Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 85 - ver ahora
Transcripción completa

Él no sabía que él conducía el coche cuando se enamoró de ti.

Y si luego no te lo contó supongo que sería...

para no perderte, tía, por miedo a hacerte daño.

Yo qué sé.

Sí sé que Samu es muy buen chaval

y te quiere mucho, muchísimo, tía.

-¿Tú crees que reactivarán la subvención?

Con esta gente, nunca se sabe, te prometen y luego...

No lo sé, tío, hará lo que le dé la gana.

Eso es lo que me preocupa. Va a salir en la tele.

Tiene dos opciones:

o cumplir su promesa

o que lo pongan a parir en las tertulias políticas.

Eso nos daría fama.

-Te creo.

Pero sigo pensando que la violencia no justifica nada.

-Tuve que defenderme, Rosa.

-Está bien, ya está.

-¿Y cuántas veces me he pegado desde que me conoces? Por favor...

He traído unas cositas.

¡Guau!

"Superdelicatessen maître" y ahora supermerienda.

Sí.

Para contrarrestar un poco

lo superborde que he estado estos días.

Es muy duro ser el último en enterarte.

Porque, además de la traición, te sientes un imbécil.

Puede que tengas razón

y que sea mejor tener las cartas sobre la mesa.

Lo mejor es que cada uno se quede en su sitio.

-Vale.

Pero si en algún momento...

necesitas algo...

-O sea, papá ve la foto y piensa que es Paolo.

Y después Paolo aparece con un puñetazo en el ojo.

-Mira, hija... -Es blanco y en botella.

-Descubro esta foto y no quiere que te la enseñe.

-Bueno, ya está... -No, ¿cómo te crees su versión?

-Es mi marido y es tu padre y nos la vamos a creer las dos.

-¿Te puedo pedir un favor?

-Claro.

-David, cuida de mi padre, "porfa", que está aquí solo y...

-Vale.

Además, como mi padre está muerto, no se pondrá celoso.

¿Tú sabes quién es?

¿Por qué no te pasas por aquí y te lo digo cara a cara?

"¿Adela? Adela...".

Entonces esto es una despedida, ¿no?

¡Adela!

Por fin, te he llamado cien veces, estaba muy preocupada.

Lo siento, es que...

Apagué el móvil y me fui a la cama.

Aunque no he pegado ojo.

Fuiste al hotel.

Vamos a sentarnos.

Adela...

Te dije que no era una buena idea.

¿Y?

¿No has hablado con Elías?

No, le esperé anoche.

Pero no... no llegó, debió llegar muy tarde.

Y esta mañana no le he visto.

¿Qué ha pasado?

Nada.

Nada.

Cuando los vi allí juntos, a mi marido y a mi amiga,

abrazados,

me quedé tan en "shock" que no supe reaccionar.

¿No les dijiste nada?

No.

Nada.

Toda la rabia y toda la fuerza que me habían empujado hasta allí

desaparecieron en unos segundos.

No fui capaz de enfrentarme a ellos

y me marché sin decirles ni una palabra.

¿Y ellos... te vieron a ti?

No, creo que no.

No lo tengo claro, yo estaba como ida.

De hecho, todavía no he digerido lo que vi.

Ya me imagino.

Lo siento.

Lorena, ¿tú lo sabías?

Y no me lo contaste.

Yo solo quería darle la oportunidad a Elías de que te lo dijera él.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Adela, perdóname.

Yo... Creo que era mejor

que lo supieras por Elías, que tuviera valor para decírtelo.

Es que no me imaginaba que te ibas a encontrar con esto de cara.

Lo siento. Me entiendes, ¿verdad?

Sí, tranquila.

Yo le di un ultimátum, Adela,

le dije que o te lo contaba él o te lo contaba yo.

Yo quiero a mi hermano,

pero se ha comportado como un desgraciado.

Y yo estoy contigo al cien por cien, lo sabes, ¿verdad?

¿Y qué me dices de Celia?

Somos socias, amigas, muy buenas amigas.

Y se estaba tirando a mi marido.

Es que...

¿Qué tipo de persona hace eso?

Yo se lo contaba todo, Lorena, todo.

Ha sido mi confesora, mi paño de lágrimas.

Incluso me refugié en su casa.

Por eso no quería que le preguntara por su amante,

¿te das cuenta?

Qué... qué rastrera.

No sé quién ha sido más rastrero de los dos, la verdad.

Pero Celia no es de fiar.

Primero, con Jorge, después... se va con Elías.

Qué... qué... qué lianta.

Es que no puedo creérmelo.

Todo lo que he compartido, todo lo que le he contado.

Mira, hace unos días, la pillé con una mentira.

¿Y sabes lo que me dijo?

Que había quedado con alguien que había conocido en internet.

Seguro que me estaba mintiendo y que había quedado con Elías.

Bueno, no pienses en eso ahora.

¿Y en qué voy a pensar?

Si no hago otra cosa que pensar lo imbécil que he sido,

en que se han reído de mí y en lo falsos que son.

Seguramente es difícil, pero mira el lado bueno de las cosas.

¿Esto tiene un lado bueno?

¿Que mi marido y mi amiga estén liados lo tiene?

Porque yo no lo veo, ¿eh?

Te has quitado la venda de los ojos, has visto cómo es realmente Elías.

Ahora puedes olvidarlo para siempre y seguir adelante con tu vida.

De eso no te quepa duda.

¿Vas a hablar con él?

No, no lo sé.

Pero, por favor, no le cuentes nada a nadie.

Claro, por supuesto.

¿Qué vas a hacer?

No lo sé, no quiero hablar con ninguno de los dos.

Necesito tiempo para pensar

y para asimilar.

Por favor, mantenme el secreto.

Ponme un café cargado para llevar. Claro.

¡Hola, Rosa!

Perdona que llegue tan tarde,

pero es que anoche no podía dormirme

y esta mañana no he oído el despertador.

-No pasa nada, si yo acabo de llegar.

-¿Sabes qué? Es que anoche me llamó Andrea desde Liverpool

para decirme que había llegado.

Le voy a echar tanto de menos...

-Andrea es un chico muy cariñoso.

Verás como ni te enteras de que se ha ido

porque te va a estar mandando mensajes

y llamándote todo el rato. -Ya.

Pero, bueno,

que a ti también te eché de menos ayer, ¿eh?,

en la fiesta de despedida.

Podías haberte quedado un ratito más, ¿no?

-(SUSPIRA) ¿Cómo estuvo?

-La verdad es que muy bien.

A Andrea le hizo muchísima ilusión ver a sus excompañeros del grupo.

Es que no los veía desde, bueno,

desde que les robaron los instrumentos, ¿sabes?

Pero, bueno, al final, hicieron las paces,

tocaron juntos, fue... (ROSA TOSE)

-Una fiesta de despedida muy buena. (ROSA TOSE)

-¿Estás bien? Estás acatarrada, ¿no?

-Un poco, creo que he cogido frío.

-Te voy a preparar un capuchino bien caliente...

-No, no hace falta, yo ya he desayunado en casa.

Me voy a poner con las mesas,

porque luego se nos echa el tiempo encima.

Hola, Celia.

Buenos días.

Han venido las cremas hidratantes.

¿Las metemos en el próximo pedido de las cestas?

¿Lo ves bien?

Vale.

Qué poco habladora estás.

No, perdona, es...

No he pasado una buena noche.

¿Y eso?

Dándole vueltas a temas que me preocupan.

Bueno, ¿son temas de la tienda?

¿Son temas personales? Si te puedo ayudar...

No, son tonterías, ya me conoces.

Me parece muy bien.

¿El qué?

Meter las cremas en las cestas.

Oh, sí.

¿Nos ponemos? Claro, sí.

Habrá que calcular lo que ponemos y lo que sacamos

para... que no se nos vaya de precio, ¿no?

Jabones, seguro, ¿no?

Sí, sí.

¿Tenemos bastantes?

Pues espera... que lo mire... A ver.

Rosa, ¿todo bien?

-Sí, ya te he dicho que no es nada.

Es un pequeño catarro. -No, no lo digo por la tos.

Digo... Te noto seria.

-Eh... Sí, es que, bueno, hoy no tengo muchas ganas de hablar.

Me voy a ir adentro a trabajar. -Pero bueno.

Eso podrá decirlo el jefe, ¿no?

Y, como el jefe soy yo,

te digo que dejes lo de la masa y que me cuentes lo que pasa.

(ROSA SUSPIRA)

¿Sabes? Pensaba que éramos amigos.

Y pensaba que teníamos una relación sincera.

Hay cosas que no me esperaba.

-Claro que somos amigos, Rosa.

No te entiendo.

¿Qué cosas no te esperabas?

-Nacho me ha contado lo que pasó aquí el otro día.

-¿A qué te refieres? ¿A cuando me dio el puñetazo?

-Sí. Y no es como tú me lo contaste.

-¿Cómo que no?

-No.

Me mentiste.

-¿Yo? -Sí, tú.

Me contaste la versión que te interesaba

para quedar tú como la víctima.

-Rosa, perdona, pero Nacho vino, me insultó, me pegó,

y yo no hice nada, ¿cómo no voy a ser la víctima?

-Ah, ¿sí? Pues él me dijo que fuiste tú quien le agredió.

Y que a él no le quedó más remedio que defenderse.

-¿Y tú le creíste?

-Conozco a mi marido.

Mira, sé que está celoso, estoy segura de que vino enfadado,

pero también sé que él nunca iniciaría una pelea.

Me duele mucho que me hayas mentido.

-¿Y a mí no me conoces, Rosa?

¿De verdad me crees capaz de mentirte y de pegar a Nacho porque sí?

-¿Porque sí?

Mira, estoy segura de que Nacho vino aquí a provocarte,

pero eso no es una excusa. -Rosa.

Que yo no hice nada.

La historia es exactamente como yo te la conté.

Si hay un mentiroso aquí no soy yo, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

Perdóname, me voy a la farmacia a comprar un medicamento.

Oye, ¿qué fue de Daniel?

Porque no me has vuelto a contar más.

¿De quién?

De tu ligue por internet.

Ah.

Ah, sí, sí. Sí.

¿Le has vuelto a ver? No. No, no, qué va.

No hubo "feeling", ya te lo dije, ¿no?

Ya, sí, imagino que eso es lo que pasa con las aplicaciones,

que te crees que le conoces porque chateas con él,

pero, al final, siempre es una cuestión de piel,

de ojos, de química.

Supongo que sí.

¿Y no has vuelto a quedar con nadie? No.

No, yo prefiero quedar con gente que conozco

antes de tener una primera cita.

Lo de internet es demasiado moderno para mí, no me va.

Ya, te comprendo.

Supongo que no eres de aventuras arriesgadas.

¿O sí?

Porque no te conozco mucho en ese sentido.

¿Por qué me preguntas eso?

Porque hemos llegado a ser muy buenas amigas y...

No te tengo calada en ese sentido.

Y, a veces, la gente te sorprende.

Pues no, no soy de aventuras arriesgadas, no.

Al final, lo mejor es lo tradicional.

Que te lo presente alguna amiga

o que forme parte de tu círculo cercano.

Sí.

Mira, por ahí viene Lorena.

Creo que al final no vamos a tener jabones suficientes.

¿Te importa bajar al almacén y miras si tenemos más?

Sí, claro. ¿Sí?

Me tomo el café y bajo.

Hola. Hola.

Lorena, ¿tú sabes, al final,

si las obras del tejado las van a hacer o no?

Porque iban a ser la semana pasada y no he visto movimiento por aquí.

No, no sé nada de obras. ¿No?

He venido por una amiga.

Quiero hacerle un regalo.

Y he pensado que a lo mejor me podías recomendar

algún perfume ecológico, ¿tienes?

Sí, muchos.

Pues... Mira, aquí tienes.

¿Estos? Sí.

Pachuli, vainilla y té verde. Prueba a ver cuál te gusta más.

¡Hombre! Mucho has madrugado tú hoy.

-Cala, calla, que me he ido de casa sin que me viera Valeria.

-Huy, ¿empiezan los problemas de convivencia?

Qué poquito has tardado en hartarte.

-No, no es eso,

es que quiero hablar con tu padre de unos asuntos en privado.

-Ah. -¿Sabes si va a pasar por aquí hoy?

-No sé cuándo vendrá, tenía una reunión.

-Oye, ¿podrías hacerme un favor?

Valeria va a venir a buscarme y no quiero que los vea.

Si los puedes guardar...

-¿Qué es esto?

-Nada, unos folletos y unos planos.

-¿Un arquitecto?

-Sí. Ya que voy a hacerlo, pues a lo grande.

-¿Me he perdido algo?

No sé de qué estás hablando.

-Valeria se está adaptando muy bien, se está esforzando.

Pero piensa que está ocupando el sitio de tu abuela.

Porque, al fin y al cabo, es su casa.

Y le voy a hacer unas reformillas para que esté a gusto.

-Ah. Para hacer unas reformillas, necesitas un arquitecto.

-Le he dicho que le iba a hacer un vestidor

y que poco a poco lo iba a reformar todo.

El arquitecto me ha dicho que mejor todo a la vez.

-Claro, qué te va a decir,

que te pongas a reformar, como no paga él.

-Bueno, ese es mi problema.

Te quiero pedir otro favor.

No se lo digas a nadie,

porque es una sorpresa. -Muy bien.

Lo que digo yo es que, por muy despistada que sea Valeria,

si duerme allí, cuando empiecen las obras,

hombre, algo se va a oler.

-Ya veré lo que hago, pero, por ahora, guárdame el secreto.

-Debes estar muy enamorado

para pasarte varias semanas entre escombros, ¿no?

-Pues enamorado sí, pero tonto no,

porque pensaba... ir a vuestra casa mientras duran las obras.

Ya se lo comentaré a tu padre.

De momento, no, tienen que mandarme los proyectos,

los presupuestos...

Huy, huy, huy, ¿qué te pasa?

No sé, habré dormido mal, me duele la espalda.

Son los años, que no perdonan.

Estoy hecho un chaval, ¿qué dices?

Sí, sí, pero hoy, por si acaso, no cojas peso.

¿Es una orden de gerente? No, es un consejo como amigo.

¿Has leído lo que te mandé?

Las propuestas para la renovación de los puestos vacíos.

He leído unas cuantas, la mitad.

¿Y? Me interesa tu opinión, ¿alguna que llame tu atención?

Sí, una, pero para mal.

¿Una tienda de móviles? ¿Por qué no?

Nunca podríamos competir con las grandes superficies.

Además, no creo que la clientela de este mercado

esté pendiente de los móviles de última generación.

¿Cuál es nuestra clientela? Todo el mundo tiene móviles.

Tú tienes y todos los que trabajamos aquí.

Ya, Javier, nosotros no somos

el perfil de clientes de este mercado.

Me has pedido mi opinión y yo te la he dado.

Y tienes razón, fuera tiendas de móviles.

Ha llegado otra que te interesará.

Es una cadena de hamburgueserías.

Irá directamente a la carpeta de los noes.

Vale.

Ha llegado una que sí que me interesa.

Es una carnicería y otra frutería.

Uf... Con el tamaño del Mercado, creo que son suficientes.

Y no creo que a los De la Cruz y las Pachecas

les haga gracia tener competencia. Por eso.

Por ver la cara que pondrían, dime que no merece la pena.

Ya, vale, pero no me hagas reír, tío.

Vale.

Otra que puede estar interesante es una crepería.

No es para tirar cohetes, pero mejor que un puesto vacío...

Hum... Puede ser.

Pero creo que habrá que consultarles a Paolo y a Elías, ¿eh?

Ese tipo de negocios también ponen cafés.

Ya.

Bueno, vamos a dejarla en la de dudosos.

Ajá. ¿Alguna más?

Sí, tengo más.

¡Anda! ¿Estás aquí?

Hola, Germán. -Buenas.

-¿Por qué has salido tan deprisa? -Alguien tiene que levantar el país.

-Anda, vamos a desayunar, ¿te apetece?

-Claro. -Pues vamos.

-Un momento, necesito que me firmes unos papeles.

Los tengo que llevar al abogado.

-Ah.

No te importa, ¿no? Un momentito. -Claro.

¿Sol Miranda?

(VALERIA) Uh.

Esa empresa tiene muchos supermercados.

-Sí.

Nos ha ofrecido firmar en exclusiva.

Pero, aunque parezca una oportunidad,

yo no le veo el beneficio a la empresa.

Nos ha apretado en los precios.

Y tendremos que invertir en camiones para la flota

y en personal. -Ya, pero eso es bueno.

Siempre dices que... que hay que ser ambicioso.

-Sí, pero no es tan fácil.

Sol Miranda todavía no ha decidido la inversión.

Y, si no hacemos los mínimos, se nos dispararán los gastos.

Y habría que ver los ingresos.

Y, cuando estemos hipotecados hasta las cejas,

nos va a volver a apretar.

Le dije a tu padre que no era un buen negocio,

no sé a qué viene esto.

-Oye, oye, que yo soy un mandado, a mí, lo que me han dicho.

-Sí, de tu padre no me extraña.

Pero que vengas tú a colármela... -Que...

Que no, que, de verdad, que no sé qué son estos papeles.

-Ah, pues me alegro.

Porque, entonces, no te va a molestar lo que hago.

Vámonos.

Tú y yo ya hablaremos luego.

Y no te muevas de aquí

hasta que venga Jonathan, ¿mmm?

-Vale.

(SUSPIRA)

Esta me gusta.

Se trata de convertir la antigua pescadería

en un restaurante de pescado fresco.

El cliente escoge el pescado que quiere

y lo cocinan al momento,

manteniendo la frescura y la calidad del producto.

Esta propuesta es buena.

Me parece la mejor de todas.

La mejor que he leído, sin duda.

Además, es fresca, moderna.

Y está funcionando muy bien en otros mercados,

sería un puntazo traerlo.

¿Verdad que sí?

Y nos conseguiría clientes nuevos, nos interesa.

Le daría un punto moderno al Mercado, mal no nos viene.

Pues podríamos haber empezado por aquí

y nos dejamos de móviles y de hamburguesas, ¿no?

¿Has llamado al responsable?

Verás, es que hay... hay un pequeño pero.

¿Cuál?

No es competencia directa con ningún otro puesto,

traería gente... ¿Y el pero?

La persona que nos manda la propuesta es Ingrid.

Ingrid.

¿Ingrid?

Ah.

Vaya por Dios.

Mira que hay mercados, y se viene a este.

Es una buena propuesta.

Tú lo has dicho. Ya.

Pero no me compensa si comparto espacio con ella.

Venga, no exageres tampoco. No, no exagero.

Ya lo hice y no quieras saber cómo terminó.

Pensaba que estabas comprometido con el Mercado al cien por cien.

Y lo estoy, Javi, lo estoy, ¿eh?

Pero no quiero volver a cometer el mismo error,

mezclar vida laboral con personal, no.

(SUSPIRA)

¿Qué pasa?

Pasar tiempo con mi hijo me ha removido muchas cosas y...

Ha sacado sentimientos que creía tener controlados,

pero no es así.

Por primera vez estando aquí tengo dudas.

No sé si seguir en el Mercado o...

o volver a La Fanega.

A ver, Jorge,

no tomes decisiones precipitadas, no te agobies.

Ya. Date tiempo, organízate.

Mira, que Ingrid forme parte del Mercado

no quiere decir que lo haga de tu vida.

Nos vamos a ver cada día, ¿mmm?

Siempre hemos dicho que esto es una gran familia.

No quiero que Ingrid forme parte de ella.

Te pido como amigo, no como gerente,

que descartes este proyecto y busquemos otro, por favor.

Al menos, piénsatelo.

Vale.

Vamos a llamar a la crepería.

A ver qué nos cuentan.

(ROSA TOSE) Un... (TOSE)

Un capuchino me has dicho, ¿verdad?

-Rosa.

¿Te puedo hablar un momento, por favor?

Perdón, ¿eh?

(ROSA TOSE) -Rosa.

-Ah... -Vete a tu casa, ¿eh?

Que me ocupo yo aquí. (ROSA TOSE)

Que no pasa nada.

Ha sido un pequeño ataque de tos.

-¿Un pequeño ataque de tos?

Pero si te has pasado la mañana tosiendo.

Va, que, además, no puedes seguir atendiendo así a los clientes.

Y me vas a contagiar a mí también.

-Oye, ¿qué pasa, eh?

¿Te incomoda tenerme aquí, quieres deshacerte de mí?

-Rosa, yo me preocupo por ti.

Estás enferma, tendrías que estar en casa recuperándote.

-Perdóname.

No estoy acostumbrada a trabajar con esta tensión, no me gusta.

-Ya, a mí tampoco.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Es que lo llevo fatal cuando discutimos.

Tenemos que olvidarlo, ¿no? -Ya, pero no puedo.

Has dicho que mi marido era un mentiroso,

y hacer como que no pasa nada sería traicionarlo.

-Rosa, tú me tienes que creer.

¿Sabes lo frustrante que es para mí

que me creas capaz de pegar a tu marido

y de mentirte a ti?

Cuando ha sido al revés.

¿Por qué crees que le dije a Nicolás que no mirara las cámaras?

-Es que estoy harta

de que todo el mundo me quiera separar de mi marido.

Él me quiere, ¿sabes?

Todo lo que hace lo hace por mi bien.

Es verdad que a veces se equivoca en las formas,

pues sí, como todo el mundo, tú también te equivocas, ¿no?

Con el beso, por ejemplo.

Es mi marido, ¿sabes?

Y últimamente he desconfiado mucho de él.

No se lo merecía, así que no quiero que vuelva a pasar.

Me duele mucho que nuestra relación de amistad

vaya a cambiar,

pero necesito que entiendas que lo principal es mi matrimonio.

Tienes que entenderlo.

Además, tú mejor que nadie sabes

lo duro que es separarse cuando llevas tantos años juntos.

-Yo no quiero que esto afecte a tu matrimonio.

Pero ¿qué quieres que haga?

¿Que te diga que he sido yo, cuando ha sido al revés?

¿Estás bien?

¿Quieres algo de agua?

-Creo... (TOSE)

Creo que va a ser mejor que me vaya a mi casa.

-Sí, sí.

(ROSA TOSE)

-Un capuchino, ¿verdad?

Ahora... -Gracias.

Es una buena noticia.

Quiere decir que mi hermana no se atreve a cumplir su amenaza.

Ya, supongo que a nadie le gusta dar ese tipo de noticias, ya.

No, hombre, no, para nada.

Cómo me voy a confiar, al revés.

Lo que me extraña es que todavía no haya venido Adela

a echarme la bronca al enterarse de que estoy con otra.

A mí también me angustia esto mucho, pero ¿qué quieres que haga?

No voy a ser tan tonto como para sacar yo el tema.

Ya.

Bueno, te... te llamo después.

Adiós.

¿Quién era?

Un proveedor.

Ya.

Le estás pillando gustito a esto de esconderme cosas, ¿no?

¿Otra vez está tu madre malmetiendo? No.

Mi madre, no, mi abuelo.

¿No ibas a contarme lo de los papeles que me has dejado para que firmara?

Ah, es eso. Eso es una tontería, hombre.

Lo será para ti.

Pensaba que éramos un equipo y que trabajábamos juntos.

Y me usas para que el abuelo firme unos contratos que se negó a firmar.

Cada día te pareces más a tu madre, ¿eh?

No te pongas tan dramático, que no es para tanto.

No te lo he dicho por dos cosas. La primera:

para que tu abuelo no tuviera nada contra ti si se daba cuenta.

Y la segunda:

os conozco y, si te lo cuento, te lo hubiese notado en la cara.

Y a tomar por el saco la jugada.

Pues se ha ido a tomar por el saco igual.

No me digas que no se le has dado.

No, si dárselo se lo he dado.

Pero tu truquito de meterlo entre otros papeles

para que no se diera cuenta no ha servido,

que el abuelo no es tonto.

No, ya, ya, si ya lo sé.

Pero pensé que, con todo el jaleo que tiene de Valeria,

lo enamoradísimo que está, a lo mejor ha bajado la guardia.

Pues ya ves que no. Ya.

Oye, yo tampoco es que quisiera colárselo de extranjis, ¿eh?

Que pensé, digo, bueno, por no discutir,

por lo menos que lo firme, pero qué va.

Pues, si antes no lo quería firmar,

ahora que sabe que le has intentado engañar,

no lo va a firmar en su vida.

Pues a ver qué hacemos.

Es una faena, ¿eh?, esa firma es muy necesaria.

Y los de Sol Miranda no hacen más que apretarme.

No pensarás que voy a ayudarte, ¿no?

Si no has confiado en mí antes, no cuentes conmigo ahora.

No hace falta que te pongas tan chulito, ¿eh?,

ni que te rías tanto.

Hace falta que estés pendiente de lo que pasa en el Mercado.

¿Lo que pasa de qué?

No lo sabes, ¿verdad? No te has enterado.

Ha venido un concejal del Ayuntamiento, Arrabal,

con la tontería de las fotografías y la exposición,

y se ha interesado por el Mercado.

Decías que lo de las fotografías no iba a servir para nada.

No me eches la bronca.

Tú dijiste que lo de la exposición era una chorrada.

Yo te avisé del peligro.

Lo que tú quieras, vamos. Esto no puede volver a suceder.

Lo que no puede volver a pasar es que yo me coma una bronca

porque te ha salido mal, haberlo hecho mejor.

Anda...

(Timbre)

¿Qué pasa?

No esperabas encontrarte conmigo, ¿verdad?

He vuelto del trabajo para cuidar a Rosa.

-He venido a saludarla.

-Si la has visto hace un momento, ¿no?

-Nacho, yo solo quiero saber cómo está.

Y vuelvo a la pizzería, va.

-Es que le ha subido la fiebre, está descansando.

Pero ya le diré que has venido.

Puedes irte, gracias.

-Sé que le has contado tu visita como te ha dado la gana.

-¿Has venido a buscar pelea?

-No.

Pero no le haces ningún bien con estas mentiras.

-No tengo que dar explicaciones de lo que hablo.

-Puedes hablar con ella de lo que quieras,

pero es de cobardes inventarse que te agredí yo.

-¿Qué pasa? ¿Estabas tan nervioso que ya no te acuerdas?

Eso fue exactamente lo que ocurrió.

-Nacho, yo me acuerdo muy bien de lo que pasó,

y tú también.

-Bueno, los dos estábamos muy alterados,

es normal que lo recordemos distinto.

-Es la primera vez que conozco a alguien así.

-¿Como yo? -Sí.

Gente con esa cara de buena persona,

pero que, en realidad, es falso hasta las entrañas.

¿Y sabes cómo acaban siempre, Nacho?

Mal.

Muy mal.

Tarde o temprano, Rosa se dará cuenta de cómo eres de verdad.

Y entonces te dejará.

-¿Estás proyectando tu vida a la nuestra?

Porque el único al que han abandonado de momento es a ti, ¿no?

¿Es eso lo que pasa?

¿Estás resentido,

quieres hundir otros matrimonios, como se ha hundido el tuyo?

-Bueno, me paso luego,

a ver si se ha despertado. -No.

No te pases.

En realidad, no está dormida, me ha dicho que no quiere verte.

-Pero ¿qué pasa?

¿Tú nunca te cansas de malmeter y mentir?

-¿Por qué crees que se ha ido de la pizzería así?

Ya no te soporta.

Es normal que no quiera ver

al animal que ha intentado agredir a su marido.

¿No crees?

(ROSA) ¿Quién era? (TOSE)

-Nadie, cariño.

Un mensajero que traía un paquete.

Se había equivocado de piso.

(ROSA TOSE)

No, no, no, no, no, hombre.

No, es que necesito que me des un par de días

antes de enviarte el contrato firmado, sí.

Mi padre, que está enfermo el pobre, sí.

Claro, es que es el socio mayoritario de la empresa

y, como bien sabes, todo tiene que pasar por él.

Para nada, estamos encantados de firmar con vosotros,

nos parecéis una cadena de supermercados muy importante, sí.

Hombre, ya, supongo que tendrás otras opciones.

Pero tú también sabes que somos tu mejor opción, ¿eh?

Bueno, no nos pongamos nerviosos, ¿eh?

A ver si por un par de días

vamos a echar por tierra un contrato que puede durar años.

Bueno, no me des dos días, dame uno, uno por lo menos.

Si mañana mi padre no viene a firmar el contrato,

yo voy a su casa, a su cama, y le hago que lo firme, ¿eh?

Muy bien.

Venga, te llamo en cuanto lo tenga firmado.

Estamos en contacto, saludos.

Elías.

¿A ti te parece normal lo que has intentado hacerle a tu padre?

Valeria, no tengo tiempo ni ganas de escuchar sermones.

Es que es muy feo

usar a tu hijo para engañarle, ¿no?

A mí me parece que tú no eres nadie para meterte en nuestros asuntos.

Esto son temas de negocios.

Perdona, pero yo soy la pareja de tu padre,

me importa que esté bien.

Y, si se la intentas jugar, también se convierte en mi problema.

¿Y desde cuándo, Valeria, eres la pareja de mi padre?

El tiempo suficiente para preocuparme por él.

¿Sabes qué pasa?

Que yo lo conozco desde hace más de cuarenta años.

Y lo que me parece

es que no va a venir nadie que lo conoce desde hace dos días

a decirme cómo debo tratarlo.

Ya veo que tu padre no es el único al que le faltas el respeto.

Esa no es manera de tratar a los mayores.

Pídele cuentas a él, fue el que me educó.

Mmm. Tu padre tiene una educación y un saber estar

que ya los quisieras tú.

Qué pena que no hayas salido a él.

¿Y meter las narices en asuntos que no te conciernen

sí es muy educado?

Creo que es mejor que dejemos la conversación aquí.

Sí, mejor.

Es más, yo, por mí, ni la hubiera empezado.

Y tranquilo, ¿eh?,

que no le voy a contar a tu padre las lindezas que me acabas de decir.

No quiero echar más leña al fuego.

Bastantes motivos de discusión tenéis ya.

(ROSA CARRASPEA)

-Ya lo puedes mirar, esos termómetros no tardan nada.

-Hay que esperar a que pite.

Mmm.

Ahora sí.

38.

-Nada, no te baja, ¿eh?

¿Te duele la cabeza?

-Un poco, sí.

(NOA) ¡Hola!

-Cariño, estamos en el dormitorio.

-Hola, hija. ¿No tienes clase?

-Sí, pero tenía un rato antes de ir.

-No, no, no, que no quiero... No quiero contagiarte, cielo.

-¿Cómo estás?

-Pues regulín.

-Tiene fiebre y... le duele la cabeza.

(ROSA) Mmm.

-Pues os he traído un caldo gurmé que con eso te curas en cero coma.

(NACHO) Gracias.

Pero ya le he preparado yo caldo casero.

Con todos mis respetos para el mundo "delicatessen",

donde esté lo casero, que se quite lo demás.

-Pero esto no es un caldo cualquiera.

Es una marca que me ha recomendado Jorge,

que lleva miso, kale...

(NACHO) Sí, un supercaldo seguramente.

Pero se va a tomar el que he preparado yo, ¿mmm?

-Bueno, venga, no os vayáis a pelear por esa tontería.

Además, no tengo hambre ninguna.

-Si yo no quiero discutir, solo ayudar.

Pensé que papá estaría en la oficina, por eso.

Pero ya tienes quien te cuide.

-He pedido trabajar desde casa para ocuparme de ella.

-A ver si te lo van a tener en cuenta,

llevas muy poco tiempo en esa empresa.

-Les he dicho que me traía trabajo y les ha parecido bien.

Lo que importa eres tú.

-Pero que no tengo el tifus, solamente tengo una gripe.

-Lo que sea, tienes que cuidarte.

Y tienes que comer, aunque no tengas hambre.

Venga, un poco de caldo.

Una taza.

¿Mmm?

-(CHASQUEA LA LENGUA) Venga, vale.

-No marees mucho a tu madre, no está para muchos líos.

Sí, sí, no te preocupes que está todo controlado, sí.

Que sí, que esta tarde te llegarán las cestas sin falta.

¿Marta?

Marta, ¿me oyes?

(CHASQUEA LA LENGUA) ¿Me escu...?

Sí, estoy en el almacén y se va la cobertura.

Eh... ¿Qué te decía?

Eh... Sí, te decía que... que esta tarde te las mando al spa.

Oye, una cosa, la dirección es la que viene en la tarjeta, ¿verdad?

Pues espera un momento, que lo compruebo.

No vaya a ser que la haya perdido

y...

¡Ay!

A ver.

Sí, mira, aquí está.

Eso es, muy bien.

Pues ahora mismo te la mando.

Gracias, ¿eh?

Un abrazo.

Germán.

Mamá, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?

Nada, son discusiones del trabajo.

Una...

Una discusión con un cliente.

Ya.

No me creo que llores así por una discusión con un cliente.

Dime qué te pasa, por favor.

No es por las pruebas del hospital, ¿no?

No.

Es tu padre.

Que me ha vuelto a mentir.

Me siento...

ridícula, me siento humillada.

Es que papá tiene la capacidad de hacernos sentir así a todas.

¿Qué te ha dicho?

Nada, no ha dicho nada.

Pero, cuando yo estaba ya otra vez confiando en él,

va y me vuelve a traicionar.

Y, además, de la peor manera.

Germán, estoy sola.

Estoy completamente sola.

No, no, no, no, claro que no. Sí.

Me tienes a mí a tu lado, me vas a tener siempre.

Pase lo que pase, siempre.

¿Has hablado con Paolo?

-No, pero seguro que se apaña sin ti.

Aunque, bueno, ahora tampoco está Andrea.

A ver, que por unos días de estrés no se va a morir.

-No es eso lo que me preocupa.

-Ya, es que el pobre se ha quedado más solo que la una.

Primero, su mujer y su mejor amigo y, ahora, su hijo.

Menos mal que te tiene a ti.

-Ya.

-¿Ha pasado algo?

-Pues que hemos discutido.

-¿Por?

-Porque... (CHASQUEA LA LENGUA)

He intentado que no me afecte lo de la pelea con tu padre.

Pero es que no puedo.

-Pobre, encima. -¿Encima de qué?

Intentó pegarle, se hizo la víctima y me mintió.

-Otra vez. -Hombre, Noa, perdona.

Me dijo que tu padre le pegó, y fue al revés.

-Vale, pero esa es la versión de papá.

¿Quién tiene el ojo morado?

-Porque tu padre intentó defenderse.

Pero él atacó primero. -Claro, eso tiene todo el sentido.

-Bueno, venga, no empecemos otra vez, ya tuvimos bastante con lo de Luis.

Me hicisteis pensar que tu padre había tenido la culpa de todo.

Y el pobre no había hecho nada.

-Vale, mamá, vamos a dejar el tema de Luis, por favor.

Sí, vale, fue una cagada.

Pero ya se encargó papá de devolvérsela.

-Que me da igual.

Me hicisteis desconfiar de tu padre.

Y no quiero que vuelva a pasar. Es mi marido.

-Ya, y Paolo, tu amigo, ¿o es que eso no te importa?

-Claro que me importa, por eso estoy triste, cielo.

Pero lo primero es lo primero.

-Si tanto te importa, seguro que lo arregláis.

Los amigos se perdonan, ¿no?

No sé, igual ahora todavía es un poco reciente.

En unos días, seguro que todo vuelve a la normalidad.

¿Mmm? -Ojalá.

-Que sí.

Tonta. -Cariño, que no, que no.

Que no quiero contagiarte.

-Bueno. -No quiero.

(RESOPLA) Papá, ¿qué pasa?

Te he llamado veinte veces ya, ¿dónde estás?

Llámame cuando oigas este mensaje, quiero hablar contigo.

Estoy en tu despacho.

(Timbre)

-¿Qué pasa, chaval?

¿No está tu padre?

-Eh... No.

-Le llamo y no me lo coge. -Ni a mí, no sé dónde está.

Pero, bueno, que, si necesitas algo, aquí estoy yo.

-Vaya con el chavalito.

Ya no necesitas a tu padre para nada.

Te advierto una cosa: los méritos hay que ganárselos.

Y tú no te has ganado ninguna medalla.

Ahora, que tu padre tampoco se los está ganando mucho.

-Ya. ¿Y lo de colarle la constructora de Quiñón a Javier?

¿O lo de la muestra gastronómica?

¿O lo de mi amigo el periodista?

Nada de eso sirve para colgarme una. -Pues no.

Nada de eso sirve.

En cambio, el reportaje ese de "Nuestro Madrid",

ese nos va a tocar las narices.

Nacho.

Oh... (NACHO) ¿Sí?

-Nacho.

-Dime.

¿Qué necesitas? -¿Tú has visto mi móvil?

-No, ¿para qué lo buscas?

-Porque quiero llamar a Paolo para decirle que no voy a poder ir.

Que se busque a alguien.

-Ya lo he hecho yo.

-Ah, ¿sí? -Sí, claro.

Para que se organice. Es lo que querías, ¿no?

-Ajá.

-Cariño, venga, deja de buscarlo.

Ven. -Ya, pero...

Es que quiero preguntarle cómo va todo, ¿sabes?

No quiero que piense

que le he dejado colgado. -Shh...

Lo que tienes que hacer ahora es descansar

y no preocuparte del trabajo en absoluto, ¿eh?

Cariño, estás ardiendo.

Voy a traerte un paracetamol, ya puedes tomarte otro, ¿vale?

Shh... Túmbate.

Aparece el concejal y promete que va a retomar

todas las subvenciones para arreglar los puestos.

A ver, esto no es Mercamadrid, es un mercado de barrio.

No entiendo cómo no podéis controlarlo

entre los dos. -A ver.

Es que fue algo improvisado por Jorge Santos.

Llegó el concejal

y uno del Mercado aprovechó el directo

para sacarle lo de la ayuda, ¿qué querías que hiciéramos?

-Se me ocurren mil cosas que hacer, ese es el problema, y a vosotros no.

Estoy harto de vuestras excusas.

-Ginés, tú mismo se lo dijiste a mi padre:

un mercado no se tumba en dos días.

Necesitamos tiempo. -Tiempo.

¿Sabes lo que pasa?

Que estáis implicados emocionalmente con la gente del Mercado.

Y eso os hace bajar la guardia en lugar de atacar.

-No, eso no es verdad. -Ah, ¿no?

Pero, vamos a ver, ¿tú de verdad piensas

que yo no sé que la exposición era de tu prima?

Vamos a ver, ahora mismo, ¿sabes lo que se cuece en el Mercado?

¿Tienes alguna idea?

-Javier, el gerente, está recibiendo y valorando

proyectos de comerciantes

que quieren ocupar los puestos vacíos.

Dice que eso le dará vida al Mercado.

-Vaya.

Al final, sí que me has ayudado.

¿Elías?

Mira, lo siento mucho, pero ya no puedo más.

Yo no puedo trabajar con ella y hacer como que no pasa nada.

Bueno, lo importante es que no sabe que eres tú.

Pero se lo puede decir tu hermana, porque te ha dado un ultimátum.

Si no se lo ha dicho ya, no creo que se lo diga.

Lo siento mucho.

Tengo la sensación de que lo sabe y de que me está poniendo a prueba.

No seas paranoica.

Si lo supiera, me hubiese montado un pollo.

Me da igual, yo ya no puedo más.

Elías, lo he pensado mucho y creo que es mejor

que se lo cuente yo. No, Celia, no.

No se lo va a contar nadie, no se tiene que enterar.

Ni se lo vas a contar tú, ni yo, ni nadie.

Pero es que se va a enterar, Lorena se lo va a decir.

De mi hermana me encargo yo, confía en mí.

Lo siento mucho, pero no confío.

Tú siempre dices lo que te conviene.

Lo que te conviene a ti concretamente.

Lo que me conviene a mí es lo que te conviene a ti.

Y lo que nos conviene es que Adela no se entere de nada.

Ya, pero es que no depende solo de nosotros dos.

¿Me puedes asegurar que tu hermana no le dirá nada?

Vamos a ver, piensa con claridad, por favor.

Es verdad, existe el riesgo de que Lorena se lo cuente a Adela, vale.

Pero ¿qué ganas tú contándoselo antes?

Quedarme más tranquila.

¡Quedarte tranquila tú! Pero ¿y Adela?

¿Has pensado el daño que le harás?

Eso lo teníamos que haber pensado antes de hacer todo esto, ¿no?

Solo quiero que todo esto acabe de una vez.

Es que esto ya se ha acabado.

Eso ha quedado claro y los dos hemos aprendido, bueno.

Ahora apechuguemos con lo que hemos hecho.

Pasamos página.

Y que nadie se entere de nada, y menos ella.

Ya, pero tendríamos que acabar esto con un poquito de dignidad.

Si queremos pasar página. Celia.

No.

Tú no conoces a Adela como la conozco yo.

Adela se entera de esto y le destrozamos la vida.

De mi hermana ya me encargo yo.

Si no se lo ha contado todavía,

conseguiré que no se lo cuente, ¿está claro? Punto.

(Cámara)

Hola. -¿Querías algo?

-Eh... Sí, hablar contigo.

Bueno, si tienes un momentito.

-Claro, dime.

-Eh... Nada, nada, que te quería dar las gracias

por contratar a la constructora de Quiñón.

-No tienes por qué, han aceptado las mismas condiciones.

-Pues me alegro, y espero que salga muy bien.

No tienes que decirles que mi recomendación no tuvo que ver.

Mi colega, el que trabaja en la constructora,

quiere tener un detalle.

Y me invita a cenar

al restaurante que quiera con quien quiera.

Y, bueno, digo yo que lo más justo, ¿no?,

sería que fuéramos juntos.

-Lo siento, pero no.

-Así hablamos de otras cosas que no son de curro.

-No me gusta aceptar ni regalos, ni cenas, ni comidas

de gente con la que tengo negocios, es un mínimo de ética.

-A ver, pero que solo es una comida.

Y él no sabe que te está invitando, te invito yo.

-No quiero dar motivos a nadie para que piense

que yo soy alguien al que se le puede comprar.

Ya sabes lo que dicen:

no vale con ser honrado, hay que parecerlo.

-¿Qué quieres decir?

¿Que yo no soy honrado

o no lo parezco? -No hablo de ti.

-Es una frase hecha. -Déjalo, me voy a acabar cabreando

y no me da la gana.

-No quería ofenderte. -Ya, ya lo sé.

Ya lo sé. -Espera.

¿Te apetece tomar algo luego?

-No, no te preocupes, es que tengo mucho trabajo.

(Portazo)

¿Me oyes ahora, Jorge?

Jorge, te pierdo... Ahora, te tengo.

¿Qué te ha dicho el médico?

¿Un pinzamiento?

Yo no sé mucho de dolores de espalda,

pero si solo te ha dado inflamatorios imagino que no será muy grave, ¿no?

No, no, mi amor, tranquilo,

dejamos el aperitivo para otro día, de verdad.

Vale, cuídate.

Oye.

Y, si necesitas una fisioterapeuta, pues me llamas.

Vale.

Cuídate, un beso. Chao.

Hasta luego.

Tenemos que hablar.

Dime qué es eso que querías contarme.

A ver, no sé muy bien cómo decirte esto.

Tengo que decirte una cosa y me resulta muy difícil.

Porque, cuando tengamos esta conversación,

nuestra relación no va a ser la misma nunca más.

Así que quiero empezar por darte las gracias, Adela.

¿A mí?

¿Por qué?

Porque no le has dicho a Adela lo mío con Celia

cuando podías haberlo hecho.

Y no estoy orgullosa de ello.

Ya, ya, me imagino.

Pero me alegro de que hayas recapacitado.

No hubiese servido para nada.

Solo para hacerle más daño. No te equivoques, hermano.

Esto no lo he hecho por ti, ¿eh?

Porque tú no te mereces nada.

Ya me callé una vez

porque me hiciste chantaje emocional.

Me callé una segunda vez

porque dijiste que estabas borracho cuando besaste a Celia.

¿Y sabes por qué me callo esta vez?

No porque tú te lo merezcas, ni Celia,

porque tú eres un mentiroso y Celia es...

...una cobarde por no haber tenido el valor de tener esta conversación

después de lo bien que te has portado.

¿Es por algo del trabajo?

No sé por dónde vas.

No, no es del trabajo, ojalá fuera del trabajo.

Adela, he traicionado tu confianza

y tu amistad.

Tú has sido muy buena conmigo y yo he sido una mezquina.

Pero ya no puedo más, no puedo más y no me puedo callar.

Y si no lo he hecho, si no se lo he contado a Adela,

es porque no ha hecho falta.

¿Qué quieres decir con eso?

Lo que te quiero decir es que...

(LORENA) "Lo sabe".

Lo sabe todo.

Sabe que tienes una amante.

Y no solo eso.

Sabe que tu amante es Celia.

Así que deja de menospreciar a tu mujer.

Elías, no te obceques en ponerle excusas o en negarlo.

Porque os ha visto, os ha visto juntos.

"Ya lo sabía".

Solamente estaba esperando a ver cuánto tiempo más

podías engañarme

sin que se te cayera la cara de vergüenza.

No sé cómo has podido.

¡Adela, espera!

¡Perdóname, lo siento! No.

No voy a perdonarte en la vida.

Y seguro que lo entiendes.

Porque, si te queda una pizca,

una pizca de decencia,

tampoco te puedes perdonar a ti misma.

No, perdona.

Espera, por favor, ¡Adela! Espera...

(SUSPIRA)

¡Yo levanté esta empresa de la nada!

Y, cuando te di el mando, funcionaba sola.

¿Que me diste el mando? No puedes tener más poca vergüenza.

Tú no has soltado el mando en tu vida.

No. Y después de lo de esta mañana, me alegro de no haberlo hecho.

Soy el único que puede pararte los pies cuando hace falta.

-Conozco a mi madre.

Y a mi padre.

Por eso sé que no empezaste la pelea.

Y mi madre, en el fondo, también, pero se autoengaña.

-Noa, te agradezco mucho que confíes en mí.

Pero también entiendo que tu madre elija confiar en tu padre.

-Mi padre quiere romper vuestra amistad, ¿vas a permitírselo?

Tú eres un hombre separado y libre

para quitarle las bragas a quien quieras.

¿Por qué no ibas a ser tan caradura como para tirarte a una amiga? ¿Mmm?

Sé que no tenemos excusa, lo sé,

y tienes derecho a sentirte... Sí, tengo muchos derechos, muchos.

Y tú tendrías que callarte.

¿O no te has dado cuenta

de que no quiero escuchar una sucia palabra de tu boca?

Y mira la constructora que levantó el centro comercial.

Qué puntería.

Hortuño. Sí.

Sabemos quién nos está fastidiando. ¿Cómo ha podido saberlo?

¿Cómo ha sabido que estábamos negociando con esta franquicia?

Habrá movido sus hilos.

Ha hablado con los del centro comercial,

le ha pedido que aumenten y mejoren nuestra oferta

y se ha ido con ellos.

No sé, algo no me cuadra.

-¿Tú no te cansas de traicionar a las personas que confían en ti?

¿De qué hablas? ¿Que de qué hablo?

Ajá. De Hortuño.

Del Mercado, de mamá, del abuelo, de todo.

No sé cómo puedes mirarte al espejo.

Muevo cajas que pesan más de 30 kilos.

Mira lo que me ha pasado.

Si eso te pasa a ti y tu contrato no es legal,

me buscas un problema.

Existen técnicas para levantar peso que está claro que no dominas,

o no te hubiera pasado.

Vale, pues ya las aprenderé.

Ese no es el problema, seguro que haces muy buen trabajo.

Jorge, tío, por favor, en serio.

No te lo estaría pidiendo si no fuera porque necesito la pasta.

-Tu madre es feliz conmigo. (NORA RÍE)

Eso es lo que te dices a ti mismo para justificarte.

Mamá no te importa, solo piensas en ti, ¡estás enfermo!

-Basta, ¿quién eres para hablarme así?

-Tu hija, papá, soy tu hija.

Celia, de verdad,

siento mucho que estés pasando por esto.

Pero, sinceramente,

creo que la única víctima aquí es Adela.

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Mercado Central - Capítulo 85

24 ene 2020

Celia va a confesar a Adela que la amante de Elías es ella, pero Adela ya lo sabe. Germán es testigo de todo.
Jesús se niega a firmar un contrato con una importante cadena de supermercados que ya rechazó en su día. Se enfada con Elías por intentar engañarle colándoselo entre otros documentos a firmar.
Javier y Jorge valoran proyectos para renovar los puestos vacíos. Ambos escogen uno que supone convertir el puesto de pescadería en un restaurante de pescado fresco que se hace al momento según la elección del cliente.
Hortuño se ha enterado de la ayuda para la renovación de los puestos que le sacó Jorge al concejal de Obras y Equipamientos y pide a Germán que fotografíe los proyectos presentados.
Nacho acapara el cuidado de Rosa, que está enferma, y no deja que Noa se encargue de nada, algo que inquieta a la chica.

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