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Semana Santa en RTVE - Santos Oficios. Desde Roma - ver ahora
Transcripción completa

Buenas tardes de nuevo desde la basílica de San Pedro,

donde venimos a celebrar hoy el Viernes Santo,

la celebración de la pasión y muerte de Jesucristo.

Comienza esta ceremonia con el Cristo, este Cristo de San Marcelo,

que durante todo el triduo Pascual

está situado en la Cátedra de San Pedro, en la basílica de San Pedro,

tapado con ese paño rojo.

El color rojo es el propio de este día de Viernes Santo.

Una ceremonia, un rito, que comienza con la entrada

del sacerdote, la liturgia de la palabra.

Leeremos de nuevo la pasión, en esta ocasión de Viernes Santo,

según San Juan.

Luego esa oración universal de los fieles,

esas peticiones que hoy cobran especial importancia.

Comienza esa procesión en silencio.

La cierra el santo padre acompañado del maestro de ceremonias.

Hoy no hay música.

Hoy ya no hay "Gloria".

No hay flores en el altar.

Hoy la iglesia está recogida

para celebrar este acontecimiento tremendo de la muerte de Cristo.

El silencio que resuena en esta basílica,

ahora, la postración ante el altar, es el Cristo.

Una postración que es un rito propio de este día de Viernes Santo.

Una postración para rezar en silencio.

Significa, por una parte, la humillación del hombre ante Dios,

que hoy se entrega por nosotros en la cruz,

y también la tristeza y el dolor que tiene la Iglesia entera

por la muerte de Cristo.

Ahora ponemos también nosotros aquí todas nuestras oraciones

unimos a la cruz de Cristo todo el sufrimiento de todos los hombres,

de todo el mundo.

El dolor por la muerte de los seres queridos, de los amigos,

el dolor por la soledad,

el dolor por los que están sufriendo en sus carnes, en sus trabajos,

en sus vidas, las consecuencias de la pandemia.

El dolor por los maltratados, por los niños maltratados.

El dolor por los que mueren sin llegar a ver la luz del día.

El dolor por los ancianos abandonados en su soledad.

El dolor por los pecados de cada uno de nosotros.

El silencio es la expresión de la oración de la Iglesia

en este Viernes Santo.

"Recuerda, Señor, tus misericordias.

Santifica a tus siervos con tu interna protección.

Por Jesucristo, tu hijo, por medio de su sangre instituyó

el misterio pascual, el que vive y reina por los siglos

de los siglos".

Comienza la primera parte de esta celebración,

la liturgia de la palabra con la profecía de Isaías.

"Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.

Como muchos se espantaron de él,

porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano,

así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito.

¿Quién creyó nuestro anuncio?

¿A quién se reveló el brazo del Señor?

Creció en su presencia como brote,

como raíz en tierra árida,

sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,

despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos,

ante el cual se ocultan los rostros,

despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores,

nosotros lo estimamos leproso,

herido de Dios y humillado,

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino,

y el Señor cargó sobre él

todos nuestros crímenes.

Maltratado, voluntariamente se humillaba

y no abría la boca,

como cordero llevado al matadero,

como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron.

¿Quién se preocupará de su estirpe?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados,

y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,

y entregar su vida como expiación,

verá su descendencia,

prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

Por los trabajos de su alma verá la luz,

el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,

porque cargó con los crímenes de ellos.

Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.

Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores,

él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores".

(CANTAN EN ITALIANO)

"En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Nos redimiste, dios de la verdad".

(CANTA EN LATÍN)

"Soy la burla de todos mis enemigos,

la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos...".

"Me han olvidado como a un muerto,

me han desechado como a un cacharro inútil".

"Pero yo confío en ti, Señor.

Te digo: 'Tú eres mi Dios'.

En tu mano están mis azares...".

(CANTAN EN LATÍN)

"Líbrame de los enemigos que me persiguen".

"Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

sálvame por tu misericordia".

(CANTAN EN LATÍN)

La segunda lectura es de la carta a los hebreos.

(HABLA EN ITALIANO)

"Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo,

Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de la fe.

No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse

de nuestras debilidades,

sino que ha sido probado en todo como nosotros, menos en el pecado.

Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia,

para alcanzar misericordia

y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal,

a gritos y con lágrimas,

presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte,

siendo escuchado por su piedad filial.

Y, aún siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.

Y, llevado a la consumación,

se ha convertido para todos los que lo obedecen

en autor de salvación eterna".

(CANTAN EN ITALIANO)

(CANTAN EN LATÍN)

"Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre sobre todo nombre".

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

Y reciben la bendición los tres sacerdotes que van a leer la Pasión

en este día de Viernes Santo.

La pasión según el evangelista san Juan.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTA EN ITALIANO)

"En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos

al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto,

y entraron allí él y sus discípulos.

Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio,

porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Judas entonces, tomando una cohorte

y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos,

entró allá con faroles, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él,

se adelantó y les dijo:

"¿A quién buscáis?".

Le contestaron:

"A Jesús, el Nazareno".

Les dijo Jesús:

"Yo soy".

Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar.

Al decirles: "Yo soy", retrocedieron y cayeron a tierra.

Les preguntó otra vez:

"¿A quién buscáis?".

Ellos dijeron:

"A Jesús, el Nazareno".

Jesús contestó:

"Os he dicho que soy yo.

Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos".

Y así se cumplió lo que había dicho:

"No he perdido a ninguno de los que me diste".

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada,

la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote,

cortándole la oreja derecha.

Este criado se llamaba Malco.

Dijo entonces Jesús a Pedro:

"Mete la espada en la vaina.

El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?".

La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos

prendieron a Jesús, lo ataron

y lo llevaron primero a Anás,

porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año.

Caifás era el que había dado a los judíos este consejo:

"Conviene que muera un solo hombre por el pueblo".

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús.

Este discípulo era conocido del sumo sacerdote

y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote,

mientras Pedro se quedó fuera a la puerta.

Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote,

habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

La criada portera dijo entonces a Pedro:

"¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?".

Él dijo:

"No lo soy".

Los criados y los guardias habían encendido un brasero,

porque hacia frío, y se calentaban.

También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús

acerca de sus discípulos y de su doctrina.

Jesús le contestó:

"Yo he hablado abiertamente al mundo,

yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo,

donde se reúnen todos los judíos,

y no he dicho nada a escondidas.

¿Por qué me preguntas a mí?

Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado.

Ellos saben lo que yo he dicho".

Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí

le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

"¿Así contestas al sumo sacerdote?".

Jesús respondió:

"Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado,

pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?".

Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

"¿No eres tú también de sus discípulos?".

Él lo negó, diciendo:

"No lo soy".

Uno de los criados del sumo sacerdote,

pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

"¿No te he visto yo en el huerto con él?".

Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio.

Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio

para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.

Salió Pilato afuera, donde estaban ellos, y dijo:

"¿Qué acusación presentáis contra este hombre?".

Le contestaron:

"Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos".

Pilato les dijo:

"Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley".

Los judíos le dijeron:

"No estamos autorizados para dar muerte a nadie".

Y así se cumplió lo que había dicho Jesús,

indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

"¿Eres tú el rey de los judíos?".

Jesús le contestó:

"¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?".

Pilato replicó:

"¿Acaso soy yo judío?

Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.

¿Qué has hecho?".

Jesús le contestó:

"Mi reino no es de este mundo.

Si mi reino fuera de este mundo,

mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos.

Pero mi reino no es de aquí".

Pilato le dijo:

"Entonces, ¿tú eres rey?".

Jesús le contestó:

"Tú lo dices: soy rey.

Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo:

para dar testimonio de la verdad.

Todo el que es de la verdad escucha mi voz".

Pilato le dijo:

"Y, ¿qué es la verdad?".

Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

"Yo no encuentro en él ninguna culpa.

Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?".

Volvieron a gritar:

"A ése no, a Barrabás".

El tal Barrabás era un bandido.

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.

Y los soldados trenzaron una corona de espinas,

se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima

un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

"¡Salve, rey de los judíos!".

Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

"Mirad, os lo saco afuera,

para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa".

Y salió Jesús afuera,

llevando la corona de espinas y el manto color púrpura.

Pilato les dijo:

"He aquí al hombre".

Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

"¡Crucifícalo, crucifícalo!".

Pilato les dijo:

"Lleváoslo vosotros y crucificadlo,

porque yo no encuentro culpa en él".

Los judíos le contestaron:

"Nosotros tenemos una ley,

y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios".

Cuando Pilato oyó estas palabras, se asusto aún más.

Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:

"¿De dónde eres tú?".

Pero Jesús no le dio respuesta.

Y Pilato le dijo:

"¿A mí no me hablas?

¿No sabes que tengo autoridad para soltarte

y autoridad para crucificarte?".

Jesús le contestó:

"No tendrías ninguna autoridad sobre mí,

si no te la hubieran dado de lo alto.

Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor".

Desde este momento Pilato

trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

"Si sueltas a ése, no eres amigo del César.

Todo el que se hace rey está contra el César".

Pilato entonces, al oír estas palabras,

sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal,

en el sitio que llaman el Enlosado, en hebreo Gábbata.

Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.

Y dijo Pilato a los judíos:

"He aquí a vuestro rey".

Ellos gritaron:

"¡Fuera, fuera; crucifícalo!".

Pilato les dijo:

"¿A vuestro rey voy a crucificar?".

Contestaron los sumos sacerdotes:

"No tenemos más rey que al César".

Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y cargando él mismo con la cruz,

salió al sitio llamado de la Calavera,

que en hebreo se dice Gólgota,

donde lo crucificaron,

y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús.

Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz,

en él estaba escrito: "Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos".

Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca

el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo,

latín y griego.

Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

"No escribas: 'El rey de los judíos',

sino: 'Este ha dicho: Soy el rey de los judíos'".

Pilato les contestó:

"Lo escrito, escrito está".

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa,

haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica.

Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo.

Y se dijeron:

"No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca".

Así se cumplió la Escritura:

"Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica".

Esto hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,

María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo

que tanto quería, dijo a su madre:

"Mujer, ahí tienes a tu hijo".

Luego, dijo al discípulo:

"Ahí tienes a tu madre".

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido,

para que se cumpliera la Escritura dijo:

"Tengo sed".

C. Había allí un jarro lleno de vinagre.

Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo,

se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

"Está cumplido".

E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación,

para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado,

porque aquel sábado era un día grande,

pidieron a Pilato que les quebraran las piernas

y que los quitaran.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero

y luego al otro que habían crucificado con él,

pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto,

no le quebraron las piernas,

sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado,

y al punto salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero,

y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.

Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura:

"No le quebrarán un hueso".

Y en otro lugar la Escritura dice:

"Mirarán al que traspasaron".

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús,

aunque oculto por miedo a los judíos,

pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús.

Y Pilato lo autorizó.

Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

Llegó también Nícodemo, el que había ido a verlo de noche,

y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús

y lo envolvieron en los lienzos con los aromas,

según se acostumbra a enterrar entre los judíos.

Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron,

y en el huerto, un sepulcro nuevo

donde nadie había sido enterrado todavía.

Y como para los judíos era el día de la Preparación,

y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

(CANTAN EN LATÍN)

Escuchado una vez más el relato de la pasión según Juan.

La homilía correrá a cargo del padre Rainiero Cantalamesa,

predicador de la Casa Pontificia.

"San Gregorio Magno decía que la escritura

crece con quienes la leen.

Expresan significado siempre nuevos

en función de las preguntas que el hombre lleva a leerla.

Nosotros leemos este año el relato de la pasión con una pregunta.

Más aún, con un grito.

En el corazón que se eleva por toda la tierra.

Debemos tratar de captar la respuesta

que la palabra de Dios da.

Lo que acabamos de escuchar es el relato del mal objetivamente

más grande jamás cometido en la tierra.

Podemos mirarlo desde dos perspectivas diferentes:

De frente o por detrás.

O por sus causas o por sus efectos.

Si nos detenemos en las causas históricas de la muerte de Cristo,

nos confundimos y cada uno estará tentado de decir, como Pilato:

'Yo soy inocente de la sangre de este hombre'.

La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas.

¿Cuáles han sido los efectos de la muerte de Cristo?

Justificados por la fe en él, reconciliados y en paz con Dios,

llenos de la esperanza de una vida eterna, dice San Pablo.

Pero hay un efecto que la situación en acto

nos ayuda a captar en particular.

La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor

y del sufrimiento humano.

De todo sufrimiento, físico y moral.

Ya no es un castigo, una maldición.

Ha sido redimida en raíz

desde que el hijo de Dios la ha tomado sobre sí.

¿Cuál es la prueba más segura

de que la bebida que alguien te ofrece no está envenenada?

Es si el bebé delante de ti de la misma copa.

Así lo ha hecho Dios.

En la cruz ha bebido delante del mundo el cáliz del dolor.

Así ha mostrado que este no está envenenado,

sino que hay una perla en el fondo de él.

No solo el dolor de quien tiene la fe, si no él murió por todos.

'Cuandos yo se ha levantado sobre la tierra atreveré a todos a mí'.

Todos, no solo algunos.

'Sufrir', escribía Juan Pablo II

desde la cama del hospital después del atentado,

'significa hacerse particularmente reflexivos'.

Especialmente abiertos particularmente sensibles

a las fuerzas salvíficas de Dios.

Gracias a la cruz de Cristo, el sufrimiento se ha convertido

a su manera en una especie de sacramento universal de salvación

para el género humano.

¿Cuál es la luz que arroja sobre la situación dramática

que está viviendo la sociedad?

Debemos de mirar a los efectos.

No solo los negativos, que escuchamos todos los días.

Sino también los positivos.

La pandemia del coronavirus nos ha despegado del peligro

mayor que siempre ha incurrido en los humanos.

Salir del exilio de la conciencia.

Ha bastado el más pequeño elemento de la naturaleza, un virus,

para recordarnos que somos mortales.

Que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos.

El hombre y la prosperidad que no comprender

el saldo de la Biblia es como los animales que merecen.

Cuánta verdad hay en estas palabras.

Mientras pintada al fresco la catedrales de Londres

el pintor, que quería haber suerte, se estaba echando

hacia atrás sin saber que se iba a precipitar.

El guardia que estaba ahí vio que se iba a caer.

Así que mojó un pincel y se lo tiró.

El maestro estaba estupefacto.

Había roto su obra, pero estaba salvo.

Ha sido Dios que a lanzado el pincel sobre nuestra orgullosa

civilización tecnológica.

'Tengo proyectos de paz, no de afección', nos dice él la Biblia.

¿Son aquellos más pecadores que otros?

No.

El que llegará un día por la muerte de Lázaro.

Llora hoy por la muerte que ha caído sobre la sociedad.

Cuando nos enteremos un día,

nos avergoncemos de toda las acusaciones

que hicimos de él durante la vida.

"Dios", escribe San Agustín, "siendo realmente bueno sería capaz

de sacar el mal mismo del bien".

¿Acaso Dios padre ha querido la muerte de su hijo

para sacar un bien de ella?

No.

Simplemente ha permitido que la libertad humana siga su curso.

Él ha dado una especie de libertad.

No ha creado el mundo, un reloj programado.

La Biblia le llama como la sabiduría de Dios.

El otro punto positivo de la presente crisis sanitaria

es el sentido de solidaridad.

Cuando en la memoria humana los pueblos de todas las naciones

se sintieron tan unidos, tan iguales,

en este momento.

Hombre, paz...

Sobre la tierra postrada bastante es el silencio.

El virus no conoce fronteras.

En un instante ha derribado todas las barreras.

De raza, de religión, de poder...

No debemos volver hacia atrás cuando el momento haya pasado.

Como diría nuestro Santo padre, no debemos desaprovechar esta ocasión.

No dejemos que tanto doler, tantos muertos

y tanto compromiso por parte de los agentes sanitarios sea en vano.

Esta es la reflexión que debemos tener.

De las espadas saldrán ganados.

No alzarán la espada pueblo contra contra pueblo.

Es vuestro destino el que está en juego.

Le tenemos los recursos empleados para las armas para los fines

de emergencia que vemos en esta crisis.

La salud, la higiene, la alimentación,

contra la pobreza, para el cuidado de lo creado.

Dejemos un mundo más rico en humanidad.

La palabra de Dios nos dice que es lo primero

que debemos de hacer en momentos como estos.

Gritar a Dios.

A veces son palabras de llanto.

Sálvanos por tu misericordia.

Despierta, no nos desprecies para siempre.

Él es el que nos impulsa a hacerlo.

Pedid y recibiréis.

Jesús se ha apropiado de este símbolo.

También nosotros en este momento somos mordidos

por una serpiente venenosa invisible.

Miremos por aquel que fue levantado en la cruz.

Adorémoslo.

"Al tercer día resucitaré", dijo Jesús.

Nosotros también lo haremos, no para volver a la vida anterior,

como dijo Lázaro.

Esta ha sido la homilía del padre.

Nos ha invitado a todos a mirar a la cruz.

Con ella nos podemos curar.

Somos como el pueblo judío que veíamos a la serpiente de oro.

Nosotros, miramos a la cruz.

Es nuestro antídoto.

Con ella volveremos a la vida.

A la vida eterna.

Como Jesús resucitó al tercer día,

nosotros también saldremos del sepulcro de nuestras casas.

No para volver a la vida de antes, para volver a la nueva.

A una vida mejor.

Dios participa en nuestro dolor para vencerlo.

Dios, siendo máximamente bueno,

no dejaría que persistiesen sus obras

si no fuera para sacar el mal del bien.

Comienza esta oración universal de los fieles.

Oremos hermanos por la Santa Iglesia de Dios.

Que el Señor le conceda la serenidad y la paz.

Dios, pelan por la obra de tu amor para que la Iglesia,

extendida por todo el mundo, persevere en la concesión

de tu nombre.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

-Amén.

-Rezamos por el papa.

Para que Dios, que le llamó al orden episcopal,

le asista y proteja para el bien de la Iglesia.

Rezamos en silencio.

(HABLA EN LATÍN)

Por todos los ministros de la Iglesia.

Por todos los presbíteros y diáconos.

Por todo el pueblo santo de Dios.

(HABLA EN LATÍN)

Oremos también por los catecúmenos,

para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente,

le abra con amor las puertas de la Iglesia,

y así encuentren en el bautismo el perdón de sus pecados

y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.

-Dios todopoderoso y eterno, que hces fecunda a tu Iglesia

dándole constantemente nuevos hijos, acrecienta la fe

y la sabiduría de los catecúmenos,

para que al renacer en la fuente bautismal.

-Oremos también por todos aquellos hermanos nuestros

que creen en Cristo,

para que Dios nuestro Señor asista

y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven

de acuerdo con la verdad que han conocido.

Dios todopoderoso y eterno, que vas reuniendo estos hijos

dispersos y velas por la unidad ya lograda,

mira con amor a toda la grey que sigue a Cristo,

para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad

congregue en una sola Iglesia a los que consagró

en un solo bautismo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por el pueblo judío,

el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas,

para que el Señor acreciente en ellos

el amor de su nombre y la fidelidad de la alianza.

-Dios todopoderoso y eterno,

que confiaste tus promesas a Abraham y su descendencia,

escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia,

para que el pueblo de la primera alianza

llegue a conseguir en plenitud la redención.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los que no creen en Cristo,

para que, iluminados por el Espíritu Santo,

encuentren también ellos el camino de la salvación.

-Dios todopoderoso y eterno,

concede a quienes no creen en Cristo encontrar la verdad.

Y a nosotros concédenos también que,

progresando en la caridad fraterna.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los que no creen a Dios,

para que por la rectitud y sinceridad de su vida.

Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres

para que te busquen y, cuando te encuentren,

descansen en ti, concédeles en medio de sus

dificultades, los signos de tu amor

y el testimonio de los creyentes

le lleven al gozo de reconocerte el único Dios

y Padre de todos los hombres.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

-Oremos también por los gobernantes

de todas las naciones,

para que Dios nuestro Señor, según sus designios,

les guíe en sus pensamiento y decisiones

hacia la paz y libertad de todos los hombres.

-Dios todopoderoso y eterno,

en tus manos el destino de todos los hombres

y los derechos de todos los pueblos,

mira con bondad a los que gobiernan,

para que, por tu gracia, se logre en todas las naciones

la paz, el desarrollo y la libertad religiosa

de todos los hombres.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

Oremos por todas las personas que están sufriendo

por culpa de la pandemia.

Para todos los sanitarios que luchan contra ella

y los que han fallecido.

-Dios todopoderoso y eterno, alivia a los que la tengan,

acompaña a los que han muerto.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso,

para que abra las prisiones.

Rompa las cadenas.

Y para que de la salvación a los moribundos.

Dios todopoderoso y eterno,

consuelo de los que lloran y fuerza de los que sufren,

lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan

en su tribulación, para que sientan en sus adversidades

la ayuda de tu misericordia.

Termina de decir la liturgia de nuestra palabra

con esta oración para los que luchan contra la pandemia,

a los que se han visto afectados y a los que han muerto.

Comienza la segunda parte de la liturgia.

La de la cruz.

(CANTA EN LATÍN)

Este es el árbol de la Cruz.

Estuvo clavada en ella la salvación del mundo.

Venid, adoremos.

Ahora cura otro brazo del crucificado.

Es la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

(CANTA EN LATÍN)

Venid, adoradlo.

Ahí está otra vez el diácono.

Mira otra vez la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

(CANTAN EN LATÍN)

Ahora, en condiciones normales,

es el momento de pasar a adorar a la cruz con un beso.

Lo hará el papa.

Lo mostrará a todos.

Aunque no podamos darle el beso

como hacíamos todos los Viernes Santo.

(CANTAN EN LATÍN)

Tu cruz adoramos, Señor.

Nos glorificamos y te alabamos.

(CANTAN EN LATÍN)

A los pies de este Cristo.

Esta es una oración que siempre dice:

"Jesús, gracias por derramar su sangre para salvarnos

y de redimir nuestro alma.

Tú, mi Madre.

Intercede por mí para hablar con tu hijo.

Dale gracias por los bienes que nos concede".

Ahora en silencio también nosotros adoramos.

En este Viernes Santo que es cuando se adora a la Cruz.

Estuvo ahí clavada.

Llega ya el santísimo para distribuir la comunión.

Después, rezaremos el "Padre nuestro".

Fieles a la recomendación del Salvador nos atrevemos a decir:

(CANTAN EN LATÍN)

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días para que,

ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación mientras esperamos la gloriosa

venida de nuestro salvador Jesucristo.

(CANTAN EN LATÍN)

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Nosotros seguimos comulgando con el deseo en este Viernes Santo.

Expresamos ese deseo de comulgar.

Yo quería, Señor, seguirte con esa devoción.

Con el espíritu y fervor de los santos.

(CANTAN EN LATÍN)

Estaba como un cordero inocente.

Mis enemigos conspiraban contra mí diciendo:

"Venid, pongamos madera en su hoguera".

(CANTAN EN LATÍN)

Te adoramos, Cristo.

Y te decimos que por tu Santa Cruz redimiste al resto.

(CANTAN EN LATÍN)

Fue llevado como oveja al matadero.

Maltratado, no abrió la boca.

Fue entregado a la muerte para dar vida a su pueblo.

(CANTAN EN LATÍN)

Cristo está en el sepulcro.

Estará ahí hasta su resurrección.

Eso pasará en la vigilia Pascual.

En la basílica de nuestro Santo Padre.

A las 21:00 de la noche celebraremos esa solemne vigilia Pascual.

Las iglesias permanecen cerradas.

La gente, expectante porque sabe que la muerte de Cristo

no es la última palabra.

La última palabra es la resurrección en la cruz.

Sigue realizando la obra de tu misericordia

para que podamos seguir entregados a ti y a Cristo, nuestro Señor.

El diácono nos invita a inclinarnos para recibir la bendición.

Descienda Señor, tu bendición abundante sobre tu pueblo

que ha celebrado la muerte de tu hijo con la esperanza

de resurrección.

Niega el perdón.

Reactiva el consuelo.

Amén.

Se retira el Santo Padre.

Volverá las 20:00 de la tarde para hacer el camino de la Cruz.

A las nueve estaremos también para todos ustedes para retransmitir

el vía crucis del Santo Padre.

Hacer llegar la adoración a la cruz donde estuvo clavada

la salvación del mundo.

A las A las 20:00 de la noche el vía crucis en la basílica

de San Pedro y en La 2.

Dentro de un rato vendrá Javier para acompañarles

en el vía crucis del Santo Padre.

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Semana Santa en RTVE - Santos Oficios. Desde Roma

10 abr 2020

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