Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5507924
No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 96 - ver ahora
Transcripción completa

(GERMÁN) Al final he sido yo el que ha llegado tarde. Perdona.

No pasa nada.

Guau, cuánta pasión.

Perdona. Es que tengo la cabeza... en otro sitio.

Problemas del trabajo.

Pues ya somos dos los que no llevamos un buen día.

¿Reseteamos?

¿Apagamos y volvemos a empezar?

Venga.

Cuando veas la carta, se te va a pasar todo. Vamos.

Espera. Ya he echado un vistazo a la carta

y no soy muy de arroces.

¿Vamos a una taberna que hay cerca y picamos algo?

No, ya he reservado. -Ya.

Pero igual que has reservado, puedes cancelar.

Ya, pero no voy a cancelar

porque a ti no te gusten los arroces, ¿no?

Que no, que quedaría fatal. Pedimos otra cosa, no pasa nada.

Vámonos a la taberna, que me apetecen tapas.

¿Es en serio?

Tío, que te he traído a un sitio muy guay. ¿Qué te pasa?

Es que he visto entrar a alguien que no me apetece saludar.

-¿Es eso?

¡Venga ya! Pues te sientas de espaldas. Listo.

(SUSPIRA) Es tu padre.

Mira que eres tonto.

¿En serio es eso?

Que pensaba que estaba dentro... yo que sé, tu amante, por lo menos.

Que mi padre ya sabe que estamos juntos.

Que no es eso, Germán.

¿Entonces?

Que lo he visto entrar con Hortuño.

¿Sabes lo que eso significa?

Que están aliados.

No, no te montes "pelis".

Habrán quedado para hablar algo del mercado

o se habrán encontrado en la puerta.

No, que no. Que han entrado... como si fuesen amigos de siempre.

Están tramando algo, te lo digo yo. -Que no.

Javier, mi padre es muy de quedar bien,

le habrá reído un par de chistes...

pero seguro que tiene explicación.

¿Qué explicación ves a que tu padre coma

con quien quiere acabar con su negocio?

Suyo y de su familia.

Lo siento, Germán...

pero creo que tu padre es un traidor.

Está jugando a dos bandas. -Javier, tú no lo conoces.

Sí, está jugando, claro que está jugando,

pero está jugando con Hortuño.

Que lo odia, como todas.

Lo único que quiere es llevárselo al huerto.

No lo entiendo. ¿Por qué?

Mira, le prometí que no se lo contaría a nadie,

porque no lo sabe ni mi abuelo, pero...

pero ya que lo has descubierto, pues...

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Sabes que Hortuño es propietario del terreno

que hay delante del mercado.

Pues ahora quiere comprar el bloque de pisos de al lado,

que es donde vivimos,

y ha llamado a mi padre

para hacerle una oferta para comprar el piso.

Mi padre no se lo va a vender, evidentemente,

pero lo está mareando para hacerle perder el tiempo.

¿Para qué? -Para estudiarlo.

Sabes eso que dicen de...

joder, lo de: "Mantén a tus amigos cerca,

pero más a tus enemigos".

Pues está haciendo eso.

Se hace pasar por su colega,

a ver si descubre qué chanchullos se trae,

y así, le devolvemos todo lo que nos está fastidiando.

Y mira, si se gana una comida gratis en un sitio caro,

pues oye, eso que se lleva.

Mi padre no es ningún santo,

pero tampoco fastidiaría nunca ni traicionaría al mercado.

Bueno, creo yo, yo que sé.

Toda la familia comemos de los negocios de ahí.

¿Cómo va a liarse con Hortuño?

No lo sé, Germán, es que al verlos entrar juntos...

Lo siento.

Ya... No pasa nada.

Pero no se lo digas a nadie, ¿vale?

Es que las vecinas no lo saben, mi abuelo tampoco,

y mejor no marearlos.

Vale.

Pero hay una cosa que no me queda clara.

Mejor nos vamos de tapas, ¿no?

Venga, tira.

(MÓVIL, JAVIER) "Acabo de ver a Elías con Hortuño de muy buen rollo.

Nos ha traicionado.

Este está jugando a dos bandas.

Oye, luego te llamo si consigo cargar..."

Hola. ¿Todo bien?

Sí, una cosa del curro.

Venía a encargarte el Riesling que probamos la otra noche,

pero si estás liado, me paso en otro momento.

No. Dame un minuto, ¿vale? Una llamada y estoy contigo.

¿Nada grave? No, no, no.

Es una historia larga y muy aburrida.

Nada, me paso en otro momento. Vale.

(VALERIA) ¿Qué haces cerrando?

¿No quedamos en que te encargabas tú del puesto al mediodía?

¿Crees que me quedan ganas de vender chuletas

enterándome de lo que me he enterado?

No sé si ponerme a gritar, si ponerme a llorar...

Es que... a ver, mi matrimonio, toda mi vida, mamá, es un engaño.

Eso no tiene ni pies ni cabeza.

Deja de decir esas tonterías, que tu marido no es gay.

(CHISTA) A ver, mamá, la has leído igual que yo.

Lo ponía muy claro:

"Llevo años reprimiendo mis sentimientos".

A lo mejor la carta es para otra mujer,

no para un hombre. -Qué consuelo, está con una mujer.

Que no, mamá, que no. Ponía "querido amigo", con "o".

¿Y estás segura que era una "o"?

A lo mejor la carta es para ti.

-Mamá, era una "o" como un piano de grande.

Por Dios, ¿en qué momento fue al curso de empoderamiento ese?

Que le han abierto los ojos, ya está. Ya está.

Hija, de verdad, no digas esas cosas.

Que nadie se hace gay de la noche a la mañana,

y menos a su edad.

Qué equivocada estás, mamá.

Ahora hay un montón de talluditos

que llevan toda la vida reprimidos y salen del armario a mansalva.

¿Eh? Mira, Ricky Martin, por ejemplo.

¿Eh? Quién lo iba a pensar.

La verdad es que no era normal cómo se movía.

-Ahora entiendo lo de las camisas de mamarracho.

¡Ay, mamá, que he estado ciega! -No digas eso, mujer.

¿Cómo te ibas a esperar algo así?

Últimamente está muy raro, ¿eh?

El otro día me soltó un "speech" diciendo que se sentía inferior

y que tenía que ampliar horizontes.

Sí que ha ampliado, sí, le ha faltado horizonte.

¿Por qué no lo hablas con él antes de calentarte, hija?

No, no. No quiero hablar nada con él.

Si lo tengo delante, no sé lo que le hago.

¿Te pones ahora con eso? Se te van a volar los documentos.

-Son para la presentación de mañana. Voy mal de tiempo.

¡Lucía! -Estamos trabajando,

ya lo hablamos. -Sí, lo siento.

¿Qué haces?

Nada, tía, que te he visto pasar por el mercado y...

Que te quería invitar a un concierto que creo que te va a molar.

A ver, Jonathan, ¿qué no has entendido

de que no voy a quedar contigo?

Sé que eso no es verdad.

Sé que tú también sientes algo por mí

y yo no me voy a rendir así como así.

Jonathan... este no es ni el lugar ni el momento.

Pues vámonos a otro sitio

y hablamos de nuestras cosas, las aclaramos,

disfrutamos del concierto... -No.

No hay nada que aclarar, no voy a volver a quedar contigo.

¿Lo entiendes? -Bueno.

Pero ven al concierto, que ya tengo entradas.

Si luego piensas lo mismo, te dejo en paz.

¿Sí? -¿No ves que pasa de ti?

Nacho, no estoy hablando contigo. Métete en tus asuntos.

-Resulta que es asunto mío, porque Lucía es mi becaria

y nos has interrumpido hablando de trabajo.

Te ha pedido que la dejes en paz y ahí sigues.

Esto en mi pueblo se llama acoso, ¿sabes?

-Pues en el mío se llama bocazas, ¿sabes?

Oye, dime una cosa.

¿Este ha tenido algo que ver en tu decisión?

A ver, Jonathan,

"este" se llama Nacho, ¿vale?, y lo sabes perfectamente.

Y no, mira,

no ha tenido nada que ver en mis decisiones. ¿Sabes por qué?

Porque las puedo tomar yo solita.

Y, Jonathan...

ya te he dejado claras mis prioridades

y, desde luego, quedar contigo no está entre una de ellas,

y menos después del numerito que acabas de montar.

Así que te voy a decir una cosa:

nos vamos a ir, que tenemos muchas cosas que hacer.

Lucía... -¿A qué hora era la presentación?

Pues, eh... no me han dado hora todavía,

pero creo que será por la tarde.

¿Te llevaste el cuaderno? -Claro que me lo he llevado.

Lo voy a dejar ahí, ¿para qué?

Para que cualquiera se ponga y lea esto.

Por ejemplo, mira, mira.

"Espero que me queden muchos años aún

para pasarlos junto a ti,

porque aunque nunca te lo he dicho...

te quiero".

¿Sabes el tiempo que hace que no me dice que me quiere?

Y espérate, que he encontrado otra cosa peor.

Un nombre y un número de teléfono: Boris Alexander.

Boris, mamá, Boris. ¡Boris, mamá, Boris!

Es el nombre que dijo Paolo,

y cuando le pregunté quién era, se hizo el loco.

Entonces, ¿tú crees que Paolo lo sabe?

Pues a lo mejor lo ha conocido en el curso de empoderamiento.

No descartes que Paolo haya cambiado de acera

por despecho con las mujeres. -Anda, no digas eso, por favor.

Deja que te dé una explicación, que igual la tiene.

Además, ¿no me decías que se estaba acercando a ti?

Si te ha invitado a cenar y al cine, que hace siglos que no lo hacía.

Puede ser el típico comportamiento de marido infiel.

O que me entretiene para que no me huela la tostada, yo qué sé.

¿Qué voy a hacer?

Si es que es toda una vida juntos.

Mujer, ya verás como todo se arregla. ¿Eh?

Yo no lo voy a perdonar, ¿eh?

A mí no me pone los cuernos ni Dios.

Y menos con un hombre.

¿Qué pasa? -Mejor no preguntes, hijo.

No, no, no. No, que lo tiene que saber.

Se va a enterar de todas formas, mejor que se lo cuente yo.

(VALERIA) Por favor.

(CARMEN) Calla. -¿Me decís qué pasa o qué?

Que... tu padre es...

ahora...

como Javier.

¿Lo han ascendido a gerente?

No, hijo, no. Tu padre se ha hecho gay.

Mamá...

¿Qué dice? (VALERIA MASCULLA ALGO)

¿Y esta visita?

Me ha llegado una información, y supongo que no es verdad,

pero quiero contrastarla contigo.

Pues nada, adelante.

¿Cuánto dinero hay en Andorra?

¿En la cuenta que tenemos los dos? Pues lo sabes perfectamente,

lo de la venta de la nave de Guadalajara: un millón.

Hasta ahí muy bien,

pero la pregunta, matizando un poco, es:

¿cuánto dinero tienes tú en Andorra?

La mitad de lo que conseguimos con la venta de la nave.

(JESÚS) ¿Nada más? A mí no me parece poco.

La información que me ha llegado

es que tienes una cuenta paralela con medio millón más.

¿Y quién te ha contado eso?

Adela.

Se lo ha dejado caer a Germán.

Adela...

Papá, por favor,

ya sabes cómo está Adela, desquiciada, rabiosa...

Diría lo que fuera por malmeter.

O sea que en Andorra, nada de nada. Nada de nada.

Aparte de lo que tenemos a medias. ¿Quieres una copa?

Venga. Vamos.

(Llaman a la puerta)

(SAMUEL) Mamá, te traemos la tila.

Me traéis, ¿quiénes?

No. No, no quiero verlo.

No tengo que hablar con tu padre. -Sí tienes que hablar, sí.

Tenéis que tener una conversación y aclarar las cosas de una vez,

así que no os vais a mover de aquí hasta que no habléis.

Hala, hasta luego.

¿Adónde vas? -¿Me puedes explicar qué pasa?

Samu dice que hable contigo, pero... no sé de qué.

Qué poca vergüenza tienes.

Por lo menos ten la dignidad de no negarlo.

Pero, Carmen, ¿qué dices? Mira, te juro que no sé qué pasa.

Y tú, ¿me vas a explicar por qué estás siempre enfadada

y necesitas tomar el aire?

¡Que tienes un amante, eso pasa!

¿Yo? ¿Una amante?

Pero, Carmen, ¿cómo puedes decir que yo tengo una amante?

Uno, uno, además, un hombre.

Encima.

Pero, Carmen, de verdad te juro... -Es que no te rías, ¿eh?

¡No te rías, para mí no tiene gracia!

-A ver, no sé quién te ha contado eso,

pero te juro que no es verdad. -No me lo ha contado nadie,

lo he averiguado yo sola.

¿Cómo?

¿Me has robado mi cuaderno? -No, no, no.

Te lo has dejado en la pizzería y lo he encontrado por casualidad.

Y ya he leído la carta.

Bueno, se supone que es una carta privada, Carmen.

-Por favor, ¿en serio?

¿Cómo has podido?

Con un hombre, Nicolás. Después de todos estos años.

Carmen, no te has enterado de nada.

-¿Que no me he enterado de nada? Si tengo el número.

¿Quieres que llamemos a Boris? -¿Me dejas que te lo explique?

Tendrás la poca vergüenza de negarlo.

En la carta dices que lo quieres.

Carmen, esa carta era para mí. -¿Cómo para ti?

¿La ha escrito Boris? ¡Es tu letra! -¡No! La escribí yo para mí mismo.

¿Crees que me voy a tragar una excusa tan mala?

Mira, si quieres salir del armario, sal,

pero a mí no me torees, que me estás volviendo loca.

Pero, Carmen, ¿de qué armario estás hablando?

Tú sí que me vas a volver a mí loco, que ya no sé ni como hablarte.

(JESÚS) ¿Sabes lo que tengo yo en Andorra?

¿Has invertido en quesos de bola? (JESÚS RÍE) No.

Un contacto en la banca.

Me ha costado tres llamadas

averiguar que lo que dice Adela es verdad.

Abriste una cuenta la misma semana de la venta.

¿Qué, me lo cuentas o vas a seguir vacilándome?

Es verdad.

Vendí la nave por medio millón más

y lo metí en una cuenta a mi nombre.

La madre que te...

Me pareció justo, ¿eh?

Ese dinero lo negocié yo aparte, y no fue nada fácil conseguirlo.

No hay cosa más baja que engañar a tu propio padre.

Oye, perdona, acordamos un precio, a ti te pareció bien.

Que yo haga negocio por otra parte no es asunto tuyo, ¿sabes por qué?

Porque ¿qué hiciste tú,

aparte de darme el visto bueno para hacer la operación?

Nada, absolutamente nada, y ganaste un montón de dinero.

El negocio lo pensamos los dos.

Sí, pero las manos me las manché yo.

Y tú ni siquiera me agradeciste la gestión, para variar,

así que me pareció perfectamente justo

que me quedara con lo que yo gané.

Oye...

no pongas esa cara, ¿eh?, de víctima,

que tú habrías hecho lo mismo. (JESÚS) No.

Jamás te hubiese traicionado por dinero.

¿Crees que no he tenido mil oportunidades de hacerlo

en todos estos años?

Pero no quiero caer tan bajo.

No te lo crees ni tú.

Disfruta de tu dinero.

(NICOLÁS) Boris es el "coach"

que da los cursos de empoderamiento y crecimiento personal,

y no mi amante. -¿Y qué? Has crecido tanto

que te da igual Pepe que Pepa. -Pues, mira, sí, he crecido mucho.

Y he visto que estoy harto de dejarme avasallar por ti.

Yo siempre te he apoyado en todo, he estado contigo en todo,

pero desde hace unas semanas

no haces más que alejarme con tus malos humos.

No tengo ninguna amante, Carmen,

ni mujer ni muchísimo menos hombre. ¿Y sabes por qué?

Porque sigo enamorado de ti,

porque te quiero con locura

y porque no concibo estar con nadie más.

Pero, mujer, es que tampoco puedo hundirme

ni venirme abajo porque tú no sepas valorarme.

Lo he intentado todo,

desde vestirme a la moda para gustarte,

hasta proponerte planes para romper la rutina,

¿y qué he conseguido?

Que te montes una película ridícula y pienses que tengo un amante.

Hombre, pero, Carmen...

A mí esto me hace darme cuenta de que... bueno, pues...

que me conoces muy poco.

Por eso, si hay alguien que tiene que pedir explicaciones, soy yo.

Llevo no sé cuánto tiempo aguantando tu mal humor

y no me explicas por qué. ¿Qué te pasa?

No lo sé, a lo mejor eres tú quien tiene dudas del matrimonio.

Yo no tengo ninguna duda, soy feliz.

Muy feliz de haberme casado contigo.

¿Pues entonces?

-Es que...

Es que desde que se fue mi madre...

Es que la echo mucho de menos.

Es como...

como si me faltara algo.

Pero si os veis todos los días aquí. -Ya, lo sé, lo sé, pero...

desde que está con Jesús, la siento como...

muy distante, muy lejos.

Y yo tengo un agujero aquí...

¿Y por qué no me lo has explicado antes?

-No sé, porque me da vergüenza. ¿Qué te iba a decir?

¿Que tengo el síndrome del nido vacío al revés?

Por ejemplo.

Esa hubiera sido una buena manera de explicármelo.

Carmen, lo importante es que lo hablemos todo,

porque si lo hablamos, nos entendemos.

Es por eso por lo que nos casamos, ¿no?,

para hablarlo todo y apoyarnos.

Soy tonta. ¿Me perdonas?

Claro.

¿"Claro" soy tonta o "claro" me perdonas?

-Las dos cosas.

Carmen, ¿tú sabes que Boris pasa de los 70?

¿Qué dices?

Yo no sé si será gay, pero tiene más de ocho hijos.

Eh... Lo de las camisas de flores...

vamos a hablarlo, ¿no?

(Cubo rodando)

Ay, ay, ay, ay.

Eso no debería estar ahí.

Alguien podría tropezar y hacerse mucho daño.

Perdóname, no me he dado cuenta de que estaba por medio.

-Suerte que no tenía lejía,

porque si me mancho los pantalones, no me los podría poner.

Sí, habría sido una pena, porque son guapísimos.

Sí, son mis favoritos.

Espera, ¿ha sido sarcasmo?

¿Qué? No, es verdad. Son guapísimos.

Pues si esto fuera Estados Unidos,

te demandarían y perderías tu trabajo.

Pues suerte que estamos en España, ¿no?

Oye, ¿tú sabes eso de los premios Stella? ¿Te suena?

(DAVID) No. -Me encanta.

En Estados Unidos

hay unos premios dedicados a la demanda más ridícula, ¿vale?

Se llaman así porque una mujer llamada Stella denunció,

bueno, demandó a una hamburguesería por haberse quemado con un café,

y lo más fuerte es que se quemó con el café

porque se lo tiró encima mientras conducía.

(CARLA RÍE)

Perdona, soy una friqui.

Lo siento, es que me encantan estas cosas.

Ya te dejo en paz, perdón.

¿Buscas una habitación?

Sí, tío.

Es que no puedo seguir pagando el piso yo sola.

Normal, los alquileres están por las nubes.

Solo en el último año en Madrid han subido un 15%.

Ya. Si es que está todo carísimo.

No sé, a ver si tengo suerte,

porque encontrar una habitación que esté bien, a precio razonable,

la verdad es que es imposible.

¿Que lo dudas?

Pues a ver si sales tú a buscar piso, ya verás.

Claro, como tú vives como un príncipe

en tu casa maravillosa, con tu madre,

que te lo debe hacer absolutamente todo

y no debes pagar ni un duro.

Pero bueno, ya me lo dirás cuando te independices,

ya me lo dirás.

Es una pena que no me quede ese vino

porque te hubiera encantado.

¿Sabes qué? No te lleves ninguno,

la semana que viene vuelve a entrar y te guardo una botella. Hablamos.

¿Dónde estabas? Llevo un rato llamándote.

Te dije que me había quedado sin batería.

Sí, pero fue hace de dos horas.

Me tienes aquí esperando. Cuéntame. No hay nada que contar.

A ver si me entero, ¿cómo que no hay nada que contar?

Dices que has visto a Elías con Hortuño.

Falsa alarma. Que no era Hortuño.

Javier...

¿Qué me estás ocultando? ¿Qué pasa? Eh.

Te conozco hace mil años y cuando pones esa cara, ocultas algo.

Fíate de mí, ¿vale? No hay por qué preocuparse.

O sea que sí era Hortuño. Sí.

Pues tú no estás preocupado, pero a mí me tienes...

Te lo digo a ti porque sé que no vas a decir nada.

Le he prometido a Germán que no diría nada.

El caso es...

El caso es que Hortuño quiere comprar el edificio a Elías

y le ha hecho una propuesta,

y Elías está jugando con Hortuño para ver de qué pie cojea, nada más.

¿Y si Elías le ha dicho eso a su hijo

para que no sospeche que están compinchados?

Si lo estuviesen, Germán lo sabría.

Vive con él, trabaja con él, hasta comparten despacho.

¿Y tú crees que Elías iba a pactar

con la persona que quiere cerrar el mercado?

Toda su familia depende del Central. Tiene tres negocios aquí.

Yo de Elías me espero cualquier cosa, Javier.

¿Y si han quedado en repartirse el dinero que saquen?

¿Crees que Hortuño iba a querer repartir el dinero con Elías?

Tú ya me lo contaste, se la había jugado varias veces.

Él fue el que se chivó del trapicheo que tenía con el arquitecto.

Sí.

Además, un tío tan orgulloso como Elías,

¿se iba a bajar el pantalón con Hortuño después de algo así?

(SUSPIRA)

(Off, timbre)

(Puerta cerrándose)

Te advierto que no estoy de humor, y ya sabes por qué.

Pues ni lo sé ni me importa.

No, no voy a sentarme. (CARRASPEA)

No estoy nada a gusto en este despacho.

Pues entonces no sé para qué vienes.

Porque después del lamentable espectáculo

que hemos dado delante de Germán,

deberíamos llegar a un acuerdo y divorciarnos lo antes posible.

Muy bien. Pues me alegro de que hayas recapacitado.

Entonces, ¿qué?

¿Aceptas mi propuesta de repartición de bienes?

Ni muerta.

Lo que quiero es acabar rápido,

te lo he dicho, y la rapidez tiene un precio.

Te recuerdo que no estás en situación de negociar, ¿eh?

¿O es que tu superabogado, perdón, tu exabogado,

no te lo dejó bastante clarito?

Lo mejor que puedes hacer es rendirte.

Si crees que me voy a rendir,

es que me conoces menos de lo que yo pensaba.

Ni me lo he planteado.

¿Ni cuando viste a tu abogado con el brazo en cabestrillo?

Puede que sintiera impotencia,

incluso miedo, y se me escapara alguna lagrimita,

pero rendirme...

Te lo vuelvo a repetir:

ni me lo he planteado antes ni lo voy a hacer ahora.

Muy bonito, Juana de Arco. ¿Me vas a decir ya qué quieres?

Dinero. Mucho dinero.

O saco una buena tajada

o te denuncio por tener dinero negro en Andorra.

Estás jugando con fuego.

Adela, todo esto te viene grande.

Y ya lo sabes: si yo caigo, tú caes también.

Ya te he dicho...

que no me importa correr el riesgo

y hacerte pagar todo el daño que has hecho.

Y no voy de farol.

Total, que después de tanto ir de mujer digna y luchadora,

al final, como todos,

lo que quieres es dinero.

Sí.

Es que es el único idioma que conoces.

Sé lo que te duele que te toquen el bolsillo,

y yo es que quiero hacerte mucho daño.

Además, me parece lo más justo.

Estamos casados en gananciales, ¿no?

Así que la mitad de todo el dinero que tienes,

aquí, en Andorra o en Japón, me pertenece.

Esta es mi propuesta:

si quieres un divorcio rapidito, tranquilo y ahorrarte la cárcel,

ponte a hacer numeritos, anda,

y cuando tengas una buena oferta,

me llamas.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Hola. ¿Encontraste lo que buscabas?

Pues sí, en el último sitio donde he mirado.

Pues deberías empezar a buscar en el sentido contrario.

¿El qué?

Encuentras lo que buscas en el último sitio que miras,

quizá deberías buscar al revés.

Pues sí, eso es buena idea.

¿Nos vamos?

¿Por qué, tienes prisa? No.

Cariño, falta mucho para que cierre la droguería.

Mira, vete a merendar a la pizzería o al bar,

y así me esperas. Toma. No tengo hambre,

y además, quería hablarte de una cosa.

Ay, David.

Cariño, te debo una disculpa.

No tenía que haber vendido el reloj sin haberte dicho nada,

tenía que haberme tragado mi orgullo

e ir a hablar antes con tu abuela,

pero me parecía importante que tuvieras el ordenador.

Bueno, no era de eso de lo que te quería hablar.

Ya sé que le prometiste a la abuela que le devolverías el dinero...

No vamos a devolver el ordenador, lo necesitas para las clases.

He tenido una idea mejor, pero no me dejas comentártela.

Vale, perdona. Dime.

Carla está buscando una habitación para alquilar.

Sí.

Y he pensado que nosotros

podríamos vaciar la que usamos como trastero,

y así tú te sacarías un dinero cada mes para pagar a la abuela

y le haríamos un favor a Carla.

Vamos a ver, cariño, ¿tú estás seguro de esto?

No te gusta que venga gente a casa, ni siquiera de visita.

Recuerda con Adela, estabas muy estresado

porque las cosas se cambian de sitio.

Pero no es lo mismo, Adela estaba en mi cuarto.

Bueno, pero aquí vas a tener que compartir la tele,

la cocina, el baño, el sofá... todo.

Bueno, lo he pensado y quizás sí me molestaría un poco,

pero todos tenemos que hacer cosas que no nos gustan, ¿no?

Y además, he hecho progresos desde lo de Adela.

Quizás podría convivir con Carla. O intentarlo.

¿Tú crees que serás capaz?

Porque, cariño, esto no es como pedir algo por Internet

y si no te gusta, lo devuelves.

Nos estaríamos comprometiendo con ella

y no la podemos dejar tirada.

Yo creo que voy a ser capaz.

No va a ser lo mismo porque yo no soy el mismo.

La terapia me está ayudando a comprender a los neurotípicos.

Necesitamos dinero, así que si algo me molesta, me aguanto y ya está.

Además, si alguien se come mis cereales,

al menos que sea Carla, que mola.

Sí que has cambiado, cariño, sí.

Si no quieres merendar, me ayudas con esto, ¿vale?

(Puerta abriéndose)

Hombre, hijo.

Me alegro de que estés aquí, te debo una explicación.

No he venido para eso. Mira, yo...

ya sé que más tarde o más temprano te hubieses enterado,

pero ya que lo sabes por mamá... Papá, ahórratelo, ¿vale?

Si es que no me interesa.

Cada vez que confío en ti y pienso que te conozco un poco,

acaba pasando algo y me llevo otro chasco.

Recarte, ¿no? Te refieres a Recarte.

Bueno, tiene una explicación. No te enteras.

Que lo que me duele

es que hayas organizado un viaje a Andorra,

en plan padre guay, solo para llevarte el dinero.

Eso no es así. Perdona, ¿eh?

Y siento mucho que te lo tomes así, pero no llevas razón.

Quería llevar el dinero a Andorra,

y pasar el fin de semana con mi hijo.

¿Qué hay de malo en hacer las dos cosas a la vez?

Es que siempre tienes una explicación para todo.

Tú no te equivocas nunca.

Pero ya estoy harto.

Hoy te he salvado el culo,

pero quiero que sepas que es la última vez.

¿A qué te refieres?

Que Javier os ha visto a ti y a Hortuño en plan coleguitas

y se lo ha olido todo.

Ha dicho que estáis aliados y que debemos hacer algo.

¿Y tú? ¿Tú qué le has dicho?

Yo le he contado un rollo

diciéndole que Hortuño te quiere comprar el piso.

Que le he vuelto a mentir a Javier y se lo ha tragado.

¿Seguro? Seguro.

Bueno...

Muy bien hecho, gracias.

Es que no quiero que me des las gracias.

Tampoco quiero que me digas que voy a sacar tajada de todo esto,

que es lo que ibas a hacer. No vas a hacer eso.

Que no me fio de ti,

que no me fío de Hortuño.

Yo no sé qué ha pasado con el abuelo,

pero creo que le has intentado timar,

y si no te importa engañarlo a él,

yo no me quiero ni imaginar lo que te importará engañarme a mí,

como has hecho con Andorra. Oye,

lo del abuelo no te concierne,

pero puedo explicarte... ¡Que no!

¡Que no! Que no quiero que me cuentes más historias.

¿En serio...

que no vas a reconocer nunca que te has equivocado?

Oye, ¿aunque sea una sola vez en tu vida?

¿No ves que al final es peor,

que, tarde o temprano, la mierda acaba descubriéndose?

Como ha pasado hoy con mamá,

como te va a pasar con Hortuño.

No quiero seguir arriesgándome para nada.

¿A ti qué te pasa? Para nada no, ¿eh?

Te he dicho mil veces... ¡Y yo te he dicho que no me hables!

Que estoy harto.

Vengo a por mis cosas

porque no pienso seguir trabajando ni para ti ni para Hortuño

ni mucho menos seguiré boicoteando la renovación del mercado.

Bueno, muy bien.

Ya te has desahogado, me lo has dicho,

te puedes ir calmando.

Entiendo que estés enfadado, nervioso, pero no te precipites.

Tranquilo, piensa con frialdad. ¿Qué vas a hacer?

Pues no lo sé.

No lo sé.

Pero tengo muy claro que prefiero servir copas

antes que seguir trabajando con un mafioso.

Teníamos un trato.

No me puedes fallar ahora. No. No, por favor.

No le quieras dar la vuelta.

Eres tú el que me ha fallado a mí.

(Puerta cerrándose)

No estuve en plan dándole la chapa, ¿sabes?

Estuve en plan bien. Le dije que teníamos que hablar

y que, bueno, pues que la invitaba un concierto.

¿Y por qué se puso tan borde, a ver? -No lo sé, tronco.

Pero una cosa es que me diga que no puede salir,

que vale, lo puedo llegar a entender,

y otra es que me diga que no quiere volver a verme nunca más,

como si le hubiera hecho algo.

Que tía más rara. -Ya ves.

Y eso que parecía maja.

¿Y qué querías que te dijera? Te lo ha dicho claro, nada más.

Vale, tío, pero hay maneras y maneras de decir las cosas.

-No hay una buena manera de mandar a la mierda a alguien.

Te deja hecho polvo siempre.

A ver, puede ser.

Vale, sí, pero yo creo que no hace falta ser tan borde.

(NOA) Hombre, a lo mejor lo hizo aposta.

Digo ser así de borde para que no le dieras más la brasa.

(JONATHAN) Pues a lo mejor.

Pero vamos, para una tía que parecía...

Bueno, que da igual, vamos a dejar el tema.

(SAMUEL) Vaya tela.

Quien me manda a mí darte consejos, ¿eh?

El otro día le dije que no se rindiera

y fuera a muerte a por ella, y así le ha ido.

No es que yo sea el más indicado, dada mi situación.

No te rayes, "bro", sé que lo hiciste con buena intención.

Me voy a repartir el correo, anda.

(JONATHAN) Anda, haz algo.

Vamos bien, ¿eh?

(NOA) Chao. (SAMUEL) Chao, "pescao".

Pues vaya tres, ¿no? -Ya ves, tía.

El club de los pringados, somos.

Oye, Noa, ¿tú... tú cómo sigues?

Quiero decir, ¿aún estás pillada por Luis?

No, qué va.

Pero ¿no lo echas de menos ni nada?

Eh...

¿Sabes que cuando lo llamé estaba con otra tía?

¿Qué dices?

Es que no sé para qué me dijo nada de la exposición esa, la verdad.

Me hizo pensar que todavía se acordaba de mí.

¿Te imaginas que me planto en Nueva York

y lo encuentro ahí con la otra?

Habría sido épico, sí.

Pero en fin, capítulo cerrado. En unos días se me pasa la tontería.

Ojalá me pase a mí lo mismo.

Que sí, tío, ya lo verás.

No tiene sentido estar mal por alguien que no merece la pena.

Pues, mira, sí, tienes razón.

No sé qué hago aquí llorando por las esquinas

cuando tengo la tarde libre...

y tengo dos entradacas para un concierto.

¿Eh? Mira. Mira, mira.

Mira cómo me quema, me quema. ¿Te acuerdas?

Como en los viejos tiempos, ¿eh?

Mira, así, así, así.

¿Te vienes, tía?

No me digas que no, que me dejas como el culo, ¿eh?

Venga. ¿Por qué no?

¿Y sabes qué te digo?

Que esa se lo pierde.

A ver dónde encuentra un chulazo como tú.

Esa es mi Noa. Pues anda que Luis...

No sé cómo será el ligue que tenga en Nueva York,

pero vamos, ya te digo que no está ni mitad...

ni la mitad...

ni la mitad de buena de lo que estás tú,

ni es la mitad de inteligente ni la mitad de simpática...

¡Bueno, bueno, bueno! Y qué baile tan bien, ¿no?

-Ahí, ahí. Espero que esta noche

vayamos a darlo todo. -¡Ahí, ahí, dámelo todo!

¡Venga, vamos a darlo todo! -¡Anda, tira!

(JONATHAN) Toma.

Pues esto es.

La habitación tiene trastos y cosas,

pero creo que si la recogemos, la limpiamos,

una mano de pintura, quedaría mona.

No hace falta que me la vendas, mujer, que me encanta.

Además, le da 3000 vueltas

a todo lo que me han enseñado y tiene un precio mucho mejor.

¿Tienes muebles? Tengo poca cosa.

Creo que me voy a quedar con la cama y con poco más,

lo demás lo voy a vender por Internet.

Bueno, eso si quieres que me quede, porque todavía no me lo has dicho.

Bienvenida.

(GRITA DE ALEGRÍA)

Pues voy a llamar a mi casero, le voy a decir que tengo piso

y a ver si me devuelve la fianza.

Oye, si necesitas, te echo una mano con la mudanza sin problema.

No, hombre, no. La casera no ayuda a la inquilina a mover las cosas.

No quiero que me veas como una casera, sino como una amiga,

ni que te sientas como una inquilina.

Esta es tu casa, eres una más. Lo digo de verdad, ¿eh?

Celia, muchas gracias.

Que hacía mucho que no me sentía... en familia.

Y yo que me alegro, de verdad que sí. Ven aquí.

Eres una más, ¿vale?

Y no me digas que me ves como una madre

porque me hundes en la miseria. ¿Tú estás loca?

Vale. ¡David!

Cariño, ¿por qué no le das la bienvenida a Carla?

Bienvenida.

-Gracias.

Bueno, David es que no es mucho de besos ni de abrazos.

El contacto físico no le va.

Ay, que acabo de llegar y la estoy liando. Perdón.

No pasa nada, solo me has pillado un poco por sorpresa.

-Bueno, tú no te preocupes que yo no te voy a molestar mucho,

que ya sé que para ti es un sobreesfuerzo

convivir con extrañas.

Bueno, tú no eres una extraña. Claro que no.

Nos vamos a llevar muy bien, ya verás.

Eso si nos vemos,

que tengo un horario en el mercado que no voy a molestar mucho.

Y dale con molestar y no molestar,

que tú ya eres una de la familia, Carla.

Bueno, muchas gracias.

Y, nada... te llamo y te digo cuando traigo las cosas y tal.

¿Vale? Vale.

Y de verdad, si necesitas ayuda con la mudanza...

¿David?

Pues David también te echa una mano.

Ah, sí. Es que no entendía porque me mirabas así.

Muchas gracias, pero no hace falta.

Bueno... pues adiós.

¡Espera!

He estado mirando lo de los premios Stella,

y en Arkansas, un hombre ganó una demanda a su vecino

porque su perro le mordió en el culo.

Ya te he dicho que estos premios molan mazo.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Germán.

Germán, espera. ¿Podemos hablar?

¿De qué? Yo creo que ya nos lo hemos dicho todo.

Por desgracia, tenemos que seguir viéndonos en casa,

pero cuando pueda, me largo de aquí. Perdón.

Solo quiero pedirte perdón.

He sido muy injusto contigo, lo sé.

Y con mamá. También. Con mamá también.

Con ella me he portado como un canalla y no se lo merece.

Lo que le has hecho a su abogado no ha estado muy fino, pero vaya...

tampoco es que me extrañe, ¿eh?

A mí, que soy tu hijo, mandaste que me dieran una paliza.

He hecho muchas cosas mal en mi vida, sí.

Por eso, aparte de pedirte perdón,

me gustaría hacer algo para intentar corregir mis errores.

He estado pensando en lo que me dijiste.

Tienes mucha razón.

No te puedo pedir que te arriesgues a cambio de nada.

Ni te puedo prometer nada porque ya no te fías de mí.

Normal después de todo lo que te hecho.

Por eso, para demostrarte que voy en serio,

que eres lo más importante de mi vida,

te he traído esto.

¿Todo este dinero está a mi nombre?

Sabes que tenemos millón y medio en Andorra, ¿no?

Pues a partes iguales:

medio millón para el abuelo,

medio millón para ti y medio para mí.

Firma los papeles y es tuyo.

No me fío.

Todo lo que he hecho en mi vida lo he hecho por ti.

Todo el dinero que he ganado en mi vida

lo he ganado para ti,

para que no te faltase de nada el día de mañana.

Si no, ¿por qué te crees

que no he tocado ni un euro de esas cuentas?

Porque estaba destinado para ti.

Pero bueno,

creo que ya ha llegado el momento, que ya eres mayor.

¿Por qué no?

Puedes empezar a disfrutar de ello.

Qué casualidad, ¿no?

Que me lo des ahora, justo cuando me he enterado.

Piensa lo que quieras, pero te juro que no te miento.

La prueba está en que te ofrezco este dinero,

cuando no tendría por qué hacerlo.

El problema es ese,

que tú te piensas que el dinero lo arregla todo.

Sé que no es así.

Es más...

nada se arregla con dinero, nada.

Y entiendo perfectamente que sigas dolido conmigo,

incluso que no quieras aceptarlo por orgullo, por...

Llevas razón.

Es la forma que se me ha ocurrido

de demostrarte que eres lo más importante de mi vida.

Que mi mundo gira en torno a ti.

Y aunque mi matrimonio se rompa,

mi familia no tiene porqué romperse, ¿sabes?

Y que seguimos estando aquí,

tú, el abuelo y yo.

¿Dónde está el truco?

¿Qué quieres a cambio?

Nada.

Solo la oportunidad de seguir al lado de mi hijo.

Demostrarte que cada día puedo ser mejor persona.

Solo eso.

Perdona por el numerito.

Me tengo que ir, que he quedado con tu madre.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

¿Qué pasa? ¿Problemas con Elías?

Resulta que vendió la nave de Guadalajara

por mucho más de lo que me dijo y se ha guardado el dinero.

Medio millón de euros, nada menos. -¡Qué barbaridad!

Pero ese hombre no tiene fin.

Todo es culpa del asqueroso dinero. -Pero si el dinero es lo de menos.

Lo que me fastidia es que si no lo descubre Adela,

que está revolviendo Roma con Santiago

por eso del divorcio, no me hubiese enterado en la vida,

y yo seguiría confiando en él, pensando que me era leal.

A saber las veces que me ha engañado.

Es que me he sentido ridículo.

Me he sentido traicionado, menospreciado.

No, no, no. No digas eso, hombre.

Perdona por criticar a tu hijo,

pero de Elías me espero cualquier cosa.

A lo mejor la culpa es mía porque...

no he sabido ser buen padre.

Tú has hecho lo que has podido, o lo que has sabido.

Nadie nos enseña a educar a los hijos.

Porque nadie lo sabe.

Elías y yo siempre hemos tenido una relación de rivalidad.

Desde que era muy pequeño.

Puede que haya sido yo, que le he exigido demasiado.

Todos los padres somos exigentes con nuestros hijos,

yo también lo fui con Carmen.

No me parece nada malo.

Es porque queremos que sean mejores personas,

la mejor versión de ellos mismos.

Yo no lo he conseguido con Elías. -Ay...

No pienses eso, por favor.

Piensa que ahora yo también soy tu familia. ¿Eh?

Que me tienes aquí para lo que quieras.

Yo no te voy a fallar, te lo prometo.

Mira, vamos a centrarnos ahora el uno en el otro,

y no gastar energías en cosas del pasado

ni en personas que, para bien o para mal,

han elegido su propio camino.

Por desgracia, Elías no es el pasado,

es el presente, el día a día.

Y no dejo de preguntarme...

qué será lo próximo que me va a hacer

para salirse con la suya.

Ay...

Creía que ibas a necesitar más tiempo,

pero veo que has sido muy rápido.

¿Qué, has pensado ya cuánto vas a ofrecerme?

Sí, sí, sí, sí.

Sí, sí lo he pensado.

He estado haciendo números y, bueno, en fin,

aquí te lo tengo apuntado en este papel.

Aquí no pone nada. Exacto.

Justo lo que tengo pensado darte: absolutamente nada.

¿Y para eso me has hecho venir? Ajá.

Elías...

Creo que no sabes a lo que estás jugando.

Tienes muchísimos cadáveres en el armario,

y estoy segura de que si tiro de la manta,

puedo descubrir alguno más.

Sé lo que has hecho estos años.

He descubierto lo de la nave industrial,

el dinero en Andorra...

Estoy segura de que habrá más chanchullos.

Así que más te vale ser generoso.

Ay, Adela...

Tantos años casados y aún sigues menospreciándome.

Tengo otro papelito para ti.

Mira, y en este...

en este sí hay numeritos.

Y letritas.

Toma.

¿Qué pasa, no lo entiendes? ¿Te lo explico?

Has comprado a tu hijo.

¿Cómo puedes ser tan rastrero?

No, no, no. Yo no lo he comprado, ¿eh?

Yo solo he pensado:

"Ya es hora de que tenga un detalle con mi hijo

por estos meses de trabajo a mi lado".

Serás...

¡Eres un miserable!

Tú y yo sabemos por qué lo has hecho.

Claro que sí, te lo acabo de decir: por amor.

Oye, que así me aseguro que no me denuncias

porque si lo haces,

también estás denunciando a Germán, también.

Pero te aseguro que no es lo principal.

Así que ya sabes...

si me denuncias y yo voy a la cárcel,

Germán también.

Si no quieres que tu hijo acabe entre rejas,

estate calladita y dedícate a tus flores.

Te lo dije, Adela,

esto te queda muy grande.

Te has enterado de lo de la cuenta en Andorra.

Cualquiera diría que no os habláis.

Eres igual que él y que tu abuelo.

Solo tenéis una cosa en la cabeza: dinero, dinero y dinero.

Yo te eduqué de otra manera, pero he fracasado.

¿Qué pasa?

Una cosa es colocar los libros como quieras,

pero, por favor, saca esa taza de ahí.

¿Qué pasa, habéis discutido o qué? -No, más bien todo lo contrario.

Ya.

O sea, habéis...

Vengo de ver a Recarte.

¿Y? Se lo he contado todo.

Sí, sí, es verdad, pero al principio, si te acuerdas,

tú solo me pediste el café y aquí lo tienes.

No he venido aquí a discutir,

pero dicen que rectificar es de sabios,

así que no me pongas a prueba.

-No puedes dejar que se convierta en una especie de clon de tu marido.

Vamos a ver, yo no quiero que siga sus pasos,

pero no puedo obligarlo

a que eche a patadas de su vida a su padre.

¿Y tú todavía te preguntas

por qué Elías siempre consigue lo que quiere?

Con el subidón del concierto,

que si una cerveza, que si tal, al final...

(JONATHAN) Ya, bueno, pero... Oye, ¿cómo sabes lo del concierto?

¿Tú eres imbécil o qué te pasa?

¿A qué viene lo de la licencia de Ingrid?

A ver, cálmate. No me da la gana de calmarme.

-¿Y vosotros qué queréis? -Nada, nada.

No, no, no. Tomar un café contigo, si tienes un ratito.

¿Es que pasa algo?

No, es lo que hacen los amigos, ¿no?

Lo siento, pero no tengo el día.

Además, tampoco es que seamos tan amigos, ¿eh?

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 96

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Mercado Central - Capítulo 96

10 feb 2020

Jesús se enfrenta a Elías por quedarse con dinero de la venta de la nave.
Adela, por su parte, lanza un órdago a Elías: o le da la parte del dinero que tiene en Andorra y que le corresponde, o le denunciará.
Elías, hábil, embauca a Germán y le ofrece ese dinero a él para poner a Adela contra las cuerdas.
Germán aplaca las sospechas de Javier sobre la alianza entre Elías y Hortuño. Jorge también se convence de que esa alianza es descabellada.
David propone a Celia que le alquilen la habitación que tienen libre a Carla, que acepta el trato.
Gracias a Samuel, Nicolás y Carmen aclaran sus malentendidos y se reconcilian.
Lucía, presionada por Nacho, rechaza con dureza a Jonathan, que decide salir de fiesta con Noa para evitar hundirse.

ver más sobre "Mercado Central - Capítulo 96" ver menos sobre "Mercado Central - Capítulo 96"
Programas completos (106)
Clips

Los últimos 232 programas de Mercado Central

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios