Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 90 - ver ahora
Transcripción completa

Considéralo...

(JONATHAN) Hasta que tu madre se recupere o las cosas se normalicen.

Considéralo...

un... un asilo político.

Eh, te juro que no hay ninguna doble intención en mi propuesta.

Mira, te lo juro, te lo prometo.

¿Sí?

Bueno, de momento acepto lo de esta noche.

Elías me llamó ayer.

Me ha pedido que reclame mi participación en la empresa,

supongo que a Rosa también.

Dice que el reparto de mi padre es muy injusto

y que si nosotras nos oponemos, tú no tendrás ningún derecho.

Lo único que sé es que no te quitas a Adela de la boca.

Espero que el tiempo ponga todo en su lugar.

Valeria.

Gracias.

Por el bien de Rosa y de todos nosotros...

yo doy por resuelto nuestro conflicto.

Yo también.

(NACHO) A partir de ahora intentaré no ser tan capullo.

Los 100 euros que me has dado antes. No los quiero.

Ah. ¿Vas a quedar con Paolo

a cambio de nada? No.

Lo siento, he quedado con Noa.

Ya, y yo con Lorena.

No puedes hacerme esto, por favor te lo pido.

Un trato es un trato. Lo siento.

Es que esta noche voy a salir con Jorge.

Ah, es verdad.

Pero creo que al final el que te va a acompañar es Jonathan, ¿no?

¿Cómo...? ¿Cómo que Jonathan?

Sí, mira, no se lo tengas en cuenta a tu grupo de "amici",

pero se ve que echaron a suertes a quién le tocaba acompañarte.

Le tocó a Jorge, pero se ve que al final pudo convencer a Jonathan

para que lo sustituyera a cambio de una buena propina.

Te lo cuento para que sepas lo que te vas a encontrar.

¿Sigues enamorado de ella?

(SUSPIRA) El que es idiota, es idiota toda su vida, ¿no?

Me he dado cuenta de que Adela es la mujer de mi vida.

No dudes nunca lo mucho que te aprecio.

Jamás haría nada que te hiciese daño, créeme.

De acuerdo.

Acepto tu oferta.

No sabes lo feliz que me haces.

(Tacones acercándose)

(CARLA LLORA)

Eh, ¿estás bien?

Sí, sí. Eh... estaba descansando.

Voy a entrar en el mercado, ¿quieres que vayamos juntas?

No, no, no, me voy a quedar a mandar unos mensajes y ya está.

Vale, como quieras.

Vamos a ver, cariño. ¿Qué tienes?

Eh. ¿Qué tienes?

Nada.

A ver, explícamelo. ¿Has discutido con alguien?

¿Te abroncado en el trabajo? No, no, no.

Vengo de ver a mi madre.

¿Y qué pasa? ¿Qué tal ha ido?

Bien.

Fenomenal.

Mi madre está más tranquila y...

y la cuidan bien y...

y todo bien.

Si hasta hemos estado hablando y hasta ha sido algo agradable.

Bueno, pues eso está bien. Estarás contenta.

Bueno, todo lo bien que se pueda estar...

en un psiquiátrico penitenciario.

Pero bueno, sí, la verdad es que la he visto...

la he visto mejor de lo que la había visto nunca, la verdad.

Muy bien.

Tienes que tener ganas de que salga.

No.

No.

No, mi madre no puede salir de ahí.

Mi madre necesita estar controlada

y ahí la obligan a tomarse la medicación.

Y es normal, porque mi madre no...

no puede ser normal si no está en un centro como este.

No digas eso, Carla.

Sí, es una mierda, pero lo es, te lo juro.

Este mundo es demasiado complicado para mi madre.

Hay demasiado ruido, demasiados problemas para arreglar...

Cariño...

¿Sabes lo que te digo?

Estoy convencida de que tu madre querría teneros cerca,

tanto a tu hermana pequeña como a ti.

Sí, bueno...

Los cinco primeros minutos.

Luego todo se volvería...

un infierno.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(CARLA) Mi madre no...

no puede cuidar a nadie.

Nunca ha podido.

Mi madre necesita que la cuiden a ella y...

y eso es lo que hacía mi hermana mayor, Laura.

A ella se le daba muy bien hacer eso.

Estoy convencida de que a ti

también se te da bien cuidarla. No, nunca ha sido así para mí.

Nunca

Yo he intentado estar cerca de mi hermana y de mi madre y...

y es que...

es que yo...

yo soy un desastre.

Soy un desastre y... y lo he hecho fatal.

Vamos a ver Carla, mira, castigarse no sirve de nada,

y te lo digo... te lo digo por experiencia propia.

Eh.

Es que yo no he sabido ocuparme de ellas,

ni de mi hermana ni de mi madre.

Y mi hermana ahora está en un centro de menores

y mi madre está en un hospital penitenciario.

Y yo...

Dios, yo estoy más sola que la una. Ay, no.

No, no me digas eso. Tú no estás sola, cariño.

Sí que lo estoy.

Te lo juro, sí que lo estoy. No tengo a nadie en el mundo, nadie.

No, en este mercado hay un montón de gente que te quiere.

Son algo especialitos, no digo que no, pero te quieren.

Todo el mundo se piensa que soy una loca histérica.

Y en parte tienen razón, la verdad.

Bueno, pues mira, me tienes a mí. Para lo que necesites.

Pero si casi no nos conocemos.

Ay, ya, pero eso se puede arreglar, poco a poco.

Gracias.

Venga, cariño.

(CARLA LLORA)

Si me dices qué es lo que estás buscando,

igual te puedo ayudar.

Ah, por fin.

Anda, anda, anda, deja, papá.

A ver... (JESÚS) Trae.

¿Adónde vas con eso?

He quedado con un arquitecto.

¿Para qué? ¿Vas a reformar la casa de mamá?

De tu madre y mía, que no se te olvide ese pequeño detalle.

¿Para qué? Hay sitio para todos.

¿Por qué ¡cambiar la casa de mi infancia?

No te vuelvas nostálgico.

Cuando la segregué para que Adela y tú vinieseis a vivir con nosotros

y formar una familia, no ponías tantas pegas.

No lo entiendo. Con los frentes abiertos que tenemos,

¿te vas a meter en unas obras?

Yo creía que lo único que te quitaba el sueño

era el reparto de acciones, y ahora que están más equilibradas,

imagino que se te habrá quitado el miedo.

No sé qué entiendes por equilibrado.

Pero ¿qué te pasa? Ahora tienes más acciones.

Tendrías que dar palmas con las orejas.

Papá, te conozco perfectamente

y sé que tú no le has regalado todas esas acciones a Adela

simplemente para que yo intente recuperarla.

Pero ¿por qué te asombra

que no quiero que sigas metiendo la pata con la madre de mi nieto?

Tú no eres un romántico, papá.

Y mucho menos cuando está en juego el negocio.

¿Y qué gano yo cediendo parte de la empresa?

Dímelo tú, que lo sabes todo.

Te lo voy a decir. Tú también lo sabes perfectamente.

Sabes que con este gesto,

Adela siempre va a estar agradecida contigo,

y siempre se va a poner de tu parte.

Si sumamos sus acciones y las tuyas,

tú vas a seguir teniendo el poder sobre la empresa,

aunque Germán y yo estemos en contra.

En eso estás equivocado.

¿Y en qué me equivoco?

Dar por hecho que Germán te seguirá como un corderito.

Por suerte, es más inteligente que tú,

y llegado el momento, sabrá de qué lado ponerse.

(Llaman a la puerta)

(JAVIER) Sí.

Hola. (JAVIER) Hola.

(INGRID) ¿Qué tal? -Qué rapidez.

¿Te va bien que hablemos ahora o me paso más tarde?

No, no, me va estupendamente. -Perfecto.

Te acababa de mandar el mensaje.

¿Nos sentamos? -Sí.

¿Qué tal ha ido la toma de contacto con el mercado?

La verdad que tiene su encanto.

Es un mercado de los de antes y se nota que aquí han pasado cosas.

Y espero que pasen muchas cosas más. -Seguro.

Debe ser todo un reto reconvertir todo esto en algo más

que un mercado de abastos. -Sí, un reto interesante,

pero también muy agotador.

Es más difícil de lo que pensaba.

¿Y eso? Bueno, supongo que te las tendrás que ver

con comerciantes de la vieja escuela que no llevan muy bien los cambios.

No creas. Las dificultades me están viniendo más por gente de fuera.

¿Los vecinos? (JAVIER) No, no exactamente.

No te quiero aburrir con mis problemas.

Ni tampoco te quiero asustar, está todo bajo control.

Verás como la gente del Central

te hace sentir una más de la familia en dos días.

Javier, eh... -Ah, sí, por favor,

vamos a lo que importa.

Este es un contrato tipo.

Te lo puedes llevar y revisarlo tranquila,

y si lo crees necesario,

te lo llevas a un abogado para que te dé el "ok".

No va a hacer falta que lo consulte.

Te agradezco la confianza, pero sería lo más normal del mundo.

Yo lo hice cuando acepté el puesto.

Mira, revisa bien tus datos personales.

Por aquí está el número de cuenta

donde tienes que ingresar el dinero de la concesión.

(INGRID) Javier, no sé si me estoy explicando bien.

No va a hacer falta que lo consulte con ningún abogado porque...

no creo que vaya a abrir mi negocio en el Central.

¿Cómo?

Estaba manejando otras opciones

y al final me voy a decantar por otra ubicación para el puesto.

Lo siento.

¿Por qué me haces esto, papá? ¿Por qué te hago qué?

Negar que todo lo que hago, todo, lo hago por el bien de la empresa.

Todos los éxitos que he conseguido durante todos estos años

para ti no significan nada. ¿No?

Sí has hecho cosas muy buenas,

pero la palabra "éxito" te queda un poco grande.

Llevo toda la vida trabajando codo con codo contigo, toda mi vida.

Decidí quedarme a vivir a la misma casa que tú,

trabajar en la misma empresa que tú,

y cuando tú decidiste dar un paso atrás,

me hice cargo, ¿y así me lo pagas?

Si quieres medallas, haberte hecho militar.

No, papá, yo no quiero medallas.

Yo quiero que seas justo conmigo.

Lorena, tu hija pequeña,

no ha hecho más que darte disgustos toda su vida;

Rosa se desentendió de la empresa en cuanto se casó con Nacho.

Sin embargo, con ellas no eres tan exigente.

Solo te cebas conmigo.

Haga lo que haga, papá

nunca estoy a la altura de lo que me pides.

Nunca voy a ser Jesús de la Cruz.

Nunca estoy a la altura de tus expectativas.

¿Y sabes lo que pasa? ¡Que me empiezo a hartar!

¡Y va a llegar un momento en que todo me dé igual!

Unas palabras muy sentidas.

Qué pena que los hechos no sean igual de emotivos.

¿Qué hechos?

Pues mandar a Germán a hablar con Valeria

para que me convenciese de renunciar a las acciones, por ejemplo.

O lo de pastorear a Nacho

para que venga a defender los intereses de Rosa en la empresa.

¿Eso es lo que hace un buen hijo para contentar a su padre?

No sé de lo que me estás hablando.

No te hagas el tonto, Elías.

Si he llegado hasta aquí es porque no soy inocente.

Yo he podido equivocarme,

pero las decisiones de esta empresa y de la casa en que vivimos,

las sigo tomando yo.

(GRITANDO) ¿Está claro?

No entiendo. ¿Cuál es el problema? ¿Es un tema de dinero?

No tiene nada que ver el dinero, de verdad.

Simplemente lo he pensado mejor y me quedo con el plan B.

No me apetece trabajar con malos rollos a mi alrededor.

¿Malos rollos? ¿Algún problema con Jorge?

Pensé que hablasteis y que estaba todo bien.

Y está todo bien.

Simplemente estoy decidiendo qué opción es la mejor para mi negocio.

¿Qué te han ofrecido?

Pues el otro emplazamiento

tiene una clientela potencial más asentada,

y después de darle muchas vueltas,

creo que lo que más me conviene es buscar cierta seguridad.

Ingrid, no te veo muy convencida, la verdad.

Si era tu plan B, sería por algo.

Igual no es el plan que más te apetece ni...

ni es lo que quieres en este momento.

Puede ser.

Pero a veces hay que sacrificar lo que uno quiere...

por lo que le conviene.

¿Estás segura?

No me presiones.

En breve te diré lo que he decidido.

Y, Javier, muchísimas gracias por tu confianza, de verdad.

Jorge, tenemos un problema.

Hortuño nos la ha vuelto a jugar.

¡Eh!

¡Eh, Jorge!

¿Cómo va la ciática? Bueno, ahí voy.

Hasta arriba de pastillas.

Antinflamatorios, relajantes musculares...

(PAOLO) Ya, ya. ¿Qué me explicas?

Tengo la espalda como un acordeón.

Cuando me da un pinchazo, veo las estrellas.

Ya tenemos una edad, amigo mío. Como decía mi abuelo,

lo que nos mata no es la edad,

sino la necesidad de trabajar. Ya.

En eso estoy de acuerdo.

Oye, eh... ¿qué me tienes preparado para esta noche?

Ah... Que no te he avisado antes.

Tenía que llamarte y se me ha olvidado.

¿Qué ha pasado? Que al final no puedo salir contigo.

¿Y eso?

Me han llamado unos amigos.

¿Te acuerdas los que me llevaron al cine?

Me han llamado para reservar una mesa esta noche

y no he podido decir que no.

Claro, no puedes hacer el feo. Ya...

Ahora que yo he pensado también que podríamos juntar los dos planes.

Tú vienes aquí a cenar con nosotros

y luego nos vamos tú y yo de copas. No, no, no, no.

No, no, no, no. No.

No puedes hacer eso con tus colegas.

Claro. Cenas con ellos

y luego te vas a quemar Madrid. Claro.

Que lo entiendes, ¿no? Por su puesto, faltaría más.

Gracias, Jorge.

"Prego, prego".

Pero ¿sabes qué?

Que no, que no puedo dejarte en casa solo por mi culpa.

No, de verdad, que no pasa nada, que...

Mira, me voy con Lorena al cine.

Que tengo pendiente ver una peli, y ya está, arreglado.

¿Pero seguro? Sí.

¿Tienes plan? Por favor, Paolo.

¿No lo dices para que me quede tranquilo?

Hay confianza, Paolo.

A ver, ¿que me hubiera gustado salir contigo? Pues sí.

Pero oye, son cosas que pasan. Ya.

Buscamos hueco en la agenda otro día y ya está.

Seguro, ¿eh? Segurísimo.

Pues te debo una.

Pero no te metas en jaleos, ¿eh?

Algo ligerito, nada especial.

"Promesso". "Echo".

Pues lo dicho, a ponerse guapo y a triunfar.

(PAOLO RÍE) Te veo.

Te veo. Eh.

Oye.

Mucho mejor, ¿no? ¿El qué?

Digo... la "sciatica".

Caminas mucho que cuando entraste.

Pues sí.

Hablar contigo, que me da la vida. (PAOLO) Eso.

Te he traído las cremas.

Muy bien.

Creo que hay suficientes, pero si necesitas más, pues...

te las traigo. Perfecto, gracias.

¿Tienes un minuto? No.

Mira, Adela, sé que te he hecho muchísimo daño.

Y ya te he pedido disculpas,

y respeto tu decisión de no aceptarlas.

Es más, lo entiendo.

Claro, es que tú siempre has sido muy comprensiva, ya lo sé.

¿Alguna cosa más?

Sí.

Quiero que entiendas

que mi relación con Elías está cerrada

y que no se va a volver a reactivar jamás, nunca.

¿Y esa bolsa?

(NOA) Voy a pasar unos días fuera de casa.

¿Te vas de viaje?

¿Qué pasa con el bar y con tus clases?

No, papá, no me voy de viaje.

Me voy donde no me hagan sentir que sobro.

No empecemos con el victimismo.

A mí lo único que me importa es que tu madre esté bien cuidada,

y para eso hay que ser muy estrictos con los horarios y con todo.

Y esa vida que llevas, que si ahora entro, que si ahora salgo...

no ayuda mucho, la verdad.

Genial. Pues os dejaré tranquilos unos días, a ver si se mejora.

(NACHO) ¿Y adónde te vas, si se puede saber?

A casa de Jona.

Bueno, pues te lo agradezco.

No quiero echarte, ni mucho menos,

pero últimamente en casa el ambiente...

como no se sabe si es una oficina o un hospital,

está un poco saturado.

Bastante saturado.

Nos vendrá bien a todos unos días de descanso.

Vendré a ver a mamá siempre que pueda.

Cuento con ello.

Y tu madre también, claro.

A ver si entre los dos conseguimos que mejore pronto.

Claro.

Por cierto, quería pedirte un favor.

¿Puedo dormir en tu cama?

He estado durmiendo en el sofá para no molestar a tu madre

y tengo la espalda destrozada.

Claro, no hay problema. -Gracias.

El cambio va a mejor, ya lo verás.

Todos lo vamos a agradecer, pero sobre todo tu madre.

Me voy a desvivir por ella.

No me cabe la menor duda.

Viniendo de ti, seguramente que es otra de tus mentiras.

Pero ¿sabes qué? Que me da igual si estáis liados o no.

Lo que hagáis o dejéis de hacer ya no es cosa mía, por suerte.

Mira, fue una... equivocación

con consecuencias nefastas para todo el mundo.

Pero necesito que entiendas que no había amor,

que fue una huida desesperada hacia adelante

que se nos escapó de las manos. Claro, y mejor huir hacia adelante

que echarse a un lado, ¿no?

No busco excusas porque no las tengo.

Tenía la necesidad de llenar un vacío en mí.

no sé cómo explicarlo. Ah, ¿sí?

Pues la próxima vez que tengas que llenar un vacío,

te compras un helado de chocolate de tamaño familiar

y te lo comes de una sentada.

Adela...

Carmen.

Mira, puedes burlarte todo lo que quieras, no hay problema,

pero debes entender que no estábamos enamorados.

Y de todas las mentiras que ha habido, hay una verdad:

eres la mujer de su vida. ¿Quieres callarte?

No, no pienso callarme.

Es posible que no consigáis pasar página

después de lo que ha hecho Elías,

pero una cosa no cambia la otra...

te sigue queriendo.

Tengo que revisar un pedido. Gracias por las cremas.

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

Sí, soy yo.

Sí, yo pedí una subvención para mi negocio, sí, ¿por qué?

¿Irregularidades?

A ver, espera un momento.

Yo rellené toda la documentación, hice bien el papeleo.

Las facturas las pagué yo, sí. ¿Hay algún problema con eso?

¿Nacho?

Sí. -¿Nacho Salinas?

Sí, soy yo. ¿Tú eres...?

Lucía, la becaría.

Hola. -Hola.

Pasa, te estaba esperando. (LUCÍA) Gracias.

Ajá. Estamos buscando proyectos innovadores,

pero que casen con el ambiente del mercado.

Oye, ¿tú conoces a algún jefe de cocina

que esté pensando en montar algo por su cuenta?

No, no me refiero a los tuyos, Mario.

Bueno no sé, conoces a mucha gente y he pensado que igual...

Mario...

¿Mario?

Qué buen rollito, ¿no? ¿Eh?

¿Qué pasa? ¿Quién era?

Un viejo colega chef, Mario Laína.

¿Otro chef? ¿Va a montar aquí un negocio?

¿No son suficientes chefs ya con Ingrid?

No, no va a montar nada.

Y, bueno, lo de Ingrid está en el aire.

Ah, ¿sí? ¿Y eso por qué, si estaba entusiasmada?

Eso parecía, pero le ha dicho a Javier

que quiere montarse un negocio en otro sitio.

¿Y por qué ese cambio tan repentino?

Parece ser que la han tentado desde otro emplazamiento.

¿Estás seguro de que es por eso?

Sí, ¿por?

A lo mejor tiene que ver con mi actitud de esta mañana.

¿Qué ha pasado esta mañana?

No, en realidad no pasó nada, pero...

me pilló cruzada y...

y cuando os vi juntos trabajando, tan compenetrados, tan...

pues quizá me puse un poquito nerviosa y...

quizá le lancé alguna de... mis miradas fulminantes.

¿En serio?

Lorena, te he dicho que no tienes nada que temer.

Si ya lo sé.

Lo sabes, ¿no? Ajá.

Pues ya está. ¿Qué tienes que hacer?

Besarte. Vale.

Lucía Ayuso.

¿No serás hija de Adolfo Ayuso, de Diseños Marañón?

No, no lo conozco.

Bueno, no hay ningún diseñador gráfico en mi familia, de momento.

Veo que vienes de la Escuela de Diseño.

Lo mejorcito de Madrid y yo diría de España.

Sí, es una pasada. Y los profesores, una maravilla.

De vez en cuando voy a dar una charla sobre negocio y diseño.

Ya lo sé. Estuve viéndote. -¿En serio?

La última que di fue el curso pasado.

Sí, pero todavía me acuerdo.

Saqué muchas notas para mi examen de Márquetin.

Vamos, saqué matrícula de honor.

Enhorabuena.

Gracias a ti por la parte que te toca.

Fue una clase magistral.

Gracias.

Bueno, vamos a hablar de trabajo.

Lo estoy deseando. -Bien,

ahora estoy con varias cosas,

pero lo que más urge es unas modificaciones a estos bocetos

para unas etiquetas de cerveza.

Parecen muy chulos.

Son cervezas artesanas, ¿no? (NACHO) Correcto.

Hay que presentar varias propuestas.

A los clientes no los convence el color de fondo

y voy a probar otra gama de colores.

Pues si quieres, me pongo con eso. -No.

Es demasiada responsabilidad para un becario.

Por muy buen currículum que tengas, lo suyo es ir poco a poco, ¿no?

Claro, como tú quieras. Tú eres el jefe.

-De momento, tu trabajo va a consistir en mirar y en preguntar.

Aunque igual te pido que rastrees bancos de fotos

y que apuntes referencia del material que voy a usar.

Estupendo, me parece bien.

No es el trabajo más creativo del mundo, pero...

cuando vea cómo funcionas, te mandaré otras tareas.

Bueno, tú no te cortes, que no me asusto.

Vamos, como si me mandas hacer café.

Tampoco es plan de explotar a nadie. -A ver,

yo quiero que la empresa esté contenta,

y bueno, tú también, claro.

Bueno, espero que no te canses de hacer labores administrativas,

porque estas semanas,

tu trabajo vas a ser más de secretaria que de diseñadora.

¿Dónde me has dicho que está la cocina? Que voy a hace café.

(NACHO RÍE)

Siento que tengamos que trabajar desde casa, Pero...

pero por circunstancias personales que ya te comentaré,

de momento es lo que hay. -No te preocupes.

Ya me lo contó el jefe de personal.

Y vamos, estoy avisada y no hay ningún problema.

La verdad que han sido muy comprensivos conmigo.

De hecho les he pedido ayuda y aquí estas, ¿eh?

Sí, aquí estoy.

-Espero que volvamos pronto a la oficina.

Debes trabajar con otros diseñadores y tener otra visión de la profesión.

(LUCÍA) De momento no tengo ninguna queja.

Bueno, perfecto.

Pues una vez hechas las presentaciones,

manos a la obra, vamos a trabajar.

¿Algún problema?

No. No, no, no. Solo que pensé como me habías citado tan tarde,

pues... quizá era para conocernos

y mañana empezaríamos con el horario de oficina.

Perdona, sí, creo que tenía que haberte avisado

de que a veces manejo horarios un poco creativos.

No pasa nada, puedes irte. ¿Nos vemos mañana a las 10:00?

No, no, me quedo. El trabajo es lo primero.

¿Segura? No te sientas obligada.

No, no te preocupes.

Si además yo, cuando más concentrada estoy es por la tarde.

¿Dónde me has dicho que está el banco de fotos?

Perfecto, sígueme. Vas a trabajar en este puesto de trabajo.

(Pasos acercándose)

Hola, Adela. Hola.

¿Qué vienes, a felicitarme por ser la nueva accionista de la empresa?

He venido a hablar del nuevo reparto de acciones, sí.

Ah, pero no a felicitarme.

Claro, eso sería demasiado pedir, ¿me equivoco?

Seguro que crees que no lo merezco,

a pesar de haberme dedicado en los últimos 30 años

al imperio de tu padre.

De mi padre y mío.

Tampoco te eches tantas flores, ¿eh?

Es el alma de la empresa y sigue siéndolo.

Y afortunadamente, también es quien decide

a quien quiere como accionista y a quién no.

Adela, yo he venido en son de paz, ¿de acuerdo?

¿También has ido a ver a la familia en son de paz

o a malmeter contra mí?

¿Qué querías que hiciera?

No me voy parado viendo cómo la herencia termina en manos de...

¿En manos de quién? Venga Elías, dilo.

Sigue, venga. Dilo, hombre, anímate, venga.

Prefiero no decir nada.

Te he dicho que vengo en son de paz.

Eso no te lo crees ni tú.

Aquí lo que pasa es que no soportas que tu padre, que es un señor,

me agradezca todo lo que he hecho estos años.

Somos una empresa familiar. Ajá.

Has sido tú la que has preferido salirte.

Ah, ¿preferido?

Pero mira que eres cínico.

Tú eres el único culpable de que no te quiera ver ni en pintura.

Mira, ni en todos nuestros años malos de matrimonio

se me hubiera ocurrido poner a nadie de tu familia en tu contra.

A nadie.

Así que si Jesús quiere regalarme acciones

o lo que le venga en gana,

tú no eres nadie para obligarme a que no las acepte.

Lo creas o no, yo estoy aquí por el bien de la empresa.

Hay muchas heridas abiertas entre nosotros

y eso nos perjudica a todos.

Y quiero solucionarlo cuanto antes.

Ah, ¿sí? ¿Y cómo lo quieres solucionar? A ver, ilumíname.

Quiero comprarte tus acciones.

Ingrid, Ingrid. Perdona. (INGRID) Te llamo ahora, un segundo.

Hola.

¿Ya has decidido si te quedas o si te vas?

Veo que aquí las noticias vuelan. -Ya sabes cómo son los mercados,

te enteras de lo que pasa antes de que pase.

Ya veo, ya.

(LORENA) Ingrid, Ingrid.

Si te quedas en el mercado, ganas tú y gana el mercado.

¿Y qué ganas tú?

Yo formo parte de este mercado.

Escúchame.

A lo mejor esta mañana he estado un poco...

un poco tensa, un poco rara,

pero es que no había desayunado y me faltaba glucosa.

Ya. ¿Te han pedido ellos que hables conmigo?

¿Quiénes, Javier y Jorge?

No, para nada.

Yo soy más de ir por libre.

Y me parece que tú también.

Ingrid, tú y yo... nos vamos a llevar muy bien, seguro.

Te propongo un trato.

Me encantan los tratos.

Si otro día, pues por lo que sea, no puedes desayunar,

vienes, me lo cuentas y hablamos tranquilamente.

Trato hecho. (INGRID) Perfecto.

Oye, entonces, ¿le puedo decir ya a Javier...

que la pescadería tiene dueña?

Ahora entiendo cómo has derribado las murallas

de nuestro amigo, el chef.

¿Te tomas un café conmigo?

Venga.

Lo estoy diciendo completamente en serio.

Pon tú el precio. Estoy dispuesto a pagar lo que sea.

Quiero ser generoso contigo. No me cabe ninguna duda.

Seguro que estás dispuesto a pagar lo que sea

por imponerte a tu padre y quitarle el control de la empresa.

Pero no te voy a dar ese gusto.

Adela, yo entiendo que ahora, en caliente,

lo único que te apetezca sea fastidiarme,

hacerme la vida imposible,

pero si recapacitas, verás, en frío, que es la mejor idea.

¿Sabes qué?

Llevo días fantaseando con la idea

de contarle a todo el mundo tu traición

y de humillarte aireando a los cuatro vientos

que no eres capaz de satisfacer a tu mujer en la cama.

No creo que hicieras eso. No es tu estilo.

No, es verdad.

Pero ¿sabes por qué?

Porque ahora sé cómo hacerte daño de verdad.

Nunca vas a controlar ese 5% de mis acciones.

Nunca, ¿lo oyes?

Te vas a tener que tragar las decisiones de tu padre,

una detrás de otra.

Ah, no he acabado.

Y deja de ir diciendo por ahí esa patraña

de que sigo siendo la mujer de tu vida.

¿Y por qué no iba a hacerlo?

Si es la verdad.

Porque si te hubiera importado lo más mínimo,

no te habrías acostado con todas esas mujeres, y menos con mi amiga.

Pero sobre todo, porque no vendrías ahora aquí

a arrebatarme lo que me he ganado a pulso trabajando de sol a sol,

como estás haciendo ahora.

¡Hola, David!

¿Ya están esas pizzas?

Ah, no, pero mira, ahora mismo me pongo

y en diez minutos tendrás tu porción recién hecha.

(DAVID) Vale, pues vuelvo en...

9 minutos y 40 segundos. -¡No, no, no, no!

Espera David. Quédate un poco, va.

Así me cuentas cómo va todo.

No quiero entretenerte.

Tendrás mucho que hacer con tus amigos.

No, mira...

No tengo ningún plan más allá de esta pizza.

¿Te apetece un refresco? ¿Naranja? (DAVID) Vale.

Aquí está.

Entonces, ¿qué tal la conferencia sobre física cuántica?

Bastante bien, aunque tuve que ir solo.

Mi madre no me pudo acompañar.

Ay... Lo siento que tuvieras que ir solo.

Bueno, si lo sintieras, me hubieras acompañado.

David, no seas tan duro conmigo, va.

Reconoce que la física cuántica...

no es exactamente un tema que apasione a todo el mundo.

Pero podrías haberle dado una oportunidad. Y a mí también.

Mira, yo no quiero que pienses que soy un desagradecido.

Yo sé que has hecho todo lo que podías para animarme,

pero es que yo no estoy pasando por mi mejor momento.

Pero te lo agradezco mucho, de verdad.

Pues el otro día no lo parecía.

David, aunque rechazara tu plan,

yo me di cuenta de que tú te portaste como un verdadero amigo.

Yo eso no lo voy a olvidar nunca.

A esta dirección. Fenomenal.

Listo. Muchas gracias.

(LORENA) Buenas tardes. Buenas tardes.

¡Celia!

No me extraña que se te caiga la cara de vergüenza.

Lorena, no tengo ganas de discutir.

Nada que discutir. Lo que has hecho es una canallada. Punto.

Y no sabes cómo me arrepiento de haberme callado lo tuyo con Elías.

Tú no te has callado mí, sino para proteger a tu hermano.

Lo hice por proteger a mi hermano,

pero contéstame a una pregunta que me está taladrando la cabeza.

¿Cómo has sido capaz de mirar a los ojos a Adela, a tu amiga,

mientras la traicionabas? Te tirabas a su marido.

Ya está bien. Lorena, por favor.

No te hagas la santa conmigo porque las dos sabemos

que no eres un ejemplo de moralidad para nadie.

¿Y tú qué sabes? No me conoces.

Y tú a mí a tampoco.

Sin embargo, aquí estás, criticando sin tener ni puñetera idea de nada.

Tienes razón, no te conozco demasiado.

Solo me imagino lo sola, lo perdida, lo amargada que tienes que estar,

para ser capaz de hacer algo así, porque si no, no me lo explico.

¿Y cómo es que hoy sí quieres hablar conmigo? ¿Qué ha pasado?

No, no ha pasado nada.

Solo... Bueno, mis amigos,

aunque sean muy buenos, pero...

pero cada uno tiene su vida, sus planes...

Y mira, David, la amistad, cuando uno la exige,

lo convierte en una persona patética.

¿Se han enfadado? -No, no, al contrario.

Han tenido mucha paciencia conmigo.

Y justamente por eso, yo ahora quiero dejarles tranquilos un rato.

Así que... que me vuelvan a llamar

cuando le vuelva a apetecer salir conmigo.

Bueno yo todavía estoy libre, por si quieres hacer algo conmigo...

(PAOLO) Mira, David,

si algo he aprendido de todo esto

es que no quiero obligar a nadie a aguantarme.

Y tú, por lo que me has dicho,

también sientes esta obligación, ¿no?

Por la promesa que le has hecho a Andrea.

Ajá.

Si se me ocurre algún plan que podría gustarle a él,

te lo propondré a ti, ¿te parece bien?

Mira, ¿qué planes tienes por ahí?

Porque igual podríamos hacer algo juntos la próxima semana.

Creo que hay un congreso de Estadística.

Podríamos ir a ver si entramos en alguna conferencia.

Eh... Bueno, podría ser, ¿eh?, pero... ¿algo más ligero?

También podemos ir a la Casa del Ajedrez.

A veces hay maestros haciendo partidas simultáneas.

Ya...

Es que yo soy más de Parchís.

Vaya...

(PAOLO) Mira... ¿Qué tal

si nos conformamos con esta pizza y este refresco?

Y así me cuentas esa investigación tan interesante sobre las ratas...

¿Cómo era? -Los ratones.

Era sobre el genoma de los ratones y los gatos.

(PAOLO) Eso.

Entonces ¿los humanos nos parecemos más

a ratoncito Pérez o a la mona Chita?

¿La mona Chita?

Ay... Tú eres demasiado joven.

Pero ve explicándome, va, que yo te preparo la pizza.

Pues mira, sí, tienes razón, estoy sola.

Por eso no tengo que dar explicaciones a nadie

de con quién me acuesto o con quién dejo de acostarme.

Ah, ¿qué pasa? Claro, sí.

Siempre tenemos la culpa las mujeres.

No vayas por ahí, ¿eh? Porque ese no es mi argumento.

No creía que fueras así, Celia. Eres una absoluta decepción.

Mira, no estoy orgullosa de lo que ha pasado,

pero yo no tengo toda la culpa.

Te recuerdo que tu hermano ha formado parte de todo esto.

¿Y crees que le hago la ola a mi hermano?

Le he dicho exactamente lo mismo que a ti.

Mira, de verdad, ojalá pudiera cambiar las cosas,

volver atrás y borrarlo todo, pero no puedo.

Sí, pero no me vengas con excusas. Que no son excusas.

Cada uno sabe lo suyo, y yo estaba pasando por un mal momento.

De hecho, llevo meses.

¿Sabes? No me tengo que justificar

ni delante de ti ni de nadie.

No, porque lo que has hecho no tiene justificación.

¡Celia, espera!

No te acerques a Jorge.

¿Te queda claro?

¿Perdona?

No tengo interés de acercarme a nadie.

Y mucho menos a Jorge. No lo sé.

No te conozco.

No me fío de ti.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

No, no soy Nacho, soy Lucía.

Tú eres Guillermo, ¿verdad?

Que creo que nos conocimos el otro día.

Sí, la becaria.

Nacho está un poco liado,

pero si quieres, si te puedo ayudar en algo...

Estupendo, sí, con el proyecto de las cervezas.

Vale, pues si quieres, le digo que lo modifique

y que te lo envíe en cuando lo tenga.

Vale. Oye, oye, Guillermo, una cosa.

Que estoy pensando que si quieres, lo hago yo.

Sí, estoy al día del proyecto.

Vale, bueno como tú veas,

pero que sepas que a mí no me cuesta nada.

Vale, genial, pues entonces mañana por la mañana lo tienes listo.

No te preocupes, no me importa trabajar de noche.

Vamos, de hecho, es cuando más concentrada estoy.

Vale, gracias. Gracias, Guillermo. Un beso. Hasta mañana.

(Puerta corredera abriéndose)

¿Qué tal tu mujer?

Está algo mejor. Va a intentar dormir un poco.

Pues eso es lo que tiene que hacer, descansar.

Oye, ¿han llamado? Me pereció oír el teléfono.

Sí, sí, mi compañera de piso.

Es que seis meses viviendo juntas y todavía no sabe poner la lavadora.

¿Qué tal vas con eso?

Bien, punteando las referencias de las fotos.

(NACHO) Estupendo.

Sigo.

(GERMÁN TARAREA)

Oye, ¿a ti te parece bonito hacerme esperar?

¿Habíamos quedado o qué? -No.

Pero te invito a cenar. Ahora sí que hemos quedado.

Es que tenía pensado ir al gimnasio a nadar un rato.

¿Sabes qué pasa? Si quieres, mientras cenamos,

yo te hago una listita de 100 motivos mejores

para quitarse la ropa que ir a una piscina llena de gente.

Hoy no me viene bien. Lo siento. -Va, no me vengas con excusas.

Tenemos una conversación pendiente, ¿no te parece?

Ah, ¿sí?

¿Te hago la memoria?

Eh, eh, eh. ¿Qué haces?

¡Oh! ¿Y A qué viene esta cobra ahora?

¿Que no te moló lo de la pizzería?

Sí, claro que me moló.

¿Entonces?

Que soy el gerente de este sitio.

No es profesional

que me vean comiéndome el morro en horas de trabajo.

Ah. O sea, no te parece bien que la gente de este sitio

sepa que tienes vida privada y que eres feliz.

No, además creo recordar que me dijiste

que no querías esconderte de lo que eras, ¿no?

Y es verdad, una cosa es ocultarse

y otra es dar imagen de que no me tomo en serio mi trabajo.

Mire, no me maree más, ¿eh, señor gerente?

Si no quieres nada conmigo, me lo dices y punto, no pasa nada.

Tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo

por alguien que no quiere nada.

No he dicho que no quiera nada contigo.

Otra vez.

¿Lo ves? O sea, me estás volviendo loco.

Y por los motivos equivocados.

Mira, paso, ¿vale?,

de esperar a alguien que no sabe qué quiere.

Que te vaya superbién el gimnasio y la natación.

Espera.

Lo siento, ¿vale? No quiero volverte loco.

(Tacones acercándose)

¿Tienes la lista de pedidos de la semana que viene?

No encuentro la que me pasaste.

Has sido tú la que ha avisado a los del ayuntamiento, ¿no?

¿Al ayuntamiento? ¿Para qué?

Mira, Adela, no te hagas la tonta conmigo.

Solo Marisol y tú sabíais lo de las facturas falsas

que presenté para la subvención.

¿Y qué te reclaman, si puede saberse?

De momento nada, pero me van a abrir una investigación.

Y me han preguntado, en concreto, por las facturas.

¡Uf! Menudo lío se te viene encima.

Menudo lío, sí, tú lo has dicho.

Y has tenido que ser tú la que ha destapado todo esto,

porque no creo que Marisol sea tan tonta

de tirar piedras sobre su propio tejado.

¿Y has pensado ya de dónde sacar el dinero para devolver la subvención?

Porque te advierto que esta gente se lo cobra todo con intereses.

Dios, qué mezquina eres...

Hay que tener mala baba para apuñalar a Marisol de esta manera.

Hombre, esto de las puñaladas es más de tu estilo, ¿verdad?

Lo del beso me pilló por sorpresa. No... No me lo esperaba, Germán.

Y ahora veo que todo va... demasiado rápido,

va todo muy deprisa.

¿Muy deprisa? Pero ¿a qué llamas tú ir deprisa?

¿A un piquito después de estar semanas mareando la perdiz?

Venga ya. -No es eso.

Lo que pasa es que cuando estoy delante tuyo,

siento que no tengo el control de la situación,

y esa sensación no me gusta, me hace sentir inseguro.

Ya, pero es que va de eso, ¿no?

De sentirse inseguro, de...

No sé. No, no, es más que eso, es pasión, es deseo...

¿Qué te voy a contar yo que no sepas? ¿O sí?

Que lo sepa no quiere decir que no me dé vértigo.

(GERMÁN) Ya.

¿Y qué te piensas que me pasa a mí cada vez que te veo, eh?

Si me tiemblan hasta las piernas. -Venga ya...

Mira, sé que lo más fácil

es renunciar a algo que te pueda hacer daño, ya lo sé.

Pero la única opción es tirarse de cabeza a la piscina.

Así que o lo intentamos o... o lo dejamos correr, ¿vale?

¿Qué dice el gerente?

Pero yo no soy de tirarme de cabeza. Ya lo hice una vez y me salió mal.

Yo ahora necesito meter primero un pie, luego el otro,

bajar la escalera poco a poco...

¿Poco a poco?

Como me sigas hablando así te como la boca aquí,

y me da igual que nos vea la Pacheca o todo el mercado.

Eso podemos hacerlo luego.

Luego, ¿cuándo? ¿Esta noche?

¿Este fin de semana?

¿Para fiestas de la Paloma? ¿Cuándo?

Te recojo a las 21:00 y nos tomamos algo.

¿Te parece? -Ah.

¿Que me vas a dejar así hasta las 21:00?

Vete a casa, date una ducha fría y a las 21:00 te recojo.

(JAVIER) Espera.

No, no te puedes echar atrás otra vez.

(JAVIER) Y que te quede claro que el maduro de la relación soy yo.

Sí, hombre.

Pero ¿hasta dónde estás dispuesta a llegar para vengarte?

¿No ves que con esto no solo me arruinas la vida a mí,

que también se la arruinas a Marisol?

Mira, lo de las facturas falsas salió de ti,

así que deja de apuntar al sitio equivocado.

¿De verdad te merece la pena hacerle eso...

solo para verme sufrir a mí?

En eso, la experta también eres tú, ¿eh?

Mira, ¿sabes lo que creo?

Creo que te dio mucha rabia verme hablar de buen rollo con ella.

Y claro, como tú me odias, me tiene que odiar todo el mundo, ¿no?

Pues ¿sabes lo que pasa?

Que por mal que lo estés pasando,

no eres el centro del universo, Adela.

A mí, lecciones de amistad, las justitas.

Y menos viniendo de ti.

Tú guarda las energías para conseguir el dinero cuanto antes,

porque la que te va a caer por tramposa

va a ser de órdago.

Eres una resentida.

Y tú una mala pécora.

Y que sepas

que quiero que lo pases fatal con lo del ayuntamiento.

¿Y sabes por qué? Porque quiero que sufras mucho.

No vales para nada.

No has sido ni siquiera capaz de sacar este puesto adelante.

Y tu castigo va a ser venir aquí todos los días y verme la cara.

Y que no tengas que volverte con tu suegra

y que ella te mantenga.

Y ahora, cuando puedas,

me traes la lista de pedidos a la floristería.

(HORTUÑO) No, no, de eso nada.

La fecha de entrega de obra es el 25.

Pues le dices de mi parte

que si se retrasa un día, se las verá con mis abogados.

¿Cómo?

Mira, déjalo. Déjalo, ya me encargo yo.

Solo tengo minutos. En una hora debo estar en Toledo.

¿Solo cinco minutos? Muy poco tiempo para mí, no parece, ¿Ginés?

¿Qué quieres, Elías?

Lo mismo que tú:

un trozo del pastel, y no solo las migajas.

¿De qué pastel me hablas?

Del que os vais a zampar Velasco y tú a costa del imbécil de turno,

que en este caso soy yo.

Mira, me marcho. No tengo tiempo para jueguecitos.

¡El edificio Canadá!

El de las oficinas.

El que ardió el otro día.

¿Te suena? ¿Eh?

¿Y el Belagüe?

¿Y las Galerías Montarde?

¿Te suenan?

Ese desgraciado no sabe tener la boca cerrada.

Un centro comercial, ¿no?

Un centro comercial.

Lo que queréis montar en el barrio es un imperio del copón.

¿Llevarte un ático y una cantidad indecente de dinero

no son también el copón?

Me parece que los únicos indecentes que hay aquí

sois Velasco y tú.

Si os pensáis que yo me voy a jugar mi vida y la de mi hijo

para que vosotros os hagáis ricos,

vais listos.

¿Jugarte la vida?

Lo único que has hecho es marear la perdiz y perder el tiempo.

Que no te enteras, Ginés.

Ese desgraciado de tu socio me ha amenazado de muerte.

Y sí, yo estoy dispuesto a jugarme la vida,

pero por algo que merezca la pena de verdad.

¿Qué quieres, Elías? Ya te lo he dicho, lo mismo que tú.

Quiero dar el pelotazo de mi vida.

Pides demasiado para lo poco que estás haciendo.

¿Ese discursito lo tenéis ensayado los dos?

Ofrécenos el Mercado Central en bandeja y tendrás lo que quieras.

¿También quieres que le meta fuego al Mercado Central como tu amigo?

Si quieres que te hagamos asquerosamente rico

de la noche a la mañana, ponte creativo.

Mientras tanto, no me hagas perder más el tiempo.

(Pasos bajando escalones)

Gracias.

Anda, que a este ritmo de pañuelos,

vamos a acabar eliminando un bosque entero entre tú y yo en dos días.

Lo siento.

No tía no, llora, llora todo lo que tengas que llorar.

Y si entre pañuelo y pañuelo, me quieres contar qué te pasa,

yo sé escuchar muy bien.

No, Carla, vete a casa, de verdad.

Ya llevas muy mal día.

Tú antes me has escuchado sin rechistar,

así que me voy a quedar aquí hasta que me cuentes qué te pasa.

No es una buena idea.

¿Por qué, tienes algo mejor que hacer?

No.

Lo que pasa es que vas a pensar que soy una persona horrible.

Y luego terminarás yéndote corriendo de mi lado,

como hace todo el mundo.

¿Y sabes lo que te digo?

Creo que no estoy preparada para... para otro rechazo, sinceramente.

No voy a poder.

Mira, yo te voy a decir lo mismo que me has dicho tú antes:

yo voy a estar aquí

para lo que haga falta, para lo que necesites, de verdad.

Y me da igual si eres una asesina en serie

o si te gusta desayunar gatitos por las mañanas.

Gracias por los ánimos, Carla,

pero es mejor que te marches antes de que yo te eche de mi lado.

¿Por qué tendrías que hacer algo así tú?

Pues no lo sé, sinceramente no lo sé,

pero es lo que hago últimamente.

Hago daño a la gente que se interesa por mí, que me quiere.

En mi caso, ponte a la cola,

porque ya se te han adelantado unos cuantos.

Estoy tan cansada...

Desde que se murió Manuel, voy dando tumbos por la vida.

Te juro que intento hacer lo correcto, que intento hacerlo,

pero es que no hago más que cagarla todo el rato.

No exageres.

A ver, yo no sé nada de tu vida,

pero no parece que tengas una vida muy salvaje.

Y mejor que no lo sepas, porque...

No supe ver la llamada de auxilio de Manuel.

Manuel es mi marido.

¿Llamada de auxilio? ¿No era algo... repentino?

Estaba deprimido.

Y yo no supe verlo, no supe ayudarlo, no supe...

Se suicidó.

Lo debes de haber pasado fatal.

Pero no puedes culparte por algo que no decidiste tú, créeme.

Pues no puedo evitarlo.

¿Sabes? Yo antes tenía una vida, tenía una familia,

tenía un proyecto de vida.

Y ahora estoy sola.

Y lo peor de todo es que este sentimiento de soledad

me está llevando a tomar decisiones horribles en mi vida.

¡Horribles! No estás sola, tienes a tu hijo.

Está David, sí.

Y te juro que por él me levanto todas las mañanas,

pero David es muy especial y David tiene muchos problemas.

¿Quién no los tiene?

Hay que llamar a las cosas por su nombre, Carla.

Y David no me puede dar el cariño que yo necesito.

Él es incapaz de empatizar con las personas y yo no soy una excepción.

Mira, no existe una vida perfecta.

Eso es lo que nos hacen creer, y no es verdad.

No existe, te lo digo yo. Créeme.

Tienes razón.

Te pensarás que soy una egoísta

y que solo se fija en lo que su hijo no le puede dar,

en vez de estar con él, guiándolo y acompañándolo.

Y estar aquí escondida por los rincones llorando.

Venga ya, por favor, que me vas a hacer llorar a mí

y nos van a tener que sacar de aquí los bomberos.

Te aguantas que antes no me has hecho caso,

así que ahora me toca a mí.

Vale, vale. Llora, llora.

Y voy bien servida, ya verás.

¿Por cuál quieres empezar?

Eres un sol, Carla. Gracias.

Gracias.

Cuando algo no te conviene...

¿Por qué nunca me apoyas en nada?

Eso no es verdad, Carmen.

Pero siempre quieres que te dé la razón aunque no la lleves.

A veces me siente completamente incomprendida.

(JAVIER) Estás con Lorena y ella lo sabe.

¿Tan irresistible te crees

como para que no haya superado perderte?

No, no es eso.

No fue fácil. (JAVIER) Ya.

A todos nos han dejado alguna vez. Eso se supera. Tú lo sabes.

A ver, es que... ya has visto su última mirada.

(NOA) ¿Cómo estás mamá?

Pues... estoy mejor. Mucho mejor, gracias.

(NACHO) Bueno, eso habrá que verlo.

Vamos al hospital a hacer unas pruebas.

No ha parado de toser en toda la noche.

O sea, ¿es oficial? ¿Somos pareja?

Si a ti te parece bien...

(CARMEN) ¡Se acabó! ¡Ya está!

Renuncio a ser la guardiana de la llave.

Estoy harta de meones y meonas.

Yo creo que Elías tiene patrimonio oculto.

Y que esto es solo la punta del iceberg.

Por eso necesito que tú me ayudes

a saber cuánto dinero tiene realmente mi marido.

Quiero lo que me pertenece.

Que últimamente como que no...

Fíjate tú... haces meses que no...

¿Meses?

Esta noche ni siquiera hemos dormido juntos.

O sea que es la cosa tiene mandanga.

Pues entonces, igual... tendrías que preocuparte.

(Risitas)

Que en realidad no me he chocado, ¿eh?

Lo he hecho porque te veo tan seria que digo:

"A ver si se ríe un rato esta muchacha, ¿no?".

Eh, que no me he puesto de parte de nadie.

Dije lo que pensaba, que mamá tiene derecho a esas acciones.

Ni voy contra ti ni tomo partido. Es lo justo y nada más.

¿Tú te das cuenta de los problemas que nos va a traer tu madre

si forma parte de la empresa, eh?

Este es un tema empresarial, no familiar.

"No familiar".

Me dice Nicolás, si no te importa, que pase

y eche un vistazo a tu pizzería para ver la cocina y la salida de humos,

que vamos a hacer lo mismo en mi puesto.

Sí, sí. Claro, claro, pasa. Sí, sí.

Gracias. -Curiosea lo que quieras.

Yo ahora vengo. A la derecha. -Genial.

(PAOLO) Así te explico todo.

(DAVID) Se llama Ingrid Balsera. Tiene 39 años y es chef.

Es muy guapa, ¿no?

Me han puesto una multa.

Y me piden que devuelva el dinero de la subvención.

Ah. Claro. ¿Qué querías, que te felicitara?

Es lo que tiene jugar sucio, te acaban pillando.

Te recuerdo que fue idea tuya lo de las facturas falsas.

¿Y? ¿Cómo que "y"?

Es increíble que me denunciaras

por algo que me recomendaste tú, por venganza.

De no acostarte con mi marido, yo no tendría que vengarme.

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Mercado central - Capítulo 90

31 ene 2020

Elías descubre que Jesús ha orquestado una estrategia para controlar las votaciones en el negocio. Intenta comprar las acciones de Adela, pero la mujer se niega tajantemente. Se declaran la guerra.
Germán está entusiasmado con su incipiente relación con Javier. El gerente quiere ir despacio.
Celia consuela a Carla, hecha polvo después de visitar a su madre.
Ingrid rechaza la oferta del Central, pero finalmente Lorena la convence de que la acepte.
Celia recibe una llamada del ayuntamiento: la van a investigar por irregularidades en la subvención que le concedieron. Reprocha a Adela que ella haya puesto en alerta al ayuntamiento y Adela carga contra ella. Carla acaba consolando a una Celia hundida.
Nacho conoce a Lucía, la joven becaria que le ayudará. Descubrimos que Lucía es una trepa.
Paolo libera a Jorge de su plan en común. El italiano se da cuenta de que David es su apoyo más fiable.

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