Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 848 - ver ahora
Transcripción completa

Los compañeros han determinado

que las pastillas que llevaba encima Napoleón

fueron cortadas con las mismas sustancias y proporciones

que las drogas encontradas en los pisos de Vlado Khan.

Eric. (EVA) -Ajá.

-¿Quién es?

-El que suministraba anfetas a las chicas.

(QUINTERO) -Lo que te quiero proponer te puede hacer ganar mucho dinero.

(Música emocionante)

(MARÍA) "Aquí tenéis, corazones".

Ole mis reinas.

¿Qué vais a tomar? ¿Tostadita de tomate?

-Yo no quiero nada. Hoy tengo mucha prisa.

-Pues aquí en el bar es un delito saltarse el desayuno.

¿Qué, lleváis mucho jaleo? -Ni te imaginas.

Estamos detrás de un nuevo traficante del barrio.

De hecho, ayer detuvimos a un camello en el macrobotellón del parque.

-Calla, el macrobotellón. Qué noche me han dado los chavales.

Venga pasar borrachos cantando unas barbaridades.

Pero ¿aquí en la plaza?

Aquí. Y yo venga pedirles silencio y no me hacían ni caso.

Hasta que no salió un compañero vuestro no se fueron.

-Hay que ser tonto para armar jaleo en la puerta de una comisaría.

Bueno, sin comentarios.

De verdad, la gente está fatal. Está fatal.

¿Y a ti qué te pongo? A mí un desayuno completo.

¿Lo ves? Aprende de los que saben, criatura.

Ahora mismo te lo traigo.

A ver, quería hablar contigo

porque ayer bajé a ver a la detenida que tenemos, a Susi.

Quería sacarle algo de información, pero se cerró en banda.

No hubo manera. Pero sí me dijo algo que me llamó la atención.

Me dijo que no quería avisar a nadie.

O sea, que no tiene familia.

Eso le pregunté, pero no.

Me dijo que no había nadie a quien quisiera avisar.

¿Comprendes el matiz?

No es que no tenga a nadie.

Es que si hay alguien... No quiere que sepa esto.

Sí, por ahí va la cosa. Ya.

¿Y está pensando en usar esa información para hacer que hable?

Exacto.

Quiero que investiguéis

su vida familiar, sentimental... Lo que sea.

Vale. Pues voy a buscar a Carlos y nos ponemos enseguida con ello.

Perfecto. La interrogaré luego. Vale. Hasta luego.

Buenos días, inspector. (JADEANTE) -Buenos días.

Buenos días.

¿Puedo? Claro.

(SUSPIRA)

¿Qué, sabemos algo del pasamontañas de Distrito Dos?

Sí. Anoche me llamaron a última hora.

¿Era del asesino de policías? Era de un vecino.

Analizaron los restos de sangre, pero no eran de Victoria Castaño.

Lo utilizaba para ir en moto,

y tenía manchas de sangre porque tenía un corte en la mano.

No sabes qué rabia me da haberme hecho ilusiones con tan poco.

Como si fuera un pepinillo más.

Bueno, a todos nos ha pasado lo mismo.

Es normal ilusionarse. Pero era demasiado bonito.

Ya. ¿Alguna novedad con la detenida por tráfico de estupefacientes?

Pues no. No suelta ni palabra.

Por cierto, la voy a interrogar esta mañana.

Estaría bien si me ayudaras.

¿En el interrogatorio?

Oye, es tu caso, yo no... No.

No, es que está muy cerrada en banda,

y me vendría bien ayuda. Ya sabes: poli bueno, poli malo.

¿Me puedo tomar un doble de cafeína y darme una duchita rápida?

Tienes tiempo de sobra. Pero te toca el malo.

Vale. Voy a pedir y así adelanto. Venga.

(Puerta)

(HANNA) Fernando. Soy yo, Hanna.

(SUSURRA) -Hanna, por Dios. ¿Qué haces aquí?

(SUSPIRA)

Hanna, ¿qué demonios haces aquí tan temprano?

-¿Cómo estás? -No lo sé.

Bien, supongo.

Estoy tratando de reunir fuerzas para irme ahora a trabajar.

¿Qué haces?

-Fernando, tienes fiebre.

-Sí, creo que tengo fiebre, pero no te preocupes, estoy bien.

-¿Y cuánto tienes? -No lo sé.

No lo sé, no tengo termómetro.

No tengo ni idea. (SUSPIRA) -Vale.

Fernando, tenemos que llamar al médico.

-¿Para qué?

No voy a llamar. Sé bien lo que me van a decir:

que tengo que un gripazo, que tengo que tumbarme a descansar

y a beber mucha agua. Lo de siempre. No es la primera vez.

Ya he llamado a Recepción para pedir un paracetamol.

Me lo tomé hace un rato. Con eso...

-Fernando, ¿no tienes ni paracetamol? Por favor, qué desastre.

-Hanna, te lo pido por favor:

no necesito una enfermera que me haga de madre.

-Bueno, sí. Lo que tú digas.

Te he traído una infusión de jengibre, tomillo y miel.

-¿Jengibre? ¿Para qué demonios quiero eso?

-Pues para ponerte mejor, ¿vale? Además, está bueno. Es dulce.

-Venga.

Y luego te echas en la cama.

-No me voy a echar a descansar.

Tengo muchas cosas que hacer en el Moonlight.

-Fernando, creo que Miki y yo nos arreglamos, ¿no? Un poco.

-Que sí, sé qué os arregláis muy bien por allí,

pero también quiero estar en el local

por si aparece nuestro amigo Eric.

En eso estoy pensando, en llamarlo, a ver si da señales de vida.

-Dijiste algo de no insistirle.

-Sí, sí.

No había que insistirle, pero...

Me extraña mucho que no haya dado señales de vida todavía.

Creo que... estoy seguro de que debe interesarle

lo que voy a ofrecerle.

-Bueno, si le interesa, ya aparecerá.

-Sí, tienes razón. Ya aparecerá.

Tampoco está tan malo eso, la verdad.

-Te lo dije.

Ahora descansa. Vendré a la hora de comer y te traeré paracetamol.

-Está bien, me quedaré aquí.

Pero por favor, si pasa algo en el Moonlight, avísame.

-Sí, te avisamos.

Si necesitas algo, me llamas. -Que sí.

Que te llamaré. Hanna.

(SUSPIRA) Gracias por todo, de corazón.

-Nada. Cuídate.

-Hasta luego.

-Al fin y al cabo, lo que hacía este tipo era un delito.

Si no, ¿por qué está en el calabozo?

Mira cuánto han tardado en cogerlo. -Sí.

Esa es la parte buena. Un desgraciado menos suelto.

Ahora, lo que me preocupa es...

no sé, buscarle problemas a Christian y que no confíe en mí.

-Te lo repito: tú no le buscas problemas a Christian.

Se los busca él solo.

Tú le das oportunidades

para que salga del círculo vicioso en el que estaba

y que muy probablemente acabe con él detenido otra vez.

(FULGENCIO) -¡Hola!

Qué bien huele siempre aquí. Mecachis en la mar.

Ponme un pincho de tortilla. Pero bien generoso, ¿eh?

Y una cerveza. -Pero vamos a ver.

¿No estabas...? (FULGENCIO) -Sí.

Sé que es pronto para empezar con las cervezas,

pero hoy es un día especial. Hay que celebrarlo.

-Bueno, pues tendrás que celebrarlo en otra parte.

Aquí no queremos delincuentes.

-Me parece muy bien.

En cuanto aparezca un delincuente, te aviso para que no le sirvas.

Pero a mí no me digas nada, porque yo estoy libre.

Por mucho que las malas lenguas quieran difamarme.

-Supongo que declaraste y te dejaron en libertad con cargos.

-Sí. Habrá un juicio, claro.

Los funcionarios deben justificar sus sueldos.

Pero ¿me habrían dejado en libertad si fuera yo culpable?

¿Eh? -Libertad con cargos.

-Libertad al fin y al cabo.

Además, con la ocasión de demostrar que soy un empresario honrado,

y que la gente que me denunció lo hizo de mala fe.

Y tendrá que pagar por ello, claro.

-¿Me estás amenazando, perdona? -Paty...

Mira, Fulgencio. Yo creo que tal y como te dijo María antes,

para celebrar lo que quieres, es mejor que vayas a otro sitio.

-Bueno, haya paz, por Dios. Haya paz, ¿eh?

Que yo no he amenazado a nadie. Qué manía de colgarme sambenitos.

Que soy un ciudadano respetuoso de la ley.

Yo ni amenazo, ni robo ni exploto

ni ninguna lindeza de las que se me acusa.

Sin pruebas de ningún tipo, por cierto.

(MARÍA) -Pues vale. Vete a pasear tu inocencia, si te gusta más así,

a cualquier otro bar, ¿vale?

A mí no me gustan los que abusan de los demás.

-Pues nada, no estaré donde no se me aprecia.

Con la de cosas que tengo que hacer, además.

Cosas productivas que dan de comer a muchas familias. No como otros,

que viven de las subvenciones

y se las gastan poniendo denuncias falsas.

-Paty... Por eso, como tienes muchas cosas que hacer,

¿por qué no te vas?

-Vale. Entendida la indirecta, ¿eh?

Adiós.

-Paty, de verdad... -¡Uf!

-No te desgastes. Pasa. -Es que no doy crédito.

No doy crédito. -Bueno, no te hagas mala sangre.

-Tenemos que vigilarle. Este vuelve esta noche a las andadas.

-Tú no tienes que vigilar a nadie. Para eso está la policía.

-Pues ya ves de qué sirve, que está en la calle ya.

-A ver, en este país hay unos derechos y unas garantías.

¿No? -Exacto.

Aparte, te diré una cosa.

Mírale el lado positivo a esto.

Este tipo está imputado, y acabará sentado en el banquillo.

-Claro que sí.

Además, ahora se hace el estupendo,

pero dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Seguro que la fianza le costó un pastón.

Y tendrá que ir todos los lunes o lo que sea ahí al juzgado.

-Pues seguramente.

Y sobre lo de volver a las andadas, olvídate.

Estoy seguro de que se ha llevado un susto con esto

y que se andará con cuidado un tiempo.

-No sé yo.

-¿Dónde está mi abogado?

El Colegio de Abogados dijo que vendría a primera hora.

Yo no puedo hacer más.

Ya le dije que no abro la boca sin mi abogado.

-Si después de la pillada que te hicieron ayer

pretendes librarte de la cárcel, tú lo que necesitas no es un abogado.

Lo que necesitas es mucha, mucha suerte.

Bueno, vendrá a lo largo de la mañana.

No te preocupes. No tengo intención de presionarte para que confieses.

Ni falta que hace.

Si la vio medio barrio.

¿Puedo?

Verás: el artículo 368 del Código Penal

castiga con penas de entre tres a seis años de cárcel

por tráfico de droga.

Además, impone una multa

por el triple del valor de la droga incautada.

Pero si eres joven, no tienes antecedentes

y tu abogado lo hace... bien,

podría quedar la cosa en menos de dos años.

Así evitarías ir a prisión.

¿Qué pasa?

¿Ya te lo sabías?

¿Y el 369 bis?

¿También te lo sabes?

¿No? No, ese no se lo sabe. Dile.

En el mismo supuesto,

si se considera que perteneces a una organización delictiva,

las penas van de 9 a 12 años.

Y de ahí no te libra del trullo ni la Virgen de Lourdes.

Y ya no te digo un abogado del turno de oficio.

La única manera

de evitar que se considere que estás en una banda delictiva

es colabor... (SUSI) Ya.

O me traéis a un abogado o no digo ni una palabra más.

Susi, escucha: nosotros no vamos a por ti.

Solo queremos sacar

esas malditas pastillas de Distrito Sur.

Dinos, por favor,

quién te da esas pastillas.

O te comerás el marrón tú solita.

José Pedrosa, alias Napoleón.

Le detuvimos pasando pastillas.

Póker, como las tuyas.

Nos dijo literalmente

que eras un mando intermedio de la organización.

-¿Pedrosa? ¿Napoleón?

No lo he oído en mi vida. -Es su novio.

Como si lo viera.

Tratas de ocultar a quien te vende las pastillas

y no sé por qué razón.

Pero por algo será. "Por algo será" no.

Porque es su novio o su chulo o algo.

-¿Cómo que chulo? ¿Qué me estás llamando?

Ahora sí que ya no hablo.

(Móvil)

Dime, Paula.

De acuerdo. Sí, ahora mismo vamos.

Tienen algo.

Vamos.

Te quedas un momento aquí.

(ABRE LA PUERTA) Diego, por favor.

(Puerta cerrada)

(Puerta)

¿Qué ocurre, Hanna? ¿Te has olvidado algo o qué?

Vaya, qué sorpresa.

No te esperaba. ¿Vienes solo o tienes a tu jefe escondido ahí?

(Móvil)

Que sí, tranquilo.

¿Sí? (ERIC) -"He pensado en tu propuesta.

Deberíamos reunirnos.

Mi amigo te acompañará".

-Pero... ¿así, ahora mismo? -"¿Para qué esperar?"

-No sé, creí que sería mejor

que quedásemos en mi local, por ejemplo, esta noche,

y así podemos charlar con calma

tomándonos un güisqui tranquilamente.

-"En primer lugar, yo no bebo.

Y en segundo lugar, yo digo cuándo y dónde nos vemos.

Si te parece bien, haces lo que te diga mi amigo.

Si no, adiós y que te vaya bien".

(Fin de llamada)

-Está bien.

Parece que nos vamos a ir de excursión tú y yo.

(SUSPIRA)

Ya estoy listo.

Vamos, hombre. No creo que sea necesario todo esto.

No son formas de recibir a un amigo que te visita.

-Cuando lleguemos al coche te pones esto,

y no te lo quitas hasta que yo te diga.

(RÍE) -Me parece a mí que muchas películas has visto tú.

(Puerta cerrada)

(SUSPIRA)

Hemos hablado con tu hermana Margarita.

¿Para qué la llamáis?

Verás, ayer me quedé con la sensación

de que hay alguien que te importa.

Que te importa de verdad. Que no quieres que sepa

a qué te dedicas. Y ahora ya lo sé.

Nos ha dicho que tienes un hijo de 15 años.

Que ella se encargó de él desde muy pequeño

porque tú tenías problemas con las drogas.

Pero que... eso ya lo has dejado, ya te has desenganchado

y que vas a verle siempre que puedes,

que te lo permite tu trabajo... de peluquera.

Tu hijo se llevará una decepción cuando sepa

que en realidad eres una traficante.

-No seáis cerdos, ¿eh? Que no podéis decírselo.

No, no.

No, Susi. Nosotros no se lo vamos a decir.

Pero si entras en la cárcel,

será inevitable que se entere. Eso lo sabes, ¿no?

Preguntará por ti a tu hermana,

y tendrá que decirle algo.

No podrás ocultarlo.

Susi.

Yo entiendo perfectamente que te preocupe tu hijo.

Mira, yo tengo una hija

de la misma edad que los chavales a los que les vendías la droga.

Y si me imagino que alguien la está vendiendo droga,

me descompongo.

Es muy complicado compadecer a alguien así.

-Yo no quería hacerle daño a nadie.

So vendo esas pastillas es porque no tengo más remedio.

¿O qué os pensáis vosotros,

que no intenté trabajar en otras cosas?

Yo lo que quiero es dejarlo. Sí, lo sabemos. No te preocupes.

Lo sabemos. Nos ha dicho tu hermana

que ahorras para montar una peluquería en Barcelona.

Pues sí.

Si vendo esas pastillas es para ahorrar para estar con mi hijo.

-Y nosotros te creemos.

Susi.

Me imagino lo mal que lo has tenido que pasar

enganchada a las drogas y luego...

tener que renunciar a criar a tu propio hijo.

Te miro y solo veo una mujer víctima del sistema.

Alguien que intenta montar un negocio legal, honrado,

para sacar a su hijo adelante.

Y a mí me dan ganas de llorar.

Pero no puedo hacerlo si no colaboras.

Yo no puedo hablar con el juez

si tú no colaboras.

Dentro de poco, tu hijo tendrá edad de ir de botellón.

¿Te gustaría verle metiéndose esas pastillas?

Nos llamas a nosotros cerdos.

Y aquí, el único cerdo que hay es el que te ha metido en este negocio

y el que está haciendo ahora que te comas todos sus marrones.

Escucha.

Mírame.

¿Tú quieres que tu hijo se sienta orgulloso de ti algún día?

Pues ayúdanos a atrapar a ese miserable.

A meterlo en la cárcel.

Todo el mundo le llama Eric.

Pero en realidad se llama Martín Ramos.

Tiene un laboratorio cerca del barrio.

En una nave, en un polígono.

Nadie la conoce. El tío es muy desconfiado.

Tiene muy pocos vendedores.

Por alguna razón decidió confiar en mí.

-Apunta la dirección, el teléfono...

Lo que tengas, por favor.

(Música tensa)

Gracias.

Escúchame.

Montarás esa peluquería. Ya lo verás.

Saldrás de todo esto.

No eres la primera que rehace su vida.

Todo te irá bien. Ya lo verás.

Voy a avisar a Okoye y a Figueras.

Vamos a por ese tío ahora mismo.

Bien.

(Puerta cerrada)

Bienvenido a mi guarida.

-Gracias.

No esperaba tanta hospitalidad.

-No os habrá seguido nadie, ¿no? (HOMBRE) -No.

Salimos del hotel por la puerta de servicio.

No nos grabó ninguna cámara.

-A ver, Quintero.

Háblame de esa ruta que dices que tienes.

-Está bien.

Te hablaré de ella.

Se llama la Ruta del Sur.

No solo te abrirá las puertas de Europa.

Te puede hacer ganar mucho, muchísimo dinero.

Verás, Eric...

Ya te dije que...

Me han dicho que cocinas un material de primera.

-Estoy cocinando el mejor material. (QUINTERO) -Lo sé.

Pero no tienes distribución, ¿verdad?

-A mí me sobra el dinero. Si quisiera, podría expandirme.

Pero ¿para qué? ¿Para meter más socios?

¿Para crearme enemigos? ¿Para alertar a la policía?

-Sabes que en este tipo de negocios

debes crecer para hacerte fuerte si no quieres desaparecer.

-Entiendo que quieras un trozo del pastel.

Pero no sé qué pones tú encima de la mesa.

Si quieres asociarte conmigo, debes poner pasta.

Y creo que tú no tienes.

-Es cierto. Ahora mismo yo no...

no dispongo de mucha liquidez. Digamos que no tengo mucho "cash",

pero te aseguro que la Ruta del Sur vale una verdadera fortuna.

-Supongamos que eso es así.

¿Y qué? Dándome acceso a esa ruta, tú no arriesgas nada.

Y si no arriesgas nada, no puedo confiar en ti.

Llévatelo a su hotel. -Espera.

No tengas tanta prisa en que me vaya. ¿Cómo que no arriesgo nada?

Claro que arriesgo. Lo arriesgo todo.

El que no arriesga nada eres tú.

Cuando pongas tu mercancía en mis manos, yo te pago.

Soy yo el que asume los riesgos de lo que pueda pasar después.

¿Por qué no aprovechas y haces un primer envío

para darte cuenta de la pasta que puedes ganar?

-Te agradezco tu oferta, pero no me interesa.

Eres tú quien ha venido a buscarme.

He escuchado lo que has dicho y he tomado una decisión.

Punto. No vuelvas a llamarme ni a buscarme.

No quiero que se fijen en mí.

Llévatelo. -No, hombre, espera.

¡Atrás!

¡Pégate a él!

¡Y no hagas ninguna tontería

si no quieres que te vuele la cabeza ahora mismo!

¿De acuerdo?

Las manos en la cabeza.

-Quintero, estamos negociando. (QUINTERO) -No.

Aquí no negociamos nada.

Yo no he venido a negociar nada contigo.

He venido porque quiero que me cuentes todo lo que sabes

sobre tu amigo Vlado Khan.

A eso he venido.

Me vas a decir exactamente dónde está.

Y me lo vas a decir ahora

si queréis salir vivos de aquí los dos. ¿De acuerdo?

-Christian. -¿Denunciaste tú a Fulgencio?

-¿Te ha dicho algo?

-Le detuvieron acusado de robar cartón. Fuiste tú, ¿no?

Hablaste con la policía.

-A ver, Christian. Lo que hace ese tío es ilegal.

¿Vale? Y os pone en peligro.

Y mientras él se forra, os pillan a vosotros.

¿Entiendes que os está explotando?

-Si la culpa es mía.

¿Para qué confío yo en nadie?

-Lo siento, pero Fulgencio tiene lo que se merece.

Además, que no se queje. Está en la calle a la espera de juicio.

-A nosotros nos han dejado en la calle.

Que no te enteras. Y todo por tu culpa.

-A ver, ¿cómo? ¿Qué ha pasado? -¿Tú qué crees?

Fulgencio ha venido enfurecido. Ha dicho que no nos da más trabajo.

¿Sabes qué significa eso para mi familia?

Nosotros vivimos del cartón.

-Christian, sabes que si necesitas lo que sea, puedes venir aquí.

-Necesitamos que nos dejéis en paz.

No queremos vivir de la caridad.

¿Por qué te has metido?

-Siento mucho haber actuado a tus espaldas,

pero no entiendes que podéis acabar en la cárcel.

Pueden llevaros presos.

-¿Qué presos, eh?

Hoy te detienen, mañana te sueltan y al otro te ponen una multa.

Pero mientras, mis hermanos tienen un plato caliente.

¿Ahora qué hago yo?

(SUSPIRA)

Encima estarás orgullosa. ¿Eh?

Orgullosa de denunciar a un explotador.

Has hecho justicia.

Se os llena la boca hablando de justicia social.

Mira tus zapatillas, anda. O tu móvil.

¿No están explotados los que lo hacen?

¿Y quién se forra ahí? El que es como Fulgencio.

-Lo siento, Christian. Yo solo intentaba... ayudar. No sé.

-La próxima vez que quieras ir de justiciera,

apunta para otro lado.

Las listas como tú hacéis más daño que otra cosa.

-Christian, espera un momento.

Aquí, en el centro, y esto te prometo que no es caridad,

encontramos mucho trabajo a la gente.

Y tenemos programas de inserción... -Trabajo de miseria.

¿Eh? Ganaba más con el cartón.

Déjame en paz, tía. -¿Dónde vas? ¿Qué vas a hacer?

-No lo sé.

No sé qué voy a hacer. Pero sí sé qué no volveré a hacer:

no volveré a confiar en las buenas intenciones de nadie.

Nunca más.

(RESOPLA)

-Me da igual si no tienes ninguna cuerda.

Busca un cable, lo que sea, ¡pero átale las manos ya!

-Que no tengo, tío.

Mira, bridas.

Esto sirve, ¿no? -Sí. ¡Venga!

¡Átale las manos, vamos!

-Quintero, te estás equivocando conmigo.

Yo del rumano ese no volví a saber. Solo era un cliente.

-A ver si me dices lo mismo después del primer tiro en la pierna.

-No puedo. No sirve esto. -¡Apártate, maldita sea!

Dame esa brida.

¡Dame esa brida! Manos arriba.

Tú, date la vuelta.

Toma. Ponte esa brida. Vamos.

¡Tú, apártate de esa mesa!

(Música de acción)

(Disparo)

(Cuerpo al suelo)

Será mejor que sueltes esa pistola, Eric.

-Ni hablar, Quintero.

Yo me voy a ir muy tranquilamente. Ya nos veremos otro día.

-No te lo voy a volver a repetir, Eric.

O sueltas esa pistola o te pego un tiro.

-No estás en situación de exigir nada.

¡Qué haces, tío!

-Te dije que te pegaría un tiro si no soltabas la pistola.

Ahora dime dónde demonios está Vlado Khan.

-Pierdo mucha sangre. Necesito un médico.

(Alarma)

-¿Qué demonios es eso?

-Han entrado.

-¿Que han entrado? ¿Quién?

-Si no viene contigo, os seguirían.

-¿Has llamado a la policía?

-¿Cómo voy a hacerlo? ¿Estás loco?

-¿Dónde está tu teléfono?

-Allí, encima de la mesa.

-Como me hayas tendido una trampa...

-Te juro que no.

Hace unos días pillaron a uno de mis camellos. No lo sé.

Quizá les dijo algo.

Debemos irnos. Hay una salida ahí detrás.

Venga, ayúdame. Todavía no nos pillan.

-¿Y el coche?

-Vale, mira. Espera. Necesitamos esto. Mira.

(ERIC RESPIRA JADEANTE)

¿Vale?

Vamos. Venga, ayúdame.

-Con ese tiro tú no puedes andar ni 100 metros.

-Sí que puedo, tío. Venga, ayúdame.

No puedes dejarme aquí.

Si me pillan, me van a interrogar.

Tendré que hablar de ti. Voy a tener que hacerlo.

Ayúdame.

-Eso mismo es lo que estoy pensando.

-Quintero, me necesitas si quieres pillar a Vlado.

Yo te ayudo a buscarlo. No pararemos hasta encontrarle.

-Escúchame bien, Eric.

Si me dices ahora dónde está Vlado, te saco a rastras de aquí,

te meto en el coche y nos vamos. Pero si no me lo dices...

-¡No lo sé! ¡Ya te lo habría dicho!

¡Por favor!

-Lo siento. Yo no quería hacer esto.

(SUSPIRA)

-¿Estás bien?

(PATY ASIENTE)

-¿Qué tal, os traigo el segundo?

¿A ti qué te pasa? No lo has probado, hija mía.

¿Te pongo otra cosa? -No, si está buenísima,

pero no tengo mucha hambre.

De hecho, no me traigas el segundo.

-¿Sigues con lo del chico ese?

(Música melancólica)

Pues te diré una cosa:

hicisteis bien denunciando a Fulgencio.

A ver si se pasa un par de años en la cárcel pensando.

-Si eso es lo que pensaba yo.

Pero después de hablar con Christian, no lo tengo tan claro.

-Es que no puedes esperar que Christian te dé las gracias.

Él se ha criado robando cartón,

y el hecho de que eso sea delito le da igual.

Es lo que él ha mamado.

-Vale. Y mientras, ¿qué hago yo? ¿Me olvido del chaval?

Ahora, sin lo de los cartones, a ver cómo se gana la vida.

Lo mismo se mete en las drogas o se pone a atracar a gente.

Vete tú a saber.

-Bueno, tú ofrécele ayuda.

Pero si él te la tira a la cara, no es tu culpa.

No puedes ayudar a quien no quiere ayuda.

-Paty, ¿te he hablado de una niña que conocí

de nueve años?

-¿En África, donde trabajaste?

-Sí. En mi última época en África trabajé reconstruyendo hospitales.

Conocí a una niña que se llamaba Nala.

Nueve años. Nunca había ido a la escuela.

Y era muy lista. Listísima.

Ella sola aprendió a reconocer las letras

y más o menos escribía y leía.

De manera autodidacta totalmente.

Y bueno, empecé a regalarle libros para que practicara...

y con el tiempo pensé que era una buena idea

llevarle a una escuela que gestionaba una ONG.

-¿Lo conseguiste?

-No, no lo conseguí. Su padre se enteró, le dio una paliza

y no la volví a ver.

Al poco tiempo nos trasladamos y me fue imposible localizarla.

-Entiendo.

Las cosas hay que cambiarlas poco a poco, no de golpe.

-Hay personas que se desestabilizan cuando hay cambios grandes.

-Ya. O sea, que la he cagado pero bien denunciando a Fulgencio.

-No creo que lo hayas hecho.

Fulgencio es un criminal.

Iba a acabar en la cárcel, eso es así.

Pero no olvides algo importante: Christian ya estuvo detenido.

Antes incluso de que nosotros supiéramos nada de lo del cartón.

-Claro. Lo que pasa es que no te va a dar las gracias ya.

-Mira, tú...

le has ayudado como has podido.

Le has sacado de un círculo vicioso.

Le has dado la oportunidad de que tenga otro estilo de vida.

Otra forma de vivir.

-¿Y si lo que he conseguido es meterle en otro círculo vicioso peor?

-Pues eso se te escapa a ti. No es tu responsabilidad.

Tú le has ayudado y le has dado una oportunidad.

Ahora él debe elegir.

-Escúchame una cosa, Paty.

Si no quieres, no traigo el segundo. Pero de postre hay paparajotes.

¿Quieres uno?

-Venga, va. Tráeme uno.

A ver si me sube el azúcar y me pongo a trabajar.

-El azúcar te subirá, seguro.

-¿Te pongo a ti el segundo? -Sí.

-Y paparajotes también. Hombre. -Están buenísimos.

(Música de acción)

Tenemos dos heridos.

(SALGADO) Está muerto.

Este no. Este tiene pulso todavía. Aviso al SAMUR.

Los disparos son muy recientes, y no veo ningún arma.

(RADIO)"¡Paula! Paula, ¿me copias?

¡He encontrado una salida posterior! ¡Ven para acá!".

Oído. Tened mucho cuidado, por favor.

Soy el inspector jefe Salgado, de Distrito Sur.

Hay un cadáver y un herido con dos impactos de bala.

Necesitamos soporte vital avanzado urgente.

¿Me confirmas?

Soy la inspectora jefe Miralles, de la policía.

¿Quién le ha hecho esto?

Tranquilo, viene la ambulancia. ¿Quién le ha hecho esto?

Aguante. ¡Aguante! (SUSPIRA)

Olvidad lo de soporte vital avanzado.

Tenemos dos cadáveres.

(SUSPIRA)

(Llave en el suelo)

Hanna, soy yo, Fernando. Necesito que vengas a mi hotel ya.

Es muy importante.

De acuerdo, inspector. Gracias.

La Científica está de camino. En cinco minutos llegan.

Definitivamente, es el laboratorio donde fabricaban la droga.

Uno de estos dos debe ser Eric.

¿Y el otro? Probablemente un soldado.

Entre sí no se han matado.

Y un robo no ha sido,

porque ahí dentro se ha dejado fácil 20 o 30 000 euros en pastillas.

Pues parece un ajuste de cuentas.

Hay que hablar con Jefatura para informar de dos cadáveres

y un importante alijo de droga.

Tenemos un portátil. Con suerte cogeremos algún camello.

Con suerte, podríamos pillar a algún cliente.

Por ejemplo, Vlado Khan.

¿Has visto algún móvil?

Yo ninguno. No. He registrado a los dos

y no llevaban ningún teléfono encima.

Inspectores. ¿Qué tenemos?

Hemos hablado con gente que trabaja en otras naves del polígono.

Dos testigos vieron salir un coche a toda velocidad.

¿Matrícula y modelo?

Nada. Nos han descrito el coche, pero no recuerdan la matrícula.

Está Carlos hablando con ellos, a ver si les saca más. Pero lo dudo.

-Volved a comisaría y empezad una búsqueda con lo que tengáis.

Nosotros nos quedamos aquí esperando a Científica y al juez.

-De acuerdo.

(SUSPIRA)

He perdido la cuenta de los casos que tenemos abiertos.

(Puerta)

Pasa, Hanna. ¡Pasa!

-Tienes como peor aspecto, ¿no?

-Estoy bien. Sigo con fiebre, pero estoy bien.

No te preocupes. Pero estoy bien. Verás...

(TOSE)

Te he pedido que vinieras porque...

acabo de volver de estar con Eric.

-¿Cómo le has localizado?

-Yo no lo he localizado, él me localizó a mí.

Yo quería quedarme en la cama, como te dije hace un rato,

pero se presentó ese matón suyo

y no tuve más remedio que acompañarlo para verlo.

-Vale. ¿Qué te ha dicho de Vlado?

-Nada.

Eric está muerto.

-¿Cómo?

-Yo no pude hacer nada.

Un descuido y ese matón se me abalanzó.

Solo podía defenderme.

Forcejeamos con la pistola y se disparó por accidente.

Cuando cayó al suelo, empezaron a sonar las sirenas de la policía...

-¿La policía? Fernando, ¿te ha visto la policía?

-No, no me ha visto la policía.

-¿Qué hacía la policía allí? -No lo sé, Hanna.

Llevarían un tiempo tras él por estar moviendo su mierda,

y casualmente fueron a hacer alguna redada. ¡Yo qué sé!

-¿Dónde dejaste el coche?

-En el desguace de un amigo. Ya estará hecho puré chatarra.

Hanna...

Si te he pedido que vinieras es porque necesito un favor.

Esta bolsa tiene mi ropa ensangrentada.

Necesito que te deshagas de ella, por favor.

-Fernando, tú y yo estamos juntos en esto

para que me ayudes a encontrar a Vlado.

Pero últimamente solo me implico en asesinatos.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué demonios quieres que haga?

¡No es mi culpa que las cosas pasen así!

-Vale.

Vale.

Vamos a decir que has estado aquí enfermo.

-Sí, es muy buena coartada.

Además, el matón le dijo a Eric que ninguna cámara nos grabó al salir.

No pasa nada.

Hanna, yo... siento mucho todo lo que está pasando. De verdad.

Yo solo puedo decirte que te juro que no voy a parar

hasta encontrar a ese maldito Vlado y matarlo con mis propias manos.

Eric ya no nos servirá de nada, está muerto,

pero al menos tengo su teléfono.

Haré lo posible por desbloquearlo

y quizá encuentre un hilo del que tirar.

Hanna, te lo pido por favor.

Te necesito ahora más que nunca. No me abandones.

-No te voy a abandonar, Fernando.

Pero plantéate cambiar de método.

Yo no quiero más muertos en mi conciencia.

(Puerta cerrada)

-Ni yo. Yo tampoco quiero más muertos sobre mi conciencia.

(SUSPIRA)

Nosotros nos fuimos cuando el juez levantó los cadáveres.

Pero Científica debe estar allí todavía.

Ya. ¿Y tú crees que habrá rueda de prensa

con la droga requisada?

Pues no tengo ni idea.

De eso se ocupan Bremón y Jefatura.

Yo bastante tengo supervisando los casos. Por cierto,

¿cómo acabó lo de Fulgencio? Bueno... Libertad con cargos.

Y nada más salir de aquí, se fue al barrio a proclamar su inocencia.

Me dijo Paty que se presentó en La Parra,

diciendo que fue una denuncia falsa.

Qué poca vergüenza.

Pero no te preocupes.

Fulgencio puede hacer aspavientos, pero al final le condenarán.

Y vete a casa ya, que ya es hora.

Vale. Muchas gracias, inspectora.

A ti. Venga.

Inspector. -Muñoz.

¿Recapitulamos?

Hipótesis uno:

ajuste de cuentas.

(Música de suspense)

¿Quién disparaba?

¿Quién quería eliminar a Eric?

Ya te digo que Vlado Khan no puede ser.

Díaz rastreó el ordenador, y no hay ninguna referencia.

No sé, un... traficante rival.

Traficante rival. Vale. Narco rival.

Sí, tiene toda la lógica.

Ese... Eric estaba comiéndose mucho terreno.

Hacía un producto de mucha calidad

y con esa estructura tan pequeña, podía ajustar mucho los precios.

Sí. Pero...

no sé bien por qué pero no me encaja.

¿Por qué?

Pues porque este tipo de guerras entre bandas

siempre empiezan en la calle.

No sé, si Eric hubiera ordenado matar...

a un camello de una banda rival,

u otra banda le hubiera matado un camello a Eric, vale.

Pero es que en los días previos no ha pasado nada de eso.

A ver, seamos creativos.

Tenemos un fugitivo armado.

Si los relacionamos... matamos dos pájaros de un tiro.

Tendría gracia, pero ¿para qué querría Abel las pastillas?

¿Para el camino?

(RÍE) Es verdad. Demasiado creativo.

Pero también siendo creativos,

yo no me quiero poner pesada con lo de Vlado Khan,

pero... Sé lo que estás pensando.

Fernando Quintero.

A ver...

Si Vlado Khan era el principal cliente de Eric...

y Fernando Quintero está buscando a Vlado Khan,

es muy probable que Fernando Quintero

fuera a buscar a Eric

para sacarle información sobre Vlado Khan.

Eso tiene todo el sentido. Pero hay un fallo.

Si partimos de la base de que Quintero se cargó a Rulfo,

¿se arriesgaría a cargarse otro tío relacionado con Khan?

Bueno, pero es que a lo mejor Quintero

no tenía intención de ejecutar a Eric.

No sé qué dirá el informe forense,

pero cuando llegamos Eric todavía estaba vivo.

Es muy probable que Quintero fuera a ver a Eric

para sacarle información sobre Vlado Khan.

En un momento determinado le presiona

y aparece el sicario de Eric.

La cosa se complica y se lía a tiros.

¿Qué tal? -Bueno...

-¿Cansado? -Pues la verdad es que sí.

Todo el día los ojos pegados al ordenador y...

Cualquier día me quedo ciego.

-Ya. -Oye,

¿me pones un pincho mexicano, que los pruebe?

-Claro. -Que no pique.

No quiero acabar como Carlos.

-¿Y cómo acabó Carlos?

-¿Cómo? Echando fuego por la boca.

En casa se bebió una botella de leche.

Y luego el trajín de por la noche yendo al baño.

-Ay, no me digas. Pobrecito.

-Sí, bueno. Del estómago se recupera, seguro. Tranquila.

Está más tocado del orgullo.

(ASIENTE)

Tú lo hiciste a posta, ¿no?

-¿Yo a posta? ¿El qué?

-Que yo tengo una teoría.

¿Quieres escucharla? -Sí.

-Primero ponme el pincho. Por si me echas algo.

-No... La fama que me estoy haciendo.

-Gracias.

Pues mira, la teoría que tengo es que ese tipo de jugadas

no se las haces a alguien que no te importa realmente.

No digo que a ti Carlos te guste, pero...

Pero sí que le tienes... aprecio.

-Bueno, sí. Es un chico muy lindo.

-Sí, Carlos es muy lindo.

Más de lo que parece.

Te darás cuenta, si tienes paciencia con él,

porque ahora no pasa por su mejor momento.

-Ya me di cuenta cuando vino su mujer a traer los papeles del divorcio.

-Sí. Bueno, de hecho,

¿recuerdas que te dijo que era él quien la iba a dejar?

Pues es mentira.

Se lo dije yo. Le calenté para que te lo dijera,

para hacerse el interesante contigo.

-Ah, vale. Tú eres el amiguito, ¿no? (RIENDO) -Sí.

-¿Y eso a ti te funciona?

-¿A mí? Claro. Por eso vengo cada día rodeado de mujeres.

Voy por la calle diciendo: "Chicas, por favor".

¿Qué pasa, Iván?

Hola, Daniela.

¿Cómo estás? Bueno...

Bien. Aquí estoy.

Venía a por Iván. Vamos al cine.

Sí, bueno. Estaba a punto de escribirte, tío.

Es que estoy supercansado. ¿Y qué?

Me voy a ir a casa. ¿Cómo que a casa?

Sí, a casa.

-¿Cómo? ¿No te vas a comer la cochinita? No pica.

-Es que se me ha cerrado el estómago, ¿sabes? Y bueno...

Siento dejarte tirado con la cena.

Te la dejo pagada. Venga ya.

Sí.

Iván... Hasta luego.

Oye...

Perdona, porque... esto no estaba preparado, ni mucho menos.

¿Eh? Te lo juro.

De verdad, ya... me termino esto, pero no hace falta que me hables.

No, no. Si no quieres hablar, está bien.

Pero... yo sí que quiero pedirte disculpas.

Por lo del picante. Tenía que habértelo dicho.

No pasa nada.

Soy yo quien debe pedirte disculpas.

No estuvo bien lo que hice aquí, el paripé con mi ex.

Lo siento.

Entonces, ¿estás mejor?

Del picante, digo.

A ver, ahora sí, ¿eh?

Pero he estado a punto de morir, Daniela.

Siéntate, que te voy a preparar algo sin picante.

Gracias. Pero me quedo de pie mejor.

(Puerta)

Ha llamado Científica. Hasta mañana no nos dirán nada.

¿Te vas a casa?

Pues sí. Aunque no sé si podré dormir.

¿Y eso?

Tenemos desaparecido a Vlado Khan,

un atracador huido,

tres muertos sin un culpable,

y un asesino de policías suelto.

¿Te parece poco?

No ha ido tan mal el día.

El interrogatorio de Susi lo has manejado muy bien.

Bueno, eso ha sido gracias a ti.

No, no. Gracias a la empatía que tú tienes.

Conozco muy pocos con la capacidad de tratar a un detenido

con tanta humanidad además de con tanto rigor y profesionalidad.

Felicidades. Gracias.

Te invito a una cerveza en La Parra.

Un poco de descompresión antes de acostarte.

Bueno, pues no me vendrá mal. Venga.

Y eso sí: prohibido hablar de trabajo.

Bueno, eso me vendrá aún mejor. Me cambio enseguida.

(Móvil)

Ay...

Tengo que cogerlo. Disculpa.

Dime, Antonio.

Sí, pero no me habías dicho nada, ¿no?

Vale. No, claro que puedo. No te preocupes.

Sí, en cinco minutos estoy ahí. Venga, hasta luego.

Disculpa, era mi marido.

Está a punto de sacar la cena del horno.

Eso es lo que yo llamo una oferta difícil de rechazar.

Nos tomamos la caña otro día. Muy bien.

Hasta luego. Hasta mañana.

-¿Y de cuánto dinero hablamos? Dímelo para hacerme una idea.

(HOMBRE) -Vamos a ver tu participación.

Con un 50 % más.

-Imposible. -Imposible no hay nada, Joaquín.

Hay que arriesgar.

-Estabas interesado en un curso.

-En el de defensa personal.

He visto que hay una clase a las 19:00,

y quiero apuntarme a esa.

-Son peleas organizadas. Al parecer, se reúnen

para pegarse tanto chicos como chicas,

y se graban las peleas para luego compartirlas entre los compañeros.

(HANNA) -Fernando, piensa como la poli.

Si te pones malo solo un día, y justo el día que matan a ese chaval,

¿no te parece algo sospechoso?

(LARA) -Iván, te presento. -¿Iván?

-¡Pero bueno! ¡Bueno, qué sorpresa!

-¿Os conocíais ya? -Sí, de San Juan.

¿Estás en Distrito Sur?

-Acabo de leer el informe de Científica.

No han encontrado nada

ni en el cadáver de Eric ni en el de su matón.

Aun así, yo lo interrogaría.

-¿Por qué demonios no te pides la jubilación?

Porque parece que piensas más en eso que en lo que le pasó a Alicia.

¡Cállate ya! ¡Cállate!

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Servir y proteger - Capítulo 848

27 nov 2020

Miralles y Salgado consiguen localizar al narcotraficante Eric, con la intención de llegar a Vlado a través de él.
Quintero interroga a Eric para sacarle información sobre Vlado Khan pero se ve obligado a matarlo, momentos antes de que la policía llegue en busca del traficante.
Paty tiene una pequeña crisis cuando Cristian le reprocha que, por su culpa, ahora él y su familia se han quedado sin su principal fuente de ingresos.

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