Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 93 - ver ahora
Transcripción completa

A ver, ¿qué pasa, Elías?

Adela.

Ha entrado en casa y se ha llevado unos papeles que no debía.

¿Qué papeles son?

Los de la compraventa de la nave de Guadalajara.

¿Has mirado la tienda de ordenadores?

Hay buenas ofertas.

Ya, pero me dan igual las ofertas.

Mi madre no tiene dinero para comprarme uno.

Las ventas están flojas, que espere hasta que nos recuperemos.

-¿Quieres que mire la cartelera y vamos al cine?

-Que no seas pesado, no quiero salir.

Nos vemos una peli con el pijama en casa.

¿Por qué no me pasas los papeles?

Yo me paso por el Ayuntamiento y en un par de días lo tienes, ¿eh?

Pues... sería estupendo.

Genial. Pues me alegro.

Encantado de conocerte.

Oye, eh...

Si... si te apetece, nos podemos tomar algo...

(SUSPIRA) ...fuera de aquí.

¿Sabes? Con otro rollo, con música. -Vale.

Pero ¿ya has terminado de trabajar?

-El trabajo...

El trabajo está sobrevalorado, hombre.

En un rato cierro, si te apetece, me... me puedes esperar.

-Vale.

Si me quieres comprar el negocio, bien.

Y, si no quieres, te lo compro yo.

La droguería es lo único que tengo, el medio de vida.

Vende y comienza de nuevo... en otro sitio.

Jorge, que yo no necesito que me envíes compañía.

Y, sobre todo, no necesito tu compasión.

Paolo, no es eso, de verdad.

Prefiero seguir solo que tener un amigo de mentira como tú.

-Está en una cuenta de Andorra.

Este hombre es de traca.

Tiene medio millón de euros más en otra cuenta.

Le pagarían parte en negro.

Claro.

Con razón quiere que firme el divorcio tan rápido.

Pues va listo.

Lo voy a denunciar a Hacienda. No, no, no, espera.

Primero tenemos que analizar

esta situación muy bien con todos los datos en la mano.

Cuando tengamos una estrategia, entonces actuamos.

-Quizás, en otro momento, lo nuestro hubiera funcionado.

Eso nunca lo sabremos. Mmm.

Hey, hey, hey. (CARRASPEA)

(SUSPIRA)

Oye...

Mira, el pasado no se puede cambiar. Ya.

Y mi presente es Lorena.

Sí.

-¿Podría servir tu empresa?

¿Para blanquear dinero?

Sí, solo necesito una persona que cobre bien y no haga preguntas.

Bueno, yo creo que deberíamos darle un par de vueltas.

Sobre todo, porque Hortuño nunca ha querido que yo sea socio.

De Hortuño me encargo yo.

¿No has dicho que querías un buen trozo de pastel?

Pues esta es tu oportunidad de no recoger solo las migajas.

Además, te aseguro que esta puede ser la última.

¿Qué? ¿Qué me dices?

Que tenemos un trato.

Dame, dame, dame, ¡dame! No, deja, que te vas a manchar.

Llevo días sin ir al gimnasio, necesito acción.

¿Lo dejo aquí? Sí, ahí mismo.

El chico de la distribuidora es un desastre.

Deja las cosas de cualquier manera y luego se marcha corriendo.

Cuando lo vea, se va a enterar.

Una cosa, ¿no es un poco temprano para estar tan enfadada?

Es que siempre hace lo mismo.

Y ya estoy harta.

Y sus jefes, a subir los precios. ¿Sabes qué me piden por tres ficus?

Pues cambia de distribuidor.

Eso, y tú déjamelo en la entrada.

Para que no pase nadie. Menuda ayuda tengo contigo.

Oye, que no se termina el mundo, ¿eh? Mira esto.

¡Guau! Solucionado. Perdona.

No quería hablarte así, llevo unos días muy alterada.

¿Qué? Papá otra vez, ¿no? ¿Qué ha hecho ahora?

Nada. Ya.

Si quieres que hable con él o le diga algo, dímelo.

Déjalo estar, Germán.

No quiero que tú estés en un fuego cruzado.

-¡Buenos días, familia!

-¿Te echo una mano, abuelo?

-No, no, tú vete a hacer tus cosas.

(Mensaje de móvil)

Si necesito ayuda, se la pido a Jonathan,

que para eso le pago.

-Estás hecho un chaval, abuelo.

¿Hace falta algo más por aquí? No, no.

Nada, ya te puedes ir.

Sea lo que sea, no te enfades con el mundo.

Mmm.

-Bueno, yo tengo lío en el puesto, adiós.

Me mentiste, Jesús.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Me dijiste que la nave de Guadalajara

la vendisteis por menos de lo que la comprasteis.

Y es mentira.

Sacasteis muchísimo más.

Y eso por no hablar de lo que os darían en B.

No exageres, Adela.

Allí no se cobró nada en B.

Ni que fuese un edificio en la Castellana.

Jesús, no me mientas, ¿eh? Por favor, tú, no.

No sé qué información tendrás.

Pero te puedo asegurar que Elías y yo

intentamos hacer lo mejor para la empresa.

Sí, claro, lo mejor para la empresa.

Y para vosotros también, ¿no?

Y, encima, os lleváis el dinero fuera de España,

como dos politicuchos corruptos.

¿De dónde has sacado eso? Cinco años, Jesús.

Cinco años hace que abristeis la cuenta en Andorra.

Y me tengo que enterar por terceras personas.

Bueno, los negocios son los negocios, lo sabes perfectamente.

Sí, ya sabía yo que iba a salir la frasecita de marras.

Los negocios se pueden llevar de muchas maneras.

Y no de chanchullo en chanchullo, pero, claro,

a los De la Cruz, la ambición os puede, ¿verdad?

¿Y qué me dices de tu ambición?

¿De la mía? Sí.

No te vale con la mitad de todo lo que tenéis en gananciales

ni con el 5 % de acciones que te regalé.

¿Que me has regalado a cambio de qué?

Nunca te he pedido nada. ¿No me lo estás pidiendo ahora?

De verdad,

¿serías capaz de denunciarnos?

Ganas no me faltan.

Estoy harta de tantas mentiras.

Creía que tenías confianza en mí. Sí, confiaba, plenamente.

Y también en Elías.

Por eso estoy tan... tan decepcionada.

Dime una cosa.

De todo ese dinero que hay escampado por ahí,

¿cuánto crees que me pertenece?

Te estás equivocando, Adela. Sí, puede ser, puede ser.

Lástima que los negocios sean los negocios, ¿verdad?

(Llaman a la puerta)

¡Adelante!

-¿Quién me ha mandado el mensaje? ¿El Dr. Jekyll o Mr. Hyde?

-¿Todavía estás enfadado? -No, ¿enfadado?

"Enfadado" no es la palabra, creo que la palabra es "alucinado".

Un día te pegas y al día siguiente te alejas

como si tuviera la peste.

-Siento lo que pasó ayer con Carmen.

No quiero que nos vean en ese plan en horas de trabajo.

-Ya, ya, ya, pues menuda cobra me hiciste.

-No quiero dar que hablar.

Si Carmen nos ve besándonos,

a los cinco segundos está circulando un reportaje sobre lo nuestro.

-Y entrevistas en platós y exclusivas, y fotos robadas.

Mira, rubito,

te salvas porque he decidido tomarme esto nuestro

con paciencia y espíritu zen.

-Pues no sabes cómo me gusta oírte decir eso.

-¿Qué? ¿Cuándo nos vemos?

-Espíritu zen.

-¿Hoy también vas a hacerme sufrir?

-Hoy quiero llevarte a un café.

-¿A un café?

Guau, suena a planazo, ¿no?

-Lo he visto por fuera y tiene una pinta espectacular.

Podemos comer algo por la zona.

-Lejos del Mercado, imagino.

-Lo suficientemente lejos, sí.

¿Te apetece o no?

-Claro que me apetece.

Pero espero que no me lleves a ese café

a tomar carajillos de coñac y a jugar al cinquillo.

-Si te parece un plan demasiado adulto para ti,

lo cancelamos.

El sábado compro chuches y te llevo al parque de atracciones.

-El sábado te voy a dar yo a ti parque de atracciones.

(Teléfono)

-Mmm, tengo que cogerlo.

(Teléfono)

-Claro que sí, hombre.

El Mercado es lo primero, siempre.

-¿Sí? Dígame.

Hola, Paloma, ¿cómo estás?

Encantado de oírte.

¿Celia Mendoza? Sí, la conozco, tiene un puesto con nosotros.

Sí, esa subvención la solicitó antes de que llegara yo aquí.

A ver, no, seguro que ha habido un error.

No creo que lo haya hecho a mala fe, lo que quiero, a ver...

Quiero decir que Celia lleva...

No la estoy justificando, Paloma.

Yo también estoy en contra de esas conductas,

hay que erradicarlas a toda costa.

Tienes razón.

Haré todo lo que pueda para que no vuelva a ocurrir.

De acuerdo, gracias.

Adiós.

(SUSPIRA)

Vaya bronca me acaba de echar.

No tenía ni idea.

-¿No tenías ni idea de qué?

-El Ayuntamiento.

Ha pillado a Celia desviando dinero de una subvención para su puesto.

-Venga ya, ¿en serio?

-Tiene que devolver el dinero con intereses y pagar una multa.

-Oh, vaya marronaco.

¿No podemos hacer nada por ella?

-No, la resolución está tomada.

Me han llamado para advertirme que jugamos con fuego.

(RESOPLA) Lo que le faltaba al Central.

-Ya.

Voy a hablar con Celia.

Sí, eh... Buenas.

¿Es usted el señor Ignacio Recarte?

Mire, yo soy Adela Villar, la exmujer de Elías de la Cruz.

No, no me cuelgue, por favor, escuche... escúcheme un momento.

¿Sí?

Gracias.

Le llamo porque sé que hace años

usted tuvo negocios con mi exmarido y mi suegro.

Eso es, la famosa nave de Guadalajara.

Sé que no se comportaron muy bien con usted.

Sí, la vendieron, y tanto que la vendieron.

Pero es que ahora me ha llegado una información a las manos

que nos puede beneficiar a los dos, a usted y a mí.

¿Quiere saber de qué se trata?

Bien. ¿Le importa contestarme una cosa?

A usted le recomendaron vender a la baja, ¿verdad?

Ya.

Ajá.

Increíble.

No, a mí no me han dicho esto.

A mí, lo que me han dicho...

Siento que te hayan llamado la atención por mi culpa.

Yo siento que te hayan puesto una multa así.

A partir de ahora, ándate con mil ojos

en lo relacionado con el Ayuntamiento.

No va a volver a pasar, te lo prometo.

Somos un mercado municipal,

dependemos de que aprueben el plan de renovación.

En menudo lío os he metido, lo siento, de verdad.

Bueno, no te tortures más. Ya.

Todos cometemos errores en la vida.

Lo difícil es admitirlo.

Si necesitas, yo qué sé,

ayuda, asesoramiento, lo que sea.

Gracias.

¿Todo bien?

Ya no puedo más, Jorge.

¿No me lo quieres contar?

(CHASQUEA LA LENGUA)

Pensaba que podía seguir adelante haciendo como que no pasaba nada,

pero no puedo, no soy tan fuerte.

¿Es por lo de Elías?

Sí.

Me siento muy culpable.

Además, no dejo de darle vueltas a la cabeza.

¿Qué pasará cuando todo el mundo sepa lo que ha hecho?

He traicionado a Adela, a la gran señora del Central.

No tienen por qué enterarse.

Venga, hombre, Jorge, que esto es un mercado.

Claro que se van a enterar.

Y no me quejo, ¿eh?

Sé que me lo merezco.

Pero no tengo fuerzas para enfrentarme a eso.

No digas eso, Celia.

Has hecho lo más difícil, has sacado adelante la droguería.

No puedes tirar la toalla ahora.

Se acabó.

Al final del mes, dejo el Mercado.

(SILBA)

-¡Hey!

Bocata de atún con tomate y cafetito.

-Pero bueno, qué detalle. ¿Ahora repartes a domicilio también?

-Solo a los clientes que me molan.

-Muy bien, muchas gracias.

-Oye, tengo que pedirte un favor.

-Como si quieres que te baile claqué.

-Qué bruto.

Es que ayer vino un proveedor y, al dejarle la propina,

me dejé la cartera en la barra.

-Ya. Y hoy por la mañana ya no está. -¿Sabes algo?

-No. ¿Quieres que miremos las cámaras de seguridad?

-Ah, perfecto, vale. -Vamos. ¿Me lo llevas?

-Claro, claro. -Vámonos.

Al final, te ha salido bien el soborno, ¿eh?

Parezco un político, qué facilón.

-Oye, te lo he traído porque he querido.

-Sí, no te preocupes, lo hago encantado.

¿Había alguien más cuando el proveedor?

-Estaban Germán y Jorge,

pero he decidido seguir confiando en ellos.

-Sí, parecen buena gente.

-Con el trasiego que hay ahora, me la han robado fijo.

No sabes la pereza que me da anular las tarjetas y todo el rollo.

-Pues sí.

Si alguien se la ha llevado, lo vemos ahora.

-Vale. -Vamos.

A ver.

Más o menos, ¿sobre qué hora vino este hombre?

-Pues él vino sobre las 19:00.

Pero yo cerré el bar tipo 19:30. -19:30, vale, a ver.

Esto es de antes...

(CHASQUEA LA LENGUA) A ver... -Espera, ¿eso es de ayer?

-Sí.

Mírales, qué compenetraditos están, ¿no?

-¿Mmm? -El que iba a revisar las recetas.

-Se están tomando un vino. -Eh, eh.

-Oh, oh.

-La madre que la parió.

¿Has visto lo que ha hecho? ¿Pues no ha intenta...?

-Un poco lanzada, sí.

Pero tú no te preocupes...

Lore.

Lore, la cartera.

Joder, le ha pillado.

¿Vas a dejar el Mercado? ¿Adónde vas a ir?

No sé, ya encontraré trabajo de otra cosa.

¿De qué? ¿De periodista?

Ya lo intentaste una vez y no funcionó.

Puede ser administrativa, camarera...

Yo qué sé, lo que sea. No te precipites, por favor.

¿Mmm? Aquí no te va tan mal.

Bueno, sí, me va fenomenal.

Sabes a qué me refiero.

Has conseguido darle la vuelta a un negocio horrible.

No sé.

A lo mejor, si no llega a ser por Adela...

No, no te quites méritos, ¿eh?

Adela ha invertido porque sabe el trabajo que has hecho

y pensaba que podía ser rentable.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Pero ya no podemos trabajar juntas. En eso, tienes razón.

No debe ser muy sano trabajar con ella.

Además, en cualquier momento va a querer echarme del Mercado.

Y no me apetece verlo.

Tienes que tener la cabeza fría y pensar un poco en ti.

Si mezclas lo profesional con lo personal, estás perdida.

Y sé de qué te hablo.

Ya me dirás cómo se hace, porque yo no puedo.

Con un poco de perspectiva

y que el tiempo coloque todo en su sitio.

Y no me digas que no sabes hacerlo, sé que sí.

Eres una tía fuerte, luchadora.

Cuando llegaste al Mercado, te dieron la espalda y lo superaste.

Hasta tú me diste caña.

Sí, un poquito.

Y, ahora, fíjate, estás aquí como en tu casa.

Y David también se siente muy cómodo por aquí.

Piensa también en él. ¿Crees que no pienso en él?

¿Cómo le afectará lo que digan de su madre?

Le afectará.

Pero tendrá que superarlo, ya no es un niño.

Y va a pensar, pues eso, que fue un error, nada más.

No es tan fácil. No lo es, Celia.

Y yo no he dicho que lo sea.

Solo te pido que lo pienses.

No intentes arreglar un error con otro más grande, por favor.

(RESOPLA)

Eh, papa, ¿adónde vas con esa caja?

-Aquí, que he comprado algo de ropa.

-Yo compro en esta web.

¿Desde cuándo compras tú?

-Desde ayer.

Esto es la leche, sí que llega rápido, ¿eh?

-Te habrá llegado por la suerte del principiante.

Cuando me llega, ya me queda pequeño.

(NICOLÁS RÍE) Será eso.

Es una sorpresa para tu madre. -Ah, ¿sí?

-Sí. Por cierto, ¿dónde está? -Pues ni idea.

-Pablo, ¿sabes dónde está mi mujer? -Ni idea.

-Pero ¿cuánto va a tardar?

-Ha dicho que se iba a dar un paseo.

-Ya está otra vez tomando el aire, si es que...

-¿Qué pasa? Déjala. -Nada, son cosas mías, Samu.

No te preocupes.

-Bueno, ¿qué?

Habrás acertado con la talla, ¿no?

Si es grande, dirá que si la ves como una foca.

Si es pequeño, que no entra en ningún sitio.

Te cae la chapa igual.

-Eh, ¿qué pasa?

¿Has hecho un máster

en psicología femenina o qué? -Pues casi.

Más de una me ha caído ya, estoy curtido.

-Pues tú tranquilo.

Esto no se lo pondrá tu madre.

Es para mí.

-¿Para ti? -¿Qué pasa?

¿Uno no puede preocuparse por su aspecto?

-A ver, sí.

Pero llegas veinte años tarde. -Eh, tan viejo no soy.

Y, además, precisamente por eso quiero renovar mi vestuario.

-Muy bien.

Enséñame qué te has comprado.

(RÍE) Mira.

Toma. -Tranquilo, que no soy un mueble.

A ver.

-¿Eh?

Están guapas, ¿eh?, las camisas.

-¿Te vas a poner esto?

-¿Qué problema hay?

-Nada.

Bueno.

Tú verás.

Suerte, papa.

Hijo, ¿se puede saber qué te han hecho las pobres manzanas

para que las trates así?

-Buenos días. -Sí, ya lo veo.

Oye, que digo que estaba pensando,

¿qué te parece si esta noche nos vamos a cenar al gallego

para olvidarnos un rato del trabajo?

-No tengo humor para ir de cenas.

-Bueno, pues al mediodía.

Que Jonathan y mi hija nos cubran.

-¿Para qué? -¿Cómo que para qué?

Para irnos tú y yo a la sierra, a comernos chuletillas al Sarmiento.

Hoy es día de descapotable.

-No me vengas con descapotable ni descapotable, ¿eh?

-Pero, chico, si llevas semanas quejándote,

lo tienes en el garaje muerto de risa.

-Cosas mías.

-¿Qué cosas tuyas?

Vamos a ver, ¿para qué estamos juntos?

¿Qué hemos dicho mil veces?

Que ya no hay cosas tuyas y cosas mías.

Ahora, tus problemas son también los míos.

-Pues ese coche no quiero ni verlo.

-Sí, hombre, si te inflas

como un pavo cuando te acercas a él.

-Pues se acabó.

Me trae malos recuerdos.

-Oye, ¿a qué viene ese cambio tan repentino?

-Mira, ese coche fue un capricho.

Tú lo sabes.

Un capricho que me pude costear gracias a un negocio...

que... que fue un poco... chanchullo.

-No será robado.

-No, es de concesionario, ¿por quién me tomas?

El pastel estuvo en la venta de otra cosa.

Y Adela se ha enterado

y puede que... Elías y yo tengamos un problema.

-¿Elías, Adela, pastel?

Mira, me estoy perdiendo, ¿eh?

¿Puedes hablar más clarito y explicármelo bien?

-La cosa pasó hace cinco años, más o menos.

Vendimos una nave industrial y Elías se llevó el dinero a Andorra.

Por eso de pagar menos impuestos.

-Vaya...

Yo pensaba que eso solo les pasaba a los famosos.

Que ponían su residencia en Suiza

para no soltar aquí la panocha.

-Mira, no lo hice bien, Valeria.

No lo hice bien.

Pagué parte del coche... con el dinero que no había declarado.

Fue firmar el contrato y salir directo al concesionario.

Como si un coche sin techo me fuera a devolver la juventud.

-Bueno, pues, a lo hecho, pecho.

Has hecho mal, de acuerdo.

Pero ahora no te hundas en la miseria.

Hombre, que no va a pasar nada, ya verás.

-Es que me puede salir muy caro.

A saber lo que está revolviendo

el abogado que ha contratado mi nuera para lo del divorcio.

-Pero ¿tan grave fue el chanchullo? -Si Adela

nos llega a denunciar, nos van a freír a multas.

Sin contar que nos pueden meter en la cárcel por evadir capitales.

-Por Dios, de verdad,

tranquilízate un poco, ya verás, no va a pasar nada.

Tus problemas son míos. Voy a hablar con Adela.

-No, no, tú no te metas en esto.

La culpa es de mi hijo y mía

y tenemos que apechugar con lo que sea.

-Pero ¿otra vez?

Que tus problemas son los míos, déjame que hable con tu nuera.

-No te va a hacer ni caso.

Está muy dolida.

-Pues no me extraña.

Es que los De la Cruz sois de traca, ¿eh?,

que lo he sufrido en mis carnes.

Anda, déjame que hable con ella, que a mí me va escuchar.

¿Eh? Anda.

Anda.

Ay...

Buenos días.

Noa, ¿no habrás visto una cartera por el Mercado, por el bar?

-Mmm... Ni idea. ¿Por qué, has perdido la cartera?

-No, yo no, Lorena, pero ya le dije que no la huele.

¿Estás bien?

-Más o menos.

-¿Tu madre qué tal?

-Parece que un poco mejor.

Bueno, al menos, ya sabemos lo que tiene, neumonía.

-Pero ¿es grave o...?

-Se está tomando los antibióticos.

Y dicen que se pondrá mejor.

-Bueno, bien entonces, me alegro.

Entonces ¿por qué tienes esa cara? A ver.

(RESOPLA) Me estoy rallando con un "e-mail" de Luis.

-¿Malas noticias o qué?

-No, no, qué va, si apenas dice nada.

Me manda información

sobre una exposición de Alma Yates, una fotógrafa.

-Le echas de menos, ¿no?

-Un poco.

-¿Te arrepientes de no haberte ido?

-A ver, tanto como eso, no, pero tengo mis momentos.

-Y este es uno de ellos.

-Pues sí.

-No entiendo cómo no te fuiste con él, Noa.

Si es por la edad, tampoco es tan mayor, ¿no?

-No, no es por la edad.

Me quedé porque pensaba que aquí alguien me necesitaba,

pero ahora ya no lo tengo tan claro.

-No sé, no irte a vivir, pero irte de visita de vez en cuando.

Si pillas los billetes con tiempo, te salen a dos duros.

Llámale y tanteas un poco el terreno, a ver por dónde va y...

-¿De qué te ríes?

-Estoy dándote consejos para volver con tu ex y yo

no he hecho nada más que cagarla con Carla.

-Tú, por lo menos, todavía la tienes cerca, ¿no?

-Sí, eso, sí.

-¿Preferirías no verla todos los días?

-No, ni de coña.

Si quiere pasar de mí, que pase, pero cerquita.

Hola, Lorena.

¿Me pones un café para llevar, por favor?

-Claro.

-Bastante cargadito, a ver si consigo despejarme.

-Ah. Resaca, ¿no?

-¿Perdona?

-Anoche, de vinos, con Jorge.

-Fui a que me echara una mano

con la cata de vinos para la inauguración del puesto.

-Sí, Jorge es que es tan generoso.

¿Y qué tal? ¿Conseguiste lo que querías?

-¿Jorge te ha dicho algo?

-Jorge no, no lo he visto hoy, lo he visto yo.

Con estos ojitos.

-Perdona, pero no... no te sigo.

¿Estabas allí?

¿Qué es lo que viste exactamente?

-¿Qué vi? Que, si por ti hubiera sido,

le habrías hecho una cata de vinos y de lengua.

Íngrid, os he visto, en las cámaras de seguridad.

-Las cámaras de seguridad. -Sí.

Soy una psicópata pirada que espía a su novio.

Esta vez ha sido por casualidad, buscando mi cartera.

-Ajá.

Entonces habrás visto que solo fue una reunión de trabajo.

-Porque Jorge te paró los pies, y las manos.

Me dijiste que el tema con Jorge era un tema zanjado.

-Ajá. Y lo sigue siendo.

Y tú me dijiste que no eras celosa.

-Una cosa es que no sea celosa y otra, que me tomes por idiota.

Bueno, me voy a ir yendo,

que tengo que hacer el turno de comidas.

(JONA) ¡"Bro"!

-Eh.

-¿Qué pasa?

¿Qué os pasa? ¿La ha palmado alguien o qué?

¿Eh?

-Anda, pírate con tu felicidad, Samu y yo estamos de bajón.

-Vaya dos amargados, ¿eh?

Lo que os cuesta disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

-¿Y este qué se ha fumado?

-Pues nada, soy feliz sin ayuda externa.

¿Y sabes por qué? ¿Eh?

Me he dado cuenta de que, para ser feliz,

lo único que hace falta ¿sabéis qué es?

Pues tener ganas de serlo, tronco.

-Ah. (JONA) Sí.

-Sí, sí.

Tú aprovecha el subidón

que luego la tortilla siempre acaba girándose.

-Anda, anda. -Vaya dos poetas, ¿no?

-Ah, ¿qué pasa, que no te has enterado?

Este, que ha ligado.

-¿Qué dices? ¿Cómo va a ligar?

-¿Cómo que cómo voy a ligar?

-Ah, ¿que has ligado?

-Sí. -¿Por internet?

-Pues no, ahí, en la pizzería, como hacían antes los viejos.

"Bro", que es la bomba, ya verás cuando la conozcas.

Es, no sé, lista, simpática.

Está... Está...

Aquí, en Madrid.

-Sí, y está muy buena, no te cortes.

-Pues... pues sí, sí, está que cruje, tío.

Pero yo me fijo en el interior, ¿eh?

-Sí, sí. -Eh.

Que lo que más me gusta de ella es, no sé,

pues cómo me hace sentir, me da buen rollo,

me da tranquilidad, me... No sé, ¿sabes?

-Se ha dado un golpe.

-Samu, le estamos perdiendo, ¿eh?

-Madre mía, vaya dos amargados, ¿eh?

Ya era hora de que se diera vuelta la tortilla, como dices.

-Que sí, hombre.

Que nos alegramos mucho por ti.

¿Y el anillo?

-¿El anillo? -Eso, queremos boda.

-Donde sea menos en la playa, tendría que verla desde el parquin.

-¿Y quién os dice que os vaya a invitar?

Me equivoqué.

Lo siento.

Anoche me dejé llevar por la situación

y me imaginé estar viviendo mis mejores días con Jorge.

-Tus pocos días, fueron pocos, según me ha dicho Jorge.

-Sí, cierto.

No tuvimos una relación fácil.

Pero, Lorena, a pesar de lo que no pasó anoche,

te puedo asegurar que tengo las cosas muy claras con Jorge.

-Pues a ver si es verdad,

porque como me hagas esto todos los días, chica...

-No, puedes estar tranquila.

Anoche me comporté como una imbécil.

Lo que hice estuvo fuera de lugar y te pido disculpas.

-Sí, como una imbécil, sí, completamente.

-Digamos que me dio un ataque agudo de nostalgia.

Pero no volverá a pasar, te lo prometo.

Lo siento.

Pero, eso sí,

no voy a poder evitar sentir un poco de envidia al veros.

Pero de la sana.

Tenéis una relación de esas que merece la pena,

de verdad.

-Gracias.

Hola.

¿Qué estaréis tramando?

Si tú supieras...

Que la disfrutes como os merecéis.

¿A qué ha venido eso?

-Ahora no te lo puedo contar, tengo un poco de lío.

Solo venía a decirte "hola".

Vale, pues hola.

Y adiós.

¿Te invito a comer?

Sí. Es que... quiero decirte una cosa.

Ajá. Pero ¿ha pasado algo?

Luego te lo cuento.

Vale. A la dos, en mi casa.

No te olvides. No.

No me falles. Vale.

(Mensaje de móvil)

Ya. Te pongo un poco de jengibre, que viene bien para todo.

-Sí, a Rosa le gustan las infusiones con un poquito de limón.

(Mensaje de móvil)

-¿La notas mejor? -Algo.

Pero va muy lento.

El médico nos dijo que no notaríamos ningún avance

hasta dentro de una semana o diez días.

-En maldita hora cogió esa neumonía.

Y tú, mientras,

a cargo de ella, de la casa, del trabajo...

Estarás agotado, ¿eh?

-Bueno, es lo que toca.

Dentro de lo malo,

la enfermedad nos está uniendo más todavía.

-Qué suerte tiene Rosa de tenerte al lado en estos momentos, ¿eh?

-También os tiene a vosotros.

Ella se siente muy querida por su familia, de verdad.

Vuestro cariño le da mucha fuerza.

-Escucha, Nacho.

Siento muchísimo que hayamos tenido unos roces.

Pero ya me conoces.

Yo digo las cosas como son.

-Sí, eres cristalino, no cabe duda.

-Así es.

E igual que te tuve que parar los pies

con el asunto de las acciones,

te digo que estoy muy orgulloso de ti

de cómo te estás comportando con mi hija.

-Bueno, ya sabes que Rosa es mi prioridad.

-Eres un ejemplo para todos, hijo. Te lo digo de corazón.

-Vale ya, que me vas a sacar los colores.

-Y es verdad.

Oye, te voy a poner un mango.

¿Eh? Que a Rosa

le vuelven loca.

Niño, tráeme un mango.

(Mensaje de móvil)

¡Espabila, hombre, un mango! -¿Qué haces?

(Mensaje de móvil)

-Vaya ayudante me he echado.

¿Esto es un mango?

(GRITA) ¿Es esto un mango?

-No. -¿Qué es entonces?

-Una granada. -¿Pues entonces?

Anda, vete a dar una vuelta,

a ver si te quitas la tontería esa que tienes, anda.

-Vale, Jesús.

Mando un mensajito, un mensajito, y vuelvo rápido, ¿vale?

¿Vale?

¿Cómo haces para estar siempre tan estupenda?

Me tienes que contar tu secreto.

Valeria, muchas gracias.

Pero no creo que hayas venido aquí para preguntarme qué cremas uso.

¿Qué?

Te ha mandado Jesús para intentar calmar las aguas, ¿no?

Me ha contado algo, pero no me ha mandado él.

Habéis tenido un desencuentro

con la venta de una nave industrial o algo así, ¿no?

Pues ya se ha dado prisa en explicártelo,

yo he tenido que esperarme cinco años para enterarme.

Y no ha sido precisamente por boca de él.

No está nada orgulloso de lo que hizo, te lo aseguro.

Pero, Adela, de verdad, sé sincera,

dime quién no ha intentado ahorrarse unas perras con Hacienda.

Valeria. Esos siempre van a lo que pillan.

Valeria.

Que tú acabas de llegar a la familia.

No te haces ni idea

de lo miserables que pueden llegar a ser Elías y su padre.

Entiendo que estés dolida con Elías, pero ¿también con Jesús?

Son tal para cual, te lo aseguro.

A ninguno de los dos le tembló el pulso

a la hora de engañar a su socio cuando compraron la nave industrial.

Jesús no me ha hablado de ningún socio.

Solo hablan de lo que les conviene y cuando les conviene.

Pero claro que había un socio.

Se llama Ignacio Recarte.

Y gracias a él yo he podido componer todas las piezas del puzle.

Pero ¿de dónde ha salido ese socio?

Porque a lo mejor ha aparecido de la nada para sacar tajada.

No, la tajada la sacaron más bien ellos,

aprovechándose del dolor de ese pobre hombre.

¿Dolor?

¿Quieres saber la historia completa?

Por favor.

Te digo yo que a Jonathan le falta un hervor.

-No, es buen chaval.

Lo que creo es que está enamorado.

Y por eso no da pie con bola.

-Espero que no eche a Noa de su casa para estar con su novia.

-¿Echarla?

No creo que tu hija sea un incordio

para Jonathan.

A lo mejor tiene esa tontería por eso,

por verla todo el día rondando por casa.

-¿Crees que Jonathan y ella...?

-Y yo qué sé.

Si se pasan todo el día disparando para todos los lados.

Lo que sí sé

es que tu hija le hace tilín de siempre.

Alegra esa cara, que no vamos a ser tú y yo

los únicos enamorados de este mercado.

(JESÚS RÍE)

-Bueno, Jesús, me voy.

-No, no, deja, deja, no, no.

-Gracias.

Jesús y Elías pusieron la mitad.

Y Recarte puso la otra mitad, 250 000 euros.

Bueno, hasta aquí, las cuentas están claras.

Hasta aquí, tú lo has dicho.

Pero, al poco tiempo, la mujer de Recarte enfermó.

Le diagnosticaron un cáncer de páncreas.

Por Dios, pobre mujer. Sí. El cáncer era incurable,

pero, bueno, él, por su parte,

quiso llevar a su mujer a una clínica de Estados Unidos

donde le daban ciertas esperanzas.

Entonces, él habló con Elías y le dijo que no se veía con fuerzas

de seguir adelante con el negocio y quería recuperar lo invertido

para costear el tratamiento de su mujer.

¿Y es cuando vendieron la nave? No, entonces, el miserable

de mi exmarido le echó en cara que, si se salía del negocio,

no podrían asumir los gastos de la expansión

y que tampoco podrían recomprarle su parte de la nave

por lo que había pagado.

Así que decidieron salirse todos del negocio

y vender a la baja, porque era mal momento.

¿A la baja?

Mmm. Pero si Jesús

me dijo que con lo que ganaron se compró el descapotable.

Aquí viene lo más gordo.

Le fueron con el cuento de que tenían un comprador

que les daba 350 000 euros por la nave.

Lo convencieron diciendo que la nave había perdido valor,

que la mejor opción era vender, y todas estas cosas.

Y que ellos, por su parte,

le hacían el favor de darle 116 000 euros

para que no tuviera que esperarse.

¿Y qué pasó entonces? Pues pasó

que el pobre Recarte, desesperado, aceptó el trato

y acabó vendiendo por mucho menos de lo que había comprado.

¿Te das cuenta ahora

de dónde salió el descapotable y las cuentas de Andorra?

O sea, que la nave valía mucho más.

Hombre, Valeria.

La nave valía una fortuna.

Habían proyectado el paso de una autovía justo al lado.

¿Y Jesús lo sabía?

¿Tú qué crees?

Le engañaron.

Se lo callaron,

le compraron la nave por esa miseria y luego la vendieron.

Y todo mientras la mujer de Recarte agonizaba en un hospital de Houston.

No puede ser.

De esa pasta está hecho el hombre con el que ahora convives.

Y, aun así y todo, te deseo mucha suerte en el amor con Jesús.

O, por lo menos, más de la que yo he tenido con Elías.

¡Eh, Lorena!

A ti te estaba yo buscando.

-Perdona, ¿te conozco?

-¿Qué? ¿Cómo me ves?

-Te veo que... que estás muy bueno.

Y estás más joven. -Bah.

-Y más moderno, deberías abrir una tienda de "cupcakes" en Malasaña.

-¿Sí? Paso por un moderno de esos, ¿verdad?

-Absolutamente.

-Oye, ¿los "cupcakes" qué son? Las magdalenas de toda la vida, ¿no?

-Sí, pero más infladas, y en precio también.

-Ah. Mira.

Tengo esto para ti.

-No, mi cartera... Ah...

¡Oh, gracias!

Iba ahora mismo a anular todas mis tarjetas.

-Comprueba antes que esté todo bien.

-Sí, a ver.

Está todo, qué suerte. ¿Dónde la has encontrado?

¿En la barra? -Un operario de la obra, que la vio.

Estaba a la vista, la cogió y me la ha dejado hace un momento.

-Dime quién es, para darle las gracias.

-El chico alto, marroquí, Ibrahim creo que se llama.

-Ibrahim, sí, es supermajo.

Dile de mi parte que tiene un almuerzo pagado, y tú tienes otro.

Porque me habéis ahorrado tantas horas de burocracia...

Dame un abrazo, por favor.

Gracias.

Oye, que sigas tan estiloso. -Gracias.

Eh. -¿Adónde vas así?

-Carmen, ¿te gusta mi nuevo "look"?

-Por favor.

Ve y quítate ese disfraz de mamarracho.

-Ya estamos. -Vas a ser la comidilla del Mercado.

-A Lorena le ha encantado.

-Sí, ya he visto cómo se arrimaba.

-Sí, dice que tengo un aspecto así, más moderno y más joven.

-Más ridículo, igual de viejo.

Por favor, Nicolás.

Que pareces un cantaor del Café Chinitas.

-Tú nunca estás contenta, ¿verdad?

-(RÍE) ¿Tú has visto las pintas que lleva?

-¿Ahora qué ventolera le ha dado?

-¿No ve que hace el ridículo?

¿Y le hace más caso

a la opinión de la loca de Lorena que a su propia mujer?

-Hija, tú lo que podías ser es un poco más diplomática con él.

-¿Le hago la ola por ir como un fantoche?

Oye.

No le estará dando la crisis de los 40 con retardo, ¿no?

Que siempre ha sido lento.

-¿Lo habéis hablado?

-¿El qué? Pero si él no suelta prenda.

¿Te imaginas que se pone ahora a perseguir jovencitas?

¿Tú le has notado algo raro?

-Yo lo único que sé es que le tienes muy preocupado.

-¿Yo, por qué?

-Hija, ¿tú qué crees?

Que es que últimamente tienes un genio

que no hay quien se te acerque ni para pedirte la hora.

Y que te caiga una bronca detrás de otra no le gusta a nadie.

-¿Se ha cansado de mí?

-No seas dramática, ¿eh?

No.

Lo que digo es que el pobre tiene motivos suficientes

para sentirse un poquito desatendido.

-¿Desatendido?

-Sí, hija, sí.

Es que, con ese genio que tienes,

ese carácter, todo el día de mal humor

y, encima, quejándote de todo...

-¿Cómo no voy a estar de mal humor, mama?

Una que se va sin avisar.

Samuel, con problemas con Carla. Y, ahora, este.

Que se comporta como... como un niñato de instituto.

-¿Pues sabes lo que te digo? Que ahí te quedas.

-Ya estamos, ¿dónde vas?

-He quedado con alguien.

-Sí, esto, tú tira la piedra y escurre el bulto.

No, esto no es así.

Mami...

Bueno.

¿Qué haces aquí?

No quiero que nos vean juntos.

¿Por qué? ¿Qué pasa si nos ven juntos?

Y menos ahora.

Ya, pero esa es una decisión que tenemos que tomar los dos, ¿no?

Me he enterado de lo de la multa del Ayuntamiento.

Sí, Adela no va a parar hasta que me vea hundida del todo.

Pues sí.

Entiendo que esté dolida, pero se está pasando.

La verdad es que sabe dar donde duele para vengarse de mí.

Ah, para vengarse de ti.

¿Qué pasa, todo gira en torno a Elías de la Cruz?

Métete en la cabeza que si tu mujer me odia

es por méritos propios. Ya.

Tonterías, no voy a permitir que pagues la multa tú sola.

Me dices cuánto dinero es, te lo doy y se acabó.

No, no quiero tu dinero.

¿Por qué?

Pues porque no.

Porque quiero que todo esto se termine.

Lo nuestro se ha acabado, ¿no?, en todos los sentidos, entiéndelo.

Es que no tiene nada que ver, no te pido que te acuestes conmigo.

Ya lo sé.

Pero no quiero darle a Adela

más motivos para que me amargue la existencia.

¿Y cómo vas a pagar la multa?

¿Vendiendo jabones?

¿De verdad?

Adela va a por ti.

Le tienes que plantar cara.

Ya lo he intentado, pero no tengo fuerza.

Pero yo sí, y dinero.

La idea de las facturas falsas fue suya y de su amiga, ¿verdad?

Ajá. Bueno, pues díselo.

Lo hizo para hacerme un favor. Sí, hombre.

Mira qué favor te hace ahora.

Celia.

Te tienes que defender, tenemos que defendernos.

¿Sabes lo único que está consiguiendo con esto?

Que estemos juntos en el mismo sitio.

Eso es lo que quiero evitar, estar en tu mismo bando.

¿Por qué?

Venga, reconócelo, se la hemos jugado.

Sí. Y bien jugada.

Y es de ley que nos la quiera devolver.

Y estoy dispuesta a aceptar lo que venga sola.

¿Sola? Sí.

¿Y qué vas a hacer?

¿Ir al banco? ¿Otro crédito?

¿Que te ahogue más? ¿Que te quite tu negocio?

Pues, si con eso consigo que se pare esta pesadilla, sí.

Que es una locura, ¿no lo ves?

He cometido ya tantas locuras últimamente que me da igual.

Pero no aceptaré tu dinero.

Voy a dar los pasos correctos, haré las cosas como deben hacerse,

a ver si consigo encontrar un poco de paz, ¿lo entiendes?

¿Y tú entiendes que el banco se va a quedar con tu negocio?

¿Te quieres ir fuera del Mercado?

Haré lo que tenga que hacer.

"(Timbre)"

Llegas justo... a tiempo.

¿A tiempo para qué?

Para ver lo que te he preparado.

Pero...

Vaya currazo que te has pegado. Y son solo los entrantes.

Porque te esperan unas codornices rellenas de manzana

dentro de cinco minutos.

¿En serio? Sí.

Vale, ¿y qué celebramos?

Pues...

Que me gustas mucho y...

Que quería darte esta sorpresa. Mmm.

Pues me encantan tus sorpresas.

Anda, ven aquí, superchef. (LORENA RÍE)

Me gusta que te gusten mis sorpresas.

Pues a mí me encantan tus sorpresas.

Y fíjate que yo venía un poquito preocupado.

¿Por qué?

Porque, no sé, te vi tan...

misteriosa en el bar antes.

Y querías contarme algo, ¿no?

Sí, quiero hablar contigo. Vale.

Ajá.

Siéntate. Vale.

¿Qué?

Al final no ha servido de nada la charla.

Adela nos va a denunciar.

-Y motivos no le faltan.

En su situación,

hasta yo me lo pensaría. -¿Qué dices?

A saber lo que te ha contado

para justificarse. -Mira.

Aquí los únicos que no tenéis justificación

sois tu hijo y tú.

¿De verdad tuvisteis el cuajo de engañar a ese hombre

con su mujer enferma?

-¿Cómo?

-Anda, dime la verdad.

¿Le disteis una miseria

sabiendo que ibais a vender la nave por una fortuna?

-Ya te he dicho

que no estoy muy orgulloso de cómo se hicieron las cosas.

Pero fue Elías, que lo lio todo.

-Ya. A saber quién ha sido su maestro.

-Yo no tuve nada que ver.

Cuando Elías hizo el trato con Recarte

y aceptó los ciento y pico mil euros,

yo no sabía que tenía apalabrada la nave.

Estaba en la inopia. -Mmm.

Y, claro, cuando te enteraste,

saliste corriendo a llamar a ese hombre para darle su parte.

Igual no te contestó porque estaba enterrando a su mujer.

-A ver si voy a tener la culpa de que la mujer tuviera cáncer.

-No te salgas por la tangente, haz el favor.

-Las cosas de los negocios son así.

Unas veces ganas y otras veces te la juegan a ti.

Pero el que se mete en esto ya sabe de qué va.

-Si pudieras, ¿lo volverías a hacer? -Yo no he dicho eso.

Pero te aseguro

que nadie se hace rico haciendo obras de caridad.

Además,

gracias a ese negocio me pude comprar ese coche

en el que te gusta que te lleve a la sierra

a comer chuletitas al Sarmiento.

-A mí no me metas en el mismo saco.

Me da igual si vamos a la sierra en tu descapotable o en autobús.

Si hace un rato hasta a ti te daba vergüenza subir a ese coche.

De verdad, aprovecharse de ese hombre con su mujer enferma de cáncer...

Parece mentira que no recuerdes de qué murió tu mujer.

Esta mañana he perdido mi cartera, creía que me la habían robado.

Y ya la has encontrado. Sí, sí, la he encontrado.

Un chico de la obra, Ibrahim, se la devolvió a Nicolás.

Bien. Pero...

Cuando estaba buscando pistas para ver dónde podía estar,

le pedí a Samu

que me enseñara las grabaciones de la cámara de seguridad.

Y no vi la cartera.

Te vi a ti

con Íngrid,

tomando unos vinos.

Sí.

Eh... Lorena, no... no habíamos quedado,

es que surgió así, yo estaba

preparando las recetas para La Fanega y...

Ella se me acercó

y quería opinión sobre una cata que está montando, no sé.

No supe decirle que no.

Sí, se te acercó.

Se te acercó... bastante.

Lorena.

No te estoy pidiendo explicaciones.

Vi cómo Íngrid intentó besarte y vi tu reacción.

Entonces sabrás que no pasó nada.

Sí, sí, sí pasó algo.

Y el vídeo es la prueba.

¿Es la prueba de qué?

Yo sé que a mí no me hacía falta ver ese vídeo, pero...

Me hizo pensar.

Vale, vale.

No, déjame acabar. Te conozco, no te embales.

Déjame acabar.

Si alguna vez tuve dudas,

sé que ya no tengo que tenerlas.

Jorge...

Cada día que paso contigo soy más feliz y...

Solo me sale quererte.

(RESOPLA)

Se me iba a salir el corazón por la boca, Lorena.

Me encanta oír eso.

Fíjate todo lo que nos queda por delante, ¿no?

Yo no necesito más que lo que tengo delante de mí.

Oye, eh...

¿Te gustan las codornices poco hechas?

Al punto, sí.

Es que igual vamos un pelín tarde.

Mierda.

Oh...

Márchate, por favor.

Adela, sabes que tenemos que hablar.

¿Tú te crees que soy tan tonta

como para seguir fiándome de tus palabras?

No vengo a pedirte para mí. Ah, bueno.

Esta vez es para Celia.

Estás siendo muy injusta con ella.

Pero ¿tú de qué vas?

¿Cómo puedes tener la poca vergüenza de venir a interceder por tu amante?

Celia solo es

la parte más débil en todo este asunto.

Te pido que no sigas yendo a cuchillo por ella,

la llevarás a la ruina.

Ya veo.

Te interesa más lo que le pase ella que lo mal que lo pase yo, ¿no?

Adela, tú no eres así.

Tú no eres así.

No estás hecha de esa pasta, tienes buen corazón.

Si sigues así, te vas a arrepentir.

Sí, tienes razón.

Yo tenía un buen corazón,

pero tú te has encargado de pisotearlo.

Pues apunta hacia mí y no hacia ella.

Esta guerra absurda que tú has empezado

solo nos concierne a nosotros dos.

Ya.

Y ahora te las das de bueno

intentando salvar a la pobre e inocente Celia.

Te da igual que me haya traicionado de todas las maneras.

Evidentemente, no me da igual.

¿Y qué haces aquí intercediendo por esa mosquita muerta?

¡Lo único que estás consiguiendo es enfadarme todavía más!

Ah, no, ya.

Que es que te ha enviado ella. Mira que eres tonto, hijo.

¿Cómo no he caído antes?

Esto es cosa mía.

Ah, ¿sí? Mmm.

Pues, si es cuestión de dinero,

¿quién mejor que tú para sacarla del hoyo?

¿No me compraste el negocio?

Pues ve y cómprale también a ella un negocio

o págale el pufo que tiene.

Será por dinero, si a ti te sobra en Andorra.

¿Crees que no lo haría si me dejase?

Hijo de...

Llevas razón.

Celia te ha hecho mucho daño, es verdad.

Pero sabes que no es una mala persona.

No, claro, es un mirlo blanco la pobrecita.

Que no te estoy pidiendo que volváis a ser amigas.

Te estoy pidiendo

que no te aproveches de su debilidad.

¡Pero esto es el colmo!

¿Tú vienes con tu cuajo a decirme que yo me aprovecho de la gente?

Mira, si solo tengo una cosa que agradecerle a Celia

es que gracias a su traición

he comprobado el tipo de hombre que eres.

No hablamos de eso ahora. No, estamos hablando

de que el mundo sería un sitio mucho mejor

sin gente como vosotros.

Me dais asco, sois lo peor.

Y ten por seguro que haré todo lo que esté en mi mano

para haceros pagar por el daño que habéis hecho.

Y ahora márchate de este negocio, que es mío.

Ya te llamarán mis abogados.

He dicho que te marches.

Márchate, Elías.

Me voy.

¿No dices que harías todo lo que fuese por él?

Pues evítale el espectáculo de un juicio con vosotros.

O, lo que es peor,

ver a su padre y a su abuelo arruinados y en la cárcel.

¿Eso es lo que quieres?

-Vale que no es un buen partido, pero Jonathan es buen chico.

Es trabajador y... y trabaja.

Se le ve muy enamorado de ti.

-¿Y de dónde te has sacado eso?

-En la frutería, estaba en las nubes.

Tu abuelo se dio cuenta de que era por ti.

-Todo saben que soy gay. -Ya.

Pero no quieres que sepan que estás conmigo.

-"El empoderamiento".

"Cree en ti para que crean en ti".

-Estaba en el tablón de anuncios.

He pensado que eso es lo que tú y yo necesitamos.

No me puedo creer que estés disfrutando con esto.

Yo me he portado mal, y lo reconozco.

He sido una hipócrita

y te he traicionado como amiga y como socia.

Pero nunca me hubiera imaginado que pudieras llegar a ser tan cruel.

¿Has mandado el "e-mail"?

-Ahora mismo lo estaba haciendo.

-Aquí estamos para trabajar, no para perder el tiempo.

Yo tengo mucho trabajo y una mujer por atender.

Y no necesito

una becaria que esté más pendiente

de los mensajitos del novio que de sus obligaciones.

-Es todo culpa tuya.

¿Mía? ¿Por qué?

Te dije que había que comprar otro ordenador.

Y tú no quisiste porque no te importa.

Eres una mala madre.

-A veces no podemos tener todo lo que deseamos.

-A veces hay que esperar.

El tiempo lo pone todo en su sitio, ¿no?

-O lo contrario, a veces esperas demasiado

y se pasa la oportunidad de arreglarlo.

-Yo creo que con Carla, no.

Ha hecho un esfuerzo muy grande, me toca a mí.

Tú ya lo has intentado a tu manera, me toca intentarlo a mí a la mía.

No vas a hacer ninguna tontería.

No, no te preocupes, no voy a hacer nada expeditivo.

Bastará con hablar directamente con su abogado.

Tengo el culo pelado de tratar con los medios.

Estas noticias les encantan.

-Ya. -Ya verás.

Ahora les damos este caramelo y nos harán la promoción gratis.

-Ajá. -Todos salimos ganando.

-Sobre todo, tú.

¿Qué te ha pasado? ¿Te has caído? Nada grave.

Por suerte, solo ha sido una advertencia.

¿Una advertencia? ¿Qué quieres decir?

Voy a dejar el caso, Adela.

(SUSPIRA)

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Mercado central - Capítulo 93

05 feb 2020

Adela descubre que Elías y Jesús estafaron a su socio cuando este pasaba por un mal momento. Valeria, que va a ver a Adela para interceder por Jesús, acaba enterándose.
La revelación de Adela origina una importante crisis entre Valeria y Jesús.
Celia no acepta la ayuda de Elías para resolver sus problemas económicos pero se encuentra en un callejón sin salida.
Elías intenta ablandar a Adela con respecto a Celia y solo consigue enfurecerla más.
Lorena refuerza su confianza en su relación con Jorge y le prepara una sorpresa.
Nicolás no consigue volverse más atractivo para Carmen y ella empieza a sospechar que pasa algo raro.
Nacho cree que de quien está enamorado Jonathan es de Noa.
Noa recibe noticias de Luis.

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