Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 87 - ver ahora
Transcripción completa

Necesita que le abran los ojos, ¿no te das cuenta?

-Esa no es mi labor, Noa.

Tu madre puede equivocarse, ¿o no?

Pero...

Pero... pero yo tengo que confiar en ella.

Y, además, no quiero meterme más en su matrimonio.

Por eso, por favor,

prométeme que no le dirás nada de lo que yo te he dicho.

-Tranquilo.

No te gusta tu trabajo, ¿no? Otra vez, ¿no?

Ahí tienes la puerta, vete.

Pues, mira, quizás es lo que tengo que hacer de una vez.

Largarme de tu lado, igual que mamá.

No metas a tu madre, no tiene nada que ver,

ni con esto ni con la empresa.

No, tienes razón, discúlpame.

Estábamos hablando de tu padre y de la puñalada que piensas darle.

Vete a hablar con Javier y pregúntale cómo hacemos esto.

Si te da el okey, empiezas hoy.

No te arrepentirás, te lo juro.

No lo tengo tan claro.

Anda, tira.

¡Ah!

-Ha cambiado, es otro hombre, ya lo verás.

-Me alegro.

Entonces no sé qué problema tiene conmigo,

¿por qué no puedo abrir mi restaurante?

-Puedo decirte que cuentas con todo mi apoyo.

Sería genial tenerte en el Central.

-Pues... supongo que tú podrás convencer a Jorge.

-No creo que sea yo el que tenga que convencerlo.

Mira, ha dejado de vomitar con la inyección.

Mañana seguramente ya esté mejor.

Si pasa algo, yo te llamo. -No insistas, Noa.

-Pero es que está todo controlado. -¡Noa!

Acabamos de hacer un pacto, así que vamos a respetarlo.

He dicho que mañana me quedo yo, y punto.

No entiendo nada.

¿Cómo vamos a trabajar juntas si no me soportas?

Muy sencillo: siendo profesionales y separando las cosas.

Ningún cliente ni el Mercado

tiene que saber de nuestras diferencias.

Vale, pues, si a ti te parece bien, yo... estoy dispuesta.

¿Tú no habías quedado para jugar al pádel?

Sí. Sí, sí, pero...

Resulta que no había reservado la pista y...

Y ya estaban todas ocupadas.

Por eso hemos tenido que cambiar de plan.

Vaya.

¿Y ahora qué vais a hacer?

Pues... nos vamos al cine.

De hecho,

tendría que salir corriendo.

¿La persona que puede hacer cambiar de opinión a tu abuelo quién es?

Valeria.

Tenemos que hablar con ella.

Convencerla para que hable con el abuelo

y se eche a un lado. Ya.

Pero, papá, Valeria no es tonta.

Ese es el reto.

¿Puedo contar contigo?

Sí.

Sí.

(Llaman a la puerta)

Adela.

Pasa, por favor. No, no es necesario.

Va a ser algo muy rápido.

Quiero el divorcio.

¿Nos sentamos y lo hablamos? ¿Un café?

No, déjalo, no tenemos nada de que hablar.

Simplemente, quería decirte lo que va a pasar.

Muy bien, pero antes... Elías, por favor.

¿Sabes por qué paré el divorcio la otra vez?

Porque no quería hacerte daño y vi que estabas hecho polvo.

Te abandonaste a la bebida y me dio mucha pena.

Pero, visto lo visto, creo que es una buena idea, ¿no?

Supongo. Me he informado.

Si es de mutuo acuerdo, el trámite es rápido.

Así que espero que no me vengas con monsergas

porque estoy hasta la coronilla de tus excusas y de tus mentiras.

Agradece que he tenido la deferencia de venir a decírtelo en persona,

pero no me pidas más.

Muy bien.

Por mi parte, yo no voy a poner ningún problema,

pero me gustaría decirte... No, no me interesa.

No tengo nada de que hablar.

Adela, por favor... A ver.

Lo que tengas que decirme a partir de ahora

se lo cuentas a mi abogado.

Adiós.

Adela, por Dios.

Me has aguantado casi treinta años,

¿no puedes aguantarme cinco minutos más?

Mira, yo entiendo perfectamente que no quieras saber nada de mí.

Pero, aunque nos divorciemos, hay algo que no va a cambiar,

y es que tenemos un hijo en común.

Lo único que te estoy pidiendo

es que, cuando pase el tiempo y se cierren heridas,

nos podamos sentar los tres a hablar tranquilamente,

nosotros, con nuestro hijo,

a recordar los buenos tiempos, el Mercado, la familia...

Familia que tú solito te has encargado de romper.

Que tengas un buen día, Elías.

Si es que puedes.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(Mensaje de móvil)

¿Eh? ¿Qué pasa? -¿Qué haces durmiendo ahí?

-La madre que me parió, si es tardísimo.

No he oído el despertador.

-Ya, es lo que suele pasar cuando duermes en el sofá.

-Tu madre no dejaba de toser y no conseguía dormirme. Mierda.

Voy a llegar tarde a la reunión de trabajo.

-Buenos días. -¿Cómo te encuentras, mami?

-Hola, cariño.

¿A ver?

Parece que no tienes fiebre. -Estoy mejor.

-Bien. Yo me voy a ir, ¿vale?

-Por favor, vete tranquilo a trabajar.

-Tú métete en la cama, cuando acabe la reunión, vengo.

-Pero que no hace falta, Nacho.

Has empezado en esa agencia ahora

y van a pensar que... que te estás escaqueando.

-Ahora lo importante eres tú, ¿eh?

-Puedo pedirle a Lorena la mañana. -Que no.

Lo tengo todo controlado, ¿vale?

No insistáis más, voy a llegar tarde.

(ROSA SUSPIRA)

Sí, sí, sí, quieren presentar la demanda ya, sí.

No sé si tiene los papeles preparados.

Si lo quiere hacer, se dará prisa.

Yo también espero que no nos pongan muchos problemas.

Muy bien, cuando te llame su abogado,

me llamas y me cuentas.

Siento llamarte tan temprano, me acabo de enterar.

Muy bien, adiós.

¿Cómo es que, viviendo en pareja, vienes a saquear mi nevera?

¿Cómo es posible que Adela te pida el divorcio y no me lo digas?

Te pegas el día entrando y saliendo, te ibas a enterar igual.

Genial.

La has vuelto a fastidiar.

Con la oportunidad de oro que te había dado Adela.

Si todo lo sabes y todo te lo dices, no sé para qué me preguntas.

Estos días atrás estaba predispuesta a la reconciliación.

¿Qué le has hecho para enfadarla?

La vida de un matrimonio es muy complicada.

Sobre todo para ti, que no escarmientas.

Aparte de palos y reproches, ¿un poco de apoyo podrías darme?

Muy gorda la has tenido que liar.

Estoy confuso, papá, eso es todo.

¿Confuso?

"Confuso", para ti, es lío de faldas.

Mira, voy a ser muy sincero contigo.

Yo estaba intentando recuperar a Adela.

De verdad, ¿eh?, en serio.

Pero se me ha cruzado una persona muy especial.

Yo no quería, no lo pretendía, se me ha cruzado.

Me ha removido los cimientos y...

Me he enamorado.

¿Enamorado?

Eso me suena a encoñamiento.

No todo se reduce a sexo.

Ah, ¿no? ¿Y tú me lo dices?

Sí, te lo digo yo, que no simplifico las cosas tanto.

Mira, no quiero discutir porque es tu vida.

Pero, si quieres un consejo, no te engañes.

Sé sincero contigo mismo, ya que no puedes serlo con los demás.

Y llama a las cosas por su nombre.

Pues eso intento, padre, eso intento.

Como tu padre pierda el trabajo por mi culpa, ya verás.

-Mamá, que tú no tienes la culpa de nada.

Ya es mayorcito, sabe lo que hace.

-Ya, pero es que está faltando mucho, cariño.

Y yo tampoco estoy tan mal. -Tranquila.

Que no va a pasar nada.

Y tampoco te preocupes por Paolo.

-¿Por Paolo? ¿Por qué? ¿Qué pasa?

-Bueno, me refiero a la pizzería.

¿Qué te parece si le propongo a Paolo sustituirte

en las horas que haya más gente?

-Pero ¿tú cómo puedes ser tan bonita? ¿Eh?

-Oye, mamá, una cosa.

-Dime.

-Es que ayer, cuando estabas en la cama...

-¿Sí? ¿Qué?

-Nada, que... que se me ocurrió

que igual querías que te trajera el desayuno.

-Gracias, amor, pero es que no tengo hambre, de verdad.

-¿Seguro? -Ajá.

-¿No quieres que baje a por una de tus ensaimadas favoritas?

-El desayuno está preparado.

Anoche metí manzanas al horno,

que es lo que el médico le ha mandado.

La bollería industrial destroza la flora intestinal, ¿eh?

-Claro, no lo había pensado.

-Menos mal que estoy por aquí, ¿eh?

¿Ves como no me puedo alejar?

Huy.

Tienes fiebre, ¿no? -Sí.

Tengo la cabeza como volada.

-Anda, paciencia y a la cama, venga.

-Ahora te llevo la manzana, mamá.

-Gracias, amor, eres un sol.

Siento mucho que tengáis que estar todos tan pendientes de mí.

(SUSPIRA)

-¿Seguro que no quieres que me quede con ella?

Y trabajas tranquilo.

-Ya te he dicho que no, ¿vale?

Cuando acabe la reunión, vendré y me quedaré.

¿Vamos a seguir discutiendo?

(Portazo)

(RESOPLA)

-Chao, Paolo. -"Ciao", David.

-Qué poco práctico, ¿no?

Andrea me contó que "ciao" sirve para saludar y para despedirse.

Así que ¿cuándo sabéis cuándo alguien viene o se va?

-Lo deducimos, igual que "salve",

que lo puedes utilizar al principio o al final.

Y, para despedirte, "arrivederci".

Los dos son más formales que "ciao", pero si te gustan más...

-"Salve", ¿como los romanos? -Exacto, sí.

-Oye, la conferencia es a las 20:30.

¿Paso a buscarte o pasas tú por mi casa?

-Ya... He... he recibido el "e-mail" con toda la información.

-Sí, es sobre introducción a la física cuántica.

La elegí porque pensé que no tendrías un gran conocimiento sobre física.

-Ya.

Suena muy interesante, David, pero...

Lo que pasa es que no puedo cerrar la pizzería tan pronto.

Y, además, cuando acabe de trabajar,

estaré muy cansado,

no sé si tendré la cabeza

para una conferencia sobre física cuántica.

-Bueno, podemos hacer otro plan.

¿Un paseo por el zoo?

-Eh... Bueno.

-Han descubierto en el genoma de los ratones

que compartimos un 99 % de los genes con ellos.

Si lo piensas, significa que... -Mira.

Todo lo que dices, y tus propuestas también,

son muy interesantes.

Pero... es que yo en este periodo no tengo la cabeza para esto.

Cuando acabe de trabajar, prefiero desconectar, descansar.

Y, la verdad, necesito estar un poco solo.

¿Me entiendes?

-Pero le prometí a Andrea que te ayudaría.

Y ya estoy comprometido, lo tengo que hacer.

-David, no es necesario, de verdad.

Cuando acabe esto,

me voy a casa a ver una peli o algo así.

-No me parece una buena idea.

-(SUSPIRA) ¿Y por qué no?

-Porque tú lo que necesitas es compañía

y pensar en otras cosas.

Como en física cuántica.

Y no tanto en Cristina y en Andrea.

Otro hueco para hacerte compañía es después de clase.

Suelo descansar setenta minutos antes de estudiar.

-¿Setenta? -Sí.

Una hora es muy poco y una hora y media es mucho.

Normalmente me gusta escuchar música.

Aunque podemos dar un paseo tonificante,

Andrea dice que no haces ejercicio.

Y eso es muy malo.

Y, además, es un gran antidepresivo.

-David, de verdad, que... que no hace falta.

Pero gracias.

Vete tú a la conferencia y luego me explicas.

¿Eh? ¿De acuerdo?

-Bueno, vale, pero, si cambias de opinión, dímelo.

-Por supuesto.

-"Arrivederci", Paolo.

-"Arrivederci", David.

No, no, no te preocupes, ya lo consigo yo por el otro lado.

El kiwi amarillo, ¿a cómo está?

Oye, te dejo.

Te llamo después. Adiós.

Celia.

¿Cómo estás?

No es muy inteligente hablar aquí.

Ni aquí ni en ningún lado.

Es que te llamo, te dejo mensajes, no me contestas...

Porque no tenemos nada que decirnos.

Pareces Adela.

(SUSPIRA) Oye, mira, de verdad, estoy sola.

He perdido la única amiga que tenía en este mercado.

Si te sientes tan sola, llámame, que yo solo me preocupo por ti.

Pero ¿tú no te das cuenta

de que tienes parte de la culpa de que yo esté sola?

Ah, ¿que yo tengo parte de la culpa? Ah.

Yo creí que había quedado claro qué nos había pasado a los dos.

Pues sí, pero todo esto ha sido una locura.

Y no sé cómo me he dejado llevar.

Deja de castigarte, Celia. (SUSPIRA) No, si no me castigo.

De eso ya se encarga tu mujer.

Si hay clientes, es encantadora, si estamos solas, cómo me trata...

No sabía yo que Adela pudiera ser tan vengativa, no es su estilo.

Pues peor me lo pones.

Le hemos hecho tanto daño que ya no es buena persona.

Ya se le pasará, tranquila. O no.

Ha cambiado, ya no es la que era.

No creo que dure mucho tiempo en este mercado.

Es insoportable, de verdad.

Solo pensar que tengo que estar todo el día con ella,

trabajando codo con codo, es un infierno.

¿Le has propuesto disolver la sociedad?

No quiere.

Aunque tampoco tengo posibilidades de comprarle su parte.

Eso no es ningún problema, yo te puedo prestar el dinero.

Ah, no.

Te lo agradezco mucho, pero no te quiero deber nada.

Además, tendría que verla en la floristería, así que...

Pues, si ves que es todo tan inviable,

quizá es el momento de poner tierra de por medio.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Me da pena, con lo que he trabajado para levantar el negocio.

Lo puedes montar en otro sitio.

Podemos montarlo en otro lugar.

¿Qué estás diciendo, Elías?

Aquí está tu familia, está tu negocio.

Y este mercado es toda tu vida.

¿Y quién te dice que yo no quiera cambiar?

No lo estás diciendo en serio.

¿No te parece que ya hemos tenido demasiadas mentiras últimamente?

A mí me parece que nunca se sabe lo que te puede deparar la vida.

Y a lo mejor ha llegado el momento de dar ese paso.

¿Se puede saber qué me estás proponiendo?

Que empecemos de cero juntos.

Tú y yo.

¿Por qué no?

¿Por qué no, Celia?

Tú eres viuda, yo voy a divorciarme, ¿por qué no?

De verdad, eres infinito.

A ti lo que te pasa es que Adela te ha dejado.

Y, por primera vez en tu vida, vas a estar solo.

A mí lo que me pasa es que soy perfectamente consciente

de lo bien que lo hemos pasado. (SUSPIRA)

Y de que nos compenetramos, ¿o no?

No. Es una locura.

O una oportunidad, según se mire.

Que no, Elías, que no.

Olvídate de mí, por favor.

Ahora mismo te sientes culpable,

pero yo no voy a permitir que sigas fustigándote, no.

Yo no voy a parar hasta que consiga recuperar

a esa Celia divertida, luchadora.

Esa Celia que yo solo conozco.

¿Tú no te das cuenta de que ya hemos causado demasiado daño?

Te pido, por favor, que te lo pienses.

Mira, no tengo nada que pensar.

Lo está pasando mal. (NICOLÁS) Claro, lógico.

Con la separación de su mujer, la traición de su amigo

y la marcha de su hijo, se sentirá muy solo.

Y tened en cuenta que está en España,

solo, sin sus colegas de toda la vida,

sin su familia. Claro.

Y siendo italiano, que son como nosotros, los españoles,

son muy de hacer piña.

Pues, claro, pues... los tiene que echar de menos.

-Sí, sí, en las películas de la mafia

se ve cómo se apoyan. -Este...

-Cuando no se meten un par de tiros los unos a los otros

en una "vendetta", claro.

-Menudo cliché, ¿piensas que todos en Nápoles son mafiosos?

-Ya estamos, ya está el listo. Pues claro.

Si... si yo me refiero a eso,

a... a los clichés

de las películas de la mafia. Ya.

Me dijo que cerraba la pizzería y se iba a cenar con unos colegas.

Y se fue a casa, solo.

-Entonces es que no hay duda, está deprimido, vamos.

Antes de que caiga más en el pozo, deberíamos hacer algo por él.

¿Qué os parece?

Yo estaría encantado de apoyarle, Jorge.

Lo que pasa es que, entre Samuel y Carmen,

pues tengo el tiempo muy cogido. -Ya.

Nunca he tenido mucho trato con él.

Vaya, que me saca veinte años, que lo veo un poco forzado.

-A ver.

Y yo, igual que Germán, ¿eh?

O sea, Paolo es majo, yo no digo que no, pero no... no sé.

Chicos.

Es nuestro compañero.

Todos trabajamos aquí, en el Mercado, ¿no?

Si no nos apoyamos unos a otros...

Eso, sí. (NICOLÁS) Sí, Jorge.

Él es muy simpático con todos, es verdad,

y es cierto que, si tú le pides un favor,

él te lo hace sin pensárselo.

Es un tío adorable.

Nunca falla en una reunión.

Si hay un problema, es el primero que acude.

Creo que debemos hacer algo.

Es inhumano ver que lo pasa mal y quedarnos de brazos cruzados.

Podríamos quedar con él para distraerle un poco.

-A ver, exactamente, ¿qué propones?

(RESOPLA)

Unas cañas, comer...

Vale, venga. Sí, sí.

-Cuenta conmigo también. Vale.

¿Y el mafioso?

-Eh... Sí, pero...

¿Pero...?

Pues... pues que es un poco raro, ¿no?

De repente, que queramos quedar con él.

Yo no se lo puedo pedir otra vez.

Siempre me dice lo mismo, que está bien, que no le pasa nada.

-Le debe dar un palo que flipas. -No querrá dar pena, digo yo.

Está claro que hay que hacerlo de otra manera.

(NICOLÁS) Y nos hemos dicho: "¿Por qué no?".

No va a ser todo currar, de vez en cuando habrá que relajarse.

-Ya.

¿Y seríamos todos hombres? -Claro.

Bueno, igual que las mujeres,

que quedan para irse por ahí y contarse sus cosas.

-Ya.

Bueno, yo, en el caso,

podría preparar unas cuantas pizzas, ¿no?

-¡No, hombre, no!

La idea es que no trabaje ninguno. -Ah.

-Claro. Y podamos hablar de nuestras cosas.

Sería quedar ahí, en el bar del Mercado,

en plan informal, ¿te animas?

-Es que no lo sé.

¿Cuándo sería? -Hoy mismo.

¿Sabes lo que pasa?

Que es una forma de hacer piña.

Ya ves tú, con todos los problemones que tenemos los del Mercado, ¿no?

Sería una manera de... de confraternizar entre todos.

La unión hace la fuerza, ¿no?

-Sí, eso es verdad.

-Venga, que no se diga que te quedas fuera.

-¿Quiénes seríamos?

-Pues, mira, irían Germán, Jorge, Jonathan y todo el que se apunte.

-¿Y Nacho...?

-No, Nacho no creo que pueda venir, su mujer está enferma.

Bueno, tú lo sabes,

la tienes colocada aquí. -Sí.

Y la verdad es que espero que Rosa se recupere muy pronto.

-Sí.

Bueno, ¿qué?

¿Te apuntas con los colegas?

-Va, sí.

La unión hace la fuerza. -Exactamente.

Bueno, pues nos vemos a las dos.

-Perfecto. -¿Vale?

Venga, hasta luego. -Hasta ahora.

Va.

(RÍE)

Carla, tiene que estar ahí.

Azul, con las letras en rojo.

Caviar de erizo.

Oricio, eso es, es lo mismo, pero en gallego.

Sube todas las latas que haya.

Ahora te veo.

(SE QUEJA)

Ah.

(RESOPLA)

Muy buenas.

¿Ingrid?

Cuánto tiempo, ¿qué haces por aquí?

No disimules,

sé que eres el que se niega a que me instale en el Mercado.

(SUSPIRA)

Veo que sigues siendo tan directa como siempre.

Pero creo que estás mal informada

sobre lo que ha pasado con el puesto.

Ah, ¿sí?

Jorge, nos conocemos desde hace años y sé perfectamente de qué pie cojeas.

¿Por qué me has vetado?

No lo hemos hecho, Ingrid.

Has descartado mi proyecto. No, no es así, lo estamos valorando.

No es buena idea trabajar juntos por lo que pasó entre nosotros.

¿Y qué pasó entre nosotros, según tu versión?

Porque, por lo que yo recuerdo, fuiste un capullo.

Ya.

No estaba en mi mejor momento y tú lo sabes, Ingrid, ¿mmm?

Seguro que lo hice muy mal.

Pero intenté tratarte con el máximo respeto.

Pues, si lo intentaste, te salió fatal.

Pero... No pasa nada, Jorge.

Eso ya... ya pasó y... y ya lo he superado.

Lo que no entiendo es qué te pasa a ti ahora.

¿Tienes miedo de que no me resista a tus encantos

y me abalance a tu cuello? Oh.

Qué bueno.

Me reiría si no me doliera la espalda.

Pues ríete.

Pero puedes estar tranquilo, no quiero nada.

Y sé que estás con alguien.

Yo solo he venido a trabajar.

Ya veo que Javier te ha puesto al corriente.

Pero es que eso no es así, Ingrid.

Pues, entonces, tú me dirás.

¿Tienes la oportunidad de tener a una chef de primera en el Mercado

y la dejarás pasar?

Tampoco has perdido tu autoestima.

Como la tuya, querido.

¿O eso también ha cambiado?

¿Es eso? ¿No quieres tener a nadie que te haga sombra?

Mira, yo ya no cocino, así que no veo cuál es el problema.

Ay, de verdad, pues no entiendo nada.

Tú dirás.

Puedes poner tu negocio donde te dé la gana.

Funcionará, es muy buena idea. Ya lo sé.

Pero, sinceramente,

lo que me ha cabreado es que me cierres la puerta.

Eso no es así.

Ya. Pues, entonces, Javier miente muy bien.

Y tú, muy mal.

Pero tomad una decisión rápido, porque yo necesito una respuesta.

Ya.

Madre mía, qué cabreo llevaba, ¿quién era esa?

Una antigua compañera

que trabajó conmigo en mi restaurante.

¡Oh! ¿Qué quería?

Nada, nada, una tontería.

Dime lo que me tengas que decir,

que he quedado con Valeria para ver a Rosa.

¿Nos tomamos algo? Al grano, que tengo prisa.

Oye, ¿tú no vas a ir a ver a tu hermana?

No. Tiene un virus, ¿eh?, no está a las puertas de la muerte.

(Mensajes de móvil)

Anda, Paolo. ¿Tú también lo has recibido?

Nos ha metido en el mismo grupo.

No esperaba yo que el italiano este fuera tanto de caritas y emoticonos.

Es italiano, qué quieres, se creen todos unos artistas.

Sí, del Renacimiento.

Ah.

Qué mal veo sin gafas, ¿qué pone?

Ya, ya lo leo yo.

"Nos vemos a las dos en el Central para hablar y cambiar opiniones".

"Ganas de veros, amici".

"La unión hace la fuerza".

Vaya tela...

Me fastidia que me metan en un grupo sin preguntarme.

Me salgo, pero ya. Desde luego.

Espera, que tú eres presidente de la asociación

y tendrías que aguantar un poco, por eso de no quedar mal.

No pretenderás que vaya a esta comida, ¿no?

Hombre, pues claro.

Hay que confraternizar.

No, yo tengo cosas más importantes en las que pensar.

Toma, anda.

Lee. ¿Y eso qué es?

Las consecuencias de tu cagada.

"Acuerdo de distribución entre Frutas Remigio

y la cadena de supermercados Sol Miranda".

Hola, Valeria.

-Justo estaba esperando a tu abuelo para ir a ver a tu tía Rosa.

-Pues le das recuerdos, a ver si me paso luego a verla.

-De tu parte.

-Oye, quería decirte que...

-¿Qué? Dime.

-No, que me alegro mucho de tener abuela otra vez.

-Mmm...

-La mía se murió muy pronto y no pude disfrutarla, así que...

Que a lo mejor a veces te trato con una confianza que te parece mal.

-No, hombre, no, claro que no.

Yo, feliz, si me encanta ser abuela.

-Pues eso, que, si tienes algún problema

con mi abuelo algún día, pues que estoy aquí, ¿vale?

-¿Y por qué iba a tener un problema con tu abuelo?

-No, no, digo, que como tiene ese carácter un poco fuerte...

-Ah, bueno, pero eso es una cosa del principio.

Es un bache que ya hemos superado.

Ahora estamos muy bien juntos.

-Pues me alegro mucho.

Lo digo porque como dicen que la convivencia desgasta y tal...

-Pero como nosotros ya empezamos desgastados,

pues no vamos a volver a meter la pata.

¿Y tú qué? ¿Qué tal?

¿Tienes pareja?

-No. No, no, no, para nada.

Yo estoy muy liado con el trabajo.

Podríamos haber sido nosotros

quienes nos lleváramos el gato al agua.

Diez millones de euros, papá.

Diez millones de euros de compras garantizadas.

Eso, para abrir boca. Sí.

Pero, para facturar diez millones, hace falta crecer mucho:

contratar nuevos trabajadores, comprar más camiones...

Endeudarnos, en una palabra.

Y no sé si merece la pena el riesgo.

Que no se trata de correr riesgos, papá,

se trata de que, hoy en día, los negocios funcionan así.

¿Me estás llamando "viejo"?

Te digo que, con esa mentalidad que tú tienes,

no se puede dirigir una empresa del siglo XXI.

Pues no nos ha ido mal

con este vejestorio con mentalidad de la Edad Media, ¿eh?

No vivimos mal.

Mira, yo entiendo

que a ti ya no te preocupe el futuro, de verdad, ¿eh?

Pero tienes que darte cuenta

de que esa forma de dirigir empresas ya es el pasado.

Mercados como el nuestro ya están acabados, papá.

¿Cómo sabes que no me preocupa el futuro?

Por favor, es evidente.

Mira, Elías,

he tenido mucha paciencia contigo, pero nos hemos llevado bien.

Y últimamente no sé qué te pasa.

No sé si es por Adela

o porque estás en la crisis de la pitopausia.

No me pasa nada de eso.

A lo mejor es porque te aburres.

Por eso te has echado queridas

y quieres jugar nuestra frutería

al Monopoly.

Pero no voy a dejar que nos lleves a la ruina.

A la ruina nos vas a llevar tú, papá.

Si no crecemos, nos quedamos sin nada.

En nada.

¿Cuántas empresas como la nuestra hay?

¡Las hay a patadas!

Y, si no te das cuenta de eso, tienes que dejar tu puesto.

Ah, para eso me querías, ¿eh?

Para pedirme que me jubile.

¡Yo, el fundador!

No, papá, no.

Yo no te quiero pedir nada.

Yo lo que quiero es irme.

Voy a montar mi empresa por mi cuenta.

Aquí no hay sitio para los dos. Hablemos claro.

A mí no me gustan los órdagos ni al mus.

Que no es un órdago, que me voy.

¿Qué es lo que quieres?

¿Más sueldo?

¿Que te suba la prima de las ventas? Podemos hablarlo.

No te enteras, ¿eh?

Yo no quiero nada.

Lo que quiero es irme.

Irme, papá.

Te vendo mis acciones,

ponles tú el precio que te dé la gana.

Me da igual.

Pero yo me voy.

(GERMÁN) Me imagino que debe estar con la cabeza en la empresa, ¿no?

-No, qué va.

Aparte que te digo que es una de las cosas que más me gustan de él,

que tiene una mente muy joven, que no para quieto.

-Ya, ya, ya.

Yo lo que creo es que un poquito menos de actividad le iría mejor.

Menos actividad y menos responsabilidad.

Es mucho estrés y le cuesta tanto delegar, pues...

-Pero ¿eso quién lo piensa, tú o tu padre?

-No, yo, yo, o sea, es mi opinión.

-Es que, si es tu padre el que te manda con el recado,

te advierto que no se me manipula tan fácilmente.

-Que no, Valeria, de verdad.

Lo único que digo es que creo que...

A lo mejor puede delegar alguna función en nosotros

y no cargar con todo.

Para que disfrutéis vosotros, para que viajéis,

para que, no sé,

no os tengáis que levantar tan temprano, esas cosas.

-Tal vez, pero seguro que no le hace ninguna gracia que se lo digamos.

Él se siente un chaval.

Y, además, la empresa es su vida,

es el fruto de toda una vida de esfuerzo.

-Ya, lo sé, lo sé, lo sé.

No, y que lo hace genial. -Mmm.

-Pero no es incompatible eso con liberarse un poquito, ¿no?

-Vamos, que a ti te gustaría tener más responsabilidades.

-Bueno, pues me gustaría, sí.

¿Te parece mal?

-Me parece normal.

-Además, mi abuelo y yo haríamos muy buen equipo.

-Pues... igual no es mala idea.

A veces no nos damos cuenta de la edad que tenemos,

pero también es muy bonito ver madurar a un nieto

y enseñarle el oficio.

(RÍE) Ay... (RÍE)

-¿Qué? ¿De qué te ríes?

-Es que a veces os parecéis muchísimo.

Te miro

y me acuerdo de cómo era tu abuelo de joven,

cuando empezamos todos en el Mercado.

Mira, entonces,

él y yo nos llevábamos fatal, casi ni nos hablábamos.

Y, ahora, mira cómo ha cambiado la cosa, ¿eh?

Que es que la vida da unas vueltas que te marea.

-Ya te digo.

-Bueno.

Intentaré hablar con él, ¿mmm?

-Gracias.

(Mensaje de móvil)

-¡Huy! Hablando del rey de Roma...

Anda.

Pues no sé qué le habrá pasado,

pero dice que... que no le espere para ir a ver a Rosa.

-Ah. -Mmm.

"(Llaman a la puerta)"

¿Se puede? Sí, pasa.

Ingrid acaba de pasarse por mi puesto.

¿Y? ¿Qué tal?

¿Que qué tal?

Ha sido muy desagradable.

Creí que el tema estaba zanjado, Javier.

A ver, Jorge.

Hortuño nos ha bloqueado el negocio de la crepería.

Ajá.

Lo de los gofres no es comparable al restaurante de Ingrid.

Ya.

Podrías haber avisado, ¿no?

No lo creí necesario.

Lo siento. (RÍE)

¿No era necesario?

Tú sabes cómo fue mi relación con ella.

Es un negocio buenísimo.

Al Mercado le va perfectamente.

Y le dices que soy yo el que pone pegas para que se quede, muy bien.

¿Qué quieres? No tenía otra opción.

Si me pregunta, tendré que darle explicaciones.

Se llama "gestión con transparencia".

Mira, a esto me refiero, ¿mmm?

Acaba de aparecer y ya estoy discutiendo contigo.

Venga, no estamos discutiendo, estamos debatiendo las opciones.

¿Opciones?

O sea, ¿la ves como una opción?

Estás sacando esto de quicio. (RÍE)

Anda, siéntate, cálmate y hablamos. No.

Si me siento, cuando me levanto, me da un tirón.

Quizá es eso lo que te hace ver todo negro, la ciática.

No, me revienta que no empatices con mi problema con Ingrid.

Ingrid es una profesional, tú eso no lo estás viendo.

Y no me parece justo.

Tienes que dejar al margen el tema personal.

¿Tú sabes lo que es tenerla aquí todos los días?

(VALERIA) "Pues yo te veo mejor cara, Rosa".

-Qué va, estoy hecha un cuadro, no puedo ni peinarme.

-No queda casi descafeinado, luego bajo al súper y compro.

-Ah, gracias, hija.

-Oye, Noa, si queréis cualquier cosa, que me lo digáis, ¿eh?

Un recado, la compra...

También puedo venir y os cocino algo.

Seguro que no tenéis tiempo para nada.

-La verdad es que Nacho está volcado, ¿eh?

Está pendiente de todo.

Nos ha llenado el frigorífico y tenemos reservas ¿para cuánto?

¿Para un mes? (NOA) Es un exagerado.

Ni que en vez de gripe tuviera la peste.

-Bueno, que es una manera de hablar, cariño.

No, déjamelo ahí.

Lo que le quiero decir a Valeria es que...

Pues eso, que Nacho está siendo un enfermero de primera

y que no os preocupéis.

(Puerta)

-Hola.

No sabía que teníamos visita.

-Oye, Nacho, que le estaba diciendo a Rosa

que, si necesitáis cualquier cosa, que nos aviséis, ¿vale?

-Gracias, pero ya nos apañamos, ¿verdad, cariño?

-Sí.

Nacho está dejando de ir a trabajar para quedarse conmigo.

-Oh...

-Es que me asusté con esa tos

y esa fiebre tan fuerte que tenía. -Ya.

-Pero solo ha sido un simple gripazo.

-Un gripazo no es una tontería, ¿eh? Si no se cura bien, se complica.

-¿Y la reunión? -Muy bien.

-¿Sí? -Sí.

-Pero has llegado tarde, ¿te han echado la bronca?

-Lo han entendido, no te preocupes.

-Si te quieres volver al trabajo,

yo me puedo quedar el resto del día con Rosa.

-Tranquila, ya se lo he dicho yo y ni caso.

-Me da cargo de conciencia que faltes tanto.

-No pasa nada.

He hablado con mis jefes

y puedo trabajar estos días desde casa.

Para algo se inventó el teletrabajo. (VALERIA RÍE)

Sinceramente, no entiendo cómo puedes dejar

que un rollo del pasado interfiera en la prosperidad del Mercado.

No fue un rollo.

¿Entonces qué fue?

Un error.

Y está más que superado.

Pues, si está superado, mejor para todos.

A ella se le pasará en cuanto esté concentrada con su restaurante.

El problema no es ella, soy yo.

Cuando estuve con ella, la cagué.

Y mucho.

El estrés, la droga...

Me porté fatal con ella.

Y por eso la dejé.

Lo sé.

Y ahora no quiero tenerla aquí y que...

Encima de mí todos los días, no.

¿Todavía te gusta? No.

Claro que no.

Pero es una buena tía y...

No quiero hacerle más daño.

Entiendo lo que te pasa.

Pero al Central le iría genial alguien como Ingrid.

Ya. Los dos sois buenos profesionales.

Ella estará a lo suyo y tú, a lo tuyo.

Si necesitas ayuda, aquí me tienes.

(Mensajes de móvil)

Madre mía, Paolo, le ha dado fuerte con el grupo, ¿eh?

Pero es que pone emoticonos que ni siquiera sabía que existían.

Igual hemos creado un monstruo.

Lleva diez mensajes de lo mismo en menos de una hora.

No sé si tengo paciencia para esto, ¿eh?

No creo que pueda llegar a la comida. No, no, Javier.

No te puedes escaquear, en este barco estamos todos.

No me estoy escaqueando, que tengo una reunión.

Si no llego a la comida, aparezco a los postres.

Ya.

Bueno, pues, aprovechando que estáis aquí,

voy a salir un momento a la farmacia, ¿vale?

-No, ya he bajado yo, están ahí las medicinas.

(ROSA TOSE)

-Estas no son.

-¿Cómo no van a ser? -No es la marca que utiliza tu madre.

Estos productos son de otro laboratorio.

-Eso da igual, es la misma dosis, me lo ha dicho la farmacéutica.

-Bueno, no vamos a hacer experimentos,

sabemos que la otra marca le sienta bien.

Ahora vuelvo.

-Pero, mamá, dile algo.

-A mí tampoco me gusta cambiar de medicamentos.

¿Eh? Aunque te digan que es lo mismo,

parece como que el cuerpo se te acostumbra.

Tu padre tiene razón.

-Pues a mí me parece una tontería, perdona que te diga.

Pero es que mi padre se altera por todo.

Y, si yo estoy en medio, más.

-Bueno, hija, está preocupado, es normal.

-Claro, y, además, como nunca me pongo mala, hija.

-Fíjate qué bonito es que cuide así de tu madre.

Compréndelo, hija.

Los aceites esenciales se venden fenomenal.

Si en el próximo pedido quieres meter aromas distintos,

fenomenal.

Eso es, claro.

Sí, bien.

Oye, Marisol, ¿qué tal tu madre? ¿Le dieron ya el alta?

Ay, hija, qué alegría.

Qué bien, Marisol, claro que sí.

Eso es, con un café.

De acuerdo.

Venga, hasta pronto, que tengas un buen día.

Hasta luego. Chao, chao.

He hecho un pedido de aceites esenciales,

está bien, ¿no?

Lo que me parece alucinante es que yo te presente a Marisol

y ahora resulta que es íntima tuya.

Vamos a ver, no es íntima mía, nos llevamos bien, nada más.

Me ayudó mucho

con las facturas para la subvención y el puesto

y estoy muy agradecida.

A ti también te estoy muy agradecida.

A mí ya me has demostrado lo que entiendes por agradecimiento,

así que guárdatelo para otra.

Mamá, me voy a casa.

Claro, cariño.

¿Hay que comprar algo?

Pues sí.

¿Por qué no vas donde Carmen y pides unos filetes de ternera?

Y pásate por Jonathan y coges algo de guarnición.

Te doy... Toma tu monedero. ¿Qué tal, David?

Gracias. Voy a una conferencia.

Es sobre física cuántica, si quieres venir...

Yo no sé cuándo voy a poder salir de aquí.

Nunca hacemos nada juntos.

Y seguro que te encanta. Es a las 20:30.

Venga, vale, cuenta conmigo, di que sí.

David, está muy bien que te ocupes de tu madre

y que hagas planes con ella,

pero ella necesita también airearse y estar con otros adultos.

Bueno, allí habrá muchos adultos.

La que da la conferencia es adulta y bastante vieja.

Ya, pero me refería más bien a adultos del sexo opuesto.

¿Del sexo opuesto por qué?

Celia, ¿cómo va lo de las citas por internet?

Yo no tengo citas por internet, ya lo sabes.

¿Y eso? ¿Qué ha pasado con Daniel? ¿Se llamaba así, Daniel?

¿Ya no quedas con él o es que has conocido a uno nuevo?

Por favor.

¿Citas por internet? ¿Quién es Daniel?

Nadie. Vaya, lo siento.

No me digas que no le has contado nada a David.

¿Quién es Daniel?

Nadie, haz la compra. ¿Por eso no querías venir?

¿Porque habías quedado con Daniel?

Que no, mi amor, es simplemente que Adela se ha confundido.

Sí, las amigas nos confundimos muchísimo.

No somos capaces de ver la realidad cuando la tenemos

delante de nuestras narices.

Yo me voy a casa, esto es muy raro.

Y tengo hambre. Pues eso no puede ser, ¿eh?

Tú tómatelo con calma, David.

Porque los amoríos, aunque sean de una madre,

son la cosa más natural del mundo.

Dame un beso, cariño.

Te has pasado un poco de la raya, ¿no crees?

Tenemos conceptos muy distintos de lo que es pasarse.

Mira, es mi hijo, Adela, mi hijo.

Sabes que le puedes hacer mucho daño dependiendo de lo que digas.

¿Y no te parece que las mentiras hacen mucho daño? ¿Mmm?

Huy, ¿y qué va a pensar

cuando sepa lo que ha hecho su madre?

Lo que pasa es que yo decido cuándo decírselo y qué decirle.

Me gustaría que marcaras unos límites,

aunque solo sea por humanidad.

¿Y tú me hablas de límites? No me hagas reír, guapa.

Adela, no te voy a permitir que le hagas daño a mi hijo.

Él no tiene la culpa de lo que ha pasado.

Así que guárdate el rencor y la mala baba.

Haberlo pensando bien

antes de meterte en la cama con mi marido.

¡Hola!

-Ah, hola.

-Si estás preocupado por Rosa, tranquilo,

no sabes con el mimo que la cuida Nacho.

-No, no es eso.

Es Elías.

-¿Otro encontronazo?

-Hace un rato.

Me ha dejado un mal cuerpo

que por eso no he querido ir a ver a Rosa.

No estoy para animar a nadie, estoy para que me animen.

-Pero ¿qué te ha dicho? ¿Habéis discutido?

-Me ha llamado "viejo".

Me ha llamado "inútil".

Me ha dicho que soy un lastre para la empresa.

-Pero tendrá valor...

Te habrás puesto hecho una furia, menudo trago.

-Bueno, no, a ver, no... no ha sido literalmente,

pero me lo ha dado a entender.

Me dice que, o me retiro de la dirección de la empresa

y le dejo el campo libre,

o vende su parte y se lo monta por su cuenta.

-Pero me dejas de piedra.

Bueno, y ¿no crees que es una cosa de esas que en caliente uno discute,

pero que él no lo piensa?

-No, no creo.

Esta vez creo que va muy en serio.

-Bueno, vamos a esperar.

Mira, cuando lo de la casa de Comillas,

yo tuve unas discusiones tremendas con mi hija,

pero luego hablamos y nos arreglamos.

-¿Tú crees?

-Claro, hombre.

Vamos a esperar, te digo yo que sí.

(Móvil)

A Elías le encanta el negocio, no lo va a dejar así.

Ha sido un pronto. -Ya.

(Móvil)

(Móvil)

Ah, perdona.

¿Sí?

Sí, soy yo.

Eh... Pe...

Sí, sí, claro.

Sí, sí, allí estaré.

-¿Quién era?

-Un abogado, de parte de Elías.

Quiere que vaya a verle

para fijar los términos de la venta de sus acciones.

(SUSPIRA)

Mmm, otro, otro.

Hay un tío que camina por la calle.

Y un hombre le para y le dice: "Oiga".

"Si yo tiro esta carta en este buzón, ¿se va a Madrid?".

"Claro".

"Ya me lo temía".

"Yo quería que fuera a Burgos".

¿Qué? ¿No os hace gracia?

-Yo es que... No sé, verás, Paolo, no acabo de pillarlo, ¿sabes?

-Es un chiste, no son las noticias.

-Ya estamos, ya está el listo, ¿lo has pillado?

-Que no.

Es muy bueno, Paolo, es muy bueno.

La pena es que no se lo voy a poder contar a Carmen.

Soy muy malo para los chistes.

Se me olvidan. -No.

No te preocupes.

Te cuento otro. -A ver.

-Le va a encantar a Carmen.

¿Sabes cuál es la diferencia entre un solomillo

y un salchichón? No hace falta, no se va a acordar.

Ya te lo digo yo.

¿Otra ronda de chupitos?

Sirvo yo.

Es que me encanta pasar tiempo con vosotros.

-Yo tengo mucha prisa, pero... (PAOLO) No, no, no.

Que no son ni las tres, va.

¿Habéis probado la nueva pizza que ha metido en la carta Paolo?

Pizza blanca con un...

Trufa. Toque de trufa.

Tiene el potencial de convertirse en una nueva pizza clásica.

Tipo margarita o cuatro quesos. -Sí, sí, sí.

Es verdad, ¿eh?, escucha.

El otro día se la llevé a Carmen y no dejó

ni los bordes, vamos, que es que...

Que nos vamos a abonar a esa pizza para hacer una cena familiar

todos los sábados. -Familiar.

-Bueno, o sea...

Que luego, la verdad, es que no estamos todos,

porque Samu suele faltar.

Lo que es familiar familiar, como que tampoco...

-Oye...

En mi tiempo libre preferiría salir del Mercado, ¿no?

Con todo el cariño, pero el Mercado me satura un poco.

-Sí, sí, es que el Mercado es muy de saturar.

¿A que sí, Jorge?

Es que, además, pasamos mucho rato en el Mercado.

¡Todo me sale mal!

-Por Dios, tranquilo, que te va a dar algo.

-¿Cómo quieres que me tranquilice si estamos con abogados?

-Te lo advertí.

Te dije que trataras de arreglarlo antes de que la cosa fuera a más.

-O sea, que mi hijo se pone chulo ¿y la culpa es mía?

-Bueno, a ver, igual no me he explicado bien.

Por favor, tranquilízate.

Igual podéis hablar.

-¿Hablar dónde?

¿Con el notario?

¿En el momento de la firma?

Si va a una velocidad que seguramente será lo próximo.

-Con la familia, las cosas son así.

Se discute.

Y los disgustos son morrocotudos.

Pero luego se habla y se arreglan las cosas.

Por eso es familia. -Elías es muy testarudo.

Tú no le conoces.

No se comporta igual en casa que en la oficina.

Es terco, orgulloso y muy competitivo.

Basta que le diga yo una cosa para... lo contrario.

-Bueno, a ver, a ver, tranquilo.

A ver, Un suponer, ¿eh?

Si él tiene ya la decisión tomada y no hay manera de convencerle,

¿tan terrible es que tú asumas su parte del negocio?

-Valeria, no te ofendas,

pero esto no es lo mismo que cuando discutes tú con Carmen

por la carnicería.

Aquí lo menos que importa es el puesto del Mercado.

¡Lo gordo es la empresa de distribución de frutas!

-Ya, entiendo.

-Si le compro la parte de sus malditas acciones,

¡me hace un roto económico de tres pares de narices!

¡Vamos, que yo no sé si tengo esa cantidad!

¡Y va a ser mi ruina!

-Por Dios, pero, por Dios, ¿qué te pasa? Tranquilízate.

Vamos. -Me falta un poco el aire.

-A ver, ¿qué pasa? A ver, respira.

Tranquilo, por Dios.

Tranquilo, por favor, Jesús.

Oye, y, hablando de salir del Mercado,

¿practicáis algún tipo de deporte?

A mí me encantaría, pero... es que no tengo tiempo.

Aunque tengo que decir que...

preparando cada día decenas de pizzas,

ya tengo bastante.

Porque es un ejercicio muy completo.

Trabajan todos los músculos, ¿eh?

Las manos, los brazos, la espalda, las piernas...

Si cualquier día lo hacen deporte olímpico.

-Ah... -Ya veréis.

-A mí, antes,

me encantaba la bici, ¿sabes?

Tenía una todoterreno

y le metía una caña por la sierra que...

Que flipas.

Lo que pasa es que hizo falta

la pasta en casa y... y la vendí.

-A ver si un día me acuerdo y te la traigo.

Mis padres me regalaron una,

unas Navidades, y, mira, ahí está, cogiendo polvo.

-Mmm. -Oye.

¿Quedamos el fin de semana? Así rollo... Plan excursión.

¿Eh? Se lo voy a decir a Carmen, seguro que se apunta.

-Es una idea genial, Nicolás.

Sin ir lejos, podríamos ir aquí,

al parque de la Casa de Campo.

Que hay un lago, nos montamos en las barcas

y organizamos una regata casera.

¿Qué os parece? ¿Eh? -Yo preferiría hacer otra cosa, ¿no?

Más... -Bueno, a mí me gustan los deportes

de habilidad también.

-Ah... -De habilidad. Eh...

¿Y... y cuáles son esos? -Pues mira.

La petanca, el ping-pong, el ajedrez. (JONA) Vamos.

Que no te gusta mover el culo, ¿no? Tú, en tu línea.

(JONA RÍE)

La velada ha sido maravillosa, pero yo me tengo que marchar.

(PAOLO) No, ¿ya? -También me ha encantado.

Pero me tengo que ir, que tengo mucho lío. Hasta luego.

-Hasta luego, Nicolás.

Yo también me lo he pasado genial.

Tenemos que repetir.

Pero, la próxima, en mi pizzería.

Yo pongo la pizza y tú, Jorge, el vino, ¿qué os parece?

-Yo tengo mucho curro.

No sé si voy a poder ir, pero, vaya, avisad y ya si eso...

-Sí, sí.

Y yo, Paolo, es que, en cuanto a lo de la pizza,

lo del tofu, no, soy más de panceta, ¿sabes?

-Trufa. -Eh... Trufa.

Venga. -Hasta luego.

Jorge, ¿tú también?

Tengo que volver al puesto, Paolo.

Oye, gracias, de verdad.

Nos vemos. Chao.

David.

-Normal que te guste estar solo. -¿Qué?

-Estás todo el día rodeado de gente, normal que te guste estar en tu casa.

-Bueno, sí, era eso más o menos.

-Eso o que ellos te caen mejor que yo.

-No, David.

Lo que pasa es que me lo dijeron a traición

y no pude negarme.

Bueno, y, además, entre tú y yo hay cierta diferencia de edad,

es normal que tenga más cosas en común con ellos.

Somos todos hombres adultos.

-Bueno, Jonathan y Germán no son muy adultos.

-No, no, yo me refería a Jorge y Nicolás.

-Si no te gustaba el plan, podrías haber propuesto otro.

Como ir a comer juntos.

-Lo siento, no se me ha ocurrido.

David.

(SUSPIRA) Verás.

Sí que hay un problema.

El hecho es que tú eres como un hijo para mí.

Cada vez que estoy contigo, no puedo no pensar en Andrea.

Me duele, muchísimo.

Lo siento y discúlpame.

-Te disculpo, pero cumpliré la promesa que le hice a Andrea.

Te haré compañía, sea como sea, hasta que deje de dolerte.

Mamá, lo que ha dicho Adela...

Eh... No sé si lo he entendido muy bien.

No hagas caso, cariño.

A Adela, a veces le gusta hacerme bromas.

No soy un experto en el humor,

pero no parecía una broma, parecía muy en serio.

Mamá.

¿Qué?

Odio que te quedes callada cuando te pregunto algo. Habla.

Ven, anda, ayúdame con la compra.

Me duele la cabeza, hablamos esta noche.

Siempre te duele la cabeza.

¿No tendrás un problema neuronal?

(SUSPIRA)

No, cariño, no.

Es una excusa, David. Ya.

Lo haces cuando no quieres hablar.

Ahora no me apetece hablar de lo que ha pasado con Adela.

Entonces ¿es verdad que ligas por internet?

Qué va, cariño, claro que no.

Me alegro.

¿Por qué?

Bueno, estadísticamente, es una buena forma de ligar.

Tiene buenos resultados, pero no sé si a ti te conviene.

¿Y eso por qué?

Porque a ti no se te dan muy bien las redes.

Y, además, tú eres muy sentimental.

Necesitas el contacto físico y esas cosas de lenguaje no verbal.

¿Y ese Daniel de dónde ha salido?

Daniel no existe.

Es una invención de Adela.

Bueno, no, es una invención mía.

Lo puse una vez como excusa

porque no me apetecía tomar algo con ella.

¿Ves cómo tengo razón cuando digo que las mentiras complican la vida?

Y la sinceridad a veces también complica la vida.

Que alguien me cambie los champús de sitio

no me hace gracia.

Mira, cariño, si un día apareciera alguien,

que no sé si aparecerá,

él que viva en su casa y nosotros, aquí.

¿Tú lo has pensado bien?

Si tuvieras un novio, ¿cuándo lo verías?

Tú siempre estás en el Mercado y por la noche estás aquí.

¿Irías a dormir fuera?

No, no, eso ya lo hemos hablado y no te voy a volver a dejar solo.

Bueno, si tu pareja trabajara en el Mercado,

eso haría las cosas más sencillas.

Sí, mira, eso sería lo ideal.

Y, además, si tuviera una tienda "delicatessen",

se le diera bien cocinar y me ayudara con las cosas,

podríamos hacer muchas cosas los tres juntos.

(SUSPIRA)

Vamos a ver, esto ya lo hemos hablado.

Jorge está con Lorena.

Y son felices.

Tengo que mirar hacia adelante y no hacia atrás.

¿Lo entiendes, hijo?

Pues como no te hagas novia de Paolo...

Cosa que no te recomiendo, solo le gusta ver la tele.

Pero no veo más candidatos.

No te preocupes, que no me gusta Paolo.

Bueno, mejor.

Si lo piensas fríamente,

si te echaras un novio que no fuera Jorge,

probablemente sería tan distinto de papá

que solo haría que lo echásemos más de menos.

¿Y qué vas a hacer? -Lo que tú has dicho.

Delegar.

Pero no voy a retirarme.

Ni voy a dejar nada en otras manos que no sean las mías.

Porque ha llegado el momento de reestructurar la empresa.

-Si le puedes dar las cestas mañana. Sin problema.

(Móvil)

Vale. ¿A qué hora?

Lo tengo que coger. Luego te digo.

Venga. Cuarenta veces te he llamado hoy.

Sí.

¿Qué quería Carmen?

Nada, solamente confirmar que podemos llegar a tiempo

con el pedido de su amiga.

¿Cómo no vamos a llegar? Quedan tres días.

Sí.

Eso mismo le he dicho yo.

O sea, que no quedamos con él porque nos carga, no nos divierte.

Muy bien.

¿Nos lo repartimos?

¿El qué?

En vez de quedar todos con él,

podemos hacer dos grupos y nos lo vamos alternando.

-Eso no es mala idea.

-El problema es que quiere quedar casi todos los días.

¿No habéis visto la lista?

-Pues quedamos de uno en uno y tenemos más tiempo para descansar.

Y tampoco se sentirá abandonado.

-A mí me parece buena idea.

-¿Te puedes pasar esta tarde por casa?

Yo, sí, pero ¿para qué?

Ya lo verás. Jesús.

No, no, no, tranquila.

A las cinco y media te quiero allí.

No sé qué movidas os traéis, pero, si te pone de mala leche,

pues te lo guardas, como hacemos todos,

y nos dejas en paz.

Yo no tengo ningún problema con nadie,

y mucho menos con Adela.

¿Y encima mientes?

¿Crees que los demás no nos hemos dado cuenta?

Esto es una puñalada trapera.

Adela no está acostumbrada a tomar este tipo de decisiones.

Oye, papá, relájate, ¿vale?

Después de lo que ha hecho por ti... Vale ya.

Tu abuelo tiene razón.

Esta decisión la tengo que tomar yo, nadie más.

Paolo, mi madre y tú sois muy amigos.

Un amigo no deja tirado al otro en los malos momentos.

-No, tú tienes razón.

La verdad es que me encantaría poder ir a visitarla

y cotillear con ella sobre la vida del Mercado.

Pero... no quiero darle a tu padre una excusa más para enfadarse.

-Mi padre, que diga lo que quiera.

-Mi código ético no me deja que me invites a cenar

con el dinero de uno con el que negocio.

Pero no me impide que yo te invite a cenar a ti.

-Eso no quita que hayamos hecho negocios juntos, ¿no?

-Bueno, pues durante la cena no hablaremos de nada de trabajo.

Seguro que se nos ocurre algún tema interesante.

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Mercado central - Capítulo 87

28 ene 2020

Jorge organiza un plan para animar a Paolo, pero resulta ser un desastre.
Jorge tiene un encontronazo con Ingrid y le confiesa a Javier por qué no quiere que monte su restaurante en el mercado.
Todos, menos Noa, piensan que Nacho es un abnegado cuidador de Rosa.
Elías acepta la petición de divorcio de Adela y amenaza a Jesús con marcharse de la empresa.
Elías le propone a Celia un futuro juntos fuera del mercado y ésta es atacada por Adela en el puesto con David de testigo.

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