Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 894 - Ver ahora
Transcripción completa

(BEA) Sí, los sobres del nueve se venden muy bien.

¿A qué hora?

-¿Cuándo y dónde han quedado? -No sé la hora. En la mensajería.

(HANNA) -Se lo va a cargar. -No le pasará nada.

Ya me encargaré yo de que no le pase nada.

-Bruno, ¿qué haces aquí?

-Venía a darte una sorpresa,

pero me la he llevado yo. -¡Joder!

Espabila. Y por favor, ve con la verdad por delante

con Ainhoa.

Y sé un poco honesto contigo mismo.

Lara es una compañera que lo está pasando mal.

Por eso me quedé a hablar con ella.

-Lo veo claro. Este tío va a matarla.

-¿Tan mal lo ves? -Pues sí.

Y más tras hablar con la ex de Juan Carlos.

Alejarte de Juanra es lo mejor. -Que nos llevamos bien.

Que me quiere un montón.

-Mira, ni tú te crees lo que me dices.

-Cuando los padres de acogida lo devolvieron,

Servicios Sociales lo cambió de instituto.

-Y no solo eso:

en esa época, Alba se ausentó dos semanas de sus clases.

-¿De quién te embarazaste?

¿De quién? -¡De Lucas!

¡Me quedé embarazada de Lucas! ¿Vale?

Dime que no le buscáis por ser el asesino de policías.

He atado cabos.

(Música emocionante)

(Música instrumental)

-Olga, debes enseñarme esa capilla de la que me hablaste.

¿Me lo prometes? (RÍE)

¿Qué plan tenéis para hoy?

Algo tranquilo, no estáis de Inter Raíl, ¿no?

Tienes trabajo.

¿Tu madre está por ahí? La llamo y no me lo coge.

¿Está hablando con Salgado?

Bueno. Será cosa de trabajo, ¿no?

¿Lleva mucho?

Ya.

Estarán muy preocupados con el asunto del asesino de policías.

Bueno, te llamo en otro momento, cariño.

Te quiero mucho.

(SUSPIRA)

-Buenas, María. -Buenos días. Qué madrugadora.

-Ya ves. Ponme un café con leche, porfa.

Largo de café. Y un cruasán, que me muero de hambre.

-Pues mira, los cruasanes acaban de llegar.

Te lo iba a ofrecer. La cafetera la tengo calentándose.

-Vale. (MARÍA SUSPIRA)

¿Cómo entras tan pronto hoy?

Si ayer te irías tarde con el voluntario.

-Sí, bueno. Que no he pasado por casa todavía.

-Ah, amiga.

-Sí. -Llevas la misma ropa de ayer.

O sea, que pasaste la noche con el chico, ¿no?

Dime dónde.

-Con Aitor, sí.

Ay, es que es tan mono.

Bueno, fue todo un desastre, pero me reí muchísimo.

Y nada, estuvimos en su casa.

Bueno, en su habitación. Vive con cuatro chavales más.

Te puedes imaginar cómo es ese baño. -No me des detalles de eso.

A mí dame detalles de lo otro. ¿Quién se lanzó?

-¿Eso qué más dará, María?

-O sea, que fuiste tú.

-A ver, si tengo que esperar a que lo haga él, me salen canas.

-Pues chica, para no querer, te has empleado a fondo, ¿no?

-Ya, la verdad. A ver, estaba claro que quería algo.

Pero no sabía ni por dónde empezar.

-Ya. Y tú le has dado una lección de anatomía.

Viva el voluntariado. -Hombre...

Queja no va a tener, te lo digo.

-Seguro.

-La verdad, tenías toda la razón, María.

No va a ser todo trabajo. Necesitaba una noche así, ¿sabes?

Pues eso, de buen rollo, que sea fácil, sin complicaciones.

-Pero no crees que vaya a ir a más.

-Qué va. Si no tenemos nada en común.

Aparte, ya te he dicho que no quiero relaciones.

-Pues nada, que te quiten lo "bailao".

-Pues eso mismo, sí.

-Buenos días, Antonio.

-¿Qué hay? -Buenas.

(Puerta)

(CARRASPEA) -Anda. -Hola. (SUSPIRA)

-No te esperaba tan pronto. He desayunado solo.

-Bruno, tenemos que hablar.

Pero no sé por dónde empezar.

-Vale, tranquilízate. No pasa nada.

Te dije que no contaría nada, y no lo haré.

Soy una tumba. -Vale.

Pues entonces, si no te importa,

me explicas qué hacías anoche en la mensajería.

Porque ni de broma me creo que estuvieras ahí por... no sé,

de casualidad, o para darme una sorpresa o lo que fuese.

-No. Ayer te mentí, sí.

Me puse nervioso y no supe qué decirte.

Pero es una tontería.

Me llevé las llaves y fui a devolverlas.

-Ajá.

¿Y qué pensaste al ver aquello?

-¿Qué voy a pensar?

Fui a la mensajería pensando que era un sitio normal

y vi a mi chica comprando armas. (BEA SUSPIRA)

(CHASQUEA LA LENGUA) Mierda. No tenía que haber pasado esto.

-Claro que no.

Si llegas a contármelo, no estaríamos aquí.

-Lo más importante, que quede claro, es que mi hermana no sepa nada.

-No lo va a saber. A mí no me interesa nada.

-Ni a ti ni a mí.

-A ti te da un poco más igual. Eres su hermana.

Me daría una patada en el culo, y creo que con ganas.

-Pues sí, la verdad.

(SUSPIRA) Pues ya está. Asunto zanjado.

-No, asunto zanjado no, Bea.

¿Cómo has podido ocultarme algo tan gordo tanto tiempo?

-Por eso, porque es algo muy gordo.

Y mi hermana me pidió que me callara.

-Y hace nada me echabas la bronca por Celso, por escondértelo.

Y ahora me encuentro con esto.

-Bruno, te lo he querido decir más de una vez,

pero no soy yo la única que decide.

Está mi hermana, la dueña del negocio.

-Pues si querías contármelo, nos sentamos y lo hablamos.

Y me explicas cómo terminan dos hermanas

en tráfico de armas.

(RESOPLA)

-Tranqui.

-A ver, ¿tú te acuerdas que yo te conté

que mi padre tenía una armería?

-Sí. -Legal, evidentemente.

Pues a la vez traficaba con armas.

Se las vendía a todos los delincuentes.

-Y tu hermana curraba con él.

-No. Al principio, no.

Mi hermana estudió Empresariales y curró en otras cosas.

Y de haber querido, tendría una vida normal.

Pero ella estaba empeñada en entrar en el negocio familiar.

-Entonces fue cuando a tu padre le dio el ictus

y ella se encargó del negocio.

-Bueno, sí y no.

O sea, mi hermana se lo ha montado a su manera.

Con la mensajería de tapadera.

-"A su manera". Vaya familia. Yo lo flipo, ¿eh?

-Pues no sé por qué.

Cuando nos conocimos te dejé caer

que mi familia estaba en rollos ilegales.

-Vale, pero no me imaginaba esto.

Me imaginaba rollo trapicheos, no sé, robo de coches...

Pero esto, en la vida. -Ya.

Pues ya ves, así somos las Velasco.

-Vale. Y tú me dijiste que entraste cuando llegaste a Madrid.

-No, yo entré cuando mi padre murió.

Pero a mí al principio el negocio no me interesaba.

-¿Cómo que no te interesaba?

-No. O sea...

Bueno, cuando yo era más pequeña, sí.

Pero mi padre me dijo que no porque era una cría,

y entonces ya me olvidé y pasé del tema.

-Ya.

Y ahora que estás con tu hermana y como eres tan diligente,

has decidido no contármelo.

-A ver, no te lo conté por precaución. ¿Lo entiendes?

-Vale, pues por precaución

nos vamos a contar todo, ¿vale?

Lo bueno y lo malo. Me da igual. Para eso está la pareja.

-Que sí, que tienes razón. -Vale.

-Pero de momento prefiero que te mantengas al margen de todo.

Por favor.

-No. Piensa en lo de ayer, por ejemplo.

-¿El qué? -Con los tíos.

Te juntaste con tíos muy chungos.

De haber estado yo, igual habrían tenido algo más de respeto.

-Bruno, que tú no eres un matón.

De verdad, piénsalo.

¿Crees que vas a intimidar a los tíos con los que negociamos?

-Sí, a lo mejor de intimidador no soy bueno.

-No. -Pero no sé, Bea.

Solo quiero ayudarte. Nada más. -Vale.

Pues si me quieres ayudar, olvida lo que viste ayer

y todo lo que te acabo de contar.

-Pero ahora que lo sé, puedo... -Bruno...

Por favor, hazme caso en esto.

-Vale. -Vale.

(BEA SUSPIRA)

-Ya está.

-A ver, otro cafecito por aquí.

Yo me tomo dos cafés en un día y luego no duermo, ¿eh?

(ANTONIO) -Ya. Yo no suelo hacerlo,

pero estoy espeso y necesito despejarme.

-Ya. ¿Un día pesado en el centro de salud?

-Eso me temo, sí.

-Pues que te sea leve.

-No lo creo, pero gracias.

(Conversación inaudible)

-Eh. (DANIELA) -¿Qué tal, Lara?

-Bien, ¿y tú? -Bien. ¿Qué quieres tomar?

-Pues un cruasán a la plancha y un café con leche bien cargado.

-Vale. -He trabajado en casa hasta tarde

y estoy que me caigo hoy.

-Uy, cómo están todos hoy.

¿Qué tal, Antonio?

-Tirando.

-Oye... ¿puedo pedirte un favor?

-Si está en mi mano... -Pues verás...

No sé si tendrás una paciente...

Milagros Orozco Rodríguez. 40 años, de aquí, de Distrito Sur.

-No me suena. -¿No?

Pero al ser del barrio, tendrá asignado algún médico aquí.

¿No? -Puede ser.

¿Por qué te interesa tanto ella?

-Nada, un caso que estoy investigando.

Creo que podría tratarse

de una posible víctima de malos tratos.

-¿Posible víctima? ¿No estás segura? -Trato de averiguarlo.

¿No crees que puede haber un parte médico

en el que figure una lesión

compatible con los malos tratos? -Podría ser.

Pero los médicos estamos obligados a notificarlo,

y si no ha sido así... -Ya.

Pero igual ha pasado desapercibido. Esas cosas pasan.

-Sí, puede pasar de todo,

delante de nuestras narices, sin que nos demos cuenta.

Peor: sin darle importancia. Y de repente:

¡pumba! Te estalla todo delante de las narices.

¡Bah!

-¿Estás bien?

-Nada, tengo un mal día. No me hagas caso.

Bueno, hablando de lo que me estabas pidiendo,

voy a preguntar en el centro quién la lleva y te informaré.

-De acuerdo. Te voy a dejar los datos, ¿vale?

-Muy bien. Te tendré al tanto. -Gracias.

A ver.

-Bueno, si dices que has pillado a tu chica en un renuncio

y ha empezado a hablarte del negocio, no vamos mal, ¿no?

No era tan difícil. -Bueno, no me gustó nada presionarla.

Me habría gustado verte a ti con tu novia en esa situación.

-¿Qué te dijo exactamente?

-Me contó cuánto tiempo lleva en el ajo

y que el negocio les viene de familia.

-¿Y ya está?

¿No te dijo nada más? ¿No te habló de qué socios tienen,

en qué tipos de negocios están metidas,

si están a punto de enviar o de recibir algún pedido...?

¿Algo así? -No. No me contó nada más.

Me gané su confianza, que no es poco.

-No es suficiente. -Pues dame tiempo.

Si necesitas más información, dame más margen.

Podré convencerla para entrar en el cotarro.

-No es a tu chica a quien debes convencer, hombre,

sino a su hermana.

Ella es la que maneja el cotarro.

Y conociendo como conozco a Eva Velasco,

no te resultará tan fácil ganarte su confianza.

-Entonces dime qué sugieres.

-Sugiero que sigas presionando a tu chica.

Que sigas utilizando esa estrategia. No va mal.

Sigue haciéndote la víctima,

diciéndole que para poder consolidar vuestra relación

necesitáis ganar confianza. Hasta ahora ha funcionado, ¿no?

-Pues no. Bea va a dejar de hablar, y ha quedado muy claro.

Dejamos el tema.

-Muy bien. Pues haz lo que tengas que hacer,

pero necesito que tu chica empiece a hablarte del negocio,

y necesito que empiece ya.

-Vale. Y yo te estoy diciendo que Bea no va a hablar más.

Su hermana no le deja hablar del tema.

Y como sigamos preguntando, empezará a sospechar.

-Muy bien. Pues no nos queda otra que pasar al plan B, ¿no?

-¿De qué estás hablando?

-Toma. -¿Qué es esto?

-Una grabadora, ¿no lo ves? Ponla en la mensajería.

-Pero ¿estamos locos?

¿Cómo voy a ponerla? Cuando la vean, sabrán que he sido yo.

-No van a sospechar nada.

Métela dentro de un paquete

y déjala como si fuese un envío pendiente o algo así,

en un lugar donde no levante sospechas y ya está.

-Sabes que esto lo va a cazar al vuelo.

-Vamos a ver, Bruno. (CARRASPEA)

Mírame a los ojos.

Tú vas a hacer exactamente todo lo que yo te diga.

¿Estamos? Vas a coger esa maldita grabadora,

le vas a dar al "play", la vas a meter en una caja,

le vas a poner una etiqueta, como si fuera un envío pendiente

que tengan en la mensajería.

Y lo vas a dejar donde no levante sospechas.

Esa grabadora tiene una autonomía de 24 horas.

La dejas dentro del paquete, mañana la recoges y punto pelota.

Asunto arreglado. ¿Te queda claro?

-Me queda claro.

Pero ¿qué te parece tan interesante de la mensajería?

-Todo. Quiero saber todo lo que se cuece ahí dentro.

Quiero saber qué socios tienen, qué negocios tienen,

si están pendientes de enviar o de recibir algún pedido

que sea lo suficientemente importante.

Lo quiero saber todo.

-Vale. Pues vamos a dejarnos de tonterías

y vas a ser sincero conmigo.

¿Trabajas para la pasma o qué?

¿O estás montando tu negocio y no quieres competencia?

-Ni lo uno ni lo otro.

-Pues entonces no entiendo por qué lías esto.

-¡Tú no tienes nada que entender!

¡No me toques las narices ni me sigas vacilando!

Tú solo debes hacer todo lo que yo te diga

si quieres quitarte de en medio la deuda que tienes con ese tal Celso

y evitar que venga a partirte las dos piernas, ¿te queda claro?

-Sé bien que cuando la cague me la vas a liar.

Y así estoy jodido por parte de Eva y por ti.

-Tú tranquilo. Si haces todo lo que digo, no te pasará nada.

-Sabes que Eva es una enferma de la seguridad.

Seguro que tiene algún sistema para descubrir estas cosas.

-Que no te va a pasar nada.

Esa grabadora es analógica, no digital.

No emite ninguna señal.

No tiene wifi, no tiene Bluetooth ni nada de eso.

Es indetectable, ¿vale?

-¿Tan seguro estás? -Completamente seguro.

-Y no me queda otra opción. -No.

No te queda otra.

-Pues te voy a decir una cosa, y te la diré solo una vez:

como esto salga mal,

te juro que le cuento a Eva todo lo que me estás obligando a hacer.

Y no me importa lo que haga Celso conmigo.

-Y yo te voy a decir esto por última vez:

haz todo lo que yo te diga por la cuenta que te trae.

Vas a coger la grabadora, la vas a meter en un paquete

y le vas a poner una pegatina, ¿de acuerdo?

Y lo vas a dejar en la mensajería.

¿Estamos?

(Pasos)

(DANIELA) -Hola, ¿qué tal?

-Bien. Un desayuno completo. -Claro.

-Lara, ¿qué tal?

Hace tiempo que no te veía. -Sí.

¿Qué tal, cómo estás tú? ¿Cómo te ha ido por Bilbao?

Me ha dicho Iván que fuiste a dar unas charlas.

-Sí, sobre aprendizaje y servicio.

Por cierto, ya sé lo de tu amiga.

Siento mucho lo ocurrido.

¿Cómo estás?

-Mal, la verdad.

-Admiro tu valor para volver al trabajo tan rápido.

-No, de admirar nada, hombre.

Cuanto antes me centre en lo positivo, mejor.

-Claro. Pero tampoco es bueno volcarse en exceso.

-No, claro que no.

Pero ¿por qué dices eso?

-Iván me comentó algo de pasada.

-"De pasada". -Sí.

Si me permites un consejo,

lo mejor es dejarse ayudar por un profesional.

Esas heridas cuesta cicatrizarlas.

-Ya. ¿Y lo de pedir ayuda es cosa tuya o de Iván?

-Mía. ¿Te parece mal que te lo diga?

-No. Me imagino que no.

Pero vamos, que no necesito la ayuda de nadie.

Muchas gracias, ¿eh?

Me tengo que ir. -Vale.

-Chao. -Chao.

(DANIELA) -Chao.

Aquí está. Ahora te traigo lo demás. -Vale.

(Motor)

-Bueno, pues un poquito largo el viaje, la verdad.

Muchas horas. Vengo cansada.

He ido a ducharme, me he cambiado y he dicho: "Voy".

-¿Por qué no te has tomado el día libre? Podías hacerlo.

-Llevo un montón sin venir, Bea.

¿Por aquí todo bien entonces?

-Sí, bien. Y yo al pie del cañón, como me dijiste.

Muy bien. -Muy bien.

Pues nada, cuéntame.

¿Cómo fue la compra con el proveedor? -Muy bien.

Hicimos el intercambio, guardé las armas...

Toma, por si quieres revisarlas.

-No. Si lo has hecho tú, vale. -Sí.

Lo hice.

No me has dicho qué hacemos con ellas.

Me refiero: ¿las dejamos en el almacén

o se venden ya por la "deep web"?

-Otro día te cuento. -No me fastidies.

Me dejas de encargada en la mensajería,

de la compra de las armas, pero no sé qué hacer.

-Qué dramática te pones.

No pasa nada. Ya te irás enterando de las cosas.

-Ya, pero me lo cuentas todo a medias.

-Bueno... -¿Qué hago para que confíes en mí?

-¿Tener paciencia, por ejemplo? Va muy bien.

-Bueno, vale. Pues nada, más paciencia.

Y con los Carballal, ¿qué tal?

-Bien. -¿Bien?

-Ajá. Bien, muy bien.

Ir para allá fue muy buena idea.

Hemos cerrado un trato bueno, bueno.

-Vale. Porque nos van a comprar más armas, entiendo.

-Trato bueno porque ya te lo contaré.

Estás muy preguntona y no hay quien te aguante.

-Vale, pues no sé, ¿qué tal está el tío Abel?

¿Cómo le has visto?

-Bien. -¿Bien?

-Está bien, sí. Tranquilo.

Le duelen los huesos por la humedad. -Ya.

-Te manda recuerdos.

-Con lo que era él,

que no paraba quieto manejando el cotarro.

-Pues va a tener que estar un tiempín ahí.

Sí. No sé si podrá volver.

Pero al menos está a salvo. -Sí.

-Anda, no sabía que estabas aquí, Eva.

¿Qué tal por Galicia?

-Bien, muy bien. -Guay.

Oye, yo quería comentarte algo.

Que... con Bea al mando ha ido todo como un tiro.

-¡Ja! ¿Ves? Te lo he dicho.

-Fenomenal. Pues nada, que siga yendo como un tiro, ¿no?

Venga, cada mochuelo a su olivo.

-Sí, claro.

-La del mostrador, el de los paquetes.

De verdad...

(SUSPIRA)

(Música de suspense)

(EVA SUSPIRA)

(IVÁN) -Sí, Nuria. El problema es que es difícil

a estos timadores, porque la tienda virtual

no tiene un domicilio físico,

y la IP la están cambiando continuamente.

Claro. Vale.

Pues cuando tenga algo, te aviso.

Vale, venga. Hasta luego. Chao.

(SUSPIRA)

(LARA) -Eh. -Lara.

-Necesito que me ayudes.

Hay un aviso de un exhibicionista por la ermita.

-¿Cuándo lo has recibido? -Hace un rato.

Al parecer, lleva un par de días incordiando a mujeres.

Tenemos su descripción, pero no coincide con nadie fichado.

-Vale. ¿Pido las imágenes de las proximidades?

-Sí, estaría bien.

Te dejo aquí la descripción, ¿vale?

Y aquí están marcados los puntos del parque

donde ha actuado y las horas.

-Vale. -Venga.

-Vale. Lara, una cosa. -¿Qué?

-Perdona.

¿Qué tal estás hoy?

Porque ayer te vi un poco baja.

-Bien, perfectamente. Tú y tu novia podéis estar tranquilos.

-¿A qué viene eso?

Solo quiero saber si estás bien. ¿Por qué metes a Ainhoa en esto?

-¿Por qué no, si tú le has contado problemas de mi vida personal?

Y a mí no me gusta que hablen de mí. -Solo le he contado lo de África.

-Y le has dicho que te preocupas porque me involucro demasiado.

¿Y sabes qué me ha sugerido tu novia? Que vaya a terapia.

-A lo mejor tienes que ir. Es lo mejor.

Ya fuiste cuando te disparó Vlado, y no pasa nada por volver, ¿no?

-Ya, pero eso lo decidiré yo, no tú y tu novia.

-Ya. Bueno, supongo que si Ainhoa te lo ha sugerido

es porque cree que es lo mejor y lo hace con la mejor intención,

y con muchísima delicadeza.

-Pues sí, con mucha delicadeza.

Pero podéis estar tranquilos.

Sé gestionar mi vida. Muchas gracias. -¿Seguro?

Lara, ¿seguro?

Esto es un trago duro, y quizá no puedes superarlo sola.

No te encierres en ti misma. Déjate ayudar.

Estamos aquí para ayudarte.

-Vale, y tú y tu novia pensáis que podéis hacerlo, ¿no?

¿Queréis tener un proyecto en común, aparte de ir a Cabo Norte?

-No, claro que no. Solo nos preocupamos por ti, Lara.

Además, no sé por qué te molesta que hable a Ainhoa de ti.

-Porque esto no es asunto vuestro. Por eso.

-Mira, Lara, yo...

Yo estaba contigo cuando encontramos a África.

Y sé lo que te ha afectado.

Si para mí fue duro, supongo que para ti lo ha sido mucho más.

-Pues te agradezco mucho tu interés, que quieras ayudarme,

pero ya está, tranquilo, ¿vale?

Voy a estar bien. Así que olvídalo.

-Vale. Pues si tú me lo dices, te creo.

Ahora, sí te diré que creo

que deberías olvidarte del caso de Juancar y Mila.

Sí, porque te involucras demasiado.

Vamos, más de lo profesionalmente exigible.

-A ver, es un caso clarísimo

de mujer que niega los malos tratos de su pareja.

(IVÁN ASIENTE)

-Voy a llegar hasta el final.

Yo soy la responsable de la UFAM.

-¿Y esto lo haces por ser la responsable de la UFAM

o por lo que le pasó a África?

¿Qué? ¿No me vas a contestar?

-No, no te voy a contestar. -No.

-Porque cuestionas mi profesionalidad, y yo paso.

(Móvil)

Perdona.

Oficial Muñoz.

(ANTONIO) -"Hola, Lara. Soy Antonio Torres.

¿Te llamo en mal momento?".

-No, qué va. ¿Alguna novedad con el caso de Milagros Orozco?

-"Sí. Ven al centro de salud".

-¿Crees que Alba nos dijo la verdad

y que no ha vuelto a tener contacto con Lucas?

-Pues es muy posible.

Está claro que después de hacerla abortar sus padres,

hicieron lo posible para que le perdiera la pista.

-Sí, pero es raro que un amor adolescente se olvide tan rápido.

¿No? Y más si había un embarazo de por medio.

-¿Adónde quieres llegar, Lidia?

-Me parece raro que hayan perdido el contacto

solo por cambiarle de instituto, o por volver a Servicios Sociales.

-Quizá mantuvieron el contacto un tiempo y después se separaron.

Ese embarazo terminó en aborto, y eso para Alba fue muy doloroso.

Ya viste lo que le costó confesarlo.

Normal que quisiera dejar atrás todo eso, incluido Lucas.

-Sí, pero ¿y Lucas?

Alba es a la única persona que ha querido

después de que murieran sus padres. Y fue recíproco.

Eso no se olvida fácilmente.

(CHASQUEA LA LENGUA) -Entonces, ¿cómo explicas que dejase Madrid

y se fuera a la academia a Zaragoza?

-Ya, si tienes razón.

Pero ¿por qué lo ha defendido tan apasionadamente?

(RÍE) -¿Y qué?

¿Qué pasa con eso?

Una chica dejando atrás una etapa de su vida

no es incompatible con defender la inocencia del chico al que quiso.

-Y ahora que lo sabe todo, ¿abrirá los ojos?

-Pues no lo sé, pero no hay más ciego que el que no quiere ver.

-Hola.

Me gustaría hablar con ustedes.

-He hablado con Fernando, un compañero,

sobre el caso de Milagros Orozco. -Sí.

¿Y no ha detectado nada sospechoso?

-La trató en la consulta por un brazo roto.

-¿Y no cree que pueda ser un caso de violencia de género?

-Bueno, en principio no.

Estuvo mirando en el historial

y se comprobó que se había seguido el protocolo.

-¿Seguro? -Sí, seguro.

Vino a la consulta con su pareja.

Dijo que se había caído.

Fernando pidió a su pareja que saliera. Se llamaba...

-Juan Carlos Gil Solá. -Sí.

Para que Milagros pudiera hablar sin miedo a represalias.

Bien, corroboró lo que había pasado y disipó todas las dudas de Fernando.

-O sea, que según tu colega,

no da el perfil de mujer maltratada. -No.

-Vale.

¿Y no puede ser que estuviera mintiendo?

Digo Milagros, no tu colega. -No. Fernando se habría dado cuenta.

Estamos muy concienciados con eso, y recibimos cursos de formación.

-Ya. Pero ¿sabes lo que pasa?

Que, con todos mis respetos, tu colega no conoce a Juancar.

Yo sí sé de qué pie cojea, tanto él como Mila.

-Bueno, pero ¿está mediando alguna denuncia de malos tratos?

-No, todavía no.

Pero ya han estado en comisaría por una pelea en la calle,

y luego he hablado con los vecinos

y dicen que están a bronca diaria, y bastante fuerte.

-¿Por eso crees que hay malos tratos? -Pues sí.

Sí, claro. No es el típico caso de manual,

pero sí, lo pienso.

-Pues como no tengas pruebas más contundentes

o medie alguna denuncia, te costará demostrarlo.

-Bueno, estoy en ello.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

-No voy a permitir que ese bestia pegue a su mujer.

-Bien. Una lástima que los policías no podáis anticiparos al delito.

-Sí. Y precisamente ahí es donde falla el sistema.

Ay, Dios mío.

Bueno, en fin... ¿Tú cómo estás, Antonio?

-Bien. ¿Por qué lo preguntas?

-Ay, perdóname.

Es que... esta mañana me dio la sensación

de que estabas un poco bajo en el bar.

-Bueno, sí. Todos podemos tener un mal día.

Sobre todo si hay exceso de trabajo. -Sí.

Y encima vengo yo con un caso de maltrato

para fastidiarte más el día. -Presunto maltrato, Lara.

-Ya. Bueno, ya...

-¿Me equivoco, o te tomas muy a pecho este caso?

-No te equivocas, pero también es lógico, ¿no?

Tú me entenderás. Tenemos mucha responsabilidad.

Cada uno en lo suyo, claro.

Pero no sé, de repente no actuar a tiempo, despistarse,

le puede costar muy caro a alguien.

-Desde luego que sí.

-¿Cómo está Claudia? ¿Está bien?

Le estarán sentando fenomenal estos días de descanso.

-Sí, muy bien. Gracias por preguntar.

Bueno, perdóname, no quiero ser grosero,

pero tengo que seguir atendiendo a pacientes.

-Claro. Gracias por todo, Antonio. -Vale.

-Venga, adiós.

(Puerta cerrada)

-Todavía me cuesta creer que hablemos de la persona que conocí.

(LIDIA) -Hombre, lógico.

Es difícil asumir que alguien a quien quisiste sea un asesino.

-Lo único que necesitaba Lucas era cariño,

y tiempo para recomponerse de todo lo que haya vivido.

Eso intentaba darle yo.

En cambio, mis padres le echaron como a un perro.

-Hicieron todo lo posible para protegerte.

Quizá se equivocaran,

pero no son responsables de la deriva de Lucas.

Sus problemas son muy profundos y anteriores.

-Alba...

Tú no has venido solo para decirnos lo buena persona que era Lucas, ¿no?

-No.

He venido porque... les mentí.

No es cierto que lleve tanto sin saber de él.

(Música melancólica)

Este libro... solíamos leerlo Lucas y yo juntos.

Miren esto.

(Libro abierto)

Son flores "edelweiss".

Desde hace nueve años recibo una al año.

-¿Las manda él?

-¿Te manda una nota o algo?

-No. No, pero yo sé que me las manda él.

-¿Y por qué sabes que es él?

-Por la fecha.

La recibo el mismo día en que yo hubiese salido de cuentas

si hubiera seguido con el embarazo.

Y aparte, que sean flores "edelweiss" pues...

-¿Qué significa para vosotros?

-Estas flores nacen en los Pirineos.

Nosotros solíamos fantasear con ir allí a vivir

a criar a nuestro hijo.

A Lucas le gustaba mucho esa zona.

-¿Y cómo te hacía llegar las flores?

-Por paquete.

Por servicio postal.

-Pero sin remitente.

¿Y el matasellos?

-Es de Madrid. Siempre es de Madrid.

Solo cambian los códigos postales en cada envío.

-¿Tienes algún paquete de esos?

-No. No, lo siento.

-Tranquila, no pasa nada.

-¿Falta mucho para ese aniversario?

-Tres días.

(Claxon)

(Puerta)

(DANIELA SUSPIRA) -¿Qué haces aquí?

-Vine por mi teléfono.

No pude venir antes porque tuve un día superpesado en La Parra.

Oye, ¿me puedes marcar, por favor?

-Sí.

A ver...

(Móvil)

-Míralo, ahí está.

A ver.

Muchas llamadas perdidas y mensajes de Carlos.

¿Y tú? ¿Todavía no te vas?

-Es que hoy me toca turno de tarde.

No me esperes. No llegaré hasta las tantas.

-"Hasta las tantas".

-¿Y ese tonito?

-No, que seguro que estás organizando una jugada ilegal con tu jefe, ¿no?

-A ver, Dani...

-No quiero ver nada del dinero que ganes en eso.

Procura esconderlo bien.

-Ya lo sé, pero Dani, ya hablamos de esto, ¿no?

-¿Y seguro que te quedó claro?

Porque hay que repetirte las cosas una y otra vez

para que se te queden. Y a veces ni así.

-¿A ti qué mosquito te picó hoy? ¿Qué pasó?

-¿Cómo que qué pasa? No puedo traer a mi novio a mi casa

y ya no puedo ser con él la misma de antes.

Y obviamente, él lo nota.

Pero no le puedo decir nada porque es por tu culpa.

-¿Qué quieres que te diga? Tienes razón. Lo sé. Lo siento.

-Es que me siento supermal.

Todo el día estoy pensando en que mi novio atrape a mi hermano

porque está haciendo cosas ilegales. ¿Cómo te sentirías en mi lugar?

-Dani, me metí en esto para que no nos embargaran.

O sea, que... Y esto ya lo hablamos tú y yo.

-Pues yo cada día me arrepiento más.

Mi relación con Carlos iba muy bien. Nos llevamos genial.

Y ahora siempre siento

que en cualquier momento se irá a la mierda.

-Que tengamos que mentirle

no significa que vaya a acabar lo vuestro.

-Sí, pero a mí no me gusta estar mintiéndole.

-Pero ve el lado positivo. No queda nada.

Unas semanitas. Juntamos el dinero y ya.

Adiós hotel, adiós partidas.

-No sé si creerte, porque cuando uno gana dinero fácil...

-Te lo juro por Dios.

En cuanto paguemos la deuda, a la chingada el hotel.

(SUSPIRA) -Yo hubiera preferido

que no hubieras tenido que hacer nada de esto.

Es que me siento supermal.

Me siento tu cómplice. No puedo dormir tranquila.

-Lo mejor es dejar de pensar.

Eso es lo que hago yo.

-No, si eso también me preocupa: verte tan tranquilo.

Ya me voy.

(Llaves)

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

-Aún se comunican, pero de una manera un tanto peculiar.

Él le compra una flor cada año

justo en las fechas en las que debía haber nacido

el hijo de ambos.

"Pues eso es un gran avance. ¿Cuándo es el día?".

En tres días.

"¿Tan pronto?". Sí.

"Entonces...".

Estamos haciendo todas las averiguaciones

para no desaprovechar la oportunidad.

Nunca lo hemos tenido tan cerca.

Me gustaría que estuvieses aquí ahora.

"Verás, para mí también es muy difícil

estar alejada de la investigación ahora".

Pues vuelve. Detengamos a ese malnacido juntos.

Huyendo nadie ha conseguido nada. "No estoy huyendo".

Sinceramente, no lo sé, porque no me has dado ninguna explicación.

Y sé que esto no te ayuda, pero...

estoy ya cansado de hablar contigo tres días solo del caso,

como si no pasara nada.

"Está bien.

La noche antes de irme hablé con Antonio.

Se lo conté todo.

Le dije que nos habíamos besado y que...

que estaba confusa, que necesitaba tiempo para aclararme.

Y es lo que estoy haciendo".

Jefe. -Disculpa, Miralles.

Tengo que dejarte. Luego hablamos. "Vale".

¿Tenemos novedades?

-Bueno, llamamos a varios viveros,

pero ninguno vende la flor "edelweiss".

-Pues hay que insistir.

El aniversario es en tres días

y no podemos desaprovechar la ocasión.

-Sí. Lo bueno es que es una flor rara.

Eso hará más fácil acotar la búsqueda.

-Es una flor de alta montaña.

Supongo que está relacionada con la niñez de Lucas, en Jaca.

-¿Cómo sabéis que la compraba en Madrid?

Alba nos dijo que el matasellos era de Madrid.

O sea, que lo lógico sería que las comprara aquí.

-Quién nos lo iba a decir:

que una flor poco común nos lleve hasta el asesino.

-Néstor y yo hemos indagado sobre la "edelweiss"

por si había alguna pista oculta que ayudara con la investigación.

-¿Y habéis averiguado algo?

-Sí, bueno. Está relacionada con una leyenda.

De un joven que estaba enamorado, y cuando fue a declararse a su amada,

ella le dijo que como prueba de ese amor

fuera a buscar un "edelweiss" a lo alto de la montaña.

Y él fue pero nunca volvió.

Ella enloqueció, fue a buscarle y nunca regresó.

-Sí. Si esa historia influyó para que Lucas escogiera esa flor,

Alba es su tendón de Aquiles.

Eso lo hace más vulnerable y previsible.

-Está bien. Hay que darse prisa para acabar todas las investigaciones

y sobre todo a visitar o llamar a todos los viveros hoy.

Debemos preparar el operativo. -Estamos en ello.

-En cuanto descubráis los viveros que venden la flor "edelweiss",

los visitáis. No creo que sean muchos.

-De acuerdo. A la orden.

-Bueno...

(Puerta cerrada)

Disculpa, me dejé el bloc de notas.

(Puerta cerrada)

-Le arrebatan a su familia,

y luego le impiden construir la suya propia.

Yo en su lugar también estaría muy cabreado. ¿Tú no?

-Supongo que sí. Pero vamos, no tanto.

¿Estás bien?

-Sí, estoy bien. Voy a avisar a Bremón.

Vamos a cogerlo de una vez por todas.

Gracias.

(Conversación inaudible)

Soy el inspector jefe Salgado.

En 20 minutos les visitarán dos agentes en su vivero.

Por favor, intenten avisar a todos sus empleados.

Es importante.

Con el debido respeto:

es un asunto de máxima urgencia,

así que, por favor, haga lo que le digo. Adiós.

Antonio.

Espera un momento. -¿Qué quieres? Tengo mucha prisa.

-Pues no lo sé muy bien. Supongo que charlar contigo.

Te acompaño a la consulta.

-No, aquí está bien. Lo que debas decir, cuéntamelo aquí.

-Que sepas que siento mucho que las cosas hayan llegado a este punto.

-¿A qué punto han llegado, según tú?

-Claudia me ha contado lo que habéis hablado.

La razón por la que se ha ido a Verona.

-Se ha ido a Verona porque quiere ver a su hija.

No tiene que ver contigo, aunque te empeñes en estar en medio.

-Escucha, solo quiero que sepas

que no tenía ninguna intención de interponerme entre vosotros.

-No estoy aquí para escuchar tonterías.

-Tú ya sabes que nuestra relación al principio no fue fluida,

por culpa del informe.

-No te empeñaste mucho en solucionarlo.

No sé si lo que quieres con esto es disculparte,

pero perdóname: te lo puedes ahorrar.

-Si no aceptas mis disculpas, lo entiendo.

Pero solo quiero que sepas que no hay culpables en esto.

-Pues a mí se me ocurre uno.

¿No sabías que estaba casada al besarla?

No somos dos estudiantes disputándonos a la guapa de clase.

Claudia es mi mujer. Mi mujer.

Y si querías, podrías haberte apartado.

Así nos ahorrábamos un disgusto.

-Pues siento haber llegado a esto.

-Vamos... Decir que no hay un culpable

y que yo tenga que escucharlo...

Si se ha ido para pensárselo, deja de llamarla todos los días.

¿Por qué no eres un poco hombre y tienes algo de dignidad?

-Si hablo con ella a menudo es por cuestiones profesionales.

-Ah. -Llevamos juntos un caso importante.

-Claro, el trabajo es lo más importante.

Pero ¿sabes qué pasa? Que ha pedido vacaciones.

-Ya, pero el asesino no.

Y ya la conoces:

aunque esté de vacaciones en Verona o en el Polo Norte,

querrá estar siempre al tanto de lo que pasa aquí.

-Pero ¿a ti qué te pasa?

El trabajo es lo importante. Va a ser eso.

Y yo no me he dado cuenta. (SUSPIRA)

(Música instrumental)

(Inaudible)

-Caballeros, el jugador que falta me ha avisado

de que ha encontrado cierto atasco. Pero estará al llegar, ¿de acuerdo?

Ángel, escúchame.

Si en cinco minutos este tío no ha llegado, empezamos sin él.

-Pero ¿quién es?

-Es un tío importante. Se llama Vicente Rocha.

Se lo rifan en las timbas. Por eso está un poco crecidito.

-Bueno, si es importante, habrá que esperarlo.

-Claro. Por eso me estoy inventando alguna excusa.

Algo había que decirles a estos. Se impacientan.

-Igual se perdió.

No es fácil llegar al Novasur. -Escúchame.

Este tío tiene mucha pasta.

Tiene varios talleres de coches, y un concesionario de segunda mano.

-Si tan bien le va, hay que esperarlo y no herir sus sentimientos.

-No, sí. Además, conmigo siempre se ha portado bien.

Me ha intentado vender cochazos a precio de fábrica.

No los he comprado porque tengo dos exmujeres, dos hijos y no puede ser.

Pero si tú sigues cumpliendo,

primero pagarás tus deudas y después te comprarás un coche.

-Ojalá. -Escucha:

tu hermana seguirá sin saber lo que hacemos aquí.

-No, yo soy muy discreto.

-Bueno, mejor.

Oye, estate tranquilo. El otro día te vi un poco nervioso,

y los nervios no son buenos aquí.

(Puerta)

-Yo no estaba nervioso.

-Hombre, Vicente. Cómo te haces de rogar.

-Un poco. -Pasa.

Ángel, sirve a don Vicente un güisqui con dos cubitos de hielo.

¿Sigues tomándolo así? -Sí, claro.

-Podemos comenzar cuando quieran.

(JUAN CARLOS) -Claro.

Bueno, ya te contaré.

Bueno, yo cuando los tenga, te aviso.

Pero mi género ahora es de lo mejorcito.

Te costará el doble que antes.

Venga.

-¿Qué te pongo? -Una cerveza fría como el témpano.

Estírate un poco más, ¿no?

-¿Así te va bien?

-¿Otra vez tú? ¿No me vas a dejar tranquilo?

-Solo quiero hacerte unas preguntas. -Ya.

Y si te digo que no, me vas a revolotear como una mosca cojonera.

-Más o menos, sí.

-Muy bien.

Pregunta lo que quieras. No tengo nada que ocultar.

-Bien.

¿Qué hacías esta tarde,

a eso de las 18:00, en la calle La Espiga?

-¿Me sigues?

-Dejémoslo en que pasaba por allí por casualidad.

-Bueno, ¿y qué pasa?

¿Uno no puede ir donde le dé la gana?

Se supone que es un país libre.

-¿Quién era la mujer con la que estabas?

-No sé de qué mujer me hablas.

-Con la que entraste en el portal.

¿Qué fuiste, a su casa?

-¿Tú de qué vas?

Lo que haces es ilegal. No me puedes seguir cuando quieras.

-Pues si me dices quién era ella, a lo mejor hasta te dejo en paz.

-No te importa.

-Pues si no quieres decirme quién es,

o estás liado con ella o estáis juntos en algún fregado.

-Pues mira, ni una cosa ni la otra.

-Vale. Pues si no me lo dices,

no te importará que se lo comente a Mila, ¿no?

Y ya que me cuente todo lo demás.

-¿Todo lo demás? ¿Qué quiere decir?

-Cómo la tratas de verdad. -Tú estás mal de la olla.

Yo la trato como a una reina.

-¿Sí? Hubo reinas a las que les cortaron la cabeza.

Mira, ya vale de hacerte el bueno conmigo.

Eres un maltratador.

-No me digas que estás montando todo por eso.

-¿Por qué va a ser si no?

-Primero tendrás que encontrar pruebas.

Así funciona tu curro, ¿no? Pero no las vas a encontrar.

¿Sabes por qué? Porque está todo en tu cabeza.

Lo mejor que puedes hacer es irte.

-Has pegado a Mila.

Hace meses estuvo en el médico por romperse un brazo.

-Se cayó. Y yo la acompañé porque estaba preocupado.

-¿Estabas preocupado por ella o por ti, por salvar tu culo,

para que no contara que le habías dado una paliza?

-Pero ¿qué dices?

-No es la primera vez que la pegas. -Tú estás mal de la olla.

¿Eh? Investiga todo lo que quieras.

No vas a encontrar nada.

-Pues no te importará que le cuente a Mila que has estado con otra.

-Joder, tía. Qué plasta eres.

¿Quieres dejar de acosarme ya?

Mira, ya me has amargado la noche.

(JOAQUÍN) -Señores, buenas noches.

Espero que tuvieran una buena velada y verles en la próxima.

(SUSPIRA) Tranquilo, Vicente, hombre.

Ha sido una mala noche, pero la próxima será mejor.

Ahora debo pedirte que me devuelvas el dinero que te he fiado.

-Mañana volveré con el dinero.

-Espero que sea pronto.

Porque estas deudas, cuanto antes se saldan, mejor.

-Vale, vale.

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

-Yo pensé que nunca lo iba a ver: usted fiándole dinero a alguien.

-Con Rocha hago una excepción. No es la primera vez.

Y siempre cumple.

Además, apuesta fuerte, y eso anima al resto de jugadores.

-Bueno, si usted lo dice...

Usted manda.

(JOAQUÍN SUSPIRA)

-Qué raro. Este no va. No sé qué pasa.

-Es un envío que debía hacer yo ayer, y el tío no estaba,

y al final no se lo pude dar a ningún vecino.

-Pero debería salir en el sistema.

O me lo cuentas tú o lo averiguo yo.

-¿Qué hacías aquí? -¡Hablando con él!

Regístrame si quieres. ¡Venga! Igual abajo ves algo que te gusta.

-Cuidado con lo que dices. Puede caerte un buen paquete.

-¿Sí? Vaya, parece que la poli se pone chulita.

Igual le bajo los humitos.

-¿Qué pasó?

-Pasa que había quedado con Rocha esta mañana

para que me trajera el dinero, y no ha venido nadie.

He estado esperando como un idiota.

-Igual tuvo algún problema, ¿no?

-El problema lo vamos a tener tú y yo como no cobremos.

(EVA) -"Diez cajas. En eso quedamos. ¿De acuerdo?

Espero tu llamada".

-Muy bien. ¿Sabes quién es ese tal Hariri,

o tienes idea de quién puede ser? -No, ni idea. No lo conozco.

-Pregúntale a tu chica, a ver qué puede decirte de él.

-¿Cómo hago, me planto ante ella y le pregunto por un desconocido?

-Pues sí, eso quiero que hagas.

-Ya sabemos dónde compra Lucas la flor "edelweiss".

-¿Dónde?

-Vivero La Zara, sierra norte. Cerca de Buitrago.

-Pues no lo entiendo.

Sabes bien que sería una tumba.

El otro día, por ejemplo, escuché hablar de un tal Hariri,

y no le he contado nada a nadie. -¿Cómo?

-Como esa poli siga persiguiéndome y se joda el negocio, te enteras.

-¡Joder!

-Paula, no sé cómo me has convencido para venir hoy,

porque estoy muerta. De verdad.

-Me has pillado a contrapié.

Me estás haciendo una proposición, ¿no?

No, lo pregunto porque no me lo esperaba.

-No sabía cómo proponértelo.

-No, pues me sorprende. Como nunca habíamos hablado...

-Bueno, no te agobies.

Que es solo una idea.

-Tú no entiendes que ese tío no tiene intención de pagar.

Y si se corre la voz de que no podemos cobrar las deudas,

el negocio se acabó.

Hasta ahora, por suerte,

las cosas habían ido bien en las timbas, todo tranquilo.

Pero amigo, ahora te ha tocado ganarte el sueldo de otra manera.

-No puedo soportar la idea

de que veas cada día a ese hombre en la comisaría, a Salgado.

Me gustaría pedirte algo.

"¿Qué necesitas?".

Me gustaría que pidieras el traslado de la comisaría.

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Servir y proteger - Capítulo 894

10 feb 2021

En el caso del Vigilante, Alba da una pista que puede ser crucial para encontrarlo. Antonio se entera de que Salgado ha llamado varias veces a Claudia. Por su parte, Claudia confiesa a Salgado que Antonio sabe todo lo ocurrido entre ellos. Los dos hombre se encuentran y tienen una fuerte discusión. Los avances de Bruno en el espionaje a las Velasco no satisfacen las expectativas de Quintero, que urde un plan para conseguir más información.

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