, no va a parar.

De hecho, quiere interrogar a todos los de la mensajería.

-Todo lo que no sea encontrar al culpable es poco.

Voy a pedir ayuda de fuera.

-De fuera ¿de dónde?

-Un amigo de Abel, detective.

-Pero si es mi cenicienta.

-Pero si es mi príncipe azul.

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Servir y proteger - Capítulo 903

23 feb 2021

La policía intenta averiguar si el Vigilante tiene relación con un pequeño pueblo del Pirineo. Eva Velasco inicia una investigación interna para saber cómo llegó la información del cargamento de armas a oídos de Quintero. Mientras, este planea el secuestro del financiero de Khan para forzar a Vlado a salir de su escondite.

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