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Para todos los públicos Página Dos - Marta Sanz - Ver ahora
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Marta Sanz.

Paco Roca.

Aramburu.

Casavella.

Hoy, todos vamos a formar parte de la farándula de Marta Sanz.

(Música suave)

Acabas de ganar el Premio Herralde con "Farándula".

Una palabra muy bonita que no tiene aquí una acepción peyorativa.

Una de tus protagonistas, Ana Urrutia, esa actriz jubilada,

dice que es la síntesis de "Faralaes y tarántula".

¿Qué es exactamente "Farándula" en esta novela?

Como tú has dicho, por una parte farándula es una palabra

que suena muy hermosa; es una palabra muy eufónica

y era inevitable para una novela

en la que yo quería abordar el oficio de los actores

como metáfora de otras profesiones artísticas

y como metáfora del mundo en el que estamos viviendo.

Los protagonistas son cinco: dos actores y tres actrices.

¿Podemos decir que casi todos pivotan alrededor de Valeria Falcón,

esta actriz de 40 años que está en el paro y que da clases?

Sí. Creo que no desvelamos nada si comentamos o anticipamos

que "Farándula" es una novela aparentemente polifónica,

en el sentido de que esos personajes

parecen tener voz en distintos capítulos de la novela.

En realidad, es solamente uno el que recoge las voces de todos;

es el responsable de las voces de todos.

Es la cara que se esconde detrás de todas las máscaras.

Si los lectores pretenden poner un nombre conocido

a alguno de tus protagonistas, lo tendrán complicado, ¿no?

¿O hay alguno...? ¿Quizás Ana Urrutia?

Ana Urrutia, efectivamente, es el único personaje

que sería muy reconocible. Está enteramente inspirado

en una actriz a la que admiro mucho, María Asquerino.

A María yo la saqué en un libro de poemas, "Perra mentirosa".

Lo de perra mentirosa no iba por María Asquerino.

De hecho, "Farándula" se abre con una frase de María Asquerino:

"la voz de los actores les sale desde abajo".

Esa especie de imagen que es, al mismo tiempo, genital y de clase

a mí me gusta y creo que sintoniza con el tono de "Farándula".

Respecto al resto de los actores, son más Frankenstein.

Son construcciones donde los lectores no identificarán

a un actor en particular o a una actriz en particular,

pero si podrán reconocer rasgos del mundo de nuestros actores.

El hecho de que una actriz pertenezca a una saga familiar.

El hecho de que un actor o actriz de éxito de una serie

luego ponga copas en un bar.

El hecho de que un actor famoso firme un manifiesto político.

Este tipo de cosas las van a reconocer y, cada lector,

podrá hacerse su composición de lugar. Esa es la gracia.

A veces, la firma excesiva de manifiestos

se puede convertir en una operación de marketing.

(BALBUCEA) Hay veces... Creo que en este mundo

sí hay determinados actores o gente del mundo de la cultura

que con la organización de galas benéficas

o la firma de manifiestos, no demasiado difíciles de firmar

y que no les colocan en una posición difícil,

lo que hacen es recubrirse con un aura de bondad

que termina siendo una especie de estrategia de marketing.

Aquí, yo no me puedo olvidar

de que en "Farándula" salen personajes

como Angelina Jolie, George Clooney o Matt Damon,

que fue a no sé qué festival con una taza del váter en el cuello.

No se juzga a esos personajes, porque no se les juzga,

pero se los coloca en una situación de duda

entre decir: ¿son personajes verdaderamente generosos?

¿Son personajes comprometidos políticamente?

¿Es lo mismo la caridad que el compromiso político?

(Música suave)

Si me obligaran a hacer un ranking

de mis ciudades favoritas a las que viajar,

tendría un serio problema. La lista sería larga.

Algunos nombres cambiarían según mi estado de ánimo.

Otros, según la época del año en que decidiera hacerlo.

Eso sí, en muchos casos la elección dependería

del libro que, en ese momento, tuviera en las manos.

Si me preguntaran hoy

diría que, entre mis favoritas, siempre estará San Sebastián.

La ciudad que hoy quiero descubrir con la ruta literaria

de una novela profunda y necesaria: "Años lentos", de Fernando Aramburu.

(Música suave)

Lo que se narra sucede en la gris San Sebastián de los años 60.

Cuenta una historia intensa

que se esconde detrás de esa postal maravillosa: la Playa de la Concha.

El protagonista es Txiki,

un niño que llega a la ciudad desde un pueblo de Navarra,

cargado con una maleta y una caja con dos gallinas vivas.

Su destino es la casa de sus tíos maternos en Ibaeta,

un barrio obrero a las afueras de la ciudad.

Hoy en día, en Ibaeta, concretamente en la zona de Errotaburu,

se mantienen en pie los edificios construidos con apoyo de la Falange.

Allí viven los protagonistas de la novela.

La historia transcurre en un barrio donde casi nadie hablaba euskera

desde la guerra y donde el germen de lo que sería ETA

se inocula a través de un párroco llamado Don Victoriano.

Llevo aquí 59 años, desde que se construyeron las casas.

Toda esta ribera, estas dos casas solo,

el caserío abajo, otro más arriba y un riachuelo que bajaba.

Esta iglesia no estaba.

Un cura que había antes, Don Erasmo, puso como una barraca abajo

para que los críos estuviesen ahí

estudiando, aprendiendo euskera. Yo no sé euskera pero mi hijo

a los tres años aprendió el euskera ahí.

Mientras deambulo por estas calles, recuerdo cómo Aramburu

muestra la tensión política de esos años. Afecta a la familia.

Txiki verá a su tía aplaudir a Franco,

ya que el dictador, anualmente, fondeaba su yate Azor en la bahía

y paseaba triunfante por la calle Hernani.

También recuerdo cómo sufrirá cuando la policía franquista

detenga a su primo en el barrio de Gros;

hoy día reclamo internacional para sus pistas

gracias a la mítica Playa de la Zurriola.

"Años lentos" es interesante porque es una especie de espejo

en el que muchos se pueden mirar en cada uno de los papeles

que aparecen en esa novela.

Desde luego, hay una cosa terrible en la novela:

el ambiente de "omertá" que se crea en el pueblo

cuando, supuestamente, el personaje es un chivato

y el hacerle el aislamiento a él y a la familia son cosas

como tribales pero no descartables. Eso ha sido así.

(Música suave)

Tras el atentado, todo cambia para siempre.

Mientras Txiki pasa los días pescando en el puerto,

la familia intenta mantenerse unida.

(Música suave)

Será allí, en el espigón donde ahora contemplo el atardecer,

cuando Txiki verá a su primo de nuevo; no por mucho tiempo.

Julen no es bienvenido en el barrio porque le acusan de chivato.

(Mar)

Cae la noche mientras saboreo en mi memoria el final de la novela.

Un desenlace agridulce que me llevo hasta el Puerto de Pasajes

para contemplar estos enormes barcos que cruzan el Atlántico.

Un océano que se estrella

con la geografía de esta maravillosa ciudad literaria.

(Música suave)

Mi canon, dentro del cómic, sería complicado

pero podríamos dejarlo en "Paracuellos", de Carlos Giménez,

en "Crónicas birmanas", de Guy Delisle

y en "María y yo", de Miguel Gallardo.

He elegido "Paracuellos" porque, hasta ese momento,

cuando leí "Paracuellos", era un chaval

y todo lo que había leído eran superhéroes y grandes epopeyas.

Cosas muy grandilocuentes y, de repente,

encontré "Paracuellos", que hablaba de algo pequeño.

O algo grande: los sentimientos de las personas. Algo autobiográfico

y para mí fue un cambio, que el cómic hablase de esas cosas.

El caso de "Crónicas birmanas" y, en general, de Guy Delisle

y el de otros autores creo que es el camino interesante

que ha cambiado mucho el cómic en los últimos años.

Es la "no sección"; algo que no existía antes

y que permite a autores hacer obras autobiográficas

o reflejar la sociedad en que viven, como es el caso de Delisle.

En el caso de "María y yo",

lo he elegido porque abre un nuevo camino dentro del cómic.

Miguel Gallardo es un autor que siempre ha sabido evolucionar.

En el caso de "María y yo", explora esas fronteras.

Puedes meter páginas solo con viñetas,

páginas con texto, ilustraciones. Creo que eso es lo interesante,

la libertad del autor para poder buscar caminos nuevos.

(Música suave)

No es una novela que diseccione el mundo de la interpretación

sino que utilizas esta profesión para diseccionar la sociedad actual.

Podías haber escogido otra profesión pero has escogido esta.

Quería hablar de los actores porque, de alguna manera,

un tema importante en esta novela es el del desprestigio de la cultura

y hasta qué punto es legítimo o ilegítimo que actores y escritores

tomemos la palabra para ejercer nuestro compromiso como ciudadanos.

Estamos en un momento en que el cambio de modelo cultural,

condicionado por una radicalización de un modelo económico

que, para mí, es el neoliberalismo,

nos coloca a todos en un espacio de enorme incertidumbre.

En tu novela abordas muchas cuestiones:

todo el tema de la tecnología y el tema de estar o no al día.

Tenemos la sensación de que somos seres obsoletos antes de tiempo;

no nos dan tiempo ni de reciclarnos, ya hemos quedado desfasados.

No sé si tú y yo somos de la misma generación

pero creo que por ahí tenemos que andar.

Acabo de cumplir 48 años y hay días que digo: qué vieja eres.

Es como si nuestra obsolescencia programada

estuviera condicionada por este cambio de mundo vertiginoso

frente al que, a veces, yo ejerzo cierta resistencia crítica

porque no creo que las cosas se asuman solo de una forma crítica.

Hay algo en el uso de internet que me preocupa.

Cada vez que una persona dice que algo le gusta;

cada vez que una persona da al "I like",

está ejerciendo su libertad y, mientras la ejerce,

sus datos empiezan a formar parte de un sistema de vigilancia

que está dentro de un panóptico mucho más salvaje

que el que habría imaginado Orwell. Te ha salido una novela muy social.

Porque yo quería escribir una novela muy social en clave de sátira.

Creo que esta novela tan social y satírica,

que me gusta calificar de "novela borde"...

Sí, tiene un punto de mala leche. Un punto de mala leche, de bordería,

hay gente que se ríe mucho, se divierte.

Creo que con toda esta antipatía... es una novela antipática

pero Valeria Falcón, en el último capítulo,

dice algo así: "toda mi antipatía es la expresión de...

una forma especial del amor". Es lo que pasa con la novela social.

Hay quienes piensan que la cultura, como el deporte,

deberían estar al margen de la política.

Hay quien piensa que los actores, los escritores

nunca deberíamos sacar los pies del tiesto

porque, se supone, que la cultura está al margen de la realidad.

Creo que es absolutamente imposible

producir ningún tipo de discurso artístico, literario

que esté al margen de lo ideológico. Hablas en la sociedad en que vives

y te colocas en algún lugar para hablar en esa sociedad.

Eso es inevitablemente ideológico.

(Música suave)

Francisco Casavella era Francisco García Hortelano.

Decidió cambiar su apellido literario

porque había un novelista que se llamaba igual.

Lo hizo antes de publicar, a los 27 años, su primera novela

y convertirse en la gran promesa de la literatura española.

Este mes de diciembre se cumplen siete años de su muerte.

Son multitud quienes le recuerdan con homenajes y lecturas.

Casavella aseguraba que fue golfo antes que escritor.

De ahí que en sus novelas nunca falten personajes canallas,

los bares y la música. Este imaginario literario

lo creó mientras trabajaba de botones en un banco barcelonés

que abandonó, junto a sus estudios de Derecho.

Dio el salto justo después de finalizar la mili

y escribir el borrador de su primer libro, "El triunfo",

con el que ganó el Premio Tigre Juan en 1990.

Tres años después publicó "Quédate" y, cuatro años más tarde,

"Un enano español se suicida en Las Vegas".

Para entonces, el mito Casavella ya estaba en construcción.

La geografía de sus historias es la de su propia vida:

ese barrio barcelonés situado junto al mercado de Sant Antoni,

flanqueado por El Chino y El Paralelo.

Noctámbulo incorregible y lector voraz,

se pasó la vida acumulando notas e información para futuras novelas,

lo que más le gustaba de ser escritor.

Entre libro y libro escribió algún guión de cine,

la novela juvenil "El secreto de las fiestas",

que años más tarde adaptó al público adulto,

y artículos periodísticos

que fueron recogidos en "Elevación, elegancia y entusiasmo".

El gran proyecto de Casavella apareció en 2002

y se tituló "El día del Watusi". Una obra ambiciosa y compleja

que narra la Barcelona más canalla desde los estertores del franquismo

hasta las Olimpiadas del 92.

Aunque su intención era publicarlo en un solo volumen,

sus editores le convencieron para convertirlo en una trilogía:

"Los juegos feroces", "Viento y joyas" y "El idioma imposible".

El próximo año, Anagrama lo editará en un solo tomo

respetando los deseos del autor.

Casavella ganó el premio Nadal con "Todo lo que sé de los vampiros"

en enero de 2008. Una novela de corte histórico

que amplió el argumentario de este escritor.

Doce meses después, un 17 de diciembre

fallecía, prematuramente, a los 45 años.

Han pasado siete y le seguimos echando de menos.

(Música suave)

Lo dijo La Lupe: la vida es puro teatro.

En la literatura también encontramos mucho drama teatral.

Por ejemplo, en la primera novela de Joy Williams: "Estado de gracia".

Es una historia ambientada en la década de los 70

protagonizada por Kate, que deja atrás la infancia

para entrar en el tiempo de la muerte y el sexo.

Una recomendación de época.

(Música suave)

Hay teatros que son un clásico. Lo mismo ocurre con escritores

como Pío Baroja, del que acaba de aparecer una novela inédita:

"Los caprichos de la suerte". Regresa a la Guerra Civil,

a la Valencia roja, el punto de partida de aquellos

que huyeron, por ejemplo a París.

A ese París de las tertulias y el desencanto

porque empezará la II Guerra Mundial. Una joya recuperada.

(Música suave)

A filósofos griegos les encantaría este cómic de Richard McGuire.

Nos habla de qué ocurre en el rincón de una habitación

a lo largo de miles de años.

Es un libro rompedor. Para muchos, una obra maestra

donde se demuestra que el cómic siempre se reinventa.

(Música alegre)

Carla, estoy pasando un miedo con el libro que leo.

"Trollhunters", de Guillermo del Toro y Daniel Kraus.

La historia pasa en un instituto, donde hay unas criaturas

que comen carne humana. De esta novela se hará una película.

-Me encanta, León, que estés tan bien informado.

Yo no estoy pasando nada de miedo.

Estoy con "Animales que hacen cosas en silencio",

escrito por Lolita Bosch e ilustrado por Rebeca Luciani.

Es un poema muy largo y divertido protagonizado por animales.

¡Un libro lleno de imágenes poéticas y colores!

Es realmente precioso.

(Música caribeña)

¿La literatura debe incomodar? Yo creo...

La literatura que yo practico quiere incomodar.

No creo que toda la literatura deba incomodar.

En ese sentido, yo tampoco soy tan sectaria.

Entiendo que haya una literatura que resulte gratificante

y entiendo que haya un tipo de literatura

que... a veces pueda sacar de un hueco doloroso

a un ser humano colocándolo en un paraíso artificial.

Eso me parece muy respetable. Al mismo tiempo yo pido

que a mí me respeten la opción de escribir libros

donde yo quiero hablar de lo que me duele.

Dice una de tus protagonistas:

"el teatro no es solo una profesión, es un sentimiento".

¿Qué relación mantienes con la farándula?

Yo mantengo muy poca relación con el mundo de la farándula.

Conozco a una actriz, amiga mía, Clara Sanchis.

No conozco a muchas más personas, nada más que de refilón.

Creo que tengo un trauma de infancia que me vincula a la farándula.

Cuando era pequeña, mis padres formaron parte durante una temporada

de una compañía de teatro no profesional.

Yo recuerdo un enorme sufrimiento viendo a mi madre interpretar

una versión musical de "Angelina o el honor de un brigadier"

y hacer el personaje principal

de "El delito en la Isla de las Cabras".

Recuerdo que tenía verdadero pavor a que se equivocara,

a que se le olvidara el papel, a que las cerillas de la cinturilla

para encender un quinqué, se quemaran y no supiera reaccionar.

Yo tenía tal empatía con mi madre como actriz,

que para mí, durante años, ir al teatro fue un sufrimiento.

La literatura ayuda a superar traumas.

(BALBUCEA) Ayuda a superar traumas. Me gustaría que ayudara, sobre todo,

a superar traumas, más que personales, colectivos.

¿Qué novela te hubiera gustado haber escrito?

Esa pregunta es dificilísima y sé que se la hacéis a mucha gente.

Me hubiera gustado escribir un montón de novelas.

(IRÓNICA) ¿Por qué no "El Quijote"? Por ser modestos.

Creo que la novela que más me hubiera gustado escribir,

porque es la que me convenció de que podía llegar a escribir,

fue "El amante", de Marguerite Duras.

Esa capacidad para verbalizar el dolor de una manera tan intensa,

tan concentrada, con tan pocos recursos,

ejerciendo esa labor de introspección en tu propia vida

y comunicándosela a los demás, me pareció grandioso.

Creo que los escritores somos gente que estamos ejerciendo

por una parte el voyerismo y por otra, la espeleología.

Creo que eso, en gran medida, lo aprendí en "El amante".

¿Te acuerdas de la portada de esa niña?

Vas leyendo y cotejando la niña con lo que lees. Eso me sobrecogió.

Era un tipo de literatura comprometida que me interesaba.

(Música caribeña)

Todos hacemos un papel, mejor o peor interpretado, pero un papel.

Somos actores en esta vida que nos ofrece conseguir

aquello que deseamos o que podemos ser.

A nosotros nos ha tocado un papel muy agradecido,

hacer este programa de libros.

"A los 20 años, en las clases de expresión corporal,

Lorenzo Lucas, ataviado con mallas negras,

creía que su cuerpo había adoptado la forma de un águila

que batía sus alas sobrevolando campos, cerros y caminos verdes.

Ojo avizor. A la caza del ratoncillo o cordero lechal.

Lorenzo batía las alas delante de los espejos del gimnasio,

creyéndose llamado y elegido.

Una voz, como aire, vibraba contra las cuerdas de su tímpano

y producía música de arpa o de flauta dulce.

Le susurraba: se puede ser payaso. Pausa.

Y, a la vez, ser muy hombre. Pausa.

Píntate la cara, píntate la cara, píntate la cara. Pausa.

No hay actor pequeño, sino papeles grandes. Silencio.

No hay papeles grandes, sino actores pequeños. Carraspeo.

No hay actores grandes, sino pequeños papeles. Tos.

¡Haz mimo en la calle, haz mimo en la calle!

(Música créditos)

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Página Dos - Marta Sanz

12 dic 2015

Óscar López entrevista a Marta Sanz para hablar de su último trabajo 'Farándula', 33º Premio Herralde de Novela. En 'Farándula' narra las peripecias de diferentes actores. Unos se encuentran en el triste y mísero final de su carrera; otros están iniciándola con ganas de comerse el mundo; y otros están en ese momento crítico en que confunden la realidad con la ficción. Más allá de ser una novela sobre el mundo del teatro, es una sátira de la sociedad actual, donde hay quien quiere silenciar o menospreciar la voz crítica de la gente de la cultura.
En la sección 'la ruta literaria' el programa viaja a Donosti, para seguir los pasos de los personajes protagonistas de la novela 'Años lentos', de Fernando Aramburu. Página Dos también descubrirá el canon personal, vinculado al cómic, de Paco Roca.
El programa finalizará su emisión con un homenaje al conocido escritor catalán Francisco Casavella, con motivo de que se cumplen siete años de su fallecimiento.

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