Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 86 - ver ahora
Transcripción completa

Me paso luego, a ver si se ha despertado.

-No, no te pases.

En realidad, no está dormida, me ha dicho que no quiere verte.

-Pero ¿qué pasa?

¿Que tú nunca te cansas de malmeter y mentir?

-¿Por qué crees que se ha ido de la pizzería así?

Ya no te soporta.

Es normal que no quiera ver al animal que ha intentado agredir a su marido.

¿No crees?

Valeria, no tengo tiempo ni ganas de escuchar sermones.

Es que es muy feo usar a tu hijo para intentar engañarle, ¿no crees?

Me parece que no eres nadie para meterte en nuestros asuntos.

Esto son temas de negocios.

Intentó pegarle, se hizo la víctima y me mintió.

-Otra vez... -Hombre.

Noa, es que me dijo que era tu padre quien le había pegado y fue al revés.

-Vale, pero esa es la versión de papá.

¿Quién tiene el ojo morado?

-Porque tu padre intentó defenderse.

Pero él atacó primero. -Claro, eso tiene todo el sentido.

-Ahora, ¿sabes qué se cuece en el Mercado?

¿Tienes alguna idea?

-Javier, el gerente, está recibiendo y valorando

proyectos de comerciantes

que quieren ocupar los puestos vacíos.

Dice que eso le dará vida al Mercado.

-Vaya.

Al final, sí me has ayudado.

¿Tú has visto mi móvil?

-No, ¿para qué lo buscas?

-Porque quiero llamar a Paolo para decirle que no voy a poder ir.

Que se busque a alguien.

-Ya lo he hecho yo.

-Ah, ¿sí? -Sí, claro.

Para que pueda organizarse.

(Cámara)

Sabe que tienes una amante.

Y no solo eso.

Sabe que tu amante es Celia.

Así que deja de menospreciar a tu mujer.

Y, Elías, no te obceques en ponerle excusas o en negarlo.

Porque os ha visto.

Lo que te quiero decir es que...

¡Ah!

Solamente estaba esperando a ver cuánto tiempo más

podías engañarme

sin que se te cayera la cara de vergüenza.

No sé cómo has podido.

¡Adela, espera!

¡Perdóname, lo siento! No.

No voy a perdonarte en la vida.

No es bueno tomar tanto café después de comer.

Ni para el sueño ni para la tensión.

-La culpa es tuya, por hacerlo tan rico.

-Anda, anda... Un poquito.

(Portazo)

-Esa puerta, que la vas a romper.

No te preocupes, la puerta está perfectamente.

-Ha sobrado guiso en la cocina, ¿te caliento un poco?

Muchas gracias, señora.

He venido a darme una ducha y volver al despacho.

-La ducha puede esperar, tenemos que hablar.

No es un buen momento, papá.

¡Ese es el problema!

No me gusta cómo estás dirigiendo mi empresa.

Y menos que uses a mi nieto para colarme

el contrato de los supermercados Sol Miranda.

¡Anda! Si te has acordado.

Pensaba que ya no estabas pendiente ni te preocupaba la empresa.

Como últimamente solo piensas en una cosa...

Tranquila, cariño,

lo hace para enfadarme, por eso te mete en medio.

Se olvida de que esa estrategia se la enseñé yo.

Y a ti se te olvida una de tus máximas principales:

el negocio que no está creciendo es que empieza a hundirse.

Lo que no va hacia arriba va hacia abajo.

Por eso siempre busqué expandirnos.

Pero firmando contratos que diesen beneficios

y no que nos pusiesen la soga al cuello.

Ese no es un buen contrato.

Es como... como una ruleta rusa.

De verdad, ¿eh?, lo entiendo.

Entiendo que te cueste trabajo asumir que te estás haciendo mayor.

Pero es que estás perdiendo tu visión empresarial.

Todavía sé sumar y restar.

Y, si tienes que invertir más de lo que ganas a medio y largo plazo,

no es un buen negocio.

Eso era antes, papá, eso era antes, las cosas han cambiado.

Hay que invertir mucho más.

Hay que arriesgar si quieres estar en el mercado.

¡Hay que invertir sobre beneficios, Elías!

Ese contrato es posible que no nos deje margen de beneficios.

No voy a dejar que tu ambición empresarial

arruine mi negocio. ¿Tu negocio?

Llevo años trabajando día y noche para sacar esto adelante,

mientras que tú te gastas el dinero que yo te hago ganar.

¿Años? ¿Cuántos años, Elías?

¡Yo levanté esta empresa de la nada!

¡Y, cuando te di el mando, funcionaba sola!

¿Me diste el mando? No puedes tener más poca vergüenza.

Tú no has soltado el mando de esta empresa.

No. Y, después de lo de esta mañana, me alegro de no haberlo hecho.

Soy el único que puede pararte los pies cuando hace falta.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Dejáis el pedido en Humanes, lo están esperando.

De vuelta, pasáis por Canillejas.

Venga.

Qué susto me has dado. Ya, ya lo he visto.

Te han quedado preciosas.

Eres una artista.

Bueno, ya sabes que las flores me relajan y...

Y me ayudan a olvidarme de todo.

Espero que no te hagan olvidarte de tu hijo.

No digas tonterías.

Tú eres lo único que da sentido a...

más de veinte años de matrimonio fracasado.

Todavía tienes muchos más de veinte para ser feliz.

Te lo mereces.

Es hora de que pienses en ti.

No te preocupes, estoy bien.

Siento que... me hayas visto así después de esta mañana.

No tienes que disculparte de nada.

No soy un niño, no debes protegerme.

Al contrario.

Voy a estar aquí siempre que necesites desahogarte.

De acuerdo.

¿Sí? Pues me parece perfecto.

Me he reservado mi agenda para ti esta noche.

Te recojo cuando cierres y vamos a mi japonés preferido.

¿Qué onda?

Suena perfecto.

Pero, si no te importa, vamos a dejarlo para más adelante.

Está siendo un día duro y...

Y, cuando cierre, lo único que quiero

es meterme en la cama y... y esperar a que llegue mañana.

Vale, mamá.

Pero me prometes que estarás bien.

Sí. Me llamarás si me necesitas.

Sí.

Te lo prometo.

Tenéis vuestras diferencias.

Pero queréis lo mejor para la empresa.

Seguro que si habláis con calma

y os escucháis... ¿Escuchar?

¿Escuchar?

Cómo se nota que tú no conoces a este.

No escucha a nadie más que a sí mismo.

-¿Y tú qué?

¿Escuchaste cuando te di las razones para no firmar el contrato?

Yo, sí, pero tú, a mí, no.

Quise explicarte los beneficios de esta empresa y no escuchaste.

Y te diré algo.

Si yo no voy a tener la última palabra en mi empresa,

es hora de que busques otro títere que te haga el trabajo.

¿Qué pretendes? ¿Presionarme para que te ceda las acciones?

Lo único que quiero es que me dejes hacer mi trabajo tranquilo.

Que me mato a trabajar y no es justo

que solo me lleve un 25 % de los beneficios a final de año.

¿Y qué te retiene aquí?

Si no te gusta, vete cuando quieras.

No me lo repitas dos veces,

me lo voy a empezar a plantear en serio.

Ojalá encuentres otra empresa con esta facturación

y que, aparte del sueldo de director,

te dé más de un 25 % de los beneficios.

Que tengas suerte.

Vámonos.

Ya, solo le pido que lo haga como favor.

(SE QUEJA)

No, no, no, no es con usted.

Mire, lo que quiero es que llame al conductor

y le diga si puede modificar la ruta y me deje para el final.

Claro, entiendo que tiene que cumplir unos horarios,

por eso le digo si puede hacer esa gestión

y me salva la vida.

Muchas gracias, espero su respuesta.

Muy amable.

He visto tu mensaje, ¿qué ha pasado?

Que me está matando la ciática y no puedo ni agacharme.

(RESOPLA)

Te voy a necesitar hoy y más días, esto me va a tener doblado un rato.

Eh... No, Jorge.

Lo siento, pero no puedo, tío.

En la frutería hay mucha faena,

y, desde que no está Adela, pues Jesús solo cuenta conmigo.

Vale, yo hablo con Jesús e intento cuadrarlo.

Además, te voy a pagar bien.

No, que no, Jorge, no puedo dividirme en dos.

Y no quiero líos con los De la Cruz, sabes cómo son.

(RESOPLA) No te preocupes, tío.

Ya aparecerá alguien.

No tengo tiempo para buscar a nadie y mira cómo estoy.

(CHASQUEA LA LENGUA) Lo veo.

A ver.

Tú necesitas a alguien que te ayude.

Sí. Pues ya está.

Conozco a alguien que necesita la pasta y es ideal.

Así que no te preocupes, que de esto me encargo yo, ¿vale?

Vale.

Ten cuidado con el salto del tigre, machote.

Para saltos estoy yo.

Venga. Chao.

(RESOPLA)

Siento mucho lo que te ha pasado.

Eres la persona más maravillosa que conozco.

No mereces que te traicionen así. ¿Sabes?

A estas alturas del partido,

una traición más de tu padre no tendría que sorprenderme.

Ya, pero no hablo solo de papá.

He visto tu bofetada a Celia.

Y creo que me imagino el motivo.

Es la nueva amante de papá, ¿no?

Sí.

No me siento orgullosa de esa bofetada.

Sabes que no soy violenta. Eh, que no tienes que justificarte.

Yo no sé qué habría hecho.

Pero te has quedado corta. Me ha sacado de mis casillas.

Cuando intentaba justificarse, fingiendo que yo le importaba,

después de haberme mentido.

Imagina que éramos amigas.

Es repugnante lo que te ha hecho.

Y papá, igual.

No sé cómo se puede ser tan cerdo.

Eh.

Sé que ha hecho las cosas muy mal y que tú estás decepcionado,

pero no hables así de él.

Bueno, lo que es, ¿no?

Aceptemos las cosas y llamémoslas por su nombre.

No se merece que derrames una lágrima por él.

Ya, pero tú sabes que es un hombre débil.

Y, a pesar de todo, es tu padre.

Aunque le cueste mostrarlo, pero te quiere.

Te quiere tanto como te quiero yo.

Es el hombre que contrató a un matón para que me diera una paliza.

(SUSPIRA) Yo lo siento.

Estoy muy enfadado con él.

Bueno, y muy enfadado conmigo.

Por mi culpa, te ha roto el corazón.

Eh, eh, no te eches las culpas de nada, ¿mmm?

Bueno.

Yo te disuadí cuando ibas a divorciarte de él.

Y me arrepiento un montón.

Ojalá firme esos papeles y te libres de él cuando antes.

Porque te vas a divorciar de él, ¿no?

No puedo pensar en nada ahora, Germán.

Mamá, pues tienes que hacerlo.

No se merece otra oportunidad, es un cerdo, solo piensa en él.

Germán, ni siquiera lo he procesado.

No sé ni cómo voy a reaccionar cuando vea a Celia o a tu padre.

Mira, si alguien tiene que tener miedo del reencuentro, son ellos.

Tú no has hecho nada de qué avergonzarte.

Puedes ir con la cabeza bien alta.

Ni siquiera por lo de la bofetada.

Te quiero, mamá.

Te quiero infinito.

Estoy muy orgulloso de ti.

Germán.

¿Estoy a tiempo de aceptar esa invitación a cenar esta noche?

Por supuesto.

Te recojo después.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¿Por qué has tardado tanto? Iba a marcharme.

He tenido una llamada a última hora, un problema del trabajo.

¿Estás seguro de que tienes problemas más graves?

Lo sabe. Ya, ya.

Lorena me lo ha contado.

Pensé que ibas a hablar con ella, que me daría tiempo.

He intentado decírselo y me ha pegado una bofetada.

Lo sabía. Bueno, lo siento.

Esto es culpa mía. Pero Lorena no le ha contado nada.

¿Entonces? Nos vio en la puerta del hotel.

Y se lo ha contado a mi hermana.

¿Qué vamos a hacer ahora?

No lo sé.

Supongo que deberíamos hablar con ella.

No sé, pedirle disculpas.

Darle una explicación.

O dejar que pase el tiempo, que se enfríe.

Hay algo más.

No solo es Adela.

Tu hijo estaba cuando la bofetada, tiene que estar enterado.

Lo siento. Claro, por eso está tan raro...

(Ruido)

Sh... Sal tú, sal tú.

Perdonad que os interrumpa.

Porque imagino que tendréis mucho de que hablar.

Pero, ahora que os pillo de los dos, pues quería aprovechar el momento.

Sí, bueno, nosotros también queríamos hablar contigo.

Mmm.

Te debemos una explicación y una disculpa.

Aunque quizás este no es el mejor sitio.

Deberíamos buscar un lugar más discreto...

No, yo estoy muy bien aquí, ¿eh?

Y, si tanto te preocupa la discreción,

no deberías quedar

con tu amante aquí, en el almacén del Mercado.

Hazlo en un hotel, hombre.

No es lo que crees, de verdad.

Intentábamos organizarnos...

No he acabado de hablar.

Y no he venido aquí a escuchar ninguna de tus excusas.

La verdad...

es que hacéis muy buena pareja los dos.

Sí, sois tal para cual.

Dos mentirosos compulsivos, despreciables y sin escrúpulos.

Tú...

Tú, Celia, has hecho un gran trabajo haciéndote pasar

por una buena amiga.

Me imagino

que te has reído de lo lindo mientras me consolabas, ¿eh?

Jamás me he reído. No, no.

Yo te lo he puesto muy fácil, muy fácil, todo.

Y tú, Elías, guau...

Tú te has superado a ti mismo.

Por un momento conseguiste hacerme creer

que habías cambiado.

Que ibas en serio conmigo.

Y que me querías.

Con dos bemoles, sí, señor.

Bravo.

Esto que ha pasado no es algo que ninguno hayamos buscado,

simplemente... No.

Vosotros solamente queríais divertiros.

¿Qué hay de malo en eso?

Nada más que yo estaba en medio, pero vamos.

Adela, por favor, este no es el sitio ni el lugar.

Tranquilízate. Ni es el momento.

Que tú no tienes nada de lo que avergonzarte.

Tú eres un hombre separado

y libre para quitarle las bragas a quien te dé la gana.

¿Por qué no ibas a ser tan caradura para tirarte a una de mis amigas?

No tenemos excusa, Adela, lo sé.

Y tienes derecho a sentirte... Sí, tengo muchos derechos, muchos.

Y tú tendrías que callarte.

¿O no te has dado cuenta

de que no quiero escuchar una sucia palabra de tu boca?

Por favor, Adela.

Con esta actitud, no vamos a solucionar...

Es que no hay nada que solucionar, Elías, nada, nada.

Porque los dos habéis dejado de existir para mí.

Escucha, Adela.

¡No me pongas la mano encima!

Ni te atrevas.

Que, para eso, ya tienes a esta.

Oh... ¿Y esa carita?

¿Un mal día?

-¿Un mal día?

Últimamente, todos los días son una mierda.

-A ver, cuéntale a tu prima qué te pasa.

-Mi padre es un capullo.

-Ah, bueno, perfecto. En padres capullos, tengo un máster.

-Al menos, el tuyo se preocupa por tu madre.

-Sí. Demasiado, diría yo.

-¿Y por qué lo dices así, peque?

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Hoy ponemos a parir al tuyo.

Y el próximo día, ponemos a parir al mío, ¿hecho?

-Hecho.

-Pues, venga, dispara.

-Pues a ver si tu padre supera esto.

Le ha puesto los cuernos a mi madre con su mejor amiga.

-¿Cómo?

-No sé cómo se puede ser tan cerdo.

-¿Y cómo está la tía?

-Pues cómo va a estar, pobre, está rota.

Le han traicionado su marido y su amiga.

-Pobrecita.

Ya era asqueroso engañándola con otras tías,

pero ¿con su mejor amiga?

-Es que... Cada día lo soporto menos, en serio.

Y no solo por lo que le ha hecho a mi madre.

-Yo pensaba que estabais mejor.

Como estáis trabajando juntos en la empresa.

-Para lo único que me ha servido trabajar con él,

es para darme cuenta de que no tiene límites ni escrúpulos.

-¿Y eso?

-Da igual, nada.

Tonterías del trabajo.

Que no sale gratis

trabajar con él.

Pero, bueno, vamos a cambiar de tema.

¿Tú qué tal? ¿Cómo llevas lo de Luis?

-¿Para no hablar de tus mierdas tenemos que sacar las mías o qué?

Lo de Luis está más que acabado.

-Jo, pues lo siento.

Luis parecía un tío legal.

-Bueno, todos parecen legales hasta que dejan de serlo.

¿Tú qué? -¿Yo qué?

-Oye, conmigo no te hagas el tonto.

¿No quieres hablar del tema?

-Es que mi vida es un poquito más complicada

de lo que me gustaría. (JAVIER) "No lo entiendo".

¿Qué les ha hecho cambiar de opinión?

(Llaman a la puerta)

A ver, solo le digo que se plantee...

El Mercado es el sitio perfecto para una crepería, sería un éxito.

Está bien, está bien.

No le hago perder más el tiempo. Adiós.

Pues sí que estamos bien.

¿Cómo vas de lo tuyo?

Bueno.

Hay días que voy mejor y días que...

Y hay días que te quitan un negocio

que te ayudaría a sacar adelante el Mercado.

¿Ha pasado algo con la crepería?

Les han ofrecido un local mejor, mayor, más barato,

en un centro comercial en la periferia.

¿Desde cuándo?

¿Sabes el nombre del centro? Sí.

Echa un ojo, igual sacamos información.

(SUSPIRA)

(GERMÁN) "En fin".

Te tengo que dejar, peque,

que tengo que ir a ver a mi amado padre.

-El próximo día ponemos a parir al mío.

-Cuando quieras.

Y gracias. -De nada.

¡Hola, Paolo!

-Hola, Noa.

Qué sorpresa.

-¿Cómo estás?

Bien.

Bueno, un poco estresado por el trabajo y otras cosas,

pero... pero bien.

¿Qué tal tu madre?

-Bueno, ahí va, recuperándose.

Se ha pillado una buena gripe. -Ya.

-Pero seguro que, con mis cuidados, vuelve pronto.

Tiene ganas.

-¿Eso te ha dicho?

Me alegro mucho.

-Mi madre me contó que discutisteis por culpa de mi padre.

-Ah... Noa.

Lo siento, pero yo no quería crear problemas a vuestra familia.

-No, no, no tienes que disculparte conmigo.

No he venido a pedirte explicaciones.

Solo a saber cómo estabas.

-Bueno.

La verdad es que estoy un poco triste.

Porque tu madre y yo somos muy amigos y...

Es que me duele mucho cuando discutimos.

-Ya.

Ella también se siente mal.

Pero seguro que lo solucionáis.

-Yo también lo espero.

Es que, verás, ahora que Andrea se ha ido,

tu madre es el único apoyo que tengo.

Por eso me... me duele mucho que ella no confíe en mí

y que me crea capaz...

Perdón, que... que he metido la pata.

-No, no, si sé perfectamente de lo que estamos hablando.

Conozco a mi madre.

Y a mi padre.

Por eso sé que tú no empezaste la pelea.

Y mi madre, en el fondo, también,

pero se autoengaña.

-Noa, yo te agradezco mucho que confíes en mí.

Pero también entiendo que tu madre elija confiar en tu padre.

-Mi padre quiere romper vuestra amistad, ¿vas a permitírselo?

-Lo siento, pero yo no puedo hacer nada más de lo que he hecho.

-Ah, ¿vas a rendirte?

Ah. Pues pensaba que te importaba más mi madre, bueno, y vuestra amistad.

-No, me importa, y mucho, pero ¿qué quieres que haga?

He intentado hablar con ella y va a ser muy difícil.

Además, yo no quiero más líos.

-Pero ¿qué líos?

¿Has hablado con mi padre?

-Sí.

Antes me fui a vuestra casa y, bueno, intenté hablar con tu madre,

pero tu padre me dijo que... que ella no quería verme.

-Ah, ¿y tú le creíste?

Paolo, por favor, estoy segura

de que no sabe que fuiste a verla.

-Ya lo sé, Noa, pero ¿qué quieres que haga?

No puedo crearle más problemas.

-Necesita que le abran los ojos, ¿no lo ves?

-Esa no es mi labor, Noa.

Tu madre puede equivocarse, ¿o no?

Pero...

Pero yo tengo que confiar en ella.

Y, además, no quiero meterme más en su matrimonio.

Por eso, por favor,

prométeme que no le dirás nada de lo que yo te he dicho.

-Tranquilo.

-Yo te prometo que, en cuanto todo esto se calme,

hablaré con ella.

-Mi madre necesita más amigos como tú.

Seguro que lo arregláis.

-Ojalá.

(JAVIER) Esta es la web del centro comercial.

No creo que tenga mucha información.

Vete a "prensa".

Aquí hay un artículo de la inauguración.

Ajá.

Y mira la constructora que levantó el centro comercial.

Qué puntería.

Hortuño. (SE QUEJA) Sí.

Ya sabemos quién nos lo fastidia. ¿Cómo ha podido saberlo?

¿Cómo se ha enterado de que negociábamos con esta franquicia?

Habrá movido sus hilos.

Ha hablado con los del centro comercial.

Les ha pedido que aumenten y mejoren nuestra oferta.

Y la crepería se va con ellos.

No lo sé, algo no me cuadra.

Está claro que Hortuño no va a parar.

Deberíamos adelantarnos a sus movimientos.

Lo importante es encontrar un negocio que nos alquile el puesto.

Y hay que darse prisa, si no, Hortuño nos lo va a pisar.

Si puedo ayudarte, cuenta conmigo.

Creo que sí.

Puedo ofrecérselo a un negocio innovador

en el que Hortuño

no tiene ninguna influencia.

Por favor. (CARRASPEA) Javier.

Si te refieres al negocio de Ingrid, ya sabes mi opinión, ¿mmm?

(Puerta)

(Puerta)

(JESÚS) Vamos, cariño, creí que tenías prisa.

¿No te tocaba a ti abrir la carnicería esta tarde?

-Sí, pero... tenemos que hablar.

-¿Y no podemos dejarlo para luego?

Tengo a Jonathan solo en la frutería y ya habrá llegado el pedido.

-Olvídate de los pedidos y de todo lo demás.

Deja de actuar como si no pasara nada, por favor.

-¿Me he perdido algo? -¿Me tomas el pelo?

Yo todavía tengo mal cuerpo después de la discusión con Elías.

-Bah, eso no tiene importancia, cariño.

He tenido mil como esas y no ha llegado la sangre al río.

Sin contar las que he tenido con Lorena.

-Pues eso no me consuela.

Es que no parecíais padre e hijo.

Parecíais dos socios mal avenidos, dos enemigos.

-Bueno, los negocios familiares no son fáciles.

Tú también habrás tenido muchas broncas con Carmen.

-Sí, claro que sí.

Pero nosotras podemos discutir y perder los nervios

porque nos queremos.

Pero vosotros hablabais con una frialdad

que me ha puesto mal cuerpo.

-No.

Elías y yo estamos bien.

Tranquila. -¿Bien?

¿Después de lo que acabo de ver? ¿Bien?

Yo creo que lo único... -No te cortes, no te cortes.

Di lo que piensas de mi familia y de mí,

que tienes mucho que opinar.

-Perdón, perdón, tienes razón.

Tu relación con tus hijos no es asunto mío,

pero sí la nuestra.

-¿Qué pasa, que ahora tienes algún problema conmigo?

-Pues eso me pregunto yo.

Yo creo que tenemos confianza para hablar.

A ver, Jesús, yo te quiero.

Y no voy a juzgarte ni a ti ni a tu familia.

Solo me preocupo.

"Que no".

No hay manera de hacerle entrar en razón a tu abuelo,

el cabezota, no se da cuenta.

Nos va a hacer perder una oportunidad de oro.

Se ha convertido en un lastre para su propia empresa, es así.

Un señor viejo, conservador, cobarde.

A ver si lo asume, se quita de en medio

y me deja tomar las decisiones de mi empresa.

Su empresa.

Aunque no te guste, es el fundador y socio mayoritario.

Ese es el problema, quiere tomar las decisiones, y no.

Ya está pasado de moda, anclado en el pasado.

Me tiene que dejar a mí.

Distribuir una cadena de supermercados

como Sol Miranda es poner todos los huevos en un mismo saco.

Si no sale bien, sería el fin.

¿Por qué no saldría bien?

Estamos preparados de sobra para dar el gran paso,

convertirnos en lo que tenemos que ser.

El abuelo no piensa igual.

No creo que falle su olfato, confío en su criterio.

¿Su criterio?

¿Tú sabes por qué no quiere firmar?

Porque la idea es mía.

Da igual que sea buena o sea mala,

es que es mía, y por eso no quiere firmar.

Ese es el criterio de tu abuelo.

Vaya, hace lo mismo que tú conmigo.

¿Ya no te acuerdas, cuando no me apoyaste

con lo de las cestas de frutas?

(JESÚS) "Te lo agradezco".

Pero hay cosas que no entiendes porque no nos conoces.

-No, ya me he dado cuenta.

Así que te pido, si hablas con tu hijo,

que me avises para no estar presente.

Prefiero perderme el espectáculo.

-No te preocupes, que no volveré a sacar el tema.

Total, no nos íbamos a poner de acuerdo.

-Elías y tú queréis lo mismo para la familia y la empresa.

-Sí, pero somos tan ambiciosos que no damos el brazo a torcer,

aunque pensemos que el otro tiene razón.

-¿De verdad crees que tu hijo no lleva razón en nada?

-No, no, no es eso.

La verdad es que lleva mucho tiempo dirigiendo la empresa.

Va siendo hora de cambiarle sus condiciones.

Le contentaré subiéndole el sueldo

y dándole un bonus extra en el reparto de beneficios.

-¿Y el contrato que quería que firmaras?

¿No crees que deberías apoyarlo

y dejarle que dirija la empresa? -No, no.

Por ahí no pienso pasar, no quiero que su ambición

ponga en peligro

lo que he tardado cuarenta años en levantar.

-Ya...

-No, no te muerdas la lengua.

Que te va a salir sangre...

Anda, dime lo que pensabas.

-Pues que deberíais poneros de acuerdo.

Él no va a ceder.

-No, por supuesto que no.

Pero sin mi firma no tiene nada que hacer.

-Pues ya lo ha intentado con Germán.

Elías es un hombre de recursos y tan cabezota como tú.

A mí, lo que me da miedo es que, al final,

haga algo que os enfrente.

-No, ya te lo he dicho, no conoces a mis hijos.

Aunque parezca mentira, Elías es el más dependiente.

Y, aunque se enfade mucho,

no se va a rebelar contra mí.

-¿Y cómo estás tan seguro? -Porque sé cómo respira.

Salieron de casa muy jóvenes

para buscarse la vida.

Y Elías no fue capaz de dejar el nido ni aun cuando se casó.

-Bueno, Carmen también vive conmigo, eso no significa...

-Carmen no es Elías.

Mi hijo no ha madurado en muchas cosas

y eso le hace débil, y él lo sabe.

Y, aunque parezca que está enfrentándose siempre a mí,

necesita mi aprobación.

-Nunca te había oído hablar así.

No pareces orgulloso de tu hijo.

Eso debe ser muy duro para él.

-Yo quiero a mi hijo.

Pero necesita que alguien le pare los pies.

No, hijo, no.

Tu abuelo no tiene miedo

de que yo lleve la empresa a la ruina.

Tu abuelo de lo que tiene miedo

es de que yo lleve la empresa más lejos de lo que él fue capaz.

A él le duele su hombría.

Yo creo que eres tú el que le subestimas a él.

El abuelo es más inteligente que eso y quiere a su empresa.

Aunque así fuera, su tiempo ha pasado.

Se ha quedado anclado en el pasado.

Tiene que dejarme a mí, que yo tome las decisiones.

Muy bien.

Aun así, no puedes seguir adelante con Sol Miranda sin su permiso.

Bueno, bueno, eso... eso ya veremos, se me ocurrirá la forma de hacerlo.

(RESOPLA) Yo flipo.

Flipo, es que no me lo puedo creer.

¿Tú no te cansas nunca de traicionar a las personas que confían en ti?

¿De qué hablas? ¿Que de qué hablo?

Ajá. De Hortuño.

Del Mercado, de mamá, del abuelo, de todo.

¡No sé cómo puedes mirarte al espejo!

Oye, tú, baja el tonito, ¿eh? No dejaré que me faltes al respeto.

¿Que te falte al respeto? Ajá.

Por tu culpa, estoy mintiendo a todos.

Soy yo el que falta al respeto a los que me importan.

Y, mientras, ¿qué haces?

¿Qué haces? (RÍE)

Traicionar a mamá y al abuelo.

No te gusta tu trabajo, ¿no?

Otra vez, ¿no? Ahí tienes la puerta, puedes irte.

Pues, mira, quizás es lo que tengo que hacer de una vez.

Largarme de tu lado, igual que mamá.

No metas a tu madre, no tiene nada que ver.

Ni con esto ni con la empresa.

No, tienes razón, discúlpame.

Estábamos hablando de tu padre y de la puñalada que piensas darle.

Mi padre hace años que no se pasa por este despacho.

No estoy traicionando a nadie, estoy defendiendo lo mío.

Lo que es justo.

Ya es hora de que decidas de qué lado quieres estar.

Carla, no creo que sea una buena idea.

No lo entiendo, Jonathan me dijo que estabas

fastidiado de la ciática y que necesitarías a alguien.

Sí. Para ayudarte.

Pero tú ya trabajas en el Mercado, en el servicio de limpieza.

A Javier no le hará gracia.

No te preocupes, en serio, que... que puedo hacer horas.

Tengo que pagar yo sola el piso y necesito la pasta.

Y tengo energía

para hacer todo. Eso está genial.

No creo que sea legal

pluriemplear a quien trabaja para el Mercado con una subcontrata.

Javier es muy serio con esto.

Tú déjame que hable con él, espérate, encontraré una solución, un acuerdo.

Carla, es mi amigo y no lo voy a poner en esa tesitura.

No es buena idea.

Tío, ¿por qué no me quieres contratar?

¿Tienes algún problema conmigo? No.

No tengo ninguno más allá de la ciática.

(SUSPIRA) Ya, claro.

¿Adónde quieres llegar? ¿Qué pasa?

Está claro, soy una mujer, crees que no puedo levantar pesos.

Tú siempre estás con lo mismo, de verdad.

Esto no va de eso, ¿eh?, va de responsabilidades laborales.

Mira, muevo cajas que pesan más de 30 kg.

Mira lo que me ha pasado.

Si eso te pasa a ti

y tu contrato no es legal, tengo un problema.

Existen técnicas para levantar peso,

que está claro que no dominas, o no te habría pasado.

Vale, pues ya las aprenderé.

Ese no es el problema, en serio, seguro que haces un buen trabajo.

Jorge, tío, por favor, en serio.

No te lo estaría pidiendo si no fuera porque necesito la pasta.

Lo siento en el alma.

No quiero problemas con la Seguridad Social.

Vale, que no me quieres contratar, no pongas más excusas.

No quiero problemas, eso es todo.

Vale.

Pues vale.

¿Y mamá?

-Se acostó después de comer.

Descansa, no la molestes.

-¿Y qué tal ha pasado el día? ¿Ha comido bien?

-Sí, le sentó muy bien el caldo, estaba más animada.

Le ha bajado la fiebre, pero sigue muy pachucha.

-Me alegro.

Si estaba mejor, habrás podido hablar con ella.

¿Le has dicho que Paolo vino?

-Shh...

Estoy trabajando.

Trata de no hacer ruido.

Estate pendiente por si tu madre necesita algo, ¿eh?

-Papá, te he hecho una pregunta.

-Ya, y, si me hubieras preguntado cómo estoy o me hubieras saludado,

a lo mejor te contestaría.

Puedo soportar tu impertinencia cuando te preocupas por tu madre,

pero nada más, ¿eh?

-Buenas tardes, papá, ¿cómo estás?

-Gracias por preguntar, hija.

Pues estaba muy bien hasta que has llegado tú.

Si no te importa, déjame trabajar.

-No pienso dejarte hasta que me respondas.

¿Por qué no le dijiste que Paolo vino a verla?

-¡Shh!

Porque estaba con fiebre en la cama y necesitaba descansar,

no atender visitas.

-¿Y por qué le dijiste a Paolo que mamá no quería verlo?

A él le mentiste y a mamá le ocultaste la visita.

¿Qué explicación tienes para eso?

-La tenga o no, no eres quién para exigirme explicaciones,

ni yo pienso dártelas.

¿Lo has entendido?

-Entiendo que vuelves a manipular y a mentir para controlar a mamá.

Como siempre.

Pero no dejaré que le hagas daño.

-Jamás haría daño a tu madre.

La quiero más de lo que serías capaz de querer a nadie.

Solo intento protegerla y cuidarla. -¿De qué?

¿De qué, papá, protegerla de qué?

¿De tener amigos? ¿De autorrealizarse, de ser feliz?

-Tu madre es feliz conmigo. (NOA RÍE)

-Mmm. (NOA RÍE)

Eso es lo que te dices a ti mismo para justificarte.

Mamá no te importa, de verdad, solo piensas en ti, ¡estás enfermo!

-¡Basta! ¿Quién eres para hablarme así?

-Tu hija, papá, soy tu hija.

(PAOLO) Ah, qué bien.

Me alegra mucho que te guste la escuela.

Y la ciudad también, ¿no?

Ah.

Sí, sí, Andrea, yo bien.

Sí. Sí, sí.

No, Rosa me está ayudando mucho...

Ah.

Ya, yo también, Andrea.

Te echo mucho de menos.

Ya.

No, tranquilo, vete, vete. Sí, sí.

Te vuelvo a llamar mañana, ¿de acuerdo?

Bueno, a videollamarte, sí.

Cúidate, gordito.

Chao. Chao, chao.

(SUSPIRA)

(SE QUEJA)

Hola, Jorge.

Las especias que me pediste.

¿Todo bien? Uh...

¿Me dejas que me siente un momentito?

Me está dando una punzada ahí. Claro que sí.

(SE QUEJA) Huy...

Estás pálido, ¿eh?

La ciática me está matando, tío. Ya.

Te entiendo, a mí también, cuando me da, me deja doblado.

Tú tampoco tienes muy buena cara, ¿eh?

Ya. Echas de menos a Andrea, ¿no?

Pues sí... (SUSPIRA)

Pero, mira, acabo de hablar con él y me ha dicho que le gusta Liverpool,

así que esto me consuela.

Esa es la actitud, muy bien.

¿Por qué cierras tan temprano la pizzería?

¿Te ha pegado la gripe Rosa?

No. No, no.

Es que estoy un poco cansado y he decidido tomarme la tarde libre.

Muy bien que haces.

Llevas una temporada difícil y te vendrá bien

darte una vuelta. Ya.

¿Tienes planes?

Pues sí, sí, me... me ha llamado un amigo,

nos vamos a jugar al pádel y...

Bueno, después, a tomar unas cañas con sus amigos.

Pero bueno, no hay pena que no curen un par de cañas y buena compañía.

Ya.

Para la próxima,

si la ciática me deja, me apunto. Hombre.

Claro que sí. Te ayudo. ¡Ah!

"Grazie mille". A ti.

Chao. Chao.

(RESOPLA)

(SUSPIRA)

(NACHO) "Me quedo sin paciencia".

¿Me acusas de manipular después de las estupideces

que te has inventado para poner a tu madre en mi contra?

-Eres muy bueno retorciendo la realidad.

Pero no entraré en tu juego.

Si de verdad te importara mamá,

sabrías lo mal que lo ha pasado con lo de Paolo

y le ayudarías a recuperar una buena amistad.

-Una buena amistad. -Sí.

-Paolo es un hombre desesperado.

Su mujer se ha ido con su mejor amigo.

Tu madre no es una amiga.

Es una tabla de salvación a la se agarra desesperadamente,

de eso la estoy librando.

-Oh, guau.

Eres bueno, ¿eh?

Si no conociera a mamá y a Paolo,

casi me habrías convencido. -Yo no tengo que convencerte de nada.

Tú me has pedido explicaciones, pues bien,

es por lo que me aseguro de que Paolo no moleste más a tu madre.

-¿Y le has preguntado a ella si le molesta?

No, verdad, ¿para qué?

¿Qué derecho tiene ella a opinar sobre su vida?

-¡No me hables así!

-¿Te cabrea saber que tengo la razón?

(ROSA) Chicos... -No tienes ni idea.

-Por favor. -No sabes qué quiere.

-¡Sé lo que quieres tú!

¡Asfixiarla en esta casa contigo!

-Chicos, necesito ayuda.

Por favor. -Rosa.

(ROSA) Ah...

Hola, Ingrid.

Soy Javier.

Javier Quílez.

No te lo vas a creer, soy el gerente del Mercado Central.

Precisamente ahora tengo tu dosier en la mano.

¿Cómo lo tienes para quedar esta tarde?

Esto es tuyo. Vale.

Esta lasaña es la mejor comida precocinada que vas a comer.

Que se lo digan a Adela, siempre se la lleva.

Hace mucho que no la veo por aquí.

Y no creo que las vuelvas a ver.

¿Os habéis repartido los puestos?

¿Ella se queda en la floristería?

Una manera muy práctica de dividir el trabajo.

Y de no volver a relacionarnos, que es el objetivo.

Vale.

Ha pasado algo.

¿Algún problema?

Venga, no te hagas el tonto conmigo.

Seguro que Lorena te lo ha contado todo.

Te juro que no tengo ni idea de qué me hablas.

¿Qué ha pasado con Adela? ¿Y qué tiene que ver con Lorena?

(SUSPIRA) Lo siento.

Perdona, he juzgado mal a Lorena, no sabía que iba a ser tan discreta.

Da igual, olvídalo.

No, no, no, eh.

No me puedes dejar así, ¿qué ha pasado?

Pues que ha estallado todo, Jorge.

Y no sé muy bien qué es lo que tengo que hacer,

porque Adela sabe todo lo que ha pasado con Elías.

(SE QUEJA)

¿No me dices nada?

(SUSPIRA) Pues que lo siento mucho, Celia.

Ahora sí que me siento juzgada. No, no pretendo juzgarte, pero...

A ver, ¿qué esperabas?

Estabas jugando con fuego, y tú lo sabes.

La situación era una bomba de relojería.

Podía explotar en cualquier momento y lo ha hecho.

Lo sé.

Pero ahora mismo no necesito sermones, de verdad.

No te voy a sermonear, tranquila.

De hecho, no sé qué más decirte.

Eso tampoco me ayuda ahora mismo.

Necesito... necesito un amigo.

Celia, de verdad, siento mucho que estés pasando por esto,

pero, sinceramente,

la única víctima aquí es Adela.

Hola, Ingrid.

(RÍEN)

Qué alegría verte. -Un beso. Igualmente.

-¿Nos sentamos? -Venga. (RÍE)

-Perdona si ha sido precipitado. -No, estaba deseando que me llamaras.

Ya empezaba a temer que no fueras a hacerlo.

¿Por qué has tardado tanto? -Disculpa si te he tenido en vilo.

No puedo tomar las decisiones por mi cuenta.

Hablemos de tu proyecto de restaurante, me encanta.

Funcionará genial en el Mercado.

-Sabía que te gustaría.

No sé qué estamos esperando, yo deseo ponerme manos a la obra.

Y seguro que tú puedes acelerar

los trámites, papeleos para los permisos y...

-No podemos hasta que presente el proyecto

en la asamblea y lo aprueben.

-Pues dime dónde y cuándo es esa asamblea

y te ayudaré a convencer a quien sea.

-No va a ser tan fácil, Ingrid.

Hay una persona que seguramente

no apruebe que te alquilemos el puesto.

-Ya. ¿Y por qué? ¿Quién es esa persona?

-Jorge Santos.

-¿Jorge también ha montado un restaurante?

-Una tienda de "delicatessen".

-¿Una tienda?

¿Jorge trabaja detrás de un mostrador?

-Decidió dejar la hostelería en aquella época.

Y, aprovechando sus contactos

y sus conocimientos en productos de calidad,

lo montó y le va bastante bien.

-Vale.

Pues no puedo imaginarme a Jorge lejos de los fogones.

La cocina lo era todo para él.

-Acuérdate, ese era parte del problema.

-Sí, ya lo sé.

Cuando entré a trabajar en La Fanega,

ya sabía que estaba divorciado y lo mal que lo había pasado,

pero, tonta de mí,

me convencí de que conmigo sería distinto.

-Si te sirve de consuelo, pensaba que lo vuestro funcionaría.

-Sí.

Fue una decisión de Jorge.

Yo no quería dejarlo, pero no me dio otra opción.

-Lo siento, sé que lo pasaste mal.

Te fuiste tan rápido que...

Casi ni te vi. -Ya.

Necesitaba alejarme

y sabía que él también lo prefería así.

¡Jorge! ¡Ah!

¿Estás bien? Sí.

¿Seguro? La ciática me está matando.

Pero todo bien. (SE QUEJA) A ver dónde está...

¡Carla! Carla, ¿puedes ayudarnos, por favor, con la escoba?

Gracias. Aquí. Voy.

A ver. Anda, menuda obra has liado, chaval.

Si no puedo ni con una caja de pasta...

Yo te podría haber ayudado a colocar todo esto.

Pero tú mismo.

Carla tiene razón.

Necesitas ayuda.

Pero no tengo tiempo de buscar a nadie.

Pero si te acaba de decir que ella te ayuda.

Y te lo agradezco mucho.

Nada, el único problema que hay

es que piensa que no puedo levantar peso.

No digas eso.

Jorge no es machista.

No, no soy machista, pero tú eres...

Telita, ¿eh?

Soy realista y precavido.

Si carga y se lesiona, me busco un problema.

Ay... (SE QUEJA)

Esto es cuestión de técnica.

Mmm. Pero bueno.

Te lo dejo aquí, aunque quede feo, y así no tienes que agacharte.

Hala. Carla, espera.

(SUSPIRA)

Vete a hablar con Javier y pregúntale cómo hacemos esto.

Si te da el okey, empiezas hoy.

No te arrepentirás, te lo juro.

No lo tengo tan claro.

Anda, tira.

¡Ah!

Has hecho muy bien.

Va a ser muy buena ayudante.

Bueno... Mira, un problema menos.

Pues sí.

Ahora te toca a ti resolver el tuyo, ¿mmm?

Ya.

Bueno.

Le escribí varias veces, pero nunca me contestó.

Creo que me acerqué demasiado.

-Os conocisteis en un mal momento.

Él estaba pasando la peor crisis de su vida.

Acuérdate, era incapaz de tener una relación sana con nadie.

-Puede ser.

Pero no me arrepiento de nada.

Tuvimos momentos felices y aprendí mucho cocinando con él.

Era como...

Como ver a un virtuoso en la cocina. -Lo era.

Sí. -Pero, como otros tantos genios,

pasa de adorarte a tirarte los platos a la cabeza en un segundo.

-Estaba en un mal momento.

-Sí. -Pero ha cambiado mucho.

Ahora tiene

una relación con una chica supersana, ha cambiado.

Es otro hombre, ya lo verás. -Me alegro.

Entonces no sé qué problema tiene conmigo.

¿Por qué no puedo abrir mi restaurante?

-Puedo decirte que cuentas con todo mi apoyo.

Sería genial tenerte en el Central.

-Pues... supongo que tú podrás convencer a Jorge.

-No creo que sea yo el que tenga que convencerlo.

Entonces los vómitos los provoca la misma gripe.

-Con el tratamiento, mejorará. (NOA) Eh...

Jarabe cada seis horas y mucho líquido.

-Seguiremos sus indicaciones.

Muchas gracias por acercarse tan rápido.

-Voy a buscar el jarabe de mamá, que habrá que dárselo esta noche.

-Déjalo, ya has hecho bastante.

-¿Me estás culpando de algo?

-No creo que le sentara muy bien escuchar nuestros gritos,

ni la oímos pedir ayuda.

Ninguno le hicimos caso cuando nos necesitaba.

Ahora la salud de tu madre es lo importante.

Y, si quieres ayudar,

tendrás que esforzarte por dejar de discutir.

-Yo estoy dispuesta a hacerlo, ¿y tú? Las discusiones son cosa de dos.

-Por mi parte, no habrá ningún motivo de pelea, te lo aseguro.

-Lo mismo digo.

Ya que estamos de acuerdo,

te pido que dejes que yo cuide de mamá.

-Nadie te lo impide.

Pero no me gusta nada el tonito con el que me lo dices.

¿No te fías de mí? ¿No crees que la esté cuidando bien?

-Eso lo estás diciendo tú.

Si te pones tan susceptible,

me temo que nuestro trato no va a durar mucho.

-No quiero discutir,

pero estoy harto de sentir tu desconfianza.

Ves malas intenciones en mí hasta cuando cuido de tu madre.

-Que no, papá, que no es eso, eres tú el que lo malinterpretas.

Yo lo único que no quiero

es que faltes mucho al trabajo. -Ya.

Pues tú no te preocupes por eso, ¿eh? -Pues claro que me preocupo.

Ya vimos lo mal que te pusiste cuando estabas en el paro.

Y no quiero que tengas problemas ahora que te empieza a ir bien.

-No los tendré, tranquila.

Pienso sacar el trabajo desde casa. Y ya te lo he dicho.

Lo importante es tu madre, no la dejaré.

-No estará sola, estará conmigo.

Mañana puedes ir a la oficina, tranquilo.

-Prefiero quedarme mañana

y comprobar que responde al tratamiento.

-Ha dejado de vomitar con la inyección.

Mañana, seguramente ya esté mejor.

Si pasa cualquier cosa, te llamo. -No insistas.

-Está todo controlado. -¡Noa!

Acabamos de hacer un pacto, así que vamos a respetarlo.

He dicho que mañana me quedo yo y punto.

Tengo una reunión a primera hora y después vengo.

¿Estamos?

Y, ahora, toma.

Vete a por el jarabe.

Adela.

¿Qué quieres ahora?

Quería pedirte... perdón, decirte que lo siento.

¿Qué sientes?

¿Haberte acostado con mi marido o que yo me haya enterado?

Siento no habértelo contado desde el principio.

Mira, déjalo.

Ni me interesaba escucharte antes ni me interesa escucharte ahora.

(Móvil)

Carmen, dime, ¿qué ha pasado con el encargo de las cestas?

Sí, claro.

¿Veinte cestas?

¿Para cuándo las necesita?

Para la semana que viene. Pues sin problema.

De acuerdo, dile a Purificación que las tendrá.

No, gracias a ti. Adiós.

Adela, lo siento, pero...

Entendía que querías disolver la sociedad.

Pues te equivocas.

Ya has arruinado mi matrimonio,

no voy a dejar que arruines también mi negocio.

No entiendo nada.

¿Cómo vamos a trabajar juntas si no me soportas?

Muy sencillo: siendo profesionales y separando las cosas.

Ningún cliente ni el Mercado

tienen que saber de nuestras diferencias.

Vale, pues, si a ti te parece bien, yo...

Estoy dispuesta. Mmm.

Bien. Y escucha.

Dentro del puesto,

mantendremos un trato cordial, pero nada más.

Fuera de él,

estás muerta para mí.

(SUSPIRA)

Hey, Jorge.

La ciática se cura en casa, ¿eh?, descansando.

¿Qué haces todavía por aquí?

Eso mismo te iba a preguntar yo.

¿No habías quedado para jugar al pádel?

Sí. Sí, sí, pero...

Resulta que no había reservado la pista y...

Y ya estaban todas ocupadas.

Por eso hemos tenido que cambiar de plan.

Vaya.

¿Y qué vais a hacer?

Pues... nos vamos al cine.

De hecho,

tendría que salir corriendo.

Nos vemos, ¿eh? Claro.

(SUSPIRA) Me alegra que estés aquí, tenemos que hablar.

¿Querías algo?

Pues, mira, sí.

Sé que viste cómo mamá abofeteaba a Celia,

así que estarás enterado de lo que ha pasado entre nosotros.

Sí, ya sé que eres un jeta.

¿Y sabes qué es lo peor?

Que no me sorprende.

Pues, mira, sí, hijo, la he cagado, llevas toda la razón del mundo.

Pero hay cosas que tú no sabes, tu madre sigue siendo

tan importante como el primer día. Eh, no.

No malgastes más saliva,

me dan igual las historias que me cuentes.

Has hecho daño a mamá, punto, no quiero saber

nada más.

Muy bien, si no quieres hablar más del tema, no hablaremos.

Pero todavía no hemos terminado.

Tenemos que hablar de la empresa.

Es hora ya de que tomemos decisiones.

No, quien tiene que tomar decisiones es el abuelo, y ya lo ha hecho.

Y no podemos hacer nada, no soltará el control.

Pues por eso mismo, hijo, por eso mismo.

Es muy injusto que tú y yo nos estemos matando a trabajar

y yo solo me lleve el 25 % de los beneficios

y tú, nada.

Ya no lo digo solo por mí.

En serio.

Yo soy el presidente de la empresa.

Pero tú eres el futuro.

Y tu abuelo ya es el pasado.

Ya.

Eh... Concreta, ¿vale? ¿Qué quieres que haga exactamente?

Que me ayudes a darle el empujón para que se eche a un lado

y nos deje tomar las riendas, pero de verdad.

Tu abuelo ahora tiene que disfrutar de la vida junto a Valeria.

Ya. La verdad es que últimamente solo piensa en la reforma de la casa.

¿Qué reforma?

¿Otra vez la casa de Comillas? No.

No... Ah...

Creo que acabo de meter la pata.

Bueno, da igual.

Te ibas a acabar enterando, así que...

Quiere hacer una reforma integral de su piso.

¿Por qué? Si el piso está perfectamente.

Ya, pero lo hace por Valeria.

Quiere que sienta que empiezan un nuevo comienzo juntos.

¿Y tú de dónde crees

que el abuelo va a sacar el dinero para la reforma?

Del dinero que ganamos tú y yo trabajando.

Se ha ganado el derecho de gastarse el dinero de su empresa.

No, no cuando somos tú y yo los que nos matamos a trabajar aquí.

Por eso tenemos que tomar nosotros las decisiones.

Hay una cosa clara:

la persona que puede hacer cambiar de opinión a tu abuelo ¿quién es?

Valeria.

Tenemos que hablar con ella.

Convencerla para que hable con el abuelo

y se eche a un lado. Ya.

Pero Valeria no es tonta.

Ese es el reto.

¿Puedo contar contigo?

Sí.

Sí.

¿Sabes por qué paré el divorcio la otra vez?

Porque no quería hacerte daño y vi que estabas hecho polvo.

Te abandonaste a la bebida y me dio mucha pena.

Pero, visto lo visto, creo que es una buena idea, ¿no?

Supongo. Me he informado.

Si es de mutuo acuerdo, el trámite es muy rápido.

Cuando acabe de trabajar, prefiero desconectar, descansar.

Y, la verdad, necesito estar un poco solo.

¿Me entiendes?

-Pero le prometí a Andrea que te ayudaría.

Y ya estoy comprometido, lo tengo que hacer.

-David, no es necesario, de verdad.

Me parece que nunca se sabe lo que te puede deparar la vida.

Y que a lo mejor ha llegado el momento de dar ese paso.

¿Se puede saber qué me estás proponiendo?

Que empecemos de cero juntos. Tú y yo.

Paolo es majo, yo no digo que no, pero no... no sé.

Es un tío adorable. (NICOLÁS) Mmm.

Nunca falla en una reunión.

Si hay un problema, es el primero que acude.

Creo que debemos hacer algo.

Es inhumano ver que lo pasa mal y quedarnos de brazos cruzados.

Deberíamos quedar con él, aunque sea para distraerlo.

-A ver, exactamente, ¿qué propones?

(RESOPLA) Unas cañas, comer...

Vale, venga, sí.

-Para eso me querías, ¿eh?

Para pedirme que me jubile.

¡Yo, el fundador!

No, papá, no.

Yo no te quiero pedir nada.

Yo lo que quiero es irme.

Voy a montar mi empresa por mi cuenta.

No hay sitio para los dos.

Puedes poner tu negocio donde te dé la gana.

Funcionará, es muy buena idea. Ya lo sé.

Pero, sinceramente,

lo que me ha cebreado es que me cierres la puerta.

Eso no es así.

Ya.

Pues entonces Javier miente muy bien.

Y tú, muy mal.

Pero tomad una decisión rápido, necesito una respuesta pronto.

-Creo que un poco menos de actividad le iría mejor.

Menos actividad y menos responsabilidad.

Es mucho estrés, y como le cuesta tanto delegar...

-Ah.

Pero ¿eso quién lo piensa, tú o tu padre?

-No, yo, yo... O sea, es mi opinión.

-Si es tu padre el que te manda con el recado,

te advierto que a mí no se me manipula tan fácilmente.

Celia, ¿cómo van lo de las citas por internet?

Yo no tengo citas por internet, ya lo sabes.

Ah, ¿y eso?

¿Qué ha pasado con... Daniel? ¿Se llamaba así?

¿Ya no quedas con él o es que has conocido a uno nuevo?

Por favor.

¿Citas por internet? ¿Quién es Daniel?

Nadie. Vaya, lo siento.

No me digas que no le has contado nada a David.

¡Igual es mi ruina!

-Por Dios... Pero, por Dios, ¿qué te pasa? Tranquilízate.

Vamos, Jesús. -Que me falta un poco el aire.

-A ver, ¿qué pasa? A ver, respira.

Tranquilo, por Dios.

Tranquilo, por favor, Jesús.

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Mercado Central - Capítulo 86

27 ene 2020

Elías convence a Germán para que ayude a que Jesús les deje paso y les ceda parte de la empresa.
Adela se enfrenta a Celia y a Elías y les deja claro lo que piensa de ambos. Pero quiere evitar que la relación de su marido y su socia se haga pública. Mantendrá el negocio con Celia, pero solo por guardar las apariencias. Germán se entera de lo ocurrido.
Javier contacta con Ingrid para intentar que su proyecto recale en el mercado, a pesar de la oposición de Jorge.
Paolo, deprimido, intenta fingir ante Jorge que está bien y se inventa que tiene una salida con amigos para divertirse.
Noa cree la versión de Paolo sobre la pelea entre Nacho y él y se enfrenta a su padre. Pero la discusión provoca que descuiden a Rosa, que empeora de su gripe.
Jorge, con ciática, necesita a alguien que le ayude a cargar peso. Carla está interesada, pero Jorge se niega a contratarla. Celia ayuda a Carla a convencerle de lo contrario.

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