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No recomendado para menores de 16 años Metrópolis - South Graff. Pintando la voz del barrio - Ver ahora
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Subtitulado por TVE.

Metrópolis emite esta noche su octava carta blanca,

invitando al experto e investigador en Graffiti y Arte urbano,

Fernando Figueroa a que nos seleccione

una serie de proyectos en los que artistas

procedentes del graffiti, han dado voz a sus barrios,

dignificando estos espacios desde la creatividad colectiva

y desde la convivencia.

Se trata de fortalecer la identidad local,

cada autor, desde su autonomía o flexibilidad,

desde un sello individual o grupal,

abriéndose al diálogo con los vecinos,

retratándolos o reflejando sus inquietudes.

Son los artistas del sur, del sur urbano, nacional, cultural,

los que tienen la cuestión social muy presente en sus acciones.

Esta noche en Metrópolis, South Graff,

pintando la voz del barrio.

Me pareció muy interesante resaltar el aspecto de diálogo

entre lo que es el Graffiti, el Arte urbano

con las comunidades, las comunidades entendidas

como vecindarios.

Qué propuestas o qué experiencias ha habido

y que se haya producido un diálogo y una construcción

de algo en común.

Respecto al título South Graff,

es incidir en ese aspecto lúdico que tiene el graffiti,

de estar a pie de calle, de no tener un gran empaque,

concebirlo como un arte popular, aunque pueda tener una vertiente

como arte público.

Lo interesante es que existe gente, que hace graffitis urbanos,

con una conciencia social

y eso les hace ser proclives a participar en la definición

y construcción de sus entornos.

Lo puedes hacer desde un punto de vista personal

o entrando en diálogo con otras colectividades

o con otras individualidades que forman parte

de esa entidad local.

En este sentido, hay que superar prejuicios por ambas partes

para poder establecer ese diálogo.

El contexto neoyorquino es muy evidente que el sitio

del graffiti, podría entrar dentro de un discurso de clase,

dentro de un discurso de reivindicación

y orgullo étnico de las diferentes comunidades

que integraban.

Todo este enfrentamiento con la cultura blanca,

con la sociedad wash.

Lo que es el orgullo portorriqueño, afroamericano, pues ha sido asumido

por estos dibujos de graffiti.

Esto se refleja cuando en los años 80,

los graffitis incluyen en sus piezas contenidos,

reivindicaciones, etc.

Incluso en los trenes, podían meter mensajes: pacifistas, ecologistas,

antinucleares... muy al hilo de su época,

porque son permeables al clima social.

En cierta manera, la transición del fale a lo que es un mural social

es claro en Chico, por ejemplo.

Chico se pone al servicio de las comunidades locales,

de la comunidad portorriqueña, reivindicando a través de un género,

que es el memorial, las muertes.

Ahí se denuncia lo que es la violencia de las bandas callejeras,

la brutalidad policial, la desasistencia.

No sólo asume un discurso de reivindicación,

por ejemplo, de los colectivos latinoamericanos.

Ella es de origen ecuatoriano, se afinca en Nueva York...

No sólo va a notar esa presión de que hay una sociedad

que no está articulada en una igualdad verdadera

o el motor propulsor de una fecha democrática,

sino que también entra en discursos de género,

porque también está viviendo el machismo

en torno al mundo del graffiti.

Nosotros somos un grupo de arte canario,

de arte urbano canario, formado por tonos y por celos.

Tono es licenciado en pedagogía y es el que realmente

ha participado en procesos de arte participativo

y ha llevado a cabo tareas de asentamiento

en diferentes barrios.

En el 2010, llevamos a cabo varias tareas

de participación en La Paterna.

Para ello, estuvimos casi dos meses sin pintar.

Estuvimos inmiscuidos en el barrio, integrándonos con la gente,

conociendo el barrio, viendo las necesidades

que tanto la gente joven como mayor demandaban.

La primera acción fue en el pasaje de los graffiteros,

un pasaje que divide el barrio en dos zonas.

Nos pareció una zona idílica para trabajar.

Nos pareció interesante comenzar en una zona

donde se sacaba el perro para pasear.

Realmente se convirtió en un espacio adecentado

y saneado por la pintura.

El proyecto de Autobarrios, nace de la colaboración

de Basurama con la arquitecta Sara Fernández Doich.

Presentamos un proyecto de intervención en periferia.

Después de observar cómo los procesos

de autogestión o de cuidado del espacio público,

podían reforzar comunidades en espacios como Campo de Cebada,

Esta es una Plaza, etc.

Vimos que en el centro de Madrid funcionan muy bien,

hay un tipo de población muy predispuesta,

que conoce esos conceptos, tiene ciertas capacidades

y es capaz de desarrollarlo de manera autónoma.

Nos fijamos en la periferia y pensamos que esto procesos

donde eran realmente necesario era en la periferia,

abandonado de procesos culturales.

Hay poco empoderamiento.

Es un poco el gran olvidado de todos los modelos

que se encuentran muy acentuados en el centro.

Hablamos con la fundación Monte Madrid,

que tenía un centro aquí, Casa San Cristóbal

y a través de ese centro, fuimos a hablar

con los líderes vecinales de San Cristóbal,

La Asociación de vecinos La Unidad, Educación, Cultura y Solidaridad,

Los párrocos Junior, etc.

Varios movimientos que hubo aquí y fue con ellos

con los que empezamos a moldear la posibilidad de recuperar

un espacio abandonado con una población sensible.

Esta iniciativa empieza con una especie

de movimiento urbano, vecinal, que se llama Intramurs.

Entonces, cuando vemos que se iban a hacer

una serie de actividades en el barrio, sobre todo

de rehabilitación, de toma de posesión de la calle.

A nivel cultural, lo que hacemos es apuntarnos

a esa especie de movimiento, porque pienso

que la unión hace la fuerza y no es lo mismo actividades aisladas

que dentro de un empaque.

Estuvimos hablando con una asociación bastante implicada

dentro del barrio de Beniters y comentamos,

qué os parece que cojamos por delante

y que podamos desarrollar este tipo de actividad.

Nos plantearon la Plaza de la Bocha, con este magnífico muro

de 38x9 metros.

Lo que hicimos fue contactar con los artistas urbanos de la zona,

en concreto son ocho artistas urbanos,

entre los que están Diox, Dave, Sherlock, Julieta, Bárbara, Hope,

Pichi y yo.

Uno de los objetivos más importantes de Ciudad Bella Batega

es construir comunidad.

Y para construir comunidad, tenemos un aliado perfecto

en las representaciones artísticas.

En el caso de los murales,

además de generar en el proceso de construcción del mural

si es proceso participativo,

generan redes y hacen que la comunidad

se pueda hacer más amplia e intensa.

Lo que hacen es construir el espacio,

porque generan un producto que es permanente.

Éste mural que tenemos aquí, va a permanecer

e interpela a cualquiera que circule por aquí,

le informa de que detrás de esto, ha habido un proyecto

y habla de esa comunidad que hay detrás de la ejecución

de la ejecución del proyecto.

El proyecto Plaza Crea, nace dentro del proyecto

Habitar:0, que empezó a realizar la agencia de vivienda

y rehabilitación de la Junta de Andalucía

y yo siendo paisajista, fui incorporada en el proyecto

porque he hecho un trabajo fin del máster

sobre el arte humano como un potencial transformador

dentro del ámbito socio-cultural de la ciudad.

Aquí, como en estos barrios, carece bastante

la identidad, el significado, etc...

pues, aparte de la intervención física

dentro del mobiliario urbano y pequeños detalles

y arreglos de las fachadas, también hemos aprovechado

para trabajar un poco con la gente.

Creo que la incorporación de los vecinos

ha sido bastante buena, aunque al principio del proyecto

fue bastante más difícil, porque la gente

no sabía qué íbamos a hacer,

no sabían que íbamos a contar con ellos.

Empezamos colaborando con La Asociación Alfa,

que nos ayudó bastante con el tema social

para incorporarnos en la plaza, conocer a los vecinos, a los niños.

Realmente, el hecho de que la ciudad, en lugar de tener paredes frías,

tener hormigón, tener ladrillo, tener lo que habitualmente

están acostumbrados a ponernos,

pasan a ser mensajes, a ser ventanas a la libertad, a la comunicación,

a la integración y sobre todo, a hacer preguntas

a lo que es el espectador.

Y entonces, al final, lo que funcionó fue el trabajo de calle,

el estar allí, el hablar con los vecinos.

Estás pintando un edificio y decir, vamos a pintar el próximo.

Se hizo alguna reunión, se les dio unos papeles,

pero era en la calle donde ellos se manifestaban,

yo escuchaba un poco lo que la gente quería pintar

y le dábamos forma.

Yo solo, como arquitecto, no voy a poder cambiar nada,

puedo cambiar una casa muy pequeña, pero si hay trabajadores sociales,

si hay artistas urbanos, si hay dramaturgos,

si hay filósofos o psicólogos que ya están trabajando

esa misma realidad, tengo que poder incluirlos

para afrontarlo de manera conjunta.

Nosotros lo que buscamos es ese tipo de asociaciones,

que no haya paternalismo, que sea una relación de igual a igual

donde todos salimos ganando.

Sin lugar a dudas, el arte urbano tiene un componente

que dignifica los barrios, sobre todo si están deteriorados.

Ese es nuestro planteamiento.

También el lenguaje que utilizamos conecta mucho con la gente joven,

es un lenguaje muy cercano, muy de moda,

desde hace tiempo implantado en la sociedad.

La pintura en la calle, el grafiti, el color en la calle,

yo creo que dignifica cualquier lugar de la ciudad,

no solo los espacios periféricos.

Yo creo que, de hecho, denota una característica bastante humana

de la gente que vive en ese sitio.

Estamos, últimamente, diseñando espacios bastante asépticos,

muy robóticos, muy raros, ¿no?

Y, de repente, en un sitio al que tú llegas,

que la gente vea la pintura mural, no como algo que aceptan,

sino que les gusta disfrutar en cualquier parte de la ciudad,

eso me parece algo que habla muy bien de esa sociedad,

de la salud de ese sitio.

Sensibilizar también a la gente para que intuya su entorno

y lo perciba de una manera más positiva,

no diciendo siempre: "yo es que vivo en este barrio

y es muy feo, y aquí hay basura y hay de todo".

No, en este barrio hay cosas bonitas porque es nuestro barrio

y porque nosotros aportamos nuestro carácter, nuestras cosas,

lo que nos gusta.

Y, a través del arte, se pueden reflejar estas cosas de la gente

en el espacio físico dejando una huella de cada uno.

Según la afirmación de que la ciudad nos pertenece a todos,

en la actualidad parece que no pertenece a nadie,

nadie agarra la responsabilidad de decir "esto también es mío".

A través de la participación activa nosotros creemos, de verdad,

en crear ese sentimiento de que, de verdad,

es de todos la ciudad, de verdad el espacio público es nuestro,

de verdad la política la creamos nosotros.

Creemos que se puede mantener ese nivel de participación

y que la gente quiera seguir haciéndolo.

No es fácil, no es fácil,

es verdad que, en un inicio, nos ha ayudado gente de fuera

a hacernos una propuesta, pero es que hoy en día

ya no se les considera de fuera, ya se les considera del barrio.

Hay algún sector del barrio al que sí que le cuesta pensar

que cuando no haya gente de fuera este proceso vaya a continuar,

pero yo pienso y nosotros, como entidad, pensamos que sí

porque son muchos las vecinas y vecinos que se han involucrado

en el proceso.

Nosotros no tenemos una iconografía concreta a la hora de actuar

en estos barrios.

Digamos que es variada.

Sí es verdad que nos piden representar los iconos más generales,

nos dicen que pintemos a los jugadores de fútbol,

al Che Guevara, a Bob Marley y demás,

pero ahí es cuando nuestro trabajo interviene e intentamos

darle un poco una vuelta a esa idea y hacerle ver al niño o al joven

que él también puede ser Messi, puede ser Cristiano Ronaldo.

Hombre, el intento de criminalizar el grafiti funciona a medias siempre.

Se acercan y te dicen: "qué bonito lo que estás haciendo".

Es verdad que, al rato, te pueden decir:

"no como esos que van por ahí destrozando la ciudad", ¿no?

Pero las personas tienen capacidad de saber lo que aceptan y lo que no

y hasta cierto punto se les puede influir

y hasta cierto punto, pues no se les influye.

No se ven los resultados muy rápido

pero, durante todo este recorrido de tiempo que hemos trabajado,

te vas dando cuenta de cómo la gente, vecinos y vecinas, se van apropiando,

no solo del espacio y de lo que les gustaría que fuera

y de lo que está siendo, sino que querrían, incluso, mejorarlo

y seguir trabajando sobre él.

Y aceptarlo.

El proyecto "Autobarrios" se llama "auto"

porque lo que pretende es que la comunidad

se gestione a sí misma, ser conscientes de que tenemos

todos los recursos necesarios a nuestro alrededor

para poder proponer.

No demandar a la Administración, que durante muchos años

nos ha tenido un poco malcriados, siempre lanzándonos cosas:

un parque, una fuente, un montón de edificios...

Y nosotros lo que hacíamos era recibirlos bien o mal,

pero recibirlos.

Retratamos a la gente que quiso salir retratada en el muro

y dejamos que toda la gente del barrio lanzara con sprays,

firmara y, de alguna manera, se expresara en la pared,

cosa que, después, nosotros, con una pátina blanca, transformamos.

Esa fue la primera acción.

La segunda fue donde nos encontramos ahora,

que fue con la gente más joven del barrio,

y consistió en adecentar, también con la pintura, esta zona,

que estaba muy, muy deteriorada.

Y la gente del barrio participó de una forma activa, la verdad.

El hecho de que en ciertas zonas de la ciudad se realicen murales,

de forma casi un poco masiva, pues así, a nivel humano,

nos puede servir hasta de experimento, ¿no?

Podemos ver ahí cómo la gente que convive con esos murales

vive bien, nos es que haya habido más delincuencia,

haya habido más problemas, como dice alguna gente, ¿no?

O que tanto color haya vuelto loco a alguno,

como pueden decir otros.

No sé, realmente son cosas que han aportado a esa gente

en todos esos sitios.

En los barrios históricos

tenemos que encontrar un equilibrio entre lo que es un espacio de vida,

de cotidianeidad para sus habitantes y sus comerciantes

y lo que es un espacio de visita para el turismo.

Para eso se requiere, de nuevo, procesos participativos

que diseñen el espacio y el funcionamiento de ese espacio.

Las ciudades tienen mogollón de paredes que son laterales,

que están ahí cerrando huecos en los que no hay nada,

hay mogollón de paredes que luego se van a tirar,

muchas paredes debajo de autovías, que son todo hormigón,

paredes que se acaban llenando de carteles,

que se llenan de suciedad.

Ese tipo de paredes,

si están en manos de gente que tiene ganas de expresar,

están siempre cuidadas por personas

y lo hacen, encima, de una forma gratuita y altruista,

¿sabes lo que te quiero decir?

Yo pienso que ese tipo de actitud y de iniciativa en una ciudad

es algo muy positivo.

Y que una ciudad lo sepa ver así habla muy bien también de ella.

Creo que merece la pena

que la Administración pública apueste por proyectos de este tipo

porque, aparte de intervenciones físicas dentro del medio urbano,

que sí las hacen siempre, habría que apostar también

por las intervenciones no físicas:

en el imaginario, en lo social, en la estética,

para rellenar los barrios de significados

donde no los hay.

Yo pienso que es muy importante el diálogo con los vecinos,

pero también es muy importante el trabajo de la Administración.

Lo que hay que hacer es afinar.

Yo pienso que todos esos mecanismos tienen que ponerse más en contacto

y funcionar más con lo que está pasando de verdad

y con las personas con las que trabajan.

La idea del arte urbano es la de trabajar en la calle,

sacar ese arte a la calle y compartirlo con los ciudadanos.

En ese momento, lo que son las autoridades,

lo que son las instituciones, tienen más que ganar,

tienen más que jugar con respecto a esa ciudadanía,

favoreciéndolo y apoyándolo.

No pienso que la política actual incentive la participación,

el sentido de apropiación del espacio público,

al contrario, la participación que incentiva es el voto,

una vez cada cuatro años.

Y me parece que, en este momento, no está apoyando al desarrollo

de las comunidades ni del arte participativo.

No cabe duda de que una ciudad es más rica

con manifestaciones artísticas.

El arte urbano es una herramienta que engancha con los jóvenes

y se presta a este tipo de arte participativo.

La Administración pública, los poderes públicos,

nos sumergen en la idea de que solo ellos y sus especialistas

son los encargados, los que saben de construir espacio urbano.

Pero somos muchos los colectivos, entre ellos Ciudad Vella Batega,

los que pensamos que la construcción del espacio urbano

y la gestión del funcionamiento de la ciudad

tienen que correr a cargo de la ciudadanía

y que se puede diseñar desde la base.

En los barrios no hacen falta colores,

hacen falta otras cosas, sobre todo en los barrios humildes.

Desde ese punto de vista, vemos la participación

como el motor de inercia para llevar a otros espacios,

a otras condiciones, a crear puntos de encuentro

y reapropiarse del espacio público.

Y en ese punto vemos la eficacia del grafiti y del arte urbano.

Ahora, en esa plaza, un chaval de los que ha estado por ahí

empieza a pintar y le ha reportado eso a su barrio.

Pues, mira, si lo quieres ver así, lo veo positivo.

Ahora, que yo me haga el portavoz de... no.

O sea, yo he ido allí a hacer algo con ellos,

pero, realmente, para que alguien sea el portavoz

tiene que estar viviendo eso.

Que vengan los artistas caídos del cielo,

"artistas paracaídas", como dice Rogelio López Cuenca,

no tiene tanto peso, tanto valor, desde nuestro punto de vista,

realmente lo que pesa, en este sentido,

es que los ciudadanos sean partícipes.

Lo que me hubiera gustado más, a lo mejor,

o lo que me gustaría hacer en próximos talleres,

o no sé cómo decírtelo, es que la persona

que esté en la calle trabajando con el grafiti

o dando los talleres o pintando las paredes,

sea una persona que se va a quedar luego allí.

El resultado de los murales, yo creo que ha dado aquí a la gente

más vida en la plaza, se han identificado,

han participado en las redes sociales,

han participado en los talleres...

El diálogo entre artistas urbanos y colectivos vecinales es posible.

Es difícil y, en el proceso que hemos llevado a cabo,

hemos visto que hay artistas que se prestan más

a hacer nacer sus proyectos de reivindicaciones vecinales,

y hay otros que eso lo llevan ya en su ADN, ¿no?

El sur es un término que yo asumo desde una perspectiva simbólica,

el sur siempre se ha visto, ya desde una posición cartográfica,

como lo inferior.

Lo abandonado, lo dejado, lo, digamos, marginado,

la imagen de lo pobre.

Pero, dentro de esa pobreza,

de esa visión como de algo que está abajo,

se convierte, a la vez, en una reserva,

una reserva de potenciales.

En una cantera, digamos, de primitivismo.

Eso es lo que hace que nazca de ahí...

Que cualquier fuerza regeneradora tenga que contar con el sur.

Y que sea necesario, para esa regeneración,

contar con el sur.

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Metrópolis - South Graff. Pintando la voz del barrio

17 ene 2016

Metrópolis emite esta noche su octava Carta Blanca, invitando al experto e investigador en graffiti y arte urbano Fernando Figueroa a que nos seleccione una serie de proyectos en los que artistas procedentes del graffiti han dado voz a sus barrios, dignificando estos espacios desde la creatividad colectiva y desde la convivencia.

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