Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 876 - ver ahora
Transcripción completa

-Sí, ya sé lo que le pasa a la gente que no te paga.

Lo conseguiré.

Te equivocas conmigo, deberías darme una oportunidad.

-Chacho, esta historia del atraco no me cuadra.

Mírame a los ojos.

¿Por qué quieres volver a la cárcel?

-Fuera del trullo me siento como fuera de lugar,

como si fuera un guiri que no se entiende con nadie.

-¿Y a ti no te molesta un tío tan... vago?

-A ver, es que acaba de llegar a Madrid y no conoce a nadie.

(Música emocionante)

Yo también creo que Vlado Khan volverá a aparecer,

pero ¿cuándo? Sí...

Vale, yo si tengo algún avance, enseguida te llamo.

Venga, gracias por todo.

¿Alguna novedad

de los casos que llevamos entre los dos?

Lo digo por la conversación.

Era Christine, la agente de la Europol.

¿Te ha confirmado la información que te dio Iker?

¿Lo sitúa en Estambul?

Vlado Khan fue visto en Estambul por última vez,

pero allí le pierden la pista.

Tal vez haya cruzado a Rumanía.

La Europol no lo descarta, pero no tiene constancia.

Volver a su país es lo más conveniente para él.

Allí están sus socios, sus amigos, sus familiares...

Tiene contactos que pueden protegerle y esconderle.

Pues sí, pero de ser así nos va a costar mucho encontrarlo.

Un momento. Dime.

(SE ECHA A REÍR)

¿Esta pajarita la has hecho tú?

¡Bueno!

¡Un intento de pajarita!

No está mal, un poco picassiana.

Como dices que te ayuda a concentrarte...

Lo he intentado, pero, vamos, que no es lo mío.

¿Quieres que te enseñe? ¿Ahora?

¿Por qué no? No tenemos tiempo.

Es mucho más sencillo de lo que parece.

Tú presta atención a lo que hago.

Y, sobre todo, no dejes de mirar mis manos.

¿En serio? ¿No me vas a explicar nada?

Lo divertido de la papiroflexia

es aprender a hacer volúmenes a partir de un plano.

Ya, ya, ya. Pero, vamos, yo tampoco sé cocinar

y si me das una receta, hago el bizcocho. ¿Me explico?

Perfectamente. ¿Ves? Acabo de doblar

las dos diagonales. Ajá.

El arte de la papiroflexia tiene muchos beneficios.

Además de ayudar a la relajación,

activa la memoria,

y favorece la capacidad de concentración.

Parece que estás hablando de un complejo vitamínico.

Tú ríete, pero es verdad.

Además, favorece mucho la labor policial.

¿Por eso empezaste a hacerlo? En parte, sí.

Pero creo que me gusta tanto porque me acuerdo de mi madre.

¿Te enseñó ella?

Sí, cuando era pequeño no dejaba de hacerme figuritas.

Con un trozo de papel era capaz de fabricarme

los juguetes más alucinantes.

Es posible que sea un poco cursi lo que te voy a decir,

pero, cuando hago esto, me acuerdo de ella.

No es cursi en absoluto. Al contrario, es muy bonito.

¿Te has fijado cómo la he hecho?

No. (RÍE)

Ha sido muy rápido.

Tendría que empezar por algo más básico.

Bueno, pues...

para ti.

No huele, pero da el pego.

Gracias. No creo que yo pueda hacer nunca algo tan bonito.

Con tal de que no la tires a la papelera

y te acuerdes de mí...

¿A qué papelera? (RÍE)

Muchas gracias.

Por cierto,

¿sabes algo de Lidia y Néstor?

Me preocupa que no haya buena sintonía.

¿Cómo los has visto?

Solo hace un par de días que están juntos,

pero yo particularmente veo un binomio que está muy bien.

¿Por qué lo dices? Verás...

Buenos días. ¿Qué hay?

Me alegra teneros aquí.

Hoy interrogamos al nuevo sospechoso.

¿Qué podéis decir del chico?

No es tal. Hace 11 años fue testigo de la muerte de su madre.

Era una forma de hablar. ¿Qué más sabemos?

Su padre lo tiró de las escaleras

cuando intentaba impedir que matase a su madre.

Le practicaron una traqueotomía.

Hemos revisado las fotos que tiene en redes sociales

y en todas en las que se ve la base del cuello y la cicatriz

coincide con la descripción de Toribio.

¿Es todo?

En estos momentos, Lidia y Néstor

están de camino para hablar con él.

Si hay novedades, te avisamos.

Espero que vayamos por el buen camino.

De todos modos, vamos a seguir mirando expedientes

porque es probable que aparezca otro sospechoso que coincida.

Muy bien.

Bremón.

-Chicas, ¿qué van a tomar?

-Yo un café solo y una tostada con tomate y aceite.

-Lo mismo para mí.

-Ya se lo traigo. -Gracias. Invito yo, ¿eh?

-Pero, bueno, qué derroche, ¿no?

Es una forma de agradecértelo.

Has confiado en mí,

me has dado las llaves de la mensajería... Un gesto.

-¿Sabes qué sería increíble? -¿Qué?

-Que no me la liases.

-Que no te la voy a liar, Eva, de verdad.

-"Que no te la voy a liar, Eva, de verdad".

¿Dónde he oído eso antes?

-Sí, yo estaba en otro momento. Era... yo qué sé...

Pero ahora sí me apetece trabajar contigo.

De verdad.

Por cierto, he visto las hojas de reparto

y los chicos no dan abasto. ¿No?

-Sí, se ve que hay mucho curro.

-¿Y por qué no metes a alguien?

(RÍE) Digo.

-Es increíble lo tuyo.

Te estaba viendo venir. -¿Por qué?

-Quieres que meta a Bruno.

-De verdad, me apetece currar contigo en la mensajería

y te lo agradezco.

Pero como sé lo que piensas de él me daba palo preguntarte.

-Preguntar directamente es lo mejor que puedes hacer.

¿No me conoces?

-Vale. Bruno es un tío muy espabilado,

y controla muy bien las motos.

-Como el 90 % de los chavales que vienen.

-Pero hablamos de Bruno.

-Ha trabajado mucho en la noche, repartiendo "flyers",

poniendo copas, recogiendo vasos...

-Aquí tienen el cafecito. Ahora vienen las tostadas.

(AMBAS) -Gracias.

-No ha dado palo al agua en su vida, eso pasa.

-Bueno, hasta ahora se ha ganado la vida.

-Robando carteras, ¿no?

Bea, no voy a meter a un carterista en la mensajería. Punto.

-¿Y yo qué hacía? Lo mismo.

Y has confiado en mí.

-Porque eres mi hermana. Es que...

En la mensajería nos dedicamos a lo que nos dedicamos.

-Y te dije que tranquila, que Bruno no sabe lo que pasa.

(ASIENTE DESCONFIADA)

-¿Qué?

-¿Pondrías la mano en el fuego por él?

-Sí.

-¡No te lo crees ni tú!

Sal de ahí, haz el favor. Te la va a liar.

-¡Ah, me estás dando un consejo!

Raro, ¿eh?, después de cómo la has cagado con la camarera.

-No tienes ni idea de lo que pasó con Hanna.

-Lo que me contaste tú. Y no te lo echaría en cara.

Es bastante feo eso.

-No entiendes nada.

-A ver, chicas...

-Gracias.

-De nada.

A mí se me ha quitado el hambre. Disculpa.

Que aproveche el desayuno.

-Muy adulto, Bea, muy adulto. Perdona.

Yo me hago cargo, no te preocupes.

-¡Oye! Oye, perdona. -Dime.

-¿Sabes dónde está el bar Bésame Mucho?

-No tengo ni idea, no me suena. Lo siento.

-Me han dicho que estaba por aquí, pero llevo un rato dando vueltas.

-Es que no sé qué decirte. Tienes este bar,

por si quieres preguntar. ¿Te da igual?

-Pues la verdad es que sí. La que me interesa eres tú.

Me lo he inventado para hablar contigo.

¿Nos tomamos un café? Venga, yo te invito.

-¡Qué ridículo!

-Mira a quién tenemos aquí.

¡Lewis, qué alegría! Quédate aquí un momento.

No pensaba irme corriendo.

Tengo otra cosa para vosotros.

¿Por qué en este barrio sois todas unas estrechas?

¿O es que os lo hacéis?

Oye, baja el tono. Lo de tomar una copa sigue en pie.

-Cállate si no quieres que te caiga un paquete

por acoso a la autoridad. -¡Oye, no te lo tomes así!

-Es la segunda vez que te paro los pies.

Te aseguro que no habrá una tercera.

-Me piro, no quiero problemas.

No, quédate, que los problemas ya los tienes.

No debiste haber mentido con lo de las carreras ilegales.

Os dije lo que oí en la calle.

Nos pasamos la noche en el pasaje de la Meseta

y solo había una carrera de caracoles.

Igual se canceló en el último momento.

A lo mejor te dieron información falsa

porque te vieron cara de tonto. Pues a lo mejor.

Ya os advertí que eran rumores.

¿Quién te dijo lo de las carreras ilegales?

Me lo diría algún colega, yo qué sé.

Intenta refrescar la memoria y dinos el nombre de tu colega.

No sé... -Dinos quién y te dejaremos en paz.

-Os he dicho que no recuerdo cómo me enteré.

¡Hazte un favor y dinos el nombre!

¡Déjame en paz, por favor!

Voy a ser yo quien se queje por acoso policial.

Aquí nadie te está acosando. Voy a ser clara contigo.

Te inventaste lo de la Meseta para que te dejáramos en paz.

Y estás haciendo lo mismo con el tema de tu colega.

¿Me equivoco?

-Eso es, tú lo has dicho.

¿Me puedo ir o vais a seguir con esto?

Pírate, anda.

Hasta luego, guapa.

Hay que ser sinvergüenza para mentirlos a la cara.

Sí, sabe más de lo que cuenta.

Pero no tenemos nada contra él.

No podemos obligarle a hablar.

-Perfecto, muchas gracias.

-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?

-Tengo una reserva. Gabriel Flamarique.

-¿Me permite su DNI?

-Buenos días, señor Flamarique.

Carlota, perdona.

Comprueba las entradas de mañana. Están en mi mesa.

Yo atiendo al Sr. Flamarique. Gracias.

Encantado de tenerle de nuevo aquí.

Lástima que se quede tan poco tiempo.

-Últimamente viajo bastante. -¿Y eso?

Estoy introduciendo una firma nueva, Eterni capricci.

¿Le suena?

-No, pero seguro que a alguna de mis dos ex les suena.

-Como estamos empezando,

los clientes quieren ver el material de primera mano...

Tengo que ir a Barcelona, Marbella, San Sebastián...

-Menudo periplo. Oiga, ¿ha tenido algún susto?

-La última vez que vine intentaron atracarme.

No quiero volver a pasar el mal trago.

-Vaya.

Aquí tiene.

-Sigue llevando el reloj que le vendí.

-Sí, sí. Es muy cómodo y estoy muy contento con él.

-Le costó decidirse entre este y otro de una línea más deportiva.

-Al final me convenció de comprar el más caro,

pero estoy muy contento.

-Sí aún le ronda la cabeza si uno más "sport",

le puedo enseñar novedades.

-No. Gracias, pero no puedo permitirme un gasto.

-Se lo dejaría a buen precio.

-Se lo agradezco, pero de verdad que no.

-Si cambia de opinión, sabe dónde estoy.

-Aquí tiene, la 204.

-Lo que me gusta es que aquí guardan esos pequeños detalles.

-Procuramos que el cliente esté satisfecho.

Que disfrute de la estancia. Para cualquier cosa, aquí estoy.

-Ahora que lo dice, sí quiero pedirle una cosa.

-Dígame.

-Ahora tengo unas citas fuera del hotel, alejadas,

pero a la noche me gustaría relajarme un poco.

Usted me entiende. -Sí, claro.

Haré un par de llamadas.

¿A eso de las 21:00 le iría bien?

-Perfecto. Eso sí, que la esteticien sea nacional.

Nada como los productos de la tierra.

-Descuide. Quedará satisfecho.

-Muchas gracias.

-Buenos días.

¿Se puede ser más maleducado? No entiendo. ¿Vio?

-No te habrá oído.

-¿Que no me oyó? Se lo dije a los ojos.

-Es un cliente muy importante.

Sea borde o no, hay que tenerle contento.

-Bueno, como todos.

-No, es un cliente habitual y lo conozco.

Como va a empezar a quejarse por cualquier chorrada,

más nos vale estar relajados.

-Bueno, pues quedo advertido.

-Oye, ¿conoces el Gran Casino?

-¿Está en Madrid? -No, en Majadahonda.

Es espectacular.

Yo he estado dos veces y he disfrutado como un enano.

Pensaba acercarme hoy. ¿Te apuntas?

-¿Yo?

-Sí, voy a ver si saco ideas para nuestro negocio de juego.

¿Te animas o no?

-Bueno, nunca he estado en un lugar así,

así que estaría bien.

-Y como es un sitio elegante, por favor, no vayas en vaqueros.

-Lo que ve es lo que hay, no tengo nada más.

-Vete a lavandería.

Hay un armario con prendas que olvidan los clientes.

A lo mejor encuentras algo.

-¿La escojo yo la ropa?

-La escojo yo, si quieres. -Yo voy...

Hijo, si estoy reunido no puedo contestar al teléfono.

Os he dicho que no hagáis caso de lo que dicen en la tele.

De internet, menos.

Escucha, deja de preocuparte por mí y ponte a estudiar.

Mañana tienes examen.

Sí, luego te veo. Adiós.

El mundo al revés. ¿Va todo bien en casa?

Me gustaría decirte lo contrario, pero ya has escuchado.

Mis hijos se están haciendo mayores

y son conscientes del peligro que lleva nuestro trabajo.

He oído que intentabas tranquilizarlo.

Marquitos está todo el día mandándome tonterías

y en cuanto no contesto se preocupa

y cree que me ha pasado algo. ¿Y tu otro hijo igual?

Jaime es la otra cara de la moneda.

Se lo ha tomado como una película.

Se cree Sherlock Holmes.

(RÍE) Supongo que tiene a quien parecerse.

Ha montado un chat

comentando toda la basura que sueltan por las redes.

Cada uno a su manera intenta protegerte.

Es lo que más me preocupa. Son muy niños

para andar preocupados por su padre.

Lo mejor que podemos hacer para que acabe esto

es seguir trabajando como ahora.

Pronto detendremos a ese asesino.

-Jefes, les buscaba. -¿Has podido hablar con Muñoz?

-Acabamos de llegar de su domicilio. Estábamos haciendo comprobaciones.

¿Cómo ha ido?

Siento decirles que Muñoz no es nuestro hombre.

El día que asesinaron a Láinez su mujer estaba dando a luz.

-¿Lo habéis confirmado?

-Los médicos confirman que estuvo allí.

-¿Y de las otras muertes? Cándido, Ubrique...

-Tampoco pudo cometerlos. Tiene coartada para todos.

En el caso de Castaño estaba cuidando a su hijo

y en los de Cándido y Ubrique estaba trabajando.

Lo confirma su jefe. Es cocinero en un restaurante.

Está limpio.

¿Algo más?

-Se sorprendió cuando le dijimos el motivo del interrogatorio.

Para él ese episodio pertenece al pasado.

-Siento que hayamos abierto nuevas heridas.

-Lo que sí ha reconocido es que cuando murió su madre

se llenó de rabia, no solo contra su padre,

sino contra la policía.

Pero, con la ayuda de sus abuelos y de los psicólogos, lo superó.

Me alegra que no se convirtiera en otro Rafael Aguilar.

Bueno, permiso. -Alonso.

Es desesperante.

¿Miralles y tú habéis encontrado algún hilo del que seguir tirando?

Es como buscar una aguja en un pajar.

No te vengas abajo, Salgado.

Esto es un bache en el camino, ¿de acuerdo?

Seguiremos buscando.

Tenemos la descripción del asesino y esa cicatriz en el cuello.

Ánimo. Bremón.

Vale, intento buscar a alguien y luego te llamo y te cuento.

De nada.

Hasta luego. Chao.

Ricardo, ¿me puedes ayudar?

Me han llamado del almacén de alimentos.

Necesitan a una persona porque van cortos de gente.

Es de lunes a jueves a partir de las 9:00.

¿Puedes mirar si hay algún voluntario disponible?

Gracias.

-¿Se puede o venimos en mal momento?

-No, claro que no.

Te pones con ello y ahora me cuentas.

¿Qué necesitáis? ¿Es por un asunto policial?

-No. Veníamos a echar una caña.

Eso me dijiste en la puerta del juzgado.

-¿Y qué querías que hiciera? Ayer te hiciste el loco,

era la única forma de convencerte.

No sé cómo no te has olido nada.

-Es lo que tiene fiarse de un poli.

-Perdonad, pero no os sigo.

-Te presento a Carmelo Camacho. -Llámame Chacho.

-Soy Paty. Encantada.

-Chacho ha estado en prisión los últimos trece años.

Necesita apoyo para retomar su vida en libertad.

¿Podrías ayudarle?

-Claro. Aquí hemos ayudado a muchos exconvictos

a reconducir su vida.

-Es lo que estamos buscando.

-Pero tampoco te molestes mucho.

Hoy el juez me ha puesto en la calle,

pero tengo el juicio pendiente. Y, con mis antecedentes,

vuelvo a la trena seguro.

-Puede que eso sea dentro de un año como poco.

Además, robando 150 euros con una pistola de juguete,

igual hasta te libras.

-Que no, que vuelvo al trullo.

Conozco a gente en mi situación y han acabado a la sombra.

-En un año o año y medio me lo cuentas.

-Tenemos abogados que pueden representarte.

-Eso sería estupendo. ¿No te parece?

-Te puedo poner en contacto con uno de ellos.

-No, no quiero hablar con ningún picapleitos.

Con el abogado de oficio me basta.

-Está intentando ayudarte, no se lo pongas difícil.

-Es que yo no te he pedido venir aquí.

-Pero no te cierres en banda, hombre.

-Conocemos asociaciones que ayudan a la reinserción laboral y social.

-Y yo. Los de Eleuteria me ayudaron a encontrar pensión.

-Pues sabrás que hay grupos de apoyo y reuniones

y puedes conocer a gente en tu situación.

Y tienen gabinete psicológico si lo necesitas.

-A mí es que no me van mucho esas cosas.

Prefiero ir más a mi aire.

-Piensa que estos grupos sirven para conocer a gente

y para saber que no estás solo.

-En la calle tienes amigos igual que en la cárcel.

-La vida es demasiado corta.

-Coge uno de esos folletos, no pierdes nada.

-Ya.

¿Y en estas reuniones sirven café y pastas,

como en las películas?

-Eso tendrás que averiguarlo tú solito.

-Lo siguiente es encontrarte trabajo.

-Eh, no corras.

-A lo mejor necesitan a una persona que dé clases de armónica.

-¿Sabes tocar la armónica?

-Lo intento. -¡Lo intenta!

Toca que parece que estás en una peli del oeste.

-No te creas nada de lo que dice.

Bueno, le echaré un vistazo a los folletos

y a lo mejor vuelvo por aquí.

-Aquí estaremos esperándote.

-Muchas gracias, Néstor.

-Adiós.

-¿Qué tal? -Buenas.

-¿Qué va a tomar?

Un pepito y una cerveza. Gracias.

-El pepito va a tardar porque tengo una comanda antes,

pero será cosa de cinco minutos. -Tranquila, no tengo prisa.

Así la espera no se hace larga.

-Mientras voy a ver qué hizo ayer el Madrid.

-Oye, hace una hora que te he pedido el cambio.

-Sí, ya se lo llevo.

Aquí tiene. Mil disculpas.

-Pues discúlpate con el cliente con el que he quedado. Llego tarde.

-Ya lo siento...

-Encima la tortilla está saladísima.

-Uy, no me diga eso. Nadie más se ha quejado.

-¿Me llamas mentiroso?

-No, si lo lamento mucho,

pero es una de nuestras especialidades.

-Ya, por eso he venido. Pero, mira, entera la he dejado.

-Ya veo. -Tranquila, si la culpa no es tuya.

La culpa es de la gente que contrata a gente como tú,

extranjera.

Te pagan dos duros y quieren que las cosas salgan bien.

Y pasa lo que pasa.

A los buenos profesionales de aquí no les compensa trabajar

por la miseria que cobras.

¿Y quién paga el pato? El cliente.

-Mire, le voy a decir una cosa:

aquí el sueldo que yo cobro es muy digno.

Y nadie se ha quejado por mi trabajo.

Sí, puedo cometer errores, pero, mire,

si tan descontento está, lo invito a retirarse.

-Encima se pone chula la sudaca.

-No soy sudaca y le voy a pedir que se retire.

-Pues mira...

No, no me voy a ir.

Y me vas a poner una copa a cuenta de la casa

por la mierda de tortilla que me has traído.

-Oye, tío, ¿a ti no te han enseñado modales o qué?

-¿Perdona?

-Deberías pedirle disculpas a la chica.

-Abuelo, no te metas donde no te llaman.

-Tranquilo, no se preocupe. -Sí, hazle caso, hazle caso.

No tienes edad para ir defendiendo jovencitas.

-Lo que tengo es un meco que te voy a meter si no te largas.

-Eh, tranquilo, de verdad.

Y a usted, no se lo quiero repetir: por favor, retírese.

Y no vuelva porque no va a ser bien recibido.

-No te preocupes, eso lo tengo clarísimo.

-Qué bueno.

-Perdona, no me pongas el bocadillo.

He recordado algo y me tengo que marchar.

-Se lo tengo listo en 5 minutos. -Te dejo lo de la cerveza.

Y no permitas que ese imbécil te amargue el día.

-Y gracias por haber intercedido por mí.

-No he hecho nada. Has sido tú quien lo ha puesto en su sitio.

-Señor, sus folletos.

-Hazme un favor, tíralos a la basura.

-Vale.

Programa de reinserción social.

(Sirena lejana)

(Puerta)

-¡Buenas!

-Pero ¿todavía estás así?

-Sí. Me ha entrado sueño y me he echado una siesta.

-Ah, te envidio, no te lo voy a negar.

-¿Te apetece ir al centro a tomar algo?

Eso sí, juro que no robaré ninguna cartera por golosa que sea.

-Recuerde que está bajo juramento.

-Venga, va. Me ducho y en cinco minutitos estamos.

-Vale.

-Eso sí, si quieres tomar algo, pagas tú.

No tengo un duro.

-Normal, yo tengo curro y sueldo. No está mal, deberías probarlo.

-No te quejes. Te lo compenso como más te gusta.

Venga.

-Bruno, igual no me apetece ir al centro, la verdad.

-¿Y eso?

-Porque he discutido con mi hermana y no estoy de humor.

-Venga, seguro que es una tontería. Llevo todo el día encerrado.

-Ya veo, rascándote el pie.

Y, mientras, yo como una panoli

convenciendo a mi hermana de que te dé curro.

-Anoche nos acostamos tarde. ¿Qué querías?

-Tío, no sé,

lo que necesitamos, que busques curro.

No ponerte morado con el minibar. Digo.

-Venga, no te pongas así.

-Bueno, yendo a lo importante,

he hablado con Eva y lo de la mensajería no puede ser.

-¿Por qué no?

-Porque mi hermana ha dicho que no.

Y encima hemos discutido bastante.

-Es que nunca me tragó.

Debí imaginar que no me querría contratar.

-No, me ha dicho que no hay vacantes disponibles.

-Pues el curro lo necesitaba. -Ya.

-Siento que te hayas tragado el marrón.

-Con mi hermana siempre estoy igual.

-No da igual. ¿Quieres que hable yo con ella?

-No, tú con mi hermana no hables.

O sea, lo dejamos así para no cagarla más.

-Pues si no vamos a al centro nos tomamos algo por el barrio.

-O... Tengo una idea mejor.

Me queda un rato para volver a la mensajería

y podemos buscar una oferta guay de un curro para ti.

-Ah. -De repente.

No sé, Bea. -¿Qué?

-Que ya hemos buscado por Madrid.

A mí no me queda un duro y aquí tampoco hago mucho más.

Bueno, sí, rascarme el pie.

(RÍE)

-Vale. ¿Entonces qué vas a hacer?

Doy por hecho que te vuelves a Lugo...

-No, me voy a ir a Marbella.

Me apetece buen tiempo, playita, buen rollo.

Creo que puedo pillar curro más fácil allí.

-¿Y nosotros?

-¿Nosotros qué?

-Que qué va a pasar.

-Se me ocurren un par de cosas.

-Bruno, te lo digo en serio, de verdad.

-Siempre me había hecho ilusión que vinieses a visitarme.

-Y a mí, pero es que no puedo irme ahora y dejar a mi hermana.

Lo entiendes, ¿no?

-Sí, claro, la familia es lo primero.

-¿Y no te mosquea?

-¿Cuándo me has visto mosqueado?

Además, con la tontería no hemos estado casi juntos.

-Bueno, tampoco hace falta que te vayas ya.

Me refiero: te puedes quedar un par de días

y aprovechar el tiempo que nos queda. ¿O qué?

-Pensaba que no me lo ibas a pedir. -Vale, pues te lo estoy pidiendo.

-Buenas tardes, Sr. Flamarique.

-¿Puedes mirar si tengo alguna llamada?

-Ahora mismo lo chequeo.

-Disculpa, me he fijado que no llevas pendientes

ni gargantilla. ¿No te gustan las joyas?

Es que soy representante de joyas

y me fijo en esas cosas. -No importa.

-Yo creo que si te pusieras algo, potenciaría tu imagen.

Sobre todo en este tipo de trabajo de cara al público, ¿no crees?

-Desde luego. -Tienes una belleza natural

y necesitas poco, pero quizá algo pequeñito,

discreto... ¿Unos pendientes, quizá?

-No suelo ponerme, porque pesan

y son incómodos para hablar por teléfono.

-Tengo unos de Eterni Capricci que te vendrían perfectos.

Son finos y pegaditos, justo lo que estás buscando.

Te van a encantar.

Es una línea moderna, para una chica joven, como tú.

-Son muy bonitos. -Pues pruébatelos.

-No, no. Si me los pruebo, me van a gustar

y serán muy caros.

-¡Qué va!

Es bisutería, muy exclusiva. Se hacen pocas unidades,

pero te lo dejaría a muy buen precio.

Póntelos.

Póntelo, póntelo.

Madre mía, Carlota, estás preciosa.

Si eras una chica de 10 ahora eres una de 11.

-Creo que necesito pensármelo.

-Bueno, como prefieras.

-Gracias.

Pues no hay mensajes para usted, señor Flamarique.

-Ya que estoy, ¿me podéis subir una botella de champán

a la habitación, como a las 21:50?

-Se la subiremos a esa hora a la 204.

-Muchas gracias, Carlota. -De nada.

-No entiendo que la gente se ponga esto por voluntad propia.

-Disculpe, ¿puedo ayudarle?

-No, gracias.

-No le recuerdo. ¿En qué habitación se aloja usted?

-No soy cliente del hotel.

-¿Ha venido a visitar a algún huésped?

-Necesito ir al baño.

La próstata te obliga a visitarlo muchas veces.

Supongo que al fondo a la derecha. -Perdone, caballero,

pero el baño está destinado solo a los clientes del hotel.

Ángel, si eres tan amable de acompañar al señor a la salida...

-Yo por mí le habría dejado entrar. -No te preocupes.

Ya voy a buscar un bar.

-Perdón que me meta en lo que no me incumbe...

-Siempre lo haces. -Es mayor y se estaba haciendo pis.

-El hotel es para los clientes. No me gusta tener aquí a extraños.

¿Entiendes? Tendríamos que ir saliendo ya.

¿Has pedido el taxi? -Llega en dos minutos.

-Carlota. -Sí.

-Ángel y yo tenemos que ausentarnos durante unas horas.

Cualquier cosa que necesites, me localizas en el móvil.

-Perfecto.

-Si no, me llamas a mí.

-Antonio, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

-Bien, bien. Ma alegro de verte.

-Oye, quería preguntarte... ¿Qué sabes de Elías?

-Ha tenido que irse por un asunto personal.

-Sí, eso me contó. Vino para despedirse.

Me dijo que tenía que ir a París para cuidar de su hijo

por una enfermedad que tenía.

-Tardará en volver, es una enfermedad larga.

-Me dijo que se trataba de cáncer.

Como eres médico, supongo que sabrás mejor que nadie

cómo está la situación.

-Han operado a Israel y está bien. -Ah, cuánto me alegro.

Aún le queda mucho camino. Ahora viene la quimioterapia.

Va a ser duro. -Ya me imagino.

Pero en estas cosas el tiempo es lo de menos.

Lo importante es que salga bien. -Sí, lo importante es su hijo.

-¿Sabes...?

Aunque Elías y yo hayamos tenido bastantes encontronazos,

en el fondo le tengo mucho aprecio.

Supongo que Claudia lo estará echando de menos.

Aunque se habrá librado de ese humor de perros que se gasta.

-Desde el minuto uno.

Aunque no eres muy amigo de Claudia, te lo podrás imaginar.

-Bueno, está claro que últimamente no es que seamos muy amigos,

pero yo sigo teniéndole mucho aprecio a Claudia.

-¿Por qué?

Porque no tenéis más que encontronazos

y te estás portando mal con ella.

-A ver, a estas alturas no me voy a disculpar por nada

de lo que haya dicho o hecho.

Pero Claudia vino a hablar conmigo.

Me dijo que está haciendo todo lo que puede

para encontrar a ese malnacido que mató a Alicia.

Sé que para ella era como una hija.

-Está haciendo todo lo posible por llevar a Vlado ante la justicia.

-Lo sé, incluso por encima de sus superiores, ¿no?

Antonio, ¿Claudia te ha dicho algo de cómo va la investigación?

¿Ha avanzado, está más cerca de encontrarlo o algo así?

-No, no sé nada de eso.

-¡Vamos, eres su marido! Algo te habrá dicho.

-Te repito que no sé nada.

-Entonces supongo que sigue sin tener ni puñetera idea

de dónde puede estar ese tío.

-Utilizando ese tono no vas a conseguir nada.

-No utilizo ningún tono ni estoy reprochando nada.

Ya lo he perdido todo. Solo me queda ser sincero

y decir lo que pienso.

-Lo que te dé la gana. Yo también voy a ser sincero

y voy a decir lo que pienso.

Deja de machacar a Claudia.

Ella también está sufriendo y mucho.

Han matado a uno de los suyos. ¿Lo entiendes?

Tienen muchos más medios que tú para conseguir capturar a Vlado.

Haz el favor, deja de poner palos en las ruedas.

Claudia hace todo lo posible.

-Buenas. -Ay, me pilla cerrando.

Si quiere hacer un envío, mañana abrimos.

-Busco a Montes. Me han dicho que lo encontraría aquí.

-Trabaja aquí, pero ya se ha ido.

-Si es la dueña, me vale.

-Es mi hermana, pero llevamos juntas el negocio. ¿Qué quiere?

-Necesito hacer un pedido.

-¿Hacer un pedido...?

-Atiende al caballero y nos vamos.

-¿Es tu hermana? -Sí, es ella.

-Prefiero que me atiendas tú. ¿Eres la jefa del cotarro?

-La dueña. ¿Por?

-Le decía a tu hermana que necesito hacer un pedido.

-Esto es una mensajería, no hacemos pedidos.

-Vengo de parte del Cosío.

-Pues no tengo el dato, lo siento.

-Me dijo que si alguna vez necesitaba una pipa,

que viniese aquí y preguntase por él.

Montes.

-Ya le he dicho que Montes no está.

-Pero es que también me dijo el Cosío

que la jefa eres tú y el chaval es solo un mandado.

-Yo creo que le han informado mal.

-No necesito gran cosa. Solo quiero darle un susto a un tipo.

Con una pistola que dé el pego me vale.

-¿Qué pistola, qué está diciendo?

Aquí no se venden pistolas, por favor, márchese.

-Entiendo que no me conoces.

Pero puedes confiar en que no me voy a ir de la lengua.

Soy de la vieja escuela.

Me rijo por los viejos códigos del hampa.

-Si tengo que repetírselo, llamo a la policía.

-Bueno, a esos ni mentarlos.

Bueno, ya me busco la vida yo, ¿vale?

-¿Usted se fijó cuánto dinero había en el "blackjack"?

El de gafas estaba tirando ahí como si fueran panes.

-Ese se ha dejado ahí un buen pico.

-No entiendo de dónde saca tanto dinero la gente.

-¿Te tomas la última conmigo?

-Por supuesto.

-Es que todo era así como de superlujo.

Yo me sentía como en la película de 007.

-¿Nunca habías estado en un sitio así?

-Si estuve sacándoles fotos a los coches.

-Ya te he visto, ya.

-Este vale como 100.000 euros.

Si tienen eso para el coche, imagínese la casa.

-¿Y a la rubia que parecía una modelo no le has hecho foto?

Porque le has pegado un repaso de cuidado.

-La verdad es que estaba tremenda.

-Le tendrías que haber metido ficha. -¿Yo?

¿Qué pasó? ¿Ya me vio?

-Por eso precisamente. Un tío joven,

guapo, alto... Hoy, que vas medio bien vestido...

Pareces una persona decente.

-Esa no está a mi alcance, es otra liga.

-No te subestimes, así no se consigue nada en la vida.

-Jefe, de toda la vida se sabe:

los finos con las finas.

-Aquí hay que tener actitud. Tú tienes que echarle más morro.

-¿Ud. cree que si le hubiera pedido el teléfono...?

-Claro. El tamaño de la billetera no lo es todo, hombre.

-Esa es la frase que dice la gente que tiene dinero

porque no llegan justitos a fin de mes.

-Ahí iba yo. Eso es lo que hay que cambiar.

¿Has pensado de una vez que instalemos aquí

nuestro pequeño casino con ruleta?

-Si vuelve a pasar esto, no respondas a nada.

-¿Por qué no le has vendido lo que quería?

Parecía legal. -Esto no es un supermercado.

No puedo venderle una pipa a cualquiera. ¿Y si es policía?

-¡Qué va! Tenía una cara de "matao" que no podía con ella.

-Le vendemos una pipa a un "matao"?

-Ya. No. -¿Y si le pilla la poli?

-Vale, que no nos podemos arriesgar.

-No, porque este, si lo cogen, va a largar.

Cuando se vende una tiene que saber a quién tiene delante.

No te puedes fiar ni de tu sombra.

-Vale, lo apunto. Junto con lo que has dicho hoy.

Y me piro.

-Espérame. Cierro y nos vamos. -No, voy a pasar la noche con Bruno,

para despedirme.

-¿No se queda en Madrid?

-No. Ya puedes descorchar el champán.

Chao.

-Chao.

-Venía pensando en el taxi.

Y me fijé que la gente tira las fichas como dulces.

-Es un juego de azar. La gente juega a colores, números.

¿Sabes cuánto ganan los casinos solo con la ruleta?

2,7 %.

-No soy matemático, pero eso será bastante.

-Calcula: por noche, si sacamos 5000 euros

en dos meses habríamos amortizado la inversión inicial

de la mesa de ruleta.

-¿5000 euros? Tenían mucho más.

-No me convenzas, yo lo veo claro.

La mesa está diciendo: "Ponme aquí".

-Jefe, ponemos la mesa de la ruleta ahí.

Y luego en relación "feng shui" un "blackjack" ahí.

-Te ha dado fuerte con el "blackjack", ¿eh?

-Cabría perfecto.

-Paso a paso. Primero la ruleta y luego lo otro.

-Ah, saqué unas fotitos

por si queríamos copiar la distribución.

-Espero que no te vieran.

-Si usted no me vio, no me ve nadie.

(RÍE)

-Cien pavos en propinas. -Y para cada uno.

-No hemos hecho tanto bote en la vida.

¿Vamos? -Sí.

-Hanna, si no te importa,

quédate, me gustaría pedirte un favor.

-Sí, claro. ¿Qué necesitas?

-Es solo que mañana a primerísima hora

hay que hacer unos pagos y a mí no me da tiempo a llegar.

¿Podrías acercarte tú?

-Sí.

-Bueno, voy tirando, que he quedado. -Hasta luego.

Y gracias.

-¿Qué pagos?

-Nada, solo era una excusa para hacer tiempo

y que Miki se fuese. Quiero comentarte algo

sobre Vlado Khan.

-¿Has averiguado algo más?

-No, ni ha contactado ni he averiguado nada.

Es solo que, tal y como está la situación,

tenemos que ir pensando en alguna otra alternativa

para intentar acabar con todo esto.

-Vale. ¿Qué alternativa?

-Verás, hay algo que no hemos contemplado aún

y que podría ser interesante.

-Al grano, Fernando.

-Está bien, iré al grano.

Creo que debemos compartir toda la información

que tenemos con la policía.

-¿Cómo? ¿Con la policía? ¿Quieres hablar con la policía?

¿Estás loco?

-Por favor, tranquilízate y escúchame.

Nosotros...

Nosotros no podemos hacer nada más. Es un callejón sin salida.

Esto nos viene grande

y la policía tiene más medios y recursos que nosotros.

-Vale, entiendo.

Que te has rendido.

-No, no me he rendido. Es solo que creo que...

Creo que si les entregamos a Eva Velasco,

ellos pueden empezar a tirar de ese hilo y llegar hasta Khan.

-¡Eso es un suicidio, Fernando!

-No. Les contaremos solo lo estrictamente necesario.

-Vale, vamos a rebobinar, vamos a calmarnos.

Reflexionemos, porque últimamente no lo estamos haciendo.

Fernando, estás actuando a la desesperada.

Y no paras de cometer errores.

Primero escribes a Khan, ahora quieres hablar con la policía.

-Es que por primera vez en mi puñetera vida

estoy pensando más en mi hija que en mí mismo.

-Tú y yo teníamos un pacto.

Que juntos vengaríamos la muerte de Alicia y de Virginia.

-Y lo vamos a hacer. Nadie más que yo

tiene ganas de encontrar a ese cerdo y matarlo.

Pero estamos en un callejón sin salida.

¡Nos viene demasiado grande todo esto!

Te juro que no voy a consentir que ese tipo siga escondido

riéndose de todos.

Si lo tengo que llevar a la justicia tendré que recurrir a la policía.

-¿Has pensado en las consecuencias?

-Sí, y sé a lo que me enfrento.

-Te lo voy a decir: tú vas a ir a la cárcel.

¿Vale? Luego van a coger a Eva, la van a interrogar

y en un segundo les contará lo de Eric y lo de Rulfo.

-Me importa una mierda si termino en la cárcel.

Ya sé cómo es.

Incluso me quedan amigos.

Y, si me tengo que sacrificar para vengar a mi hija, lo haré.

-Qué suerte que tengas buenos amigos.

Porque cuando te entreguen a ti yo iré detrás.

-No tiene por qué pasar eso, yo no les diré nada.

Te exculparé. La policía no tendrá nada con lo que implicarte.

-No tengo miedo de ir a la cárcel. Es Khan.

Eva usará toda su munición contra nosotros

y, cuando él se entere, mandará a alguien para que me mate.

¿Lo has pensado? -Sí.

He pensado en eso. -¿Seguro?

-Sí. Y creo que lo mejor que puedes hacer

es irte de Madrid.

Puedes volver a Ucrania, visitar a tu familia.

-No. No, yo no pienso irme.

Ni a Ucrania ni a ningún otro sitio.

Ya te lo dije. No.

-Hanna, te lo pido por favor. Solo será una temporada.

Además, yo te seguiré ingresando tu sueldo todos los meses,

incluso algo más.

Todavía tengo algunos ahorros de los que puedo ir tirando.

-Fernando, intentaste convencerme la otra vez.

¿Y qué te dije?

Que no pienso huir.

Quiero ser libre.

-Me parece bien, pero sabes que las cosas están muy complicadas.

No las compliques más.

-Ya, pero tú y yo queríamos lo mismo, ¿no?

Queríamos encontrar y matar a Khan.

No te eches atrás ahora.

Prométeme...

Prométeme que no irás a hablar con la policía, por favor.

-No puedo prometer algo que quizá no pueda cumplir.

-Pues no cuentes conmigo. -¿Qué?

-¿No te da pena que acabemos así?

Después de todo...

Pensaba que hacíamos un buen equipo.

Pero ya veo que tengo que pensar en mí

y en lo que a mí me conviene.

Adiós, Quintero.

(Música de suspense)

Estamos los dos al cien por cien en este caso.

Y es un alivio trabajar con un profesional de su valía.

Muy profesional y muy experto,

pero podría ser mejor compañero.

-Tengo un hermano que estuvo preso. -¿Y qué tal le va fuera?

-Intenté coger distancia y estuve dándole vueltas

y he descubierto algo.

Sé dónde está la clave para desarmar a ese tipo

y hacerlo salir de su escondite.

Y esa clave está precisamente ahí.

-Pensaba que a lo mejor en el hotel habría algo para mí.

-El Chacho ha estado preguntando quién le puede vender un hierro.

Dice que le vale cualquier chatarra que pueda pegar un tiro.

-¿Quieres encontrar a su contable?

-Quiero encontrar a la persona que controla su dinero.

Si llegamos hasta él, podemos robárselo.

-Si hubiera sabido que si no le doy trabajo, el tío se va...

-¿Qué hubieras hecho? Nada.

-No, a lo mejor habría sido más suave

le hubiera tenido más en cuenta como tu pareja.

-Eva no me va a decir nada. Sería como cavar su propia tumba.

-¿Por qué se tiene que enterar?

-Vlado sabría que si yo sé quién hace esas transferencias

es Eva quien me lo ha dicho.

-¿Has oído hablar de las carreras ilegales?

-Carreras... No, tampoco me interesa.

-Se juega mazo de pasta.

Si te portas bien esta noche, puedo llevarte a una.

-Tío que... Eh, no me toques.

-¡Eh, eh, eh!

-Eh, pero ¿qué?

-¡Bruno!

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Servir y proteger - Capítulo 876

13 ene 2021

En comisaría llegan a otro punto muerto en la investigación del asesino de policías. Quintero sopesa la posibilidad de colaborar con la policía en la caza de Khan, contándoles todo lo que sabe sobre él y Eva. Beatriz pide a Eva que contrate a Bruno en la mensajería, pero esta se niega.

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