Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 89 - ver ahora
Transcripción completa

¿No le has dicho a Celia que Puri cambió el día del evento?

Claro que sí. No me ha dicho nada.

Ah. ¿En qué quedamos? Sí, se lo he dicho antes,

pero seguramente no me ha prestado atención, como de costumbre.

Últimamente no está muy a lo que tiene que estar.

Te gusta el chaval, ¿no? (JAVIER) Sí.

Pero tú lo has dicho, es un chaval. Y más diferentes no podemos ser.

Ahí está la gracia. No, ahí está la tragedia.

¿Cómo voy a pensar en tener una relación con alguien como Germán?

¿Una relación? Espérate, ¿no? Ni habéis tenido una primera cita.

Bueno, estoy barajando lo que pudiera ocurrir.

Últimamente siento que todo me va mal

y que cuando algo empieza a ir mejor,

¡bum! vuelve a torcerse.

Y ahora, lo que me faltaba, hacerme daño,

y no quiero darle la razón a Jorge.

¿Qué dices que llevaba esto?

Arnica y romero.

Quítate la camisa, venga.

Noa, tu padre se va a enfadar. -Mi padre no está siempre en casa.

Mira, mañana tiene una reunión en la oficina.

¿Y tú no sabrás por casualidad a qué hora...?

Pues creo que sobre las 12:30.

Si quieres, te mando un mensaje cuando se vaya.

Perfecto. (NOA) ¿Sí?

Sí, porque...

Bueno, no voy a hacer nada malo, ¿no?

Mira, yo sé que tú quieres resultados ya.

Lo sé y lo entiendo.

Y te aseguro que Hortuño y yo tenemos esto bien encarrilado.

No tenéis encarrilada una mierda.

Y te voy a decir una cosa, o te pones las pilas

o entre las cenizas del Central...

estarán las tuyas.

A ti Elías te ha elegido porque te tenía a mano.

Pudo liarse con cualquier otra.

Pues mira, no. ¿No?

Él me ha buscado a mí

porque soy la única con la que puede mantener relaciones.

Mira, Elías necesita ayuda

para poder cumplir con las mujeres, contigo también.

Y lo siento mucho, pero a lo mejor deberías plantearte el porqué.

Vale. Hasta ahora.

Lo siento, tengo que... tengo que irme.

¿Ha pasado algo? -Sí.

Bueno, en realidad no. Es mi madre, que...

desde que se divorció de mi padre está hecha polo y...

Bueno, es complicado.

No, no, no. No tienes que contármelo si no te apetece.

Lo siento, soy lo peor. Te hago esperar 20 minutos y ahora esto.

(Tacones acercándose)

Esto por aquí...

y esto por aquí.

Yo no he pedido eso. Ya, es un regalito de la casa,

a ver si se te quita la cara de amargado.

Sí, claro.

Y lo que más me conviene es bollería industrial, ¿no?

Oye de industrial nada,

que vienen calentitos y recién hechos del horno de la plaza.

Si estás cabreado, no lo pagues conmigo, ¿eh?

Perdona, hermana, perdona.

Es que últimamente estoy poco acostumbrado

a que no me traten como un apestado.

Es que un poquito... te lo has buscado.

¿Tú no ves? Mucho estabas tardando.

No es reproche, de verdad.

Mira quien habla, la reina de meter la pata.

Buenos días. (LORENA) Hola. ¿Quieres tomar algo?

No, gracias. Quiero hablar un momento con Elías.

Si vienes por lo del divorcio,

mi abogado no ha contactado con el tuyo.

No he venido a eso. Pues si vienes por el...

reparto de las acciones,

quiero que sepas que no es que no esté de acuerdo

en que no hayas hecho méritos

como para que... No.

Vengo a hablar de Celia.

Pues de eso no quiero hablar yo.

¿Es verdad que con ella no necesitabas pastillas?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Eso te ha dicho?

¿Es cierto o no?

¿Y qué si lo es?

Sabes dar donde más duele.

Adela, yo esto no lo hago queriendo, ¿eh?

Lo dices como si lo pudiera controlar.

¿Cuánto tiempo llevábamos arrastrando ese problema, Elías?

¿Y acaso no te he apoyado?

He estado siempre a tu lado,

mostrándome comprensiva, apoyándote, quitándole importancia.

¿Y todo para qué?

Y tienes mucha razón.

Pero no sé por qué con ella puedo y contigo no, no lo sé.

Simplemente ocurre. Pues ya te lo digo yo.

Porque a ella la quieres y a mí ya no.

No, eso no es verdad.

¿El qué, que no la quieres? No.

Que no te quiera a ti. Esa no es la pregunta.

Quiero que me respondas. ¿Quieres a Celia, sí o no?

(SUSPIRA)

No lo sé.

Pues de cintura para abajo lo tienes muy claro.

Estoy intentando ser sincero contigo.

Y resultas ser un cobarde, como siempre.

Adela...

Yo de quien estoy enamorado de verdad es de ti.

No sabes el daño que me estás haciendo.

No tienes ni idea.

Y espero que llegue algún día en que te lo pueda devolver.

(LORENA) ¡Adela!

¡Adela!

¡Espera, nena!

¿Te has enterado de lo del incendio del edificio Canadá?

Como para no enterarse con la que se lio.

Coches de bomberos para arriba y abajo toda la noche.

Madre mía, para haber salido todos ardiendo, ¿eh?

¿Qué, te pongo alguna más?

No sé, las que se lleve Rosa normalmente.

Te pongo alguna más, que salen muy buenas.

¿Y cómo está Rosa? -Pues igual. No levanta cabeza.

Ay, ya son muchos días, ¿no? Igual tiene algo grave.

La gripe esa que está corriendo, que viene fuerte este año.

Pues cuídate, ¿eh? Porque como caigáis los dos enfermos,

menudo panorama, los dos en la cama.

No te preocupes, me estoy cuidando.

Creo que no me he lavado tanto las manos en mi vida.

Para cuidar a un enfermo, lo primero es cuidarse a uno mismo.

Pero bueno, Noa te estará ayudando, ¿no?

No, está muy ocupada con sus cosas.

¿No os estáis turnando?

No, prefiero ocuparme yo de Rosa.

Así me aseguro de que está bien atendida.

Bueno, no es que no me fíe de Noa, pero prefiero hacerlo yo.

Bueno, ¿quieres algo más?

Sí, eh... tres hamburguesas y preparado para cocido.

(JONATHAN) Buenos días, Jorge. ¿Querías verme?

Sí, sí. ¿Podrías subirme una silla del almacén?

Es que me vuelto a dar la ciática muy fuerte y necesito sentarme.

¿Tan mal sigues?

Sí, ayer estuve todo el día para arriba y para abajo.

Debí hacerle caso al médico y quedarme en la cama

con la mantita eléctrica. Sí. Bueno, pues a descansar

y no hagas esfuerzos.

Sí, es la idea. Quedarme en casa descansando.

Sí, es lo mejor que puedes hacer.

Lo que pasa que tengo que anular la cita con Paolo y...

A no ser que... Ni de coña. Ni de coña.

¿Ni de coña? No he terminado la frase.

Ya sé lo que me vas a pedir.

Me vas a pedir que te sustituya, y no, paso.

Antes me corto la pierna.

Una respuesta muy solidaria. Bueno.

Lo siento, Jorge, pero es que... tengo planes.

¿Tienes planes? Sí.

Ya serán importantes. Sí.

Justo, Jorge... Voy a la pizzería a pedirle una pizza a Paolo,

para que no digáis que no colaboro en animarlo.

¡Guau! Y me la voy a tomar en el sofá

viendo el partido, sí.

¿Eso son planes? Sí.

Venga, por favor. Si los cambias, no fastidias a nadie.

¿Perdona? Me voy a fastidiar yo.

Y yo fastidio a Lorena si no vamos al cine,

que está ilusionada. Ya, pero...

¿Perdona? Si me acabas de decir que querías reposo

para recuperarte de la ciática. Sí.

Sí. Sí, si es que...

hoy día las butacas de los cines son comodísimas, si es que...

(JONATHAN) ¿Las butacas? Ajá.

¿Las del cine? ¿Comodísimas?

Venga ya, Jorge. No me vendas la moto,

que te quieres escaquear porque Paolo es un brasas.

¿Perdón? No, no, no. Sí.

Sí. Lo que oyes. No, no.

(CARMEN) ¿Y el trabajo?

¿Cómo te arreglas si pasas tanto tiempo en casa?

Bueno, estos días me han permitido trabajar a distancia.

Sí, además me han dicho hoy

que me han asignado un becario para que me ayude.

Pues te deben valorar mucho en el nuevo trabajo

para que te dejen así, como te da la gana.

Sí. Estoy muy contento. -Contenta tiene que estar Rosa.

Se lo dije yo a Valeria y a Jesús y están de acuerdo conmigo.

Hola, Nacho. -Hola, Nicolás.

Ojalá todos los maridos se portaran la mitad de bien que tú.

A ver, ¿qué he hecho ahora? (CARMEN) Nada.

Pero podrías aprender de este señor,

que tiene a su mujer en bandeja de plata.

¡Vamos, como si yo no hiciera eso!

Vamos, ya te digo yo que ni la mitad de bien que él.

No pongas el listón tan alto, que luego ya ves lo que pasa.

Bah, no exageréis. Solo cumplo con mi obligación.

No, estas cosas no se hacen por obligación, se hacen por amor.

Y no te tiene que dar vergüenza reconocerlo, que es muy bonito.

Venga, te lo apunto. (NACHO) Gracias.

Hasta luego. -Adiós, Nacho.

No hace falta que disimules, Jorge. Todos pensamos lo mismo.

¿Por qué crees que lo echamos a suertes?

Pero es que perdiste y te va a tocar apechugar.

Mira, no te preocupes,

que bajo a por la silla, abuela. No, no. ¡Espera!

No insistas, Jorge.

Prueba con los demás, a mí no me pillas de pardillo.

Si ya lo he hecho y todos me han dicho lo mismo.

Ah. Que me has dejado a mí para el último. ¿Por qué?

Porque pensé que serías el más difícil de convencer.

Pues mira, enhorabuena, has acertado.

No, Jonathan. Eh, eh, eh.

No me dejes así, por favor. Joder con Serafina.

¿Tú no estabas fatal?

Eh... He exagerado un pelín. Ah. Pero qué morro tienes.

No, es que no he encontrado la manera de...

Haré lo que haga. Que no, Jorge, que no insistas,

y menos después de haberme engañado. Vale, vale. Eh...

Te pagaré. ¿Que me pagarás? Pero...

50 pavos. ¿50?

¿50 euros vale tu amistad con Paolo, en serio?

¿50 euros de mierda?

Eh... 70.

Que sean 100 y bajo a por la silla. Te estás aprovechando, chaval.

100 o te quedas tú con Paolo. Tú verás. Y me los das ahora.

Vale, vale, vale.

Me va a salir cara la peliculita.

Me dejas seco.

Hala.

Gracias.

(LORENA) Tómate la tila que te va a sentar bien.

¿Cómo he podido ser tan burra?

¿Cómo he podido malgastar mi vida

con un hombre que ha pisoteado todo lo que le he dado?

Mi dedicación, mi cariño, mi apoyo... Todo.

Lo ha tirado todo a la basura

en cuanto se ha cruzado con alguien con quien funcionaba sin ayuda.

Como si fuera un simio.

Pero... ¿tú estás segura de eso de las pastillas?

Me lo ha confirmado él.

(LORENA) ¿Por qué precisamente con Celia no tiene problemas?

Está claro que ella tiene algo que a mí me falta.

No. No hagas como que la culpa es tuya.

Algo tendré que ver.

Tú eres una mujer espectacular,

eres... inteligente, eres guapa,

eres divertida, trabajadora, con personalidad.

Cualquiera daría un brazo por estar contigo.

Cualquiera no. Por favor, no te flageles.

Esto no es culpa tuya.

Son muchos años juntos.

Supongo que... la pasión se apaga. No.

A mí no me pasaba. Yo lo seguía deseando.

Con los hombres es una cosa más hormonal, Adela.

Ha tenido muchos gatillazos, se ha asustado,

y Celia... Eso no explica nada.

Con las demás mujeres necesitaba pastillas.

Con Julia Miralles, la arquitecta,

tuvo la taquicardia precisamente por eso,

que por poco lo lleva al otro barrio.

Está claro, Celia tiene algo especial.

Puede que esté enamorado de Celia

o que crea que está enamorado de Celia.

¿Y cuál es la diferencia?

Pues que en ese caso sería una cosa pasajera, un capricho.

Y estáis a tiempo de solucionarlo, si tú quieres.

Eso no tendría ya ningún sentido.

Después de lo que me ha hecho, no volveré con él.

¿A qué?

¿A mendigar?

¡Las 09:00 y todavía no hemos salido con el reparto!

Lo tienes todo, ¿verdad?

No, no lo tienes todo, faltan las peras.

Anda, vete a por peras.

Hombre, buenos días.

Todavía no hemos tenido tiempo

de discutir tu jugada maestra empresarial.

Porque no hay nada que discutir. Yo creo que sí, sí que lo hay.

¿A qué viene regalarle un 5% de las acciones a Adela?

¿Te has vuelto loco?

Adela se ha dejado la piel por la empresa en todos estos años

como si fuese suya.

Pues si tanto le querías mostrar tu agradecimiento,

haberle dado un cheque.

Esto es excesivo a todas luces.

No veo por qué. ¿Que no quiere ser de la familia,

por ejemplo? (JESÚS) Y no la culpo.

Pero eso no quiere decir que borre de un plumazo

los 30 años que sí lo ha sido.

Adela siempre va a ser la madre de mi hijo,

siempre va a formar parte de nuestras vidas.

No hay por qué involucrarla más.

Regalarle algo que no le pertenece es una locura.

Te repito que no es un regalo.

Lo he meditado mucho. ¿Mucho?

¿De verdad?

¿Has pensado en mi divorcio?

¿Has pensado qué va a pasar cuando se haga efectivo?

Estamos en gananciales. La mitad de mis acciones serán para ella.

Por lo tanto, ella va a tener más acciones que yo.

¿Habías pensado eso?

¿O es que ese era tu verdadero objetivo?

No, mi objetivo es que siga formando parte de la empresa...

y de la familia.

Pues no puede ser, ni una cosa ni la otra.

Quizás esta nueva situación

te haga pensar las cosas de otra manera.

Porque ya va siendo hora

de que te empeñes realmente en salvar tu matrimonio.

¿No decías que tenía que tener visión de futuro?

Pues aquí lo tienes.

Cada día estoy más convencido de que necesitamos a Adela a nuestro lado.

O sea que ahora ya no te basta con controlar la empresa,

también quieres controlar mi vida.

¿Acaso no tengo razón? No, no la tienes.

Tú no conoces a Adela.

O no la conoces tan bien como yo.

Y si sigues empeñado en salirte con la tuya,

vas a cometer un gran error.

Eso ya lo veremos.

Tengo una muy buena noticia. ¿Que ya no caminas

como una embarazada de nueve meses? Eso también.

Tú y yo hoy nos vamos al cine. ¿Vamos al cine?

Ay, por fin. Qué bien.

¿Has cambiado los planes con Paolo? Jonathan me cubre.

Oh, qué majo.

(Móvil)

(Móvil)

Elías.

Elías, dime.

Elías, ahora no tengo tiempo.

Pues porque estoy currando, pues por eso.

Elías, no, ahora no. Ya hablaremos.

Qué expeditiva. Es que va a empezar a contarme

que si le puse los cuernos a Adela por esto, por lo otro,

y no tengo ganas. ¿Quieres un café? Sí, por favor.

¿Y esa carpeta?

Es uno de los proyectos de negocio que le ha llegado a Javier

para modernizar el mercado.

Bueno, de hecho es el único viable. Uf. ¿Tan malos son los otros?

Iba a haber una crepería, pero se ha ido a un centro comercial.

Ay, una crepería... Pues qué pena, porque me encantan los crepes

así, calentitos con dulce de leche...

Ya. ¿Y qué vais a elegir al final?

Una pescadería.

Pero si ya tenemos un montón, ¿no? Esta es un poquito más sofisticada.

Tiene cocina y el cliente puede consumir lo que compre

en una sala contigua.

Cómo mola. Ajá, sí.

Estamos valorándolo todavía. No es seguro.

Ah. ¿Y eso por qué?

Porque igual le hace competencia al bar.

No. Son conceptos completamente diferentes.

Y si trae clientela nueva, será bueno para el bar,

para el mercado en general.

Sí, pero el problema no es solo ese. Es que...

bueno, la persona responsable del proyecto.

¿Es un chef conflictivo?

Una chef.

Ingrid Balsera.

¿Quién es Ingrid Balsera?

Una chica con la que tuve una relación después de mi divorcio.

¿La que salió de tu puesto el otro día cabreada?

Sí, la misma.

¿Y por qué es un problema que entre en el mercado?

¿Aún sientes algo por ella? No, no, por favor.

Esto es agua pasada. ¿Entonces qué pasa?

Pues no sé, pensé que igual te molestaba

que el proyecto que eligiéramos fuera de una ex.

¿Por qué me voy a molestar?

No sé, después de lo de Celia, me parecía... demasiado.

Nuestra relación no ha sido un camino de rosas precisamente.

Bueno, Jorge, me lo estás contando, ¿no?

Yo creo que es porque estamos bien.

¿De verdad no te importa?

¿Cómo me va a importar? Al contrario.

Me sentaría fatal que por una tontería así,

el mercado perdiera un negocio muy interesante.

Puedes estar tranquilo. Vale.

(SAMUEL) Espero que el próximo partido juegue entero.

Bueno, hombre, si no la lías, te sacará.

Como la líes, pues no te sacará. -Mamá, no la líe, no la líe.

Anda que no. -Ese tío era imbécil.

Ya, pero que no puedes liarla, Samu. Te dejan sentado.

Hola. Carla, ¿cómo estás?

Hola.

Pues aquí, ordenando las cosas.

Estás ayudando a Jorge, ¿no? Con eso de que él tiene ciática.

Sí. Bueno, la verdad, lo que me gustaría es quedarme,

porque se me da muy bien el curro

y Javier me ha dejado compaginarlo con la limpieza.

Ya.

Pues Samu ha estado unos días fuera, ¿verdad?

En Ávila.

Un amigo tiene casa rural, fuimos el fin de semana.

Muy bien.

Oye, Carla, yo... creía que con el doble turno llegabas bien.

Bueno, no está de más otro sueldo.

Ya...

Bueno, yo, si quieres, te puedo ayudar, ¿no?

Te paso todos los meses... -No hace falta.

Aunque sea por los gastos de la casa.

Todo ha pasado muy rápido y es injusto que...

Samu, Samu, no hace falta, ¿vale?

Además, ya estoy acostumbrada a sacarme las castañas del fuego.

Ya está, ya te lo he dicho.

Y bueno, que no hace falta forzar nada.

Que... aprecio mucho vuestra intención,

pero que... no hace falta que os paréis a charlar

cada vez que nos crucemos, ¿vale?

La chica esta, por Dios, menudo carácter.

Tiene toda la razón, mamá. ¿Qué quieres?

Ahora que ya habéis arreglado las cosas...

Lo hemos arreglado, pero nos toleramos y ya está.

Ni vamos a volver a tener una relación

ni vamos a volver a ser amigos.

Pues entonces, mejor así.

Cuanto menos la trates y menos la veas, pues menos duele.

(SAMU SUSPIRA)

Cariño, yo sé que tú ahora crees que no la vas a olvidar,

pero vas a poder, ¿me oyes?

Estamos hablando de reformar un piso,

no del Palacio de la Zarzuela.

Sí, hombre sí, pero con el presupuesto que me has mandado,

cualquiera lo diría, ¿no?

Ya.

Empezamos por los azulejos,

que me los estás vendiendo como si fuesen mármol de Carrara

y tú y yo sabemos que los sacas a precio de fábrica.

Ya.

Sí. Bueno...

Te dejo que... Sí, te dejo, te dejo.

Te dejo, que tengo cosas urgentes que hacer, sí.

No, no, no, no. Llámame cuando me haya bajado el presupuesto el 20%.

Bueno, pues nada. Llamo a otra empresa, tú verás.

Ya sabía yo que nos poníamos de acuerdo.

Sí, sí. Hala, espero tu llamada, sí. Adiós, adiós.

¿Qué haces tú aquí? ¿Le pasa algo a Rosa? ¿Está peor?

No, Rosa está bien.

Eh... ¿Estás planeando una reforma o...?

Sí, bueno, unos retoques.

(NACHO) Ajá. -¿Qué quieres?

Eh... Me he enterado de que estás...

haciendo cambios en la empresa familiar.

Ah. ¿Y te has enterado cómo?

Porque, que yo sepa, no ha salido en los periódicos.

Bueno, en el mercado se comentan cosas...

-En el mercado no se comenta nada.

¿Quién te ha venido con el cuento? ¿Elías?

Pues la verdad que sí. Y se lo agradezco.

Ah. ¿Y eso por qué, si se puede saber?

Soy consciente de que el porcentaje que tiene Rosa es pequeño,

pero aun así, no deja de formar parte de la empresa.

Y no creo que una decisión tan importante se pueda tomar

sin contar con ella y con su hermana.

Tu mujer renunció a tomar decisiones en la empresa

hace muchos años. (NACHO) Precisamente por eso.

Rosa y Lorena no lo habrían hecho de saber que, con el tiempo,

ibas a regalar alegremente las acciones a Adela.

Qué bien te ha aleccionado Elías, ¿eh?

Hasta utilizas sus propias palabras. -Lo que opine Elías me da igual.

Yo estoy aquí por el bien de Rosa. -¡Qué sorpresa!

Es la primera vez que veo que lo hagas.

¿Cuántas veces te has interesado por el negocio familiar?

No, no me lo digas, ya te lo digo yo:

ninguna.

Y ahora que pongo sobre la mesa el reparto de acciones,

te preocupas por tu mujer.

Si insinúas que quiero sacar tajada...

(JESÚS) No, no lo insinúo. Lo afirmo.

No te voy a pedir nada para mí ni para Rosa,

si eso es lo que te preocupa. -¡Faltaría más!

Tú no tienes nada que decir. Estamos hablando de mi empresa.

Y yo hago el reparto que me sale de las narices

y no tengo que dar explicaciones a nadie, y menos a ti.

Estoy seguro de que Rosa y Lorena lo entenderán perfectamente.

Así que vete por donde has venido y deja de esparcir mierda.

No era esa mi intención. -Venga, fuera.

Que tengo muchas cosas que hacer.

¡Noa!

Quería verte.

¿Cómo está tu madre?

Fatal. No levanta cabeza.

(JONATHAN) Ya sé que te dije que...

bueno, pues que necesitaba tiempo y distancia,

pero... quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites.

¿Vale?

Bueno, es que no es una simple gripe.

Es un virus respiratorio y ahora se ve que le ha afectado al estómago.

¿Tiene para mucho?

El médico dice que en unos días se pondrá bien, pero yo qué sé.

Bueno, pues a tener paciencia, ¿no?

Te juro que de eso ya no me queda. (JONATHAN) ¿Qué pasa?

¿Se pone imposible tu madre cuando está enferma o qué?

Qué va, si ella no da ningún problema.

Es más, tendría que quejarse más,

pero dice que no quiere ser ninguna carga.

¿Entonces cuál es la movida?

(NOA) Es por mi padre.

Desde que ella está así, se ha vuelto obsesivo.

No la deja tranquila.

Bueno, querrá atenderla bien, ¿no?

Ya, Jona, pero una cosa es atenderla bien

y otra cosa, no dejarla en paz un momento.

Si es que hasta ha pedido trabajar en casa.

Y pobre del que quiera ayudarlo. No me deja ni hacer la compra.

Tiene que ir él cuando ella duerme.

¿Y por qué te crees que hace eso?

Yo qué sé.

No sé si intenta hacerse perdonar por otras cosas que ha hecho

o... es su manera de demostrar que la quiere.

El caso es que me hace sentir como si estorbara.

Qué, ¿ya has terminado de cargarlo todo?

Todavía me quedan unas cajas.

¿Y la espalda?

Mejor, mejor. ¿Sí?

Ha sido solo un mal gesto, gracias a Dios.

De todas maneras, sigue con el aceite

cuando lo notes cargado, verás qué bien te va.

¿Y tú qué tal los jabones? ¿Qué jabones?

Esos que casi me cortas una mano por haber tocado.

No me lo recuerdes, venga.

Creo que me voy a llevar uno.

¿Sí? Ajá.

¿No decías que olían fatal?

Te lo dije porque estaba cabreada,

pero el único que olí, olía muy bien.

A ver...

Creo que era este.

Sí, creo que sí. Me encanta.

Genial. Muy bien.

Tengo también la crema de manos de la misma marca.

Te he visto que estás venga a cargar y descargar sin guantes,

y te va a venir bien.

¿Cuánto cuesta todo? Pues...

El jabón es más barato. Pero te dejo las 2 cosas por 25.

Gracias, pero creo que solo me quedaré con el jabón.

¿Estás segura? Sí.

Págamelo más adelante cuando te venga bien.

Que no, mujer, ya me regalaste el aceite.

Bueno, como quieras.

¿Todavía estás aquí? Sí.

Iba al turno de limpieza, pero si tienes una urgencia...

No, no, ninguna. Solo quería darte esto.

Pero si todavía no he terminado.

Ya, pero estoy encantado con tu trabajo

y sé que lo necesitas. ¡Gracias!

De nada. Y me gustaría seguir contando contigo.

Bueno, si Javier puede cuadrar turnos.

Por mí, genial. Cuenta con ello.

Muy bien. Oye, gracias y... y cuídate.

No, ya estoy mejor.

Qué rápido se acostumbra uno a que le hagan el trabajo duro.

Chao, chicas. Chao.

Mira el lado bueno,

no tendrás que preocuparte y tu madre estará atendida.

A mí me rallaría más que mi padre estuviera pasando del tema

y tener que ocuparme yo de todo.

Yo también quiero ocuparme de ella. No puedo pasar y hacer como si nada.

Pero lo has intentado y no te han dejado.

Si tu padre no lo pilla o no lo quiere pillar,

es su problema, tía. ¿Qué vas a hacer ahí?

Ya, pero me siento mal igualmente.

Noa, tienes que despreocuparte

y centrarte en tus cosas, ahora que puedes.

¿Eh?

Esto es la vida de tus padres.

¿Tú qué vas a hacer ahí? No puedes hacer nada.

Mi madre dijo algo parecido.

Y... me dolió un poco, la verdad,

porque es como si no quisiera que estuviera en casa.

No creo yo que eso sea verdad.

Pero es como me siento, Jona.

Y además, por culpa de eso, me siento superincómoda en casa,

teniendo que ver cómo mi padre marca territorio todo el rato.

Bueno... pues no vuelvas.

Sí, me vuelvo a fugar, ¿no? (JONATHAN) No, no, tía, eso no.

Digo que hoy salgas, que te tomes algo, que salgas...

Y mira, si quieres salimos los dos y nos tomamos algo

y hasta que el cuerpo aguante, ¿qué te parece?

Tendré que volver en algún momento.

Bueno, o no. Te puedes quedar a sobar en mi casa.

Una noche es una noche.

O mira, una noche o las que hagan falta, tía.

Hasta que tu madre se recupere o las cosas en casa se normalicen.

Considéralo...

un... un asilo político.

Te juro que no hay ninguna doble intención en mi propuesta.

Mira, te lo juro, te lo prometo.

(JONATHAN RÍE) ¿Sí?

Bueno, de momento acepto lo de esta noche.

Y ya vemos cómo van las cosas.

Vale.

Pues... si te parece, quedamos a... ¿las 21:00?

Vale. (JONATHAN) Venga.

Jona.

¿Qué? -Gracias.

Para eso estamos los amigos, ¿no?

A las 21:00.

Me quedo también con la crema.

Me gusta que te des un capricho. No es capricho.

Es para mi madre, es un regalo. No, Carla.

Qué bonito. Te lo voy a dejar en 20.

¿Puedes para de hacer descuentos,

que no vas a hacer negocio en tu vida?

Tú no te acuerdas, pero fuiste mi primera clienta

cuando empecé con los productos ecológicos.

Te pongo los precios que quiero. No sabía que había sido la primera.

Pues sí, y si me acuerdo bien,

también le compraste algo a tu madre.

Ya...

No sé qué te han contado,

pero lo que hizo mi madre no fue su culpa.

Es decir, ella tiene una enfermedad mental

y necesita... estar controlada.

Lo siento mucho.

Qué va. Es que tampoco me gusta pensar en estas cosas.

Cuando está bien, es la mejor madre del mundo.

Te lo prometo, ¿eh? Y además cuando...

Te estoy metiendo una chapa... Que no, que no.

Y te agradezco mucho que me lo cuentes.

Pues hala,

que lo disfrute. Muy bien.

Es que ahora soy rica, ¿sabes?

Mira qué bien.

(LORENA) Tu café.

Gracias, no tenías que molestarte. De nada.

Enhorabuena.

¿Por qué?

Me he enterado de que entras en la empresa familiar.

¿Y a ti te parece bien?

Yo ni pincho ni corto.

No tengo nada que ver en los negocios de papá.

Ya, Lorena, pero alguna opinión tendrás.

Pues sí.

Que siempre te has implicado mucho en este negocio,

que has tratado el puesto como si fuera tuyo,

que has tomado decisiones muy buenas para la empresa...

y que después de lo que te ha hecho Elías,

qué menos. Yo estoy contenta, Adela.

Gracias. Pero aún tengo que aceptarlo.

¿Estás pensando rechazar?

Es que no creo que sea lo más justo, Lorena.

Adela, a ti nadie te ha regalado nada.

Es más, te lo deben.

Ya, ya lo sé. Y la verdad es que me he dejado la piel por ellos.

Pero lo hacía porque era mi obligación.

Soy parte de la familia y era parte de los negocios.

Y nunca me he sentido poco reconocida.

He arrimado el hombro porque debía arrimarlo.

Precisamente por eso.

Toca recoger el fruto de tanto esfuerzo.

¿Justo ahora que me voy de la familia?

Mira, hasta entiendo que Elías esté molesto.

Y la verdad, no sé si quiero seguir atada a él,

ahora que me voy a divorciar.

Sabes que si rechazas esto...

será el hombre más feliz del mundo. Lorena...

Se trata de un 5%.

Y además, dudo mucho que tu padre se las dé.

Ya, pero eso no es lo que le preocupa a Elías.

Lo que le da miedo es que en el reparto de bienes,

tengas tú más acciones que él.

Es que precisamente eso es lo que me da miedo a mí.

Si las acepto, será una declaración de guerra en toda regla.

Adela, esta guerra ya la ha empezado él.

No, no, no, Lorena.

No puedo mezclar esta decisión con sus líos de faldas.

No, no estoy hablando de eso.

Elías me llamó ayer.

Me ha pedido que reclame mi participación en la empresa,

supongo que a Rosa también.

Dice que el reparto de mi padre es muy injusto

y que si nosotras nos oponemos, tú no tendrás ningún derecho.

Será hijo de...

Muy propio de él.

Yo voy a mantenerme al margen,

pero creo que necesitas saber esto antes de tomar ninguna decisión.

Gracias.

(VALERIA) ¿Me puedo sentar? Sí, yo ya me voy.

Te dejo la mesa. No te vayas, por favor,

que quiero hablar contigo.

Valeria, yo no tengo muchas ganas de discutir, ¿eh?

No, yo tampoco.

Ni hoy ni el otro día.

Así que quiero decirte que siento el encontronazo que tuvimos.

Yo solo quiero lo mejor para tu padre.

Bueno, pues muchas gracias.

Tu padre sufre más de lo que tú te crees.

No es tan fuerte como quiere hacernos creer.

Ya hombre, ya, ya lo sé. Pues nadie lo diría.

Todos sufrimos, Valeria, todos, yo el primero.

Y ahora no paso por uno de mis mejores momentos.

Si el otro día estuve desagradable contigo, lo siento.

Ya me ha contado algo Jesús.

¿Qué te ha contado?

Pues que, por desgracia, no lo has podido arreglar con tu mujer.

No sabes la pena que me da.

La pena no sirve para nada. Ahora hay que mirar hacia adelante.

Más que mirar adelante, tú has mirado donde no debías.

¿Perdona?

¿No ha habido otra mujer?

Mi padre no se calla una, ¿eh? Bueno,

no sé quién es y tampoco me importa.

Pues mira qué novedad: una Pacheca que no quiere cotillear.

No he venido para hablar de eso.

Solo estaba preocupada por ti. Nada más.

Pues te lo agradezco.

Y ahora que de alguna forma, eres parte de la familia,

te pido que no le vayas con el cuento a tu hija.

Ni a tu hija ni a nadie, ¿eh?

Es un tema familiar y aquí debe quedarse.

Puedes estar tranquilo.

Gracias. Estaría más tranquilo si mi padre se callara.

Bueno, es que es normal.

Entre las parejas... pues se cuentan todas las cosas,

especialmente si la preocupación son los hijos.

Lo dudo mucho que mi padre esté preocupado por mí.

No digas eso.

Mi padre está preocupado por ti, que me parece bien,

y por el negocio familiar, ya está. No lo conoces nada. Qué lástima.

Lo conozco desde que nací. ¿Te parece poco?

Pues parece que no te ha servido de nada todos estos años.

Tu padre se preocupa por todos como el que más.

Por Rosa, Lorena, Germán, Noa...

Pero sobre todo por ti.

Seguro que no le vais a oír decir que os quiere,

pero daría un brazo sin dudarlo por todos vosotros.

Dudo mucho que mi padre diera un brazo.

Si no fuera así, no estaríamos juntos.

En eso nos parecemos mucho.

Basta que nos miremos a los ojos para saber lo que siente el otro.

¿Tú sabes lo que es eso? Lo supe.

Lo supe el día que conocí a Adela.

Me pareció un milagro encontrar a alguien así.

Es una cosa que no pasa muy a menudo.

A ti te ha vuelto a pasar.

Y fíjate todos los años que he tenido que esperar.

Qué pena que lo hayas perdido con Adela.

No creas que no la echo de menos, ¿eh?

Me acuerdo de ella cada día, cada día, ¿eh?

De la paciencia que tenía conmigo,

del apoyo cada vez que me metía en un negocio

en el que nadie quería, solo yo, y ella ahí estaba siempre,

y de esa elegancia, ese porte...

Cómo se colocó el delantal el día que empezó a trabajar aquí.

Podría haber sido lo que quisiera, lo que quisiera...

y eligió quedarse a trabajar conmigo aquí, vendiendo fruta.

Mira, yo no sé quién es esa mujer que te ha hecho perder todo esto.

Lo único que sé es que no te quitas a Adela de la boca.

Espero que el tiempo ponga todo en su lugar.

Valeria.

Gracias.

Hola. Soy Ingrid.

Nos cruzamos el otro día, pero no pudimos presentarnos.

Hola, ¿qué tal? Lorena, encantada.

¿Te importa que te pida un favor? Ahora no tienes mucha clientela.

No, no, hasta la hora de comer no.

Pues... ¿Me podrías dejar la cocina un rato?

Es que quiero probar una receta

y saber lo que opináis los del mercado.

Al fin y al cabo, tus clientes son...

a quien les tengo que vender mi producto.

Sí, ¿no? Claro, como si estuvieras en tu casa.

¿Ingrid?

¿Ahora vas a instalarte en la cocina de Lorena?

Solo quiero probar una receta.

Ya me ha dicho Javier que no hay problema en que me instale.

No, no, no, ninguno.

¿Y se puede saber qué vas a cocinar?

Cazón, como lo comimos en Cádiz, ¿te acuerdas?

Sí, me acuerdo.

No estaba mal.

Algún detalle habría que mejorar, pero...

¿Mejorar? Yo creo que la receta es... impecable.

No le falta ni le sobra nada.

Ya. Hasta que llega alguien

y te demuestra que estás equivocada.

Y ese alguien, qué casualidad, siempre es un hombre.

Oye, ¿con media hora tendréis suficiente?

Sí, déjame ver que esté todo lo que necesitamos.

(Timbre)

Paolo.

"Buongiorno", Rosa.

Espero no molestar.

No, claro que no. Pasa, por favor. Pasa, pasa.

Cannoli, para ti.

Muchísimas gracias.

Qué alegría que hayas venido. Pasa.

Es que... no estaba seguro...

de si querías verme.

No digas tonterías. ¿Por qué piensas eso?

Hola. -Hola, Nacho.

Cariño, no tenías por qué levantarte.

Podía haber abierto yo la puerta. -Bueno, pero estabas en el baño.

Estoy seguro de que a Paolo no le hubiera importado esperar.

¿Verdad, Paolo?

Si no es un buen momento, puedo volver más tarde.

(NACHO) Si te refieres a cuando esté sola, será difícil.

Voy a trabajar en casa todo el día.

(ROSA) Pero ¿tú no tenías una reunión importante?

Al final la hemos hecho por videoconferencia hace un rato.

¿Qué pasa? ¿Tenéis que hablar algo a solas?

¿Lo has llamado tú? -No, no. He venido yo.

Quería saber cómo estaba y quería hablar con ella.

Pero es evidente que es imposible contigo aquí.

Paolo, eh... Por favor.

¿Por qué me dijiste que Rosa no quería verme el otro día? ¿Eh?

Es evidente que era otra de tus mentiras.

Rosa necesita descansar.

Y también el apoyo y cariño de parte de sus amigos.

Bueno, basta. Parad los dos, ¿eh?

Si os vais a pelear como críos, yo prefiero que os larguéis de aquí.

Ya lo has oído.

No, esto va por los dos.

Pero ¿por qué siempre tenéis que estar igual?

¿No os dais cuenta de que todos estos reproches no sirven para nada?

(PAOLO) Rosa...

¡Nacho me mintió. Nos mintió.

Por favor, Paolo... -Rosa, Paolo dice la verdad.

¿Vale? -¿Cómo?

(LORENA) No te he preguntado, ¿quieres tomar algo?

No, no hace falta, muchas gracias. -Vale.

Oye, y... felicidades.

Te has llevado a Jorge en su mejor momento.

¿Qué quieres decir con eso?

Pues que ahora está mucho más centrado y relajado.

El Jorge de antes era una montaña rusa.

Pero parece que aquí, por fin, ha encontrado su sitio.

Vale. Ya está todo. ¿Qué, empezamos?

Venga. Te corto el cazón a trozos gruesos y tú ve confitando los ajos.

Ahora te pido el hueso para hacer el caldo.

Oído. El pimentón, el comino y el vinagre están en la bolsa pequeña.

Te lo iba a pedir ahora, listilla. Es que, Jorge, para bien o para mal,

ya nos conocemos. Ya.

Lorena si te aburres, puedes cocinar con nosotros.

No me aburro. ¿Por qué voy a estar aburrida?

Hace mucho que no cocinamos.

Aquí donde la ves, tiene un potencial culinario a explotar.

(INGRID) Venga, únete, como si estuvieras en tu cocina.

(LORENA) No, no, es que tengo... tengo que preparar las mesas para...

Vale. Perdona.

Cuando vino el otro día,

por fin te habías quedado dormida y no quise que te molestara.

Se presentó sin avisar y reconozco que me molestó un poco.

Pero... es que no lo entiendo.

O sea, ¿por qué le dijiste que yo no quería verlo?

No sé, fue lo primero que me pasó por la cabeza.

Hice mal, lo sé, lo siento. (ROSA) ¿En qué estás pensando, eh?

¿Qué tienes en esa cabeza, Nacho?

¿No ves que en cuanto me recuperase,

me daría cuenta de que todo es mentira?

(NACHO) Lo sé. Entonces no lo pensé.

Vale, es que...

no lo puedo evitar.

Es veros juntos y me pongo a pensar que...

Por favor, ¿cuántas veces tengo que decirte

que Paolo y yo solo... -Ya lo sé, solo sois amigos.

Sí, solo amigos. (NACHO) Ya lo sé,

y no quiero desconfiar de ti, Rosa.

Mira el problema no eres tú, ¿vale? Soy yo.

Te quiero tanto que no puedo evitar comportarme de esa manera.

Mira, es verdad que pegué a Paolo.

¿Qué? -Sí, y no fue en defensa propia.

(NACHO) Lo siento, soy un idiota.

Pero de verdad que entiendo

que tengo que buscar la manera de llevar esto, ¿vale? Me equivoqué.

Pero yo me esfuerzo.

te juro que me esfuerzo, Rosa.

No te mereces a alguien como yo a tu lado.

Lo siento, perdóname, Rosa.

Y tú también perdóname, Paolo. ¿Vale? Fui muy injusto contigo.

Entenderé que no quieras perdonarme,

pero por lo menos, quiero que sepas que... estoy muy arrepentido.

(ROSA) Claro que te perdonamos, Nacho.

Bueno, Rosa... Lo has oído, para mí no va a ser tan fácil.

Nacho me agredió el otro día en... (ROSA) Sí.

Pero también tienes que ser comprensivo, Paolo.

Verás, Nacho se está desviviendo por mí estos días.

Se está esforzado por cuidarme.

Ha estado a punto de perder su trabajo.

Se ha equivocado, es verdad, pero lo ha reconocido, ¿no?

Te ha pedido perdón.

¿Acaso tú nunca te has equivocado conmigo?

Sí, bueno, pero...

Todos podemos equivocarnos, pero... (ROSA) Ninguno somos perfectos.

Yo es que no me di cuenta que mi relación de amistad contigo

podía hacer daño a Nacho.

A lo mejor debería haber sido un poco más cuidadosa.

Por eso os pido perdón a los dos.

Verás, Nacho, tú eres mi marido y te quiero, muchísimo,

pero es que Paolo es mi amigo.

Entiéndelo.

Y a él también lo necesito.

Entonces os pido un esfuerzo por parte de los dos, por favor.

Nada me haría más feliz que os llevarais mínimamente bien.

Por favor.

Por favor. (PAOLO) Vale.

Nacho,

por el bien de Rosa y de todos nosotros...

yo doy por resuelto nuestro conflicto.

Yo también.

(NACHO) A partir de ahora, intentaré no ser... tan capullo.

Jorge. ¿Qué tal?

Hola. ¿Tienes un momento?

Ahora no.

Tengo un cazón en el fuego y he venido solo a por comino.

¿Qué es eso?

Eh... 100 euros.

Hasta ahí llego.

Sí, los 100 euros que me has dado antes. No los quiero.

Ah. ¿Vas a quedar con Paolo

a cambio de nada? No.

Lo siento, he quedado con Noa.

Ya, y yo con Lorena.

No puedes hacerme esto, por favor te lo pido.

Un trato es un trato. Lo siento. Lo siento, Jorge.

¿No puedes quedar con Noa otro día?

No, es que se va a quedar a dormir en mi casa

y no quiero que pase sola la noche.

Ah, mira, mejor me lo pones. Está sola, pues genial.

La llevas y quedáis los tres, Paolo, ella y tú.

No. ¿Y por qué no quedas tú con Lorena y con Paolo

y os vais al cine y hacéis un tándem los tres?

Es que me fastidias todo el plan, por favor.

Lo siento, Jorge. Está decidido. No, no. Espera, Jonathan.

Si es por dinero, subo 50 euros más.

Mira, 150 euros... No, Jorge, no se trata de dinero.

Que no quiero nada.

Lo siento Jorge, pero te va a tocar apechugar.

Suerte.

Ya...

Ah, y Lina te manda recuerdos. -¿Lina? Lina... ¿Qué Lina?

Sí, la clienta pesada esta...

que siempre quiere que le prepares tú el capuccino.

Como si alguien pudiera hacerlo mejor que un italiano.

(ROSA) Lina es una clienta muy pesada, pesadísima.

(PAOLO) Y ahora dice que no volverá a pedirlo hasta que no vuelvas tú.

Ay, ojalá sea pronto.

(PAOLO) Yo también lo espero.

Bueno, pues casi es ya la hora de comer

y yo tengo la pizzería cerrada.

Muchísimas gracias por venir, Paolo.

No te voy a dar dos besos, que no quiero pegarte nada.

(PAOLO) Cuídate mucho. (ROSA) Sí.

Me voy a echar un ratito antes de comer.

Claro. Tranquila, cariño.

Chao. -Chao, Rosa.

Te aviso cuando esté preparado todo.

Bueno, pues...

hasta la próxima, ¿no? -Cuando quieras.

Ahora que hemos dejado todo claro, serás bienvenido.

Muchas gracias. (NACHO) Es más...

¿por qué no te vienes a cenar esta noche?

Ah. Me encantaría...

pero no puedo.

Ah, claro. A veces se me olvida que tienes un restaurante.

No, no, que no es por eso, que también, ¿eh?,

pero no, es que esta noche voy a salir con Jorge.

Ah, es verdad.

Pero creo que al final el que te va a acompañar es Jonathan, ¿no?

¿Cómo...? ¿Cómo que Jonathan?

(NACHO) Sí. No se lo tengas en cuenta a tu grupo de "amici",

pero se ve que echaron a suertes a quién le tocaba acompañarte.

Le tocó a Jorge, pero se ve que al final pudo convencer a Jonathan

para que lo sustituyera a cambio de una buena propina.

Te lo cuento para que sepas lo que te vas a encontrar.

¿Te acompaño a la puerta? -Sí.

Mira, escúchame, la ruta tiene dos paradas,

una en Requena y otra en Alicante.

Sí, allí descargas dos veces, después te vas del tirón a Almería.

A Almería, sí.

Cargas otra vez y te vienes para acá cagando leches, ¿estamos?

Si pasa algo, me llamas.

Hola.

Hombre.

Está aquí la señora discreción.

¿Podemos hablar en tu despacho, por favor?

¿Para qué? A ti te da igual, ¿no?

Me ha quedado claro que te importa un pimiento

que la gente sepa lo nuestro.

Lo siento, no quería decírselo. Pues te has quedado a gusto.

No sabes lo mal que me está tratando.

Me hace la vida imposible.

En el puesto, con los clientes, con mi propio hijo.

¿Y qué quieres que te diga? No soy de piedra.

Al final he estallado. Lo sé.

Y lo entiendo.

No te imaginas la mala leche que puede llegar a tener a veces.

No, no. Solo he estado casado con ella 30 años.

Y he venido yo a destrozarlo todo.

Solo he sido un estorbo en esta relación.

No, no es verdad. Has sido mucho más que eso.

No es verdad. Y no pasa nada.

Supongo que...

no debimos dejar que esto llegara tan lejos, ¿verdad?

Pues perdona.

Perdona por haber insistido tanto durante todo este tiempo.

Pero es que soy muy pesado.

Dios mío, lo siento de verdad, ¿eh? No.

No, sí, sí.

Pero es que fuiste algo muy importante para mí.

Y eso, por lo menos eso,

quería que lo supieras, que te quede claro.

Yo ahora lo único que sé...

es que me voy a quedar más solo que la una.

¿Y qué va a hacer Elías De la Cruz sin una mujer a su lado?

No sé, supongo que ya me las apañaré, ¿no?

Digo yo. Eso no lo dudo.

No te faltarán pretendientes. No, no, no, no.

No.

No voy a seguir buscando

lo que tenía con Adela en otras mujeres, no.

Lo intenté contigo y no funcionó, así que no funcionará con nadie.

¿Sigues enamorado de ella?

(SUSPIRA) El que es idiota, es idiota toda su vida, ¿no?

Me he dado cuenta de que Adela es la mujer de mi vida.

Y a pesar de todo el daño que nos hemos hecho...

si ella me dice que vuelva,

lo haría, de verdad, con los ojos cerrados, volvía.

Pero eso no va a pasar. No me va a perdonar en la vida.

¿Qué vas a hacer?

Dejarla en paz.

Creo que eso te va a resultar muy difícil.

Desde luego no eres un hombre que se rinde fácilmente.

Esta vez sí, Celia.

Esta vez sí.

Pues te deseo mucha suerte, Elías, porque la vas a necesitar.

(JESÚS) ¿Querías verme? Sí, no te entretengo.

Solo quiero que me contestes una pregunta.

Dime.

¿Por qué quieres darme las acciones realmente?

Ya te lo dije. Porque me parece justo

después de tantos años dedicándote a la empresa.

A ver, Jesús, déjate de monsergas. Necesito que seas sincero conmigo.

Es la verdad. ¿Qué quieres que te diga?

¿No lo haces para dañar a Elías?

Claro que no. Es que estoy harta de mentiras.

Y no quiero sentirme utilizada en vuestras guerras personales.

Te aseguro que no es mi intención. Júramelo.

Te lo juro por mis tres hijos.

No dudes nunca lo mucho que te aprecio.

Jamás haría nada que te hiciese daño, créeme.

De acuerdo.

Acepto tu oferta.

No sabes lo feliz que me haces.

Gracias.

Solo te cebas conmigo.

Haga lo que haga, papá.

Nunca estoy a la altura de lo que me pides.

Nunca voy a ser Jesús de la Cruz.

Nunca estoy a la altura de tus expectativas.

¿Y sabes lo que pasa? Que me empiezo a hartar.

¡Y va a llegar un momento que todo me dé igual!

Simplemente lo he pensado mejor y me quedo con el plan B.

No me apetece trabajar con malos rollos a mi alrededor.

¿Malos rollos? ¿Problemas con Jorge?

Pensé que habíais hablado y que iba todo bien.

Y está todo bien.

Simplemente decido qué opción es la mejor para mi negocio.

Me han llamado para reservar una mesa esta noche

y no puedo decirle que no.

Claro. No puedes hacerle el feo. (PAOLO) Ya.

Ahora que yo he pensado también que podríamos juntar los dos planes.

Tú vienes aquí a cenar con nosotros

y luego nos vamos tú y yo de copas. No, no, no, no.

No, no, no. No.

No quiero echarte, ni mucho menos.

Últimamente en casa el ambiente...

Como no se sabe si es una oficina, un hospital,

está un poco saturado.

Bastante saturado.

Nos vendrá bien a todos unos días de descanso.

Vendré a ver a mamá siempre que pueda.

Cuento con ello. Y tu madre también, claro.

A ver si entre los dos conseguimos que mejore pronto.

Claro.

Adela, yo he venido en son de paz, ¿de acuerdo?

¿También has ido a ver a la familia en son de paz

o a malmeter contra mí?

¿Qué querías que hiciera?

No me voy a quedar parado mientras la herencia termina en manos de...

¿En manos de quién? Elías, dilo, sigue, venga.

Dilo, hombre, anímate, Venga.

A los clientes no les convence el color de fondo

y voy a probar con otra gama de colores.

Pues si quieres me pongo con eso. -No.

Demasiada responsabilidad para un becario.

Por muy buen currículum que tengas, debemos ir poco a poco, ¿no?

Claro. Como tú quieras. Tú eres el jefe.

No te hagas la santa conmigo porque las dos sabemos

que no eres un ejemplo de moralidad para nadie.

¿Y tú qué sabes? No me conoces.

Y tú a mí tampoco.

Pero aquí estás, criticando sin tener ni puñetera idea de nada.

Tienes razón, no te conozco demasiado.

Solo me imagino lo sola, lo perdida, lo amargada que tienes que estar

para ser capaz de hacer algo así, porque no me lo explico.

(PAOLO) Yo sé que has hecho todo lo que podías para animarme, pero...

es que yo no estoy pasando por mi mejor momento.

Pero te lo agradezco mucho, de verdad.

Pues el otro día no lo parecía.

David, aunque rechazara tu plan,

yo me di cuenta que tú... te portaste como un verdadero amigo.

Solo Marisol y tú sabíais lo de las facturas falsas

que presenté para la subvención.

¿Y qué te reclaman, si puede saberse?

De momento nada.

Pero me van a abrir una investigación.

Me han preguntado en concreto por las facturas.

¡Uf! Menudo lío se te viene encima...

Menudo lío, sí. Tú lo has dicho.

Y has tenido que ser tú la que ha destapado esto.

Porque no creo que Marisol sea tan tonta

de tirarse piedras sobre su propio tejado.

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Mercado central - Capítulo 89

30 ene 2020

Adela está muy dolida con Elías por la revelación de Celia. Lorena se pone de su parte.
Celia y Elías llegan a la conclusión de que iniciar algo más serio sería una equivocación.
Elías intenta que Jesús rectifique y no ceda las acciones a Adela. Pero no lo consigue y ella termina aceptándolas.
Lorena acusa la complicidad entre Jorge e Ingrid.
Noa va a mudarse a casa de Jonathan mientras Rosa esté enferma.
Rosa consigue que Nacho y Paolo hagan las paces.
Paolo descubre que sus amigos se obligan a hacerle compañía.
Carla decide ir a visitar a su madre.

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