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Para todos los públicos Para todos La 2 - 31/10/20 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué tal? En estos últimos tiempos,

controlar o no controlar nuestra vida,

nuestro trabajo, es uno de los desafíos más grandes

al que nos enfrentamos.

Hoy hablaremos de organización laboral o derecho

a la desconexión digital.

Y si no sabemos por dónde empezar,

Patricia Ramírez nos dará unas pautas

para aprender a sobrellevar

esa sensación de descontrol que a veces es inevitable.

Antes, empezamos y nos vamos a China.

En las calles de China, hay más de 200 millones de cámaras

vigilando la conducta de sus ciudadanos.

Junto con la información de sus móviles

y la que posee el Estado, este decide o no

otorgar según qué privilegios con el llamado "carnet cívico".

¿Llegará a Europa este carnet?

Se lo hemos preguntado a dos expertos sobre el tema.

"En los alrededores del palacio del Infante don Luis,

en Boadilla del Monte, hay algunas cámaras de seguridad

que sirven para preservar una zona peatonal

y sancionar a los vehículos que infrinjan la norma.

En China, desde hace años,

funciona el llamado 'carnet cívico' o 'sistema de confianza social'.

Millones de cámaras en todas partes

vigilan la conducta de los ciudadanos.

Espero en una terraza a dos expertos

en el frágil equilibrio entre libertad y seguridad.

¿Llegará a Europa este carnet como consecuencia

de la pandemia del COVID-19?

Mientras me hago esta pregunta, aparecen Claudio Feijoo

y Ángel Gómez de Ágreda."

Sistemas de confianza social hay muchos.

Hay implementaciones de empresas privadas,

por ejemplo, la más famosa es la que se llama "puntos de sésamo".

Es la traducción del chino de "zhīma", que significa sésamo,

que lo hace Alibaba, de las mayores empresas

de internet del mundo.

Este sistema utiliza tus transacciones,

porque con Alipay puedes pagar, pagas en comercios,

y también puedes pagar "utilities", reservar un taxi,

ir al hospital. O sea, un poco, tus transacciones,

las tienes recopiladas, y además junta información,

por ejemplo, de multas que tengas, de todo tipo.

De tráfico, a lo mejor que no has pagado tus impuestos.

O que has tenido algún tipo de problema con la justicia.

Esa información está integrada y puesta junta en esa valoración.

Hay cinco niveles que van de 350, es el mínimo, a 900.

Que van algo así como malo, regular, bueno, muy bueno y excelente.

Entonces, en los extremos, que está lo más interesante,

si tienes un valor muy bajo, hay una serie de cosas

que no puedes hacer; coger un billete de avión,

o coger un tren, no te va a dejar el sistema.

Si estás en la parte muy alta,

puedes ir a un concesionario de coches y coger un coche

y saben que te lo puedes llevar dos o tres días

a probarlo y vas a volver porque eres buen ciudadano.

O puedes alquilar un apartamento y no pagar la fianza.

Por ejemplo, eres una persona casadera, y decir:

"Eh, tengo esta puntuación, soy una persona muy fiable,

¿a qué esperáis?".

Por ejemplo, esta es mi puntuación en el sistema de Alibaba, en Alipay.

En los puntos estos famosos de sésamo.

Tengo un número curioso, lo ha actualizado hoy.

Tengo 666. Este es el tramo segundo mejor.

Me pone que soy excelente.

No pone que soy superbueno porque la frontera está ahí

en los 700 puntos, hay algunas cosas

que no puedo hacer, como eso, no pagar el mes de fianza

en un alquiler de un apartamento.

O coger un coche y salir con él.

Pero bueno, es razonable y no es lo suficiente

como para que presuma en redes sociales,

que es lo que haría una persona china, pero está bien.

En el contrato social de Rousseau, el Estado te proporciona seguridad

a cambio de una parte de tu libertad.

Lo que se puede hacer con estas aplicaciones

es que el Estado tenga más instrumentos

para incrementar la seguridad.

Claro, evidentemente, a costa de que por otro lado

esos instrumentos están reduciendo tu libertad.

Cuanta más información estás dando sobre ti,

más elementos tiene el Estado para contribuir

a tu seguridad, pero menos elementos tienes tú para escapar a ese control

y para tener un cierto margen

de maniobra en cuanto a decisiones que quieres tomar.

Es cierto, puede ayudar a que haya mejor ciudadanía.

Piensa que, efectivamente, incita a ser mejor.

Es por un lado, por otro lado,

sí que empieza a haber algunas voces críticas

de que hay algunos excesos, hay algunos usos

de abusos, de falta de privacidad,

que son excesivos, pero el sistema como tal,

no está mal visto, se piensa que es un sistema

que contribuye a la armonía social.

Es la opinión media de ciudadano medio en China.

Cuando están implantando ahora todas las aplicaciones

para el seguimiento de la pandemia, lo primero que nos dicen es:

"Bueno, pero si ya sabes que están cogiendo tus datos,

¿por qué no los vas a coger para hacer tu vida más cómoda?".

Creo que, en realidad, es envolverlo en una envoltura distinta.

Venderlo de una manera distinta.

Pero al final, la comodidad a la que tendemos todos

en Europa, en Asia, en América, en todas partes,

nos va a llevar probablemente a aceptar

limitaciones a nuestra privacidad

en aras a esta comodidad y a esta inmediatez.

Nuestro teléfono móvil, además de los datos

que le estamos dando nosotros con las llamadas que hacemos,

nuestros contactos, los mensajes,

las fotografías, está controlando permanentemente

setenta y tantos parámetros distintos,

que independientemente de que lo sepas o no,

se los está sirviendo a la compañía telefónica,

a tu operador del sistema operativo del teléfono,

para el funcionamiento mismo del teléfono,

y para la comercialización de esos datos también.

Con lo cual, la información que le diera

a estos actores institucionales,

o estos actores comerciales, es mucho mayor

que la que tú das, es impresionante,

si te pones a pensarlo, la cantidad de información

que se puede sacar simplemente de saber

por dónde te estás moviendo.

Si a eso le añades saber en qué momento lo estás haciendo,

y con quién estás coincidiendo

en cada momento, se está dando mucha información,

no ya sobre ti, sino sobre tus patrones de conducta.

Hay más o menos, se dice, entre 350 y 200 millones de cámaras.

Se espera que este número aumente considerablemente,

porque hay un objetivo del Gobierno chino,

que es dotar de la máxima seguridad al país.

Lo que hay no son personas para las cámaras,

lo que hay son empresas muy potentes,

tres o cuatro empresas que se han hecho muy grandes

y más grandes se van a hacer, que son las que tienen cámaras

que tienen algoritmos detrás de las cámaras

para hacer reconocimiento facial automático

y saber qué persona hay.

En mi opinión, sería interesante

que hubiera una aportación de un tercer actor.

Un tercer actor que sería la sociedad civil.

La sociedad civil, que somos los que estamos dando los datos,

por lo tanto, también tenemos derecho

a sacar un beneficio directo de esos datos, que son nosotros.

Odiseia es el observatorio del impacto social y ético

de la inteligencia artificial.

Nacimos en septiembre del año pasado.

Y pretendemos convertirnos en una especie de sello de garantía

de que lo que se está haciendo con los algoritmos

de inteligencia artificial tiene unos criterios éticos detrás.

Que no se están utilizando tus datos en contra de tus intereses,

que no se están introduciendo sesgos, prejuicios

con respecto a cómo se utilizan esos datos,

o a los resultados que dan.

Es una iniciativa que desde a sociedad civil,

lo que pretende es aportar valor

a las empresas que lo puedan utilizar

y dar credibilidad a las empresas o instituciones

diciendo: "Hay alguien aliado del resto de los ciudadanos

en el que puedes confiar y que está garantizando,

o que está supervisando que existen estas salvaguardas,

por lo menos, al uso de tus datos".

Hay iniciativas aquí, CriptourbanIA,

en Rivas Vaciamadrid, sin ir más lejos,

en el que lo que se pretende es juntar los datos

del ayuntamiento, juntar los datos de las empresas,

juntar datos de los ciudadanos, de tal manera,

que el ayuntamiento tenga visibilidad

sobre los datos, las empresas también,

pero también los ciudadanos.

Y que para utilizar los datos que han proporcionado los demás,

tengas que pedirles permiso.

De tal manera, que hay un sistema de transparencia,

pero al mismo tiempo de retención

de la propiedad de los datos de cada uno.

En "Para todos La 2", nos preguntamos ahora

cómo organizar nuestra jornada laboral,

cómo repensarla para hacerla más llevadera,

más eficaz, más sostenible.

Nos lo planteamos quizá ahora más que nunca

las personas que tienen trabajo, pero se lo plantean

desde hace muchos años gobiernos, instituciones,

y también empresas. De ello queremos hablar

con nuestra próxima invitada, ella es Sara Berbel.

Es doctora en Psicología Social.

Especialista en organización de grupos

y actual gerente municipal del Ayuntamiento de Barcelona.

¿Qué tal, Sara? Bienvenida al programa.

Hola, muchas gracias.

De entrada, hay que mejorar la organización del trabajo global,

nacional, local.

¿Pero por dónde empezar con este cambio?

El cambio que podría ser más sencillo

pese a todo, es avanzar los horarios.

Somos el país que tiene unos horarios más tardíos.

Acabamos, comemos dos horas más tarde

que la media europea, y mundial, de hecho,

pero hablemos de Europa, cenamos también más tarde,

nuestro "prime time" es dos horas más tarde.

Es decir, que si avanzáramos, tendríamos una vida más saludable

y también se ha demostrado que más eficiente

en el ámbito laboral.

Es cierto que hay empresas que funcionan todavía

con esquemas muy obsoletos, con esquemas del siglo pasado.

¿Cómo se puede reformular? No solo cambiando

las horas y las rutinas, porque eso es muy difícil.

Hoy en día, quien tiene un trabajo, tiene un tesoro.

Aunque es un derecho,

se está convirtiendo en un privilegio.

Es muy difícil jugársela, podríamos decir.

Las empresas más innovadoras, lo que están haciendo

son actuaciones para la mayor eficiencia.

¿Esto qué significa?

Implantar el teletrabajo, que esto nos hemos hecho de golpe expertos,

lamentablemente, debido a la crisis del coronavirus.

En nuestro país, todavía hay un porcentaje muy bajo

de personas que realizan teletrabajo.

Disminuir los horarios de las reuniones.

En nuestro país, se pasa gran parte del horario laboral

en reuniones que son muy largas.

Disminuir los horarios laborales que son rígidos y extensos

y compactarlos, porque se ha demostrado

que se es más eficiente cuando se compacta.

También, aquellos trabajos más complicados,

poderlos realizar en las horas

en que nuestro cerebro está más despierto.

Para eso necesitamos, por una parte, dormir bien.

Y por otra, realizar todo lo más complicado

durante las horas fundamentales que para una mayoría de personas

es durante la mañana.

Para reorganizar este teletrabajo,

o el trabajo en remoto, también hay que reorganizar

las tareas en casa.

En plena crisis,

cuando la crisis se ve como una oportunidad,

¿quizá es una oportunidad para repensar

todo lo que son las tareas que se hacen en casa?

Debería ser una oportunidad, porque no nos podemos permitir

que el teletrabajo refuerce los estereotipos sobre las mujeres.

Y que las pueda perjudicar. De hecho, podría perjudicarlas

si no fuera paritario,

si fueran sobre todo mujeres quienes accedieran

al teletrabajo, y además con dificultades

de conciliación de la vida personal y laboral

y con dificultades de promocionarse en la empresa.

Porque cuando se hace teletrabajo,

si no está combinado con presencialidad,

se es menos visible.

Si se es menos visible, es más difícil

acceder a puestos de decisión.

Sin embargo, la experiencia que tenemos ahora

durante el coronavirus, es que un 30 %

de mujeres nos dicen que han trabajado más

desde el hogar y que más del 50 % de ellas

se han tenido que dedicar a las tareas escolares

de las criaturas, mientras que los hombres,

lo han hecho en un 26 %.

Es decir, que no ha servido esta experiencia que hemos tenido

de trabajo a distancia para equilibrar

y corresponsabilizarse, porque nos seguimos encontrando

con que se han repetido o perpetuado los roles típicos

de hombres y mujeres; ellas han cuidado más

y han tenido más dificultades

para conciliar vida personal y laboral que ellos,

ahora ya tenemos datos que lo muestran.

Entonces, ¿cuándo van a cambiar esos datos?

Porque si está cambiando,

el mercado laboral se está cambiando,

la situación de adaptación de muchísimas personas

a muchos entornos distintos, ¿eso cuándo se va a reflejar?

Yo creo que tenemos que ser optimistas.

En estos momentos, se están haciendo acuerdos

entre patronales y sindicatos.

Están saliendo normativas, y por tanto, estamos avanzando

en un teletrabajo que sea realmente sostenible y eficiente.

Para que lo sea, no tenemos que repetir ineficiencias,

como, por ejemplo, que falten todos los horarios.

Una persona, cuando trabaja más de ocho horas,

empieza a ser ineficiente.

Y lo que une, es más complicado.

Posiblemente, tome decisiones equivocadas.

Cuando se llevan tantas horas de trabajo sin interrupción,

hay que hacer pausas, hay que hacer desconexión.

Hay países, como Francia, que ya lo han regulado.

Por las noches, entre las 20:00 y las 07:00 de la mañana,

no se puede estar enviando mensajes,

por ejemplo, es necesaria la desconexión.

También es necesario que haya objetivos,

sino el teletrabajo no cumple su función.

Y hay que reducir lo que se llama presentismo en remoto; querer estar,

aunque se esté a distancia, en todas las reuniones

y todo el tiempo ante pantalla.

Hay que funcionar mucho más por objetivos.

La nueva ley de teletrabajo ha entrado en vigor

hace justo 15 días.

Y se teletrabaja mucho, pero España está casi a la cola

en los países en que se hace teletrabajo.

Cuando entre en vigor esta ley, que ya ha entrado en vigor,

¿cuándo van a responder las empresas?

¿Cuándo van a tener esa cintura para poder restructurar el trabajo?

Muchas ya lo están haciendo.

De hecho, los estudios que tenemos nos dicen

que aproximadamente un 30 % de empresas

ya están avanzando en flexibilidad,

con pactación de horarios, como comentábamos antes,

avance de las horas, teletrabajo.

Pero comparativamente con Europa, todavía somos pocos.

Estamos como en torno a un 7 % de personas

que hacen teletrabajo y calculamos que en nuestro país se podría llegar

hasta un 30 % perfectamente, como tienen otros países europeos.

Pero se están poniendo las pilas todas las empresas.

Es verdad que para las grandes es más fácil.

Pero también las pymes están teniendo muy buenas prácticas.

Hace poco, hace una semana,

entró en vigor el horario de invierno.

Ese cambio horario, ese ajuste de horario,

¿hasta cuándo se va a tener que hacer?

¿Con qué horario nos vamos a quedar en España?

Eso se estuvo hablando en Europa

y, de hecho, tenía que entrar en vigor

hasta abril de 2021.

¿Vamos a volver a cambiar el horario en abril de 2021?

La verdad es que se detuvo la implantación de la normativa

a la espera de que cada parlamento

de los países europeos tomara una decisión.

En estos momentos, hay un consejo asesor

a nivel del Gobierno de España

y también los hay, hay consejos asesores

en las autonomías; aquí en Cataluña también tenemos uno,

que están debatiendo

cuál de los dos horarios sería mejor.

El horario de invierno, de verano.

Y cuando se llegue a una conclusión, se implantará.

De momento, todavía seguimos con el cambio de hora.

¿Y qué es lo que se debate en ese sentido?

¿Qué es lo mejor para la economía?

¿Qué es lo mejor para la salud?

Un debate que nos suena mucho también en estos tiempos

de crisis y de pandemia, ¿verdad, Sara?

Es multifactorial. Siempre, todo lo que tiene que ver

con la organización del tiempo, hay que tener en cuenta la salud,

porque está muy relacionado, como decía, con el sueño,

con el cansancio, con la posibilidad de tener más riesgos laborales

si no se descansa suficiente.

O riegos físicos, ergonómicos, visuales, en fin.

Hay que tener en cuenta la salud, pero también

la eficiencia laboral y también la igualdad

entre hombres y mujeres.

Se debaten teniendo en cuenta los tres aspectos

para ver cuál sería el mejor horario.

Entonces, en términos laborales y mirando hacia el futuro,

¿trabajaremos menos? ¿Trabajaremos mejor?

¿Trabajaremos en cualquier sitio?

Porque estos días también hemos visto ejemplos

de personas que hacían su teletrabajo,

por ejemplo, desde un hotel, estaban haciendo el "coworking"

en una habitación de un hotel.

O también conceptos como el "workation".

Sí. El trabajo y las vacaciones.

¿Qué es lo que nos queda por inventar, Sara?

Desde la psicología, sí que pensamos

que es mejor diferenciar lo que es trabajo de lo que es

tiempo vacacional o de ocio.

Es mejor que haya una diferenciación,

si no, lo que puede ocurrir, es que al final todo sea trabajo

y eso también sea perjudicial, el hecho de no desconectar nunca.

Sin embargo, de los tres aspectos que muy bien has comentado,

creo que el de trabajar desde cualquier parte

es el que será más fácil y próximo.

No todo el mundo. Siempre hay una serie de trabajos

que necesitan presencialidad

y es importante. Partiendo de esa base.

Partiendo de esto, habrá un porcentaje elevado

que podrá trabajar prácticamente desde cualquier lugar.

Eso seguro.

¿Si trabajaremos menos? Podríamos hacerlo.

Porque los estudios nos muestran que sí.

Pero necesitamos entonces implantar

todas las otras medidas que he comentado

para mejorar la organización; menos reuniones,

compactación horaria. Menos horas.

Horarios más flexibles. Exacto.

Si eso fuera, trabajaríamos menos.

Y mejor, yo creo que sí.

En la medida en que se puede escoger y estar en diversos ámbitos

y adaptarse mejor a las necesidades propias

de la familia, de las necesidades de tiempo,

no solo familiares, sino personales,

creo que eso es un avance, creo que vamos a mejor.

Pues, Sara Berbel, doctora en Psicología Social y Actual,

gerente municipal del Ayuntamiento de Barcelona,

muchas gracias y manos a la obra, a trabajar.

Muchas gracias a usted.

(CANTA EN INGLÉS)

"A través de videoclips, espectáculos musicales

y teatrales, la emprendedora social canadiense,

Vanessa LeBourdais y su equipo de Planet Protector Academy,

educa a los niños y niñas de primaria

como protectores del planeta.

El objetivo es que sean los niños los que eduquen a sus familias

en conductas más sostenibles con el medioambiente.

Los niños se acaban convirtiendo en los protectores del planeta.

Este proyecto cree que si los niños consumen de forma sostenible,

sus padres también acabarán teniendo hábitos más saludables.

A través de la creatividad, se educa para proteger el medioambiente.

Lo hacen a través de videos, clases presenciales,

misiones y espectáculos teatrales.

Siempre con humor.

La Academia de Protectores del Planeta llega a acuerdos

con municipios que compran el programa

para apoyar sus objetivos ambientales

y luego promoverlo en los consejos escolares

y en las clases.

Según los primeros trabajos realizados,

el 73 % de los niños

se sienten como protectores reales del planeta.

El 50 % de los niños que han participado

en estos ejercicios dicen que han cambiado

los hábitos de conducta de su familia.

Y que el 60 % ha reducido la producción de residuo.

Ahora, están llegando a acuerdos

con cadenas de televisión canadienses

y estadounidenses para promover a los protectores del planeta.

Su objetivo es que en el año 2025, haya en el mundo

5 millones de niños superhéroes ambientales

con la misión de cambiar el mundo cambiando los hábitos de consumo."

Tenerlo todo controlado, absolutamente todo,

a veces es sencillamente imposible.

Hay que darse cuenta, aceptarlo y preguntarse:

"¿Ahora qué hacemos?". Yo les sugiero

que escuchen lo que nos va a contar Patricia Ramírez,

porque el descontrol puede tener su parte positiva.

La vida nos ha enseñado que tener control

sobre la propia vida o sobre cualquier situación,

nos da seguridad.

A las personas nos gusta planificar, organizar,

tener nuestros asuntos bajo control.

Pero muchísimas veces ocurren situaciones

en las que estamos fuera de control.

¿Por qué? Porque la situación no depende de nosotros.

Cuando esto ocurre, tendemos a sentirnos inseguros,

a rumiar, a darle vueltas a las cosas

pensando que así nos estamos responsabilizando.

Pero lo único que conseguimos es incrementar

nuestro nivel de ansiedad.

Hoy, en "Para todos La 2", vamos a ver seis consejos

para aprender cuál es la parte positiva

de no tener control.

Sí, no tener control tiene su parte positiva.

Lo más positivo que tiene es que cuando perdemos el control

o algo se escapa de lo que para nosotros es cómodo,

aprendemos a ser creativos.

La falta de control nos convierte en personas más creativas.

Lo que está bajo control, nos permite anticiparnos,

conocer los protocolos, pero cuando algo sale fuera

de ese control, nos obliga a inventar

nuevas maneras de hacer.

De sentir, de pensar, de actuar.

El segundo punto es que aprendemos a vivir

con emociones incómodas.

Parezca que uno tenga que estar siempre feliz,

sereno y tranquilo, y que ese sea

el estado emocional apropiado para todo el mundo.

pero las emociones como la ansiedad, la frustración,

los celos, la envidia, existen porque tienen un sentido evolutivo.

Y si no nos exponemos a vivir con esas emociones,

tampoco sabremos qué nos están diciendo.

La parte no controlable de la vida

nos ayuda a convivir con esas emociones.

El tres: la falta de control nos ayuda a fomentar

la espontaneidad.

Cuando uno tiene todo controlado, cuando todo está protocolarizado,

al final nos falta esa chispa de la vida,

que tiene que ver con la creatividad.

Pero nos ayuda a ser espontáneos, a ser más naturales.

El punto número cuatro nos saca de nuestra famosa zona confortable.

En la zona de confort, las cosas se pueden prevenir,

nos podemos anticipar, es un lugar seguro.

Y muchas veces decimos que para crecer

tenemos que aprender a salir de esa zona.

La falta de control, nos empuja a salir de la zona confortable.

El punto número cinco: aprendemos caminos alternativos

que nunca hubiéramos explorado.

En la zona confortable o en la parte controlable,

siempre hacemos todo de la misma manera.

Y nuestro cerebro necesita que le demos un poquito

de esa adrenalina, de esa chispa, intentando hacer cosas

de manera distinta.

Y por último, nos obliga a reinventarnos.

¿Qué vivieron ustedes durante la pandemia?

¿No cambiaron su forma de trabajar?

¿Su forma de relacionarse?

¿Su forma de sentir?

Cuando nos vemos ante una situación en la que no tenemos control,

nos vemos obligados a cambiar muchas cosas

que además, luego puede ser que aprovechemos

y que nos las quedemos en nuestra vida.

Y aquí les dejo el resumen de los seis puntos

para aprender a vivir la parte positiva

de no tener control.

Hay tiempo para todo, el nuestro ha terminado.

Disfruten del suyo y feliz resto de semana. Adiós.

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Para todos La 2 - 31/10/20

31 oct 2020

Reportaje Carnet Cívico
En las calles de China hay más de 200 millones de cámaras que vigilan la conducta de los ciudadanos. Junto con la información de sus móviles y la que posee el Estado, éste evalúa su grado de compromiso otorgando privilegios, o no, con el llamado “carnet cívico”. ¿Llegará a Europa este carnet? Le hemos hecho esta pregunta a dos expertos sobre el tema.

El mundo del trabajo
Entrevista a Sara Berbel, doctora en psicología social y Gerente municipal del ayuntamiento de Barcelona. Con ella hablamos de horarios laborales, de conciliación, de teletrabajo, de los usos del tiempo y de la desconexión digital.¿Cómo organizar nuestra jornada laboral? ¿Cómo repensarla para hacerla más llevadera, eficiente y sostenible? Nos lo preguntamos ahora quizás más que nunca, pero es algo que llevan tiempo debatiendo gobiernos y empresas de todo el mundo.

Innovación social
Los Protectores del Planeta es una iniciativa canadiense para que a través de espectáculos musicales, teatrales y actividades educativas, los niños se conviertan en transmisores de valores sostenibles y medioambientales. Su idea es “si educas a los niños también educas a las familias”

Psicología
Tenerlo todo absolutamente todo controlado. A veces es sencillamente imposible Hay que darse cuenta, aceptarlo y preguntarse ¿Y ahora qué hacemos? Patricia Ramírez nos detalla la parte positiva de no tenerlo todo controlado

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